Atravesé la plancha del Zócalo a las carreras con B. El sol calentaba el piso como a una sartén y con el aire aceitoso me estaba "sellando", como dicen los chefs de la tele.
Pedí por agua pero no fue fácil encontrarla.
La larga noche que nos esperaba bajando por esas escaleras me hubiera hecho desisitir siquiera por intuírla, pero no. Se trataba de una locura juvenil, y en parte una broma.
A las tres cuadras jedía como un cerdo y a la mitad era un lisiado, al llegar estaba muerto.
5640

Cargando comentarios...