• carlos reyes navarrete
Yolisu
Soy profesional, ejerzo, pero también desarrollo particularidades adicionales como escribir, pintar y charlar. Provengo de un medio social familiar que me ha entregado valiosos principios y una raíz artística e intelectual de inmenso orgullo. Siempre los pude capitalizar para mi satisfacción personal y ello me proporcionó mucha alegría. Sin embargo, la vida también se constituye de otros matices que inciden profundamente en la existencia cotidiana de cada ser y uno de esos matices ha sido una tragedia que me ha marcado significativamente hasta el día de hoy y para darle consuelo, he descubierto en este lugar el espacio adecuado.
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  • País: Chile
 
Escribiéndole a la vida.   Prosas inspiradas, sentidos versos, clamorosos poemas, necesidades del alma, ímpetus hambrientos  de ser oídos…   ¿Cuántos de todos ellos en ésta página son realmente ciertos..? Sí, es una extraña pregunta. Puede, incluso, llegar a ser desconcertante… No obstante, lo pregunto porque al poner totalmente nuestra sinceridad al descubierto no podemos desconocer que actuamos con la ventaja sutil de un cierto anonimato y sin que sea necesario acusar a nadie puntualmente, han existido situaciones en las que ha resaltado muy claramente la fantasía en su manifestación. Pero en mi entendimiento este fenómeno no debe ser, en lo absoluto, condenable, porque al final de cuenta responde a un impulso digno de atender. Es porque se nos quiere presentar el ideal de una idea, bien o mal escrita, falsa o verdadera. No importa. Lo que verdaderamente interesa es que detrás de la pantalla existe un ser sensible que en su realidad quizás tenga muchas culpas de las que no se puede zafar cuando mira a la cara, pero en la virtud del teclado descubre la posibilidad de crear un mundo de ensueños que pueden convertirle en una mejor persona, aunque sea solamente para su secreta complacencia y la de los del otro lado que difícilmente  podrán llegar a conocer su verdad.
Me entregó estas palabras para que las mostrara:     Silencio y vacío en medio de la nada. Barca abandonada al asedio indolente de la noche obscura en el centro mismo de un océano eterno, es lo que siento tras tu cruel partida…   Cierto es que yo misma te alenté a preferirla, con brutal sacrificio, pero con justos argumentos. Mas al separarla de ti la muerte, en la dicha de mi alma se había instalado una esperanza… Sin embargo, el destino despiadado, ahora,  te escogió a ti, relegándome al olvido.   Helena (tu otra mujer).  
Para amar debemos amarnos.   Ese amor nuestro que por un tiempo duró dejó dentro de los límites de mi intimidad perdurables aromas de dicha e imborrables reminiscencias y los suspiros que emergieron posteriormente desde mi alma se debatieron entre la compleja génesis de mis propias preguntas. Luego de tu partida hacia tu éxodo aventurero, no solo el dolor de tu ausencia marchitó las flores de mi dicha, también minó mis cimientos la amarga soledad que sin piedad invadió mis espacios. No hubo asideros, ni hubo consuelos. Fue como haber desaparecido de la realidad, porque la existencia la había centrado en contemplarte, complacerte y amarte en exclusiva, separando todo lo que no fueras tú. Lentamente, sin embargo,  junto al lamido de mis heridas, el tiempo ha ido abriendo algunas ventanas que han dejado el pasar de la brisa fresca y he podido ventilar las habitaciones de la resignación. He podido concluir sabiamente que para amar es necesario comenzar por amarse a uno mismo, porque no es sano renunciar a los espacios naturales de la vida para ocuparlos de modo ciego en tan solo un objetivo, ya que al ser así circundo con tinieblas el conocimiento de la riqueza de mi propia alma, la misma que en sabiduría te puede hacer feliz.  
Libertad, dulce palabra de himnos; virtud compuesta de hondo sentimiento que trasunta pasión, creencia y respeto, valor que se defiende a sí mismo en toda alma digna.   Libertad, estructurada ilusión panfletaria enarbolada en mástiles errados; soñado grito de batalla   instalado en corrientes modernistas y usado argumento irresponsable como retórica popular.   Libertad, concepto distorsionado, simbolizado en puños manchados de armas bélicas, convertido en refugio central del odio y en disfrazado tangente doctrinario.   Libertad, ignorante idea de pensamiento antojado: “Libre soy de querer marchar contra y por encima del tránsito… combatiendo todo  obstáculo del entorno, ignorando tozudamente que yo mismo lo he creado con mi estilo humano.”   Libertad, bella, noble y digna expresión hoy día suciamente confundida con el deletreo ‘libertinaje’.
Libertad.
Autor: carlos reyes navarrete  48 Lecturas
Las sentidas palabras de muchos quienes escriben en éste lugar, al referirse sobre Juan Carlos Reyes, mi padre, mi impulsa fuertemente a hacer un merecido reconocimiento a un hombre que fue más allá del normal paso que un ser humano hace comúnmente por este mundo. Como algunos detallaron en sus comentarios, él ha dejado un claro vacío en esta existencia tras su partida, porque con sus acciones, ejemplos y virtudes – entre otras muchas cosas --, nos movía constantemente en una eterna reflexión que nos ocupaba y nos encantaba. Yo, un hombre construido completamente dentro de un destino muy bien decidido, con sólidos valores y un entorno familiar sin grietas, de todas formas siempre lo admiré, lo escuché, lo amé y, dignamente, lo envidié. Porque reflejó siempre un haz de positivismo, hubo normalmente en sus recursos un sabio acierto, era amante de todo, fue notablemente generoso y, además, era un relevante artista… Sin embargo, los detalles más destacables en su proceder fueron el hecho de no faltar jamás dentro de sus discrepancias,  una consideración para el espacio de  la posibilidad de su propio error y, el más loable de todos: Su irrenunciable amor por mi madre,  Constanza,  su leal e incondicional prima, compañera y esposa, el eterno sentido de toda su vida, aquella mujer que lo encadenó con sus cadenas doradas y sembró en él toda la magia con la que logró encantar al mundoentero. Te extrañaré eternamente, mi viejo querido, pero de todos modos me consuela que por la senda que construiste  somos muchos, muchos los que orgullosamente la caminamos y vemos en ella los frutos de tu enseñanza.   Adios.  
Inevitablemente la porfía de la vida avanza entre el enjambre de las circunstancias; la existencia se viste con inclemencia, nuestro instinto sobre protector busca afanosamente una salida  y se hacen denodados esfuerzos para dejar sepultados los hirientes imperios que nos dañan. Huimos un poco de nosotros mismos…   Inevitablemente, entonces, hundidos en sueños, corremos por la senda del tiempo y se suceden consecuentemente nuevos amaneceres, muchas estaciones e implacables calendarios, hasta sumar una prolongada era…   Inevitablemente, sin embargo, los fantasmas del pasado seguirán las huellas y hallarán la forma de husmear, en cada paso que fue sembrado, las sensaciones, las ilusiones y los aromas del camino recorrido.   Inevitablemente habrá en aquellos tiempos avanzados, inesperados espacios vacíos donde acudirán los resabios que abrirán amplitud a las aguas perdidas, las que decantarán insospechadamente en su cuna    las viejas sonrisas de los tenues y porfiados fantasmas.   Inevitablemente, nuestro torpe corazón,  invadido de curiosidad, se sumirá en aquella laguna de recuerdos confiando en la supuesta impermeabilidad de los años transcurridos, visitando con entusiasmo los restos naufragados, creyéndonos, ilusoriamente, blindados de las consecuencias.   Inevitablemente, no obstante, esos apegos que, en un obligado momento debieron combatirse   con especiales armas de soberanía, fueron  aquellos que se construyeron sobre complejas y tortuosas circunstancias, pero que, a pesar de ello, se  nutrieron con abundantes matices de gozo y  lúdicas historias.   Inevitablemente los viejos y poderosos fantasmas que alguna vez dominaron los picos del placer poseen en sus estructuras fuertes  aceites esenciales que sobreviven empecinadamente en las eternidades y los años, aun cuando muchos sean, han de dar siempre paso a los recuerdos… … y ellos a la nostalgia.   Es inevitable.      
Nada es comparable al regocijante estertor que me causa la proximidad de tu ser en la sensibilidad de mi consciencia. La expuesta debilidad de mi resistencia varonil sucumbe patéticamente cuando tus adorables expresiones me hacen guiños… Brillan con embrujo tus ojillos grises y el poder de tu mirada cala por mis venas como flamas endrogadas cuando deliberadamente te posas en frente de mí. Esa sonrisa tunante  que empleas junto a tus susurros envueltos de cariño; esos que me erizan sin piedad los bellos de la piel. Te luces atrevida a contra luz en el espectáculo del ocaso para extasiarme con la magia de tu silueta perfecta, logrando que los fulgores del sol sean nada más que un adorno. Te contoneas suavemente en la cálida brisa estival al ritmo cautivante de tus intenciones amantes y esperas coquetamente, junto a tu convencimiento, mi inevitable suspiro. Luego, en sigilo, caminas descalza por la rubia arena, ondeando con tus finas manos el tul de tu pareo, alcanzándome enamoradamente para colgarte tiernamente de mi cuello y murmurar en mi oído un demoledor te quiero. Tiemblo irremediablemente como un adolescente dejando que tu boca temple mis labios con un  subyugante beso y que la voluptuosidad inherente de la pasión nos funda en un total juramento… Nuestra dicha es como una hoguera y no tengo dudas que ahora los aromas de tu cuerpo y particularidades de tu ser son para mí irresistibles y, de la misma manera como hoy ellos dominan todas mis voluntades, adivino que en cada rincón de mis evocaciones estará eternamente tu inalterable esencia, como confirmación de nuestro exclusivo vínculo, o como un maravilloso e inolvidable recuerdo.   Incondicionalmente tuyo.

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