• gonza pedro miguel
gonza miguel
Paradójico mérito
Cuando nos inaugura la intuición,
nos hace lucidos y desgraciados.
PMG
Releyendo mis textos, recorriendo palmo a palmo mi letra me doy cuenta que hay frases, ideas que me sorprenden ¿Cómo están ahí? ¿En qué momento las imaginé? ¿Cómo llegaron a ser parte de mi letra? Entonces percibo que mi palabra vale por sí misma, está protegida de mi ignorancia de aquello que nunca se me ocurrirá, mi palabra tiene ese plus que la hace independiente de mi consejo, ella vive su propia existencia, y así siento dolorosamente esa ajena distancia… pero es mi letra, yo sé que es mi pluma y entonces me siento paternal e importante.
Antes no podía escribir con libertad, ahora me veo protegido contra mi propia impotencia, contra mi miedo o cobardía, me he dado cuenta que mis palabras valen por sí mismas. Es increíble la sensación de libertad que produce el efecto de hallar que mi pluma no depende absolutamente de mí, ella es por sí misma.
Por otro lado pienso, si esta letra no es absolutamente mía, en último rigor a la verdad, nada tengo que ver con ella, y esta es la idea que me mata, esa distancia, esa terrible ajenidad, esa sensación de saber que lo que escribo no es absolutamente mío, sin embargo están absurdo pensar que mi pluma y yo no somos uno.
En sacrificio a la verdad, no puedo dejar de unir mentalmente los dos conceptos, es mí pluma pero la siento ajena y distante.
La agradable ignorancia de pensar que la paternidad de mi letra era toda mía, pero ahí está la intuición con la clara revelación para hacerme desgraciado, para negarme la plena autoría de mi cosecha.
Reconozco mi letra, todavía insegura, próxima desmoronarse con la escasa convicción en lo que dice, pero también está la otra parte, esa pluma vigorosa, como un intruso exponente de lo ajeno, que a mí me deja este sabor amargo de una modesta felicidad.
Esta pluma me da un poco de admiración con su aire desafiante y agresivo, que sabe decir sin callarse sus presentimientos.
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  • País: Argentina
 
Sin ira ni venganza Esas palabras, las que antes pregonabas con miradas y sonrisas, esas que eran dulces halagos, envolvieron  mi alma con paños de buenas pretensiones que luego deshicieron  tus avisos. A ella le di ricos vestidos, conformé deseos y gustos con puñados de monedas, ilustrando su nombre, magnificando su casa con glorioso nombre que luego contradice con otro amante  elegido,  maldito sea el otro que tiene más y por haber dado más donde yo falté, maldita la codicia, maldito el viento de su vanidad, que desplegó las velas de sus deseos, arrastrados por la violencia de su codicia, malditos esos malos humos, que cegaron las primicias de sus caricias, el triunfo de sus manos, su primer beso, el primer fruto de su amor primero, que luego fue mío, tan pregonado de sus labios y acreditado de sus ojos, así iba yo, y así  me llevaba ella, anclado en las ligaduras de sus brazos. Recibe mi gracia por el beneficio, vasija de vientre grande, hinche tu bolsillo y que crezca tu negocio.  Que  los trofeos de la victoria, la gloria de este amor pendenciero, sean de tus deseos muchos, la excesiva  pasión cárcel.
Nostalgia de pensar Tus ojos para otro Este relato se va haciendo y yo voy con él. Algunas veces las palabras me parecen inútiles, frágiles, carentes de sentidos, no bastan,  no alcanzan para decir todo el dolor de estas circunstancias  y mostrar  el desarraigo de tus ojos idos,  insobornables para mí.  Mi pecho adicto va comprobando la valides de sus añoranzas, te busco como una forma de crear  un antídoto contra la angustia, contra esa necesidad urgente de decir nosotros…solo  para volver desnudo a mi propio desconcierto, a esta melancolía propensa al pesimismo, que va así  avanzando por el lado malo sobre el recuerdo hostil a mi propia libertad.
De concierto su mirada y la mía Sólo con la mirada,  no hubo quien no entendiera o supiera como si para verdades más claras y puras se necesitaran testigos. Mucho me gustaban sus ojos, aunque más me tiraban sus labios. Hechizo que me hechiza me perdieron dulcemente.  Su cintura ayudó aunque sus labios fueron la causa de todo. A esas curvas no hay embrujo que no acompañen.  Esas increíbles curvas la causa de mi perdición, sus ojazos el arado con que siembra el fuego de su pasión, sus brazos la hoz que siega la siembra que me dejó. Si mis versos valen que corran y cuenten el áureo fuego que me besó: trofeo de mi victoria. Su entrepierna abierta riquísima mina descubierta donde yo pudiera encontrar los frutos de mi pasión , su vientre como caudaloso río que ni se cansa ni se agota,  como tormenta en el mar  que se levanta y crece tan a mi gusto y deleite.  Me llevó a media rienda y así anduve galopando con ella en mi cintura, su mirada y la mía fueron una, en  el pensamiento igual, sobre una manta de antojos  vimos el cielo abierto, hasta quedarnos seco en los márgenes del sosiego.  Por horas nos quisimos lo que en años no vivimos.
Mía es la mirada Mía es la mirada, para ella las alabanzas, mientras  sufro la agresión que nacen de sus dones   Ella no tenía pena y a mí me la daba, porque mirarla y no tenerla era partirme el alma, ¡Oh! Extraña mujer divina, no más mía que de todos. Sin que, ni para que, sólo mirarla. Tus miradas de dulces  halagos, son los paños con los que me envolvieron, yo los pago de contado con precio de suspiros. Todo el tiempo me pasa por  el pensamiento que estos ojos hallados y elegidos sean sólo para mí.
Tu recuerdo me defiende, el silencio me condena Corazón muerto: ¡Que agonía de sueños en el silencio! Es agonizar irremediablemente en uno.        
Como espina en mi memoria Calzada en mi retina         lo que su figura llenaba                                     Dejabas vacíos mis ojos
Un amor que ya fue   Si te re-cabió, tranquila má,   que mis dardos no son para vos, yo  ya soy inmune a ese arrastre que tenes. Por tu fama a la pasión, y tu infamia al amor,  como mina regalada, desbordando tu desnudes así te alabas y te vendes, derrochando torrentes de perfume, buscando algún virtuoso efecto, alguna mirada de aprecio.   Yo los he visto… esas miradas que caen desnudándote, esas que viajan con el ritmo de una cumbia,  el humo de un cigarro y el aroma de un alcohol. ¿Por qué te sentís re-zarpada si los wachos te miran mal? Si  como amiga de las farras, vas de noche en noche, de mano en mano de boca en boca como una jarra loca.  Yo  de lo malo hice bueno y de lo poco mucho,  de dos hice uno y vos de dos ninguno. Yo ya me rescate,  de tus labios  engañosos, ya no soy coleccionable mi amor.
Atrás el remanso, delante la dura pena ¿Qué me queda? El saldo flaco de tus caricias y besos. Tus Miradas pobres, llena de numerosas cautelas, Atrás quedó tu mirada clara, que sabía amar como Dios manda y que ahora sabe odiar sin atenuantes como el diablo quiere.  
Apreciar así tus ojos es querer profundamente tu alma, cuando Tus ojos sin derroche, lleno de sobre entendidos me miran así… y me siguen poniendo la piel vulnerable.
Cicatrices en un papel en blanco Un poema romántico tiene siempre inevitablemente  algo de ridículo, pero tiene un atenuante: La poesía cura los dolores del alma.
Aquí estos versos que declamaron aquellos, los labios que me besaron esos, los brazos que me envolvieron estos, los pies que me acompañaron y en esta mirada: Tus ojos tribunales;  Azules, mágicos y fatales
Mi amor, mi enfermedad El amor es la enfermedad más contagiosa  que Dios creó para curar al hombre de su maldad. Se trasmite por contacto cercano con  mirada fuerte, si más cerca, por un abrazo y si más cerca aun, por un beso.
Encontré la que no buscaba Quiso mi buena fortuna, que amaneciese el día claro, sereno y favorable con presagio De buen futuro. Sin hallar lo que esperaba encontré la que no buscaba: Mi perfecto gusto, mi contento verdadero. Por los bienes recibidos De tu prodiga mano. Cumpliendo lo que me ofreces a mucho me tienes obligado.
De esos besos mentirosos Recoge y junta los frutos de este amor, que pesada ofensa ha sido. Que  aguados son  y desabridos tus besos, arto delgado, con esos besos caros. Me sobran penas para cantarle a tu nombre. Inoportuna, pesada y enfadosa. No quiero, la franqueza de tus ofensas, Ni el privilegio de tus caricias mentirosas Que por delante me des aplausos y por a tras me digas: feo  
Va por caminos, sendas y veredas, tan llena en la medida de todos y sus muchos dones, con tan hermosos y fuertes ojos, con tan buen gobierno de su cintura que daba de sí en cada paso; toda su feminidad. A más de no poderse sufrir, así con todo ese bagaje de amor   Ella sabe hacer de sus antojos leyes y Yo que la tenía a espacio de puntería Le hice tiro, mientras soñaba con dar el blanco donde miran sus ojos.
Esa mirada Miro que me mira esa mirada Y que al mirarme no me dice nada, pero si esos labios callan, esa mirada me cuenta todo. Ya me perdí dulcemente, saboreando el dulce picaresco de tu mirada galana. Ya se ignore o se entienda por mil vidas que viviera, no quisiera yo perder, el manjar de tu mirada. Si amado o amando yo muriera, Serian esas, las muertes que yo quisiera.  
Esa mirada
Autor: gonza pedro miguel  97 Lecturas
Ella es como el viento que viene, sopla y se va y yo, con mi orgullo a cuestas, lavando con el vino las manchas que me dejó su olvido. En su mirada: la que antes pudo y bastó. Tenía unos ojos y una risa en rima entre otras cosas que traía de regalo. Yo que quería gozar el privilegio de sus formas y la alabanza de sus manos, en mi confianza me sujeté a sus promesas vanas hasta que descubrí la dura corteza de sus mentiras. ¿Para cuál de los dos, después de todo, la soledad será legítima? si su figura es un paso obligado, el que mira sufre y el que toca goza.
Poder y disciplinaRitual festivo del capitalismoFavorece el analfabetismoCuerpo redituable y docilitado Cuerpo vigilado y reticuladoCuerpo irritable y deformadoEs lo negado y rechazadoCuerpo estéril y deprimido, Lo posible y lo prohibidoMuchedumbre de enajenadosComo eslabones entrelazadosPotenciando rapidez y eficacia Cuerpo trabajo, cuerpo ganancia
Rtrato de un amor que dulce espero amor que en esperando muero Si me pides amarte yo más puedo
Retrato
Autor: gonza pedro miguel  85 Lecturas
Al descubrir tu amor me arrojé sin miedo Y fiel a mi deseo, me arrebujas en tu pecho. A las caricias de tus manos me encomiendo Y de tus ojos el amparo pido. El santo sello de tu amor primero Y el justo celo de tu amor quiero. Los afectos de tu pecho ruego Y el dulce néctar de tus labios deseo Yo deudor insolvente De Tus labios Versado en amores Escudriña de mis labios los sabores Y mi boca poblada de besos Acaudalada en amores Te pregona eterna alabanza Y te tributa los afectos de mi pecho
Vine a rogarte si tu amor puedes ofrecerme. Si tus ojos y tu boca me desdeñan Y me imponen esta condena Que deba vagar con pena, que me castiguen la lluvia, el viento y el frio o que me cubran los oscuros días  y me tapen las densas noche, donde siempre llore y donde nuca calle con mi paso errante y mi corazón perdido. Dueña, señora y reina de este corazón abnegado de tus  ojos y tus labios negado. ¡Oh! Doncella mía, Escucha mis clamores. Quítame el juicio de Tu grave condena,  Que me tienes prohibido que tu belleza adore Que con estas humanas letras y sin retóricos dones Imploro de tus amores.
Billeteras peligrosas En Buenos aires sus calles son rectas y cuadradas, sus esquinas: Triángulos rectángulos, con sus calles paralelas cortadas por rígidos  sextantes,  pero en una esquina de mi barrio, en esta ciudad, esta  ley de la geometría del espacio recto se rompe con algo hermoso y secreto: Esas curvas. Pensé: Tiene que haber algo especial detrás de tantas generosas curvas. A esta altura nadie quiere morir de incertidumbres. Para probar el ser de mis inquietudes; un día me animé y la invite a cenar. No hubiera sido de comentario, pero desde el primer encuentro noté que era diferente. Ya en el Resto Bar yo buscaba condimentar la charla con exóticos ingredientes, pero no se me caía una idea. Nos miramos y al mismo tiempo nos huimos la mirada. Yo traspiraba, no sabía qué hacer con el silencio, esa pausa se hacía insoportable. Fue mi salvación. Se acercó el camarero y   lo primero que ella pidió fue un buen vino tinto Malbec, me miró y me preguntó, -¿O preferís un Torrontés- Para no pasar por un ignorante en cuestiones de vinos,  le dije –Prefiero un tinto, pero que sea Cabernet Sauvigñon El camarero, era un tipo bajo de mirada tranquila y de gesto bondadoso nos entregó la carta de connoiseur, mientras nos decía: Tenemos un vino nacional de la región de Mendoza. Suave, elegante, con gran frescura en el sabor frutal; presenta sus aromas equilibrados de buen Bouquet y es de Gran Reserva, con una crianza de dos años en madera y tres en botella, o bien puede degustar un vino importado de Italia, de la región de Piamonte, este vino piamontes, el Barolo, está elaborado con uvas Nebbiolo, es una variedad característica de la región, que produce vinos de cuerpo medio suave, muy perfumados, que maridan muy bien con las propuestas gastronómicas de la casa, y encuadran mejor con el gusto femenino. Mientras él me explicaba, de pronto me puse a pensar en el precio de esos vinos. “Deben valer una fortuna, especialmente el importado” pero cuando ella me miró y esas curvas me explotaron en los ojos, sin dudarlo pedí el importado.  Él, continuó diciendo: Para cenar recomiendo una de las opciones más apreciadas por el chef como por ejemplo: “Los riñoncitos al vino tinto” o puede degustar otro plato estrella, algo más original: El bife al ajo con un mil hojas de papas.   Después de eso la conversación giró en torno a trivialidades propias y ajenas, nos reímos un poco  de la cocina “Gourmet” del lugar, porque al final decidimos pedir “El bife al ajo” que más allá del pomposo nombre en realidad era un bife con papas fritas; igual estaba rico. El vino, sí que era bueno. Cuando llegó la cuenta, me dijo –Dejá querido, yo pago-. Yo me sentí un poco incómodo, porque no sabía que decir, era la primer cita y no quería incomodarla, ella se dio media vuelta sacó su billetera y a tal punto llegó mi desconcierto que debió ver algo en mi rostro que la invitó a dar una explicación. Empezó diciendo    –Lo que habrían hecho nuestras abuelas o nuestras madres hoy forman parte del limbo de los explícitos, hay que soplar el polvo a esos modelos obsoletos. Yo pienso: Cuando el hombre tiene el poder del dinero, cree que eso le da el derecho a imponer su voluntad al hacerte dependiente de su bolsillo; es obvio que sí uno es económicamente independiente, eso va a ser más difícil, no quiero vivir como otras mujeres que viven frenadas, empequeñecidas a la sombra de un marido. Quiero la libertad en la decisión, no la espera en actitud pasiva de la aprobación. Mientras lo decía yo admiraba  esas ideas, en cuanto no eran vulgares y la miraba a ella como si fuera una divinidad. Con la intensión de atraerla  le dije todo abobado, dando a entender que la pretendida pasión existía a priori: Yo también creo en la libertad de género con base en el equilibrio de las fuerzas. Después de eso, al mes me mudé de mi humilde departamento de Charcas al 900 al Hilton de puerto Madero, abandoné mi viejo Fiat Uno por un Toyota importado que ella me regaló, abandoné el salón de clases y de profesor, pasé a consultor; me fui  a trabajar, con ella  a Mafry Coorp Art, una de las diez empresas con mayor penetración en el mercado local, dejé los verbos y las oraciones para hablar en la jerga académica de las nuevas tendencias  de marketing, mercado digital, telepresencia y  otras yerbas. Era mí jefa y esta situación no parecía anunciar lo que después iría a precipitarse. Con esa herramienta de siembra que son sus ojos, me hicieron caer, dejando de lado ciertas cautelas, bajo la fórmula dominante de sus curvas. Fue bastante sutil como para confundir las fachadas. Yo sentía  que no podía decir nada, me movía entre las apariencias. Desde el principio me sacó ventaja, y ahora no puedo ni podré encontrar una salida a esta falsa prosperidad. Viendo como se aleja mi libertad; y yo cada vez más consciente de esa impostura. Ella y yo somos otra combinación, no la que yo imaginé, atrás quedó esa espontanea coincidencia donde estuvimos juntos en el interés por las mismas causas y las mismas pretensiones de  libertad. El verdadero conflicto está en mí, porque ahora comprendo que soy yo el que siente ahora esa incómoda sensación de dependencia.  
En el olvido eterno al final ¿seremos nada?  La pregunta pobre que no llena. Tras mi última jornada de trabajos padecidos, la vida  hizo el desafío.    Ante El todo con mí misma parte, aunque temido seguiré el mandato de su gobierno. El hombre se resiste a dejar la vida, pero obedecido y amado de la tierra, la pala nos espera de punta ¿Y el poso nos dejará ver Cómo se ve una flor desde abajo?
El peso de Dios Yo que pensé : Entre nosotros no habría nunca un adiós, ahora te quiero desde las lágrimas, con el beso que se agrió. Desde la ribera de la ausencia  sin causa, me encuentro con mi realidad desnuda, aquí, vestido de gris, en este hoyo. Cuando tanto agujero  sobra, cuando fue corto el tiempo regalado por la vida, cuando quedaron jóvenes la metas prometidas, cuando un solo adiós no alcanza, cuando el duelo baña mis verso, cuando los miedos Hacen, siento el peso de Dios.
El peso de Dios
Autor: gonza pedro miguel  131 Lecturas
Desencuentros Vos decís que mi texto es de bajo escalón, que la naturaleza me negó letra,  y así vas, venteando la flaqueza de mi pluma; aunque mi verso sea como un jardín florido, para vos nunca dejaran de ser, pasto seco desabrido. Vos decís que no te quiero y yo que más no te puedo querer. Algunas veces los pares se encuentran y en otras, las dudas con los miedos hacen un encuentro fallido con la verdad. Vos sos como el amor que piensa y calcula y yo, si me enamoro sabré querer por la fuerza, contra viento y marea y así,  te quedas clavada como espina en mi memoria, mientras que    Vos sos, como el viento que viene, sopla y se va.
Desencuentros
Autor: gonza pedro miguel  104 Lecturas
Esos besos caídos Privado del placer de los sentidos, me ofendes con sufrido daño, lo esquivo de tu mirada, desprecio de mi amor herido,           ofensa que por  vos  ha sido. Como lamento esos besos caídos,  llantos que por vos han ido. ¿No te duele mi dolor? ¿No te ablanda mi pena? ¡Quítame el juicio de tu grave condena. Mira lo mucho que te deseo, en lo poco que aquí te escribo, ayudado de esta pobre letra, sostenido por esta corta pluma.
Esos besos enajenados y medidos Pero ni me honraba, ni me abrigaba tanto, no sustentaba mi brazo, ni le daba aliento a mis pies. Por sus malos gustos, fue un catálogo de malos tratos. Y esos besos enajenados y medidos eran ya una limosna Si la necesidad externa era mucha, cuanto más había  puertos adentro.  Cómo rogar sus besos me valían tan poco Y comprarlos me resultaban tan caros y tanto me dolía, me propuse no pedirlos. Maldito el recuerdo que me quedó. Por sus malos antojos, sigo su nombre callando Y todo de lo que ella tuve,  ya lo hice odioso.
Escuché una vez “Señores, quien no pueda defenderse, rompa la timidez y arrójese al mundo, que está para todos por igual”  Estuve pensando en esa idea  y por eso escribo esta singular protesta,  por ser tan mío el dolor y  muy lenta mi agonía, razones tengo para las quejas del agravio. La gente cree que entiende lo que  pasa y la solución que buscan no siempre es la mejor, quiero acusarles en el fracaso corrigiéndoles, tomo como blanco la intención de enseñar y sacar de las tinieblas de la ignorancia y mostrarles el norte que han de seguir. Aclaro que esto lo digo, no sólo por mí, lo hago también por ustedes y  para otros, que como yo,  sufren la misma ignominia, sigan mi ejemplo. Para que no pierdas tu derecho y reclames el respeto que te mereces. Setenta y siete años bien vividos ¿Qué sería mi razón sin esos años de experiencia? Apelando la autoridad que me dan los años digo: Siendo tanta la soberbia de los  jóvenes de hoy, siempre menospreciando a los viejos, idolatrando los cuerpos jóvenes, adorando y adorándose    ponen en  el acento en los más débiles, considerándonos como lo seco y raido, de la sociedad.  Cuando era chico hacía caras y burlas frente al espejo, hoy ya viejo, el espejo de la sociedad se burla de mí mostrando mi decadencia, ellos no se dan cuenta que,  ya antes,  fueron jóvenes los viejos de hoy,  y que pronto…pero muy pronto, ya serán viejos los jóvenes de hoy. No saben, no entienden que el tiempo no se  detiene,  que al hombre,  al faltarle los cimientos de la juventud perdida,  todo es caerse y así nos vamos despidiendo de los sentidos, que tenían tanto más gusto, como la vista, el oído y notifican con sebera sentencia el riñón, el hígado, el corazón, que pesada es la carga, la fuerza poca, los años muchos y no hay fortuna firme que lo sostenga ni puntales que los detengan que todo es caerse y pudrirse.  Si hoy te ves fuerte de brazos, firme de piernas, robusto de cuerpo, con luz y brillo en la razón, te crees tan alto donde no te alcanza la enfermedad, ni te llega la vejez.  Necio ¿Cómo aprendiste esta verdad? ¿Cuál fue el camino de tu razón para pensar esta loca idea? ¿No sabes que tu vida pende de un hilo? El soplo de una enfermedad, un accidente, cualquier cosa puede hacerte trastabillar, si no es hoy será mañana, en esa esquina donde dobla salud y se encuentra con los años viejos. ¿Qué puedo decir de este cuerpo? A lo mejor fuiste lo peor que he conocido o a lo peor fuiste lo peor en envoltura de caramelo, dulce por fuera, carcomido por dentro. Hay que darle un mordisco a esta envoltura, así se rompe esa  mágica envoltura de espejismo virtual, y nos descubre nuestra real naturaleza. Desde la distancia, pareciera que, el ser, bañado por la belleza no tiene alma, que apesta en auto idolatría y con cada movimiento ladra como perra en celo, hay que mirar ese cuerpo marquetinero a la distancia, para ver  como supura idolatría frente al espejo, pensando que nunca será viejo. Pero un día ese maldito espejo, te dejará ver en su reflejo toda la verdad de la mentira.   ¿Qué pido con esto? Un poco de humildad señores… un poco de humanidad.   A  los jóvenes, no digo que no se amen, que no quieran su propio cuerpo,  quererse es una cosa, pero la idolatría es otra cosa, esta pasión desmedida   implica un amor-odio, amor hacia lo joven, odio hacia la vejes.  Está mal vista la vejes, hasta que te das cuenta y llega, por eso quiero más respeto para los viejos, sepan aprovechar estos años de experiencia. Tengan en cuenta que esto  es así,  todos  vamos al mismo lugar,  hasta subirnos en el carro de la despedida. Después ¿Qué nos queda?   Llenar el pozo y henchir la tierra,  quedar parejo “con los buenos”  con los que antes fueron y ya no son. Somos un montón de pluma y la vida con un pequeño soplo nos desparrama. Mientras la juventud,  hinchada de tanto patriotismo,  corporal va por el camino de la mala nota,  muertos de amor por la ley que el deseo pregona y no ven más allá del presente inmediato. Estos jóvenes de hoy creen que la naturaleza puede ser violada, como si pudiera existir otra ley, “!Al pozo señores, al pozo!” ¿Qué creen que hay otro camino? Sólo hay una salida, terminar como abono de esta tierra o ceniza de este suelo.
Qué don te ha dado la vida para que esos ojos puedan convertir en versos, lo que mi corazón padece. Es siempre tan perfecta tu mirada, serena y tranquila, que consigues cerrar la puerta de mi esperanza, con la suavidad de un beso  
Dijo el corrector nombrado A cuya costa somos, Imprime este principio: Con  lo que antes se piensa primero se dice,  conforme a él trae tú voz  en pública forma, luego de tasado y corregido se verá que va rubricado  el cumplimiento de tus dichos.
Es momento de amar El plazo del amor es un instante, no resignes ese único momento, No lo dejes transcurrir.  Nace en un gesto, una mirada Y despliega en un suspiro.  Es momento de amar, con este beso, místico, profano,  íntimo y sensual. En esta excursión a la pasión que es tu cuerpo, en esta pasión hacia el amor, que son tus labios, ruego para que me creas y le des amparo a mis manos. 
Ella –Por tu insoportable ausencia,  de mi pluma brotan  ríos de tinta, para deshacerse en la sal de mis          lágrimas. Él -Si las lágrimas salen en cualquier momento, no se vale llorar, ellas, como las letras, a veces pierden su contexto. Ella -Una lágrima siempre nos deja con el cuerpo y con el alma a la intemperie,  refleja el más puro de nuestro sentimiento. Él -¿Es siempre así? Te dejo con mis preguntas rotas y mis dudas ciegas. Ella – Filosa tu pluma en la duda, entrando a matar con puño y letra firme. Ay, ay,  es una pena que el peso de una prohibición así, te  impida   llorar a libre demanda. ÉL -Ten cuidado con lo que escribes, te pueden caer como palabras invertidas, como frases sin sentido.         Las mujeres casi sin causa, siempre brotan en un llanto generoso, ya ves como  ahora, esa gota,  se seca y escurre  al mezclarse con la tinta. Ella -Si un día cualquiera, uno de esos que vienen sin haberlos pensado, de los que aparecen sin haberlos llamado, te vienen ganas de llorar ¿Qué harás? Él - Falsos perfectos me parecen las lágrimas, y en el rostro de una mujer, terrible herramienta de la manipulación psicológica. Ella – Eso salió de una cabeza sin corazón o en el peor de los casos el corazón traiciona el uso de la                razón. Desnuda tu mente y deja tu alma escuchar, que mi corazón va  hablar. Piensa en un ser           querido, entrañable, uno de esos al que si no vieras por mucho tiempo te dejara triste… Él - Yo soy de pecho amplio, de brazos largos,  listo para todos los abrazos, pero no para los llantos. Ella – En cambio en mí, estas lagrimas; son ellas,  testigos involuntarios  de mí verdad.  Verás que la piel tiene memoria, ahí queda expresado todo el recuerdo, ese “te extraño de lejos te quiero más cerca” lleno de paciencia estiradas, por eso mis ojos desbordan en  llanto amargo.       El amor o simplemente la amistad, buscan resistir al tiempo, al silencio, a la  ausencia y la distancia.  Las lágrimas  sueltan  mis esperanzas, dueña de mis cadenas, para que veas  tu recuerdo vigente  anidar en mi piel. El llanto se hace carne y en la sangre me recorre por doquier y así te llevo y te guardo, bañado en la nostalgia,  envuelto en suspiros, atravesado por llanto. Él -Esas lagrimas no devuelven un  amor, pero enturbian el alma, escóndete y llora  en soledades. Ella -El poeta es más poeta si puede, sanar sus heridas, crear sus propias respuestas,  regar sus versos con          la última lagrima. Quisiera que lamentáramos juntos  nuestras desgracias y llorando  desahogáramos            nuestro tormento. - Aprende como yo,  ¡llora! Un poco de lágrimas y te  quedará, el alma limpia.   Él -Creo que perdí mi sensibilidad, hoy no siento nada, las debo haber olvidado en las ropas que me cambié o se cayeron cuando me duché, en fin, la anestesia es total, todo me parece gris. En otras letras, en otros versos quizás… 
El llanto
Autor: gonza pedro miguel  126 Lecturas
El fermento Mi mente es un fermento de letras, y, yo lo descubro en la mirada limpia de los justos, o en tus áridos mutismos, Inapelable como la muerte. Quién podría pensar que un simple resbalón Me  llevaría a beber del cáliz de tu olvido. El amor mismo la causa de tanto duelo, porque es eterno su conjuro. Entre suspiros de esperanzas perdidas, hago mi duelo aquí adentro. Acunado en el cuenco de mi alma, para desolación  de mi memoria: casi desquiciado te recuerdo. Qué ironía: Tu partida me dejó una pequeña fortuna: La poesía ¡Gracias amor por quedarte tan pobre, haciéndome tan rico!    
El fermento
Autor: gonza pedro miguel  83 Lecturas
Excursión por los campos de la teoría del arte Recogía en ella, las flores de su mirada en mera contemplación y en cada pétalo de visión sacramental,  soñaba con los misterios de su voluptuosidad. Cruel aventura de pensar su mirada sobre la mía, destellos  deslumbrante de gloria, sueños de inclinaciones ardorosas para entregarme a la razón de sus leyes, hacia donde me arrastran sus dones, el sustento de mis pasiones. Grabaré en piedra o bronce los tópicos de tu feminidad, prodigiosos versos invocados desde tu ser, que en la incertidumbre indagan,  en los lindes de la revelación; me invita a una excursión por los campos de la poesía, para volver a los hechos milagrosos  de tu ser. Tus piernas entre cruzadas, laberinto de suntuosa complejidad, desgarrando entre el hecho y  el deseo. Un modesto tesoro de comprensión  de los innumerables finos matices que revelan tu gloria desnuda, terror de adoración de ese asombroso retrato, que establece la tónica a toda mi vida, fijan la clave en tus ojos, tallan su forma en la vid de mis versos y me dan un sistemático silencio, de un oscuro conocimiento  en la contemplación de tu cumbre, en un trance creador.  
En mi mejilla quemándome la despedida, la mancha roja de tus labios y yo, mirándote a los ojos, queriéndote llegar al alma, preguntándome cómo Sobrellevar el ayer, Después de  aquella fiesta de promesas rotas.
Las aventuras de mi amigo Pedrito (Parte II) Taquitos altos Lo que escuché por ahí bronca me da, para que se guarde  justicia y para sustentar la buena opinión voy a contar algo para contradecir la misma envidia  y murmuración y de paso  conozcan un poco más a mi amigo Pedrito y le den buen lugar, ese que justo se lo merece. Nadie quiere mirar de noche y con luz de vela, aquel resplandor será poco y será engaño, por eso, en el camino de este propósito espero que mi letra abra los ojos y sea luz a los sentidos. En el mundo hay muchos seres que son diferentes,  espíritus que en el río de la vida   nadan contra la corriente, vuelan alto fuera del alcance del común de las personas. En algún sentido mi amigo Pedrito  no entra entre el común, su singularidad  no  está en su aspecto, sino en su capacidad de enamorar, él está siempre por sobre el horizonte femenino pasando por las fronteras de los deseos y los suspiros con tan sólo una mirada, no le tiene miedo a joyería tan fina, así desciende hasta los brazo  de un amor, y a ellas no les queda otra que seguir los caprichos del señor de los suspiros. Así va él, trajinando el mundo. Él  con sus brazos largos para todos los abrazos siempre dice: Mujeres y hombres conviene que haya, si van de la mano; mejor, así se alimentan mutuamente. La comida es para los que tienen hambre, como necesario el placer que surge  de un orgasmo con la diosa que lo inspira.  El amor es como el incienso, necesita sólo una pequeña llama para soltar su perfume. A mí, que me gusta la poesía digo que esto es filosofía en verso. Mi amigo Pedrito, soldado del amor, de tantas victorias y sucesos felices, yo voy a contar una historia y de las más afamadas. Lamentablemente no puedo decir que mi amigo siempre salga bien parado de todos sus encuentros amorosos. En función de su profesión, un día en la fila de un banco, conoció una abogada, señora muy fina, contaba Pedrito,  era alta, delgada, con una figura tallada a mano, perfumada de la cabeza a los pies, de unos cincuenta años, rubia de cabello lacio y largo, pollerita corta, taquitos altos, con tantas virtudes y excelencias juntas pocas veces vistas u oídas, era el buen ejemplo de una diosa. El desafío lo hizo ella,  eligió el combatiente, le clavó la mirada, él sacó la segunda, no es costumbre en Pedrito dejar vacíos para que otros llenen, como de paso y por la posta, le empezó hablar, como siempre, él le ganó de manos los oídos y con ánimo valeroso le sacó no pequeña ventaja, deslumbrando con eso sus ojos, ella quedó rendida ante tanto valor, le propuso seguir  la guerra después del trámite bancario en un bar de la zona, palabra va, palabra viene así se entretuvo la  tarde. Ese día Pedrito se llevó el compromiso de ir al campo del combate cuerpo a cuerpo. Una semana después en un hotel de la zona se realiza el encuentro, mi amigo trajo  el arma cargada, ella cuando llegó bajó del auto con una valija y trajo  las que faltaban. Pedrito pasó adelante con todos los fuegos de artificio, ella siguió al mandato de esos brazos y el llamado de aquellos labios, dejándose la marca en aquellas sábanas entre las crónicas afortunadas de tantas victorias y sucesos felices, la batalla duró hasta que fueron desechadas las fuerzas de mi amigo Pedrito, sin embargo ella parecía intacta, algo extraño para no tan juveniles años. Tres horas fueron necesarias para que mi amigo volviera al combate, ella lo levantó del profundo sueño. Por haber sido pródigo en el amor, le pide la segunda, él con las fuerzas renovadas tiene el caudal con que pagar la deuda, ella cansada del mismo juego le pide que cambie, le dice que esta es la oportunidad de dar un paso más en el supuesto de que la sensualidad tiene varios rostros que hay que descubrir. Es simple -dijo ella- si se acierta en el gusto las  estimamos por buenas y se disfrutan, si se yerra para siempre se niegan. Convencido Pedrito de la oferta, acepta el nuevo juego, ella saca su valija, abre. A simple vista se observa un látigo, ropa de cuero negro, un cinturón con tachas. Lenta y paulatinamente ella se va transformando. Mi amigo sorprendido del cambio se queda atónito, ella lo mira y le dice: Ahora es tu turno, esto se llama inversión de roles  y le da un juego de ropa femenina, una peluca, una remera sexi, un vestidito corto y unas sandalias taco alto, en una cajita habían perfume de mujer y algunas pinturitas para los ojos y los labios Pedrito al principio se niega, ella le ruega, suplica, promete, se enoja, se ablanda, le dice: Si no puedes disfrutar este momento con libertad plena, prefiero tu partida a que te comportes como un menesteroso en la pasión ¡No te brindes como si fueras una limosna! si no puedes querer bien y aun con exceso, será la perdición de este momento particular. Por haberse propuesto como un buen amante pasó adelante con buen ánimo, se dejó pintar los ojos y los labios (todo esto era nuevo para Pedrito) después,  empezó a vestirse, primero la remera, después la pollerita, la peluca,  por último los tacos altos. Ella se queda mirando, cuando él termina de vestirse, la diosa con voz de mando le pide que camine por el lugar hasta encontrar el gusto y el mayor provecho. Él caminaba con el consejo de ella con estilo, con suavidad, como fresca rosa, estaba dando esos pasos cuando en un segundo, de improviso, levantó los brazos, los desparramó por el los aire, dio un giro cayó doblado sobre sí mismo, con las piernas cruzadas, uno de los pies perdió uno de los calzados, el otro quedó atrapado en el pie torcido apuntando hacia arriba, la punta del taco se incrustó unos centímetros en uno de los muslos. Él,  gritó de dolor, sus ojos quedaron blancos, para después perder el conocimiento. Se despertó cuando era llevado en una ambulancia de emergencia, boca abajo, cubierto con una sábana,  todavía estaba su amiga con su ropa de combate, él también traía la remera y la pollerita corta, la peluca la perdió cuando dio el giro brusco, de uno de los tacos altos no se sabe nada, el otro seguía en la nalga.  El médico lo miraba con picardía, el chofer le decía algo al camillero y juntos se reían, su amiga también empezó a reírse; primero tímidamente, y Pedrito, un poco rojo por la pintura de labio, otro poco por la vergüenza  también empezó a reírse, después todos se reían a boca suelta.  
Cuando leas mi letra          Cuando leas mi letra será como quien ve mi  cara en un espejo, será entonces una oportunidad, para encontrarte conmigo mismo en  una constancia escrita de  mi ser desnudo
Dios es mi testigo Discutamos ante Dios,   cara a cara donde la verdad es evidente, allí haremos justicia. Quiero saber cuál fue mi culpa, para que olvidara así…tu nombre con el vino. Testigo lo hago de lo que te digo, de lo que hasta aquí tienes leído: Que mi pecho en penitencia, ya no tiene remedio, después de tu sentencia.  
TKM Pensaba yo: ¿Hay algo más distante, huraño, seco y desbrido que un beso o un tkm por celular? Pero cuando yo lo recibí, fue mágico, abundante Y lo creí fiel a tu verdad.
TKM
Autor: gonza pedro miguel  81 Lecturas
El diálogo entre un poeta y su pluma -Escribamos algo. -Hoy no puedo,  soy un texto sin sentido, una idea para el olvido. Una idea que se escapa, las palabras que se callan, el silencio que me atrapa. ¿Qué oportunidad me pides Si estoy hecho de nada? -Mira esa mujer hermosa por todo extremo Y vestida de tales prendas, Acariciándola con la mirada ¿No encontraras las razones y los motivos? -¿Por qué a ella sola se ha de amar? - Que la pasión y la inspiración del amor manan, esto te alabo y te vendo. -Te Precipitas en tus falsos gustos, esos temas ya los tocamos, diré poco para no ser escandaloso: Te repites. Con lo que ya dijimos ¿no está la abundancia arto satisfecha? -Siempre se puede decir más y más, el infinito es nuestro límite. - ¡Fantástica quimera! Con la necesidad engañas el juicio Emborrachando el gusto Deseando tener más y más Llenando las arcas con los despojos de ideas roídas -¡Hablemos de otra cosa entonces! -Volvemos al principio, Ya dije: Soy un deportado de las letras, la tinta sin papel, una historia sin argumento. Abrazado al silencio ¿qué podré decir? -Un poeta sin una voz que lo represente no es poeta. -Si no tengo nada que decir, prefiero callar. -¡El silencio será tu tumba! -Faltándote perfección en los sentidos, Abortando la conciencia en tu prematura razón, después los dos cobraremos el pago de tal desvarío. Que cada uno llore y gima después. -No entiendo ¿qué quieres decir? -Digo que si nos apuramos y escribimos mal y si las ideas que escribimos, carecen de un valor estético ¿Qué clase de poesía hacemos? ¿Qué alto honor alcanzamos? -Tienes razón mejor esperemos

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Paradójico mérito
Cuando nos inaugura la intuición,
nos hace lucidos y desgraciados.
PMG
Releyendo mis textos, recorriendo palmo a palmo mi letra me doy cuenta que hay frases, ideas que me sorprenden ¿Cómo están ahí? ¿En qué momento las imaginé? ¿Cómo llegaron a ser parte de mi letra? Entonces percibo que mi palabra vale por sí misma, está protegida de mi ignorancia de aquello que nunca se me ocurrirá, mi palabra tiene ese plus que la hace independiente de mi consejo, ella vive su propia existencia, y así siento dolorosamente esa ajena distancia… pero es mi letra, yo sé que es mi pluma y entonces me siento paternal e importante.
Antes no podía escribir con libertad, ahora me veo protegido contra mi propia impotencia, contra mi miedo o cobardía, me he dado cuenta que mis palabras valen por sí mismas. Es increíble la sensación de libertad que produce el efecto de hallar que mi pluma no depende absolutamente de mí, ella es por sí misma.
Por otro lado pienso, si esta letra no es absolutamente mía, en último rigor a la verdad, nada tengo que ver con ella, y esta es la idea que me mata, esa distancia, esa terrible ajenidad, esa sensación de saber que lo que escribo no es absolutamente mío, sin embargo están absurdo pensar que mi pluma y yo no somos uno.
En sacrificio a la verdad, no puedo dejar de unir mentalmente los dos conceptos, es mí pluma pero la siento ajena y distante.
La agradable ignorancia de pensar que la paternidad de mi letra era toda mía, pero ahí está la intuición con la clara revelación para hacerme desgraciado, para negarme la plena autoría de mi cosecha.
Reconozco mi letra, todavía insegura, próxima desmoronarse con la escasa convicción en lo que dice, pero también está la otra parte, esa pluma vigorosa, como un intruso exponente de lo ajeno, que a mí me deja este sabor amargo de una modesta felicidad.
Esta pluma me da un poco de admiración con su aire desafiante y agresivo, que sabe decir sin callarse sus presentimientos.
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