• inocencio rex
inocencio rex
poeta obseso y poetiso obeso; señorito bien con muchas ínfulas; sátiro perseguidor de nínfulas; narigón nato, literato ñato.
nota: las idioteces publicadas en este sitio, ya sea en antipoemas o en historias, son mías y están registradas en www.safecreative.org
  • País: Argentina
 
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Antidesamor
Autor: inocencio rex  579 Lecturas
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Antirón
Autor: inocencio rex  768 Lecturas
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 Sonó el celular. Presionándome la trompa con el pañuelo y dando saltos hacia atrás, me alejé de la zona de combate y atendí.-hola, Seba- era Alejandra.-Ale, ahora no puedo.- el viejo seguía moviendo los puños en círculos.-es sólo un segundo, mi amor.- Se puso a llorar.-¡Usted está peleando, señor! ¡Deje ese teléfono! ¡Irrespetuoso! -gritó el viejo envalentonado.-¿me deja hablar con mi esposa?- le contesté con voz nasal -Después peleo todo lo que quiera.-acá nadie va a pelear. -dijo la chica del birrete.-¿¡con su esposa!? ¡Este tipo es de lo peor! -dijo una de las viejas. -¿no era que aquella pobre chica era su esposa? -Sebastián. ¿Estás peleando? ¿Cómo que estás peleando?-¡qué horror! ¿Qué clase de mujer se casa con un canalla como ése? -dijo la otra vieja.-si, es increíble, Ale. Estoy peleando con un viejo... y parece que me rompió la nariz.-¡viejos son los trapos! ¡Vamos! ¡En guardia! Un zurdazo me silbó en la oreja.-los hombres de antes no eran así. -Dijo la viuda Uno.-ah, no... Leopoldo sí que era todo un señor.- contestó la viuda Dos.Conseguí evitar el "uno-dos" que me lanzó mi ridículo y arcaico adversario; con un correteo volví a alejarme de él. -Ale, llamame en un rato... o te llamo yo. -no, esperá. Te llamé porque quería pedirte perdón, Seba. Guardé el pañuelo en un bolsillo del saco.-Antes eran verdaderos caballeros, eran hombres de palabra.-siguió la vieja Uno-¿pedirme perdón?... ¿Por qué?-El casamiento era un compromiso ante Dios por la Eternidad. Y los compromisos se cumplían.- completó la vieja Uno. -por todo, Seba... por haberte hablado así, hace un rato... por haberte tratado tan mal todo este tiempo... Steffi te quiere mucho, -volvió quebrarse y a romper en llanto- y yo también, mi amor. -pero vaya usted a hacerle entender eso a los comunistas del Gobierno... si encima son ateos.-cacareó la vieja Dos- ¿Qué compromiso van a asumir esos relajados si ni siquiera creen en Dios Nuestro Señor? -¿Qué espera? ¡Rómpale el alma, de una vez!- ordenó alguien al anciano.-ya está, Ale... está bien... vos también perdoname. -dije sin el asombro que merecían las palabras de Alejandra ya que no podía dejar de mirar al enfurecido matusalén, quien no dejaba de mover los hombros y los puños.La señorita del birrete, que no me permitía salir a buscar o al menos averiguar qué había pasado con Valentina, trataba inútilmente de calmar al anciano.-y perdoname por haberle comprado el celular a Steffi.- agregó Alejandra entre sollozos.Pero el energúmeno se lanzó en una nueva embestida. Un puñetazo que no produjo más que una cosquilla me impactó a la altura del hígado.-no, Ale, no importa... mejor: así Steffi está comunicada.El abuelo inclinó la cabeza y me disparó, ferviente, una metralla de golpes al abdomen.-y... perdoname Seba... por favor perdoname...-por eso hay tantos homosexuales; por no querer asumir los compromisos, ¿no le parece? -cacareó la primer vieja.El viejo retrocedió, quizás para estudiar algún punto débil mientras tomaba envión y aire.-seguro, esto es un "viva la pepa"... ya da asco todo eso.- acotó la segunda. -Perdoname, Seba, por favor -el veterano inició un nuevo ataque-... soy una estúpida... es que estaba desesperada...   y me sentía tan sola, Seba... -Alejandra berreaba, sonaba realmente desconsolada- ...que me acosté con Javier.El cachetazo golpeó el costado izquierdo del rostro ajado, terminando con aquel absurdo duelo. El viejo, con gracia mineral y pareciendo una marioneta que se desarmaba o una armadura sin nadie dentro, caminó cayéndose, de a poco y de cabeza, contra el detector de metales de los equipajes. Me quedé parado con el celular en la mano sin entender siquiera el porqué de mi reacción. Se produjo un silencio que, sólo un instante después, se desvaneció con el estruendo que llegó desde la pista, ese que hizo temblar Aeroparque e hizo, también, gritar y correr a todos los que querían ver qué diablos había pasado (incluyendo seguramente a Paula y al calvo y petiso guardia que había detenido a Valentina), convirtió aquella pesadilla en algo colectivo. Sólo nos quedamos ahí, mirando el cadáver enjuto y de ojos abiertos del viejo, los cuatro. Las dos señoras, al fin, hicieron silencio; una se tapaba la boca abierta, la otra, también boquiabierta, se apretaba la peluca contra el cráneo. La morocha del birrete estudiaba el asunto con cierta frialdad, como deseando que el viejo todavía estuviera vivo y, al mismo tiempo, como si quisiera darle cortitos puntapiés para que el anciano reaccionara. Y ahí también estaba yo, todavía incrédulo, que sólo atiné a cortar la comunicación con Alejandra. Pronto se llenó el ambiente de humo, clamores, muerte, desesperación; de llantos, de sirenas y periodistas.      
7 Y Atendí.-Vale, mi amor... ¿ya estás en el estudio?-si, estoy en el estudio.-¿sabés que recién hablé con Steffi a "su" celular?-¿ah sí? ¿A "su" celular? ¿Tiene uno?... mejor. Así la tenés comunicada.-si, bueno... viste que yo no quería saber nada.... Pero... -contesté hipócritamente- lo mismo  pensé. Paula tomó la notebook que reposaba sobre mis muslos; sólo la movió lo suficiente como para mirar la pantalla y poder tipear algo. Vi piernas, desnudas e interminables como autopistas, cruzarse. Se acercó tanto que sentí su calor juvenil y la cordial fragancia del perfume: Chance de Chanel. Con un roce bien estudiado me apoyó la cabeza en el hueco de la axila del mismo brazo cuya mano tenía el celular, y se puso a escribir algo.-¿sigue con retraso tu vuelo?- preguntó Valentina con un talante con el que decía que seguía enojada conmigo.-si, todavía no se sabe por cuánto tiempo... quiero viajar de una vez.-me imagino ¿y que estás haciendo?-nada... acá con el Autocad, aburriéndome.-pero la rubia parece divertirse ¿Quién es, Seba?-¿eh?-la rubia que te está abrazando.Entonces la vi. Valentina estaba parada del otro lado del vidrio, junto al mismo ficus que disimilaba una esquina.Me armé de hipocresía como primer e inmediata defensa, la saludé con la mano libre y contesté, fresco:-y te compraste el cepillo, nomás.-no te hagas el estúpido. ¿Quién es?-¿Quién? ¿Paulita? La aludida abandonó su pose de auscultar corbatas y volvió a poner la laptop en su lugar. Todo aquello, seguramente, fue peor. -ah, Paulita. ¿Y quién es Paulita?-una amiga...Paula me miró; aunque arrugara el entrecejo, se percibía algo de disfrute a través de aquellos rayos en su mirada.-se parece más una amiga de Steffi... no sabía que te hacías amigas tan jóvenes y tan lindas esperando abordar aviones. -dijo con su tono cínico, inédito para mí. -es una amiga de hace mucho tiempo. -¡ja! ¿Desde que ella tenía cuatro años? qué poco te conozco, Sebastián.Entonces dije, estúpidamente, lo imperdonable:-Valentina: no es lo que parece.Que detonó en Valentina un ataque de nervios.-¡qué basura! ¡Dios mío! ¡Sos una basura!-¡calmate Valentina! Vos me conocés muy bien, mi amor, y sabés toda mi vida...-¡no! ¡No me digas "mi amor"! ¡Yo no te conozco! ¡No te conozco nada! ¡Y qué hace todavía al lado tuyo! ¡Que se vaya de ahí!No sé si acaso los gritos de Valentina se oían a través del vidrio, o por mi celular, o si por simple y pura intuición Paula se levantó del asiento, dejó sus cosas y se dirigió al bar a pedirse una Coca cola Light. El guardia se acercó y dijo algo pero Valentina, con un certero manotazo, le hizo volar la gorra que fue a aterrizar en la maceta del ficus. Entonces comenzó una discusión del otro lado del vidrio, discusión en la que, a pesar de ir ganando en retórica y decibeles, Valentina terminó por sacar un aerosol de la cartera y rociar el rostro del pequeño y calvo empleado de seguridad, quien cayó de rodillas a frotarse los ojos. Los que esperaban de mi lado del vidrio, en zona de embarque, empezaron a inquietarse. Aunque algunos se rieron del suceso, la mayoría se preguntaba qué cuernos pasaba; dos viejas pulcras, muy probablemente turistas con destino a Cataratas, pronto se acercaron al detector de metales para averiguarlo. Estaba abochornado y sentía que yo tampoco conocía lo suficiente a Valentina; jamás creí que iba a verla en semejante despliegue de violencia. También pensé que a pesar de los diez años de relación, y de los ocho que llevábamos de casados, tampoco conocía tanto a Alejandra, y que quizás, recién con la separación, apenas la estaba conociendo.  Cuando llegué al detector de metales, una de las viejas decía:-que barbaridad ¡que loca está la gente!La otra le contestaba:-es increíble, es por los comunistas que hay en el Gobierno.-cuánta razón tiene usted, señora. -agregó un viejo que se había sumado a la inútil vigilancia de nada. -cuando vuelva el Ejército, la juventud va a aprender lo que es la disciplina... ¡háyase visto un uniformado golpeado por una mujer! ¡En mi época la fusilaban ahí nomás, en el acto! -disculpe, señorita. -le pregunté a la chica del birrete de la Fuerza Aérea, exagerando el tono respetuoso que suele satisfacer a los militares: -¿Me puede dejar salir un segundo? Ella -apunté a la zona del ficus- es mi mujer.-no, no puede, señor. Si sale pierde el importe del pasaje: su vuelo está por abordar. -contestó uniformada y oteando a un imaginario horizonte.-¿su mujer? ¿Usted no era el que estaba con aquella rubia despampanante? -dijo una de las viejas.-picaflor. -agregó el fascista.-¡que barbaridad! ¡Ya no se respeta nada!... es por los comunistas del Gobierno. -dijo la otra-usted es un baboso. ¡Con razón la pobre chica reaccionó así! -me dijo la primer vieja.-no sea metida, señora.- contesté sin demostrar el mínimo interés a aquella discusión. Aún menos me importaba perder el importe del pasaje. -¡no le hable así a una señora! Si yo fuera mas joven, le partía la cara aquí mismo.- dijo el viejo con la justa indignación del autoritario.-señorita, por favor -insistí- déjeme salir un segundo... de todas formas tengo mis cosas aquí dentro.-señor: usted no puede salir. Su vuelo está por abordar. Si sale pierde el importe del pasaje.- Me contestó esta vez mirándome fijo y seriamente, como para dejar en claro que esa era la única respuesta que iría a obtener de ella.-ahora quiere salir a buscarla a la pobre, el muy necio ¡Traidor! -dijo una vieja.-¡infiel! -croó la otra.-¡cállense las dos, chusmas!- grité con la paciencia agotada.-¡ahora si! ¡En guardia, señor, que va a pelear!- el viejo fascista se puso en una pose de box tan anticuada que hasta me causó gracia; Cassius Clay no habría nacido cuando todavía se combatía así. Sólo atiné a sonreír. Pero pronto, el impacto de un puño en jab, directo y por certero, me hizo lagrimear. -¡vamos! ¡Pelee como un hombre! Me tomé la nariz que ya sangraba.Lejos, se escucharon sirenas. 
Desastre aéreo 7
Autor: inocencio rex  434 Lecturas
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6   Vuelo 0517Destino: Posadas/Iguazú. Delayed.-qué divino cómo hablas con tu hija. -lanzó Paula, que no se había movido del asiento.-si... está terrible Steffi. -contesté aún aturdido y receloso mientras volvía a sentarme.-y...sí, los chicos están cada vez más vivos.-ja... un día van a nacer hablando...-¡tal cual! -y van a estar mandándose mensajes de texto de cuna a cuna...- ja, ja ¡imaginate!... Pero ¿por qué no la dejas tener celular?-porque no me gusta. -volví a dar una bocanada ansiosa al aire acondicionado de la zona de embarque y, después de exhalar con tono resignado, me escuché decir:  -ya está.... la madre ya se lo compró, ya lo tiene... -pero es mejor que lo tenga, así ella está en contacto... además debe ser la única que no tiene un "celu" -si... no sé. Capaz tengas razón y yo soy un poco anticuado... Capaz el amor ya no exista,  las cosas sean "nada serias" y ya no se sufra por todo lo que yo sufro.-no digas eso. Me hiciste pensar con eso de: "hay que vivirlo para decirlo".-no hagas caso. Me están pasando tantas cosas que ya no entiendo nada...  Cierto, ni me acordaba que te había dicho eso.-es un buen consejo... las cosas hay que vivirlas.-si...es de un existencialismo tan barato que te lo regalo. Vos sos muy chica para eso ¿Cuántos años tenés, Paula?-cumplo veintiuno el veinte de noviembre. Soy escorpiana.-ay, eso suena venenoso.-no... ¿por el signo decís? -por todo.¿Acaso me estaba haciendo el galán? Decidí frenar a mi ego y su bendita necesidad de drogarse con feromonas. Ya tenía problemas suficientes con las mujeres de mi vida como para andar sumando aquel terrible, sinuoso, bellísimo y rubio despelote. Pero no me animé a rechazar a Paula con brusquedad. Sólo abrí la notebook e inicié el Autocad para simular. En el Messenger, Javier iniciaba sesión.-¿así que te venís a vivir a Buenos Aires? -si-¿A dónde?-Vicente López.-¿ah sí? Tengo una amiga que vive ahí.-ah.-bueno... y dame tu número así nos mantenemos en contacto.Suspiré dolor antes de contestarle:-no puedo darte mi número, Paula, estoy saliendo con alguien y me vengo a Buenos Aires a vivir con ella... se llama Valentina y es la chica con la que me viste en la revistería. Estamos enamorados.Decirle aquello sólo resultó para desafiarle el orgullo. Lo vi en relámpagos en esos ojos septembrinos. Pero sonó el celular y era Valentina.-mirá qué justo: es ella.- dije a una Paula ocupada en reacomodar sus fichas. Entonces, la Chica Bond, afecta a ciertos dichos populares, me contestó:-es de buen corazón.
Desastre aéreo 6
Autor: inocencio rex  251 Lecturas
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5 Sonó la chicharra de mi celular. Mensaje de texto de un número desconocido:"Hola papi soy Steffi". ¿Acaso Alejandra le había comprado el celular? Si era así, estaba yendo cada vez mas lejos con la guerra fría que me estaba planteando: sabía que eso era de lo peor que podía hacerme. Puse la notebook a un costado (estuve a punto de  tirarla al levantarme del asiento). Respiré hondo, caminé unos pocos pasos por esa sala de espera a medio llenar con pasajeros de varios vuelos y llamé.-Hola, papi.-hola, mi amor ¿Cómo estás?-bien.-¿y ese celular de quién es?-mío.-¿es tuyo?-si, me lo compró mami.-ah ¿mami te lo compró? ¿Cuándo?-el viernes; nos compramos un montón de cosas. Mami me compro unas botas iguales a las de ella.-¿pero mami no te dijo que yo no quería que vos tengas celular?-si, me dijo. Pero dijo que ahora que te ibas, teníamos que ser amigas.-ah. ¿Y yo no soy tu amigo?-no, porque no nos querés mas.-Steffi, yo te quiero un montón de mucho.-así no se dice. -¿ah no? ¿Y cómo se dice, brujita malagueña?-no sé.-no sabes porque no vas a la escuela y vas a ser una burrita cara de mona si seguís faltando. ¿Por qué no fuiste hoy?-porque... me dolía la garganta.-¿ah si? ¿Y por qué te dolía la garganta?-no sé.-¿y qué hiciste el fin de semana?-fuimos a andar a caballo.-¡que bien! ¿A dónde?-al campo.-¿y quien te llevó?-mami con el tío Javier, la tía Romina y el tío Jimmy. Carlitos le pegó a Brian con un palo y nos tuvimos que volver enseguida porque le salía sangre.-¿me prometes que no vas a usar más el celular?-no.-¿no? ¿Por qué?-porque mami me deja usarlo y es mi amiga. Y vos te vas con una puta.-¿Cómo dijiste?-nada.-¿quién te dijo eso?-nadie.-¿dónde escuchaste eso, Steffi?-se lo dijo mami a la tía Romina.-bueno Steffi, no quiero que digas mas esa palabra, es muy fea ¿me lo prometes?-¿y vos me prometés que no te vas a ir más?-te prometo que hoy apenas llegue vamos a ir a andar en bici a la Costanera ¿si?-si.-bueno me voy, Steffi, te mando muchos besos y un pedito ¡prrr!-ja ja ja. chau papi.-chau, mi amor.Cuando oí "tío Javier", la voz de Steffi sonó desgarrándome el corazón con el sonido de la púa rayando el vinilo de un disco favorito.
Desastre aéreo 5
Autor: inocencio rex  132 Lecturas
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4  Volví a abrir la notebook, busqué fotos de la obra de Oscar Niemeyer; quizás un paneo a la sede del Partido Comunista francés lograra narcotizarme y ya no pensara en el malentendido, ni en lo extraña que había sido la mañana.  Pero no podía refrenar ni el galope de mi ansioso corazón, ni las bocanadas con las que atrapaba el aire tan acondicionado y artificial de aquel salón en el que esperaba embarcar de una maldita vez. ¿Acaso debía haber seguido a Valentina, debía  quedarme un día más e ir de paseo al Tigre con ella? Las mujeres tienen un sexto sentido: ya lo saben todo, lo intuyen, y el tiempo casi siempre termina por darles la razón. La computadora se tildó mientras ampliaba la imagen del Palacio do Planalto. Volví a llamar a Valentina pero tenía el celular apagado. Estaba realmente enojada. Era mejor que no la llamara al estudio. Reinicié la sesión.Era la misma "Chica Bond" quien estaba a dos filas de mi asiento y volvió a sonreírme. Y era bellísima. Entre pudoroso y cobarde, bajé la mirada. Pero volví a mirarla como hechizado; vi, con sorpresa, cómo tomó sus pertenencias para galopar hacia mí.-Hola. Sos arquitecto ¿no? -si. -contesté con un hilo de voz y sin despegar mi mirada de la pantalla de la computadora. Quería subirme al avión de una vez; no tenía ganas de hablar con nadie más. -¿vos sos Sebastián Rossi? -si.-mi hermana estudió con vos...-ah.-...Marina Resek... yo soy Paula.La miré a los ojos y la reconocí.-...¿Paulita?-¡si!-¿cómo estás?... Estás (una valkiria, una deidad, una beldad: estás hecha toda una Chica Bond)...  distinta.-ay bueno, no pasó tanto tiempo-por lo menos doce años.-¿tanto? no... no creo.-y...hace diez que me casé.-¿estas casado?... ¿esa chica que estaba con vos es tu esposa?-eh, no.-uy, perdón, qué metida de pata...-no pasa nada.-ay, no... Paula siempre metiendo la pata.-no es nada... es que me estoy separando.-ah, qué pena ¿no funcionó?-y... no.-¿y no hay vuelta atrás? -...bastante difícil.-qué lástima ¿y tienen hijos?-una nena de siete... Steffi,-¿Steffi? ¡Qué lindo nombre!-mirá vos: yo quería que se llamara Paula... acá está...-Vacaciones Bombas 2006. Steffi lanzando un abracadabra al lente de la cámara con su naricita despelechada, rulos al viento y con el Atlántico plagiándole el verde azulado a sus ojos.-¡Paula como yo! -si. A mí siempre me gustó ese nombre.-pero no por mi ¿no?-hay otras Paulas en el mundo... es un lindo nombre -sos malo, pensé que me ibas a decir que sí... ¿es tu nena? ¡Es hermosa! Es idéntica a vos, la boca, los ojos... ¡mirá que lindas pecas!-...-¡pero qué raro encontrarnos después de tanto tiempo! -si, es extraño.-¿vivís acá?-me mudo para acá, la semana que viene.-¿en serio? Yo estoy viviendo en Barrio Norte.-como casi todos los misioneros que estudian en Capital.-ah, no sabía.-estudiás acá, ¿no?-si... estudiaba... abogacía en la UB.-¿y que pasó?-dejé, no me gustaba.... Pero trabajo, soy modelo... y empiezo teatro con Gallardou-ah, que bien... ¿y Marina? ¿Como anda?-bien, está en Apóstoles.-¿se casó? ¿Tiene familia?-si, se casó con uno... en casa nadie lo quiere.-y bueno... uno no se puede meter. -tenés razón, ¡pero es un tarado! A mi me encantabas vos para ella, hacían re linda pareja. Yo siempre quise tener un novio como vos.-ah, pero creciste y te diste cuenta...-si, me di cuenta de que no hay muchos como vos.-...-... Marina estaba re enamorada, y creo que nunca se olvidó de vos.-pero si ella me dejó.-ah ¿si? Qué tonta.-si, anduve mal, hasta casi dejo la carrera... ¡mirá de lo que me estoy acordando! -¿en serio? Marina se va a querer morir...-no le digas eso, ya pasó mucho tiempo. Ya está casada, está en otra historia. ¿Y vos? ¿Estás de novia?-mas o menos.-¿mas o menos? ¿Y eso?-hay alguien... pero nada serio.-nada serio... yo no puedo ser así, siempre me lo tomo en serio.-ay ¡que divino!-¿Cómo haces?-¿con qué?-para no tomarlo en serio.-no se... nada. No se dan las cosas... no se.-¿y la otra persona? ¿Tampoco se lo toma en serio?-no... creo que no... no sé, no creo.-¿y nunca te enamoraste?-¿enamorarme, enamorarme?... no, creo que no.-qué mal, una lástima.-¿Por qué una lastima?-no se, por vos... digo.-el amor es para sufrir.-es cierto, pero es mejor vivirlo para decirlo.-¿acaso vos no sufriste por mi hermana? ¿no sufriste para tener que separarte?-siempre se sufre en la vida, por amor o por no tenerlo... siempre se sufre.-yo no lo tengo y no sufro.-dale tiempo.
Desastre aéreo 4
Autor: inocencio rex  144 Lecturas
3 Abrí la laptop. Volví a cerrarla apenas sonó mi celular. Rezongué cuando vi el nombre en la pantalla.-hola, Ale.-hola ¿Sebastián? habla Alejandra. ¿en donde estás?-ya estoy embarcando... todavía en Aeroparque. Anunciaron el vuelo a Iguazú con escala en Posadas.Envié un beso sordo a Valentina que viajó atravesando la costra invisible del cristal.-pero llegas hoy ¿no? Valentina, con una mueca que emulaba una sonrisa, me devolvió el beso.-ahá... en dos horas o tres... bah, andá a saber... espero estar hoy en Posadas.-ah, bueno... no... porque Romina quiere hablar con vos- dijo Alejandra, con una inusitada, imposible suavidad. Sospeché.-¿y por que no habla con Esteban, nomás?-porque Romina dice que quiere hablar con vos, Seba.-¿para qué?-no lo sé...- negó con un primer acorde de ese tono, para mí, exasperante.-Ale... vos sabes para qué - y los dos bien sabíamos que ella sabía-. Si es por hablar con ella, yo no quiero.-dice que hay cosas que no cierran, Sebastián. Ay. Si el amor es un noble negocio, el desamor es miserable.-si las cosas no cierran, decile que las hable con Esteban. Ellos son abogados, están para eso...  ¿Y Steffi?-está mirando los dibujitos, hoy no fue a la escuela. No se sentía bien.-¿de nuevo no fue a la escuela? Ahora qué tiene.-no sé, me dijo que no se sentía bien... yo no la vi muy bien-. Contestó Alejandra, ya con su tonito de voz habitual.-pero faltó el miércoles y el viernes-. Volvía a sentir ese peso que me ennegrecía el pecho, ese mismo negro que se me subió a la mente cuando Alejandra sentenció:-mirá Sebastián: no te hagas el buen padre por teléfono. -¡no me hago nada! ¡no la dejes faltar! Alejandra... es lo peor que podemos hacerle-. Dije aquello en una especie de berrinche. Alejandra contraatacó:-¡Ja! ¡Lo que faltaba! Desde Buenos Aires me querés manejar la vida. ¡Nos querés manejar la vida! Mirá que nosotras estamos muy bien así... sin vos.-Ale: yo no te quiero manejar la vida, lo que te digo es que no quiero que mi hija falte al coleg... -¿tu hija? ¡Nuestra hija!-bueno, okay, nuestra hija...-te podías haber acordado antes de todo esto... ¡¿tu hija?!... ¡dios mío, cuanto cinismo...!-.Alejandra había logrado, una vez más, ponerme furioso. Conté mentalmente, para tranquilizarme y no empeorar las cosas diciendo algo de lo que iría a arrepentirme.-¿Steffi anda por ahí? ¿Me das con ella? Se oyó la pregunta de la madre y después la voz de Steffi contestando algo.-Dice que no quiere.-¿Cómo que no quiere?-Y... no quiere. - me contestó categórica y en ese tonito maldito con el que siempre logra sulfurarme. Hice una pausa en la que quise destrozar el aparato contra el piso. Respiré hondamente. -decile que quiero hablar con ella, urgente.Alejandra dobló su apuesta:-¿no estendiste que no quiere hablar con vos?-  -Alejandra: andate a la -cortó.- ...Del otro lado del vidrio estaba de pie Valentina, mirándome absorta y acicalándose el chal violeta como en un tic. Lo espléndido de nuestro fin de semana juntos, se había desvanecido; su cara era ya de desasosiego, de una angustia que no pudo ocultar ni siquiera cuando esbozó esa sonrisa constipada que me envió a través del vidrio. Me dirigí al guardia del detector de metales (un hombrecito con cara de nada, pero también con la autoridad del uniforme) y le pedí si podía salir o, sino, si al menos podía dejar entrar a Valentina a la zona de embarque. El guardia me remitió a su superior: una joven morocha con un birrete de la Fuerza Aérea que me negó las dos opciones alegando la inminencia del embarque. Tomé mi celular y la llamé; esperé a que encontrara el suyo en el caos de su cartera mirando, a través del vidrio, cómo  sus párpados parecían ya hinchados por futuras tormentas. -Vale...-mi amor -canturreó con ternura- ¿estás bien? Te vi hablando por teléfono enojado ¿pasó algo?-si, no es nada ¿vos estás bien?-si...-yo no te veo nada bien.-te digo que si, Seba, estoy bien.-bueno... andá al estudio porque vas a llegar tarde.-no voy a llegar tarde... dejame, que yo sé cuando irme.-Vale, mi vida... me hace mal verte así a través de un vidrio.-A mí me hace peor no verte más.Realmente me estaba asustando con ese dejo fatalista. Si bien yo nunca tuve miedo a volar, aquel temor, caprichoso e infundado de Valentina, estimulaba una sensación nada cómoda cuando se está por abordar un viaje a 10000 metros de altura.La reprendí:-uy Valentina ¿Qué pasa? Estas actuando raro: no digas así... -no me pasa nada, Seba. Te dije que me iba a quedar acá hasta el sábado. Mientras vos hablabas por celular, fui y me compré el cepillo -llevó una mano a la cartera.- ¿querés verlo?... Es rosa.- hurgó en la cartera-¿que?... ¡me estás jodiendo!-y llamé a la oficina... los planos vienen en camino.-¿estas loca?-y ahora corto con vos y llamo a mami para que me traiga la ropa...-¡estas completamente loca! ¡¿Así querés que me venga a vivir con vos?! -¿Qué dijiste?Cuando sus ojos brillaron hasta ahogárseles en ese mismo silencio en el que yo caí, supe cómo se apagaba una estrella y sentí a un ángel cubrirse el rostro con un ala. Valentina insistió con la voz cascada:-Seba: ¿Qué acabás de decir? - -perdoname Vale... perdoname, mi amor.-Y lágrimas ya rodaban en sus mejillas.-¿qué clase de loca creés que soy? estoy enamorada de vos y quise quedarme hasta que el avión despegara... nada más.-... Vale, no lo dije en serio.Quise abrazarla con la fuerza que nunca tendrían mis palabras. Pero el vidrio seguía ahí infranqueable, árbitro invisible entre nosotros.-ya sé, Seba; sé que no lo dijiste en serio, pero lo dijiste.-yo también estoy enamorado de vos, hermosa.-ya se, Seba. Chisté, chillé y puteé mirando a un techo aséptico sin tener argumentos:-la puta madre, ¡soy un boludo!. -no, Seba... tenés razón...-dijo una endurecida Valentina, sonándose y secándose con un Kleenex. -además, yo sé que todo esto es muy difícil para vos... quizá te estés arrepintiendo de venirte a vivir a Buenos Aires... -¡no!... es que... Alejandra no me dejó hablar con Steffi... y me la terminé agarrando con vos.-te entiendo, Seba. Pero vas a tener que aprender a manejarlo. Esto recién empieza, mi amor.-tenés razón, Vale... te prometo que nunca va a volver a pasar algo así.Ansié de todo corazón que sí tuviera el cepillo de dientes en la cartera, y que fuera rosa; deseé con tantas ansias que los planos estuvieran a punto de llegar desde el estudio y que Susana, su mamá, ya tuviese preparadas las mudas de ropa.Nos saludamos a través de ese vidrio empañado con el halo gris de las despedidas.Vi a Valentina irse a trabajar.
Desastre aéreo 3
Autor: inocencio rex  443 Lecturas
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2  Valentina me había acompañado hasta Aeroparque; los lunes entraba al estudio a las once y media, y éste le quedaba sólo a unos minutos de taxi. Si estaba radiante, sublime, y no me soltaba el brazo por ningún motivo (ni siquiera cuando despaché el equipaje junto al oso) quizás era porque sabía que la semana que viene comenzaríamos la tan ansiada mudanza. Los trámites recién empezaban, y si yo creía que lo mejor era mudarme a Buenos Aires era porque tenerla a Alejandra cerca y usando a Steffi de escudo iría a ser muy doloroso para todos; sobre todo para la pobre Steffi. Estefanía, mi hijita de siete, era a quien extrañaría cuando me viniera a Buenos Aires, era por eso que sentía algo de culpa y quizás por eso le llevaba un oso panda gigantesco y tan real que, seguramente, le iría a gustar -debo aclarar que, en realidad, al oso lo había elegido Valentina porque yo, para eso de elegir los regalos para mi hija, siempre fui un bestia-. Pero si. Me estaba separando de Ale, una decisión dificilísima y una solución final porque, entre otras cosas, ya no soportaba que mi imagen se siguiera degradando, cada vez más y progresivamente, ante los ojos de mi única hija; es cierto que quizás eso pasaba por mi propia incapacidad de recomponer la relación con su madre, y en parte, debo decirlo, porque Alejandra, al sin tener el mínimo tacto, llegó incluso a decirle a Steffi que mis viajes a Buenos Aires eran porque "ya no las quería mas". Además, de aquello que sentimos alguna vez y habíamos llamado amor ya no nos quedaba, ni a Alejandra ni a mí, más que el vislumbre de los recuerdos en álbumes con centenares de fotos: las de nuestro magnífico noviazgo, las sonrisas de nuestros viajes (y sobre todo de aquel a Florianópolis), las fotos de nuestra boda (que mi nula fotogenia, sumada a aquella célebre borrachera, arruinaron casi la mitad), las de una luna de miel en la nieve de Las Leñas, las de Ale con la panza chiquita, las de Ale preciosa y orgullosa con su panza, las de Ale y su panza gigante a punto de estallar; y nuestra primer fotografía de los tres, esa que sigo llevando en la billetera, la aquel día tan feliz en que llegó Steffi (que yo quería que se llamara Paula); y así podría seguir enumerando momentos, pasados y fotografiados, de los últimos diez años, o de los siete desde que nació Steffi, y el amor entre Alejandra y yo seguiría sin volver. El tiempo había erosionado aquel paraíso. El amor es fotografías, y luego nada.La voz informó a los pasajeros que debíamos dirigirnos a la zona de embarque y fuimos rápido a ver qué revistas llevar en el viaje. Compré el Clarín y elegí una con el rinoceronte en la tapa. Pagué haciendo malabares sin soltar el diario, ni la notebook, ni la revista, ni a Valentina.-Te voy a extrañar, Seba.- suspiró, teatral, Valentina, rodeándome la cintura en un abrazo por debajo del saco y pegándose a mi pecho. Su vivo cuerpito se estremeció con un suspiro. -El sábado estoy de vuelta, Valentina. Vas a ver como el tiempo vuela ¿me vas a estar esperando? Le besé la frente. -ah...me traigo las cosas acá y me quedo en Aeroparque hasta que vuelvas. -soltó el abrazo para mirarme a los ojos. -Ya sabes: traigo los planos acá al café y laburo ahí sentadita... le pido a mami que me mande dos mudas de ropa, me compro un cepillo de dientes y listo.Volví a besarla, como si fuera la última vez que lo haría. Sentí que el corazón me estallaría de dicha y me vi obligado a exhalar. -te amo, Vale. Sos hermosa.-decís eso porque no sabés que amar es lo que yo siento... y si sintieras lo que yo siento, te darías cuenta de que lo que sentís vos es muy chiquito -cerró los ojos apretando los párpados-, ¡pero chiquitito en serio, eh!Le pegué tiernamente con el cuerno del rinoceronte de la National Geographic hecha un rollo. Le dije:-callate Vale... que me dan ganas de quedarme.-ah, no... señor, usted tiene que ir para allá y bien lo sabe. -me agarró de las solapas del saco, me besó el mentón con suma dulzura y siguió:- En serio, Seba... mucha suerte.... sé que lo que vas a hacer es muy valiente... esas cosas nunca son para mal si son honestas, si son con el corazón...- pero extrañamente se soltó de mi abrazo exclamando: -  ¡ay Dios!...- sentí el chispazo con el que Valentina palideció. -¿que pasa, Vale? ¿Te bajó la presión?  -nada...-¿estas bien?... ¿Viste que tenés que desayunar mejor?-estoy bien, Seba. -¿estás segura? -busqué sus ojos pero Valentina contestó escondiéndolos en el piso:-si, si... no es nada: me dio un escalofrío, nomás.-... bueno... entonces mejor me voy para embarcar -dije mientras, con escepticismo, yo le seguía buscando la mirada. -o.k, Seba...-¿pero en serio estás bien?-si... en serio- respondió en un tono extraño, como absorto, insólito para mí. De repente, y aunque sabe que odio que me interrumpa los besos, apenas me acerqué a sus labios lanzó una carcajada, vehemente y falsa; volvió a ponerse seria para decir, ansiosa y de un tirón:-¿y si te quedás? Quedate y viajás mañana. ¿Si? Yo falto al trabajo y nos vamos a pasear al Tigre...Interrumpí la absurda invitación impostando dureza:-sabés que iba a viajar ayer y me quedé... ¡sino no me voy más, amor!-y no te vayas- volvió a abrazarme, pero esta vez con muchísima fuerza. -no te vayas nunca, Seba.-Vale... ¿en que quedamos?... Recién me decías que tenía que irme porque era valiente, y ahora...-y ahora te pido que no te vayas...- y pegándome la cabeza al pecho, berreó: - por favor, Seba... tengo mucho miedo. -.Notaba que ella sentía miedo y que me estaba hablando en serio. Cada vez más sorprendido con lo absurdo de la situación, la reté:-¡Parecés una nenita, Valentina!... Sabés que el sábado estoy acá de vuelta.- es que tengo mucho miedo, Seba.-¿pero miedo a qué? -a no volver a verte, mi amor-. Y, luego de besarme el pecho envuelto en Cacharel, pegó a él su parietal izquierdo, como queriendo oír mi corazón y nunca mis palabras. Su cuerpo ya no era el cálido y bendito instrumento de amor que esa misma mañana había despertado a mi lado, era ahora un amasijo de nervios que acompañaban al estruendoso despegue de un avión. Una rubia tipo "Chica Bond" que pasaba llevando bolso y cartera, observó la ternura de la escena, se acarició el pelo y me sonrió.-Vale: el sábado estoy acá, pase lo que pase. Te lo prometo, mi vida... -besé su frente y pausadamente repetí: -el sábado estoy acá de nuevo con vos. -¿me lo prometés? -mi amor... sabés que sí... - le daba mi palabra mientras le frotaba los hombros: - te lo prometo de nuevo... ¿y vos me vas a estar esperando cuando llegue?-te dije que de acá no me muevo.Viendo su expresión grave, su mirada susceptible, temí que hablara muy en serio y se comprara un cepillo de dientes en el drug store.
Desastre aéreo 2
Autor: inocencio rex  156 Lecturas
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Desastre aéreo 1
Autor: inocencio rex  375 Lecturas
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Antilitio
Autor: inocencio rex  436 Lecturas
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cuando el botón te oprime a vos,te golpéas el pecho en el balcón,el pueblo sigue pobre,sigue tan víctima y tan sin voz,mientras baila por bailarcanta por cantar (por algún sueño),y vota y espera un futuro peor.gerontocracia que entre chisme y bala mete miedo... vote a vito corleone senador,porque nada puede cambiar,y todos esos goles en contra,algún tercer día los vamos a descontarde milagro...vuelven a la pantallaen el eterno retorno del kukuxklanes el eterno retorno de la triple aes el eterno retorno de martinez de hozes el eterno retornodel plan cóndor al fondo tan hondo en honduras sin fondos, a arañar el fondo del fondo (monetario internacional)...es "nesario (sic) recoinciliarnos"y armarte, sacar tanques a la callecontra el terrorismo en mis ideas de dignidad social...contra las drogas guardadas en mi cajón...(porque yo no sé que hacer con mi libertad) inspirado en las recientes declaraciones del ex presidente eduardo duhalde.  
Antidemócrata
Autor: inocencio rex  519 Lecturas
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He sido nubehe sido limo, he sido hijo antes del torbellino  con que el agua se hizo cadabra. Y aferrado a tu mano he caído, me he hundido, fundido en el negro manto del fondo, un abismo al que he visto parir en destellos. He sido hermano, padre e hijo, y luego el viento del que la tormenta vino.  He sido lágrima de ser querido. 
Antimantos
Autor: inocencio rex  365 Lecturas
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Antiverso
Autor: inocencio rex  831 Lecturas
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oh, me devano los sesos para decir:hay de ti, haití... heme aquí, poetiso obeso y concienzudo anacoreta que rasga sus rasgos,rasca la barbeta de poetay culpa al césar por la caries de un mundo.tan inmundoque dice blablablael demonio del tsunamidetonado en atolón,brinda por la buena nueva,una nueva lástima de moda. ¿y qué debo hacer para ser mejor? ¿apoltronarme en el sillón y llorar por la catástrofepanorámica desde mi balcón, la desgracia de una entera nacióncomo si fuese un simple culebrón?          ¡basta! suerte rima con muerte... ¿y?estar ahí en haití,comparecer y no poder compadecer,como un casco azul que ofrecea quien da el reino entero (un enjambre de moscas)un vitalísimo trago de agua. lo nuestro, son sólo palabras.
Antihaití
Autor: inocencio rex  329 Lecturas
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 que la vida siga ganando, viniendo y viviendo: SALUD.que el esfuerzo con el que vencimos al hambre nos siga permitiendo lujos como el de escribir: DINERO.que la sangre nos hierva en un dulce vértigo medular, en un cosquilleo entre omóplatos por el que perderíamos todo el dinero y hasta la vida por defenderlo: AMOR.felicidades a todos.
Feliz/ Veinte/ Diez
Autor: inocencio rex  169 Lecturas
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Tonto aforismo III
Autor: inocencio rex  192 Lecturas
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Tonto aforismo II
Autor: inocencio rex  170 Lecturas
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Tonto aforismo I
Autor: inocencio rex  469 Lecturas
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Antiojos
Autor: inocencio rex  557 Lecturas
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poeta obseso y poetiso obeso; señorito bien con muchas ínfulas; sátiro perseguidor de nínfulas; narigón nato, literato ñato.
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