• javier castillo esteban
raskolnikov
" vivir soñando, la vida práctica es un lío" doblev
  • País: España
 
PUNCTUM   Casi como un latido, aunque más intenso si cabe. Otra vez, y otra, los escasos bancos de nubes navegan deprisa sobre un cielo límpido, de una claridad inusitada. La anchura de hombros del Padre dobla la de mi madre y tías. En el fondo de la imagen dos cuervos picotean algo inapreciable. Uno de éstos se ha quedado con la pieza más grande después de perder un ojo.  Despierto.No es de noche ni de día. Me dirijo al sótano donde descansa el cuadro desvencijado. Alrededor de la obra, cacharros y metales y una bici de hierro con las ruedas pinchadas y el manillar torcido. Nunca antes reparé en la pintura, supongo. El retrato se acerca con desdén a la recreación de una fotografía extraviada, perdida en dos grandes ojos de  mujer.  Afuera se oye el silbido del viento, amenaza tormenta, pero no lloverá. Ya viene, inaplazable, una fanfarria desafinada de bombo duro y platillo resquebrajante. La sangre detiene su movimiento ventricular y me contengo ante aquel espanto. Risas y algarabía, el lienzo comienza a articularse, se desvanecen el sótano y sus paredes ennegrecidas, el ruido se superpone al silencio, los colores brotan en una espiral incandescente, mis manos pierden forma en favor de aquellas pupilas familiares. Siento que voy a ser engullido, fijo la mirada entre niebla y grillos acechantes. Hago un último esfuerzo por reconocerme tras esas sonrosadas mejillas… -¿Dónde estabas?- Mi  madre me tiene cogida la mano y la miro. El espectáculo taurino ha terminado y la banda recoge los instrumentos. Me resulta imposible decir nada. El Padre hace un gesto desde el balcón en señal de que subamos. Huele bien, la cena debe estar lista. Antes de voltearse sonríe extrañamente y desaparece entre los jirones de goma que custodian la puerta. Todos están sentados a la mesa, primos, tíos y el Padre. La televisión está apagada. Los cubiertos repiquetean conformando la música que seduce a los vidriosos ojos de una de mis primas. Me mira y esboza lo que anhela disfrazarse de puerilismo. Algo fluye debajo de mis zapatos, el suelo de baldosa está resbaladizo y denso.  Alcanzo con el dedo índice una muestra de lo que parece semen.  
PUNCTUM
Autor: javier castillo esteban  336 Lecturas
Carábola Es difícil de explicar, pero si te miran sin ánimo de hacerlo, sudas. Una estridencia que ataca a la voluntad por la espalda sin más respuesta que la de cuestionarte la motivación de ese gesto, aunque, quizá, eso sea suficiente… Así, volví a sudar cuando ella esgrimió de soslayo sus ojos verdes y asustados, dos diminutas esferas a juego con el color cetrino de su piel. Algunos decían que estaba muerta, que era únicamente un reflejo proyectado desde el Carábola, tan cercano al campus en distancia y en rumores. Para mí representaba las últimas ganas de arrastrarme por aquel bloque de hormigón con vistas a la muerte.En la universidad, y en “puras” en concreto, te vuelves un atleta de fondo, sin embargo ella nunca juzgó el tiempo ni el concepto estético de pódiums académicos. Era ella,impregnada de un aura incólume, como de miedo a tocarla siquiera, quien convenía con la armonía de tácitas miradasla definición de nuestra estancia allí. Parecía de acero, incluso sus matemáticas perdían forma en una habitación infranqueable, henchida de razón y sobriedad, cuando engullía, impía, el romanticismo más sublime de la docencia en ciernes, la ilusión de un comienzo. Pese a todo me acordonaba su olor a cada respingo que su voz creía evitar. Aquel día, mientras yo esperaba inmutable un nuevo vaivén de su arrojo, un paso en falso, atravesó mis pensamientos, igual que un relámpago, la inquietante languidez de esa edad, bajo cuyas fauces dudas de ti, de lo demás y de los demás, pero, por encima de todo, de ti. Quería comprender qué era, su composición incorruptible, cuáles habrían de ser las consecuencias de haberme cruzado con sus pupilas, de donde nacía mi extraña sonrisa.Terminó la clase y mis compañeros, muy lejos de allí, abandonaron su más que cumplida asistencia por otra más tediosa, pensaba yo, en lid con pueriles devaneos, o eso quería pensar, porque ahora serpenteaba el telón rojo, las voces enmudecían y creía ser el único aspirante, la sencilla razón de elegir esa hora y ese lugar.Dedicó a recoger su material idéntica gracilidad que a sus constantes e irremediables tirones de falda, entonces sus piernas mermaron enfermizamente y simuló entenderlo, por lo que acordó, instintivamente, otro leve corrimiento de tela. Había llegado el momento de hablarle:-¿Cómo estás?- vacilaron mis palabras. Me miró de reojo, obliterando cualquier atisbo de entenderme. Sus labios temblaron y dijo con voz queda algo que no llegué a interpretar. Salió rápidamente del aula. La seguí por los pasillos, puerta tras puerta, guiado por la corriente natural de sus pasos. El primer piso estaba desierto, y la luz de la calle creaba las últimas sombras sobre las baldosas. Miré a través de la cristalera,  y la vi dirigirse hacia el Carábola. Al salir intenté coger aire. Aglutinaba los vestigios de una primavera irreal, alérgica de sí misma, atrapada en un estado letárgico infundido de trámites interminables.  Los pocos intrépidos, ajenos a la embriaguez de esa atmósferairrespirable, que como yo, devoraban la tarde, resultaban ser siluetas en perenne búsqueda, mutis de aquel año atestado de carteles descoloridos y desvencijados, de aceras quebradas por la “crisis”.Carábola, bautizado así por el promontorio que lo erigía,  daba cobijo a un cementerio sin entradas, un camposanto olvidado incluso por quienes compartieron su decrepitud ancestral. El acceso principal, y único, estaba tapiado hace años. Únicamente la niebla, dispuesta con escrupuloso concierto, visitaba regularmente cada rincón.Era su primer año en la universidad, pero ningún registro del apartado virtual del campus atestiguaba su ingreso dentro del elenco docente. Su nombre se había esfumado entre currículums brillantes y trabajos previos sin parangón. Tampoco había rastro de ella en el Carábola. Me senté a esperar en el primer escalón de diez que ascendían abruptamente hasta el umbral cementado. El viento susurraba en mis oídos igual de incrédulo que mi situación allí mientras los olmos vencían la falta de cuidados ondeando sus copas histriónicamente, empecinadas en dibujar sombras absurdas a mi alrededor.A las nueve la oscuridad tomó el relevo de la niebla en descomposición. Algunos señalados faroles, que no habían sido víctimas del tiempo, chisporrotearon, emitiendo una nueva e intermitente lumbre que cercaba  los muros del cementerio. Resolví  abandonar el lugar, estaba agotado y confuso, pero algo llamó mi atención. Dos sombras discutían en silencio detrás de una hilera de árbolestorcidos. Me acerqué a hurtadillas hasta que una rama seca crepitó bajo mi pie izquierdo. El forcejeó cesó,  con análogo sigilo. Guardé la posición, conteniendo las ahogadas palpitaciones encaramadas a mi garanta. No confiaba ya en mis sentidos . Una descomunal garra se asomó descuartizando la corteza del primero de los árboles. La imagen de mi mismo se deshizo cuando un manto de nubes copó la luna. No podía despegar los labios. Acaricié mi pelo una vez más, suave y agradable.…La mañana…Una mañana como otra cualquiera, el cielo seguía siendo gris y el teléfono estaba sonando. Descolgué.- ¿A qué se supone que estás jugando? Ha venido otro tutorando tuyo al despacho. Dice que no has dado las prácticas de las diez- ¿Podía ser la voz del rector?- No lo entiendo, señor, estudio en…- ¿Señor? Déjate de gilipolleces, es el segundo día con la misma queja, ponte las pilas. Por cierto, Carábola ha preguntado por ti, ha dejado una nota.- ¿Carábola?- Si no conoces a tu mujer, yo menos.No entendía nada. ¿Quién era Carábola? El nombre me resultaba singularmente cercano. A las once, el cartero, como cada mañana, estrujaba el periódico hasta convertirlo en un atajo de papeles dentro del buzón.  Salí y leí someramente las novedades culturales de la ciudad. Después de aprenderme la ubicación exacta una galería que exponía la obra ignorada de Cézzane, reparé en un anuncio.“2008. Sueña, haz otra vida de tu vida.” En la margen izquierda del recuadro la cara de una mujer voluptuosa servía de escaparate.Me ardía la muñeca. Mis venas se configuraban en relieve esbozando cifras penosas: “2008”.
 Debía morir. Lo supe cuando T. me habló de aquel cura del demonio. No lo había pensado antes, pero su enfermedad quizá fue emisora del perentorio efecto de la venganza. Una misiva con la savia suficiente para ver las cosas de otro modo. Quizá fuera injusto juzgarlo por algo que nosotros mismos habíamos esculpido con la paciencia y el tiento adecuado, de idéntica pasta a la obsesión con las sotanas y púlpitos. Qué imagen debí de ofrecer a una mujer a la que me había entregado conscientemente y ahora detestaba. Sería la excusa perfecta para echarme en cara la intencionada cruzada por enamorarme sin cautela, por no respetar su sello y por ahogarla en una cárcel sin letrero.Aquel hombre grotescamente estirado, de pelo ralo y mostacho alineado, nos casó a pesar y por encima del hastío y de los celos. Me había otorgado la fe y la disposición de una procedencia cristiana aun cuando su corazón intuía a la oxidada goleta. Casó también a mis padres y a algún tío que no llegué a conocer. La vida en Costra fluía entre la cotidianidad de aceras y bares sujetos a prescripción. Solo el sol costeño, de inmensa fuerza y de lienzo poético cobraba sentido de cuando en cuando, si se era capaz de detener el estrépito de los pensamientos. Pero esa empresa ya no crecía en mi jardín de falsas promesas, lo que de verdad brotaba era el fervoroso anhelo de la victoria sobre los cánones de las hermosas balaustradas del Conde, la luz de romances precoces y reales aposentada sobre el presente.El cura subía y bajaba atornillando los adoquines al suelo, aparentemente tranquilo, pero maquinando un nuevo casamiento, un nefasto alumbramiento que de mí había hecho creer en el crimen. Tampoco levitaba ni soñaba con salvar a pobres ingenuos, pero de hecho mi propia ingenuidad me dolía, y ello debía de ser, no sé, la razón, mi razón.T. aún tuvo fuerzas para mirarme inquisitivamente, como queriendo adivinar la rabia y la frustración, rebosantescontenedoras de desasosiego. Lo cierto es que así fue en un primer momento, pero ya me sentía tranquilo, decidido y con una tarea de nombres y apellidos catapultadainequívocamente a los no flaquean al relatarlo.Vivía escondido en su ermita, que no era suya, pero de laque hacía gala en otro éxito de propiedad, esta vez no carnal. Por las noches cerraba el pórtico y se encaminaba con gesto adusto al portal destartalado anejo al edifico. Allí pasaban dos horas donde la luz de la claraboya dibujaba extraños reflejos en el cielo de Costra. Después, volvía sobre sus pasos y mantenía una cháchara aborrecible acerca de las desgracias vecinales anunciadas por el discreto campanario. El templo era su casa y también su tumba. Una mañana desperté temprano con la vaga intención de pasear, ya no me sorprendía mirar a la izquierda y ver las sábanas vencidas hacia el otro costado, incluso era una sensación de lo más agradable. ¿Quién era realmente T.? Se presentaba igual que un pasadizo, tedioso y absurdo, de una irreal inflexión y de la misma partida a la vuelta de esaroca inmaterial. Un pasadizo inabarcable, un carácter impreciso, de aristas que marcan otra silueta torcida hacia otra silueta llana y otra idénticamente torcida. ¿Sería ése final del pasadizo una sucesión de capítulos tortuosamente familiares?Miré por la ventana y vi a T. flanquear las primeras casas. Eran mamotretos blancos de paredes desconchadas, en cuyos chaflanes ondeaban jirones de goma ocultando los umbrales de moradas estridentemente silenciosas. En algunas de estas guaridas, se erigían pequeñas hornacinas de vírgenes que rezaban al mar y a pescadores engullidos por sus propias redes. El mar lucía inquietante aquella mañana. Perdí la pista de T. en cuestión de segundos, ensimismado como estaba, en otras cavilaciones. Sospechaba que, después de todo, era otro desgraciado el que andaba detrás de ella esperando arramplar a las quimeras de sus caballos, mas las quimeras son ilusiones, montañas suaves y redondeadas que se desvanecen al contacto de su piel. Por ello dejé que el cráter creciera sin demora en un denodado esfuerzo por aliviar la imagen de sus ojos. El mero hecho de escudriñarlos de cerca o en la distancia me encogía el corazón y mermaba mi carácter.Salí de casa y caminé durante un rato. Ni rastro de ella. Tampoco me importaba demasiado, o eso suponía, aunque sentí curiosidad por adivinar su nuevo itinerario. Se clavaban las miradas de los perros en mí, como si fuera yo el desdichado que merodea en busca de un bocado y anduviera exhibiendo cada una de mis costillas hacia manos más generosas. La ermita dominaba Costra y se podía apreciar su aspecto macilento desde cualquier punto del pueblo. El alcalde pensó que esta no revisada versión de una obra de épocase proclamaría vencedora en un concurso por dejar boquiabierto a críticos y foráneos con gusto, a místicos y a los que buscan lo castizo en olores rancios. Una versión que, por otro lado, ni los arquitectos de la decrepitud podrían soportar Los ladrillos parecían codearse por mantener el equilibrio, pues el paso del tiempo y la humedad los empujaba a una carrera por sortear el abismo y no convertirse en polvo. Era verano, y las cigüeñas crotoraban espasmódicamente en dirección a su próxima migración. Me dirigí a los aledaños de la ermita y la contemplé desde sus cimientos, agachado, midiendo la altura a la que pretendieron consagrarla. Las campanas comenzaban a voltearse mostrando su badajo, emitiendo una sinfonía de inverosímiles tañidos, una nueva eucaristía en manos del impostor. No podía faltar.El cura ofrecía la misa matutina a viejas y desconsolados que asían con fuerza rosarios de metal. Cuando llegó la hora de postrarse sobre aquellas tablas almohadilladas, alzó la vista. Yo me había quedado de pie, quería intimidar a los siguientes versículos escupidos mil veces por su lengua viperina. Vaciló un instante ante mi insumisa posición, pero continuó leyendo con voz quebradiza y entrecortada. Carraspeó varias veces e imprimió un ritmo más rápido en pos de terminar cuanto antes. Yo seguía erguido mientras los feligreses se sentaban y levantaban maquinalmente. Me miraban recelosos, rehuyendo mis ojos al responderles de soslayo. Eran conscientes de la premura del cura, y me culpaban de manera tácita por ello.¿Y si T. se había escondido en la ermita? La idea me produjo un sudor denso y frío. Me sequé la frente y miré mi mano. No reconocía mi propia languidez, el brillo de las gotitas se bifurcaba entre mis dedos trémulos.El anillo de esposo me oprimía y empecé a removerlofrenéticamente de izquierda a derecha para aliviarme. El monaguillo se encaminaba a mi altura con paso ligero, entretanto las monedas repiqueteaban alborozadas en la cesta de mimbre que mecía distraídamente. Antes de llegar a mi banco tiré con fuerza y extraje el anillo, aprisionándolo en mi mano derecha. La huella amoratadamostraba una certeza más cruel que liberadora. Abrí la mano y dejé que resbalase el anillo de mi palma a la cesta.El monaguillo no supo cómo reaccionar, se quedó varios segundos prendado de la reverberación del gravado. No se atrevió, o no quiso, juzgar el cuadro que su cabeza había materializado en ese instante, solo asintió y no separó sus ojos del suelo.Al dejar la cesta sobre el mantel que cubría la mesa, el rostro del cura se agravó y creí que sus pómulos se desnivelaron unos centímetros. Tragó saliva y continuó como bien pudo.Los perdones, los avisos y las bendiciones se relevaron con prontitud y nos despidió abruptamente: - Podéis iros- Guardó la paz para sí y la desazón para los pocos que nos habíamos congregado. Permanecí inmutable, aislado de los cuchicheos que flotaban en espiral a mi alrededor y de los cuales asumía estoicamente mi responsabilidad. El cura se apresuró hacia la sacristía sin reparar en que yo seguía allí, esperando, no sé muy bien a qué, dado que las dudas y el remordimiento que me habían traicionado enlos últimos años se propagaban igual que un cáncer arremetiendo contra las pocas células vivas que luchaban, incontrolables y desnortadas, contra su sino irremediable.¿Y si T. la esperaba allí, en la sacristía, aguardando a que las últimas tablillas de la ermita cesaran de rechinar bajo mi peso? ¿Cuándo se había tornado la frivolidad de mis actos en infundir temor a los demás?La puerta de la sacristía quedó entreabierta y sospeché que las dos víboras pretendían allanarme las respuestas, para quizá apiadarme de sus frágiles corazones, desleír la rabia. Era tarde. Mi cuerpo se hallaba disgregado de mi mente, agujereaba las últimas esperanzas de evadir decisiones precipitadas. Subí al altar y abrí la alhacena dorada que guardaba la copa con posos de vino. Era una copa extraña y deforme. La empuñe con fuerza por el único espacio libre entre las ondulaciones que describía su tallo y la base. De un portazo abrí la pesada puerta. Allí estaban los dos, cuerpo a cuerpo, enfrentados y cogidos de la mano. No dijeron nada, yo tampoco. Empecé a temblar y solté la copa, estallando muy lejos de me mis oídos.¿Quién era yo? ¿Acaso lo sabía? Sentí una impotencia terrible, ganas de llorar, ganas de cuestionarles mi presencia allí, o simplemente escuchar por última vez queera un espejo de sus vidas, un espejo que tenían miedo de mirar. Repentinamente la volví a amar, quería lanzarme a sus brazos, besarla, adorarla, tocar su piel despacio. Solo ella, incólume, sin amonestaciones, sin las manos ajenas que la apretaban casi con misericordia. Sin embargo era incapaz de regresar... Entonces la volví a odiar, a lastimarme, a odiarme más, sin preocupaciones, obstinado con el pasadizo, con volver a casa.Perdí la vista progresivamente, y el control de mis piernas. Solo recuerdo a dos figuras abalanzándose sobre mí, rodeando invisiblemente mi cuello…Desperté en mi cama, las sábanas seguían recluidas hacia el otro costado y las ventanas estaban abiertas de par en par. Del alféizar se bamboleaban, atajadas por las bisagras del marco, las líneas de una carta más extensa. Las leí:Ya no estoy contigo, pero no dudo que seguirás dentro de mí, acusándome no solo a mí, sino a todos los que han intentado quererte. Me has vendido al amor igual que ahora me vendo a él sin remedio. Me ha cuidado sin herirme, sin reservas y sin nada a cambio. Entiéndelo, por favor, no te acerques a nosotros. Espero un hijo suyo.::::Un barco de chipirones vencía la marejada cuando varios tripulantes avistaron, a voz en grito, un cuerpo ataviado con sotana. Se aproximaron a escasos metros y voltearon entre varios de ellos el cadáver. El rostro, lívido y descompuesto, mantenía una sonrisa desencajada, y sus ojos sugerían pestañear. En su regazo, un bebé deporcelana emulaba estar jubiloso. Los descubridores, aterrados, no supieron qué contar al atracar
HASTA OTRO VIAJE, CARLOS IIIEuskalduna, Olimpia, Saide... Distintos nombres se retuercen en la memoria de quienes han vivido muchos años. Hoy he leído que el próximo 3 de marzo cierra sus puertas el célebre edificio oficinesco ubicado en Cortes de Navarra. No debería sorprendernos la noticia después de que en la última década hayan sucumbido otros dos cines de la compañía en el centro de Pamplona. Una anuncio, pues, que habrá caído sin vacilar  para los ciudadanos más avezados en materia de negocios inviables. A mí, personalmente, escuchar el asunto de boca de otro cinéfilo, me ha supuesto un silencio contenido, pues en ese mismo instante he experimentado la certera sensación de haber perdido algo, demasiado preciado, en algún lugar que solo mi frenética memoria sabrá encontrar Dicen que cuando envejeces dejas de mirar de frente para zambullirte en los recuerdos. Supongo que de falta de razón y carisma no se le puede acusar a la sentencia, sin embargo creo que los recuerdos ni suman años ni tienen una etiqueta designada a personas que superan los 50. La juventud  sucede a la infancia , la vida adulta también circula… pero los recuerdos permanecen inmóviles cuando el  tiempo tiene carácter y es auténtico, cuando se ha sido viejo y has vuelto a ser niño, cuando has pagado con pesetas, cuando con mil de estas pesetas comprabas tu entrada, tus palomitas y devolvías las trescientas restantes.Has cambiado de disfraz para ser un salón de espectáculos, un gallinero, una sala única, un multicine, siempre bajo la atenta mirada de un acomodador inmortal, pues nunca he sabido si aquel señor que vivía entre la tienda y las salas, firme y condescendiente en igual medida, formaba parte del mobiliario o era el accionista mayoritario... Aún  habrá quien te tilde de no haber estrenado cine de altura, y el hecho de no aventurarte en la subcultura. Pero…  ¿para qué? Ya has dado todo por esta ciudad, decorando con colas interminables la manzana, ganándote el trono del niño del viejo, del pedante, de los amigos, de los enamorados, del solitario, del que se rasca el bolsillo, del rico… Hoy es un día triste, pero también es un día para reír y para llorar, para soñar, para volver a  despertar y charlar sobre cine, para ilusionarse, para divagar…No proyectarás más películas que las que nosotros guardemos en la retina, pues no son pocas las tardes a tu abrigo.
Ella seguía dormida. Yo no podía dejar de imaginarla, tranquila, soñando quizá o plenamente inconsciente, incapaz  de recordar nada. Era bella, tanto ,que no bastaban las palabras para arrancar un ápice de su blancura, de aquella piel  suave en comunión con la almohada. Lo más cerca de colapsarse balbuceaban mis ahogados susurros , al borde de abrazarla sin final, hallando una forma exacta de abordarla sin interrumpir el vaivén acompasado de su pecho. Ahora arriba ahora abajo, midiendo el tiempo por cada segundo que mis ojos evitaban decir adiós.Hubo un instante en que se arrebujó en las sábanas y yo temiendo su reacción fingí dormir, creyendo más sensato no delatarme.Había tomado el relevo de mis huidizas intenciones, pero me esforcé en mostrarme ido, bajo el inoportuno efecto de la aurora ,que asomaba indecisa.No abrí los ojos. Ella entonces acarició mis labios. No me contuve. Sonreí. De repente dejé de notar sus dedos , y me sobresalté. Ella seguía dormida, o eso se desprendía de la posición en que su mano quedó sobre el colchón. No volví a echar el cerrojo a mis párpados, pues las ojeras juzgarían mi felicidad al día siguiente.
Me he quedado prendado del olor que despide tu cuerpo cuando estás sola en casa, tranquila, desviando de cuando en cuando hacia mí el fino hilo de tu pupila escondida Algo más que el brillo habita detrás de esos suntuosos párpados.   Quisiera salir de ti, de tus días y de tus noches, pero no puedo. Quizá porque he aprendido lo que algunos maestros han escrito con paso de pesares, pues el poeta  ama sin medir la altura en cuyas esferas coquetean los corazones y ansía salir de sí mismo y no así de la vida de los demás.   Y qué daría yo por conseguirlo… Por enterrar bajo mil kilos tierra  la convivencia con las ganas, con el fuego que cuartea mi piel por dentro y ofrece por fuera la tersura que esperan del amante paciente y cabal   Te amo una vez más, en balde, creo, derrochando precipitadamente la intriga de desvelar, a tientas, los secretos que circundan nuestro espacio. Me miras con ternura a pesar de todo, incluso cuando hablo a destiempo y recibo la reprimenda de la razón, siempre a la hora, y con la fuerza de un mazo.   Tan solo busco la playa…
  TRES   Éramos tres buenos amigos. A F. lo conocí años antes que a Z., ellos mantenían una relación muy estrecha hasta que sus patizambos destinos se interpusieron entre el desierto y un oasis extraño. No es que yo tuviera ninguna culpa de su desencuentro, pero cuando tres almas perdidas se juntan, y más cuando se trata de tres cabrones como nosotros, el resultado suele desembocar en favoritismos retorcidos. En cualquier caso funcionábamos como tres solteros empedernidos en su afán por dar la nota. Aquel día habíamos comprado palomitas y coca cola y un poco ebrios, después de dos vinos de uva bastarda, despotricábamos de las personas que se acercaban a los 40 y sentían, de repente, la acuciante necesidad de dar asco. Los había que, con cara de humano en ciernes, nos miraban por encima del hombro al comer palomitas. Para los snobs comer palomitas es algo parecido a ver un documental con las gafas puestas en el culo. Una insolencia propia de palurdos. En verdad lo éramos, pero no menos que el culo con gafas que nos echaba males de ojo a propósito de nuestro crepitante mordisqueo. Por lo demás la película era buena y navegaba, indecisa, entre el cine de masas y el compromiso con el pasado. A las dos hora salimos, dejando rastro de nuestro crimen maicesco. La noche era larga en esa época del año por lo que únicamente podíamos beber de nuevo y reírnos de nosotros y de nuestros vecinos de las mesas de al lado. Una señora colgó su bolso en el canto de la silla, la cremallera estaba entreabierta, no estoy seguro si fue el instinto o mi pérdida de la noción del lugar, pero sentí unas ganas irrefrenables de meter mano dentro del pozo de chismes. Su pareja pareció percatarse de mi mirada frenética y punzante sobre el tesoro, pues vigilaba atentamente mis movimientos, incluso cuando empinaba el codo en un ángulo imposible. El último sorbo de gintonic sonó como un aspirador y después posó el vaso con vehemencia en la barra. -         ¿Te pasa algo? Interrumpió A. -         No, no me molestes ahora- respondí con autoridad   A.   intentó buscarme la boca inútilmente, pues yo ya estaba presto a lanzarme sobre el bolso, aunque pensé en corregir su impertinencia más adelante.     ZAS!, De un plumazo arranqué el bolso de la silla y comencé a buscar con cara de preocupación, no sé todavía el qué, algo que me tranquilizara entre la amalgama de cachivaches. A. y F. quedaron inmóviles sin saber muy cómo reaccionar, esto me provocó una risotada incontenible. Todos me miraban igual que a un demente, todos, menos el sarnoso acompañante que, en ese momento, levantó el puño cerrado para atizarme.   Qué gusto me daba al día siguiente palparme el coágulo debajo de las pestañas, una burbuja morada oscilaba desesperadamente por escapar. Llevaba al límite el bulto, ejerciendo una presión desconcertante mientras detrás de la puerta se oía al hombre del tiempo. Di un respingo cuando el dolor se hizo insoportable y cesé… El timbre reverberó con fuerza, indicando  la hora de entregar este despropósito al profesor de literatura.
tres
Autor: javier castillo esteban  371 Lecturas
Ayer vi un pato volar. Pensé en aquello que me habían contado días antes sobre esta complementaria e irrisoria faceta del pato. También recuerdo cómo se reían de su aleteo y de su trastabillado aterrizaje antes de volver a remojarse mientras lo señalaban simultáneamente y simultáneamente se tornaban histriónicos. A mí me pareció un vuelo limpio e intenso. Era un tiempo desapacible, sin embargo el estampado de su plumaje, erigido entre las nubes y el resol, se mostraba intrincadamente bello, parecía su pico un impío torbellino que devoraba el espacio¿Por qué no podíamos volar? Probablemente por no contraer la deuda merced a la burla de los demás haciendo acopio de celo en nuestra cita con la apariencia El pato pasó delante una vez más, pues mi cuarto miraba al hogar de las aves. La sensación de apremio se difuminó con las últimas gotitas que se desprendieron de su fulgurante partida. El lago había quedado huérfano, mi sonrisa, incorruptible.
pato
Autor: javier castillo esteban  286 Lecturas
EL CONVENIO CON LA CUN, TRW Y OTROS DESASTRES FORALES… Podemos incidir y perorar sobre asuntos de “gran calado”, pero inevitablemente seguiremos topándonos con artículos y aseveraciones propias de los más  artísticos y trillados tópicos. Aun con todo, se vuelve necesario un repaso de lo que acontece en este pueblo, aunque solo sea por mirarnos un poco más el ombligo y dar regusto al paladar, y también a la pluma.Según yo lo veo, presumiblemente desde un prisma igual de ignorante que despótico, las reclamaciones de estos últimos días tienen más que ver con una disputa por la cerril conciencia de justicia, un concepto que casualmente y con vehemencia ha irrumpido en nosotros de repente…¡Nada más lejos de la “realidad”!, pues a estas alturas a nadie sorprende la profunda insolidaridad que aireamos sin pudor las veces que haga falta, igual que unos borricos consumados a punto de reiterar una acción automatizada e idéntica a la anterior, cuando se trata de preocuparnos por los problemas que crecen en tierra yerma, donde los plebeyos son olvidados por su capricho de pertenecer a su Estado de Bienestar.He oído decir:" ¡Que paguen, que bastante hemos sufrido ya por su culpa!"Enseguida hemos de buscar responsables a los implacables atropellos que sufrimos si llega el momento de enfrentarnos cara a cara a nuestros provilegios. Por supuesto no cabe duda de que nosotros estaremos del lado de la conciencia y el saber hacer, y que lo sobrante es lo inmediatamente anterior a lo que hoy construimos nosotros humildemente.Por tanto, el problema se acota y no deja residuos a su paso, ni siquiera el afán destructor de un gobierno envalentonado.Ya no se trata, pues, de poner pancartas más grandes, ni más blancas, incluso de ponerlas en dos idiomas para prostituirse con más credibilidad al servicio de la Zona Mixta. El objetivo es clavarse a una cruz de madera y sangrar lo más posible para demostrar a las vetustas cadenas que somos las víctimas y ellos, hoy es Bildu mañana Upn, los hostigadores de la estabilidad y representantes del desprecio.En definitiva ¿Quiénes son los responsables? Nosotros, de nuevo. Las escamas de un noble compuesto humanoide que se jacta de su compromiso con la humanidad y da lecciones de filantropía a un módico precio, sin rasgarse los harapos comprados en rebajas.Los mismos nuevos  ricos que hablamos en condicional y pasamos por alto nuestro Talón de Aquiles ya que nuestro bolsillo resuena con alegría.¿Qué más dará si a 250 personas las echan de su trabajo o a 2500 les quitan sus “no privilegios”? Siempre quedará la Vieja Guardia regresando a galope para abordar tamañas injusticias con la Presidenta del Cambio, esas celebérrimas  caras de palurdos sin remedio que un día aprendieron a hablar sin acento, sonríen y se tienden la mano. En cualquier caso:  Despidorik Ez! Hulegas a gogó, No a los recortes de unas más que merecidas vacaciones, y sanidad privada a cargo de  UNICEF Navarra. Ya protestaremos los demás por vosotros desde el sofá del INEM, cuando los grandes colectivos pasen a ser “ASQUEROSAS MULTINACIONALES” después de haber sido una empresa puntera que debía mantenerse en todo su esplendor por el bien de todos los navarr@s.
Al mediodía El manuscrito de las virtudes. Aquel que pocos entendían y la muchedumbre ensalzaba sin remilgos, aquel que desde su preponderante sombra castigaba a quien con usura hablara de algo tan mundano como su valía. Éste sólo quería sonreír y ser cómplice de asiduos lectores que sin segunda catalogación  destriparan  su vida, tan frágil tan intuitiva, que parecía sencillo perorar sobre sus díasEstos fieles devoradores de páginas eran valientes e intrépidos buscadores de alturas  que a ellos correspondían A no pocos lectores inscritos se los ha llevado la cultura de cañería que promulgada sin medida.Así busca el tiempo su lugar entre escombros de papel y tinta seca, de ojos curiosos se compone la densa sustancia que impregna inmisericorde el color de las tardes lentas y tranquilas reposando sobre el diván leyendo libros de caballerías.Ahora vuelven las letras imprecisas, se oyen en la distancia, cuchicheando acerca de tal y cual, de lo actual y lo prosaico, del estandarte que portan los intelectuales de época que han perdido intencionadamente la brújula para encontrar el camino de vuelta, el regreso a un tiempo de ilusoria sabiduría y vagos escarceos, de falsos amores y besos de galería La Al escritor y al ingenioso dedico yo estas letras, pues si pudiera asumir el olor de este pestiño como bien se yo que debería, convertiría el papel en ensayo clínico de lo que resta en adelante, atisbando quizá un poso de intención almizclera aun siendo mediodía y cautivo del pasado ausente, que nunca lo fue en realidad, sino más bien una maquinaria desengrasada que ha vuelto a funcionar .
EL BANQUETE   H. salió de la casa en donde todos estaban en silencio. Para él, sin embargo, salir y pasear por la el campo era objeto de inquietud y desasosiego. Conforme más se alejaba del calor el ruido se hacía más insoportable. Era la estridencia de esas voces las que punzaban su sien como ladridos embotados.   … Hacía un momento se había dirigido a los allí presentes en un deje petulante, perorando sobre el dadaísmo y su influencia en la irrisoria obra de la que hacía gala. El único fin de esa intrusión entre gente a la que no conocía era conquistar el apetito de una mujer de cabello negro y ojos hundidos. Ella le observaba con imperturbable atención mientras la escasez de recursos discurría por el sendero de la mentira y el bochorno ajeno. Ella siguió mirándolo aun cuando terminó de graznar las últimas insolencias. Estaba prendada del impostor. El asado acalló los rumores que circundaban la gran mesa. H. se arrebujó en el asiento que había ocupado y se escurría, sin darse cuenta, escudriñando a sus gráciles falanges desenfundar un interminable cigarrillo de la cajetilla metálica. No tenía el valor de mirarla a los ojos, de ser así habría sofocado el fuego que enarbolaba su pensamiento. El fantasma cobraba sustancia delante de él y era capaz de describir su silueta con los ojos apretados con vehemencia. De pronto, un escalofrío recorrió su cuello, desdibujando los rostros que habían presenciado la escena y confiriéndoles una temible lividez. Nadie parecía ser quien era, solo un atisbo de cualquier recuerdo respondía a los cuerpos hieráticos que se habían quedado suspendidos en el tiempo. La mujer de ojos hundidos tenía los pómulos más acusados y una lágrima de deslizaba por los vertiginosos surcos que éstos aparcaban hasta su afilada nariz. La lágrima finalmente cayó sobre el parqué. Entretanto el cigarrillo se consumía implacable haciendo crepitar las hojas secas de un tabaco perfectamente prensado. H. se levantó en una actitud de arrojo inusitada en él y retiró el cigarrillo, que estaba a punto de expirar, de los diminutos labios de la mujer. Sintió que debía abandonar el lugar lo antes posible.   … Al llegar a un promontorio se volvió y contempló la casa a lo lejos. Las paredes, blancas al principio, estaban adquiriendo una tonalidad indefinible desde su posición y la hierba parecía haber marcado distancia con respecto a la casa. Alrededor de ésta el terreno se hundía formando una zanja sin aparente final. La cicatriz que H. tenía en la palma de su mano comenzó a dilatarse al tiempo que los latidos se intensificaban incontroladamente. Comenzó a temblar y a respirar con dificultad, hasta que la visión se tornó amorfa, y perdió el conocimiento   Cuando despertó, la tarde estaba cayendo y asido a la gruesa raíz de un roble que allí crecía elevó sus ojos a la altura de la casa. Un nutrido grupo de hombres enlutados velaban el cuerpo de alguien. H. se agachó y se acercó lentamente. A escasos centímetros del vallado, por una rendija de la falsa enredadera se podía presenciar el cuadro. La mujer muerta todavía lloraba. Aquellos hombres buscaban al responsable de su asesinato.
Los versos, a menudo, son hacia el amor, una caricia mal expresadaCirros que envuelven tu pupila cuando ésta llora desconsolada.De esta manera hombres encelados, carecemos de blasones y de espadasSolo estrofas que el corazón escupe para ser penosamente forjadas De renglones y  destellos, con calculadas manos de ingenieroHalló la humildad su hueco en este pequeño surco almizcleroPorque de matemáticas son más puras las sumas y restas del obreroDespués de llegar a casa y aborrecer el cazo medio lleno. Nunca deduje de la poesía ni un resquicio que me inspirara a estudiarla.Mas prefiero anunciar la pluma de aquel que juzgue en recitarlaCon las venas bien abiertas y  la sangre tan vasta que maldigas demorarla.Pues la tormenta no revoca ni su aroma ni sus distinguidas abarcas. No deseo vanagloriarme ni  asistir al cadalso de repetirmeSería otra tentación la que escogería que por sí sola pudiera seducirmePues si estuviera roto en mil espejos, o de dolor extasiado por no rendirmeNo usaría la tinta con el fin engañar al candidato que ha de reducirme Asumiría el sofocante peso de la manera menos sincera y más abatidaAtado de pies a manos a un ritmo lento, oliendo mi propia vida.Creyéndome muerto, abrazando mi espalda de recuerdos que la aguanten erguidaDevorando los guijarros que los escombros han revelado en la ruina
POEMA
Autor: javier castillo esteban  274 Lecturas
-¿Cómo estás?- Bastante confuso, no sé qué más decir...- No estoy molesta, sólo sorprendida. No me lo esperaba...- No debería habértelo preguntado, lo daba por hecho.- Pues a mí me ha gustado que me lo preguntaras, no pierdas eso.- Precisamente...- ¿Precisamente?- !Hagamos algo!.Vamos a jugar a sentir. Pide un deseo y yo pido otro, respecto a nosotros.- Explícate.-Yo pido que no envejezcas conmigo- ... Esperaré a mañana a formular bien el mío.- He pedido que no envejezcas...Tengo un buen Genio.- Quiero que no pienses que eres complicado.- Vale, más simple que una peli de Buñuel.- ¿Alguna vez hablas en serio?- Solo los lunes.- ¿Y el resto de la semana? ¿ En qué dilapidas tu ingenio?- Adoro vivir de las rentas.- ¿Aburguesado, quizá ?- Prefiero apóstata, suena más musical.- ...! Ya vale !- !Descuida!, conviviendo soy más tolerable. Comparto más parentesco con un chinche atiborrado por sus padres, no me costará mucho extrapolar el silencio por empacho a mi vida cotidiana.- A veces también tienes gracia.- Yo también lo creo, me parto cuando me imagino chillando al chofer sin volante que conduce este "almendruco".- !Ja, ja!. No tienes remedio...- Ahora te has reído de verdad.- Si estás tan seguro...- Lo que es seguro es la intención que tienes de enfriar esta conversación.- ¿A qué viene eso?- A nada.- Me hablas como si fuera una estúpida que no va a entender los elevados juicios del insigne escritor...- Escritorzuelo, recuerda, es-cri-tor-zue-lo. !Aunque buen nivel!.- !Vaya, qué modesto!- En verdad no.- Creo que se hace tarde...- ¿Tarde para qué?- Tarde para hablar de cosas sin sentido. Iré a cenar algo, tengo un hambre voraz.- Yo ya he cenando, deglutido más bien.- ¿ Y el qué se supone que has cenado mientras hablábamos ?- Un delicioso sándwich de carne humana- ¡Demasiado! Nos vemos el jueves.- El jueves es pasado mañana-¡Exacto!,veo que sabes contar.- Creo que estás exagerando. A lo que voy es que no quiero una relación obtusa y formal, cine de autor  para treintañeras.- Dicen que no te ha quedado machista.- Dame vida y no pintes muebles a este cuarto, está mejor con el intrínseco olor a demencia.- ¿Que te dé vida ? ¿Más de la que vomita tu mundo interior ?- Captado. Entonces hablemos de nombres-¿ Nombres?- Sí. ¿ Cómo llamarías a esta sopa de sobre, que ni sabe a amistad ni puede cocinarse más ?- Entonces ¿qué se supone que es ?- Eso te pregunto yo- ¿ Qué es para ti ?- En fin, jugadora le llamaban...Para mí somos novios.Pero no quiero que suene ni arrogante ni cordial.- Novios...- Sí, ¿y tú ?- Te lo diré cuando nos veamos.- Eso no es justo, te está saliendo una cana, la veo , estás a tiempo de cortar su crecimiento- ...- Vive rápido, muere joven.- ¿Quién dijo eso ?- No lo recuerdo ahora mismo.- Novios...!Me gusta!.- !Se acabó el juego!- !Imbécil!- Solo puedo decir que lo siento, soy un escorpión.- ¿Y qué se supone que soy yo?- Una rana.-¿!Cómo!?- Ahora nos hundimos...- !Definitivamente estás tarado! No sé por qué sigo con esto...- !Esto sí que es Buñuel!- !Adiós!- ¿Sigues ahí?- ...- "Esta noche mientras dormías has sido mía, ya no podrás volver al convento".- ...- Descansa. Mañana volveremos a ser quienes somos...
Me he despertado detrás de una noche interrumpida. Antes de desayunar, he cogido la mochila y erráticamente he podio cumplir con mis obligaciones. Estaba legañoso todavía pero la intensidad de lo vivido anoche me mantenía bien despierto. Ahora ya es por la tarde y la credulidad de esa vivencia se ha tornado prácticamente en sueño. Así lo pienso, cuando aún no he recibido ningún mensaje de ella. Creer, pues, casi con seguridad, que todo lo bueno se asemeja a un polvo estelar que ha dejado un halo tan tenue, que ya no se reconoce sino su imprevisible y fugaz deambular, no resulta extraño.Tampoco necesitaría de ayuda para pensar en un nuevo sinsabor, pero la sola intuición del fiel fantasma me revuelve las tripas y me hartaMe quedo, de momento, con el consuelo de la magdalena de Proust, y la reminiscencia de una infancia tierna, atendida y despreocupada, un bagaje incompleto que impedía prever la caída en la distancia.Esa lágrima de felicidad, que en este preciso instante me sortea creando un temible surco en torno a mí, está llamada a ser la sepulturera de un borracho enmoradizo . Pero eso no importa, el sedimento es resbaladizo y el barro no se ha secado. Quedará tiempo aún para chapotear con la cabeza vadeada implorando amor a destiempo, una cualidad cruelmente intrínseca y veraz.
La CHICA danesaDesde un balcón teñido se vislumbra el origen de una lágrima contenida... Tersos y confusos pómulos dialogan con una voz clara y divinaLa contemplativa vida del pintor en el mismo rincón, diluida entre fiestas de copete y cigarros con boquilla, se desprende y marca sus propios recodos, aferrada a una identidad desconocida e imbuida por una certeza que irrumpe subrepticiamente.Los peces y los barcos que atracan en Copenhage sirven de paleta al director para exhibir el fresco de una sombra que únicamente anhela hallar su horma.Allá, más lejos si cabe, se derrumba la otra cara del matrimonio, la segunda mejilla de un ser cómplice inocente de la ruina y la incomprensión, la frustrada existencia de quien se vacía por henchir los resquicios inhabitados de los demás.Entretanto , los retratos de alguien que no conoce su piel se desvanecen tiernos y tranquilos durante el sueño reparador de unas manos asidas con gracilidad a la almohada. Ser artista pasó a un segundo plano, un esbozo reducido a la dedicación auténtica y sin fisurasEl escenario muta con una facilidad detrás de los pilares de una sociedad estigmatizada por talentos histriónicos y acaudalados. De bigotes y levitas, de creencias desechadas y de sueños casi palpables. Los residuos de la Belle Époque abren paso a un surrealismo en ciernes, un optimismo camuflado de apariencia y metal.Pero la muerte no cesa y en su camino pedregoso recoge los cuerpos que yacen en las acequias, solos, incorruptiblemente desamparados y con el único abrigo de saber que algo o alguien más vital y sincero que nuestra almidonada chaqueta bulle dentro de nosotros.La estética ha muerto en manos del lirismo, las voces exhaladas se distorsionan hasta cobrar sentido con el singular fin de concernir la unión de dos almas. Nace igual que perece el valor descorazonado, mas en esta ocasión la balanza ha decantado su figura vacilante hacia un mundo pleno y completo.Lili ha vencido a la vida
 Lágrimas huidizas marcan la incredulidad de la tardeCaminos desdeñados que llevan a ninguna parte, Acuden al nostálgico cadalso de martillazos sobre la sien, Cuando  El silencio penosamente ofrece combate Evocando unas manos espesas forjadas de hiel Los olivos aún verdean cuando la noche adusta se cierneProtegiendo su color de la inacabado rumor agrietadoY ésta, prendada del olor aceitoso que expiden sus huestes de maderaDe astillas apuntadas hacia el cielo  estrelladoRetrasa su llegada, víctima de una ilusión traicionera  En un pazo descansa el pastor y su perro, Debatido lenguaje entre gañidos y cariciasDe muerte advenediza, y vencidos guerrerosCuando  El viento sopla arrastrando las hojas Recreando la vida alrededor de los senderos Allí yace el cuerpo del animal, descuidadamente soloMientras la pala cava sin dilación su lecho, Bajo la atenta mirada del chamizo destartaladoAtiborrándolo de tierra seca y guijarros de otro tiempoY más abajo, dónde el último ladrido invisible se hace ecoAún Brilla la estampa de su eterno cabello almidonado.
H. cerró la puerta tras de sí y vio una estrella caer del cielo antes de que amaneciera. Nunca antes había soñado aquel atisbo de lucidez. Pensó que ese destello traería algo más que una taza de café y unas tostadas negras. Quitó el hielo del coche, pues la incipiente aurora precipitaba el relente como una coraza sobre el cristal, y encendió el vehículo. Al pasar la mano por el salpicadero le pareció que éste fuera de otro material que no fuera plástico, más suave y sin rastro de protuberancias industriales propias del desgaste. El frágil movimiento de su mano le condujo a otro tiempo, hasta que un ladrido no muy lejano lo privó de su ensimismamiento. Algo tocó la ventanilla del copiloto. H. dio un respingo y se incorporó en el asiento en ademán de reconocer la figura que miraba a través la oscuridad. El cristal se empañó con su respiración y para cuando H. bajó la luna, la sombra había desaparecido. Salió, sin aliento, con cada paso alicatado al suelo, y rodeó desconcertado el coche. Nada ni nadie. En lugar de la aparición, junto a la puerta del copiloto, se esbozaba un círculo seco y creciente. La rapidez con la que el radio comía el suelo impregnado de humedad le hizo retroceder varios pasos. El terreno comenzó a quebrarse y de repente, otra estrella, de mayor tamaño y más intensa calló en algún punto cerca de su casa. El espectro ya no medraba, pero un silencio agudo y sin lindes se apoderó de los últimos vestigios de cordura. H. intentó arrancar el coche en vano, ya que el contacto no emitía señal, por lo que decidió volver a casa y hablar con su hermano. -         ¿ Mikel..? -         … De la cocina colgaba una bombilla sin lámpara, un halo mortecino, tan tenue que la casa parecía estar perdiendo la vida lentamente. El cuadro eléctrico había sido manipulado y no respondía, el resto de la casa fluctuaba en vaivenes interrumpidos de claridad. Se oyeron unos pasos bajar en el hueco de la escalera y en un arrebato insostenible nuestro protagonista se dirigió hacia el sonido esperando librarse de sí mismo. Cuando alcanzó el primer escalón, la pesadilla seguía ahí, delante de él, agazapada entre dos pisos con una mirada aviesa y resplandeciente. H. se acercó, sumido en un trance inexplicable, y estiró su brazo. “La verdad está más allá” -¿Quién eres?- musitó reprimiendo el crujido de sus entumecidos pulmones. Un vórtice anaranjado comenzó a erigirse sobre la sombra mostrando un laberinto de cuadros de diferentes escenas bizarras y familiarmente deformadas: Un espejo suspirando, unos ojos estridentes, un corral anegado de lápices, la epilepsia de un cadáver, una geranio sin tallo, la flauta que no calla… Súbitamente un estallido detuvo el frenesí, la sien de H. martilleaba sangre con fuerza. No quedaba en la escalera sino el reguero de sudor decolorando una pared recién pintada. La luz había vuelto a la casa y se escuchó el ruido de la tostadora. H. bajó tambaleándose hasta el umbral de la cocina. Su hermano estaba haciéndole el desayuno, como todas las mañanas, y sonría con sagacidad: - ¡Con calma!, o volverás a llegar el primero…  No dijo nada, fue hasta la ventana que daba a la calle y retiró la cortina. La primera de las estrellas calló de entre la obstinada oscuridad. Se volvió hacia su hermano para intentar explicarle algo coherente. Antes de que pudiera abrir la boca se escuchó el ladrido de un perro… - ¿De dónde vienes, hermanito?
STENDHAL
Autor: javier castillo esteban  341 Lecturas
Me dolía la cabeza de tanto pensar en el asunto, aunque no era eso lo que no más me irritaba, sino la interminable diatriba de mi padre sobre los malavenidos consejos que rodaban de lado a lado entre dos amigos en la misma situación. Qué pensaría el sol de aquella tarde despejada sobre nosotros… Lo más probable es que fuéramos de risa bajo el armazón de un Seat destartalado… Cuando se calló, me quedé contemplando el campo, las enormes extensiones de trigo que lindaban con el badajo de promontorios redondeados, envolviéndolos en tonos dorados hasta que la noche volviera a buscarlos. Esta imagen me llenó de serenidad y me recompuse ligeramente, el sueño se apoderó de mí antes de poder escuchar el siguiente sermón.   Después de aquello no recuerdo nada más, casi con toda seguridad. Me encontré delante de una valla en mitad de una gruta mientras algo parecido a un tejón me miraba de reojo. Pese a lo grotesco no tenía ni fuerzas de asustarme. Estaba encerrado. Sobre la plataforma carcelaria un cristal puntiagudo en virtud de lanza lo amenazaba frenéticamente. Mis pupilas seguían el hipnótico caminar de aquel ser extraño y silencioso rodear el habitáculo, pues al final de cada paseo señalaba con su pezuña el principio de una trocha… Cuando me dispuse a recortar el camino, gritó algo ininteligible, parecía una advertencia a juzgar por su alteración. Seguí, y a medida que avanzaba ramas de gran tallo y hojas muy verdosas me golpeaban en la cara una tras otra, no dejándome atisbar el metro siguiente. El silencio tenía delicados tonos imperceptibles que hundían al cuerpo en un estado húmedo e inquietante. Ya poco quedaba de el sol radiante, pues su esfera se había desecho paulatinamente entre  la exuberante telaraña tejida por la naturaleza.   El sendero era prácticamente lineal y terminaba en un recodo seco. Un hedor insoportable provenía de debajo de varias maderos superpuestos en forma de cruz .Sin detenerme a pensar sobre mi situación retiré con cuidado la cruz y escarbé sobre la tierra, que se elevaba creando un aura polvorienta sobre mí. De repente el suelo cedió en ese punto y caí de bruces contra una chapa metálica. Un escalofrío me recorrió la espalda, era el coche de papá. Me deslicé rápidamente del techo, pero los cristales se habían tornado opacos y no podía discernir nada del interior. Dudé si abrir la puerta, me temblaba todo el cuerpo. Cuando me decidí posé la mano sobre la manilla del conductor, sentía mi sangre congelarse por segundos, me faltaba aire. Instintivamente alcé mis ojos por encima del marco de la puerta… El tejón me miró sonriendo con sus pezuñas incrustadas en el volante. 
AMANECE EN EL CONGRESO  Se escucha el giro recalcitrante de unos radios de bicicleta Son modelos idénticos a los de verano azul aunque minutos antes juraría haberlas visto aparcadas a la vuelta de la esquina… En cualquier caso, ahora llevan el sello Europa y traen consigo el descrédito, por ello se dejan el pulmón, apartan su corbata y pedalean con la misma intensidad que sus ganas por salir guapos en pantalla.La ocasión bien lo merece, se trata de la asunción de una nueva cámara, un hemiciclo repleto de caras extrañas, rastas atusadas, y bebés utilizados…Algunos medios han otorgado denominación a la obra: “La vuelta al cole”, y en verdad no les falta razón, porque la amalgama de jueguecitos y sonrisitas caballonas ha ocupado toda la mañana, mientras los “profes”  intentaban educar, inútilmente, a los nuevos alumnos. La honrosa instrucción se ha reflejado mediante una mezcolanza insoportable de emociones, coronada por la incredulidad y calzada por la resignación, pues aquellos que eran protagonistas no lo han sido tanto y por ello han resuelto despotricar acerca de las generaciones venideras. En un intento épico, los más elegantes han empleado su pericia en corregir la posición de la levita y encauzar el camino de un rizo sin gomina, para, entre clase y clase, lanzar insolentes miradas hacia los neófitos que trataban de abordar materia de adultos delante del objetivo. En algún rincón del pabellón, los había que todavía pensaban en el hecho de dejarse una barba con chinches o una camisa sin planchar para motivo de mayor pavoneo, si cabe. Lo mismo debían barruntar sus ignoradas flatulencias antes de salir despedidas bajo el yugo de un trasero respingón que finalmente ha hallado los suntuosos sillones de cuero granate…Ahora entiendo que prefieran no ducharse a tener que acarrear con el peso de que a uno le hagan partícipe de  “La Casta”.El resto… ¡Igual! Y lo más preocupante está en saber si esa palabra tiene una connotación positiva o negativa, una incertidumbre que comienza a descubrirse demasiado cierta.Será pues que ya no se trata de legislar ni forzar el rostro hasta los límites de la adustez y la solemnidad, sino de competir en una carrera de disfraces grotescos, donde la bandera blanca se empuña con fuerza a pesar de hundirse el barco. Las ratas perecen, pero los necios también.¿Y el Senado…? ¡A quién le importa el Senado! A lo que íbamos:“¡Sí se pué!"
“ESTÁN VIVOS” DE JOHN CARPENTEREn las estribaciones de esta cinta de serie B se cimenta la idiosincrasia colectiva, el valium de postre que ingerimos inconscientemente . Muchas pasos que hacen ruido, cabezas erguidas que transitan con miedo a vacilar, pero serenos bajo la atenta mirada del reposo y el sueño reparador. La comunicación de masas tiene un único sentido, no cabe el feed back, ni el rebote de la información, somos sujetos pasivos de mensajes codificados e ininteligibles. Esta relación desigual o "asimétrica" propia de la masa, igual que un esclavo con grilletes, nos convierte en meros espectadores, donde el mago enseña el conejo de dientes blancos, y no la pantera de ojos sibilinos, donde la publicidad se torna en “obediencia”. La utilización de un medio como la Tv, instrumento ideológico y "fidedigno", pudiera concernir, tal como yo lo entiendo, a una dura crítica dirigida al proyecto consumista afincado desde mucho tiempo atrás en los altares del sistema occidental.La cola del Dragón serpentea sin tregua, si bien baja el pistón de la inquietante primera media hora, ahondando en el descubrimiento, el despertar, el arcoiris desteñido que otorga la auténtica forma a nuestro mundo. De este punto, y sin entrar en detalles de la trama, me quedo con la encarnizada lucha de la ignorancia a fin de seguir caminando sola. Esto se traduce en una sarta de golpes y mamporros entres los dos compañeros de obra en un callejón, entre la oscuridad y la verdad, entre la felicidad, virgen y honrosa, y el fango de lo desconocido.No queremos observar, solo mirar, tomar el bebedizo para no deshidratarnos, vivimos deprisa, montados en bólidos que respetan las leyes de tráfico, a pesar de no entender el significado lo que el semáforo indica.En este ocasión está verde, y nos ha invitado a la fiesta de lo imperturbable, tomando como base la estructura institucional. Pero la verdad está compuesta de formol y no es inmortal, solo hay que ponerse las gafas…
Rebajas o migajas...En nuestro afán derrochador, cómplice de vestimentas malhumoradas, nos adentramos en el esperpéntico escaparate de nosotros mismos.No importa ya el carácter subliminal de la oferta, ni siquiera la cara bonita del vendedor. El objeto de la visita resulta de comprar y comparar si un establecimiento u otro defienden su postura, o lanzan sus productos a la hoguera de las vanidades. Entonamos una sílaba en silencio, un murmullo que solo nuestro ego puede escuchar, asediamos el mundano reflejo de gente sin escrúpulos ni conciencia, y una vez allanado el terreno...Preconizamos el arte y la cultura, sometiendo al instinto a las más inmisericordes bajezas con el único fin de ver nuestra sonrisa de medio lado.En mi caso la sonrisa trasciende en un gesto sincero, pues ni las compras ni el sabor de "fuentes de cartón" pueden impedir que me acompañe el viejo leño de la amistad, tu otra mitad, el vértice adyacente de un día impregnado de ganas de rompernos los bolsillos.
   He pensado en escribirte tu regalo… Para alimentarte con letras y arrullarte con versos Pues en este día de campanas bandeadas e ilusiones irrompibles Sólo tengo fe para lo que mis yemas transmiten a la noche   Mis secretos son tan frágiles como dos gotas de agua Debajo humedecen encima resplandecen Pero así han de seguir si nadie es capaz de interrogarlas Ya han vivido demasiado solas juzgadas por palabras   No hubiera sabido de la errática conquista De no ser porque mis intenciones se han hundido en la certeza Sabiéndote mujer contraria y firme ante no pocas Desprendidas lisonjas y malhumoradas vilezas   Mis sueños duermen junto a ti, en un plácido dormitar Creyéndose a salvo de criaturas ávidas de incomprensión De obtusas y ajenas miradas que anhelan vernos desunidos transitar Y ya no puedo compartir su inhóspita reflexión   A veces deseo viajar tan lejos de aquí… Que en el ensayo he olvidado que un día fui feliz en la orilla Contando las ondas que describe tu voz Inmerso en el cántico que se repite atronador 
EN VERDAD
Autor: javier castillo esteban  447 Lecturas
PIRADO, INSPIRADO, EXPIRADO…   Han sabido de las ganas de escribir, las escucharon destilando lágrimas detrás de dos párpados caídos. El mismo impulso que me arrastra a grabar líneas quebradizas y sin sentido, confiere a mi corazón el descanso de exhalar profundamente para mirarlas de frente. Un hálito se pierde con el viento siguiendo el rastro de sílabas entonadas, de secretos que refulgen de noche y se ocultan de día, imperceptibles al ruido, ajeno a éste… Cuá es la razón, o sinrazón, que mantiene vivo el espíritu del escritor, viejo o joven, bueno o mediocre, pero harto de confesiones, de palabras de verdad que únicamente encuentran cobijo en el papel mojado y blandido por el viento. Así, aferrado a los rieles de montaña rusa sin lindes, me desprendo de todo aquello que respira dolor, congestión putrefacta que deambula entre edificios. Ahora soy libre porque te siento cerca, tan cerca, que has desaparecido otra vez. 
Una vez...Hoy he visto a un niño sonreír detrás del televisor. Un rostro rubicundo que rezumaba serenidad.En ese cuadro, con el celo propio de la inocencia, El Niño atusaba el pelo lacio del perro. Este animal, de piel negruzca y orejas gachas, respondía al tacto con lametazos interminables, reptando con su amor a cuestas sobre una piel incólume.Los ojos de aquel ser insignificante brillaban en la impenetrable oscuridad de su color.El tiempo había fagocitado la bondad y la ternura , tornando los párpados persianas echadas. ¿ Quedaba algo de aquel niño ?
UNA VEZ
Autor: javier castillo esteban  223 Lecturas
Episodio XI: El despertar del Inmovilismo.Ayer fui a votar.Cuando llegué al colegio no vi el habitual Patrol de la Guardia Civil custodiando nuestro voto y me extrañé, pues a priori eran las elecciones más candentes de los últimos años.No se por qué pero el mero acto de votar me endurece el gesto e incluso adopto una actitud bastante sobria. Ni la resaca, ni los consejos de última hora me hacían pestañear ni confundir la papeletaLa gente reía, charlaba(o más bien vociferaba) y hablaban de las navidades o el partido de Osasuna. Alguno que otro, lejos de estas dos empresas, cotorreaba y escudriñaba desde algún rincón a los vecinos del valle, haciendo del colegio un mentidero, la sala de estar de las hacendosas zurcidoras.En esta ocasión me pareció que la participación era masiva, aunque seguramente fuera la hora, después de salir de misa, tomar el vermouth o sacar al perro, la principal responsable de este pensamiento. También el tiempo, bastante suave para la época del año, pudiera tener algo de culpaHasta ahí todos contentos, una croquetita, un Martini, y a esperar…Mientras en una Galaxia muy lejana ...(. Esperar , esperar ... Practico ejercicio de relajación cuando nos ponen unas elecciones en diciembre, como si el voto por sí solo fluyera a la urna y usase la Fuerza de sus ancestros, los árboles, pidiendo desesperadamente consejo, y el consejo fuera : ve a comprar al Corte INgles, festivo de apertura ... )Pero las esperas discurren por caminos paralelos a nuestras ganas, así que amenizamos la tarde con la mejor película de Star Wars desde que se volatilizasen sus personajes allá por los 80. Quizá la única vez en la Saga que el director de la película quiso, en un ejercicio de humildad, no mostrar las armas tecnológicas que tiranizan a las grandes superproducciones del s. XXI.Han Solo, Leia, Chewie, Luke… Incluso el busto desfigurado de Lord Vader consiguieron hacernos vibrar...Recursos sencillos y eficaces que quedaron ligeramente empañados por un archienemigo patético. En definitiva, viejas glorias que rememorar y disfrutar en compañía de un viejo amigo.Llegué a casa a eso de las diez, y en la tv se daba a conocer el mapa coloreado con la tinta de los principales partidos políticos. Por un momento pensé que “el cambio” no era, únicamente, lo que recibías cuando pegabas de más una cuenta. Al margen de los malos resultados de los dos monstruos, que aun con todo seguían a la cabeza, se apreciaba una mayor representatividad. Sin embargo pronto se diluyó la ilusión y se transformó en una indeseable y viscosa certeza, que deduje en la siguiente dicotomía:Inmovilismo A (voto rojo y azul) frente a Inmovilismo B( voto morado)Efectivamente ya no eran dos partidos, eran tres, solo que el último aglutinaba a las fuerzas inmovilistas del grupo C, al patriotismo rancio y desfasado de los megalómanos, y a la carcoma barnizada con toneladas de Polyform.Sentí vergüenza al escuchar "sanidad pública, blindaje de derechos sociales, solidaridad y pluralismo"pues inevitablemente fantaseaba con Testaferros en bandeja de plata para el voto útil y casitas de piedra en Pals. La obra inacabada del secesionismo encubierto toca a su fin, es hora de coger la espada láser y empuñar la bandera del " sí se pué"La "primera orden" tiene su nueva Estrella de la Muerte. Eso sí, esta vez sin efectos especiales .
Una sorpresa descubrir que Ella es escritora. Una sorpresa, por otro lado, partida por la mitad, pues sus versos no vacilan y navegan rectos y afilados hacia la bahía. Por fin, la voluptuosidad de tus versos se traduce en voz, un hilo liviano y erguido que susurra al alma. Su nuevo libro, con tapa de mujer y palabras de mujer, no muestra sino el carácter firme de una vida sin tapujos ni remilgos, sin añadiduras de cartón ni palabras deshechas. Habla una escritora, pero también un corazón, sumergido en los confines de la exuberancia, donde refulge al mismo tiempo una ardiente pasión por escribir y un nacarado vergel de emociones. Aún no sé muy bien cómo corresponder a aquellos renglones que perforaron los muros de mi ego, convirtiéndolos en roca sobre roca,  en una mirada paralizada por el miedo. Temblaba ante una fuerza inconmensurable y desconocida que había irrumpido sin llamar, anegando mi reino de letras feroces e inmisericordes, de sílabas que subyugan a quien se atreve a mirarlas con distancia. Poco más se puede decir sobre ti, reina de los hombres y embajadora de la literatura. Sólo me queda recordarte que aquí tienes a tu fiel séquito de lectores empedernidos, encandilados con tu sola presencia, y a mí, particularmente, como siervo de tus enseñanzas y escudero de tu camino.   Eres bella y contagias tu mirada.   Tuyo. Javier Castillo 
La conversación ( 1974) FF.CópolaGene Hackman es "Harry"Aún escucho el diálogo en forma de latido que emite el protagonista...Clarea, oscurece y vuelve a clarear, bajo un rostro desconocido, pero de tan bellas facciones que no he de olvidar. Mira desconcertado la vida pasar, igual que un atisbo que lo ha de encerrar en su universo de lagrimas encerradas por no llorar, las más tristes sombras yo vi vagarLuces y sombras, sombras y luces para servir una copa al piano que nos alicata a la butaca. Esta noche... "La conversación", obra maestra de los 70 y, posiblemente,la película más introspectiva de Cópola. Tras el rastro de Hitchcock y la tenebrosidad digna de un argumento vulgar, el director nos presenta al antihéroe, un perfeccionista y solitario detective condenado a vivir en un mundo extraño, rodeado de amenazas.El amor está sobrevalorado mientras el saxo golpea los estantes del eco, un eco ensordecedor. La sangre circula libre atemorizando a los sentidos y creando las escenas más estridentes grabadas detrás de una cortina y un cristal translúcido. Psicosis tiene celos de la chica fea y discreta que baila ahora...Harry contra Harry, la corrupción del espíritu, la inútil búsqueda redentora, y finalmente...la bacanal de la esquizofrenia. Apoteosis como colofón para un thriller de culto que discurre a hurtadillas paralelamente a la celebérrima "Taxi Driver". Música para camaleones y para algún que otro adicto al arte, cualquiera que sea, pero con las mismas agallas. Algo o alguien que demuestre que no es verdad que antes es mejor que ahora.Dame cine y dime tonto, pero... Dame Cine.
(Pamplona. 24/11/2015.El artista Abel Azcona expone una obra titulada Amén, donde dibuja, con 242 hostias consagradas, la palabra PEDERASTIA) Una carrera meteórica la de nuestro venerado alcalde que, cuando no pone pañitos con la Ikurriña en todos los sofás, avala y subvenciona el “arte” de los intelectualoides navarros. Abel Azcona es presentado, en este caso, como triunfador del concurso de vanidades en el que siempre participa el mismo equipo.Huelga juzgar la exposición de este personaje destapador de complejos y prejuicios.Pues,querido Abel,no es  algo grave que insultes a la religión, ni siquiera a una región eminentemente católica, tampoco tu jactancia sobre la epopeya de recoger cientos de hostias consagradas en las iglesias. Lo que realmente evidencia tu palurdismo y cerrazón es el constante empeño por asimilar la forma al contenido, la libertad de expresión como ente conceptual o la práctica de la misma.  Si opinas que destruir es construir, estás en lo cierto, pero en tu exclusiva certeza, muy lejos del sentimiento del que dice libremente, habita la cabezonería de un ser vulgarmente incomprendido.En los tiempos del "Pray for Paris" la arrogancia alcanza cotas impensables y el descaro manda igual que un paladín envalentonado. En cualquier caso, ni la confrontación que pretendes, ni el falso disimulo de tu obra, merecen mayor mención que la que adorna el sensacionalismo de saldo de los dos panfletos forales.Después de anunciarse el esperpento, hordas de católicos asaltaron el museo sito en una plaza de nuevo nombre, que no dudo que lo merezca más que el anterior, pero que una vez más es impuesto. Polémica en bandeja esmaltada y dispuesta a allanar la vereda por donde cabalga el caballo de las dos mitades. La misma náusea que me ha producido la intención de una obra catalizadora de odio se ha adueñado de mí al presenciar, in situ, cómo los enviados de Dios organizaban una cruzada contra el analfabetismo del pueblo, en un gesto de querer confesar los pecados de un pobre diablo.Con todo, los ingredientes siguen sobre la encimera, secos de tanto esperar. Sombras desfiguradas sobre los posos para una masa subyugada por ídolos de audiencia y  mensajes lobotomizados.Aún así...debemos elegir...-¿Qué va a ser? ¿Alubias con chorizo o garbanzos con jamón? (La carta, en verdad, no es muy variada, y ambos platos me producen aerofagias)-¡ Dame un vaso de agua!
El día 5 de enero, después de infructuosos ensayos, se decide retirar al paciente J del programa debido a la constante negación de lo acontecido y su parentesco con el equipo docente. De cualquier modo, el cabello sintético y los productos cosméticos siguen en su poder con el fin de encauzar el pensamiento inconsciente. Ha superado su primer “periodo”, sin embargo aduce no reconocer a su beneficiaria.  Quizá sea demasiado prematuro enfrentarla con ella misma.   Día 1   No hablaré de Gertrude a nadie, de lo contrario, no tendría sentido nada de lo que voy a relatar. Sólo diré que es bella y peligrosa, como toda naturaleza que provoque conocimiento y tentación. Ella me ha arrastrado hasta donde estoy, no la culpo, al igual que no me culpo a mí, pues quizá sea inevitable que las paredes de la habitación no tengan ventanas ni tampoco cordones mis zapatos. Ahora, con más intensidad, la recuerdo sin su máscara. Sé que está al acecho, un soplo de viento ha cruzado sobre el espacio cerniendo un extraño silencio.     (Nota)   Gertrude… Relámpago infinito Caricia cegadora ¿Dónde estás cuando aquí no se oye?   Día 2   Ha comenzado a llover con fuerza cuando un silbato estridente nos ha guiado hasta el patio  El cielo ha seguido negro un buen rato y, en su dilatada expresión, ha  disparado con suspicacia a los que nos movíamos, apesadumbrados, mirando a los adoquines. Algunos se escondían, o quizá ni siquiera eso, estaban presentes en otra calidad orgánica. Otros, caminaban deprisa, con rabia, articulando miradas frenéticas y ávidas, no sé muy bien de qué. De vuelta a mi tabuco he leído varias páginas de un libro venerado por muchos y leído por pocos. Yo lo interpreto a mi manera y copio los pasajes que más me enseñan. Después de dos capítulos la imagen desfigurada de ella me ha hecho estremecerme y cerrar los ojos. He apagado la luz y me he sumido en la oscuridad.   Día 3   Un sueño escalofriante me ha despertado a las 8.00. Me encontraba solo en el bloque de hormigón, solo podía oírme, nadie más hablaba. Tenían la boca sellada y sus ojos enormes me miraban altivamente. Eran fotografías de los antiguos propietarios que, desde cada ángulo, querían arrancarme la ropa con su diabólica sonrisa. El día normal, aunque necesito hacer un gran esfuerzo por escuchar a mis compañeros.   Día 4.   He acudido al médico al punto de la mañana, la incipiente sordera de ayer me hace interrumpir los ejercicios pidiendo a gritos que me repitan cada frase. Palabras huecas retumban como un ladrillo al final de un pozo. Mis compañeros creen que finjo y eso me hace estar más alerta.       Día 5   Mi piel es más suave. Me gusta deslizar mis dedos sobre la esponjosidad de esta nueva textura. Pero me siento vacía, extraña en este cuerpo tosco y descompensado. Ya no me dejan salir con los demás. Los únicos rostros que deambulan por el pasillo palidecen de frío y tampoco los envidio. La corriente, intrusa, se cuela cuando se abre y se cierra la puerta y una gélida sensación  penetra entre mis piernas. A pesar de la temperatura no paro de sudar…    Día 6   Una mujer frente a mí. Me han atado a la cama. En un bolsillo de su bata un alfiler sustenta el aviso de plástico: Gertrude. He chillado sin oírme y han venido más médicos. Después de varios calmantes me han soltado las cintas de goma y he escrito con el único instrumento que poseo, mi sangre.
GERTRUDE
Autor: javier castillo esteban  225 Lecturas
DEMONIZAR LA DESGRACIASería estéril, a ojos de todos, encaramarse a la ingente cantidad de demostraciones que lucen solidarias en un viernes 13. Ya lo sabemos, y es evidente la náusea que nos produce ver una vez más la bandera tricolor con nuestro rostro estampado. Ciertamente deberíamos reflexionar sobre qué está superpuesto, si el propio rostro, o la bandera. De la misma manera, todos conocemos la repulsa que practicamos hacia actitudes hipócritas, menos cuando es la nuestra. Realmente es complicado comulgar con todo lo que se escribe, se dice o se hace. Pero quizá, este último verbo reverbere con mayor intensidad en nuestra conciencia en el momento que estamos sumándonos al carro de las vanidades y la imitación de un Hermano Mayor más vanidoso, si cabe. Hacer no es rehacer, y de hecho deshacemos cuando lo volvemos a hacer. Parece patético aquello que resulta una perogrullada, sin embargo deberíamos analizar las suposiciones más pueriles y sencillas antes de rebotar la “creatividad” de algunos medios/personas con ideas estridentemente geniales.He visto el perfil de una mujer en los años 60 derramar una lágrima, aunque no sé si es de dolor o de conmiseración, pues si Audrey Hepburn ha sido cartel de algo tan descabellado como es la muerte, significa que estamos dignificando la obra a través de un retrato demasiado aplaudido.
Solo quedan mis manos que, al contacto con tu pelo rojo, se vuelvan ceniza. Tu sencillez refulge por la noche y me guía hasta tu pecho. Allí descanso al compás de un rumor entrecortado, interrumpido cuando hablas con lágrimas dilatadas, cuando los pómulos de confesiones se encogen. Quisiera escribir de tí a los demás, pues nace de mi piel la necesidad de exhibirnos juntos, mecidos por el pasado, ora arriba ora abajo, igual que el océano azul y escrutador. Pero solo queda eso...Mis manos enredadas en el fino vello de nuestro reencuentro, tan custodiado que no recuerdo si fue verdad o fue silencio
Si tu desdicha es quererme mi fortuna es no verte Si morir no es para tí vivir lno significa para mí Si aun con todo ríes seré yo en quien confíes Si tu lágrima reluce a mi eterna pena conduce Si me anhelas cerca tendrá sentido que desaparezca Si me extrañas lejos Convendrás en no vernos Si crees en la ambigüedad somos nosotros ,de verdad  
 Quizá una crítica sea más aguda y válida en torno a otro ser igual que tú. La luna será igual de bella para los dos, aunque los matices que resumáis difieran por entero. Granos que flotan en la capa más blanca, que se muestra más rabiosa y pálida a los ojos de otro bandido. La luz se ha ido apagando y no nos hemos enterado, el cielo negro es más negro y solo la pobre sombra artificial perdura con fecha de defunción.Obligados a convivir hemos nacido y también a aguantarnos , por muy lejos que estemos. Porque siempre recordará mi lecho cerca de otro hombre más fornido y menos cabal que yo, más feliz y menos confuso que los dos.
Todavía tengo la cara grabada de un tío que, con gesto displicente, nos ha invitado a apagar el flash del móvil . Pensábamos que la basura espacial se había evaporado con los créditos, pero a la pesadilla todavía le quedaba algún minutito. Los más listos y apresurados apuraban ,hastiados, las últimas estúpidas bromas del corsario sideral y el resto de sus compinches, recostados sobre el pasamanos que da entrada a la sala. Entretanto, los espectadores más recalcitrantes, entre ellos nuestro amigo barbudo,esperaban el último cohete.La bendita claridad de los focos nos ha permitido, por fin, movernos de nuestros ajados asientos y poner rumbo a la tierra.Ya los vaticinios publicitarios nos avisaban, y ya se sabe que el que avisa no es traidor, de que la película era "divertida".Ciertamente no sé qué gracia se puede concluir de quedarte más solo que la una en otro planeta y con remotas posibilidades de regresar. Pues nada, Matt nos demuestra que con un poco de ABBA y mierda humana la vida puede ser maravillosa. También se alude en la campaña comercial de la película al "papel de su carrera"( refiriéndose a Matt) De verdad espero que se hubieran comido un buen hongo para decir semejante majadería o que después de todo sean accionistas de la fundación, porque de lo contrario ya puede comerse  tranquilamente la pensión de actor jubilado con sus deliciosas patatas al ketchup. Aunque pensándolo bien, ya que nos sobra el dinero, dejémonos de repetir escenas hasta la saciedad, pues la jeta de guaperas y el cuerpo escultural ya lo tenemos...La última parte del bodrio se concreta en una oda a la moda hipster y al  patético compadreo(con celebraciones dignas del mejor fútbol americano) de todo el equipo de la NASA y la agencia secreta de Mao tse Tung.ierra. Dicen los entendidos haber ciertas películas que ,aun teniendo coraje y buenas intenciones, su lánguido e impotente desarrollo muere en soledad y dejan una huella fácil de borrar. En este caso ni la epopeya de patatero marciano, ni el disco estudio improvisado en Marte me generan nada, como mucho hiel. Algo huele mal en la meca del cine o $uena demasiado poco, pues no me creo que a Ridley se le haya atrofiado el cerebro cuando viajaba por el espacio. Por cierto ¿es Jeff Daniels el jefe de la NASA ? ¿O lo he soñado?
15/10/2015 H DE HORROR   LLEVABA VARIOS DÍAS INACTIVO, PERO NO FUE HASTA EL MARTES CUANDO SE LO COMENTÉ A CARLOS: - NO LLAMAN- SU CARA SE MOSTRABA MÁS ABSURDA QUE SORPRENDIDA Y A MI, LÓGICAMENTE, ME DABA EXACTAMENTE IGUAL. AQUEL DÍA ME FUI A LA MISMA HORA QUE TODOS CON LA NOCHE RELFEJÁNDOSE EN LAS FAROLAS. BAJÉ LAS ESCALERAS Y ANTES DE SALIR DEL PORTAL OÍ UNOS RUIDOS EN EL TABUCO DONDE GURDABA SUS TRASTOS EL PORTERO. NORMALMENTE NO SUELO PREOUCPARME POR LOS RUIDOS, YA QUE LOS CONSIDERO CASUALIDAD QUE NO ESCONDE NADA. PERO ESTO NO ERA ALGO VULGAR, ERA UN RITMO ESTRIDENTE Y MACHACON Y SE HACIA OSTENSIBLE CONFORME ME ACERCABA. CUANDO LLEGÉ A LA PUERTA APRETÉ EL POMO CON FUERZA Y ABRÍ DE  REPENTE. LOS PAPELES TRITURADOS FLOTABAN DESCRIBIENDO SURCOS EN EL AIRE. EL RUIDO HABIA CESADO Y UN OLOR PUTREFACTO GANABA EN INTENSIDAD. EL PORTERO NO ESTABA AUNQUE SUS ROPAS SE REPARTÍAN DESPERDIGADAS POR EL SUELO, COMO SI LAS PRISAS SE LO HUBIERAN LLEVADO A OTRA PARTE.  EL SUCESO, LEJOS DE PREOCUPARME VERDADERAMENTE CONSIGUIÓ QUE ME AGITARA DURANTE ALGUNAS HORAS. AL DÍA SIGUIENTE EL BUZÓN ESTABA VACÍO Y LAS CARTAS, QUE NORMALMENTE SOBRESALÍAN DEL HUECO, TAMPOCO SE ANUNCIABAN EN EL RESTO DE LOS DESVENCIJADOS CAJONES DE MADERA. SUBÍ AL PRIMER Y UNOS GRITOS ME ALARMARON. CARLOS MANTENÍA UNA FUERTE DISCUSIÓN AL TELÉFONO. LA PUERTA DE SU DESPACHO SE ENCONTRABA ENTORNADA PERO EL SONIDO DEL FAX  IMPEDÍA LA ESCUCHA.  FINALMENTE SE ABRIÓ LA PUERTA EN UN IMPASSE ETERNO. EL TELÉFONO ESTABA DESCOLGADO Y CARLOS DEVORABALOS ÚLTIMOS PROYECTOS EN VIGOR. EL SOL HABÍA SALIDO.
La coraza apelmazada cierra la atmósfera y vacía las calles de aceras fútiles, deformando aleatoriamente las lindes del pensamiento cabal y mesurado. Si de verdad llueve, que me asista su frescor y me cale de humedad. Que atienda mi discordante fortuna para inferir que no soy nada si no destilan las nubes su pesar. Así, odio igual que amo las gotitas rompientes contra mi cuero, las hojas soldadas al suelo bajo su compacta dedicación, los exabruptos de jóvenes envejecidos, sin margen para las impresiones, concentrados en el ciclo mortuorio, la chispa con que las mujeres sortean vastos charcos, las miradas extraviadas y el sinfín de paraguas horteras y frágiles. No puedo vivir sin escuchar el silencio de un domingo gris y opresivo ni el gorgoteo atorado de las cañerías cuando aumenta la presión de mis venas. Los colores del mundo pierden valor y confieren mayor subjetividad a las cosas, más incoherentes pesquisas, y menos inapetentes conclusiones.   Esto es para mí el cielo y el averno, el placer y martirio; es, sin duda, las ganas de no vernos.
ESCAPAR
Autor: javier castillo esteban  309 Lecturas
09/10/2015 TANGO   -         Quién sos ? (autor)- En verdad no lo sé, pero tomando la tablilla hablaré de lo que mis ojos han creído ver. -         No te atrevés a decirme lo mío ( autor) Entonces intentaré decirte lo mío.   Para mí, evidentemente mío. Constituyo, pues, que eres la voluptuosidad convertida en llanto, la estridencia de la belleza que raya las curvas y pule el suelo. Firmeza vestida de coquetería, encanto demostrado, que no mostrado. Vasta blancura que azota mis sentidos frenéticamente y me reduce a la onírica vega donde me has encerrado. Has pasado delante de mí, por última vez, para dejarme engatusado. Te has desprendido del velo que te recoge para que advierta tu desnudez desnuda, la inmaculada marca de tu tentativa, los inescrutables recodos hacia el caudal de tu existir. Yo intento hablarte despacio, pero no puedo. El olor de tu cuello me conmina a confesarme con astucia, sin palabras que vilipendien este mismo instante. Miro mis manos, henchidas de vulgaridad, tampoco creo que ellas dobleguen un ápice de tu cuerpo, en apariencia inaccesible. Aun así rodeo con ellas el perímetro invisible que circunda tu resplandeciente figura. Absorto abro la boca sin pensar, sin percatarme que mi rostro se ha ido y en mis ojos solo cabe la pasión, la torpe destreza que usan mis gestos cuando intentan seducirte.   Todavía oigo el aliento de la plaza resoplando, exhausta de tanto acudir a nuestros cafés vespertinos, al lento desgaste de nuestros besos esculpidos, y al infierno de sufrir tu delicioso caminar. 
TANGO
Autor: javier castillo esteban  356 Lecturas
EraseheadHistoria de una recuperación ( y de mi atrevimiento) En el universo de las alegorías existe un pequeño reducto para el orden y la interpretación. A veces , de tan exiguo que resulta el espacio, perdemos el rastro de migas de pan y lloriqueamos a fin de que alguien nos encuentre y se apiade de nosotros. En este caso nos hacemos amigo de otro héroe desubicado: Henry¿realmente su nombre es ese ?Siguiendo las instrucciones de los rumores que navegan por viejas cañerías y  en base los infructuosos intentos por abandonar su tabuco, el triste impresor se entrega a la creación de un engendro imaginario ,pero real a nuestros ojos, de una brillantez repugnante. Una criatura monstruosa que alude, ni más ni menos, a la escisión más terrorífica de nuestro ser.El engañoso viaje por el matrimonio y demás parajes sin color deberían contribuir, gradualmente,al flamante delirio que pretende apoderarse del espectador.La cabeza borradora que brinda su peinado dibuja, igual que un lapicero, el infierno en tonos grises y enfadados, cimentando su propia existencia entre porciones de realidad y paranoia. El público respira a duras penas y abre los ojos cuando el viento que sopla a lo largo de todo el metraje se detiene. iar. Durante el proceso de regeneración de la memoria...Labios mojados en agua caliente que rodean la mirada sensual de la vecina suntuosidad. Embeleso y traición consumada,Pasión y deseo soterrados que se evaporan sin darnos cuenta. Un truco más del mago.Atisbamos una luz que nos prepara para el siguiente paso, un puñal teatral que nos tiende un rostro familiarLos deshechos ,que caen como copos de nieve impulsados con un ventilador , nos indican que es hora de tirar la basura.Luz y más luz.Él termómetro va a estallar y las tijeras rusientes ya se acercan con temor a desatar el sumun de los fluidos, la escena ficticia de un  morador agonizante.Desprendido del mal, desde un cerrojo observa el cierre de una puerta sin pomo, la alicatada caricia , la media sonrisa cómplice o la imagen de un extranjero sin cabeza, un pasajero invisible.Luz blanquísima Final o principio de una segunda oportunidad. Primeros planos para 1977, angustia, horror y compasión. Una declaración profundamente triste, otra obra histriónica ,Otro fenómeno excepcional.
1     Una flauta ensayaba sola al otro lado de la pared. El grupo de amigos soñaba sobre lo que de ahora en adelante permanecería. Jaime, el mayor de los tres, no se escondía ante la espiral verde que se advertía cerca de allí. Revelaciones salvajes y desaires asumidos en la intimidad protestona. Sandro, por el contrario, conocía su aceresco destino de placer en placer y Marco; aquél no sabía nada de lo que parecía real. Tres formas irregularmente definidas encima del finísimo papel inmaculado. Líneas negras muy marcadas y colores desperdigados. Eso, tan grotesco y sublime, eran las vías, las últimas traqueteantes vías. A las 20.00 h abandonaron el silencio, truncado de repente incómodo, para coger el tren que los llevaría hacia la despedida.     2 Sandro hacía ostensible su enfado por compartir asiento con otro desconocido, y más aún el hecho de que su acompañante, decrépito y maloliente, no articulara una sola palabra y respondiera lacónicamente a los infructuosos intentos de Sandro por entablar palique. Removido en el número asignado miraba el valle cerrado y pensaba en montar una venta de quesos. La visión de la emergente luna comenzó a producirle espanto.   3   Marco, en verdad, no ofrecía mucha compañía. Pero eso a Jaime no parecía importarle demasiado. Leían y respiraban acompasados intuyéndose cerca. El sentimiento poderoso y alicatado se mostraba impenetrable frente a la apariencia del frío extenuante. La situación les provocaba una sonrisa grácil y cómplice que hablaba en silencio cuando se sentían lejos de las miradas.   4   A las 22,00 h Sandro observó, con  un entusiasmo ojeroso, a sus dos amigos levantarse e ir hacia el vagón delantero. Hizo ademán de incorporarse pero Jaime le disuadió argumentando la señal del servicio. Sandro volvió a recostarse de mala gana.   5   El servicio pretendía ser una burbuja virgen y opaca, de un tono oscuro y similar al de su entorno. Sin embargo, los dos amantes no pudieron reprimir su deseo con tanto rigor. Antes de entrar en uno de los cuartos ya se besaban , incautos y despreocupados, volteando la puerta a su paso. Sandro, que se había cansado de mirar el paisaje, entró violentamente en el servicio. La puerta de uno de los cuartos dejó de moverse por fin. Los rostros yacían pálidos en el suelo y la vergüenza había anegado el espacio.
REGRESION Todo apuntaba al desastre. Palomitas por el suelo y una antesala desierta donde los únicos tertulianos éramos nosotros. Dos mesitas redondas y sucias componían un mobiliario desvencijado y dedicado a esperar de mala gana la proyección. Demasiadas señales que evidenciar y sortear. A las once y 5 minutos comenzaba, con retraso, la película. Ignora el monstruoso barrunto, me decía en clave de soliloquio. Ya en el asiento, y después de ver a Daniel Craig inmerso en la que se anuncia como la mejor trama de James Bond en años, llega nuestro turno. Palabras borrosas que dan nombre al título y superpuestos varios renglones que nos avisan de la temática de la cinta. No entiendo cómo el suspense enseña su badajo antes de ser encumbrado, aunque buen detalle para desviar, insuficientemente a la postre, la atención del espectador. Con todo: Satán para el público bueno y para las medias sonrisas santurronas que confiábamos en la pericia del director para salir de los atolladeros. Buen ritmo desde el arranque. Atmósfera rural y decadente, lluvia y limpiaparabrisas que funcionan, también coches de policía blancos y negros que nos llenan de nostalgia y regocijo… así que carita de embobado.  Etiqueta americana para fardar de producto nacional. Hasta ahí, todo bien. Pronto comienza a truncarse el visionado cuando de soslayo y con cara de preocupación, igual que la que pone el pobre Ethan, asistimos a, no a una, sino a varias actuaciones inverosímiles que juegan al pilla pilla en las estribaciones del patetismo. Indicios de fango debajo del espejismo. La tensión, si es que en algún momento la hubo, se diluye en medio de una serie de interrogatorios más parecidos a un casting  que al abuso de una rubia, joven y bella. Tampoco Emma convence en su histrionismo a pesar de las lágrimas de cocodrilo que recorren un rostro tan grácil como acartonado. El zenit de la película se acerca lánguidamente dejando varias migas de pan detrás de las espontáneas apariciones de una joven, vencida por la bucólica juventud de graneros y alcohol, que pretende abandonar su pasado, no sin antes provocar diferentes desdichas y el desconcierto del agudo inspector y su cínico acompañante. Clarines y timbales para un desenlace abrupto e insultante, aunque en armonía con el secuestro sin rastro de la intriga y el abandono total de cualquier elemento que respire la angustia de los primeros thrillers del chileno. La sensación, una vez que todos hemos regresado, es la de una mentira mal contada. La tenencia de una idea abrumadora, incluso para Amenábar, nacida de un suceso real, quizá excesivamente real.  Posiblemente Volver, sino es de la mano de Almodóvar, está sobrevalorado.  En este caso, la ingente publicidad puede haber sido el anodino presagio para impedirnos ver el bosque y ser conscientes de la protección de que gozan los genios cuando desfallecen.
REGRESION
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