• javier castillo esteban
raskolnikov
" vivir soñando, la vida práctica es un lío" doblev
  • País: España
 
        El otro día escuché que escribir no es trabajar, una ofensa no solo dirigida a mí, sino a todo aquel profesional o enamorado que dedica su vida a ello. De repente me sentí cansado, justo a pocas semanas de comenzar un nuevo viaje ligado estrechamente a este OFICIO.   Mi opinión, aunque merezca ser tildada de insolente, me confirma que cada persona explota sus aptitudes y desarrolla los recursos que posee, sean manidos o escasos, Sin embargo la experiencia se traduce en que nos dejamos olvidado el barro, con la intención de construir de adobe el futuro, creyéndonos ideólogos de la construcción por poner paja sobre paja, prescindiendo de la masa que la une En cualquier caso, la frase caló con posos, y me cuestioné: ¿Será que levantar yunkes es el único trabajo que concebimos digno y productivo, o que las ideas nacieron solas y fluctúan entre la niebla ascendiendo como el globo que perdió aquel niño? Las piezas encajan en este puzzle trasnochado y resulta  tristemente cierto, aun a día de hoy, y en lugares no tan recónditos, hablar de asuntos de hombres y de “cosas” de mujeres al margen de un todo. Heroicidades viriles frente a labores femeninas y abnegadas contradicciones que se camuflan en una atmósfera insostenible.   No hablaré una vez más de sexismo, sino más bien de las exiguas lindes que dispone nuestra mente anquilosada en el buen hacer y en la rectitud de una persona honorable Se me ocurren muchos ejemplos bien cercanos de frases entrecomilladas  “trabajar para ganarse el pan”, “eso son mariconadas…”,“ muchos pájaros en la cabeza…”que han conseguido bloquear nuestra creatividad, abocándonos a caminos sin salida. Pero no se trata de enumerar el  profuso legado de garrote vil que hemos mamado, sino de rebelarse contra las osadas sentencias de quienes nos ningunean y pretenden convertirnos en víctimas del tiempo que nos ha tocado vivir.   Queremos un futuro menos precario, lejos de pucherazos, con menos fútbol, con más verdades, con justicia y menos alardes. Partiendo de estas premisas, habría que ir pensando más en el deber que en los anhelos utópicos de “un mundo feliz”, donde todos nos miremos un poco menos el ombligo y prestemos un ápice de nuestra atención ahí fuera. ¿O sería ésa la verdadera utopía?
Eché una ojeada y la vi rodar sin control, arrastrando las primeras hojas de noviembre. El otoño había llegado tarde y no era costumbre, por ello los castañeros se asaban bajo sus tejadillos metálicos contemplando impertérritos a los paseantes. Para el resto era invisible, sin embargo a mi me sorprendió en el momento más astuto y atento de aquellos días, y podía apreciar el titilante sonido metálico y los pliegues cegadores que describía al circular. Una gigantesca moneda de una sola cara atravesaba calles y  pasos de cebra, cediendo el equilibrio al viento, exhibiendo la corona pero no el importe de su valor. Creí que ése, sin duda, sería el motivo de su paso inadvertido. Al llegar al cruce de m. con j. aminoró la carrera hasta detenerse apostada sobre los contenedores de una callejuela donde los restaurantes despachaban la basura. Llegué con la lengua fuera, presto a volcarme en la entrevista, cuando la inquietud centelleó delante y detrás de la imaginación más romántica y perfecta. Era demasiado tarde para echarme atrás, y ni siquiera la enorme visión de su diámetro consiguió disuadirme. La calle sombría envolvía su silueta dorada y los ecos del día morían a mi espalda, solos nos quedamos ella y yo. Le pregunté quién era exactamente y de donde venía, puesto que nunca antes había visto una moneda de única cara. Me respondió que esa era la manera de distraer a las masas y vivir tranquila rodando y conquistando en sus viajes  el aire embriagador  preñado de inesperados encuentros. También quise interesarme por su familia, si es que había recorrido medio mundo por visitarlos, y ella me contestó que el hecho de que buscara lo inesperado desmontaba la pregunta acerca de sus parientes. Me lamenté por mi torpeza y de repente me sentí profundamente triste y frustrado, entonces la moneda interrumpió mis lamentos, para orientarme hacia el origen.   Señaló el cielo, y en ese instante decenas de diminutos cuerpos dorados brillaron levemente sobre la tierra, planeando como hojas arrancados de un cuento. No era difícil de suponer que nadie más que yo presenciaba el espectáculo, y por ello mi última pregunta fue dirigida en este sentido.  -La respuesta es tuya, en esta acera y en el paso de cebra, en las ventanas de curiosos que ahora te graban hablando solo. Sin embargo, yo he salido de tu bolsillo, y te has preocupado por mi tamaño, más que por la pequeñez de las personas a mi lado. Has conocido mis colmillos, y aunque el oro nos camufle, cada uno de nosotros está destinado a elaborar su atención para evitar que mueran como otros lobos. Disfruta ahora de esta lluvia que parece eterna, mañana el cielo estará nublado.  
LA MONEDA
Autor: javier castillo esteban  184 Lecturas
Amigos virtuales, amigos que no se esconden pese a ocultar su rostro, Se han contado la vida en palabras descuidadas, calculando a ojo el alcance del disparo, cercano a la cabeza. Ya es tarde, y la noche no divaga a la hora de ennegrecerse por completo, despertando ilusiones desprovistas de significado en otro lugar     -Por los pelos… El viento ha pasado como una exhalación, llevándose consigo el soplido de otra confesión -Y tú ¿qué? -Yo… pues… Nací y crecí donde la hoja caía puntual, ubicado en la frente que tanto se retuerce , pero que pocas palabras derrocha -¿Eso es todo? Puedes mucho más! -Sinceramente no, pero prefiero saber más de ti, qué te hizo conocerme sin yo saberlo -Otro tanto a mi favor, por cierto, sigo ganando, faro distraído… de todas formas te creo, pero no estoy segura de la verdad que quiero -¿Tienes algún problema con mi silencio? -Más bien al contrario, dudo de que el silencio se adhiera a tus labios en apariencia tranquilos -Al final has resultado ser tú la suspicaz… -Bueno, quizá tengas razón, pero imagina ahora que lo vivido es un flexo bajo el cual nos escuchamos, y apartados de él, nuestro encuentro se disipa. -Yo lo llamaría fantasear, lo que existe son las letras que nacen del teclado e Internet dispone en tu chat -Demasiado relamido, ¿no crees? -Basta ya! No es sino una conversación extraña que nos quiere enredar -Tú lo has dicho, nos quiere… -Ahora la que noto extraña es a ti   Internet perdió la conexión, y las luces de la casa se apagaron en ese momento.   Fran se llevó la cuchara a la boca regocijándose de su encuentro con la creatividad. Acabó de cenar y revisó el cuadro eléctrico, comprobando que todos los pilotos habían saltado. Los subió, y la casa recuperó la calidez , ignorate de que toda acción tiene sus consecuencias. Las escaleras le condujeron a su cuarto,  al abrir la puerta una mujer apuntaba cada uno de los versos imaginados, robando la historia y escapando fugazmente por la ventana.   Fran no pudo hacer nada y lloraba sin remedio, hablando con su voz, arrepentido de soñar despierto.  
  En la parada de la Escucha todo el mundo reza, dejándose engullir por el espíritu  invisible. Acuden por este espacio las sombras de otras gentes que de tanto esperar sepultaron sus huesos sobre la acera, implorando un trago y un pan. La clemencia de pocos es reservada para las manos más rápidas que arrancan de su benefactor las migajas con apariencia exuberante cuando los clavos restantes son miradas destartaladas. Y así transcurren los días y las noches de aquellos ojos quebradizos y olvidados fluctuando en la misma estación, pendientes del tren rebosante de raíles de hierro y esperanza Entretanto la luna sonríe porque se sabe observada, núcleo incandescente de hormigas desperdigadas. Ella no tiene frío ni miedo, y por eso se cobija a la intemperie ofreciéndose confidente de la oscuridad y los relatos versados de miseria y necesidad, de astucia peligrosa en favor de la supervivencia.
RATAS
Autor: javier castillo esteban  249 Lecturas
Pocas películas transmiten tanto como Forrest Gump. La vida de un hombre apartado de la aceptable sociedad, un extranjero que lejos de interpretar los problemas, actúa desafiante, flotando entre vacuas y desagradecidas recompensas Será Dios algo parecido a Forrest, un corazón abierto, que sangra bondad y tiñe la tierra del mismo sentimiento, mientras nosotros nos encargamos de conferirle un estado negruzco para evitar que refulja demasiado.   La película recrea la abnegación de un ser que en ningún momento se presenta castigado a vivir, que conserva la fuerza de la inocencia sin el peso de lo bueno y lo malo. Vivimos en tercera persona el cruce o atropello de pintorescos personajes desembocando en un cocido de situaciones tristes y desternillantes, siempre bajo la hechizada ojeada del espectador. Escenas que rebobino y me siguen estremeciendo, aunque si pudiera grabar, a golpe de cincel, un sempiterno resumen antes de que ardiera entre mis recuerdos, hablaría del amor incondicional de Forrest hacia una mujer que ha elegido sufrir en los brazos de otros hombres, y la amistad con Buba, su fiel compañero en cuya memoria más tarde compraría un barco de gambas.   Admiro profundamente el polifacético papel de  Tom Hanks, actor relegado por los propios clichés a un estatus envidiable, donde su piel se deshace en forma de niños con cuerpo de hombre, soldados, olvidados, cómicos, tipos corrientes… Quizá por este motivo, mi crítica sea excesivamente sesgada ante el debate de los puristas, cuando quisieron rápidamente poner linde al cine comercial de calidad   Como punto final, y por encima de cualquier rostro visible, destacaría perceptiblemente su  etéreo OPTIMISMO y la encomiable carencia de hechos que lo vanaglorian produciendo humo, un espacio para la verdad del amor prevaleciente delante y detrás de la pantalla.   Se habla, esta vez, del intrínseco casamiento del cine y la literatura, yo sin embargo, matizaría esta relación, separando ambas disciplinas en su virtud y máxima expresión ya que ambas contienen la suficiente sensibilidad para tocarnos el alma y rápidamente  desaparecer para volverlas a encontrar.
    Gracias, por ser el motivo de mis versos, y sobre todo por respetarme y entender al fuego y al hielo Tienes un corazón terriblemente bondadoso, pero a veces siento miedo de no bombear la misma sangre sagrada que hace bultitos en tu sien, y me enreda agasajándome con el oro de la amistad Ambos caminos lejanos, que sin embargo deambulan en paralelo a miles de kilómetros tratando de encontrarse y tocarse, lanzándose puentes arqueados  que estampan su sombra en el cielo. No es mucho, pero la correspondencia la construyo de barro, moldeando estos pretenciosos y ordinarios renglones que aspiran a ser el sostén de tu vida, la gota de felicidad que culmina de verdor y nenúfares morados la alberca donde chapoteas jubilosa.
    Desde tu pelo hasta mi pelo Existe una distancia peligrosa Recortada alegremente hacia la espesura, Tan gruesa como insondable, madre de emociones Oblicuas y llanas, despiertas y escondidas Que se retuercen y abrazan tu piel, a fin de conocerse Expandiendo sus tejidos, encubriendo nubes sin sentido Soy tú y soy yo, cada uno de los dos Y dentro del muro que circunda nuestros claros Como dementes y extraños nos amamos Discurriendo entre fenómenos cotidianos, Impregnados de savia y de corteza seca. Hechos al fin de un pedazo de tierra y otro de aire Un suspiro tenaz que arremete y se despide Cuando todavía arden en la orilla Las ascuas malditas que dejó el viaje.
Escucho jadeos acompasados y súplicas agonizantes que difuminadas en la noche anhelan la conquista del presente.Los 50 dialogan en un tono vehemente sobre lo que es y lo que quiere ser una películaSerá que después de tanto tiempo, el cine de cine ficción todavía no haya saldado su deuda con Blade Runner y Regreso al futuro, y que las rentas producidas no merezcanmás de dos renglones,  En la actualidad se producen decenas de películas del género al año que se hacen un hueco entre las más taquilleras. Encontramos un denominador común, un grupo de barbilampiños que corren de aquí para allá dándose de furtas para sobrevivir y ganarse el beneplácito de un pseudoscesar aburrido, desde cuyo trono elegirá a qué clan pertenece cada mequetrefe..  Vivimos en la era de los remakes y las segundas partes, se conoce que el efecto crisis es un buen parapeto para decir “si no comemos no creamos” pero el bolsillo llenamos...Falta algo más que inspiración, y desde luego , antes de empezar, no perderíamos nada planteándonos una bifurcación lejos de críos con flequillo repeinado ylaterales rapados que besan a muñecas de porcelana Ayer desempolvé 20.000 leguas de viaje submarino, película basada en la novela de Julio Verne, y que pronto fue tildada de superproducción. Se mezclan escenarios de plató con imágenes de la Nacional Geographic, empero la brisa y el sol, la amalgama de seres marinos,  incluso la psicodélica indumentario de la tripulación te conducen irremisiblemente a la exuberancia de los sentidos, un laberinto para la sugestión. Los delirios megalómanos del capitán Nemo exiliado de la tierra, la picaresca de Kirk Douglas o la fascinación del ávido profesor complementan una visión oscura del avance del planeta, que sufraga el alto costo del progreso con el sudor invisible de los chivos expiatorios Entre tanto, los jóvenes seguimos engordando para morir un poquito más despreocupados del consumo irresponsable de CGI´S, en detrimento de los sueños y el frenesí, de la libre conducta humana Con todo, sigo pensando que cuando vas al cine o descargas una película, tienes que ser consciente de lo que tienes delante, y ése, probablemente sea mi mayor error y tropiezo con el cine actual.Pues yo digo, luchemos contra la sempiterna impotencia,erigida sobre cables e ilusiones ópticas que a hurtadillas y paulatinamente adoptan las características del hombre! Sería insensato proponer que no somos inmensamente felices con nuestras palomitas de mantequilla, pero cuidado! no resulte que nuestros hallazgos nos estén inoculando sus pantallas lcd y sean éstos los que nos recreen de un plumazo.
Una capucha negra cruzaba todos los días a la misma hora el recorrido entre la calle Troca y la avenida principal. Sus movimientos eran rápidos, acuciado por un apremio desconocido. En el café nadie reparaba en él, las conversaciones cotidianas se retorcían en una espiral insoportable mientras unos escupían sus penosas hazañas y otros escuchaban sonrientes. El trabajo, asfixiante en esa época del año previa al verano, ya no me importaba demasiado, me hallaba en un estado de ensimismamiento con ruedas que zigzagueaba  entre la universidad y los fines de semana.   Los desayunos se servían de 8 a 10, y dentro de la carta a pesar de anuncios con ofertas generosas, la mayor parte de las veces carecían de sentido, ya que el repartidor se aburrió de transigir los atrasos y mi jefe se olvidó de pagarlos, por lo que a día de hoy, las tostadas con mantequilla se consideraban el plato estrella.   Sé que tiendo a divagar, pero intentaré no desviarme más del tema. Por aquellos días como ya he dicho, estaba disperso detrás y delante de la barra, y sin embargo al acecho de las andanzas de nuestro paseante misterioso. Todavía me parece increíble que un tio  con esa corpulencia y ese aspecto pasara inadvertido para mis compañeros y los clientes. Yo no dije nada, pues ya había tenido algún malentendido( que más adelante explicaré)con Mónica, la encargada, y no quería armar más revuelos.   He de confesar que he tenido problemas con el alcohol y eso no ha facilitado la relación ni con mis compañeros ni con cada cliente que entra por la puerta. El primer psiquiatra me detectó brotes paranoides, el segundo una importante incapacidad comunicativa con visos sociopatía, y por último un grupo de ayuda para cuyos integrantes era una especie de semidios.    Mucho apellido para indagar en mi cerebro, sacarme 100 euros por consulta y decirme que efectivamente estoy como una cabra. En cualquier caso, ningún médico me impidió participar de todas las cosas extrañas que sucedieron detrás de las cristaleras que miraban a la calle como tampoco vaticinaron la verdad.    El día que reaccioné, salí a la calle con el pretexto de tirar la basura, lo que provocó el desasosiego de Mónica, que clavaba obstinadamente sus pupilas en mi culo.( No sé por qué nunca se atrevió a decirme que le gustaba, que quería arrancarme la piel a fin de conseguir todas las sensaciones perdidas hace tiempo y nunca reencontradas. En vez de eso, prefería hostigarme, convirtiéndome en el responsable de su decadencia.)   La calle expedía los primeros humos de las calefacciones y el aire viciado de los portales se volvía paulatinamente puro al cruzar la acera, guiándome lejos de la ciudad, más allá del campo embriagador. Cuando regresé, alargué al camino en la dirección en que veía llegar sus pasos, eran las 08 y 10 pero nadie, excepto dos chavales, apareció.
  La lluvia   1- Llegué a V. a media tarde, sobre las 6, antes de la tormenta, y llamé a Sandra para que viniese a recogerme a la estación. Por M no pasaba el tren, así que tenía que apearme en V. que distaba unos 5 Km. de mi destino El andén se encontraba desierto, a excepción del maquinista que hablaba por su teléfono móvil. Iba a meterme a la cafetería, estaba hambriento, pero la conversación del maquinista subió de tono y llamó mi atención.   -Te dije que no te movieras de casa, zorra inmunda, no me interesa lo más mínimo, y deja de escribir majaderías, no necesito que hablen más de mi. El hombre colgó el teléfono. Cuando levantó la vista del suelo  nuestras pupilas se cruzaron, e inmediatamente cogí mi bolsa en ademán de retirada. De reojo observaba su mirada torva clavada en mis pasos, fue un alivio oír el chasquido de la puerta de cristal cerrarse a mi espalda.   La camarera,  espantaba las moscas de las vitrinas que exhibían mugrientos platos con tortillas de todas las clases, todas ellas conservando un repugnante tono anaranjado. Me dio un repaso incontenible y seguidamente me preguntó si había venido a mirar o a consumir.  Su displicencia me resulto acogedora, acostumbrado al carácter rudo de aquellas tierras, sin embargo y tras una profunda batalla, terminabas por ganarte su espantosa confianza, resquebrajada en algún momento desconocido.   Pedí café y me senté a esperar a Sandra mientras hojeaba el periódico no menos mugriento y repleto de grasa. El café, pese a hervir, no era malo, esperé a que entibiase agitando la cucharilla con intención de acelerar el proceso. La puerta se abrió y el maquinista desde  el umbral de la puerta lanzó una socarrona sonrisa a la camarera y desapareció.     2     En lugar de llorar, pinto, el mejor remedio para este paisaje, precipitado al abandono, un homenaje que no encierra más respuestas. Ayer y hoy luce el sol, pero las nubes permanecen sigilosas, fingiendo su posición estática cuando las miras. Te saben concentrado en ellas, y detienen el paso majestuosas sirviendo a su estudio, difuminándose y borboteando con el atropello de demasiadas atenciones.   Qué refrescante es la mañana, abierta al claro bicolor, despertando los planes y las dudas de quienes madrugan.       Entro y salgo de casa para comprar el pan y los bizcochos, y antes de regresar paso por casa de la Paca, una hacendosa mujer que rozará los ochenta años, se preocupa de mantener el enorme caserón ruinoso, y de ser, al mismo tiempo, la heroína sin nombre que alarga la vida del Jose, custodiado por la firme enfermedad que deshace la memoria.   Saludo a José y él me responde con una risita infantil, acrecentando la miserable conmiseración, nacida de la desgracia, cuando únicamente queda eso, pena, y la respuesta es pena ante la pena.   Después de escribir, ahogada, Marta salió a la calle a fumar, abrió la cajetilla y cogió un cigarro con la boca, lo encendió, dedicándose a observar cómo se consumía la papelina prensada, una existencia crepitante, real, y probablemente menos nociva que su vida   Mientras, los mirlos cruzaban el cielo en densas bandadas que parecían no tener fin, Cayó la lluvia en M. y el humo se apagó, la noche se acercaba y pelo de Marta se confundía con la oscuridad.       3 -         -Juro  que no aguanto más ¡ -         -Paca, hija mía tranquilízate, qué te sucede? -         -Lo he dejado sentado con la llave por fuera, y el muy condenado ha llamado al Tato, que no se lo ocurre otra cosa que buscar el manojo de nuestra casa. -         -Pero ha regresado ya a casa verdad? -         -Claro Padre, después de llamar a Pedro que tenía el coche aparcado frente al bar, oxidado de no moverlo por lo que parece… lo hemos encontrado en la orilla del río echando agua por la boca. -         -Cuando me acuesto cierro los párpados rápidamente, y antes de sumirme en sueños. deseo con todas mis fuerzas que ésa se la última noche, no despertar jamás -         -No digas eso, Dios no te ha abandonado y tú tampoco deberías volverle la espalda, gracias a ÉL tu ánimo sigue en pie, solamente el cuerpo traiciona y la duda, instalada desde que nacemos, hace tambalear nuestra fe -         -Dios no existe padre, cómo puedo dar las gracias a una mano invisiblemente impía? Cómo asimilar el  abandono que no ha materializado ni su compañía? -         -Paca, creo que deberías venir con José, contagiarnos de su sentir para aprender de esos caminos tan ignominiosos por los que transitas, evitar las espinas y empuñar el tallo -         -Tengo miedo Padre, y no es el miedo a morirme como todos esos hipócritas que descubren cuando viejos su vocación cristiana, la muerte no me preocupa demasiado, eso me aliviaría.        Hay veces que lo miro y en sus ojos vacíos no reconozco nada, más bien el mal encarnando el alma de lo que fue, y lo peor de todo es que el sufrimiento sigue gozando de su sabor sin apetito,   (La Paca comenzaba a temblar, y el cura miraba sus manos, que tenían leves rasguños en las falanges)    -No concibes a Dios, pero me estás hablando del alma. Paca creo que…  -Déjese de creencias padre, toque mi cara.        -Pero…  - Toque mi cara… (Sus dientes repiquetean hasta que  finalmente el cura posó su dedo índice sobre la mejilla de la Paca) -¿Se ha dado cuenta? -De qué me tengo que dar cuenta hija? -Mi piel esta seca, no hay lágrimas que humedezcan mis mejillas, están tan cuarteadas como el campo -Perdona hija, pero no entiendo lo que me quieres decir -¡No me vuelva a llamar hija, no soy su hija! ¿Le ha quedado claro? Algún día yo seré quién esté dentro de ese confesionario…, y estaré limpia, porque me habré perdonado a mí misma, el más sincero y único perdón   (En ese momento la Paca se acercó despacio a la rejilla y con la cara visiblemente descompuesta aguardó hasta que el cura se dispuso a despacharla)         -Padre, he matado a José.     4-   A las 7 sonó el pitido del encargado y salió el tren de vuelta. Me pareció el transcurso de un día, en aquel bar de paso, no pasaba nadie, y el espectáculo se cernía sobre mi, entorno a los parroquianos. Hacía escasos meses que habían hecho una bifurcación en dos pueblos anteriores que se dirigían a la capital, quedando la estación de V. como punto final del trayecto, por lo que si tenemos en cuenta la población de M. y V. se convertía en un lujo de estación para los fantasmas.   Sandra me recibió como casi siempre, lisonjas por aquí y por allá su voz meliflua derritiéndose en piropos y en preguntas sobre mi viaje, yo le respondí lacónicamente puesto que mi cabeza seguía en el maquinista y en la conversación, así como en  la extraña muestra de complicidad con la camarera de la cafetería.   Quién sería la mujer a la que hablaba de esa manera? No era mi intención irrumpir en los detalles, empero, el asco subió por mi estómago y lo odiaba desde entonces, el pensamiento se había tornado obsesivo, como un alfiler giratorio en mi sien       El golf de Sandra daba botecitos y el agua en el asfalto se asemejaba a las ondas de la corriente el río en primavera y no a una carretera nacional.       -cuál fue la última vez que viniste por aquí’- me preguntó Sandra. -(salí de mi ensimismamiento y respondí) -No lo recuerdo pero hacía mejor tiempo que ahora desde luego, el calor era asfixiante Por cierto, ¿no crees que vas un poco deprisa? - ¡Venga ya, no seas cascarrabias! (No podía soportar ese adjetivo, entre otras cosas porque era así como me dirigía a mi padre y a sus intenciones de encauzar mi vida cuando hacía justamente lo contrario) - Lo digo por la “carretera” - M. tiene un clima muy seco, hace frío, pero tiene la ventaja de que no llueve casi nunca… (Torcía el gesto mientras lo decía) - Ríete a gusto, por mi no te cortes, total, soy un cascarrabias… - Eres un caso tío (prorrumpiendo en una risotada incontenible)       (Adoraba esa risa, tan pura y llana, tan cotidiana y exenta de remilgos) -Me gusta la lluvia…   5-       La lluvia era fina pero abundante, formando un telón gris que ocultaba el pueblo en su planicie. UN cartel blanco y rectangular señalaba la entrada. La torre sobresalía al final de las casas, imponente desde el cerro, gobernando la construcción de ladrillo y adobe extendida a sus cimientos. Las cigüeñas emigraron al sur en busca del calor perdido    Sin duda se me antojan El verano y el invierno una estación, separados por la tibieza, por los falsos amigos bajo la acicalada sombra del mediodía. Aquí en este terruño no se recuerda el pasado y viven con los brazos del futuro, flacuchos y desguarecidos.   Tal es el caso de Pedro, el alguacil que aspira a su despacho en la capital de provincia con los méritos de un pueblo donde no ocurre nada extraordinario.   ¿Será por este motivo que atiborra sus sentidos con los hielos derretidos?                       6-   La noticia elevada como el polvo, sin dejar huella, había  regado el áspero cielo, susurrando cada  detalle de la confesión  y en segundo lugar disipándose hasta flotar invisible con las brumas. A nadie le importaba ya José ni sus pecados cometidos o por cometer.  La Paca no cambió sus hábitos en absoluto, iba a la iglesia, compraba lo necesario para cenar, pues comía en el club de los jubilados, y  dejaba preparada la frugal cena para dedicarse a la casa y posteriormente a los chismes. Se sentía liberada, volvía a sonreír, pero una cosa era olvidar y otra perdonar.   ….   Pedro recordaba a Jose con claridad, siendo hombre y no una planta Recordaba el vetusto laboratorio que servía para hervir la uva y producir cientos de litros para el año venidero. La pequeña prensa estriada de hierro y la bomba artesana filtraban de zaborras y fango el clarete y el tinto, en medio de vítores y brindis por la buena cosecha, un lugar que apestaba a vino y a una felicidad de cristal. Aquel viejo diablo pasó media vida atormentando a su mujer y a sus hijos a base de correazos y la otra media sumido en su agujero digiriendo una frustración palpitante debajo de los racimos.   Al llegar al cruce, Pedro aminoró la velocidad del Patrol,  sin separar sus ojos vidriosos de la enjuta figura de la Paca. Lo hacía detrás de las casas paralelas, que no levantaban más de dos plantas, entre uno de los pasillos que distinguía las propiedades. La Paca fingió no verlo, mas sufría el escozor socavando su espalda   El mismo itinerario todos los días, circunvalando el perímetro del pueblo, yendo al bar de esquinas a beberse tres o cuatro vinos, y regresando a la vigilancia. En sus manos dibujada la clarividencia de su objetivo, el ocaso de las dudas que se evaporaban al desenmascarar a la asesina, extirpando la rutina de sus gestos ligados a la deplorable indiferencia de los buitres.     ….    Los brotes han remitido, Crisa me convence de que poco a poco iré reduciendo la medicación y los episodios no serán tan frecuentes, o eso me dice ella… no he vuelto a ver sangre a mi alrededor.       7--   M. se había conservado inalterable en mi mente, ladrillos y más ladrillos, un pueblo esencialmente marrón de casas bajas, salvo por el conato de urbanización chic sumado a un presuntuoso polideportivo en la zona este. Vestigios de una evolución perdida incapaz de progresar con sus recursos agrícolas e industriales, se sentía acomplejada de ser mayor   Sandra estaba cansada,  el día anterior llegó de madrugada de Barcelona prácticamente sin dormir, así que le insistí para que se echara un rato mientras daba un paseo, fusionándome con el entorno, aprendiendo el significado de esos tejados desamparados que cobijaban  sucios misterios tras las cortinas de papel, sombras grotescamente reflejadas escuchando los únicos pasos que por allí retumbaban.   La lluvia había cesado   Subí la cuesta que cortaba la carretera principal hasta alcanzar la plaza de las cuatro esquinas, en cuyo centro pavimentado, sentados en un banco, dos viejos desarticularon su conversación al verme aparecer. Detrás, en una de las jambas del bar, se apoyaba, el dueño del local, con los brazos cruzados y un palillo en la boca.  Los saludé y seguí mi trayecto en dirección a la iglesia que se encontraba en lo más alto. No fue hasta después de avanzar 20 metros cuando oí que retomaban las palabras, esta vez en clave de cuchicheo. –Qué poca prisa se han dado- grité sin darme la vuelta – interrumpiendo su regocijo. No pude evitar pensar repentinamente en las razones que me llevaron a regresar a M. ahora me culpaba por ello y por el diletante destino que removía los campos a fin de hallar la misma tierra   En estas reflexiones me embarullaba, cuando me topé nuevamente, a los pies de la suntuosa torre solitaria, estampada sobre el cielo gris. Su cúpula triangular apuntaba con gallardía a las nubes, en representación de su poder   Las cigüeñas habían emigrado en esa época del año, y los nidos junto a las campanas esparcían las ramitas inservibles impregnadas del pertinaz crotoreo, inmortal en los oídos de quien lo había escuchado en alguna ocasión.   Rodeé la construcción, admirando los surcos embelesadores del tiempo y la guerra, cuando oí un ruido metálico detrás de la iglesia,  parecido al de una tapa o un objeto circular. De repente el bamboleo se disipó violentamente y un golpe seco levantó el vuelo de un grupo de palomas que salieron disparadas en todas direcciones, inundando las calles colindantes. Me venció la curiosidad sobre el incipiente temor, y alargué mis pasos, dando zancadas silenciosas pegado a la pared, basculando hasta la siguiente esquina.   Un hombre corpulento metía en la parte trasera de su coche un saco con dimensiones  de mujer adulta, exhibiendo bajo la tela diversas protuberancias sospechosas, Se daba prisa, por lo que no reparó en el flanco desde el que era testigo, probablemente, de un crimen. Era un coche patrulla, pues tenía una franja anaranjada que cruzaba el lateral de la misma, y que rezaba “servicios auxiliares” en la parte de arriba una faro tintado de cristal oscuro me dio a entender que se trataba de la policía local.               En M. como en otros pueblos de la zona, la policía local se encargaba de hacer las diligencias, pasando los asuntos de mayor gravedad a la guardia civil.  El agente, sin embargo iba vestido de paisano y ahora sí redoblaba la vigilancia, percatándose de no ser objeto de fisgones. La tarde caía con desdén en compañía de ladridos lejanos, acomodé mi posición, a expensas de presenciar el siguiente movimiento. Cuando se aseguró de no ser visto subió al vehículo, encendió un cigarrillo y salió quitando el freno de mano, con el motor apagado, sirviéndose de la cuesta abajo Ninguna luz se encendió aquella tarde en las ventanas curiosas de M.       8-   Se rumorea que fue un accidente, otros hablan sin tapujos y gratuitamente de asesinato… la verdad que no lo sé, lo único claro es que el daño más grande se ejecuta en el espacio más reducido, donde no hay hueco para tanta rencilla y menos para los impulsos reprimidos. Conviven puerta con puerta, más les separan muros infranqueables que si no muy grandes, destaca en última instancia el alambre de espino sobre la cúspide. La Paca está libre y feliz, el juicio no se ha celebrado todavía, pero casi todos los días cámaras y abogados deambulan por M. buscando trabajo, como si de las piedras pudieran arrojar a Jose a la vida.     Era casi de noche y oí jaleo fuera, me asomé a la ventana y vi a la Paca discutir airadamente con Pedro, él la mandó callar en repetidas ocasiones y finalmente le dio un bofetón. Ella quedó estupefacta, inmóvil, sin atreverse a levantar la maltrecha mejilla a su agresor, luego se la llevó del brazo a la vuelta del parque, apartándola del paso de los escasos coches que circulaban,   No me permitían salir de casa pasadas las ocho, el corazón me latía arañando los pulmones, rabioso y engrilletado. Abrí la puerta de la habitación, Crisa se había dormido con un programa basura, demasiada decencia… Me aproximé a la puerta y con sumo cuidado le di dos vueltas a la llave, Crisa seguía inconsciente con los párpados trémulos, visiblemente turbada por alguna pesadilla. Durante unos segundos titubeé en el umbral de la puerta, el rellano estaba oscuro y frío. Bajé las escaleras y miré a través del cristal traslúcido del portal   Afuera se apreciaban sombras en movimiento, poco después desaparecieron y un sonido de motor, acompañó el chirrido apagado de ruedas a la carrera   Absorta con las primeras farolas encendidas de la calle, escapé.   Desde mi casa veía la torre enrojecida, igual que si se estuviera librando una inabarcable batalla por conquistarla, y en las nieblas de mi espesa imaginación, flotando sobre éstas, un suceso horrible, visos de gritos y reclamos de la muerte.     Evité la cuesta de las cuatros esquinas, guiándome por  las huellas de barro que había dejado el coche de Pedro. Sorteé el casco antiguo y la fortaleza que circundaba las últimas casas y las protegía del viento premonitorio del invierno.   A lo lejos, el silencio se había interpuesto entre mi perseguidor y yo, apremié el paso hasta alcanzar los aledaños del campanario aún cuando la espadaña pretendía ofrecer su arco sombreado sin luz. Las voces provenían de la parte trasera de la iglesia, si uno mantiene la cuesta principal como referencia para visitarla.   La diagonal trazada entre mi posición y la suya me permitió ver como Pedro golpeaba a la cabeza de la Paca con un tapacubos que no pertenecía al coche. La Paca tenía una mordaza en la boca y no podía haber emitido ningún gemido, ahora el cuerpo yacía boca abajo, con una brecha sangrante en la cabeza, mientras pedro preparaba algo en el interior del maletero.   No puedo describir la humillación que sentí, agazapada de rabia y vergüenza, de no tener el valor necesario para acudir en auxilio de la Paca, tan irremediablemente frágil.   En ese momento la cabeza empezó a martillearme y mis piernas perdieron el equilibrio cayendo de rodillas sobre el suelo. Antes de perder el conocimiento, pude reconocer a un hombre alto y joven presenciar la misma escena, en tanto su figura se difuminaba y se hacía más nítida hasta desaparecer     9-   He tenido un sueño extraño doctor, demasiadas imágenes por ordenar,  no entiendo bien su significado. -         Inténtalo, lo que recuerdes, puede ser interesante, -         Bueno, había una chica que parece estar atrapada en una casa como esta, quiero decir interna… Quiere olvidar y poco a poco está mejorando, lo cual asemejo claramente a mi estado actual. Asimismo tiene el papel de narradora, o por lo menos se entiende que es la persona que más tiempo lleva viviendo en el pueblo,       -         ¿De qué ha de mejorar, Pedro? -         Oye voces o ve cosas, no lo sé con certeza, pero ha distorsionado la realidad. Se ha producido un crimen que yo no tolero, y me vengo, ella es mi delatora al contemplar mi asesinato -         ¿Eres tú un asesino Pedro? -         Yo no soy ningún asesino!, solo le cuento el sueño que he tenido -         Tranquilo Pedro, me refería a eso precisamente, un asesino en tu sueño… -         Ah, supongo que sí, no entiendo por qué he de ser el verdugo en mis sueños -         Verdaderamente los sueños escapan en muchas ocasiones a nuestra comprensión, pero siempre nos dejan señales que hemos de seguir para interpretarlos correctamente, y no en una única dirección. -         Entiendo. -         Me has dicho que también había un pueblo… -         Sí -         ¿Cómo se llama ese pueblo, lo recuerdas? -         No lo sé, siempre lo mencionan por su inicial , M. creo -         ¿M. dices? -         Sí, eso creo -         Discúlpame Pedro tengo que atender una visita que llega ahora, ¿te importa que sigamos en 5 minutos? -         Vale, le esperaré aquí   El policía se quitó la bata al salir de la celda de aislamiento y llamó a Pérez que lo esperaba tomando café   - ¿cómo ha ido? -Sigue pensando que él la ha matado,  no tendremos ningún problema en el juicio,  demuestra sensatez en las declaraciones y  una coherencia relativa en los hechos, habla del mismo sueño todas las noches, sin embargo cree no haber estado nunca aquí. Piensa, o sabe mejor dicho, que todo forma parte del bucle  interminable que lo acosa cada noche, y para colmo cree que soy yo, y yo su médico. Resultará bastante evidente el estado de sus facultades mentales  cuando pase por el banquillo, y por extensión la goma borradora de aquella tarde.   - Eso es fantástico - dijo Pérez- la vieja al arroyo y el loco al hoyo (prorrumpiendo en una risa histriónica, en un arrebato escandaloso) -¡Silencio, inútil!, no vayas a mandar todo a la mierda, hablaré con Sandra, y cerraremos el caso. La pobre ya ha tenido que aguantar bastante… (Mientras dijo esto la sonrisa se dibujó en su cara)   La placa que llevaba escondida en el bolsillo de la camisa, reverberó en el pasillo al caer al suelo. Era la misma placa que RENFE, disponía entre todos sus empleados Pérez la recogió rápidamente mirando a un lado y a otro   Pedro lo miró con nerviosismo, en ese instante la enfermera de planta los  vio y fue a llamar al guardia de seguridad. – ¡eh vosotros, no podéis estar aquí!-   A las diez de la noche  Pedro y Pérez salieron del hospital bajo la confusa mirada de nuestro protagonista detrás de los barrotes de acero. Había empezado a llover en M
Era bellísima, tanto, que habían quedado ciegos de mirarla y contemplaban únicamente su sombra, fina y ovalada. Las ondas, que por aquel tiempo refulgían como destellos en la noche, bailaban la pequeña goleta atracada a cien metros de la orilla, mientras una mano invisible sobresalía del ribete verde que decoraba la embarcación.  Un día, cuando el sol alcanzó su cenit, Marcos dudó del avistamiento de vida, cuando una botella sujeta por el imán embriagador del vino, se presentó entre el alto discurrir de la niebla y la claridad del océano El ser que no tenía rostro pero sí voz ,canturreaba: Oh no, huye de mí interminable y mísera circunferencia anaranjada… Marcos se mareó y tuvo alucinaciones, y la duda se tornó certeza para de nuevo disiparse adoptando la forma onírica del oasis. Se tumbó e intentó relajarse contando los no pocos veleros que flotaban por la bahía de San Pedro ese mediodía. El cielo centelleaba clavando su cuerpo añil, en un intento infructuoso por desvelar los ignotos secretos del campo y sus huellas, de las pisadas de las almas que recorren aún los caminos paralelos de la materia.
Puentes lejanos e ignotos ,en cuyos pies el agua discurre formando ondashasta chocar contra el cemento, Las torres sustentan la nostalgia allí donde aún se reside el  otro líquido, puro y cristalinoParaíso estático recorrido por el espacio, vertido de circunstanciasque destilan un denso vapor descompuesto, lejos de las alturasTocando las nubes se erige el gigante atronador con rayos descuartizadosen cada mano. Con fuerza son lanzados hacia el sucio baluarte del futuro escoltando la frontera entre la inocencia y el destino. La sonrisa del torrente, sumida en el desprecio, absorbe con voracidad los sueños sin retorno que murieron de pequeño     
pasado
Autor: javier castillo esteban  203 Lecturas
    Cómo llamar tu atención? Se me ha antojado asfixiante y sin retorno, En el camastro yace cansada la pluma, humilde y engreída, que no logró amagar tu escucha, relegada de una batalla reservada, supongo, a caballeros más duchos y menos sinceros Me siento solo sin tus ojos, aterrado con cada carta que regresa. Intento disimular la vena henchida de hambre, crecida de no hallarte, como pataleando por salir del portador envenenado de ausencia Sigo sonriendo cada noche pese a no tener espejo ni espectadores, con la obligación de no olvidárseme el gesto, no vaya a ser que el veleidoso destino postre tu cuerpo ante estas rejas, y desee entonces dedicarte satisfacción y gozo. La esperanza… poco conocemos de su rostro, destellos de ilusión desfigurada, de imaginarte flotando con gracia delante de la celda, siendo reina y gobernadora de este tabuco, adornado con la sangre seca que tanto suspiró en balde o en camino de tu olor. Hoy quizá, mi último renglón, ha quedado desteñido merced a la lluvia invisible anegando estas manos bailonas, confiriéndoles la ventura o la desgracia de susurrar canciones que recuerdan al amor.
Alumbramiento… En la vega perdida, como nunca nos miran Los ojos bien abiertos del vigía Lloro… Sincero y convencido De miedo y de estupor ante el mundo inadvertido Inocencia… De  rodillas costrosas que reflejan su energía Enmarcando las heridas de una vida bien vivida Altivez Maldita y sin cura, pretende los secretos De una edad que no es la suya Sueños… Que arrullados por el viento vencen la desgana Pintando corazones con el color de la mañana Vaivén de hojas cimbreadas… Que rosadas son sus raíces y verdes las montañas Enarbolando soles , venciendo a las canas Vejez  y pensamiento… Conquistan un lugar para el invierno Que descansa taciturno entre los llantos del silencio Muerte… Que escudriña nuestro cuerpo vencido y harapiento Dibujando una sonrisa que rescate los comienzos Soledad… Allí complacida se sienta a esperar Cansada de sus rejas ha decidido volar
UNA VIDA
Autor: javier castillo esteban  281 Lecturas
Como cualquier otro día, él la mira con gracilidad, desde el infinito calor. Ella tiene un secreto inefable, destructivo. La inmadurez transita dando tumbos cuando descubre el embarazo prematuro, la llegada temprana o tardía según quién, de lo que hubiera sido la eclosión de la felicidad.   Las manos trémulas interrumpen la sonrisa abierta y cerrada de su novio, se hace el silencio en una órbita lejana a la visita dominical del bar de esquinas. Mantiene el dedo índice posado sobre los labios de éste, con la firmeza embelesadora de la mujer   Pedro intenta reanudar el lance silencioso de sus comisuras arqueadas, pero Sandra aprieta con más fuerza evitando que las palabras salpiquen la hora.   Tan afectado se encuentra que huye del bar aferrado  a su maletín, mientras la corbata flota meciendo la soledad de Sandra, en la única dirección que conocerá su vida, desmoronada entre las luces mortecinas que expanden su luz a los charcos quietos.   Sale a la calle, y arrodillada  achica la catarata de cristal que cubre empecinadamente sus ojos confundiendo la brisa con el sueño, esa proyección barata que repite oníricamente sus pases  
  El peatón contento   Antes era de otra forma, y la parte consciente lo dejaba en evidencia, desmoronando con estrépito los proyectos, a merced de las risas del público cruel   Iba a conseguirlo, aunque dudó inopinadamente en la recta final, tenía fe. La prueba fue a las 8 de la mañana, y después salió a desayunar como ningún otro día. Dos tostadas con mermelada, y un café volcánico. Miró al camarero señalando dos caracolas enredadas, camufladas debajo de un croissant, tras una vitrina con vaho. Infinito desayuno, que quiso ser el prefacio del éxito esperado, sin embargo y a pesar de su seguridad, el estómago atiborrado despachaba los vacíos que cavaba el temor.   A las nueve de la mañana salía de la cafetería del instituto.   La tensión aprisionada entre el esternón y los pulmones esparcía el aire viciado, y los goznes de la respiración se apagaban conforme se difuminaba el paisaje. Cuando abrió los ojos, las hirsutas barbas lo miraban en la altura.   El chofer lloraba de rabia, mientras el cuerpo inerte, con una sonrisa radiante y los ojos vidriosos clavados en la multitud, parecía agradecer el caluroso aplauso
Viaje en moto     Curva, agazapado detrás de I. inclino mi cuerpo a la derecha extendiendo la mano en un falso ademán de palpar el asfalto abrasador. Me enderezo en línea con su espalda y ligeramente encorvado fijo la mirada al frente   El pirineo navarro se esconde y reaparece en la exuberancia de bosques esplendorosos detrás de la careta. Los picos más altos desnudos y solitarios absorben los últimos rayos de un cielo límpido que muere precipitadamente.   Curva, el cambio de marchas despierta el tintineo apagado, esperando la recta  donde el cuentakilómetros empiece a batir su contenido hasta distorsionarse Los árboles marcan los lindes de una carretera frenética unas veces y exangüe las más,  difuminan su verdor tornándose en una mueca abstractamente bella.   El término de mi cazadora de cuero deja al descubierto mi piel, víctima del silbido ronroneante de otro motor de 100 caballos. Curva, nos vemos superados por el  flanco izquierdo, mientras el viajero clava los frenos estirando y recogiendo la pierna en señal de un hola y adios repentino, demasiado quizá, como para correspondido   Fin del trayecto, apostados en la moto desde el pico de Mezkiritz , recorremos la distancia de una tarde buceando en compañía, posando nuestra mano sobre el lomo del delfín libre, sonriendo todo el tiempo, desprendiéndonos de la rutina que nos esperaría al día siguiente, pero que por un instante se esfumó.
Una belleza sublime que recorría los hondos pecados cometidos Extrañaba su olor después de tanto dispendio nocturno en busca de la pielpor calles desiertas y refugios prohibidos tanta sonrisa amarga repetida en el corazón, acusándome de serme fiel Ante cualquier error, sentirme eternamente con la razón De quedarme solo mirándome de reojo, cuando mi sombra superaba la propia figura Hollaba las esponjosas entrañas de la otra persona,dilatando cada segundo de existencia en vivir para ella, con la satisfacción de escudriñar el brillo espontáneo de su comisura incorruptible exhibiendo dicha   Ya no era un egoista, empuñaba la botella reobsante de ella, devorando el camino con la distancia recortada de ilusión, terrones caducos de ilusión.
  Lágrimas destiladas marcan el horizonte de la tarde, crédula y rojiza. Caminos sin dueño que llevan a ninguna parte, Martillazos nostálgicos sobre la sien, Que penosamente combate la caza del renombrado silencio Evocando la dulzura de la miel   Los olivos aún verdean cuando la noche adusta se cierne Protegiendo su color de la oscuridad cegadora Y ésta, prendada del olor aceitoso que expiden sus huestes de madera De astillas apuntadas hacia el cielo  estrellado Retrasa su llegada, víctima de una ilusión traicionera   En un pazo descansa el pastor y su perro, Debatido lenguaje entre gañidos y caricias De muerte advenediza, y vencidos guerreros Cuando  El viento sopla arrastrando las hojas Formando remolinos de vida alrededor de las lomas     Allí yace el cuerpo del animal, descuidadamente solo Entre tanto la pala cava sin dilación su lecho, Bajo la atenta mirada de los grillos Llenándolo de tierra seca y guijarros mordisqueados Y abajo, dónde el último ladrido invisible se hace eco Brilla la estampa de su eterno cabello halado.
        Intentaré ser lo más claro posible aunque no es fácil. Todo comenzó con saludos y palabrería de rigor ante unos amigos que a veces creía desconocidos y otras mis hermanos. Por aquellos días los nombres de los bares no permitían encariñarse con ninguno y las calles atiborradas de humedad morían entre la exuberancia del silencio. Yo comenté:   -Si un tío se lanza al vacío y se estrella contra tu coche lo cubrirá el seguro?, me refería al coche por supuesto, después de tres en años en el sector, había aprendido no muchas cosas, pero sí que el suicidio estaba excluido en todo caso de las condiciones particulares de los seguros de vida.   ( cara de exorbitante perplejidad de mi amigo)- qué pregunta es esa..? Realmente su respuesta iba más allá, intuía pos supuesto que alguna conexión de mi cerebro no tenía puente con otras, y que era un perfecto sádico. Sin embargo nada más lejos de la realidad, era una duda que pensaba resolver al llegar a la oficina, o quizá no…   Despedí a mi pareja, que por cierto, iba conmigo cuando llegué al bar en cuestión, donde los camareros no se molestaron en preguntar si estábamos hambrientos, sedientos, o las dos. Tampoco era mi idea de domingo, así que propuse dar un paseo bajo la fina lluvia que blandía la ciudad. Un viejo amigo de la madre de Rosa( mi pareja) la recogió y la llevó en el coche a casa, nos dimos dos tiernos y efímeros besos y nos dijimos adiós. El coche negro camuflado con la noche salió reptando y se introdujo en el contingente que formaban las rostros adustos de regreso a sus realidades, y al hastío de una vida bien vivida   Adoraba esos paseos nocturnos de conversaciones surtidas de existencia y ajenas a  la viscosa  palabra “crisis” de moda entre los intelectuales y gerifaltes de la nueva Europa La generación perdida, eso era seguro, y dentro de esa maseta, sedimentados en la capa primaria, nos encontrábamos los seres más auténticos y despreciables, aquellos de los que nadie hablaba en facebook ni compartían sus publicaciones   No cabía nuestro ego , en un  reducto demasiado exiguo para tanto refrito de individualidad, y el hecho de negarnos la ascensión  al pedestal de la estupidez fue nuestra suerte o nuestra desgracia… .                     2       Al llegar al cruce de Baiona con Sancho el Fuerte, nos detuvimos antes de ser arrollados por una ambulancia, y siguiendo su estela alcanzamos las reverberantes luces rojas y azules en los edificios de ladrillo. Presos incurables del chismorreo, aunque yo lo disimulaba con cierta pericia, nos acercamos al lugar del incidente, en cuya acera se arremolinaban los puntuales curiosos que alzaban sus cuellos hasta el segundo piso.   Ambulancia, policía y bomberos.   Yo me temía lo peor, a pesar de que I. con un fingido criterio tranquilizador expuso la serie de potenciales motivos de la congregación de instituciones, siendo uno por uno leves consecuencias de edificios habitados por personas decrépitas.   Sin duda, éramos unos actores de renombre, jugando a ser héroes con distintos poderes que completaban el círculo intraspasable. Dentro de ese mismo círculo cada uno creía ser consciente de su poder, netamente superior, y confiado de no desatar sospechas de su rayo láser averiado. Nos gustaba sentirnos salvadores de la inocencia y así discurría nuestra verdadera amistad, a veces tropezando por el espinoso sendero, y otras montados sobre la bala silbante del engreimiento.   Reflexiones confundidas con las manos ensangrentadas de la mujer que lloraba con estrépito desde su balcón. Me acerqué a la maraña de cabezas agitadas y descubrí el cuerpo de su marido atravesando la luna delantera de un citroen. I. puso la mano sobre mi hombro disuadiéndome del efecto hipnótico de la sangre, que pendía como una catarata arrastrando cientos de cadáveres.   La policía nos expulsó abruptamente, y emprendimos la marcha hacia el fin de la noche, constatando efectivamente ,que nuestros poderes “terrenales”, nos habían conducido a una grotesca  premonición. Qué culpable me sentía!, incapaz de reaccionar frente a la muerte.     A las doce llamó David, con una familiaridad espantosa, y no se todavía por qué descolgué, pues no tenía fuerzas para sumirme en una conversación normal, llena de cumplidos agotadores. I. mientras tanto caminaba con la cabeza erguida, escuchando atentamente el diálogo cansino, no me miraba a mí pero sí me escuchaba, y clavaba sus pasos rectos como en un marcha militar, evocando a  tambores de guerra solitarios con la piel más que curtida     A las doce y cinco sonó el teléfono de I., y argumentando la llamada de su padre, se escondió detrás de una columna. Estaba muy nervioso y se le cayó el teléfono en dos ocasiones.         -Si bien, en otro momento -Lo dejamos para mañana entonces -Sí,  ya te lo he dicho, estoy vencido  me iré a la cama pronto -Te llamo por la mañana temprano - Puede ser, te avisarán -Que me avisarán de qué? -Adios David -Oye te noto raro, todo bien? (… silencio) -Si quieres ya sabes… para lo que haga falta… -Lo sé -Estás bien seguro?  Me estás asustando. Ese que habla de fondo es Héctor? (…sollozos incontenibles) - Qué te pasa tio!? Dime dónde estás -Héctor está muerto..!
el suceso
Autor: javier castillo esteban  211 Lecturas
    Historias de gloria miserable De muertes prematuras, derretidas en invierno Miradas confundidas, dirigidas a tu regazo Imploran desgastada clemencia Con exultante apremio Mientras Viertes tu voluntad osada Erigido en tu abrasador silencio Anuncias sobre el agua clara Recuerdos de la solitaria vena Atiborrada de sangre Anciano vigilante De biblias y profetas Fusiles y cadenas Heridas de la guerra infinita Obstinado dilapidador de la simiente Posas tu primer beso sin tinta Ocultando la corriente Y aún sigues colgado del cielo Guardando el ocaso y la aurora Estampando el fresco azulado Creador de la luz y a sombra Bajo este terruño apagado
  La maleta estaba en la sala 21, girando el primer pasillo a la derecha, después de sortear sendas puertas volteadas, resistidas a tornarse, y golpeándole en la cabeza.   Prisa salía con ella y se dio de bruces con el hombre agitado en busca de su equipación. Se encontraron de repente y él arguyó tembloroso la importancia del contenido   Cuando K. regresó a la estación se sintió invadido por cientos de miradas expectantes. Fue entonces cuando recordó lo  que a lo largo de su vida había preferido olvidar,  incontables historias de párrafos sin padre, dejando el título para otro momento.   Fugado de su ensimismamiento se concentraba en los pasos que ahora le conducían de vuelta al centro de aquellos ojos  de un brillo lacerante, haciéndose camino entre la carne vigilante A las doce recibió la llamada, asintió sin obviar la atención de sus observadores y salió disparado   Prisa había sustraído la maleta donde bostezaba la equipación, ignorante de su propio secuestro, puesto que ella no era sino la ropa que ahora vestía su secuestradora.   K. desesperado se aferró a la barandilla de aluminio cuando las piernas de su pupila afilaban el hielo ofreciendo un espectáculo sin precedentes en la pista de la vieja estación. La miraba como a una extraña, limitándose a contemplar la calidez de ese vestido tan familiar.   La patinadora saludó con gracilidad convocando el apoteósico aplauso en derredor suya, y abrió los ojos.
LA MALETA
Autor: javier castillo esteban  231 Lecturas
  Allí donde el río desciende plateado, el silencio empuñó su grito por primera vez, tentando a la sutileza a penetrar en la profusión de lo prohibido, enarbolando la voz queda de corazones engrilletados. , reclamando  manos llenas de espesura y  rendidas a la materia   Ya se han sucedido la niebla y la luna desde que Gabriela y María tradujeron los guiños en cuerpos precipitados al hedonismo manoseado, a la dulce tarea de destripar el llanto entre zarzas y meandros. Trombones trasnochadores, capturando amagos y besos lacerantes, que arrancaron la visión de los demonios estridentes, hundiéndose en  la piel atezada y en esos senos embrujadores de arrebato,    Deponentes  de aquel romance , los zapateros no pudieron retener su embeleso,y ondeando las aguas frías del invierno, tornaron el liquido en un magma cobrizo de fósil destino,    Cinco años después a la visita de los caminantes por trochas y angostos senderos, se conforma la frondosidad de los castaños, que rezuman  la ternura afincada en remotas riberas, y de cuando en cuando se escucha el aspersor de su fragancia mutiladora, descabezando los capullos, que de tan frágiles al suspiro, se prestan a flotar como ascuas en la noche.
Era un hombre deforme o un animal lo que gañía desde un ojo rasgado sobre la tela gris. Casi sin quererlo el gentío congregado lo miraba de soslayo haciendo ímprobos esfuerzos por no concentrarse en aquella aterradora visión de ellos mismos. Anhelaban la delicadeza, el afán de un mundo exterior cristalizado donde solo se reflejara la suave revisión de la bondad Pero el ojo, siempre vigía congelaba sus aspiraciones oníricas y humeantes. No conocían los párpados ni la piel depuradora  que ocultase la profundidad atezada de la criatura. -vaya una patochada!( espetó con displicencia la mujer barría el umbral de su cueva) El hombre más rico de preguntó: -¿ cuánto vale, chico? - No está a la venta señor -( Parsimoniosamente extrajo de la faltriquera de colores un fajo de billetes en blanco y negro)- Ofrezco quinientos por la bestia - le repito que no está a la venta, - Será terco el señorito bergante! - No se da cuenta señor, que intenta comprar su alma ( el murmullo cesó de repente y las cabezas apuntaron al muchacho que descansaba los codos sobre sus muslos) - ¿ cómo has dicho? Saltó el mas gallardo de los allí presentes - Observen detenidamente su rostro, prácticamente humano, pero distorsionado por la mancha que todos, ( no parecían comprender la perorata preparada para el espectáculo) -Abran bien los ojos –( entonces el dueño de la barraca tiró con una hilo del esparto, descubriendo un espejo rectangular a la luz del sol decadente
1     La lluvia, inmortal desde el invierno, había cesado…   En los días previos a sus vacaciones, Pedro ultimaba precipitadamente las prendas odiosas que habían dejado sus compañeros de trabajo. Esperaba ansioso a que dieran las dos, después de aguantar una abúlica reunión con obedientes clientes y proyectos incompetentes A las once de la mañana, recibió la inesperada visita de un agente comercial con el que todavía no actuaban. Presentó su ficha a expensas de recibir la acogida del gerente, pero , incapaz de demostrar simpatía por la intempestiva cita, lo despachó en sendas capeas argumentando el tiempo limitado para otros asuntos inopinadamente relevantes. Lo hizo de tal forma que no ocasionó el malestar de su interlocutor, pero dejando muy claro que ese no era el día propicio para vender humo El contraataque no resultó ser un revulsivo ya que no podía quitarse de la cabeza los 15  tediosos correos pendientes de respuesta. Tres llamadas más y alguna interrupción ramplona de su compañera fueron el colofón de la jornada que agonizaba entre el calor y las seis paredes del primero derecha.    Aquel día de agosto era extrañamente parecido a los demás, perturbado únicamente por las farolas escondidas detrás de carteles anunciadores de las fiestas. Los rostros descompuestos y las camisas abiertas de los yuppies conformaban un cuadro perfecto que abandonar cuanto antes, la ciudad respiraba un agotamiento insoportable. Finalizó abruptamente el pavimento y antes de cruzar la carretera, Pedro se giró y contempló por última vez la avenida central que no lo volvería a atrapar jamás.   Llegó a casa y aún  con tiempo de sacar del frigorífico los restos del día anterior, cayó rendido sobre la mesa de la cocina, atiborrada de papeles escritos a máquina. Un sueño profundo capturó la imagen de las noches insomnes con una novela que no concluía como debiera                                                                  2            El viento batió violentamente una de las ventanas de la casa, causando un estruendo infernal Pedro dio un respingo, y en la posición de alerta en la que se encontraba, advirtió el plato de macarrones boca a bajo y el tenedor hincado en el codo, dejando su huella estriada como prueba de la  dedicación.   Eran las seis de la tarde, e interrumpiendo aquel clamor prolongado en su pecho, el sonido inescrutable de unas alas, acompañado de sendos graznidos reverberó en la habitación. El revoloteo provenía de la terraza, y Pedro presa de un temor infundado, se acercó lentamente, desechando la postergación de cualquier sueño.   A menudo los gorriones formaban nidos junto a las antenas de la azotea, pero aquel  reclamo era totalmente inédito en los oídos de nuestro protagonista, pues poseía un eco penetrante que helaba la sangre La gigantesca sombra se desperezó, proyectando sus enormes alas sobre el ladrillo El movimiento de sus articulaciones se tornaba más recalcitrante cuanto menos distancia restaba entre los dos seres. Estaba decidido, y empuñando la escoba, que descansaba en una de las jamabas de la puerta acristalada, abrió súbitamente la puerta, girando su cuerpo hacia el animal.   Pedro quedó inmóvil, atenazado ante la lógica burlesca, y es que el origen de tan lúgubre aparición se dilucidó en una cría de estornino multicolor que piaba ahora con dulzura, mientras movía espasmódicamente su cola. Hubo un momento que el pájaro quedó de perfil al hombre mirándolo con miedosa profundidad, desde la negrura de su inocencia  
    He soñado con la luz amarillenta al pasar frente a ti, Guarecido entre castaños, convertidos en infancia desperdigada, Y el gris infinito de las aceras de Pamplona   Vaga memoria de unos ojos vastos, saturados de saber En un minúsculo espacio Y bigotes encendidos en postura reflexivamente conciliadora   Recuerdos del frío detenido en tu regazo, Bajo el perentorio efecto de la hipnosis literaria Donde tus hojas no han dejado de pasar, como incansables filos sobre el viento Poseedoras de la historia más reciente y pasada, erigida frente a la mano censuradora Y asomada, desde la reticencia, cautelosa Escudriñando los establecimientos atiborrados de sospechosa cultura   Allí aprendí a leer, violado por las palabras Enjaulando mi inocencia en pos de conquistar una tierra lejana a la cotidianidad, y al mismo tiempo extrañamente familiar. Aventuras y miserias he absorbido, robando una brizna de intimidad a los personajes más singulares y célebres, escondidos en aquellas hondas estanterías de madera.   Qué triste duerme la calle, ahora que ya no respiras con versos Pues todas las noches escucho los sollozos de tus paredes Derrumbadas de silencio,   Y en esos momentos cuando la luna todavía no ha mermado rEAPARECE El murmullo de los libros que abandonaron el altar ReverberANDO  plácidamente en los dormitorios encendidos Emitiendo la señal de una vida que no se ha consumido A pesar de evidenciar el vacío mortal de lo que un día fue su hogar  
Vena de poeta bañada de madrugadaQue con fuerza se dilata cuando piensa en ellaEntre  la esperanza y desazón de sentirse extrañosEmbarullan sin sentido un pasado extinguidoMas Nada rescatan de la niebla agotadora Que ha expandido tanto sus gotitasQue perdida está su esencia enamoradaLuces sin luz de un recuerdo consumidoApagado por el tiempo y la distanciaSilenciado de inapelables circunstanciasde almas que orillean nuestro cuerpoAnhelantes todavía del sabor de esa miradaVoz sobre tu voz Temblorosa y marchita al comprobar que no eres míaPues no se erige rey mitigador de rencorescapaz de enmendarlosY así arribo al sinfín de esos adiosesApurando olores renacidosEn los que zarcean el viento y el olvido
CatarsisNo me complacían los trucos facilones de ese miserable rendido a la adulación, desmoronándose sin saberlo, y por eso, salí aquella noche sin dirección lejos del local abarrotado de luces y hondas bocas, de misterios fingidos. Mi pasos eran ecos de una noche maldita, esforzada en ser lo que no era, y yo sin embargo mi nariz  rastreaba los resquicios de la autenticidad perdida. Doblé la esquina y di frente a unos pandilleros que ejecutaban su sombra sobre el estampado refulgente  de la ciudad, en posición amenazadora. Sus siluetas no me resultaron extrañas puesto que los abrigos tres cuartos enfundaban a la mayor parte de los borrosos caminantes en esos días. Los cuellos giraron a izquierda y derecha cuchicheando opiniones referentes a mí. Después un largo silencio,y la corpulenta imagen de un hombre errabundo emergido de la niebla con los pantalones raídos y la camisa desgarrada. Dos pasos por delante del grupo, comenzó a farfullar un soliloquio incompresible acerca de la aurora y de un final inminente, apuntándome con su dedo índice. Lo respeté sin interrumpirle hasta que mis articulaciones dejaron de recibir la señal de mi cerebro engrilletado al espectáculo.El sol nacía Vestido de adelfas Cubierto de calima Responso de la vidaEfímera despedidaLa luz cegadora se tornó rosa y gris hasta desvanecerse en una profundidad insondable, desprendida de las luces omnipresentes . Solo el cielo huérfano de estrellas acogiendo mi pequeñez en su exorbitante silencio., y en lontananza las islas que restaban por ser devoradas, que como la tierra emitían los destellos de un faro en medio de la nada.
catarsis
Autor: javier castillo esteban  175 Lecturas
Han regresado, hirientes confidentes de mi almaCon ellos he zurcido el vestíbulo improvisado de nuestro encuentroRetrato fulgurante y alado que esperábamos despiertosHe vuelto a escuchar el rumor de sus oídos, sempiternos guardianes de mi pluma Paralizada por la canícula y el retiroY ahora, después de charlar, sabiéndome  polizonte de sus viajes exóticos Sobrevolando los páramos ignotosDonde ayer era hoy, he descubierto el reclamo cristalinoProyectado en la naturaleza viva y armoniosaYa no me siento en soledad...Hallado entre vuestro tronco poderoso que brota del magmaY Arrebuja  mi cuerpo, petrificando el olor de la protuberancia, Escondiendo los senos en las reverberantes olas saladas. Que conforman mi disparatada imaginación.Y me devuelven a mi pasión encerrada
La sangre de las palabras   Halladas tan tiernas En un osado rincón Las margaritas me espolean Para reclamar a los poetas Evocando la verdad Cuando agitadas discuten el Crear sin seducir Escoltando la corriente Atisbando el porvenir Orando sin creerte Ni dando fe a tus vestidos Inútil zurcido Desfigurada actuación No latiendo con pasión Sin remedio encontraremos Escollos, desiertos Atados al asiento      Esta mañana He soñado todo el tiempo Amar y llorar cada renglón Que de tan hondo sentir Nos comamos los hombres Desde alturas remotas Bajo nubes jugosas Veamos la tierra florecer Ciega y sincera Con nuestro nombre crecer Espléndida amiga Ofrecida por Dios Nos vislumbres concedida A los eternos olvidados Con la pluma abierta Y el papel colmado Mientras la tinta anhela La nueva historia Que brote de nuestra entretela     
La ventana estaba entreabierta y olía a humo. Cuando me incorporé estaba acorralado en una granja lejos del mundo.Vi a las esclavas completar la ronda una detrás de otra conun margen de cinco metros. Al voltear el edificio la luz naranja se tornaba verde hasta que un pájaro, cualquier cosa, hacía sospechar un cambio en su sistema periférico, y la alarma se disparaba. Mi frente era un lago, 2014 se había fundido con la historia, y sólo la foto de Amí me recordaba el calor  decasa,La huida, me hallaba rendido aquella noche, y desarmado.Dos vueltas y a la tercera se despejaba un paso de diez metros entre ellas extendiendo su itinerario programadopor el recintoLa última oportunidad de sumergirme en la noche y desaparecer, no dejando pistas.Agarré la saca por el hombro y salté desde el granero en dirección al bosquecillo que lindaba con la parcela, sinllamar la atención de ningún ganso. Me senté contra un tronco recomponiendo mi respiración sin mover un ápice mi postura. Cerré los ojos para descansar Fue en un instante cuando mis párpados traslucieron el oro blanco de la luz matutina, gobernada por el reposo de la naturaleza Las esclavas, simularon ser invisiblessupervivientes, silbando a la mañana la ilusión provocada, La humedad me envolvía y cuando levanté la vista un cartel señalaba la granja.Erigida solitaria, imponía su  hermético semblante sin indicios de actividad.  Una esclava, la más grande de todas, asomó su ridícula cabeza verde desde el portillo y  quieta me escudriñópalmo a palmo, barruntando el cortejo. La densa saliva manaba en un hilo irrompible deleitándose con la imagen de la violaciónEn un acto interminable y horriblemente extraño el insecto concluyó la penetración, volando de nuevo,Me supe en otro cuerpo, sin duda más ágil y limpio, execrando mi piel sobrante, y moví las alas contemplandodesde la altura a mis víctimas, la versión multicolor de mi abdomen les daba miedo.
Asalto
Autor: javier castillo esteban  172 Lecturas
  Cuando Pelayo dejó de mirar la botella, la noche se había hecho eco en la costa de Cudillero, el valle terminaba puntiagudo esculpiendo las casas blancas sobre el rompeolasVarios minutos siguió ensimismado escuchando el ir y venir de la espuma mientras la yola se acercaba lentamente a la orilla .Colocó escrupulosamente el amarre,dejando la red de peces sumergida, y echó su saca al hombroEl olor a marisco había despertado el apetito de nuestro protagonista que advirtió el murmullo y las luces de la taberna más próximaLas grandes jornadas bullían de la boca de los pescadores más primerizos en contraste con el silencio de la piel curtida  y la mirada perdida de Pedro, el propietario de la tabernaUna cata de sidra  secundaba dos medias raciones de pulpo y lacón que ofrecía la carta.Entre plato y plato, Pelayo descorchó aquella botella achatada extrayendo con cuidado el  papel garabateado:  Amado Pedro, Te he soñado todo el tiempo y en cualquier lugar y de tanto suponerte no me hace falta acariciar los hoyuelos de tu sonrisaYa no me queda sino reclamar tus deudas al mar, donde quiera que te haya mecido la marea. Candela     TITULO: LA BOTELLANOMBRE: JAVIER CASTILLO ESTEBAN DOMCILIO: PASEO SANTXIKI Nº 8931192 MUTILVA ALTANAVARRA   
Y tu cuerpo  recto, enfrascado en la eterna dulzura incorruptible. Contempla el mundo derrumbarse Henchido De cataratas infinitas que engendrane fluidos subterráneos mientras,  impacientes evocamos  cada ligero renglón que describe tus designiosY en la ausencia de tu voz, Esperando tu voluntad nos postramos dedicados a sentir la vacuidad previa al contacto de las almas ,recogiendo  retazos  desperdigados de una espiral con nombre de universo
No se comenta de otros cuando se piensa que lo leído es superior 
Las letras, tan inquietas como estaban, anhelaban escapar de la prisión de tapas duras. Cuando el lector abrió la celda se sumieron en un reclamo inaudible de libertad. El lector disuadido por el papel  cientos de veces repetido, abandonó una vez más su distracción, ignorante de la agonía literaria Esa  noche cuchicheaban unas con otras urdiendo un último plan en pos de convencer a su salvador A la mañana siguiente, despertó temprano y despabilado por una fuerza desconocida, preparó un inmenso cuenco de café que derramó por la camisa fruto de la impaciencia. La lectura acuciante de aquel libro lo mantuvo en trance hasta que decidió abrir la primera página y sumergirse en el cuento.   Nunca antes le habían causado semejante impresión los renglones que leyó sin compasión de una sentada. Quedó atrapado por el embrujo que revestía las palabras extranjeras, recostándolo sobre el diván. Sin más lugar para el análisis de su embeleso, reclutó a las personas de responsabilidad de la editorial, exhortando su publicación inmediata, una joya que iba a circundar el planeta   Entre tanto las letras exultantes guardaban silencio, con las extremidades de su cuerpo puntiagudas y sonrientes, en armonía con la música del exterior, visionando una lámina muy fina de ilusión.   El día concluyó con una acalorada discusión entre el lector y los editores, reticentes a la publicación y exposición de la obra, esgrimiendo su escasa validez como instrumento comercial … Hormigas negras diminutas lloraron largas lágrimas de tinta, emborronando pasado presente y futuro, Después del estallido, resquicios del fluido formaron una costra irrompible , desde donde  hoy aún podemos contemplar la luna y los puntos perdidos en la infinita espiral reivindicando su hogar .
En un lugar de Castilla…  La noche era versoSobre  el papel arrullado y descubiertoLas láminas doradas en el cieloExhibiendo sus entrañas tras el vientoNo sabía de vosotrasEngañadas por las horasCompañeras de los campos y el silencio El chirrido de los grillosSecundaba los sentidosDeslizando su manto livianoEntre los nidos vigilantesDonde las ramas cimbreadasAguardaban a bienvenidos caminantes Alegres o cansadosIgnorábamos la atenciónDe unos propietarios entregadosA la llamada del timbre protestónArribamos sin prestarLas medidas ni el pudorMas hallamos en sus ojosLa posada del corazón  Perezosos Escudriñamos al alba Mientras Seguimos mecidos por el sueñoobjetivos de la calma Refugiados en aromas orientalesY sábanas blancas Juntos Acordamosuna efímera despedida Con La imagen del solReverberando en la piscina Su brillo perecederoConvocando la venida del otoño y la espesura de sus hojas Esbozando el genuino sendero que hollaron nuestros pies Y que ahora conocen su regreso.
En el bar de fausto espaldas resquebrajadas descansan, será por ello que Crimen se despereza con gusto bajo el tintineo de los hielos. Es una tarde aciaga como las demás, pero el nacimiento del ocaso provoca el efecto rejuvenecedor de la sed, recorriendo hondas pupilas dilatadas ,mientras  la vista  experimenta las nubes que ofrece su costumbre bebedora La atmósfera no dista demasiado de la muerte prematura y sólo resquicios de barro convocan sensaciones vivas y maleables en un suelo eternamente pisado . Los impulsos del silencio despiertan y permiten que el asesinato se produzca lejos del bar y de los rostros abotargados  Entre tanto ,sobrevuela la pasión febril de las citas inaccedidas por el techo del bar, que  viste de un rojo encarnizado la imagen.Primero el hormigueo debajo de la piel, cuando la sangre fluye forzosamente, y  segundos más tarde, los colmillos brotan engendrando sanguíneas raíces   Los esclavos, abrumados por la llamada del rey, amanecen desnudos formando un ejército de chupasangres empedernidos listos para la caza La ciudad transita oscura en sus propios latidos y la luna amarilla cierra las avenidas, en cuyas aceras habita la prensa, con sus hojas desperdigadas y mojadas de noticias atrasadas.
Vi pasar dos nubes que corrían siguiéndose de cerca, acrecentando la sensación de soledad frente al cielo negro y descubierto., la noche se cerraba, sometida a las invariables posturas de las ramitas que eran azotadas con violencia por el viento.Mi teléfono me servía de farol para hallar el rumor del riachuelo que oía desde hace un rato A las doce lo encontré, fluyendo a tramos entre musgo y troncos carcomidos de humedad, subiendo y escondiéndose en las pozas. De rodillas bebí hasta llenarme de su sabor y reconocí en el reflejo de cristal la sombra del pueblecito que yacía dormido. El valle comenzaba en abrupta actitud y se nivelaba en sus faldas amortiguando el descenso, cuidándome de no enredarme en la maleza Un cartel desvencijado marcaba los lindes de la aldea., "CAVERNA (un pueblo mágico)"La calle principal estaba desierta y las últimas luces de los ventanucos se apagaban a mi paso, sabedores de noticias. El silencio me envolvió en un cisma insoportable entre  realidad y la ficción, retorciendo las casas sobre sus cimientos, desligando el curso de la calles, escupiéndome al inicio del pueblo. Estaba de nuevo frente al cartel que se aferraba sobre un poste, rezando por no caer. "CAVERNA (un pueblo mágico... y maldito)"La calle se iluminó de repente y la música de carrusel giraba en mi cabeza al ritmo que los edificios permutaban su posición La calle principal se había desfigurado en un enorme bloque de hormigón solitario.Dos perros desnutridos custodiaban el muro ladrando su agonía, y clavaban sus esferas famélicas en mi cuerpo.El de la izquierda consiguió romper su cadena a base de embestidas mientras el otro lo miraba perplejo, las patas eran invisibles a cada zancada, y quedando escasos metros para darme caza la bestia salió rebotada. Tirado en el suelo, emitía sus últimas convulsiones y la espuma salía a borbotones de sus fauces.El muro tapaba prácticamente la luna y crecía y mermaba avasallándome con su poder. Hipnotizado penetré por segunda vez en el campo eléctrico sin sentir nada, avancé lentamente bajo la sarnosa mirada del perro El ruido cesó y un punto de luz se incrustó en el cielo pugnando por ser partícipe del día siguiente. La cortina de la noche quedó tendida a mis pies y el sol despuntaba con fuerza.Caverna se había volatilizado...Días después  congregué a mis amigos en un bar  para relatarles el fin de semana y lo sucedido en Caverna. Por supuesto nadie me creyó, y me trataron como a un chiflado. no habían oído hablar de Caverna, pero aún recuerdo la misma mirada del perro en los ojos del camarero y la foto que estaba girada contra la pared, ocultando el muro.
Vino y letras (hablando con la botella)¿Eres tú?Lo confieso, porque regresas incandescente En esta noche de enero Mientras recorro borrachoLos lugares pulidosCitándome con la eternidad Que acude por mi almaCon lisonjas y caricias Ansiosa por rendirKilómetros de estrellas orbitando sobre nosotrosDos locosAmiga mía, ¿no eres consciente de que el amorProfesado por mí, no tiene lindes ¿¿No hallas cobijo en esta tierra cuarteadaAun cuando las miserias lucen sin orden Custodiando anhelos desperdigados?Es por ello que no entiendes la verdad ni las excusasY que más dará...Si no existimos ni ahora ni nuncaY las sombras huyen ya de las calaveras indefensasQue prestan su imagen a la mañana
  Las nubes lloriquean el cielo Sedimentadas de escarcha Convocan lustrosas a los Sueños rebosantes Frágiles y bandidos vitales Escapados del silencio Ahora pueden hablar alto Y más claro que mis lagunas Solo  quedamos los buenos Que abren la puerta de corazones Henchidos de paciencia Desposeídos de cantos sin importancia Deleitantes gustos estrafalarios Se acercan a galope Untados de soledad Doblegados en papeles negros Somos roca y piel Verso acrecentado de rigor y desaires Calma nauseabunda que nada En mares secos Y orillas brotantes de sal desmedida Paladeando fragatas hundidas Presentes transformados en ecos Cristales partidos  sobre calles mentirosas De tímida sinceridad y oídos quietos Calima en suspenso La que traemos con el viento Y al llegar, Pisadas de caballo Miradas frívolas Y sus almas colmadas de nuestro periplo

Seguir al autor

Sigue los pasos de este autor siendo notificado de todas sus publicaciones.
Lecturas Totales53487
Textos Publicados282
Total de Comentarios recibidos629
Visitas al perfil24657
Amigos70

Seguidores

Sin suscriptores

Amigos

70 amigo(s)
julian pecina
Karen
ROBERTO LUNA
Raquel
juan carlos reyes cruz
Tancor Cial
Viviana Mondragón Morales
Joseline Chillogallo
Daniel Florentino López
Natalia
Amanda White
Johan Eduardo
ana reyes
Emme
Micaela
Mia
maria del ...
María Ester Rinaldi
Carlo Biondi
jorge pechi
ViudaNegra
kalutavon
gisela
Oscar Ruano
NELMAR
Silvana Pressacco
MAVAL
MARINO SANTANA ROSARIO
Eduardo Fabio Asis
GAF
Diego Luján Sartori
Sara
Juan Carlos Calderón Pasco
Marìa Vallejo D.-
Kelly Lisbeth Martinez Hernandez
Enrique González Matas
Edgar Tarazona Angel
inocencio rex
José de la Cruz García Mora
Guadalupe Mendoza
German Karel Hanisch
Sandra María Pérez Blázquez
Juan Alvaro Quintero Ramirez  JOMBO
nayareth vega
Artorius
IVONNE RAMIREZ GARCIA
**Leticia Salazar Alba**
esmeralda
LUZMA54- LUZ MARINA VASQUEZ
Azucena
Lucy Reyes
Esmeralda Tabullo
luna austral
Gustavo Adolfo Vaca Narvaja
antonia
estefani
Luz Margarita Cadavid Rico
66arcoiris
Nooemar Hevia
Abraham Arreola
DEMOCLES (Mago de Oz)
Elvia    Gonzalez
José Orero De Julián
Roberto Funes
Getzemaní González
Cande
daniel contardo
un sentimiento
LAHILA ARANDA
ALFREDO MENDIOLA
  
 
raskolnikov

Información de Contacto

España
" vivir soñando, la vida práctica es un lío" doblev
jcepioxvii@hotmail.com/facebook

Amigos

Las conexiones de raskolnikov

  julianpecina
  Karen RZ
  ROBERTO LUNA
  Racrizu
  juan carlos reyes cruz
  Tancorcial
  anyel
  jhove98
  DanielFL
  Natu.alegre
 
<< Inicio < Ant. [1] 2 3 4 5 6 7 Próx. > Fin >>