Buen viaje
Publicado en Jan 21, 2018
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Serena te ves, al exhalar. Tu rostro me entrega una paz extraña en nosotros. Tus lágrimas provocan un ligero arrepentimiento, que se diluye en esa belleza tan característica de tu tristeza.
 
Tu sangre se calma, y tu cuerpo comienza a terminar. ¿Era éste el destino? Sin duda es lo que siempre quisiste. No podrías negar que lo pedías con cada gemido, con cada agarre, con cada mirada. Con cada grito de auxilio.
 
No puedo evitar sentir un poco de melancolía. Te extrañaré, ¿sabes? Nunca fue tu paz lo que amé. Amé tu pasión para odiarme con toda tu alma, amé esa mirada la primera vez que te penetré. Amé ese deseo con el que intentabas liberarte de mi amor, de mis brazos y deseo. Amé incluso tus despojos y destierros, pero terminaron por agotar aquella paciencia que nunca tuve.  Esa que creé a partir del desprecio recalcitrante de una imagen que nunca quise mía. Esa que te encargarías de cambiar y desaparecer…
 
Al recorrer con mis dedos los contornos de tu cuerpo, no podrías creer el amor que por fin siento. No me excitas, como antes. Tranquilas, las curvas de tu cuerpo me dicen que es seguro acercarse a ellas. Y sólo deseo abrazar lo que queda de tu existencia, mientras aún compartimos éste mundo.
 
De seguro te ríes de mí. Me lo dice lo poco que queda de tus ojos. Incluso ahora, te ríes de mi…
 
Podrías decir que estoy loco, pero, ¿no lo estás tú también, amor? Me lo confesaste la última vez que tu boca pronunció palabra… No, amor, no estoy loco. Ahora mismo, estoy más cuerdo que nunca. Después de todo, estoy al fin dándote en el gusto. ¿No era esto lo que querías? ¿No era esto lo que esperabas…?
 
La vida es un infierno, cuando no se vive bien. Y tú, mi amor, fuiste un infierno. De ello, te libero. ¿Valía la pena seguir? Ahora serás sólo una fotografía olvidada. Ahora no podrás destruir nada de lo que vivimos. Ahora, amor, seremos eternos en tu viaje…
 
No quiero ser aguafiestas. No quiero arruinar tu partida, pero… ¿Por qué lo hiciste?  Tu sabes que no fui yo quien lo hizo… ¿Lo sabes, no…? Da igual ya, amor. Vete tranquila mientras yo cuido tu sueño. Nuestros sueños, que ahora sí, se harán realidad.
 
Tú me obligaste. Yo no quería. Yo sólo quería tu atención un momento. Fuiste tú quien escogió estar lejos de mi alcance. Fuiste tú quien dijo que el problema era yo. Pero tú y yo sabemos que nunca fue así. Tú sabes que era yo tu final. Tú siempre supiste que esto pasaría. Tú lo buscaste… ¿Porqué, amor…? Da igual, ya. Tu memoria está a salvo en mis manos. Tu sangre también.
 
Pero…
 
No nos queda mucho tiempo. Ambos debemos partir a lugares diferentes, y sólo los misterios de la vida podrán volver a juntarnos un día. Espérame, por favor. Descansa, ten paciencia, y espérame. Seamos lo que siempre tuvimos que ser, si no en ésta, en la vida que sea. Te aseguro que, donde sea que me encuentre, te buscaré. Y ten por seguro que te encontraré. Espero que no intentes escapar de tu destino la próxima vez. Nada bueno pasa cuando haces eso, ¿no te das cuenta?
 
Tierna te ves, recostada en el piso. Puedo ver tu cuello palpitar al son de las sirenas. Lenta, muy lentamente… Y esas mejillas carmesí hacen juego con tu cabello y tus gemidos. No te imaginas lo hermoso de la escena. Algún día lo haré yo para ti…
 
¿Aún estás ahí? Quisiera confesarte algo… Siempre supe que así sería. No pienses, por el amor de Dios, que lo tenía planeado. Y es que, ¿se planea lo que se sabe? Y tú sabías que yo sabía… Y yo sabía que tú sabías que sabía… ¿Cómo no saberlo? Fuimos siempre tan evidentes. Fuimos siempre tan… predecibles.
 
Limpiar la sangre de tus labios, me da el placer del deber cumplido. Ya está hecho, después de todo. Y a pesar que lo evité tanto, tanto como tú a mí, la justicia tarda, pero llega. Y yo nunca pretendí para nosotros lo bueno o lo malo, sino simple y humildemente, lo justo. Y después de tanto amor y tanto daño, de tanto dolor y tanta muerte, era hora de acabar con todo. Si aún ahora no lo crees así, es que sufriste mucho, o muy poco…
 
Pero yo, amor, yo si sufrí. Con cada caricia, con cada súplica, con cada gemido. Con cada golpe, con cada grito de auxilio, con cada mirada horrorizada hacia el futuro, con cada azote negador de sentimientos. Con cada gota de tu sangre, mi amor, sufrí por los dos y por todas nuestras vidas. Con cada gota de esa dulce y suave sangre que ya no cargas. Pero tranquila, amor. Al fin serán mis manos las que carguen con tu recuerdo, con tu esencia, y con tu muerte.
 
Exótica te ves, al despedirme. Como una pintura cubista. Como un desastre natural. Como una pasión tergiversada y enfermiza. Como un caso clínico de un amor más allá de la vida y la muerte. Como un sueño terrible de alguien hermoso. Como un recuerdo que me acompañará toda la vida, te ves. Como siempre fui. Como siempre seremos.
 
Y éste amor, ésta locura que me dará vida, fue lo que te dio muerte, amor. Este amor desenfrenado y cósmico, supremo. Este amor que siempre estuvo más allá de cualquier entendimiento, que fue loco para algunos, pero real para quien sabe. Y yo sé, mi amor, yo sé…
 
Superemos ésta prueba. Trasciende a la vida y búscame. En algún confín de éste mundo de locos, te estaré esperando. Y cuando toques mi puerta, sabré que eres tú. Porque sólo tú sabes tocar ésta fibra de mi alma.
 
Buen viaje, amor. Gracias.
 
Y de nada.
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Foto del autor Carlo Biondi
Textos Publicados: 81
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Descripción

Palabras Clave: viaje locura psicosis muerte vida cuerpo amor pareja enfermizo dolor sufrimiento dao odio crimen mundo loco

Categoría: Cuentos & Historias

Subcategoría: Relatos


Creditos: Carlo Biondi

Derechos de Autor: Carlo Biondi


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