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Mía Luna
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  • País: Argentina
 
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La curva
Autor: Mía Luna  496 Lecturas
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Eleonora tiene diecisiete años. A Eleonora nadie la ve, Eleonora no existe. Comparte las paredes que la rodean con dos seres indiferentes que intentan moldearla a su antojo con largos sermones sobre la vida, las conductas y el éxito.  Comparte sus horas de estudio y de ocio con compañeros de clase, profesores y demás personas con las que se relaciona exteriormente, banalmente y casi por obligación. Ella mide 1,50m, su cintura es más ancha que sus caderas y su cara parece intentar esconder sus ojos brillantes y acristalados. Pasa las horas encerrada en su habitación, escuchando música que no escucha nadie, leyendo libros que ya nadie lee y escribiendo pensamientos que jamás va a mostrarle a nadie. Nadie...es su mejor compañero, Nadie es quien más la entiende, Nadie es con quien más se identifica. Ella simplemente no pertenece a nada, ni a un grupo de amistades, ni a un grupo social, ni a su propia familia. “Es rara” dicen…no mira la tele, no se viste a la moda, no se maquilla, no tiene novio, no se desespera porque es  gorda…-Seguramente esta re perturbada la pobre… Vaya uno a saber que trauma tiene, ojala no se drogue ni se suicide. Son vanos los intentos de los padres por hacer que su hija encaje en algún lado, terapeutas, psicólogos, hasta astrólogos y gitanas vinieron a verla para intentar “curarla”. Todos opinan, todos dan recetas, ella escucha y calla… no le importa su futuro, no tiene proyectos,  no anhela ser profesional ni nada… solo espera que alguien pueda verla y que alguien pueda ver a través de sus ojos. No quiere que la rescaten, no quiere que la salven, no quiere que la curen de al parecer el peor de los demonios, ella misma, su propia conciencia, su propio ser. ¿Por qué es necesario lograr algo, alcanzar una meta valiosa a los ojos del hombre para sentirse completo y encontrarse a uno mismo? Eleonora nació sin esa necesidad, pero inmersa en una naturaleza dominada y sublimada por patrones de conducta estandarizados que habilitan o no el pertenecer al mundo humanizado… si bien algunos son imprescindibles para poder coexistir pacíficamente, hay otros que existen para manejar la conducta de las masas, para perpetuar la estratificación social existente, para mantener el poder hegemónico de unos pocos, para aniquilar el potencial revolucionario de los pueblos, para adormecer las mentes creadoras.  Somos así mecanizados desde que nacemos, pareciera ser que hay una sola vía para caminar, sin rutas alternativas, sin opciones. Eso es lo que nos aniquilaron, el poder de elección sobre cuestiones superiores e inherentes a lo más profundo del ser. El libre albedrío con el que el creador nos dotó no es más que eso… el poder elegir en cada uno de los aspectos de nuestra vida. No solamente que comemos o que vestimos, sino también como respondemos a los mandatos del orden social imperante. En lo más profundo de nuestro ser y de nuestra potencialidad las teorías conductistas quedan obsoletas, siempre se puede elegir, pero nuestras mentes fueron estructuradas para que las conciencias no lo sepan, crean que hay un único camino.  Si te abandonan debes llorar, sentirte triste, si te insultan te debes enojar y devolver el insulto, si tu madre es histérica serás histérica, si tu padre es depresivo la depresión se apoderará de ti en algún momento, si en tu familia todos mueren de cáncer morirás de cáncer,  si te critican devolverás con creces la crítica, si no eres productivo para la sociedad no eres nadie y debes deprimirte y en lo posible matarte. Es patético…que sólo un puñado de humanidad logre despertar de un adormecimiento que no permite al hombre encontrarse consigo mismo, con su propia individualidad, a veces ni con sus propios gustos, preferencias, elecciones. Eleonora desde que nació eligió para sí misma un camino alternativo al del resto, piensa con su propia mente, siente con su propio espíritu… Se tira en el césped, cierra los ojos  y sus agudos sentidos se deleitan con el sonido del viento, el canto de un pájaro, el aroma de los jazmines, y se pierde...se funde con la naturaleza y no vuelve por un rato, en el cual los padres creen que está sufriendo una especie de huida de la realidad, de bloqueo metal, de conmoción cerebral, de esquizofrenia adolecente… Si se hubiera quedado ese rato mirando la televisión o haciendo zapping embobada, con la mirada ida y el cerebro desconectado de su entorno más próximo, seguro pensarían que es absolutamente normal, pero como eligió ser diferente, eligió ser ella y no otros, es rara, está enferma, hay que hacer algo. Cuando observa y escucha a todos los que la rodean, la tristeza se apodera de su cuerpo y ve su propia muerte…se debate entre el suicidio físico y el suicidio espiritual. Es erróneo llamar suicidas sólo a las personas que se asesinan físicamente. Existe el suicidio interno...suicidio intelectual. Aniquilar la potencialidad creadora, la libertad de pensamientos, la fuerza vital…es redimir al espíritu, es asesinar al alma, detener su crecimiento, su evolución...es en cierto modo suicidarse… ¿Qué clase de suicidio llegará a cometer? No tiene salida, se encuentra atrapada, si suicida su cuerpo libera su alma; si suicida su alma libera su ego, el mismo que la convierte en un ente sin poder de decisión mas que la de satisfacer las necesidades de este mismo, enfermizo, que domina cada una de las acciones que tomamos a cada instante.  Demostrar superación, demostrar valentía, demostrar conocimiento, demostrar ser feliz, demostrar fortaleza, todo sirve para alimentar al ego. Hasta el llanto y el dolor lo sirven. A diferencia del resto, Eleonora se encontró con ella misma, se conectó con su espíritu, y eso le basta, nada más. No quiere demostrar nada, no pide nada, no espera nada, solo desea Ser… No siente tristeza ni depresión cuando está sola, pero sí cuando sale a la calle, cuando la miran sus padres, cuando escucha murmullos que la critican y condenan por ser distinta, y no entiende… La soledad aparece cuando la rodean otros, y ahí surge la angustia, la desorientación, la incertidumbre, el miedo… El mismo miedo que aniquila el impulso vital de todos nosotros. Y es por ese mismo miedo que el hombre común es un ser débil, que sigue a las masas, que es dominado, manipulado, que cambia la fuerza interna por la ley, la responsabilidad social por la responsabilidad del régimen, el placer por el bienestar, la comodidad por la libertad, la propia individualidad por la seguridad que le da el pertenecer a un mundo que lo contiene y lo condena. Así es que entonces Eleonora decide que va a morir… su primer pensamiento es matar a su cuerpo, pero luego piensa en sus padres, en el amor que los enlaza a ella y en una interna necesidad de satisfacerlos y entonces decide matar a su espíritu.  En un ataque de desesperación tira todos sus libros, sus dibujos, sus escritos, los adornos en las repisas de su habitación, todo lo tira a la basura para poder renacer en otra persona acorde a los mandatos sociales y familiares. Llora pero continúa…va a la peluquería, intensa superar su torpeza social y charlar con alguien sobre el clima o cualquier otra cosa, llega a la casa y enciende la televisión. Se acerca a un grupo de adolescentes, compañeros de escuela, e  intenta encajar sin demasiados esfuerzos, solo acepta un vaso de alcohol y un cigarrillo y listo. Busca un trabajo, decide estudiar para tener una vida digna. Le gusta la filosofía pero los padres la convencen de que los filósofos están todos locos y llevan una vida miserable sin posibilidad de grandes logros personales y económicos. La obligan a estudiar ciencias económicas, y así lo hace.     Su mente brillante le permite avanzar en la carrera sin dificultades, pero luego de un año Eleonora cae…con fuertes dolores de cabeza, con mareos incesantes y cada vez más reiteradas convulsiones. Un tumor cerebral se apodera de su mente y de su cuerpo, de manera devastadora… Tres meses después desde su diagnóstico el cuerpo de Eleonora perece para siempre… Su espíritu libre, su alma emancipada de un cuerpo que la condenaba busca renacer ahora en un ave, en una bella flor, o en cualquier ser del cosmos cuya felicidad devenga únicamente del ser, del existir...nada más.
Eleonora va a morir
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