CORDILLERA
Te impones altiva dominando ciudades y carreteras.
Acercando tu imagen por caminos, hasta nuestra mirada,
Que no te esquiva, aseverando la belleza
De la que sos portadora, como toda una dama,
Palpitante bella, seduces correspondiendo a la admiración,
Que exhala por nuestros poros.
Nos conduces por tus orillas, para entender tus silencios ancestrales,
Queriendo contar tú historia.
En un invierno que te cubre de nuevas vestiduras.
Te acaricia un sol tímido que asoma su brillo.
Entre laderas impenetrables, la nieve alborota sensaciones.
Cubriendo la floresta que nacerá en primavera.
Tu vientre contiene, volcanes, glaciares, valles, cordones montañosos,
Por ahora relajados descansan dormidos.
Al incursionar entre tus brazos, encontramos secretos dormidos.
En cada peregrinar a tus fajas indomables de tierra, tuve que hacer un alto.
Nos elevas a tus ruidos a tus misterios.
Te reflejas en apacibles lechos de ríos, lagos.
Avivas nuestro, deseo para no querer abandonarte.
Tejiendo sueños que les nace jugar con las emociones.
Sos la estrella de cada estación invernal.
Que amamos visitar para acariciarnos.
En una nívea manta que extiendes a nuestros pies.
Cerrando los ojos percibo esa simpleza de llegar al cielo.
Escalo tus laderas intentando acercarme más.
Sos ese embrujo que me llama y no quiero soltar.
Acercando tu imagen por caminos, hasta nuestra mirada,
Que no te esquiva, aseverando la belleza
De la que sos portadora, como toda una dama,
Palpitante bella, seduces correspondiendo a la admiración,
Que exhala por nuestros poros.
Nos conduces por tus orillas, para entender tus silencios ancestrales,
Queriendo contar tú historia.
En un invierno que te cubre de nuevas vestiduras.
Te acaricia un sol tímido que asoma su brillo.
Entre laderas impenetrables, la nieve alborota sensaciones.
Cubriendo la floresta que nacerá en primavera.
Tu vientre contiene, volcanes, glaciares, valles, cordones montañosos,
Por ahora relajados descansan dormidos.
Al incursionar entre tus brazos, encontramos secretos dormidos.
En cada peregrinar a tus fajas indomables de tierra, tuve que hacer un alto.
Nos elevas a tus ruidos a tus misterios.
Te reflejas en apacibles lechos de ríos, lagos.
Avivas nuestro, deseo para no querer abandonarte.
Tejiendo sueños que les nace jugar con las emociones.
Sos la estrella de cada estación invernal.
Que amamos visitar para acariciarnos.
En una nívea manta que extiendes a nuestros pies.
Cerrando los ojos percibo esa simpleza de llegar al cielo.
Escalo tus laderas intentando acercarme más.
Sos ese embrujo que me llama y no quiero soltar.
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