• Diana Decunto
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  • País: Argentina
 
   Niña alegre,cabellos sueltos al viento.Das vueltasen la calesita,nunca te cansas.Cuentas del uno al diezpara jugar a las escondidas.Mambrù te roba la risacuando se va a la guerra. Conejos saliendo de la galeravaritas mágicasprincesas coronadasla suerte da circulosse conceden tres deseos Felicidad y Fantasiaescondansen en la espesura del bosquelobos hambrientos las buscan .         
Felicidad
Autor: Diana Decunto  298 Lecturas
Vidrieras con maniquíesDe labios carnosos De miradas atrapantes con vestidos escotados despertando deseos.    Señoras  escogiendo vestidosde colores al tono.Mueca de dolorcuando la vendedora dice:ese talle no tenemos.Jurarà por un mes hacer dieta.La compradora derrotadase retira indignadaCulpará a la ropa…No importa...…igual no me gustaba. Niñas JóvenesAnsiosas en el probadorsu belleza reflejadaen el espejoApostando una y otra vezAl amor.
Escaparates
Autor: Diana Decunto  409 Lecturas
         Arboles callados          contando sus secretos          más intimos al rio.            El viento          acariciando esos  secretos.          De repente, se enoja          quiere huir, no le importa nada,          y por momentos, lo logra          se ausenta.            Aguas corriendo          haciendo  olas          presurosas por llegar          a una desembocadura            Espejos flotando          en el medio del rio          se mecen con las olas            Los espejos          son testigos silenciosos          De los pájaros que vuelan          De las olas que se encrespan          De la correntada que baila.            Nada se pierde          Todas las historias          Navegan por un rio.          Como los camalotes          los misterios flotan.                   El río no se queja          Nunca está sólo.          Cuando amanece          sus brazos          están llenos de espejos          acercando a las orillas          para que se conozcan.          Al llegar  la noche,          los espejos          se acuestan con los ríos          intimidan, se aman             se esconden en la bruma             vencen al frío,             se cubren con  la oscuridad          de la noche.El video con el audio se pueden escuchar en https://youtu.be/3oPIJjhHAvE 
Aguas y Espejos
Autor: Diana Decunto  334 Lecturas
Penumbras. Mucho frío, el viento no estaba invitado. Oscuridad.  En mi mano, una vela. No es fácil encontrar lo que necesitamos: un fósforo. A tientas, en la alacena, había uno. Prendimos la vela. Éramos felices. Una ráfaga de viento la apagó. Olvidamos cómo haríamos para que la felicidad no se escapara.   Incendio Lloraba al leer la última carta: “el amor se hizo cenizas”. Juntó las cartas y las guardo en un cofre.  Al día siguiente, no paraba de reír, estaba loca.  El pueblo pensó: no es para menos se  incendió su casa, se quedó sin nada.  Ella era feliz,  las cartas tenían razón,  el amor se había hecho cenizas. Ayuda Me pidió ayuda. Extendí mi mano y la tomó. Gemía. Con mis fuerzas exhaustas traté de sacarlo. Él con su fuerza a su abismo me atraía. Le grité, si pides mi ayuda, tiremos juntos para el mismo lado. Me dijo no puedo, cuando caiga, no quiero estar solo, quiero compañía. Solté mi mano.Fin. 
Manteles bordatosde encaje.Nunca faltancomensalespara disfrutardel banquete.En bandeja de platahay siete pecados.Tù eres quien elije,quedar o levantarte de la mesa.Lujuria, amor descontrolado.Gula, vivir para comer.El hambriento sufreintentando comer para vivir.Avaricia, delirio desenfrenadoEl pobre intenta trabajar para vivir.A los avaros no les alcanzavivir con lo acumulado.La pereza, adormece manos y aniquila mentes.Ira, ojo por ojo y diente por diente.Envidia, desear lo ajeno.¡Qué importa!Si es malo o bueno.Soberbia, arrogancia,derecho de algunosa  mirar la vidadesde unos peldañosmàs arriba.
Las Navidades. Ya han sido muchas. La familia nunca fue muy grande. Cada navidad que pasa me es imborrable. La rutina es la misma, saludar a los compañeros que máss aprecio,  salir del  trabajo y lanzarme a caminar para volver a casa, empezando a pensar en  los preparativos de la nochebuena. Mientras recorro  esas calles céntricas, voy pisando los papeles, ese desperdicio del año,   que los oficinistas  lanzan desde las ventanas como si los quisieran hacer desaparecer. Pero son conscientes que les deparan augurios de un próximo año plagado de mayor cantidad de papeles y problemas. Mientras voy zigzagueando en las calles con sol, empapada de sudor, recuerdo a mis seres queridos que ya no están y cómo fue con ellos, compartir cada año.  Cóomo era esa  rutina todos los años,   de huir de esas moles de cemento con relojes de control para entrar y salir para llegar al hogar, encontrarse con una familia, tomando mate y también ellos rumiando sus propios recuerdos. Pero no queda todo reducido a mi adultez, eso hace que comience a  remontarme  a mi niñez. Cuando se miraban las recetas de cocina para organizar el menú  con la que acompañaríamos noche buena. Recuerdo con nostalgia el preparar la ensalada de frutas, escuchar música, consumir mucho hielo por el calor, preparar los flanes en paquete “los si se mueves” y esperarla la navidad afuera en el patio  o adentro dependiendo si lloviese o no. Mirar el programa de TV esperando a que el reloj marcase las 00:00 para brindar. Cada navidad tiene un color y una cara distinta del prisma. No puedo olvidar escuchar en el wincofone a Bing Crosby con su Blanca Navidad.  Ni tampoco las diferencias que tenían los reyes magos, según por la casa que pasarán. Unos pedían pasto y agua. Oros llegaban si estábamos dormidos. Algunos habían logrado ver sombras que se movían en la oscuridad. Había muchos cuchicheos, algo raro había. Muchos pensarán a la escritora la atrapó la melancolía.  Opinarán, seguro, vamos a caer en la banquina,  en los mares de la  depresión. En realidad, trato de pegar el volantazo , porque  el transfondo de todo ésto,  es entender  la vida. Recordar con cariño, con su defectos y virtudes, a los que ya no están, viajar por las navidades pasadas para volver a esta navidad presente y compartirla con la mirada del ayer, girar el cuello y reconocer aquello que  conquistamos hoy y aquello que perdimos, ayer. Extrañar con melancolía lo que dejamos hacer y nos hacía felices. Cada  recuerdo lo voy  deshilachando entregándose a mi corazón, degustándolo  como si tuviese adelante mío, un postre helado de muchos sabores. La vida es la que va pasando. Si sabemos mirarla desde un plano, muy  desde arriba, pero muy arriba, deberíamos agradecer los momentos que la vida  nos brindó salud  para disfrutar de todo eso. Y esa es la evolución, el viento nos erosiona, el frío nos endurece, el calor nos relaja y los recuerdos nos mantienen.  
Navidades
Autor: Diana Decunto  440 Lecturas
Maria Elena sube jadeante, la cuesta es muy empinada. No soporta más. Siente que su cuerpo no le responde, cree que es  prudente desistir. Lo único que la mantiene en pie  y que la persuade de no renunciar a subir, es ese rayo de luz que se filtra. Se ha escapado sin avisar a nadie. Prácticamente ha huido de su casa. Ha querido demostrar que es grande, independiente,  no necesita de la tutela de sus padres. Busca esa ansiada libertad que los jóvenes creen no tener y que cuando maduran tanto añoran. En realidad, la frescura de la vida, fue quien les otorgó un camino de risas y espontaneidad.  Los años sigilosamente se lo irán robando.  Ha llegado a la cima, la oscuridad se transformó en luz. Se sienta  al lado del hormiguero a  descansar,  contempla el sol, el aire de la campiña la ha renovado. Ha llegado a la zona prohibida, pero no le importa porque pudo probar que todo aquello que se propone se logra,  Con esa tozudez, característica innata de los jóvenes, creyendo que un éxito, lo es todo. Siempre le habían prohibido llegar,  hasta donde hoy llegó.  Siendo niña la asustaron con terribles monstruos, postura inexplicable de sus padres, que tal vez olvidaron que ellos también fueron niños. La lección no aprendida fue: cuanto más misterio y temor se le infunde a un niño más curiosidad se le despierta. Maria Elena, sabe sortear las piedras, a los dieciocho años, en el curso de instrucción militar  aprendió  la importancia en una hormiga de usar sus antenas para guiarse. Se le inculcó que las hormigas deben evitar imitar al  hombre, en eso de  chocar siempre con la misma piedra.  A Maria Elena  le habían enseñado los  límites  del perímetro permitido y cuál era la zona prohibida. Maria Elena, es  una hormiga rebelde por naturaleza, no entendía la vida en comunidad. Opinaba que no todas las hormigas son de naturaleza sociable. Ella era una hormiga anti Maeterlinck, anti sociedad, aunque también sufría contradicciones, porque creía en un mundo  de  justicia con derechos como obligaciones iguales para todos. Maria Elena nunca podría haber sido tildada una hormiga anarquista. Creía en el orden y bien común. A los psicólogos y siquiatras de ese  hormiguero perdieron la oportunidad de analizar la siquis tan compleja de Maria Elena. Ellos se la pasaban abocados a completar largas y tediosas historias clínicas que les exigían las obras sociales en lugar de atender  a los pacientes.
ETERNA VIAJERA
Autor: Diana Decunto  400 Lecturas
Se escucha el vapor saliendo de una poderosa máquina que despierta a mucha gente todas las mañanas. La máquina express donde sale un oscuro brebaje con olor a café.Se vuelca el humeante liquido en la taza. Se lo mezcla con otro  muy espumoso: la leche. Se posa la taza sobre un plato, seco y limpio. El encuentro se celebra con un ruido corto y seco. Taza y plato se amalgaman como si se abrazarán, para transportar el humeante café con la leche a la mesa.   Pero nos falta todavía, para terminar este ritual. Las cucharas limpias están dispuestas a ser seleccionadas en un improvisado vaso que sirve de escurridor. La taza y el plato reciben a la cuchara malabarista, quien rebota sobre el plato, se cuelga de invisibles hilos y cae nuevamente sobre el plato, esperando a que la aplaudan. Pero no hay tiempo del otro lado del plato, dos sobrecitos de azúcar y dos de edulcorante. Viajan raudas varias tazas subidas en una bandeja que lleva el mozo. Muchas almas necesitan ser despertadas. Es temprano. Las tazas rebalsan de café con leche, pero salvo que los planetas no estén del todo alineados, el mozo entrega su envío, sobre la mesa, sin mayores cuidados, a su propio ritmo. Pero  como si todo estuviese cronométricamente pensado, el líquido se acomoda en la taza y no se derrama. El azúcar ni el edulcorante se mojan y  la cuchara queda inerte. De golpe se siente otro plato que posa sobre la mesa, las tres medialunas de manteca. Ya podemos estar tranquilos, un día de semana intenta despertar, ya ha cumplido su primera tarea. El letargo es grande. La cuchara está ansiosa y al final es zambullida en ese mar de café con leche. Cuando llega al fondo de la taza hace un tintineo como de campanadas. Ahora se sienten muchas de ellas tintineando. Según el comensal, pocos son los que toman amargo, liberan tímidamente uno o  dos pequeños sobres de azúcar o edulcorante. Se vuelve a sentir el repiquetear de muchas cucharas golpeando a las paredes de la taza, revolviendo para que lo dulce se enamore de lo amargo. Cuando el juego termina, ahora el brebaje está  listo para ser bebido, la cuchara es abandonada y queda sucia a un costado del plato. Los vestigios de los sobres del papel diseminados por la mesa  y unos surcos blancos como copos de nieve que delatan que a la mañana cuando no se está despierto el pulso falla.
Cuan rara es la mirada de un mozo. Desde un atalaya mira a todos pero nunca ve a nadie. Otros de esta especie llevan una mirada vergonzosa porque siempre se mueven buscando siempre algo que se les cayó al piso. No podemos dejar de mencionar “los mozos” del tipo grandes pensadores. Hay cosas más importantes para pensar en este mundo, antes que atender clientes. Esas son banalidades del mundo profano. En cambio, existe el mozo que cree que no es bueno que el hombre esté solo. Las horas esperando a un parroquiano son largas, es triste un cafetín vacío, porque no hay nadie con quien hablar. Con lo cual, el cliente  apenas llegó, viene el mozo, raudo, a preguntar,  que deseamos. Los estados del clima, son una herramienta fuerte para ayudarse, con frases: que calor, parece que va a llover, cómo llueve, se viene el invierno esta fresquito, menos mal que se va el verano mucho calor. La conversación termina: ¿en jarrito?  ¿poca leche? ¿prefiere cortado con leche fría?  Nunca hay que perder la oportunidad para charlar. No puede faltar en mi relato el mozo cargoso, aquel donde te tildo potencial cliente  con propina. El mozo ha aprendido en la escuela de gastronomía que hay que ser atento, servicial para poder recibir ese merecido bonus. Con lo cual, corre igual que el mozo comunicativo, pero limpia la mesa, a las señoras les dice señorita, a los viejos les dice jóvenes, preguntando cual va  ser la ingesta. Ese mozo a los café los trae seguro junto con los vasos de agua aclarando que los dulces adosados al café son obsequio de la casa. Con un guiño, quiere  dejar constancia en acta que ha sido una victoria personal triunfante sobre la mezquindad férrea del dueño del local. Por último para no extendernos más en el estudio de este espécimen muy “porteño”. Se encuentra el mozo soldado.  Sale de su trinchera para atender siempre bien no importa si el cliente es bueno o malo. Será parco en el hablar. Se zambullirá cuerpo a tierra, si algún comensal se le cae una cucharita al  suelo, previo haber depositado una cucharita limpia y lustrosa, que salió del bolsillo de su blanco uniforme. Lamentablemente cualquiera sea la variedad, el mozo “porteño” es una especie en extinción. Allá en el país del norte, un cliente rencoroso tomó revancha de un mozo descortés. Inventó el  fast-food, con una flecha apunto directo al corazón del mozo. El café tradicional donde la gente se juntaba para hablar mirándose a los ojos se ha perdido. Se escribe-habla en forma remota a través de una pantalla de 7” Disfrutemos mientras existan, hagamos  sociales con el mozo charlatán, agradezcamos al mozo soldado  el poder tomar un café caliente y en el fast-food sigamos practicando que algún día nos recibiremos de mozo.  
Ese manojo de llaves produce un estruendo,sobresaltándome, cuando caen sobre la mesa.Cientos de llaves de diferentes formas y tamaños. Una cerradura se ajusta perfecta a cada llave. Esas llaves tienen la misión de administrar las puertas de la vida.
Las llaves
Autor: Diana Decunto  341 Lecturas
Hoy todavíano entiendocosas que pasaronen el ayer. Algunas cosasque pasan hoytampoco las entiendo. 
No entiendo
Autor: Diana Decunto  396 Lecturas
Me mirabatodo el tiempo.Me vigilabapara que no escape.Nuestras miradasse encontrarony le dije:Soledad¿no te cansasde estar ahi y sólo mirarme?¿No te parecesería hora que hagamos algocon nuestras soledades?   
Hagamos algo
Autor: Diana Decunto  413 Lecturas
Al oido le dijehoy necesito que me  abracesla soledad dijo:me faltan brazos.No me pidaslo que no puedo darte.     
Solo una vez
Autor: Diana Decunto  529 Lecturas
Mañana es lunes. Esta noche  pegaremos la vuelta. Hoy es domingo, no me quiero ir. Son apenas horas las que separan a una realidad de otra. Mundos paralelos abiertos  por la distancia Latidos diferentes. Hoy es trino de pájaros, tarde de siesta, sobremesa con risas, mates dulces abrazos y besos. Mañana serán ruido de bocinas dias interminablesde oficina, Almas inquietas, muchedumbres reclamando entreverado con vencimientos apurados prisas y más prisas abiertas baches, pungas, miseria.  Todas son las dos caras de una  misma moneda: la vida. A veces tiene lunes y pocos domingos Amigo, echemos al aire la moneda. Apuesto ceca así me toca cara.    
Quiero lanzar la  primera piedra con el que pueda hacer  añicos el vidrio  por donde desfila impunemente la  injusticia.   Esa piedra tendrá tanta fuerza para golpear conciencias, las dormidas , para de una vez por todas liberarse de  tanta  inconciencia.   Con la segunda piedra romperé las cadenas de los pueblos oprimidos.   Con una tercera piedra De lo más alto del acantilado la lanzaré  para liberar a este mundo de la crueldad de  esa loca suelta la Señora, esa, la culpable , de tantas guerras.   ¿Dónde ocultan esas piedras? ¿Quién, quién,  me priva del placer de dar sentido a mi vida? Logrando con piedras Florezcan vidas.
Primera Piedra.
Autor: Diana Decunto  470 Lecturas
Cita: El mundo no necesita médicos necesita poetas. El alivio viene del alma. --------------------------------------------------------------------------- El viento apagó las velas y se llevò las palabras. Quedo oscuridad y silencio. Las sombras dejaron de jugar todo era oscuridad. El misterio reinaba faltaban gritos porque no habìa palabras. Era una tarde muy negra para el artista. Los colores los unía y los separaba pero siempre con el negro se quedaba. Quiza las acuarelas fueron las culpables de robarle las palabras.
Día sin colores
Autor: Diana Decunto  491 Lecturas
Ya no tengo miedo Hoy no me  lastimas. Todo lo feo Lo enterró el pasado. Ayer no comprendia creo, hoy, entenderlo. Tu cuchillo está desafilado Tu espada rebota. Me desangre Pero fue hace  mucho tiempo. Hoy no es alegría Tampoco consuelo. A veces despotrico Porque me sigo Haciendo preguntas brotan dudas creo que entiendo creo ser coraje miento,  no es así, sigo sin comprenderlo. Te perdono. Me hice amiga de la resignación. Tan cerca estuve, Y tan lejos estás. No por suerte, sino con tristeza si hubiésemos fluido alcanzabamos la cima.  No tuvimos vuelo. El cóndor  con desprecio desde allí arriba nos mira. Desde aquí abajo lo observoJunto al cóndorya no te veo.          
Cóndor
Autor: Diana Decunto  424 Lecturas
Su  vientre durante  nueve lunas con sus  manos tan cálidas acarició.   Fue compartiendo contigo su  espacio Eras  un embrión pequeñito. Vos echabas raíces Cada vez más frondosas. Fuiste conociendo sus más oscuros secretos .   Al nacer descubriste Como bailaban entre sí esas dos manos. Los dedos, con devoción, te los chupabas . Eras muy travieso Reías al tirar cosas. La gracia era  escuchar el ruido. Con tus manos  gritabas mala mientras no entendias porqué no te subian a upa.   Aprendiste Que no era  una cuchara Sino un lápiz. Tus manos te enseñaron con el lápiz  a dar color a  las formas, y las formas pasaron a ser las primeras letras.   Tus manos fueron creciendo. Siendo cada vez más fuertes y robustas.   Hoy, con ellas recorres el cuerpo de tu  amada. Dan amor,  uniendo  tus brazos, dibujando un nido,  con que meces a tus hijos.   En un futuro,  mientras  esperas la llegada de  tus  nietos, esas mismas manos, ya arrugadas, plantarán un árbol, que todos los años dará frutos. Cuando el árbol regale  sombra, en una tarde de siesta, el viento traerá a tu madre, con sus cálidas manos para acariciarte.        
Cálidas Manos
Autor: Diana Decunto  388 Lecturas
Cuan sola me dejasteUna nocheen tus ojosla vida encontré.Una triste mañanade invierno te perdí.Soñé querseriamos felicescamine por el valle de la alegriay desde allial abismo del silenciocaí.Pisaste mis sueñosenterraste mi risa y cuanto te lloreHasta que un dia ..comprendíque todo aquelmundo hermosono era de los dostu no lo mereciasconmigo compartir.!Como quisiera amarte y no me dejas!Te susurrariapalabras de amor.Me dijiste muy serio,tu ...no!No eres la escogida.Mi orgullo aceptó la verdadmi almaen un pañueloescondió el amor,mi razón entendió la vida.Hoy no!La esperanzame dijo..otra vez..tal vez, otra vez será!     
Sueños Rotos
Autor: Diana Decunto  435 Lecturas
Mi verdad de no quererser una figurita masdel mundoes una verdad,guardadaen el cofre de la mentira.La soledad con que arrastromi verdad es como llevarplomo en loshombrosEs fingir alegríacuando no la hay,es interesarsecaundo no te interesa,es estar frente al otroy en vez de gritar !nada me importa!dejame en paz!,esa es mi verdad encaras con una mueca de  mentirasi..che..que queres? 
La verdad
Autor: Diana Decunto  422 Lecturas
  Homena a Marita, una compañera de secundario fallecida con 16 años de edad, de muerte súbita. Su cuerpo yacia inerteestaba tan pura, tan blanca,!cuán joven se la llevo la muerte! Su vida como un cristal,en fragmentos se rompiósu alma de aquí..ya partió Su corazón dejo de latir,¿porqué su alma, de aquí, ya voló?¿Qué angel te llamo?y dispuso  tu alma no a a morir
Marita
Autor: Diana Decunto  400 Lecturas
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Niñez perdida
Autor: Diana Decunto  422 Lecturas
Pedro y Angie cabalgan huyendo bajo un cielo plomizo. Hace mucho frío, y los cascos de los caballos resbalan en esa mezcla de tierra y deshielo.Pedro y Angie deciden detenerse porque tienen hambre y sed. Pedro desensilla los caballos y va al bosque a juntar leña. Angie va a buscar agua.El viento cala los huesos. El silencio obliga a estar más alerta.Pedro con ramas enciende una fogata. Angie trae agua en una abollada cafetera de latón. Mientras escuchan crepitar el fuego, se abrazan fuertemente, se besan. Entrar en calor es la excusa.La cafetera silba, Angie toma de la mochila, dos tazas de latón. Con toda ceremonia, sirve el café humeante.Angie le pregunta a Pedro: -¿por qué se dejó matar, podía haber venido con nosotros?-Estaba muy cansado, Angie. Pudo cumplir su último deseo-SI, Pedro, es verdad era un muy hombre-Si es verdad y ellos muy hijos de puta-Que vamos hacer ahora Pedro? ¿Tenés el mapa? Estoy muy cansada.-No te preocupés. Estamos a un día de la frontera. Los Andes no son joda. -Crees que nos pescarán los carabineros chilernos?-No creo, el único guardián de esta montaña son el viento, las nubes y la nieve.-Preciosa, ven acércate, vamos a dormir.Se acurrucan, debajo de las frazadas, junto al humo de la fogata se quedan dormidos Siendo todo silencio.Cuando Angie despierta está amaneciendo. Pedro no está. Hay un solo caballo pastando. Angie busca a Pedro con la mirada y no lo encuentra. Ese silencio la angustia más.Grita: Pedro estás ahí? Nadie contesta. Toma las dos tazas de latón para lavar. Se interna en la espesura del bosque, grita cada vez más fuerte el nombre de Pedro. Su grito llega hasta la montaña rebota y hace eco. No entiende nada, llora desconsoladamente, corriendo se aleja de esa espesura de abetos y colihues.Angie, con el pie enfurecida, apaga la fogata. Monta el caballo, la cordillera la espera. Fustiga al caballo para alejarse dejando atrás este presente . Piensa en la maldición que le ha tocado en suerte.Otra vez está sola
¿Qué fue de Pedro?
Autor: Diana Decunto  386 Lecturas
Las grieta esun antes y un después El fanatismo la agrandaEl escuchar la disuadeLa intolerancia la encandilaLa tolerancia la destruye Siempre busca culpablesEl enemigo está enfrenteCuando puede estar al lado. Cuidate de la grieta agazapada espera para que caigas al abismo Su huella deja una  estela de inocentes víctimas.El  puente unenla grieta aleja Una mano con el puño cerradoesconde pesadas piedrasel que esté libre de pecadosque arroje la primera piedra. Reconozcan de una vez por todas,no están eximidos de culpas No llegan a ser víborassino rastreras culebrasMentes confundidasIdeas retorcidas De  la graminea frescacosecharemos frutosde la maleza podridacrece más maleza Ponte enfrente ya,No te demores,salta la grieta.    
La grieta
Autor: Diana Decunto  377 Lecturas
No detengas la marcha,enciende el farolpara iluminar la sombradel pasado.Si logras iluminarel pasadono todo lo que veaste agradará,pero tampoco todoodiarás.Cuando ilumines al pasado,despojate del presente,desafiando al futuroy nunca eches raices en el pasado.La marchasin prisa pero sin pausadebe ser mirandodelante del camino,pierde el miedoa desafiar al futuro.En el hoyse juntan los ladrilloscon los que se construirámañana
Esta obra maestra de la pintura está realizada en papel cartulina, sin firma y  no tiene marco. Está  sujeta con tachuelas.  Tiene  la cualidad de pertenecer a todos los estilos y no ser de ninguno. Es  el mejor cuadro del mundo sin importar lo que podría significar para un crítico de arte,  contener en una misma obra, varios   estilos de pintura, por momentos cae en el  estilo  abstracto, se enlaza con el  cubista, se  inclina por el barroco y   contiene  líneas clásicas.El lugar donde el artista se inspiró para crear esta maravillosa obra es una pequeña  habitación con una ventana al frente, con cortinas, color crema, con puntillas y flores,  que contrasta con la blancura de las paredes y el marco de la ventana. Lo más encantador de esta habitación es su desorden. En invierno, a la noche, se cierra la ventana  y se corren las cortinas. A la mañana, sin pedir permiso, los rayos de sol,  se filtran  despertando al joven artista.Otro día ha comenzado.  Nuestro joven pintor no puede recordar el caos, que había dejado en la habitación,  el día anterior,  porque todas las mañanas, se encuentra con una habitación  prolija y ordenada.  Cuando la inspiración arrebata al artista,  el  joven pintor viste a la habitación con  diferentes colores, cada día. Su desafío es romper con ese orden, para que,  la creatividad se deslice por caminos de libertad. La rutina de nuestro artista consiste en elegir  lápices de  diferentes tamaños y colores, a los cuales nunca devolverá a su lugar.  Cuando el pintor se aburre,  los pinceles,  quedan abandonados como soldados caídos en combate y otros pinceles  quedan librados a su suerte sin ser mojados por las acuarelas.Para el artista pintar  es un juego sin reglas.  El lápiz baja por el papel. El pintor toma alas y vuela alejándose del aquí y del hoy.  En ese momento, es cuando las líneas rompen sus cadenas. Los colores se ensamblan. Las formas se reconocen, intimidan y se penetran.  Los blancos son vacios, los negros son misterios. Los déspotas de la tela son los colores oscuros que vencen a los colores pasteles que con su palidez, languidecen.  El pincel inunda de colores dejando huecos en blanco. El pintor deja que su mano baile por la tela.  Deja que todo fluya. En el lienzo, los elementos toman vida propia. Muchos puntos se convierten en líneas. Muchas rectas acarician a las curvas. Las circunferencias son puntos que desean encontrarse. Hay guerras despiadadas entre  los trazos finos y los gruesos.  El agua transforma,  expande. El artista desnuda su alma. El espectador ve lo que quiere ver y el ciego peor porque no ve nada.No todas las obras corren la misma suerte, algunos terminan siendo bollos de papel.   Para el artista, la obra ha terminado, cuando las formas toman vida, cuando los colores se convierten en cascadas. Para el artista, el lienzo es la crisálida,  el cuadro es  mariposa. Tanta libertad logra que lo imposible se haga posible.Ahora que la obra está terminada,  se la aparta del resto,  como si padeciera alguna enfermedad.  Se la abandona, a su buena suerte, para que seque.  ¿Qué ocurre en el interior del lienzo?  Pues se desata el caos. Todos los elementos del lienzo  comienzan a pelearse,   buscando cada uno, su propio espacio,  sin querer renunciar a su identidad, para quedar inmortalizado.El combate se inicia, los colores quieren gobernar a las  líneas  sin respetar  los  espacios en blanco. Estos últimos invaden el lugar usurpado por las sombras. Siempre los rehenes de esta contienda  terminan siendo los colores difusos.Esta  lucha es una carrera contra reloj. Al  final gana el tiempo, quien logra imponerse,  donde los elementos que componen el cuadro perdieron sus límites, quedando una imagen petrificada.Este pintor tiene por costumbre no firmar sus obras. Ellas sufren porque sin la firma se sienten huérfanas.La obra terminada tiene dueño. El niño se la ha regalado a su padre. Quien ha colgado la obra en su escritorio, para recordar, cuales son las cosas, que no tienen precio.
Jacinto camina cansado,  en las frías noches de invierno, recogiendo los excrementos que deja la tribu urbana: papeles y envases de plástico. Jacinto, cuando empieza anochecer,  sale de su casa arrastrando  un carrito con bolsas vacías de arpillera deshilachada. Toma el tren, cruza el conurbano para llegar a la gran ciudad. Se baja del tren,  arrastrando el carrito.  El punto de encuentro es la fogata encendida de la esquina de Florida y Lavalle. Apenas llega, Jacinto  saluda a sus compañeros, y acerca sus manos a la fogata para despojarse del frío.  La tribu urbana tira a la basura  sin prestar demasiada atención. Existe un ejército de Jacintos que sobreviven clasificando y separando la basura. La  tribu urbana, a este oficio, lo llama cartonero.  A la noche, en las veredas o en contenedores de basura,  se depositan    carpetas rotas, pedazos de muebles, retazos de telas,  papeles escritos.  Jacinto  revuelve en  la basura como quien está a la pesca de un tesoro.   En las bolsas de arpillera guarda los objetos que después venderá.  Disfruta cuando encuentra piezas raras y pequeñas, que para el resto son inútiles. Guarda las piezas en algún bolsillo, las apila en el taller de su casa y el mayor desafío para Jacinto, es ensamblarlas.  Jacinto, el cartonero,  vive al día, dependiendo del peso y de la calidad de lo recogido. Le pagan por kilo. Vive en una pocilga pequeña,  en un barrio, donde las nuevas generaciones de las  tribus urbanas,  las han apodado “villa”.   No recuerdo cuando  dejaron de llamarse “villa miseria”. Como en la jungla, Jacinto, a veces, tiene que caminar mucho, porque la presa no es fácil de cazar. La zona de oficinas no le alcanza y como un león, olfatea, se mueve mucho por el presentimiento y rumbea  por las calles donde están los hoteles de muchas estrellas. Hace poco, rescató una alianza de oro que le permitió darse algunos gustos.  Jacinto, le rehuye a llegar a la zona de los hoteles, tiene miedo,  se siente tocado por Dios, y le agradece,  cada vez,  que presencia la escena, cuando ve gente,  comiendo de la basura, masticando las sobras como si fuese un plato de comida de un hotel cinco estrellas, porque al hambre,  lo que le sobra,  justamente, son las estrellas.   Jacinto ha intentando, varias veces, saltar  la línea de la tribu salvaje para pasar a pertenecer a la tribu urbana.  Pero no lo pudo lograr.  Trabajó, por un tiempo,  haciendo un reemplazo de cajero, en un supermercado, con un sueldo fijo, pero tuvo que mentir cuando le preguntaron donde vivía.  Luego tuvo otros empleos, pero ninguno era estable. Con lo cual se terminó desanimando y a pesar de lo duro de su oficio, siente un cierto gusto por no recibir órdenes ni tener patrón. Son las cuatro de la madrugada, terminó la tarea de Jacinto. Las calles han quedado sucias, con los restos de basura, sin clasificar por los cartoneros.  Los barrenderos de la tribu urbana serán los encargados de hacerla desaparecer.  Jacinto va arrastrando, el pesado carrito, para tomar el tren de regreso a su casa. Venderá el botín y se irá a dormir.  Mientras camina por Florida, escucha los ruidos de la tribu urbana que se despereza  para iniciar una nueva jornada.
Tribu urbana
Autor: Diana Decunto  463 Lecturas
Mis niñoses nochede luna llena.Mamá les quiere narrarcuentos..Las hadassalen de nochey duermen de día. Los duendes velan elsueño de los niños buenos.Peter Pan¡mralo!por ahi con Caperucita juguetea.Vamos hijosduermanLa fantasía ahi empiezala ruedade la vidacon vuestra infanciase divierte. 
Noche de luna llena
Autor: Diana Decunto  445 Lecturas
Mi infancia,es un dulce recuerdode fantasía y sueños.Casas de chocolate,hadas con varias mágicas,brujas muy malascon pòcinas extrañas,castillos invadidos por gnomos,batallas libradaspor soldaditos de plomo.Bella fantasíasueños de niña,el mago Merlinveló mis sueños el ángel de la guardatodo el tiempome protegía.  
Infancia
Autor: Diana Decunto  426 Lecturas
Ver abrir tus ojoses una dichaoir tu llantoes alegríatus manos pequeñastu corazón tierno¡Cuánto amortiene tu madre!¡Cuantas esperanzas trazadas!Que seas feliz es mi deseotu dolor es mi congojatu vida es mi desvelo 
Hijo "recien nacido"
Autor: Diana Decunto  413 Lecturas
El palpitar en la vida de Eulalia comenzaba a las cinco de la mañana, cuando su liviano sueño era interrumpido por el ruido de los motores de los omnibuses, que se detenìan en la parada que se hallaba precisamente debajo de su ventana.Desde la cama oía el rumor de las voces humanas, que a veces hablaban cuchicheando, a gritos otras; debajo de su ventana los hombres del mundo exterior comentaban sus propios problemas o aquellos que los inquietaban colectivamente.En algunas ocasiones las voces eran suaves, resignadas, que vertìan con gran esfuerzo un cúmulo de vorágines interiores, como si de tanto silenciar tristezas, hablar les costara un gran esfuerzo. Otras, eran voces iracundas, cuyo tono áspero, lastimaba los oìdos.Eeran los voces de los hombres sin mansedumbre,  golpeados, que no resignaban y agredían, hablando a empellones, escupiendo las palabras, mezcladas con comentarios caústicos.Esas voces desagradables herìan su sensibilidad. Entonces bastaba bajar las cortinas para que se transformasen en un murmullo sordo.En el silencio de la noche, oía el estridente ulular de alguna ambulancia. Eulalia, insomne, imaginaba el accidente, el desastre o el ataque cardìaco.Quedaba tensa hasta que el sonido se perdía en la distancia. Los fines de semana, debajo de su ventana, sonaba el canto destemplado de algùn ebrio, cuya voz empapada en alcohol, entonaba las estrofas de alguna canción pegadiza.En cierta oportunidad tembló de impotencia, ante el grito desesperado de una mujer joven, a la que un hombre golpeaba sin piedad.Los gritos desesperados se mezclaban con la voz gruesa, destemplada del hombre que profería gruesos epítetos.Luego un sollozo largo y  el silencio. A través de la ventana seguía la evolución de las estaciones. Veía las pomas ateridas y aletargadas del árbol de la calle, que se asomaba a su ventana. Se asombraba ante el milagro de verlas abrirse al besarlas los primeros soles tibios de la primavera; contemplar las nubes blancas, mimetizarse en grises plomizos, para luego transformarse en mansa lluvia desparramada en charcos por el pavimento desparejo. Desde la ventana se perdía con la contemplación de atardeceres fantásticos, aquellos en que el sol transformaba en prisma de colores el horizonte, y la paleta de la naturaleza se descomponìa en azules pristinos, en rojos coralinos o blancos nacarados.Eulalia amaba su ventana. Debajo de ella pasaba la vida y ella la presentìa sin  herirse en sus zarzales.Veía desfilar los delantales blancos de los niños, a los adolescentes descarados y bullangueros, a las parejas de ancianos, apretados uno contra otro, vacilantes, trémulos, en un mundo indiferente y violento, que los atropellaba como a descarte humnano. Le agradaba otear los edificios vecinos y escrudiñar sus ventanas. Era la experiencia de conocer la gente en su intimidad y hacer volar la imaginación. Por ejemplo, esa vecina de enfrente, que sentada pensativa en un sillòn y que al caer la tarde desaparecía de su vista, refugiandose en el interior del departamento.Un día se corrieron las cortinas y Eulalia no volvió a verla jamás.Eulalia imaginaba razones para aquello: Habría muerto? Se habria mudado? Tal vez se habria marchado de viaje?No lo supo jamás.Dos ventanas más arriba, una joven madre, amamantaba a su  bebé y lo mecía cantando que se durmiese.La intrigaba la ventana aquella en la cual la luz de la habitación  permanecía encendida toda la noche.Un estudiante? Un desvelado? Un enfermo? Tal vez alguien a quien naddie esperaba su regreso y temía  a la oscuridad.En las noches de verano, abría su ventana de par en par y por ella entraba la noche cálida. Entonces aspiraba el olor a tierra mojada que desprendian las macetas recién regadas. EN esas noches, el cosmo parecía detenido, aturdido por el vaho del estío, palpitante, pleno de vida, tan diferente a la triste quietud del invierno embebido de niebla y de frío.El mundo de Eulalia vibraba junto a aquella ventana. Era tan fácil, tan placentero pasar la vida a la vera de aquella ventana...Eulalia estaba paralítica desde hacía mucho tiempo, luego de un grave accidente automovilistico. Sentada  en su silla de ruedas, participaba del trajìn del mundo, por aquella ventana de su dormitorio.Su caso clínico era un misterio para la ciencia. Varias juntas médicas habian diagnosticado que pese a las secuelas fisicas estaba apta para caminar.No obstante se aferraba a su silla y se declaraba imposibilitada para hacerlo y habìan resulado negativos los tratamientos de rehabilitaciòn intentados.Todos los tratamientos siquicos, tambièn habìan fracasado.Sin embargo, Eulalia era feliz.Sus familiares, con amor, la instaban a superar con paciencia y constancia aquella barrera invisible que la paralizaba.Eulalia, sentada junto a la ventana, asentìa, mientras observaba el trajinar de la calle, con una extraña sonrisa que le curvaba los labios. 
Victoria llora desconsoladamente, ha hecho una travesura y lo sabe. Como toda abuela trata de consolarla. Victoria de cuatro años de edad es como una copa de cristal a la que hay que llenar. La niña de ojos castaños y profundos, viene todos los fines de semana, a mi casa. Es como un presidiario al que recién liberaron. Cuando era más pequeña, la asustaba entrar. Vivo en una casa de fachada triste. Dos ventanas dan a la calle. Los postigos siempre están abiertos, rara vez los cierro. Esas dos enormes ventanas son como los sugestivos ojos de una mujer que dan un toque llamativo a la cuadra. La puerta del zaguán, de hierro forjado, protegiendo a los vitrales cuentan, por si solos, el sacrificio  que superó mi familia, para llegar a estas tierras, todos inmigrantes, que con esfuerzo, pusieron ladrillo a ladrillo, para construir esta hermosa casa de fachada triste. La niña sabe que hizo algo que no debía hacer, en el living, el de las visitas, esa sala con olor siempre a limpio. Pobre niña, le brillan los ojitos, su mirada es traviesa. No es posible retarla. Vive en un departamento interno de dos ambientes. La ventana de su departamento, a pesar de la frondosa imaginación de un niño, no logra despertarle interés. Agreguemos a eso, la rutina semanal,  que arranca cuando se levanta casi a la madrugada, toma la leche y va al jardín. A las 4 de la tarde, ella lo ignora, pero todos quieren escapar de tener la obligación de ir a buscarla. Mi nuera no puede porque el  trabajo se lo impide.  El padre de Victoria todvia es un niño. Mi hijo  inmaduro, a pesar que lo aconsejo,  no me escucha, cuando le advierto  que su copa de cristal, la de la vida, le está tambaleando y se le puede romper, Muchas veces he ido a buscar a Victoria, su mirada se ilumina. Pero mi edad  está pesando como en un reloj de arena. En mi caso la copa de la vida se está inclinando. Mis nietos son quienes la equilibran, pero mi físico no me permite criarlos, me conformó con que mi espíritu pueda malcriarlos. Últimamente, la busca la empleada de turno. Victoria ya no recuerda el  nombre de quien la retira. Caminan en silencio hasta llegar a casa. Victoria odia, por un momento, a esos  grandes que no entienden nada.  Ellos no lo saben, pero para ella, su momento más importante, es contar sus aventuras en la escuela.  Victoria. Por favor no llorés..? Te lastimaste? Te lo dije que no debías abrir la alacena.  Varias veces le dije a mi nieta que no tocara esa pesada alacena de roble, de puertas de vidrio grueso donde relucen las lujosas copas, puestas hacia abajo, en hilera, como un ejército preparado para las visitas.  En mi casa, se respira libertad, a pesar de  ser antigua y con humedades en las paredes. En el invierno, prendemos la chimenea, y disfrutamos escuchando el crepitar del lapacho, dando un toque mágico a esa sala. En cambio a las cinco de la tarde, durante la semana, Victoria,  se niega a tomar la leche. La empleada la reta y termina poniéndole  la televisión, con algún dibujito animado para que mi nieta se entretenga.  Casi todo lo que ve en la televisión está contaminado por publicidad, manejada por hábiles, que saben vender para que los niños aprendan a que lo importante es consumir. Algunas veces llenamos mal a nuestras tiernas copas de cristal.  Victoria…Victoria…no pasa nada. No debes tocar las copas del modular, te podés lastimar.  Mientras consuelo a la niña, lamento al ver en el piso, los fragmentos de vidrio. Era una pequeña copa. La  única que estaba boca abajo en la alacena. Era una copa de licor, en vidrio trabajado. Recuerdo, cuando probé con esa copa, por primera vez, el licor de mandarina de mi abuela Cata.  Victoria, niña no llores. Las copas se rompen pero la vida continúa.
Copas de Cristal
Autor: Diana Decunto  525 Lecturas
Hoy es un día importante para mí. Estoy subiendo al primer piso, para juntarnos, dentro de media hora, con todos los compañeros de las otras ramas. El paro tuvo un amplio grado de acatamiento, fue un éxito total. No entiendo como  nadie, antes,  se había animado en realizar una huelga general. Paramos todos juntos, sincronizados al mejor estilo suizo. Para mí, es un orgullo haber llevado está lucha, hasta las últimas consecuencias. Es hora de  demostrar lo que pensamos. Nuestro trabajo es de  esclavos, no descansamos nunca, nosotros trabajamos de 7 x 24. Nunca hacemos un paréntesis para descansar. En mi caso, creo que necesito jubilarme, ya perdí la noción del tiempo, pero creo que hace más de 50 años que hago siempre lo mismo. Pertenecemos a un engranaje perfecto, que gira con una precisión exacta. Pero estamos cansados,  hay dos bandos en el gremio. Las agujas horarias que nos tratan con desprecio, nos apodan, cabecitas negras a las agujas minuteras. Las agujas horarias sostienen que un reloj sin aguja minutera podría seguir funcionando, pero no lo podría lograr si falta la aguja horaria. En nuestro gremio, el sector más olvidado son las agujas segunderas, a las que nadie les presta atención y son las que acarrean el mayor trabajo.  A la reunión de deliberación estarán presentes, la columna de los viejos relojes cucú y el reloj de campanilla. La reunión es para convencer a los jóvenes relojes digitales que se adhieran a nuestra lucha de manera de formar un grupo compacto frente a la injusticia de las agujas horarias. Pregonaremos  el principio de igualdad, sosteniendo que un reloj es la conjunción armónica de una aguja horaria con  la de una aguja minutera y segundera.  A los jóvenes relojes digitales les contaré la historia del relojero Don Pascual. Que Dios lo tenga en la gloria. Don Pascual con sus mágicas manos, arreglaba un reloj, lo dejaba perfectamente sincronizado. Se lo devolvía al cliente, con todas las piezas y decía: “las agujas estaban imantadas, no se han llevao bien. Ya fue arreglao” Efectivamente todo reloj que pasaba por las manos de Don Pascual moría de viejo. Don Pascual se llevó el secreto a la tumba de cómo lograba conciliar a la aguja grande con la pequeña.   Nuestra lucha sindical viene de un pasado nefasto. La aguja, la  horaria ha perseguido a la aguja minutera. Amén que las agujas horarias son todas iguales,  muy soberbias, todas se creen superiores.   En fin, mis nietos, los digitales, han superado estas reyertas del pasado. Los veo más felices, espero, en un futuro, que corran mejor suerte.
Se diría que las células aún cuando ellas llegan a ser los elementos de una innumerable multitud conservan el recuerdo de su unidad original. Ellas conocen de antemano las funciones que a ella le son atribuídas en el ensamble del organismo. Si se cultivan las células epiteliales durante varios meses fuera del animal del cual provienen, ellas se disponen aún en mosaicos, como para recubrir una superficie.De los leucocitos vivientes en frascos se fagocitan a los microbios y a los glóbulos rojos que ellos no tienen que  defenderlos cuerpos contra las incursiones de estos extranjeros. El conocimiento innato del rol que ellos deben jugar en el todo, es un modo de ser de los elementos de los cuerpos. Las células solitarias tiene el singular poder de reproducir sin dirección ni fin los edificios que caracterizan a los órganos. Si de una gota de sangre ubicada dentro del plasma liquido, algunos glóbulos rojos caen por la pesadez, escurriendo como un pequeño arroyo. Sus orillas se cubren enseguida de filamentos de fibrina. El arroyo se vierte en un tubo donde los glóbulos rojos pasan como dentro de un curso sanguineo. Después los leucocitos vienen a acostarse a la superficie de este tubo, lo rodean con sus prolongaciones y le dan el aspecto de un capilar munido de células contractiles.  
Las células
Autor: Diana Decunto  483 Lecturas
La vida de Eulalia transcurría junto a aquella ventana. Esa abertura era la platea de un gran escenario, el borde de un abismo al que se asomaba sin precipitarse al vacio. Al comienzo de su invalidez, le resultó angustiante, traumático, dejar transcurrir su existencia al lado de aquella ventana, pero más tarde la invadió una extraña calma, ya que aquellos vidrios enmarcados, se parecían a una suerte de mirador por donde se asomaba la vida, pero ella quedaba protegida como una flor en la tibieza de un invernadero. Finalmente terminó perdiendo todo interés por el mundo exterior; aquella ventana rectangular, de amplios cristales, le permitía intuir un mundo rugiente, dinámico, febril, también temible, amenazante, devorador.Su ventana se hallaba situada en el primer piso a la calle; una ventana puerta, de grandes dimensiones, que daba a un balcón también amplio. Jamás traspuso la línea que la separaba del balcón: allí nacía la vida de los fisicamente aptos, y ella pertenecía al universo de los minusválidos. Le aterraba el sólo pensarlo: era muy difícil competir con los habitantes de ese mundo externo, al que temía y respetaba. Ella pertenecía al mundo de este lado de los vidrios: a través de ellos recibía la luz del sol, y las penumbras nocturnas que dibujaban fantásticas sombras, iluminadas por la luz de mercurio de la calle que lucía en la noche como un sol incandescente. 
Eulalia y la ventana
Autor: Diana Decunto  516 Lecturas
MADRE: Arturo, ¿dónde estoy? ¿A dónde me trajiste?ARTURO: A la radio, mamá.... ¡Te tienen que conocer!MADRE: ¿Cómo me dejé arrastrar por vos? ¡Es una locura!.ARTURO: Mamá, te tienen que conocer.... Tengo un programa de radio y tenés la posibilidad que te conozcan.MADRE: Vos te volviste completamente loco. ¿Cómo exponés así a tu madre? ARTURO:  Mamá, el programa es corto, dura una hora.MADRE: ¿No te da verguenza exponer así a tu madre?ARTURO: No la expongo, la divulgo.MADRE:  ¿Para qué me querés divulgar?ARTURO: Eh! Bueno ..Bueno.. ¿Qué pasó? Te estás haciendo periodista? ¿Qué, cuándo, por qué, dónde, cómo, quien?MADRE:  ¿Me estás cargando? => Para España sería : ¿Te estás mofando?ARTURO: No irás a ser periodista deportiva o peor...política.MADRE:  Decime nene, ¿qué querés divulgar?ARTURO: Lo maravillosa que sos. Sos la mejor mamá del mundo.MADRE:  Está muy trillado. Eso ya lo dice la publicidad.MADRE:  ¿No tenés miedo que tus compañeros se burlen diciendo que tenés el complejo de Edipo?ARTURO: No pueden, aunque quisieran. Porque ellos tienen el complejo del celular MADRE:  ¡Nene! ¿vos estás bien? ¿por qué?ARTURO: Los celulares son como las madres. Las madres pasan la aspiradora en el momento más inoportuno. Los celulares suenan en el peor momento.MADRE:  ¡Nene!  ARTURO: Las madres hablan mucho todo el tiempo. Los whatsapps conversan mucho.MADRE:  Nene, ¿qué es esa luz roja?ARTURO: Estamos al aireARTURO: "Querida audiencia, muy buenas tardes, en este programa tan especial de domingo, festejando el día de la madre..." Un saludo especial para todas las madres.ARTURO: "En mi caso, un recuerdo enorme a mi vieja donde quieras que estés" Te quiero: MAMA. 
Madre - Radio Teatro
Autor: Diana Decunto  455 Lecturas
Los peces juegancon los pétalosen el estanque. Es mediodiala luz iluminatodo es abundancia. Los gorriones pian rompiendoel silenciodel estanque. El aguahace pequeños remolinos.La felicidadse mece libre como si las cadenas del tiempose hubiesen roto. En ese estanquetodo es abundanciatodo es armonía.  
Abundancia
Autor: Diana Decunto  486 Lecturas
Dos puntas distantes, dos fuerzas encontradas,un mapa y una linea que los uneo un río que los separa. Dos puntos distantes, son una ciudad o una aldeason el bullicio o la paz. Dos puntos distantestambién están unidospor una misma líneala del corazón,las cálidas manos y el llanto de un niño. Dos puntos distantesuno es extremo conocidoel otro es por conocer. El amor  unirá nuestras almas Para que esos puntos ya dejen de  ser distantes. Junio 2016  
Dos puntos distantes
Autor: Diana Decunto  495 Lecturas
Todas las mañanas, Pedro seguía  la misma rutina. Apenas se levantaba, iba a la cocina. Los  fósforos como si quisieran hacerle una broma se escondían. Pedro rezongaba  culpando a su esposa, por no encontrarlos. Bostezaba. De repente como por arte de magia, los fósforos aparecían y encendía la cocina.  Prendía  la radio. Desesperado abría y cerraba las puertas de la alacena,  buscando el tarro de café. Otra vez, llegaría tarde. A las apuradas,  tomaba su taza de café.  Pedro pensaba: me estoy olvidando de algo! No me puedo acordar qué es. ¿Seguro que lo anoté en el celular? ¿Pero cómo lo busco?  No recuerdo qué es.  Este café sabe horrible!  Dando un portazo, salía de su departamento e iba a tomar el subte. Pedro  llegaba a destino  y caminaba como sonámbulo por la calle Corrientes. La cabeza gacha, preocupado, hasta entrar al trabajo. Ya todo el resto le daba igual porque lo único que le importaba era saber   ¿Qué se estaba olvidando?  Estaba convencido que lo había anotado en algún lado. A media mañana, recibió una llamada telefónica. Era su esposa  Matilde que le gritaba  ¿cómo te pudiste olvidar? El contestaba ¿qué pasó?. Matilde muy enojada, rezongaba: estoy harta de tus olvidos! Pedro en voz baja, contestaba:   ¿qué me olvidé?, Matilde  más tranquila dijo: Pedro ¿estás bien?  Pedro sudaba y repitió,  ¿vos sabés, qué me olvidé?  Matilde contestó: pagar la cuota del colegio de los chicos.  Pedro aliviado dijo:¡Ah! Era eso.  En la agenda electrónica,  Pedro  tenía anotado como pendiente ese tema.  Matilde cortó. La secretaria de Pedro entró y dijo  ¿se acuerda no? No entendía  Pedro cómo era que se había olvidado de su eficiente secretaria. Ella le organizaba, en una agenda, su vida. Pedro preguntó  ¿usted sabe  qué me olvidé?  Ella  rió y contestó: hay Pedro.., que cabeza la suya. ¡Qué haría, usted  sin mí!  Se casa la hija del  Gerente General. Tiene que hacer un regalo importante.  Pedro contestó: ¡Ah! Era eso. La cabeza  iba a estallarle.  Entraba en pánico, cada vez que pensaba en que nunca más,  podría recordar que se estaba olvidando. El día  terminó.  En el viaje de regreso  a su casa, siempre leía los mensajes del celular. Su amigo de la infancia le preguntó: ¿Qué te pasó?   En Facebook me aceptaste la invitación.  Eran los 25 años de egresados.  ¡No sabés lo que te perdiste!  Seguro que no hubieses reconocido a varios de tus compañeros. Pedro llegó a casa. Reinaba el silencio. Esa paz lo ayudaría  a recordar. Se sentó en el sillón, frente al televisor. La publicidad decía “acuérdese la otra vez lo que le pasó”. El  periodista entrevistaba  a un político que decía “los argentinos no tenemos memoria”. Sintió un golpe secó en la puerta.   Entró una mujer hermosa y muy sensual. A Pedro, su rostro le parecía familiar. Ella dijo: ¿vos sabías que yo te puedo ayudar?  Pedro la miró a los ojos. Respondió: nadie me puede ayudar. Ella acariciaba un muñeco de peluche. Con tranquilidad dijo: Pedro ¿te acordás cuándo fue que lo olvidaste? Esta mujer de piernas hermosas, lo encaró a Pedro mientras su mano le acariciaba la cara.  Ella lascivamente  le dijo: ¿te acordás por qué  te olvidaste?   Pedro gritò, pero ¿quién es usted?  Ella lanzó una carcajada, y dijo: ¿de verdad, no te acordás de mi?  Pedro  apartó su mano. Ella  dijo:¡Pedrito, soy yo! . No paraba de reír. Pedro  quería incorporarse y no podía. Ella le mostró su sensual escote, mientras decía: Pedro, soy tu conciencia y te olvidaste lo que es sentir, hace  mucho tiempo. Tus sueños son digitales, tus ojos  ya no lloran. Tu amor es distante. Tus besos no tienen gusto. Tu vida es tan automática  que te olvidaste darle un “Enter” para vivirla. La imagen de esa mujer de perfume sensual  se  fue tornando borrosa.  Matilde lo golpeaba y gritaba: ¡Pedro, despertá! ¿Hiciste lo que te dije? ¿Te acordaste?  Pedro asintió con la cabeza. Matilde con tono burlón le dijo: era hora, de que te acordaras. ¿Cuándo llega, el delivery de las empanadas?  Destinado especialmente a alumnos o profesores que participan o enseñan de talleres de escritura. La versión que se lee a continuación es la original. La primera leida es la versión definitiva. Es un claro ejemplo ambas versiones, el poder de la pablabra sobre la imagen.Pedro estaba apurado porque debía ir a trabajar. Le obsesionaba  la idea. Se estaba olvidando de algo. Eran las ocho de la mañana. Se sirvió apurado un café.  Otra vez, llegaría tarde. Pedro pensaba: Me estoy olvidando de algo! No me puedo acordar qué es. ¿Seguro que lo anoté en el celular? ¿Pero cómo lo busco?  No recuerdo qué es.  Este café sabe horrible! Era lunes por la mañana. Pedro caminaba como sonámbulo por la calle Corrientes. La cabeza gacha, preocupado y llegaba al trabajo. Ya todo le daba igual. Se preguntaba, una y mil veces.  ¿Qué me olvidé?. Tengo que haberlo anotado. ¿Pero dónde?   A media mañana, recibió una llamada telefónica.  Era su esposa Matilde que le gritaba: Pedro  ¿cómo te  pudiste olvidar? Él   contestaba ¿qué pasó?  Matilde enojada, rezongaba: estoy harta de tus olvidos!. Pedro, en voz baja, contestaba: ¿qué me olvidé? Matilde  más tranquila dijo: Pedro ¿estás bien?   Por la frente de Pedro corrían gotas de sudor. Le repitió,  la pregunta:. ¿vos sabés… qué me olvidé ?  Matilde contestaba: Claro, Pedro. Pagar la cuota del colegio de los chicos.  Pedro aliviado dijo: ah! Era eso.  Tenía anotado este tema en su agenda electrónica. Lo que pasaba que tenía muchos gastos y analizaba cómo resolverlo. Matilde cortó. Su secretaria, entró y le dijo ¿se acuerda no?  Pedro se había olvidado de su eficiente secretaria. Ella le organizaba, en una agenda, su vida. Pedro le preguntó  ¿usted sabe  qué me olvidé?  Ella  rió y contestó: hay Pedro.., que cabeza la suya. ¡Qué haría, usted  sin mí!  Se casa la hija del  Gerente General. Tiene que hacer un regalo importante.  Pedro contestó:  ah! Era eso. .. La cabeza  iba a estallarle.  Era una obsesión, se estaba olvidando de algo. El día  terminó.  En el viaje de regreso  a su casa, siempre leía los mensajes del celular. Su amigo de la infancia le preguntó: ¿Qué te pasó?   En Facebook me aceptaste la invitación.  Eran los 25 años de egresados.  ¡No sabés lo que te perdiste!.  Vos siempre fuiste débil de memoria, seguro que no recordarías a algunos de tus compañeros.   Pedro llegó a casa. Reinaba el silencio. Esa paz lo ayudaría  a recordar. Se sentó en el sillón, frente al televisor. La publicidad decía “acuérdese la otra vez lo que le pasó”. El  periodista entrevistaba  a un político que decía “los argentinos no tenemos memoria”. Sintió un golpe secó en la puerta.   Entró una mujer hermosa y muy sensual. A Pedro, su rostro le parecía familiar. Ella dijo: ¿vos sabías que yo te puedo ayudar?  Pedro la miró a los ojos. Respondió: nadie me puede ayudar. Ella acariciaba un muñeco de peluche. Con tranquilidad dijo: Pedro, te acordás  ¿cuándo fue que lo olvidaste?    Esta mujer de piernas hermosas, lo encaró mientras su mano acariciaba su rostro.  Lascivamente  le dice: ¿te acordás por qué  te olvidaste?   Pedro gritaba, pero ¿quién es usted?  Ella lanzó una carcajada. De verdad, ¿no te acordás de mi?  Pedro se sobresaltó, apartando su mano. Su perfume era  muy sensual. Su imagen, fue borrosa, repentinamente. Ella  le dijo:¡Pedrito soy yo! . No paraba de reír. Pedro  quería incorporarse y no podía. Ella volvió frente a él. Le mostró su sensual escote, mientras decía:  Pedro soy tu conciencia. Te olvidaste de sentir, hace ya mucho tiempo. Tus sueños son digitales, tus ojos  ya no lloran. Tu amor es distante. Tus besos no tienen gusto. Tu vida es tan automática  que te olvidaste darle un “Enter” para vivirla. Pedro reaccionó, otra vez, ese perfume.  Matilde lo golpeaba y gritaba: ¡Pedro, despertá! ¿Hiciste lo que te dijé? ¿Te acordaste?   Pedro asintió con la cabeza. Matilde con tono burlón le dijo: era hora, que te acordarás. ¿Cuándo llega, el delivery de las empanadas?
Todo integrante de una fila de espera, está a la  espera de algo. Existen variadas clases de filas de espera. Por ejemplo, fila de espera para pagar en el supermercado, comprar medicamentos, entrar a un cine. En una fila de espera, nunca se está sólo,  se unen gente que pertenecen a  diferentes credos, razas y edades. En una familia,  el candidato  natural que cumple con el perfil para soportar estoicamente una fila de espera es el abuelo, en situación de  jubilado y/o pensionado. Nuestro adorable protagonista, de cabellos blancos, lentes y pañuelo para la transpiración, es el gestor familiar que enfrenta cualquier espera. Es un estoico, se sacrifica porque el resto de la familia trabaja. Todos esperaban, ansiosamente,  a que se  convirtiera en abuelo, para que se jubilará y se abocase en forma exclusiva a la tarea de participar en filas de espera. Cuando vuelve de los trámites, para la familia, siempre su actuación será brillante, nunca recibirá un reproche. Porque si fracasó la espera, faltó un papel, una firma, un pago o no llegó a tiempo,  como un soldado sabe que deberá volver al otro día, para continuar dando batalla. Toda fila de espera, se encuentra sustentada por  una ley no escrita, al que le rinden tributo, todos aquellos que integran la espera. Además de ser obligatoria es una ley conocida por todos. Cuando en una comunidad de la espera, donde esperar es un culto,  puede pasar que se oiga, a una añejada dama, gritar, ¿usted pretende colarse? Sepa que yo estaba mucho antes que usted. Todas las miradas giran en torno al conflicto. Cada mirada que voltea ya es juez y parte. Muchos se inclinarán por la anciana desvalida, la del paragüitas azul, de pelo ensortijado. Otros tomaran partido por el joven, de mirada atenta, ojeroso, que seguro viene hacer un trámite para un familiar enfermo y trabaja todo el día y carece de tiempo para hacer filas de espera.  El colmo, se da, en esa coctelera móvil, con ruedas, al que llamamos bondi, cariñosamente y que los ministros llaman transporte público. En un conflicto, hay tres bandos, el que está a favor del chófer de ómnibus, el que está en contra y el tercer frente, son los que deben llegar a su trabajo. Esa trifulca agrega más demoras a las naturales ya preexistentes: tráfico, cortes de calles, máquinas expendedoras trabadas. Todos los que van a trabajar, todos cobran presentismo, ninguno salió tarde de casa y si llegan tarde al trabajo, toda la culpa la tiene ese conflicto adentro del bondi. Sobre el código de convivencia, en materias de fila, en uno de sus artículos dice que puede haber atrás tuyo, en esa fila de espera,  una docena de mujeres a punto de parir, que tengas a tu padre descalabrado, más atrás, tu tía con apendicitis, pero está terminantemente prohibido ceder tu lugar, es faltar a los principios éticos de todo formador de filas de espera. El orden de una fila de espera es inalterable. La ley  dice el que primero en llegar, es el primero, en ser atendido. Otro fenómeno, interesante, son los administradores de la fila de espera. Aquellos encargados de menguar esa espera, existen personajes, de diversa índole. El más común, es el chófer de ómnibus, con su típico atrás, hay más lugar, córranse en el pasillo hay más espacio. A la empleada pública del humorista  Antonio Gasalla,  pretende tomar su mate cocido tranquila y cada tanto grita atrás, porque su vista se ve molesta ante tanta muchedumbre, que la acosa.  Otra historia que merece ser contada, es la de un famoso bar, donde la fila de espera es para retirar el almuerzo, encargado telefónicamente. Ahí cada sándwich es envuelto y cobrado, con una rapidez tal, como si dependiera de ello, el valor del Down Jones en la Bolsa de Nueva York. Los empleados son todos gladiadores del expendio “fast food”. Gritan a la cocina desde un micrófono, “un sándwich tostado, con mayonesa, sin lechuga, con fritas y doble porción de pollo”. Presencié una vez, cuando un cliente, le dijo que inteligente que son, por vender tan rápido. El gladiador lo miro y rápidamente, recordemos que si piensa, debe hacerlo al mismo ritmo que su tarea, contestó: cree que si YO fuera inteligente YO todavía ¿estaría acá?. Pagué mi almuerzo rápidamente, admirando  cuan inteligente era la respuesta. Es una lástima que no siempre la inteligencia da frutos económicos. Durante la lectura de esta historia, los hemos  privado de la oportunidad de tener que hacer otra fila de espera. La diferencia radicará,  en el futuro, no podrá evitar psicoanalizar su fila y a usted mismo en ella    
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