• Yosef Rodríguez
The observer
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Me encontraba sentado en una banca de un lugar público, en un día en la tarde como cualquier otro, el clima era agradable, el cielo estaba pintado del color del ocaso, una brisa agradable impregnaba el lugar. La gente caminaba de un lado a otro, algunos para regresar a casa, otros a algún compromiso. Una muchacha se sentaba en la banca, yo no le daba importancia, los dos mirábamos los coches pasar. Cada vez que el semáforo se ponía en rojo, unos vendedores ambulantes, pasaban entre las hileras de coches vendiendo sus productos. La muchacha que estaba sentada en el otro extremo de la banca, comenzó a reír, parecía que se burlaba de los vendedores ambulantes, y ellos al escuchar su risa, voltearon a donde ella estaba con una mirada enojada y amenazante, inmediatamente la muchacha había dejado de reír. Al ver aquello no pude evitar reírme, la chica volteo a verme con una mirada de mal humor, yo me disculpaba con ella y al hacerlo ella me contestaba con una amplia sonrisa, se levantaba y me decía que le siguiera, que alguien me esperaba. Me levantaba y la seguía, me llevaba a las zonas verdes de aquel lugar, nos habríamos paso atraves de los ríos de gente que venían en dirección opuesta. Al llegar, la muchacha señalo a la persona que supuestamente me esperaba, dio media vuelta y se marchó. Camine hacia donde me había señalado, al acercarme, aquella silueta volteo a verme, con una amplia sonrisa me daba la bienvenida, ¡No podía creerlo, era ella!, ¡Mi amada! Me sentaba a su lado, nos mirábamos a los ojos, poco a poco nos acercábamos el uno al otro, hasta que terminamos en un tierno beso, yo me disculpaba con ella pues hacia bastante tiempo que no besaba a una mujer, ella me decía que no importaba con una sonrisa traviesa, nos abrazábamos, fue en ese momento en el que me di cuenta, de que todo era un sueño, pues era imposible que eso ocurriese en la realidad. Desperté abruptamente, con los brazos cruzados como si estuviera abrazando a alguien y las lágrimas se hicieron presentes. De nuevo había sentido la felicidad, para una vez más reafirmar que aquello no podría pasar.
Una vez más el insomnio se hace presente, pues tu nombre retumba en mi mente. Empieza la interminable lucha por conciliar el sueño, de reprimir tu recuerdo, de dejar en el baúl el brillo de tu sonrisa, la belleza de tus ojos, la dulce sinfonía de tu risa. Doy vueltas sobre la cama pero mi mente no se calla, desde las sombras aun te llama. El frío de tu olvido me espera, inútilmente busco refugio en aquel mundo de sueños y pesadillas, donde por alguna razón aun me atormentas. La imaginación es mi peor enemiga en estas noches, pues no para de crear diferentes mundos donde aún estas, pero al final la realidad termina por alcanzarlos. El dolor se hace presente, pues las cosas no son como uno quiere que sean. El abrumador silencio de la noche me mata acercándome cada vez más a la locura, parece que al final terminaré volviendo a ese lugar del que alguna vez me echaron a patadas, salvo que no lo haré en el estado en el que me gustaría. Incluso este intento desesperado de sacarte de mi mente ha fallado, ¿Cuantos cuadernos ya habré llenado con pobres textos? Todo parece indicar, que esta noche será fatal.  
Insomnio
Autor: Yosef Rodríguez  261 Lecturas
Desde el principio era imposible realizar aquella ilusión, aquel sueño que tanto me empeñe en hacer realidad, al final solo resulto en eso, en un simple sueño. Si un sueño se hiciese realidad dejaría de ser un sueño, mi mayor error fue adoptarlo como un sueño, mas no como un objetivo. Me pregunto si: ¿Habría cambiado algo si tan solo hubiéramos intercambiado miles y miles de mensajes?, ¿El resultado habría sido diferente?, ¿Almenos habría durado más tiempo en tu mente? ¿Te habría sido más difícil olvidarme?, las respuestas solo las conoce el tiempo. Todo iba de acuerdo al plan, fluyendo de una manera casi perfecta, pero al final unos detalles que no preví arruinaron el fluir de los acontecimientos... tu uso de razón y los caprichos de tu corazón. Después de todo no te culpo, en tu situación yo también hubiera cambiado al adefesio por narciso. ¿Que debía entregar para hacer mi sueño realidad?, ¿Que debía pagar para pasar el resto de mis días a tu lado?, ¿Que debía hacer para almenos quedar en tus recuerdos? 
Él estaba sentado en la mesa de aquel salón, al son de una balada romántica, las parejas bailaban en el centro de la pista, la canción finalizo, las parejas y las personas que estaban sentadas en las mesas aplaudieron al grupo musical la cantante agradeció por todos los integrantes del grupo los aplausos, con un gesto, a su vez anuncio cual sería la siguiente canción que tocarían: Fly me to the moon. Toda la sala aplaudió al unísono. Justo cuando terminaron los aplausos, ella llego envuelta en elegantes telas negras. Él fue a su encuentro, pues la espera había terminado, ella le vio y sonrió, el a su vez devolvió la sonrisa. El conjunto musical comenzó a tocar, su cantante con su bella voz comenzó a cantar. “Fly me to the moon” “Let me play among the stars” Los dos se vieron, con una simple mirada se entendieron. “Let me see what spring is like” “On a, Jupiter and Mars” “In other words, hold my hand” Se tomaron de las manos, caminaron al centro de la pista y comenzaron a bailar al ritmo de aquella bella canción. “Fill my heart whit song” “And let me sing for ever more” “You are all I long for” “All I worship and adore” De pronto, las demás parejas, empezaron a desaparecer poco a poco, hasta que solo quedaban ellos, rodeados de estrellas en las inmediaciones de la oscuridad infinita, sobre una superficie rocosa iluminados por un rayo de luz proveniente del sol cual reflector iluminaba su danza. La música continuaba aun en el vacío del espacio. “In other words, please be true” La canción estaba por terminar, y con ella su danzar, él se acercó lentamente al oído de ella y con una suave voz, le dijo a su amada la última parte de la canción. “In other words, I love you“ .- I love you  
Todos buscamos algo, algo que nos conecte a este mundo, que nos haga sentir vivos, que le dé sentido a nuestras vidas, lo peor que puede suceder, es encontrarlo, y darse cuenta, que aquello no es para nosotros. Yo lo encontré en un ángel disfrazado de ser humano. En un ángel de 1.60 m, de tez morena, de hermosos ojos negros, cabello negro largo, una hermosa sonrisa, que combina perfectamente con sus ojos, pero sobre todo la belleza de su alma. Cada vez que la veía, me convencía más de que, cuando dios la creó puso todo su empeño, pues la más hermosa criatura de la creación es ella. En ella la belleza de la vida, del mundo, de todas las cosas se haya, pues de ella surgió el concepto de belleza.  Los alquimistas buscan, el oro pues lo consideran el metal perfecto y más bello, ilusos, si tan solo le hubiesen visto a ella, se hubieran dado cuenta lo equivocados que estaban en aquello que llaman perfecto y bello. La primera vez que le vi, no supe con certeza lo que sentí, pero cada vez que le veía, sabía que con ella era con quien yo quería pasar el resto de mis días, a su lado estar, abrazarle y nunca soltarle. Sin darme cuenta mi amor por ella día con día crecía más, así como mi deseo de a su lado estar, para cumplir ese sueño me empeñe en volverme alguien lo suficientemente digno, para a su lado estar. Me interne nuevamente en el campo de batalla conocido como vida, pues gracias a ella, vivo otra vez estaba, enfrente y supere cada uno de los obstáculos que se me presentaron, con el fin de tener una posibilidad de tener un futuro a su lado. En quijote me convertí, pues en busca de mi dulcinea me encontraba, ganando cada batalla en su nombre, para así cuando por fin le encontrara, la última batalla ya estaría ganada, y el reino que edificaría, listo estaría para que ella lo gobernara, yo sería el caballero andante, que blandiría su espada para proteger a su amada princesa. Todo iba bien, el plan marchaba a la perfección, pero al igual que en el quijote, de puras ilusiones se trataba, pues mi dulcinea de pronto ya no estaba, en las sombras de su olvido me dejo, en fría oscuridad del inconsciente quede, pues alguien más se me adelanto, haciendo uso de la herramienta de narciso. En la fría oscuridad volví a quedar, pues de la luz me volvieron a echar, todo aquello que hice y hare ya no importa nada, pues mi amada ya no estaba. De nuevo muerto estoy, deambulo en esta fría soledad, en busca de aquello que alguna vez llame hogar.
Ella
Autor: Yosef Rodríguez  351 Lecturas
Los dos caminaban, uno al lado del otro, cada paso que daban los hacia más consientes, de que el inevitable momento de la despedida se acercaba, ninguno de los dos sabía con certeza si se volverían a ver. De lo único que estaban seguros, era que debían de disfrutar de la compañía del otro hasta el último momento de aquel día, hasta que sus caminos se separaran. No hablaban pues en momentos como ese, cualquier palabra salía sobrando, de nada serbia hacer promesas, si no se está seguro de cumplirlas. Antes de darse cuenta llegaron a la estación de autobuses. La muchacha se colocó enfrente del chico, viéndose a los ojos, los dos supieron que el momento de decir adiós había llegado.  - Sera mejor que me valla, mi autobús está a punto de salir- dijo ella -Sí, está bien, nos vemos- dijo el chico, poniéndole la mano en el hombro- cuídate mucho, buen viaje. La muchacha dio media vuelta, y comenzó a caminar, el muchacho solo vio cómo se alejaba lentamente, parecía como si el tiempo se hubiera ralentizado, un extraño miedo comenzó a invadirle, el miedo de no volver a verla, de no tener otra oportunidad como esa para confesarse. Rápidamente el muchacho la tomo de la mano, en un movimiento ágil la jaló, y la abrazó, al oído de ella comenzó a hablar. -Siempre he tenido miedo de decirte lo siguiente, pero ya no puedo soportar más quedarme callado, y si no es ahora no será nunca, pues algo me dice que ya no nos volveremos a ver, lo que te quiero decir es, que te amo, quiero pasar el resto de mis días a tu lado, desde el primer momento en que vi tus ojos, supe que el amor a mi había llegado, en tu sonrisa quede atrapado, y poco a poco me quede enamorado, quiero construir un futuro a tu lado, para hacerlo a diario he luchado por ser mejor cada día, y así ser digno de estar a tu lado, pues aquel que a tu lado este, será el más afortunado de todos, pues como tú no hay otra, no sé cómo explicarlo, pero tú eres la más bella, de todas, no me refiero a tu exterior, si no a tu interior, pues tu belleza no puede ser apreciada con los ojos de la razón, solo con los del corazón, para mí no existe otra más que tú, sé que para evitar la soledad cualquiera estaría bien, pero a mi corazón no le importa otra más que a ti, y te esperaría el tiempo que fuese necesario, incluso si fuese una eternidad, no quería decirte esto hasta que tuviera algo seguro, pero mi corazón ya no podía callarlo más, así que, ¿Qué dices?- la muchacha se quedó callada- perdón, adiós. El muchacho la soltó, dio media vuelta y se fue, no quería escuchar lo que ella dijera, no importando si era un “si” o un “no”, pues no tenía el valor para escucharla, camino lo más rápido que sus piernas le permitieron, manteniendo a raya sus emociones, la muchacha se quedó estática, viendo cómo él se marchaba.  El muchacho tenía razón, pues esa vez sería la última vez que la vería. 
La ultima vez
Autor: Yosef Rodríguez  358 Lecturas
El novio estaba frente al altar. El sacerdote hacia los preparativos necesarios para iniciar el rito nupcial. La encargada de los arreglos musicales de la ceremonia preparaba sus partituras. Lo invitados aguadaban pacientemente la llegada de la novia. La marcha nupcial comenzó a sonar, las puertas del recinto se abrieron de par en par dejando a la novia entrar acompañada de su padre, los invitados se pusieron de pie, mientras la novia caminaba hacia el altar. La boda había empezado, la ceremonia siguió el proceso de siempre, hasta llegar al mítico clímax. El novio y la novia voltearon quedando una frente al otro, luego de unas breves palabras del sacerdote, la pareja se besó, sellando así su unión, los invitados se levantaron y al unísono se desbordaron en aplausos. La pareja dio media vuelta, pero justo cuando se disponían a salir, un intenso dolor de cabeza invadió al novio. El dolor era tan fuerte que el novio cayo de rodillas al suelo, llevando las manos a su cabeza. El escenario comenzó a distorsionarse, lo que antes era el interior de una iglesia, se convirtió en un pequeño cuarto de paredes blancas. El novio intentando que el dolor bajara de alguna forma, comenzó a gritar. El grito era tan fuerte que se escuchó fuera de la habitación, rápidamente dos enfermeros entraron al cuarto, sometieron al muchacho tirándolo al suelo. Detrás de los enfermeros entró un hombre que vestía una bata blanca, con las manos dentro de los bolsillos. -       Déjeme adivinar, ¿La misma pesadilla?- dijo el médico. El muchacho no dijo nada, solo miraba hacia la salida con la mirada muerta. -       No se preocupe, con esto pronto volverá al maravilloso mundo de los sueños- dijo el médico sacando una inyección de su bolsillo. Se agacho hasta quedar a la altura del muchacho y lo inyecto. Los efectos del sedante fueron inmediatos, el muchacho se tranquilizó, los enfermeros lo soltaron y salieron de la invitación, el medico guardo la jeringa y se dirigió a la puerta. -       Si vuelve a ver a la novia dígale “hola” de mi parte- dijo el médico mientras salía de la habitación. 
The nigthmare
Autor: Yosef Rodríguez  343 Lecturas
El muchacho abrió la puerta, sintiendo una agradable brisa, salió por la puerta, camino hasta el borde de la azotea. Solo estaba allí parado, viendo hacia el horizonte, la tarde moría dejando tras de sí el fascinante espectáculo del crepúsculo.-       ¿Y bien?- dijo una voz que venía detrás del muchacho.-       Después de tantas noches en vela, tantas lágrimas derramadas, de varios años, creo que por fin tengo la respuesta- contesto el muchacho-       Muy bien te escucho- dijo la voz. -       Existen personas extraordinarias- dijo el muchacho.-       ¿Extraordinarias?- pregunto la voz. -       Si, son personas ordinarias pero con un don extraordinario, son aquellas personas que en su alma solo hay luz, podría decirse que son ángeles disfrazados de seres humanos, tuve la buena o mala fortuna de conocer a tres de esas personas, una de ellas es un muchacho de 20 años, la otra es un hombre de familia de 52 años.-       ¿Y la tercera?- pregunto la voz.-       Es ella, ella es la tercera persona.-       Entonces ¿Cómo se relaciona eso contigo? ¿Cómo contesta eso a lo que ocurrió?- pregunto la voz.-       Cuando la conocí, lo primero que vi fueron sus ojos, sus ojos me dejaron cautivado, eran hermosos, tenían algo diferente, algo que nunca antes había visto: luz. Sus ojos transmitían esperanza, alegría, amor. Los ojos son la puerta hacia el alma, en su alma vi luz, una luz tan brillante, tan hermosa, tan maravillosa. Desde ese momento supe que ella era diferente, ella era extraordinaria, quede tan maravillado con esa luz que no pude evitar enamorarme de ella y yo también intente ser alguien extraordinario, solo así podría estar junto a ella, después de todo las personas extraordinarias solo están con sus iguales, eso lo confirme con el hombre de 52 años, él está casado con una más de esas personas. Así que me empeñe en convertirme en alguien extraordinario, pero no se puede ser aquello que uno no es, la primera vez que me olvido y ser marcho lo hizo por el muchacho de 20 años, ella encontró a otra persona extraordinaria en él, aún recuerdo la primera vez que los vi juntos, recuerdo el terror que me provoco ver cuando se abrazaron, es como si hubiera sabido que desde ese momento ella me remplazaría y así fue pero contra todo pronóstico, después de un tiempo ella volvió. Tal vez mi actuación como persona extraordinaria, la había convencido, después de eso todo iba bien, hasta que dios descubrió mi mentira, él le dio a alguien igual de extraordinario que ella y como debía de pasar, me olvido completamente. Creer que yo era alguien especial fue mi primer error- contesto el muchacho.-       ¿Entones la respuesta es?- pregunto la voz.-       Que desde un principio era imposible, que alguien como yo pudiera estar con alguien como ella, la respuesta es que no soy especial- contesto el muchacho.-       Entonces ¿Qué eres?- pregunto la voz.-       Solo alguien más, un ser humano como cualquier otro, un ser nauseabundo, un ser egoísta, alguien lleno de odio, de rabia, un adefesio, una vil basura que quiso cambiar lo que es, pero que el destino no se lo permitió, solo soy alguien que quiso todo y acabo perdiéndolo todo, volé al sol con mis alas de cera y caí en picada, presencie el cielo para volver al infierno. Ver que otros tienen lo que siempre he querido ahora es mi gran castigo, es mi condena por desear lo que no puedo tener. La respuesta siempre estuvo frente a mí, pero siempre me reúse a verla, creía ingenuamente que si creía lo suficiente seria todo lo contrario, pero hay cosas que simplemente no se pueden cambiar, y esto es una de ellas- contesto el muchacho.-       Ahora que has encontrado la respuesta ¿Qué harás?- pregunto la voz. -       Sin duda alguna un mundo sin ella, es un lugar donde no quiero vivir, ahora solo siento odio hacia mí mismo, no quiero vivir de esta manera, supongo que lo único que me queda es… morir-el muchacho mientras subía encima del borde de la azotea.-       Típico de ti, suerte fue un gusto haberte conocido.El muchacho salto al vacío, cayendo estrepitosamente contra el suelo, por un breve momento un intenso dolor recorrió todo su cuerpo, lo último que vio fue como la luz de día moría ante la oscuridad de la noche.     
Estoy sentado en lo alto de una colina, bajo la sombra de un árbol. El paisaje es maravilloso, miles arboles extendiéndose hasta donde alcanza la vista iluminados por la luz del sol, bajo un cielo azul sin ninguna mancha blanca en el cielo, moviéndose ocasionalmente por el viento que produce un hermoso sonido al pasar entre sus ramas. Escucho unos pasos, alguien se acerca, una silueta familiar hace acto de presencia, nuestras miradas se encuentran, una pequeña sonrisa se dibuja en tu rostro, y te sientas a mi lado. No hablamos, solo disfrutamos la compañía del otro, el viento mueve tu cabello permitiéndome ver una vez más tus hermoso ojos, dejándome el olor de la fragancia de tu piel. Volteamos y una vez más nuestras miradas se encuentran, pero cuando estamos a punto de decir algo… todo se vuelve oscuro. Parpadeo rápidamente y me seco las lágrimas. -         - Otra vez el mismo sueño – susurro he intento dormir otra vez.
La oscuridad de la noche entra por el ventanal abierto de puerta en puerta de la habitación, el viento mueve las cortinas y la luz de la luna ilumina una pequeña mesa con un tablero encima y dos sillas en los extremos. En una de las sillas se encuentra un muchacho que mira fijamente al cielo nocturno atraves del ventanal. Está por llegar – pensó. El muchacho cerró los ojos y recordó aquel día. Se encontraba en su cuarto sentado en su sillón escuchando el réquiem de Mozart, cuando de repente la música se detuvo y la puerta de la habitación se abrió de golpe. Un viento gélido corría por la habitación y pequeños pasos se escuchaban. -       ¿Quién está ahí? – preguntó el muchacho mientras se levantaba del sillón. -       Soy la muerte y he venido por ti – contestó una voz – tu tiempo se ha acabado. El muchacho se quedó petrificado, al igual que su respiración su corazón latía muy rápido, sentía que le faltaba el aliento, su cabeza daba vueltas, era un torrente de pensamientos que no tenían ni pies ni cabeza, hasta que uno de esos pensamientos se impuso sobre los demás… aquella promesa. -       Aún no puedo morir, tengo una promesa que cumplir — se obligó a decir el muchacho. -       ¿Crees que eso me importa? – preguntó la muerte burlándose. -       ¡Me importa un bledo si te importa o no! No puedo irme hasta cumplir con mi palabra, déjame hacerlo y una vez hecho, iré contigo voluntariamente. La muerte de sorprendió. -       Interesante, veamos hasta donde llega esa determinación, te propongo algo, si me vences en un juego tres veces, te dejare vivir para que cumplas esa promesa, pero si yo gano tres tendrás que venir conmigo sin rechistar. -       ¿En cuál juego? – preguntó el muchacho. -       Uno que conoces muy bien, el juego de los reyes, ajedrez – respondió la muerte poniendo una caja de madera sobre una mesa – he escuchado que eres muy bueno. -       ¿Cómo te enteraste? – preguntó el muchacho. -       La persona con la que hiciste tu promesa me dijo – respondió la muerte sonriendo – y bien, ¿aceptas? Una brisa gélida empezó a correr por la habitación, el muchacho abrió los ojos y encontró frente a él una silueta familiar, su rival había llegado. -       ¿Está vez me tocan las blancas? – preguntó la muerte. -       Si, la última vez me tocaron a mi – respondió del muchacho. -       Hoy se resuelve todo, quien gane esta partida será el ganador definitivo – dijo la muerte confiada haciendo el primer movimiento – por cierto, esa persona te manda saludos. -       No voy a perder – dijo el muchacho haciendo su jugada. -       Ya lo veremos.
Últimamente he tenido el mismo sueño. En el sueño es por la noche, estamos tú y yo sentados sobre una colina viendo hacia el firmamento, las ráfagas del viento nocturno mueven tu cabello permitiéndome ver parte de tu sonrisa, el tiempo pasa y el sol comienza a salir por el horizonte, su luz se va extendiendo por toda la pradera hasta que ilumina tu rostro y justo cuando volteo a verte, despierto. Cada vez que despierto intento desesperadamente volver a dormir, con la esperanza de que ese sueño continue, pero en el fondo sé, que eso no será posible, solo me quedo viendo fijamente al techo de mi habitación, un intenso dolor empieza a invadirme, las lágrimas fluyen, en un intento desesperado, mi mente reproduce los momentos que pase a tu lado para utilizarlos como anestesia, vanos son sus esfuerzos pues resulta todo lo contrario. Cuando vuelvo en mí, no puedo evitar preguntarme ¿Por qué? ¿Acaso verte en sueños es mi castigo por querer aquello que no puedo tener? ¿No es suficiente con, vivir sabiendo que ya me olvidaste? ¿Por qué sigues torturándome en sueños? Solo sé que desde el día que te fuiste, tengo miedo de dormir.
Mi condena
Autor: Yosef Rodríguez  293 Lecturas
Creía que no volvería a encontrar aquello que alguna vez me hizo vibrar, cual sería mi sorpresa el volver a mirar eso que en algún tiempo solo me hizo aterrorizar.  Sus ojos en conjunto a su sonrisa, dos rasgos idénticos y a la vez únicos, aquel calor de hogar, aquellas ganas de abrazarle y nunca soltarle.  Intente olvidarle, pero fue imposible, pues la vida misma me condujo de nuevo a ella, a rencontrarme con aquello, los sentimientos que creí muertos cual ave fénix renacieron, me obligue a callar mis sentimientos.  Con el cerebro de vacaciones y el corazón en un mar de confusiones, me obligue a callar y rechazar la innegable verdad, que una vez más mi corazón quería amar, más la mente le obligó a callar, pues sabía que eso no se podría dar, poco tiempo paso para la responsabilidad del error acatar. Ahora solo arrepentimiento siente, pues no pudo expresarle lo que siente, creí que otro día otra oportunidad se presentaría, para decirle lo que en ese momento sentía, pues mi gran error seria, pensar que otro día te vería. Ahora me arrepintiendo de no haberte dicho la verdad, que mi corazón a ti te quiere amar y a tu lado estar, puesto que nuestro reencuentro coincidencia no pudo ser pero una vez más la vida me volvió a mostrar que en asuntos del corazón segundas oportunidades no da.  Más reencontrar aquello en ti esperanza me da, pues si ya lo encontré una segunda vez, una tercera podría ser, cuando sea esa vez tonto no seré y de inmediato confesare.  Sin embargo con remordimiento me iré pues no te devolveré aquello que me prestaste, si nuestros caminos vuelven a cruzarse, de viva voz esto tu oirás y ten por seguro que mi deuda pagare.
Últimamente he tenido el mismo sueño, no es nada especial, solo es uno de muchos otros pero, por alguna razón siento la necesidad de escribirlo. Estoy sentado en una butaca de una sala de un cine que está repleta de gente, puedo oír el sonido que genera el proyector, como las demás personas meten sus manos en sus botes de palomitas, como beben de sus refrescos incluso puedo ir el sonido de los besos que se dan las parejas que están sentadas hasta atrás. La verdad no recuerdo cual película se estaba proyecto en la pantalla ni mucho menos de que trataba, solo recuerdo una pantalla blanca que era iluminada intermitentemente por el proyector. Todo va bien hasta que repentinamente la película se detiene por completo en una escena, todas las personas desaparecen y me quedo completamente solo observando fijamente a la imagen de la pantalla. Un hombre leyendo bajo la sombra de un árbol mientras acaricia con ternura la cabeza de la mujer que duerme en su pecho.  Después de un rato la pantalla se oscurece y toda la sala se hunde en la oscuridad, parpadeo y la noche de la madrugada me recibe en mi cuarto. 
El silencio reinaba en el edificio, en uno de los salones la luz de la calle entraba por la ventana iluminando el pizarrón y algunas butacas, en una de ellas se encontraba un muchacho viendo fijamente hacia la ventana con la mirada perdida en la inmensidad de la noche. El muchacho bajó la cabeza lentamente y puso sus manos sobre su cara, una sonrisa de oreja a oreja aprecio en su rostro, su cuerpo empezó a arquearse, y comenzó a reírse a carcajadas sin control, de tal forma que se cayó de la silla y continúo riendo en el suelo aún más fuerte que antes, viendo directamente al techo blanco, con los ojos desorbitados y sin poder controlar su risa recordó todo, como corría por los pasillos del edificio, la desesperación que sentía por no poder encontrarla, como gritaba su nombre desesperadamente esperanzado en recibir una respuesta. Lagrimas empezaban a salir de sus ojos mientras su sonrisa crecía y su risa aumentaba, levantó sus manos y vio los rostros de sangre que quedaban en ellas, las puso sobre sus ojos y percibió el olor de la sangre. El recuerdo aún era nítido, su llegada al salón donde estaba a quien buscaba, verla con el revolver para ser accionado sobre sus manos, verla como ponía lentamente el cañón del arma dentro de su boca, las lágrimas rodando por su rostro e inmediatamente después el sonido de un disparo, el cuerpo sin que caía hacia atrás, la sangre que salía del cuerpo sin vida mientras él lo sostenía entre sus brazos sintiéndose impotente por no haber podido salvarla. Al final su risa se convirtió en un grito de dolor y agonía que se perdió en el silencio del edificio.  
Nota: favor de empezar a escuchar esta canción en cuanto aparezcan las letras negras en el texto. https://www.youtube.com/watch?v=_sbAtt4w6ZU El muchacho dormía sobre su cama moviéndose de un lado a otro luchando por abrir los ojos y librarse del mal sueño que estaba teniendo. De librarse de aquella sonrisa, de esa risa, de esa voz… de aquel momento. -          “Una vez más, por favor” – escuchó dentro de su sueño. Despertó abruptamente y se sentó en el borde de la cama. Su respiración al igual que su ritmo cardiaco era rápida, sus manos y piernas temblaban, y sus ojos lagrimeaban. Se abrazó a si mismo buscando calmarse y cuando lo consiguió, se levantó de la cama y caminó entre la oscuridad de la habitación hacia la puerta, giro la manija y salio del cuarto. Atravesó el pasillo para llegar a la habitación que estaba frente a la suya, giro la manija y abrió la puerta. Se quedó parado en el resquicio de la puerta viendo como la luz de la luna entraba por la ventana para reflejarse sobre el piano de cola que a su vez se reflejaba en el espejo que estaba en una de las paredes iluminando la cama que estaba frente al piano. -          “Una vez más, por favor” – escuchó de nuevo. Entró en la habitación y caminó hasta el piano, se sentó en el taburete y levantó la tapa de las teclas. Se quedó mirando las teclas un momento, luego alzó las manos lentamente hasta que sus dedos tocaron las teclas y empezó a tocar, sin embargo las teclas del piano solo produjeron un sonido hueco. -          Dejó de sonar desde que te fuiste – pensó para sí. Siguió tocando produciendo el mismo sonido hueco que hacía eco por toda la habitación y volteó hacia el espejo. -          ¿Qué estoy haciendo? – pensó mientras se veía a sí mismo en el espejo.   Sonrió y siguió tocando, hasta que de un momento a otro, las teclas del piano emitieron el sonido de una nota. Sorprendido levantó la cabeza y miro hacia el espejo. Se quedó mirando el espejo atónito pues ahora no solo lo reflejaba a él, ahora había alguien más en esa imagen, una silueta familiar que lo miraba fijamente. -          Solo una vez más, por favor – dijo aquella silueta. El muchacho asintió con la cabeza y empezó a tocar. -          “Kreisler love´s sorrow” tu favorita – dijo el muchacho sonriéndole a la silueta. A medida que tocaba, las notas de la canción le recordaban aquellos momentos. Cuando la conoció, la primera vez que vio aquella luz, la primera vez que sintió aquella calidez en ese abrazo, esa sonrisa sincera que siempre esbozaba ella cada vez que le veía, esas tardes que pasaban juntos sin parar de hablar y sin llegar a nada, su risa, su voz que le parecía la más hermosa de las sinfonías, la felicidad que sintió la primera vez que ella recostó su cabeza en su hombro, esas veces en las que él tocaba para ella, la primera vez que tomó su mano, esos paseos que daban por el lago, esas veces en las que se quedaban recostados sobre el césped, esa vez en la que la lluvia les tomó por sorpresa en la calle, ese vestido negro que le quedaba tan bien, aquellas discusiones que siempre terminaban en un abrazo, esos momentos en los que ella se ponía celosa, su rostro enrojecido esas veces que escuchaban música juntos, … ese primer beso. Siguió recordando cada vez más momentos que pasó junto a ella, a la vez que aumentaba la intensidad con la que tocaba las teclas del piano, resonando cada vez con más fuerza por toda la habitación, era como una montaña rusa de emociones que subía y bajaba sin parar que cambiaba cada vez más rápido de forma intensa. De pronto recordó aquel momento. -          “Para que te recuperes, debes descansar” – dijo el muchacho mientras la arropaba – “tienes que dormir”. Ella agarró su mano. -          “Tengo miedo” – dijo ella – “¿puedes tocar algo para que me relaje?” -          “Claro ¿cuál quieres que toque?” – preguntó. -          “Mi favorita” – respondió. -          “¿Otra vez?” – dijo él mientras se sentaba en al taburete del piano – “los nocturnos de Chopin son más relajantes”. -          “Solo una vez más, por favor” – insistió – “es que me gusta mucho como la tocas”. -          “Está bien” – dijo él accediendo. Ella cerró sus ojos y él empezó a tocar. Cuando acabó se levantó del taburete caminó hasta ella, le dio un beso en la frente y se sentó a un lado de la cama viendo como dormía, velando por su sueño. Ella ya no despertó. El muchacho volteó hacia el espejo y vio que ella tenía su cabeza recargada en su hombro mientras sonreía, él también sonrió y derramó una lágrima, pues sabía que el momento de decir adiós se acercaba. Las notas eran cada vez más suaves, hasta que todo quedo en un completo silencio. El muchacho volteó a verla, y vio como se desvanecía. -          Gracias – dijo ella viéndolo a los ojos, para luego desvanecerse por completo.                
Una vez más
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