Recuerdos
Publicado en Mar 13, 2023
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Me percaté de su presencia justo cuando me giré dispuesta a marcharme, él estaba a tan solo unas mesas de distancia en aquel pequeño bar. En ese momento la vida decidió jugarnos una mala pasada y nuestras miradas se encontraron. Me quedé petrificada, contemplando con mi mejor cara de idiota al dueño de aquellos ojos café. ¿Era aquel hombre el mismo chico que tanto me había hecho reír y llorar? 
 Claro que era él. Su cabello antes castaño oscuro, ahora se tornaba negro, tenía la piel ligeramente más bronceada, sus hombros se habían ensanchado y sus brazos se habían puesto fornidos, además estaba mucho más alto. En el rostro expresaba el cansancio de la vida como adulto y debía de estarse preguntando lo mismo que yo, puesto que él también se me había quedado mirándome con su mejor cara de idiota. 
 Allí estábamos, contemplándonos como dos tontos sin saber qué hacer ¿Es qué ninguno pensaba decir nada? Las palabras no salían y de todas formas qué podíamos decirnos.
 La última vez que lo había visto había sido en un aula, diez años atrás. Recordaba ese día muy bien: Era verano y él llevaba la túnica blanca por arriba de una remera del mismo color y una bermuda jean. Nos hallábamos iniciando cuarto año de secundaria y él todavía mantenía las facciones de un niño. Por entonces me ponía colorada y quedaba muda o tartamudeaba cada vez que se me acercaba, a pesar de lo cual él encontraba la manera de que compartiéramos actividades, y yo adoraba estar a su lado. Durante la secundaria mi cabello era más corto que el del resto de las chicas y muy rebelde, por lo que siempre lo llevaba atado, y a pesar de que en verano se nos permitía llevar short, yo solía usar jean, pues me sentía más cómoda con las piernas cubierta, y ese día no había sido la excepción.
 Fue un día normal en la escuela: se me acercó con la excusa de pedirme una lapicera, aunque el compañero que se sentaba delante de él tenía tres, y yo me puse colorada y tartamudee mientras se la prestaba. Luego el profesor de teatro nos puso a trabajar juntos. No sabía que mis padres decidirían mudarse y mucho menos que aquel viernes sería la última vez que lo vería, si lo hubiera sabido quizá me habría animado confesarle la verdad que llevaba guardando desde el día que nos conocimos. 
 Ahora el cabello me pasaba los hombros y, aunque se hallaba más rebelde que en mis tiempos de secundaria, lo llevaba suelto sin ningún complejo. A diferencia de él yo no había crecido nada, por lo que seguía siendo la misma enana. Tenía puesto un vestido floreado que me marcaba la cintura y que dejaba al descubierto mis piernas, una cartera y zapatos a juego; un look sencillo, pero bonito. 
 Pasaron los segundos más eternos de toda mi vida y sus ojos se iluminaron. Sonrió y casi sin darme cuenta yo le devolví la sonrisa. Los recuerdos se mezclaron con la realidad. Las mariposas en mi interior se encendieron y bailaron como si el tiempo jamás hubiera transcurrido y todavía estuviéramos en el aula, jugando a que no nos gustábamos, disimulando por miedo a que el otro no sintiera lo mismo cuando en el fondo ambos sabíamos que deseábamos tomarnos de la mano y besarnos. Lo nuestro fue un amor infantil, inocente, un amor como el de todos los de la secundaria: condenado a fracasar, con la diferencia de que nunca llegó a concretarse, tal vez por eso bastó una sonrisa para que entendiéramos que el amor continuaba dentro de nosotros. 
Incentivado por mi actitud rodeó la mesa y acortó la distancia que nos separaba con la misma energía con la que siempre se acercaba a mí, con esa que me hacía sentir que yo era su sol. Me pasé un mechón de pelo por detrás de la oreja y contuve la respiración mientras se acercaba ¡Estábamos juntos! ¡Otra vez Mati y yo estábamos juntos!
 —¿Quién es? ¿Un viejo amigo? —Preguntó Christian, mi novio y cruzó un brazo por arriba de mi hombro.La realidad me aplastó y me sentí un poco culpable. Ya no era una adolescente, si no una mujer y tenía responsabilidades. Clavé la vista en el suelo y evité responder.
Mathias entendió la situación y se detuvo en seco. Sus ojos pasaron de mí a Christian y luego volvieron a posarse en mí. La sonrisa se le apagó. Lo siguiente ocurrió demasiado rápido: No sé de donde salió una chica muy guapa y se colgó en su brazo, estaba embarazada.                                                                   
 —¿Podemos irnos? —Le pregunté a mi novio, con un hilo de voz. 
 Él no era tonto, se dio cuenta de que algo pasaba y dudó un momento si debía retirarse o no. Me liberé de su brazo y casi corrí fuera del lugar en busca del auto. Christian se apresuró a seguirme; pero lo ignoré. Sabía que no era su culpa y que estaba preocupado por mí, sin embargo, no deseaba verlo. El pecho me dolía y tenía el estómago revuelto, lo único que quería era llegar a casa y hundirme en la cama a llorar. Era muy estúpido pensar que después de tanto tiempo Mathias no había continuado con su vida. Tendría que haber sospechado que tenía pareja y sobre todo haber recordado que yo tenía novio. 
 ¡¿Qué clase de broma cruel nos jugaba el destino que juntaba nuestros caminos cuando ya no teníamos lugar en la vida del otro?! ¡Y qué tonta era! ¿Cómo podía ponerme tan mal un encuentro con un chico que no veía hace años y con el que jamás había tenido nada?Solo quedaba desearle suerte. Por mi parte lloraría hasta quedar dormida y luego todo regresaría a la normalidad. Mathias volvería a ser un recuerdo, el fantasma de amor que nunca había llegado a concretarse. Era demasiado tarde para nosotros, ahora cada cual tenía su vida. Nuestros caminos se habían separado hacía mucho tiempo.
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Foto del autor patricia amorin
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Descripción

Hay amores que nos dejan marcados, que estn dentro de nosotros; pero aun as no pueden ser.

Palabras Clave: amor vida destino secundaria reencuentro

Categoría: Cuentos & Historias

Subcategoría: Relatos



Comentarios (1)add comment
menos espacio | mas espacio

juan carlos reyes cruz

Cuando late inesperado un ideal en nuestros recuerdos es porque ha quedado un injusto vacío en nuestro corazón que nunca fue resuelto y si permitimos que continúe sin definirle, nos dolerá por siempre.
Es cierto lo que añades en el espacio de DESCRIPCIÓN, no obstante, su idealización en el transcurso del tiempo será inevitable.
Escribes bastante bien, Patricia. Me gusta.
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March 16, 2023
 

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busy