• gonza pedro miguel
gonza miguel
Paradójico mérito
Cuando nos inaugura la intuición,
nos hace lucidos y desgraciados.
PMG
Releyendo mis textos, recorriendo palmo a palmo mi letra me doy cuenta que hay frases, ideas que me sorprenden ¿Cómo están ahí? ¿En qué momento las imaginé? ¿Cómo llegaron a ser parte de mi letra? Entonces percibo que mi palabra vale por sí misma, está protegida de mi ignorancia de aquello que nunca se me ocurrirá, mi palabra tiene ese plus que la hace independiente de mi consejo, ella vive su propia existencia, y así siento dolorosamente esa ajena distancia… pero es mi letra, yo sé que es mi pluma y entonces me siento paternal e importante.
Antes no podía escribir con libertad, ahora me veo protegido contra mi propia impotencia, contra mi miedo o cobardía, me he dado cuenta que mis palabras valen por sí mismas. Es increíble la sensación de libertad que produce el efecto de hallar que mi pluma no depende absolutamente de mí, ella es por sí misma.
Por otro lado pienso, si esta letra no es absolutamente mía, en último rigor a la verdad, nada tengo que ver con ella, y esta es la idea que me mata, esa distancia, esa terrible ajenidad, esa sensación de saber que lo que escribo no es absolutamente mío, sin embargo están absurdo pensar que mi pluma y yo no somos uno.
En sacrificio a la verdad, no puedo dejar de unir mentalmente los dos conceptos, es mí pluma pero la siento ajena y distante.
La agradable ignorancia de pensar que la paternidad de mi letra era toda mía, pero ahí está la intuición con la clara revelación para hacerme desgraciado, para negarme la plena autoría de mi cosecha.
Reconozco mi letra, todavía insegura, próxima desmoronarse con la escasa convicción en lo que dice, pero también está la otra parte, esa pluma vigorosa, como un intruso exponente de lo ajeno, que a mí me deja este sabor amargo de una modesta felicidad.
Esta pluma me da un poco de admiración con su aire desafiante y agresivo, que sabe decir sin callarse sus presentimientos.
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  • País: Argentina
 
Te dejo unos versos de mi vida para cuando esté en ausencia Llegará el día en que El tiempo, le quita el uso a mi  vida. Ojalá no me encuentre  con La rama seca y  la esperanza marchita. Bajan los años por el monte acelerado, aunque no tengo los pies ligeros, apuran el paso villanos años. La vida en la risa tiene el llanto y yo,  sin saber hacer pena, de mi dolor hago gusto. Si te acosan villanos miedos, piensa: A veces, La muerte no es ruda, en su costumbre de matar te estampa un beso ligero.
Cuenta la leyenda Cuenta la leyenda que el hombre creó un billete y lo guardó en una bolsa,  entonces… tuvo miedo de perderlo y creó un bolsillo y le puso un cierre, con el cálido afecto de la cercanía  se  sintió seguro, pero el billete creció tanto que el hombre creó  una caja y por el mismo miedo a la caja le puso una cerradura, y el billete volvió a crecer y el hombre creó una casa con bloques de cemento para el billete, con barrotes de seguridad y este creció aún más y más y el mundo le quedó chico… cuentan los que contaron que fue tanto el crecimiento que  el billete fue todo querer, querer desplegarse, querer  ocuparlo todo con esas ansias del querer. Después de esto ya no hay dos bandos, hay un solo querer que cae implacable y sin descanso, sienten lo mismo el rico que el humilde, las dos plegarias se funden en un mismo querer, se enlazan y se entrelazan. En este camino  de siglos, aquí no hay dos bando, indestructible y destructor un mismo querer. Miente quien dice que va por fuera.
Me contaron un cuento Una nueva teoría se levanta, he intenta romper con los moldes de esos versos que nos contaron; al parecer hay una historia más genuina, más verdadera que viene de más lejos, sin redes, sin trampa. En la verdad no hay dos  bandos hay una espada que corta los discursos de pobre ligazón, el corte ha de llegar hasta el átomo, hasta la voz de la simiente. Entre los dos los márgenes de la razón, hay una verdad que sujeta, y hay una verdad que libera. En la voz antigua de la tierra, pensar al Sol como un ser pensante; cuando esto se dijo, fue tomado  como una verdad absurda y blasfema. Hoy la misma ciencia busca la Reconstrucción de las piedras sagradas de los Templos caídos, las últimas investigaciones científicas plantean una actividad consciente del astro rey. Bajo la nueva luz se yergue una nueva ley del universo. La evolución de la ciencia empuja una evolución de la conciencia. Antiguas civilizaciones perdidas ¿tenían acceso a “secretos”  por el cual consideraban al sol una deidad consciente algo más que un mero astro dentro del universo’ ¿Tendremos que volver de nuevo a la tierra, al viento, al sol, al agua? A la ciencia de las verdades le han robado la franquicia, ellos que contaban siempre la misma historia, cómo harán ahora.  Menuda grava hicieron los martillos gestados desde las ciencias,  los picapedreros (los científicos, señores jueces, fiscales y justicia de este reino) han vertido  las teorías  de sus valores y con este discurso  han abierto calzadas y caminos en los tiempos moderno, pensar al Sol como un ser consciente se hace difícil; pero es así, las últimas investigaciones científicas, realizadas con un poderoso ordenador, descubrieron  que desde el Sol se producen emanaciones electromagnéticas codificadas dirigidas al sistema de planetas, algo parecido parece emitir también la luna, emanaciones que poseen un orden, una lógica y una razón. Todavía no se sabe cuál es el mensaje, está codificado, pero se sabe que hay un mensaje. Los  registros de los acontecimientos naturales de los  últimos 20 años demuestran que hay relación directa entre los mensajes emitidos desde el Sol con eventos relacionados con muestro planeta y también con otros  sucesos dentro del sistema solar Los antiguos parecen ser mejores intérpretes de verdades colectivas, mientras que el miedo del hombre moderno ha sabido inventar cuentos para ahogar esos otros relatos. La tierra, o tendremos que decir, “la madre tierra” como lo llamaban los antiguos, parece poseer estados de ánimo, un humor que va más allá de los efectos de la contaminación. Fueron los griegos los primeros en ver esta lógica de la razón en la naturaleza y en el cosmos al que llamaron logos. El hombre es el  producto directo  de este logos o principio, lo mismo sostenían los antiguos Mayas al decir que el hombre es hijo de la madre tierra. En esta cosmos visión la madre tierra es un ser pensante, la relación que el hombre  entabla con la tierra es de cuidado mutuo, yo cuido la tierra y ella me cuida a mí. La ciencia moderna plantea otro tipo de relación, ya no hay madre tierra, hay naturaleza, y el hombre está en la cumbre de la evolución, desde esta perspectiva   el hombre pude modificar la naturaleza y crear una naturaleza  artificial llamada MUNDO. En otras palabras, crear el mundo como hoy lo conocemos implica, separarnos más de la naturaleza, negar aún más nuestro vínculo con la tierra sobre la convicción de que la tierra no dirá nada.
La despedida Todo adiós lastima mis sentidos tal vez porque creo también para mí se acerca  la hora de la despedida, veo mi cuerpo pobre y gastado y los miedos ahora dividen, ya de rasguño uno se aferra  la vida, aunque por cada hora lo tengo padecido, y aun así, apurando el paso a ver si le puedo ganar a la vida. Como en un  atajo me aferro a la tierra pero a veces pienso; a este suelo le entregué mi pecho y lo volví vacío ¿Fueron vanas y falsas mis esperanzas? En el saldo de mis manos me quedan dudas. Un viejo, que en su pecho traía viejas señales me dijo: Es un gran simulacro la vida, es un juego del absurdo, nada está por encima de los errores, y en esta tierra no hay castigo por las culpas (vale la pena aclarar, no hay castigo para todos los que tienen culpa) La justicia es un bien que se remata al mejor postor, me decía el viejo que en su pecho traía viejas señales, es verdad le dije; yo que también percibo que los jueces, sin culpa ni disculpas muerden los valores hasta gangrenarlos. El viejo que traía viejas señales me dijo: A muchos estos la verdad y la justicia no le sirvió de senda.  Entonces se me escapó una voz de esperanza, oiga mi viejo le dije; deje la maldad a los que comen de ella, que en el mundo no todos son buenos, ni todos son malos.
La despedida
Autor: gonza pedro miguel  367 Lecturas
Reflejo de un espejoEn definitiva ¿qué es lo nuestro? Una especie de complicidad frente a los otros, un engaño bien logrado, ¿qué mostramos? Esa rebanada de muestra cotidianidades en grado  de felicidad aparente.¿Por qué sientes que te robo la felicidad con una verdad tan íntima? Son trucos de los reflejos de las sombras y para vos una verdad que no se nombra.Todos tenemos una mentira que algún día muere en nosotros y una verdad que nace.  Entiende esto: se nos va la vida mal gastada y no hay apariencia que lo justifique.¿A dónde están las palabras que nunca nos dijimos? ¿Dónde fueron los diálogos que nunca tuvimos? ¿Dónde se quedó la felicidad que soñamos?Si alguien de afuera mira, es difícil de creer que este amor tenga una herida y abierta. ¿Cuál es nuestro horizonte perseguido? El error no se quedará para siempre si elejimos el camino y vamos detrás de nuestros objetivos.Es una lástima que no tengas el coraje de mirar conmigo, es imposible no derramar una lágrima en esta visión.Yo también odio con escandalo toda exhibición y no me gusta mostrarme con la herida sangrante,   y terminar reducible como en los posteos en facebook dejando visible  cada estado de ánimo, pero tampoco quiero esta felicidad aparente... Las apariencias son como las comidas rápidas, saben muy bien, pero con mucho colesterol enferman el corazón y dañan la salud.Pero, para los que tienen el diente preparado  para encontrar el sabor, son mejor las comidas elaboradas, tienen mejor sabor y están llenas de vitaminas.Para los que nos gusta comer así siempre hay oportunidad para el brindis.
Habló mi silencio guardado mis escritos, la sangre marcaba el paso y yo sin tus ojos ni curado tengo remedio.!Oh! Nodriza de mis  versos, quisiera que dejaras tu mundo de frontera y te acercaras con la sutileza del beso.Miradas y sonrisas me hicieron soltar el verso que llevaba adentro por el ángel que pasó volando.Fue ahí donde yo perdiera  el pie, son tus ojos la enfermedad más contagiosa de este mundo,  Miro lo mucho que aquí me ofrece en lo poco que a mí me pide. 
Esos ojos
Autor: gonza pedro miguel  295 Lecturas
Ella, te obliga a alargar la miraday uno tira un verso de puro gusto,uno sabe que a partir de esto,uno va ha querer un poco más el mundo por esto.
Ella II
Autor: gonza pedro miguel  204 Lecturas
No puedo abrazar la ausencia.En grado de expectativa,en mi locura de querte no mefaltas nuncá 
Ahora que soy desprendido de tus ojos,  como me gustaría ir al pasado y volver con uno de tus besos.¿Qué me detiene?Un olvido sin tu voz, y un recuerdo sin tu nombre.Un primero de agosto inaugura la clausura que duele cada día,pero...  ni yo iré, ni vos vendrás.Y  el orgullo mata y deja esta historia sin contenido.Tal ves el verso fuera el poder mas alto de volver a tus ojos claros. Quizás mi rima pueda borrar las cicatrices que dibujé en tu alma.Quisiera pedirte algo:Deja de usar esa tabla por uno y usemos esta otra por dos.
En un verso indiscreto, casi inaudible, mezclándose entre la rima y la prosa, una metáfora subsistía, tenía la consistencia de un sueño escondido, incoherente y bago. Con las funciones creativas suspendidas, hasta aquí llegué yo con mis manos  huérfanas, truncadas de esperanza en la sequía de mi imaginación.Malditos esos humos que segaron mi pluma, maldito el viento que apagó la llama y me dejó sin rima, esas que llevaba yo ancladas en las ligaduras de mis versos. Yo me invento una ilusión  con la libertad que me queda con que mas y mejor pueda esperar el aliento de la musa que me inspira, ruego para que sea como antes, cayendo copioso entre suspiros que arrancan el alma, hasta encontrar  el verso que se hace sangre y me recorre por doquier, como ese  verso profano, místico y sensual.A la musa que me inspira Ruego para que me mires yle des amparo a mis versos.Recibe mil gracias por el beneficio,Señora del verso grande.Que tu gracia se despliegue en un suspiro yla gloria de un amor pendencierosean de tus deseos muchola base de mi sustento.
A mi musa
Autor: gonza pedro miguel  169 Lecturas
La vida es un imposible, es un sueño dentro de otro sueño, y nosotros caminando, merodeando por un tiempito, jugando a que nos perdemos y nos encontramos, la muerte es una vida dentro de un sueño y un sueño dentro de otro sueño.
El sueño
Autor: gonza pedro miguel  208 Lecturas
Fuego contra fuego,es la espera y la memoria. Perderme en el torrenteDel vinito dulce y sin querer olvidar‭y como mendrugo de pam‭me hago esponja para el vino, ‭hasta que tenga el alma pura,hasta que olvide todo lo‭ ‬que‭ ‬tengode esta cosecha estancada.Si no desisto; el destino nos hará justicia.Aunque te tenga y notan hallado en tus ojoscreyendo ver el tamaño de mi esperanzami fe salió a la espera en vanos intentos.Al oido sordo lanzo mi queja.Uno siempre quiere pero no.Aunque enciende quema y funden tus ojasos; me invitan al sufrimientoy a veces el futuro, es una noche sola... y uno gasta la urgencia, en llegar al alivio de oir tu voz. 
Canto por no llorarCanto por no llorar,‭ ‬por todo el amor que me falta y el rencor que me sobra.Miro lo que me ofreces en este jueves de  calendario  y sin vos,‭ ‬Con esta soledad alevosa y tranquila,‭ ‬yo que‭ ‬tenía la tolerancia de un santo‭…‬ ahora‭ ‬ya no hay más‭  ‬paciencia en la espera,‭ ‬sólo espero que el tiempo pase y rápido,‭ ‬y‭  ‬como hace tanto‭… ‬pero tanto que espero; ya sospecho lo peo:‭ ‬que todo el rigor del cielo cae sobre mi pecho y me‭ ‬explotan los celos sobre un campo minado de dudas.‭ Es mejor  para mí, transportarme a los recuerdos de ese primer beso que nos dimos y que cambió todo muestro destino,‭ ‬cuan peligroso son esos besos cuando no los ves venir,‭ ‬porque te roban el alma,‭ ‬el pensamiento y te dejan sin aliento‭… ‬pero ni aun‭  ‬eso me quita el deseo,‭ ‬de volverte a besar hasta quedarme vacio y sin nada,‭ ‬tan sólo con tu mirada.Cuando vos me miraste, yo me aferré a ese dictamen. Quiero que cumplas las promesas que me hicieron tus ojos y regreses con tu pata loca.
Te entrego mi adiós Te saqué  una sonrisa en esas pequeñas locas vanidades, E Infinitas gracias a la milonga de tu cintura, que es  un festejo.  Imaginé esos ojos, proyectos de promesas Y fuiste un amor breve, pero te recordaré mil veces. Para el pie cansado el camino es largo. Hay que ser fuerte para alcanzar nuestro relato. Ay! Si pudiera cantar como lloran mis versos ¡Ay! Si pudiera reír como esos versos de lengua ardiente.  ¡Ay de mis pasiones! En el fin de mi alegría.              
Salir de uno No saber huir de esta muerte tan maciza. La fiera venganza del tiempo. Supongo que es todo parte de  un mismo ciclo. Quizás después vaya a un digno silencio, cuando cese la súbita inspiración de contestar. Como para aplazar, con cierto anhelo de la vida,   que es más que el hambre y la sed, buscando la tregua perfecta. Mi pluma embriagada de amor besaba la tinta y solo quería Escuchar al poeta acariciando el sentido de oír, Y sus formas de hablarle a la vida. Todo adiós lastima mis sentidos, tal vez, porque presiento se acerca la hora del olvido.
Salir de uno
Autor: gonza pedro miguel  174 Lecturas
Filosofía barata -¿Qué hay de cierto que el desamor de una mujer vuelva a un hombre loco o poeta? -En mi caso, dispara esa sensibilidad, embriagarme del un aroma de una mujer que me da en cada paso, lo recibo en un suspiro del que a veces no me quiero despertar. Quiero decir: No es el desamor lo que me hace loco o poeta; si no el amor. -¿Qué te produce el desamor, digo como poeta? -Siempre digo: Quiero olvidar viejas carencias con nuevos amores. -¿Sufriste algún desamor? -Claro, quién no. Pero… como buen poeta lo resuelvo con unos versos. -¿Con unos versos, cómo fue o cómo es eso? -La poesía como por su mandato tiene la capacidad de liberar al poeta, mostrando lo evidente, lo necesario y así,  le pone el fin al ejemplar castigo que le impone la pena. Por eso siempre digo: Hallaras en mis versos la obligación que tiene mi pecho. Por ejemplo, en un trágico momento dije: Fruta nueva, fruta nueva. De la mollera a los pies; no hay poro de la piel que no te extrañe. ¡Cómo extraño esos pasos que saben mi compás y el ritmo de mi cadera! -Por los versos se puede ver que la amó o que aún hoy… - La amé: Con la fuerza del sacrificio, con la voluntad del deseo, pero con la abundancia de mi miseria, y no alcanzó… pero bueno (cabizbajo) son… pero como…  ya fue (alegre)… tengo un corazón que sabe de promesas únicas, si ella no lo quiso, habrá que lo quiera… -Si le pudiera decir algo qué le diría.  -Gracias por el fuego. -¿No le tiene rencor? -El amor simple y sencillo, nada pide sólo se brinda. -Algunos con el desengaño no quieren enamorarse de nuevo… -Ya sé dónde vas, Los melancólicos, los trágicos, los temerosos,  instalan  cerrojos. No esperes esto de mí. -¿Qué hay después de la soledad? - Mientras  voy cerrando puertas y ventanas, voy buscando de la naturaleza su mayor milagro: Esa mirada donde encuentre todos los pretextos. -¿Es usted celoso en el amor? -Yo en el amor sueño y descanso tranquilo, no celo ni temo, te espero y te creo. En el amor no se puede ir a la paz por la espada, es contradictorio. -Un dolor -¿Un dolor? Una caricia que duele: esa mirada sobre la mía. (de la que se fue) -Algo ridículo que hallas escrito. - Un poema romántico tiene siempre, inevitablemente  algo de ridículo, por suerte tiene un atenuante: siempre hay algún ridículo enamorado que lo entiende. -Lo más importante. -Trascender al amor. -Un consejo que tengas para dar. - Por soñar no te quedes dormido; porque los sueños mejor cumplidos son los que se realizan trabajando. -Un problema no resuelto. - Muchas veces, el problema es la rutina, subir siempre al mismo árbol  por el mismo lado. -¿Qué es el tiempo? -Para mí es lo mismo que preguntar qué es la vida. ¿Cuál es la diferencia: entre los dos días de la mosca y los doscientos años de la tortuga? El tiempo es relativo, lo que importa es cómo vives cada segundo de tu vida. -¿Qué es la muerte? -No es lo inevitable. Un día me iré, pero será falso mi abandono, seguirás  en mi huella, me quedaré en mi sombra,  seguiré en sus pasos, renaceré en sus sueños. ( Hablo de mi hija) -¿La justicia? -Quien quiera encender la llama de la justicia y la verdad; cuidado  no termine consumido por la misma flama. Quiero decir: Todos cometemos errores. -El amor. - Una realidad del amor: Es a veces amar, lo imperfecto, lo ajeno,  lo incorrecto. -Lo que más te moleste. -¡Lo que más me molesta es, esa su indiferencia bien lograda y sin fisuras! (de la que se fue) -¿Qué opinión le merece un político? - Cada cual habla en su idioma, llevan un saco lleno de paja por debajo del parpado. -Lo que más te gusta. - Lo que más me gusta, cuando dulce y prodigiosas sus manos tibias, me reciben abortando sus ausencias. (de la que aún espera) -Un miedo. - Como promesante y señor de mis agonías,  no le tengo miedo a la soledad sino a este silencio que  me queda. Quiero decir: El silencio me condena. - Para ir cerrando  ¿y El llanto? -Las lágrimas son la tinta húmeda con la que escribe el alma cuando está sintiendo la vida.  
…Y nos miramos | Ella en su pecho traía viejas señales.  Pensé: Es un gran simulacro creer que hay olvido. Y yo Metiendo el dedo en la llaga, soplando en las cenizas del fuego del absurdo. Le dije: El amor está por encima de los errores, Y aún así queda abajo| por los malos entendidos. Es verdad me dijo, así se muerden los sentimientos hasta gangrenarlos. Si ese amor no te sirvió de senda, que se congele la luna pero no el alma Le suplicaba. Tu voz me dejó el mensaje de la esperanza, me dijo. ¡Entonces estrechamos la mirada! A esta altura del paisaje Mi puño y mi letra inventaban un lenguaje, luchaban por brotar como una flor en el desierto. Tus ojos cercanos me involucran  Ahora que sé, que tus ojos me conciernen Una mirada llama a la otra Y todas me llevan a tus ojazos.
Este amor que te guardo está madurando   Ella Sin culpa ni disculpa Tan lejos de la dura pena Faenando mis sacrificios Me dejaba un trocito de su mirada   Ahogando una sarta de mis esperanzas Con mis afectos en andrajos Y mis sueños en hilachas Añoraba ese trocito de su mirada   ¿Te das cuenta cómo te extraño? Te sigo encontrando en mis versos Impregnado mi recuerdo La falta que le haces a mi costumbre
El amor xxx X -Ya lo sé, me cuesta dar con esa almohada que se ajuste a mis sueños. Y – Y… si el momento no es propicio ni un milagro lo arregla. X -En mi amor vos estás toda o casi toda,  mmm… me faltan cifras pero las calculo, me faltan indicios pero… Y –Sin embargo yo estoy  segura, te  quiero y a mi pesar, eso me basta, deberías valorar el coraje que tengo de quererte, aunque sé ¡qué sola va  quedar un día mi suerte! X -Pon el beso donde solo existen las palabras  y después vemos. Y –A  vos sólo te interesa eso… después veremos qué,  si con tu silencio me alejas a gritos. X -Te acordás,  algunas veces paseábamos por las mismas hojas, por las mismas letras, por los mismos versos, casi siempre una metáfora nos unía, pero… Y -También se puede amar en el recuerdo, en la distancia, en la soledad. Te quiero a cada instante,  pero aparte de quererte; te necesito. X -Yo no puedo ser como uno de esos tipos que andan por la vida con el corazón en la mano, no puedo, no esperes eso de mí. Y -Enamorarse es un ejercicio contra el infortunio, no importa si al principio se quiere más o menos, lo importante es confiar, y a partir de la confianza, uno se brinda más, en más de lo que tiene. X -Vos y yo tenemos un problema, y es el mar del amor que lo sorbe todo y ahoga… Y -La madre de las ironías, acercarse a un río y morir de sed. Salen de balde los afectos si no hay interesados. El problema es  que te miras a vos mismo como persona de poca cuenta,  que comienzas una relación procurando resolver sólo sus problemas fisiológicos, dejando de lado los afectos. Quiero que sepas que tienes más de lo que crees para dar. X –Quiso mi buena fortuna tus ojos me mirasen y me encontraran sereno y favorable, con presagio de buen futuro, pero a mí no me hables de compromisos, no pienso ir alegre al puerto de tus esperanzas.   Y –Ahora te muestras así, después que me tienes arrimada en el engaño, me dejas caer. X –¿Dónde está la novedad, por qué el enojo? Siempre te dije la verdad. Y –Tienes más historias que capas, una cebolla, eres un viejo lobo de mar, marinero de aguas turbias, pescador de historias imposibles, obsesionado  se te pone en capricho con pescar algún amor en sus bríos. Después que se te pasa el efecto narcótico del primer enamoramiento lo dejas y te vas. X –Muchos  amores tuve y a ninguna he olvidado. Un día me iré, pero será falso mi abandono me quedaré en tu sombra,  seguiré en tus pasos, renaceré en tus sueños.
El amor xxx
Autor: gonza pedro miguel  238 Lecturas
Retrato de una costumbre En mí, una pequeña vida sonaba discreta, informulada; casi inaudible. Mezclándome en el escepticismo y la ignorancia únicamente, subsistía.  Vivía  en un pequeño mundo, sin horizonte, sin un lugar propio. Demorado en los límites del vagabundeo, abandonado al azar, es decir; era un ser de espejismo olvidado. Tenía en la conciencia: un sueño incoherente y vago, casi sin motivo, con la energía neutra. En ese estado en la inocencia, los sentidos se repliegan y se calman, qué otra cosa queda: sin apuros, sin pretensiones. Por esto digo que, ciertos aspectos de lo que podía ser, permanecen escondidos, sepultados  tras una nevisca brumosa, los colores animados del espíritu aparecen borroneados, desconocidos para uno mismo, ignorados de lo que podemos ser, con todas las funciones creativas suspendidas, en declive, hasta aquí llegué; el borde del absurdo. Lo juro. Nunca hubiera podido por mí mismo reducir distancia,   de pura casualidad y a la rastra, casi obligado  llegué a ese espacio virgen para mí. Siempre hay alguien que te empuja hacia la luz, semejante   terremoto es provocado,  por hábito en la incredulidad; yo, dudo de mi fuerza y del supuesto descubrimiento, ya que me resulta imposible imaginarme ese tremendo desplazamiento… a duras penas me imagino, escritor, pintor, escultor… ¿Será posible? no  fue  mérito personal hacerme estas preguntas. Soy un poco de todo aquello que me ha pasado. Un libro que de casualidad cayó en mis manos me involucra con este verbo que tanto me concierne. Una palabra llama a la otra y todas convocan amigarse con la pluma hasta encontrar ese ser ignorado por mí mismo. Volatilizado esa bruma incolora, es mérito personal  la construcción del espíritu donde exhibe su diversidad, y se ponen en alerta máxima los sentidos.  Abierto a la exploración contra ese fondo de inmovilidad general,  sondeo el fondo de mi yo, puedo ver la fuerza que me impulsa, pero… aún así algunas veces dudo, especialmente cuando quiero escribir y no puedo (protestando digo: No se me cae una idea) otras veces como una tormenta corta, repentina, tan fuertes que en pocos minutos cae un aluvión de ideas, en el reverso de ese dorado sol; ese vacío. No puedo entender |el por qué de esos baches. Por lo general mi mano se levanta libre comenzado por comprender el presente infinito del verbo  en la imagen forjada. Como decía un amigo: Aquí estoy yo y mis circunstancias.
A Sor Juana Inés de la Cruz En juveniles años, escribía yo antes versos flacos y faltos de colores, todos  averiados. Buscando alcanzar  la cima de los tiempos. Lo intenté con la fuerza que mi ingenio prometía. Virtudes ajenas mostraron el puerto de mis fracasos. Sus ejemplos,  templaron el filo de mi pluma, para  encontrar  un verso tan sólo mío, con metáforas tan de mi alma. Tu  semántico brazo, me llevó de la mano a través de las letras. Me distes alas y yo  me lancé al aire, dejaste una huella y yo  seguí tus pasos. Así sabré escribir, y más podré decir, para ganar victoria y buen nombre, en la llama encendida de los verbos.
Una mujer, el amor y el vino Aunque por dentro lloro, mis manos ociosas juegan con un vaso en extraña devoción, suplicante le ruegan para que haga el pasado remoto. Puesto al alcance de mi suerte y  de mis manos, Baco. Arrojarnos al mismo vaso, con el anhelo desnudo para llegar al descanso fácil, al fin de mis desesperaciones. Me interno en la noche adentro buscando el alba. Entre copa y copa, se mezclan con la luna, el canto, la risa y el llanto. Una mujer, un amor y el vino, ideales para una noche de insomnio. Hacen autentica la melancolía esta llovizna triste como mi alma, aunque el vino me ofrece la risa inservible y vacía…ya  sé, se sufre la risa, pero con el vino se resiste más y mejor, por eso…por eso, no se llora, se ríe en la fe contagiosa del vino. ¡Brindemos! Aunque en mi última confianza estoy lleno de vacío, de ausencia, de deseo y mis sueños sin su dueña; brindemos. Dejemos que la tinta roja del vino borre la melancolía. ¿Y mañana?  ¡El Mañana lo taparemos con más vino!  
Don Mario y  Fulano Fulano –Don Mario, le digo la verdad, antes de conocerla mi pluma y mi tintero, vivían regalados y satisfechos y esto puede leerse literalmente.  Es en el duro acento de sus ojos claros donde me pierdo, ella es la reina de los corazones de piedra que atropella y manda. Don Mario -¿Quién es esa?         Fulano –Esa, de ojos tan divinos y mirada tan profana. Don Mario –Esos  ojos en su versión audaz tienen un condimento… Fulano -Y esa sonrisa don Mario, bahía amplia y generosa… Don Mario –Debo reconocer que, entre embrujo de amorío sus ojos tienen poderío. Fulano –Si don Mario, cuando esa pestaña se levanta y vuela bañada de misterio   Yo sueño con quedar bajo el ala de su mirada,           pero… qué me valen sus ojazos si no me miran. Don Mario –¿Intentaste hablar con ella? Fulano –Si don Mario, pero fueron vanas y falsas mis esperanzas. El miedo, verdugo de mis primeros pasos le me negaba letra a mi alma  y torpe mi lengua, a brazos cruzados se negaba a toda mi voluntad. Don Mario –A otro pobre con ese hueso. Lo poco que sabe el pobre: lo mucho que el rico tiene. Sigue intentando porque tienes con que. Las dudas con los miedos pueden  hacer un encuentro fallido con el amor. No te des por vencido. Fulano –Don Mario, gracias por el crédito que le da a mi alma. Don Mario – Aunque guardo la fe en la prosa, insiste con un verso. Donde no hay perfume, inútil que se busquen flores. Pensando en ella… quisiera que expreses  el puro y verdadero texto, puedes  escribirlo a tu sabor,  mezclarlo a tus sueños. Le seguirás la huella a una rima para llegar al verso seguro. Fulano –Don Mario ya le recité algunos de mis versos. Don Mario –Aunque el tiempo corre, no tiene apuro. Tan apurada La ansiedad: de profesión y oficio ladrona de tu  paciencia. Si sabes esperar, para ese corazón enamorado llegará el día premiado. Fulano –Negado el beso, desechado el piropo,   sería  dar, lo que  de  suyo es poco. Don Mario –Mira,  ahí viene, siento que hoy es un día para inventarte una ilusión. Fulano –Ruego para que la letra me  salga fácil, aunque,  no habrán duda de esta suerte que, quererla y no quererla es locura o muerte.  
La libertad Él    -Quiero que hablemos Ella - ¿Para qué? ¿No está todo dicho? Él    -Negar la palabra, es abrir más la distancia. Ella -No sé entender la distancia y menos enjuta. Él    -Mentiras de un cielo sereno, desde hace tiempo existe entre nosotros una descarnada distancia, que no lo quieras ver, eso es otra cosa.  Entre tú y yo, nada ha cambiado y esto desde ya hace años: tú sigues ausente y yo sigo extrañándote. Ella  -Esas son escusas de un papel en blanco ¿Por qué no dices la verdad? Que sólo quieres tú libertad. Él    -¿Para qué le sirve la libertad a un pájaro sin alas? ¿Haber dime... para que querría esa libertad? ... ¿Qué podría  hacer con ella? Ella –Tus labios dicen una cosa, pero en tus actos se nota  cuando piensas a gritos tu libertad. Él    -En tu boca  "La verdad duele; pero tus mentiras matan" Ella  -A veces la verdad llega tan tosca que nos congela de tal manera que la libertad no nos sirve. Él    -No sé qué entiendes por verdad, pero  aquí estoy con la libertad que me diste, no te la pedí, pero quiero  que sepas  una cosa: Estoy  aprendiendo a disfrutar esta libertad que me regalaste; al final un regalo que no te costo nada pero… Ella –¿Pero acaso no había libertad estando juntos o...quizás no entendimos el amor? El que ama debe siempre tener la libertad de elegir. Él  - ¿Libertad sin ser libre?. Qué cosa, una  libertad que no me sirve. Ella –No nos pondremos nunca de acuerdo.  Que tengas suerte. Él   -¿Qué tengas suerte? ¡Terribles palabras!
La libertad
Autor: gonza pedro miguel  222 Lecturas
Vos lo sabés Vos lo sabés, algunas veces el verso es uno solo y uno en el apuro gasta ríos de tinta. Entonces pensé ¿Cómo poetas, hallaremos ese compromiso con las letras, que con justa y legítima necesidad reclaman nuestra conciencia poética, el apego a lo bello y la justicia en la vos del relato? Decía en mi conciencia: Hasta cuándo seguiremos escribiendo sin la mística retórica de las musas,  textos    que,  algunas veces, uno se sorprende de que aparezca una buena idea. Vos lo sabés o lo habrás sufrido alguna vez, esto de leer y que te de bronca leerlo. Cuando leo algo y no me gusta, sufro como alma en pena, por esa vocación congénita con la palabra y lo peor que me puede pasar es que me encuentre, con uno de esos poemas modernos, que no tienen pie ni cabeza y para colmo de males, eso que ya de por sí es calamitoso; le guste a alguien; eso me revuelve la tinta. Si ya sé, vos siempre lo decís: No hay que ser tan estricto con los demás, si no con uno mismo. Por otro lado estuve pensando eso que también vos siempre me lo decís: Que yo, no le encuentre el pie o la cabeza a ese poema, no quiere decir que no lo tenga, por lo general cuando aparece alguna idea, vos lo sabés,  suele suceder que no lo entendemos, casi siempre por un falso pre-juicio la consideramos como la más flaca y menos verdadera; todo esto tan solo por no entender la idea. Seguro vos lo sabés, te habrá pasado más de una vez; cuando uno lee uno de esos poemas que uno no entiende, me pregunto ¿Seré yo que no entiendo el ser sublime de esta idea? (teniendo en cuenta que a alguien ya le gusta y si le gusta; algo debe tener) Siempre me quedo con la duda. De una cosa es estoy seguro, las buenas ideas son difíciles de conseguir, por lo menos en mi mente no abundan.   Hay momentos difíciles  en los que uno descubre que; por más que busque no puede ni tampoco alcanza ni siquiera eso; una idea mediocre. La buena, cuesta conseguir. El problema está, si es que aparece  alguna idea,  cómo uno se da cuenta que, esa es la  idea que estamos buscando, usted sabe, me refiero: la fórmula  perfecta casi nunca se presenta clara pura y transparente, e indubitable, una idea así, casi siempre se presenta incomprensible en primera instancia, vos lo sabés, una idea de este porte por lo general es más grande que nuestra humana comprensión, uno tiene que desandar la idea y descubrirla de a poco. Vos lo imaginarás o esto lo sabrás muy bien: La vida del poeta no es más que la búsqueda de esta idea, algunos como vos y yo lo tienen como enfermedad y en la locura de la desmesura  entran en la sofistería de la palabra, (es una pena pero debo reconocer que a veces entramos en esta) pensando así dar con el ser revelado de la idea. Vos lo sabés, cuando una idea está demasiado lejos uno entra a desesperarse, los miedos dividen, las dudas congelan la tinta, si nada original brota, se apela a los artificios. Después… después vendrá la culpa en lo irreverente,   por ese insulto a la buena idea, por ensuciar la pluma. Debo de confesarte, quizás a vos te pase lo mismo, cuando por el apuro, publico algún poema que ni es tan poema,  por el poco aliño a la idea o  le falta fuerza, que suele soltar y aflojar. Después, vos lo sabés, a ese texto, no encontramos quién lo absuelva, digno de ejemplar castigo, como si fuera delito yo no quiero ni ver lo que he escrito.
Vos lo sabés
Autor: gonza pedro miguel  126 Lecturas
Tan loco como desesperado me arrojo sin miedo Busco el secreto aposento de un verso Mucho te digo que corro para darle alcance Con muchos cuentos y poemas que no son para referir Con esperanzados principios Pero con desgraciados fines.  Los miedos ahora dividen, A mi pluma pobre y gastada, Desnuda de toda composición Ya De rasguño bosquejo, tanto que Por cada verso, lo tengo padecido. Apurando el sueño para ver si puedo ganar la fantasía. Como un atajo, ruego a la musa que me inspira, Que multiplique las glosas a su antojo. Le entregué mi pecho y no lo volví vacío Dando el saldo a mis manos y el cobro a mi tinta No fueron vanas ni falsas mis esperanzas En el oficio de mi pluma         Ahora le saco el  buen tono a la rima.  Para llegar al verso seguro...
El cristal con que se mira Que a nadie se le caiga y quede perplejo, que no hay otro infortunio como este, con siete años  de espantos. Aunque  creo, sospeché mal lo peor, quizás nunca son sus efectos tan graves como sus amenazas. Levantando un poco el rostro, mirando de costado, venciendo el pudor y quizás un poco la vergüenza miraba mi desnudez y sin piedad me pongo a escrutar mi expresión,  a porfía el espejo avanza, la imagen extraña y familiar no hace más que aumentar la necesidad y la pobreza para ver como se aleja la cortesía de la juventud, que tan atrás me queda y en todo me conozco inferior. Mi cerebro se dice, como un aliento tácito: Depósito de experiencia nombrada y acumulada. Manotazo de ciego; por cuanto falto, la imagen que me re-tira; expele. Mil espejos tuve y ninguno me agradaba, algunos por faltos, otros  por sobrado, ya me mostraban tanto, lo que tanto me faltaba, conocí no ser lo que  pensaba, descubrí el engaño que en mi mente creí haberme hecho,   no fuera mucho si errara por poco, pero… los reflejos de mi privanzas  plantaron la base de mi sufrimiento; en el claro espejo la endechas de mi sufrimiento que duran en el ardor. Por haber nacido mal parecido, nunca tuve el premio de la juventud,  este maldito ha guardado poco y me ha  mostrado mucho; el,  no cuida mi fealdad, ni perdona  mi vejez. En esta mirada frágil y distraída, Todo en un mismo saco, radiante o borroso la turbia mescolanza.
El verso caro a su dueño Desde hace un tiempo anda el viejo destino conmigo torcido y no sé hasta donde la desgracia pueda tirar conmigo. Venía con ganas de escribir y me encontré mal preparado para el alarde de mis versos, con tan poca tinta para tan largo cuento que ni  aún para corto no tenía.  Tal era la derrota, creyendo recibir copioso, me sucedió lo que al mendigo, que habiendo pedido pan le dieron piedra. Si al menos salieran algunos versos mal conjugados, el mal fuera menos ¿Cómo puede ser que algunas plumas revienten por las abundancias con el verso a cuatro manos tanto que  no dejan, ni cielo, ni palmo de tierra donde no escriban? Ahora entiendo bien la diferencia entre el arto y el hambriento, donde la rima falta, no hay verso que llegue, ni metáfora que sobre, ni tinta que dure, ni pluma que bien asista. En el verso herido o muerto va mi letra en medio. Ya pudiera en esta confusión sacar de la necesidad  enseñanza. ¿Por qué el verso no ha de ser libre? ¿No se dijo: donde hay amor hay hechizo?  Y si hay hechizo: ¿No hay magia? El verso ha de ser libre si ha de entregar la potencia  de sus loas al amor, si no irá forzado donde no lo lleve su libre voluntad. Ya quiero romper en alas, quebrar el aire, aunque con eso conozcan los bienes y los males de estas letras, la fuerza y la flaqueza de mi pluma, la gloria y la pena de este amor.
El elixir y el cántaro donde mora el verbo poético   Una tensión que no se verbaliza como angustia subraya la monotonía, algo del orden del humor mitiga la desdicha, de esa mirada que impide la autocompasión. El apogeo de un beso de ayer  arde aún sobre mis labios y no alcanza… le pierdo el rastro a esa caricia que solita rema el bote de mis afectos.  Pero no, quiero escribir y no puedo, esa pasión a la distancia que por el amor no basta y el tiempo me quiebran la espalda y una sombra de vulgaridad baña mis versos. Hay que aceptar la verdad para no caer en el verso fácil que bebe de la noche enferma. ¿De qué me sirve la riqueza de un verso  manchada con el sudor de la impotencia, si pone en peligro el alma del poeta? Aunque mis afectos vacilen, aunque parezca un aceptable augurio, aunque de verdad guarde su nombre como un antídoto contra la angustia, ese beso lo quiero y no lo quiero. Su regalo, Lo desecho y lo tiro y al rato lo junto de nuevo. Soy como ese poeta pobre de letras, solo con su hambre, consciente de su miseria, ocultándose del sol, embriagado por la vergüenza, limitado en el lenguaje que lloraba bajo la luna. Heme aquí escondido en escuro rincón en el fondo de este valle buscando comprender el confuso rumor de mis versos. Vago y perdido en el oscuro fondo de las letras atravesando el claustro todo sombrío y medroso. Flotando en el aire el vacio de una idea. En la tragedia oscurecida y embotada en el cansancio, alguna metáfora oscura partió arrastrándose como un verbo de mala  voluntad, castrada en sus bríos. ¿Qué me queda a la falta de convocatoria? Me confiscaron el verso, me quitaron la rima, me borraron la línea. El llanto se mescla con la risa y ablandamos con el vino a ese verso tan odioso, que antes era ajeno, ahora se acerca un poco. El vino embriaga al destino y le presta la audacia a mis versos, habrá que agradecer por la vida, por el triunfo y los laureles, que nos absuelven de la mala letra. Miro la luna, miro mis manos y gusto de contemplarlas al ver en  custodia el verso  frágil.  
Era la fiesta Este tiempo se quedó sin magia.  Vuelvo a reclamarme a como era, cuando ostentaba mi inocencia, con mis fieles amigos con esas alegrías sin escusas  cuando todo era demasiado sencillo, en ese tiempo era raro verse triste; todos los días parecían domingo.   El comezón, de los recuerdos con sus viejos adioses,  con estricta nostalgia recuerdo mi pueblo, no sé pero… el verde era distinto, su gente era otra, recuerdo cada una de sus calles de barro, corriendo por ahí, con mi vos de niño despojado de todo mal, con el anhelo desnudo y el llanto fácil, entonces era el tiempo sin agujas; la mañana y la tarde se fundían con las risas con tantas manos sucias y era en un  juego dejar que la vida transcurra con sus realidades invertidas Como aventura y enigma En un paredón de manchas  brotaban sombras de barcos, de monstros.  Piedra a piedra esa pared desataba el viento que hoy me arrastra. Después   de un día de aventura, de noche caía como piedra en el sueño. Me acuerdo a como era. Él no es este, el de ahora, ese Se paseaba hasta sentirse dueño, de acuerdo con sus órdenes. Decía, la mano que se convierte en puño: “Escribe sin borrones” y yo, sólo quería escaparme y en la savia del miedo, agachaba la cabeza y repetía “¡Si señor!” después, despacito decía: Viejo podrido. Ella era diferente. Ella siempre oculta en el aire y yo siempre puesto al alcance de sus ojos, la espía de mis noches y sus días. En su mano: La caricia que perdura en el amor sin defecto, con sus brazos grandes para todos los abrazos. Preciosa nostalgia de recordar las raíces de tu profunda ternura, pese a la distancia intratable que me ignora. Eran mías,  porque eran mías,  aún perduran tus manos de pura generosa. Ahora los domingos son odiosos y vuelvo a reclamarme a como era antes…          
Era la fiesta
Autor: gonza pedro miguel  125 Lecturas
¿Quién escruta la letra, quién tienta a un verso? ¿Quién siempre puede trepar por la escalera de los sueños? A mí hoy, se me  amontonan las prórrogas que repican en el silencio, exudan mi desesperanza, hasta volverme ciego, sordo y mudo. En el deseo irrefrenable de escribir robaría ese verso, pero no quiero que alguna letra mía venga mañana a reclamarme a cómo era, tampoco quiero la previsible metáfora, las asociaciones fáciles; quiero el verso iluminado. El pecho de piedra, la mano tiesa; ha enmudecido la pluma hasta el abismo atroz. La luna sin nostalgia, el manantial de tinta se seca, proclama la ruina y el ocaso del brazo y el poder de mi mano. A veces mi ser prójimo es insoportable a veces frágil, otras fuerte entre golpe y golpe hasta que la letra salga y el verso atienda a quién llama, a ese derecho al sueño entre el amor y lo cotidiano, entre lo uno y lo otro, entre ese péndulo que viene y va, entre un amor con historia. Yo que  bajé la luna y la dejé abajo entre lo que puedo y lo que quiero, en una imposible quietud, una  metáfora forma el cerco en torno a mi esperanza. Como me deprime bajarme de un sueño, saberme lejos de mi pluma, un pordiosero de las letras hasta que aparezca ese verso enajenado que ya empieza hacerse piedra, lejanísimo y borroso. Mi ser se empecina en echar las redes para atrapar una idea limpia, pasa una idea fugaz y rápidamente queda a la intemperie, fabulosa, irresistible, entrañable. Una idea que nace a la tinta sangre,  a la carne de papel, a  la gloria del lápiz, hacia una idea virgen que se enciende en el asombro. Cierro el puño y comienza el grito  del verbo que embruja, que arde, pero… a esta idea la acecha una muerte, la muerte de la indiferencia hueca, el pantano donde mueren estos y todos los argumentos turísticos.  Ya sé, si…  ya sé, es tan torpe pensar que existe el verso inmortal, ahora sé que todas mis palabras no nacen con un certificado de existencia. Para mí será una pena que después no existan, pero  estoy seguro seremos más que el horóscopo, quizás un poco menos que un crucigrama, quizás alcance diez o veinte lecturas y después el olvido. Así aprendo el rigor de los números, la pulcritud del tiempo del verso sin tutela. Estoy seguro un amigo me dirá: “Pedro no seas tan duro con tu letra” como un antídoto contra la angustia, pero no puedo tener esa mirada de autocompasión,  de complacencia,  yo siempre me veo limitado en el lenguaje, no quiero esa poesía bajo rótulos previsibles, el verso fácil, como diría mi maestra: Quiero alcanzar la síntesis poética.
De Venus la mejor de sus hijas. Titubeaban las puertas de su pecho al continuo empuje de mis quejas,  con muchas y suaves palabras, con amorosas y ardientes súplicas, con prolongados ruegos, con la opresión de los suspiros. Hasta que  en su seno propicio mis manos quedaron agradecidas. En el presente  recibido el mejor de mis anhelos,  convidado de sus ojos, sus miradas eran mías.         ¿Quién podrá contar dignamente los amores de aquellos ojos y ajustar la penitencia de mi llanto a tanta pena herida? El oráculo de Febo declara y la voluntad de los dioses designan: “Huye de este despiadado pecho, huye de estos avaros ojos” ¿Por qué la arrojas de mis brazos?  ¿Por qué la ocultas de mis ojos? ¿Por qué me quitas el mar de mis bonanzas? Primero, quieto de terror quédeme yerto en mi espanto,  de solo pensar en abandonar la hospitalidad de su pecho y dar al viento mis pies; después,  el furor de los rencores de Marte que arrastro,  entró por en mis venas. ¡Tanta ira en este noble pecho!  Que arde como la antigua Troya o la soberbia Roma por causa de Apolo y su mirada fría;  expelido soy,  él una vez más como el viento revolvió los mares de sonoras tempestades en amores de pechos tales. De los dioses el infortunio, que no en ella y no en mí sus ásperos riscos,  el duro escollo. ¿A quién pediré por ella? Si los dioses me niegan el sol   de su mirada, entre las oscuras sombras, ora  dudoso entre la esperanza, ora imagino la desastrosa suerte dos veces  más negra que el Tártaro, ora sólo  espero el destino irse. El vaticinio de los dioses y el  frio invierno clavaron sus aquilones que en  mí porfía baten los afanes del amor. Ya es acabado el día, ya es llegado el ocaso, ya se cierra el cielo y en los dones de Baco pierdo mi alegría.
El vaticinio
Autor: gonza pedro miguel  228 Lecturas
Pollerita corta taquitos altos Desmesurado énfasis en el lenguaje aleve de tu cuerpo, con esa sonrisa para muchos otros, ofrenda abierta a muchos ojos. Para vos, la primera vez, no habrá sido cómodo  convertir tus manos en increíble bondad, No habrá sido fácil a tu cuerpo sereno y frágil convertirlo en incandescente conflagración Seguro aun hoy, tus labios discuten cuando callan las armas que has llevado a la guerra,  sin que ni para que, de esas caricias ajenas.  En esa esquina, como un eco irremediable, en esta noche oscura ella se mescla y se iguala con la luna. Como hoy, como ayer solo existe en el anhelo de ese cuerpo desnudo. Aunque hay un cielo y hay un horizonte, Sin culpar al destino, sin creer en la esperanza se gana el pan con el sudor de su suerte.
Velando el sueño eterno Es tiempo de desandar la cuesta para descansar a la vera en el camino. Llegará el silencio y se llevará mi pluma Aquí estoy con la piel gastada, preparándome para besar el ancho suelo. Al seno más allá del suelo, Al verde prado como hermoso manto,           a paso lento voy entrando; Sueño para que en este viaje me acompañe la imagen pura de tu paisaje Y el perfume dulce de tu flor salvaje.  
Título de la obra: Luciano y Elena Personajes Luciano Elena Don Pedro, padre de Elena Facundo, amigo de Luciano   La primera  escena pasa en una calle de España, en sala se representa la calle, el frente de la casa en una esquina, con rejas y un jardín. Un joven con su guitarra al hombro mira hacia el interior de la casona, luego se le acerca un amigo y juntos miran también hacia el interior de la casona. Prologo En una tranquila villa de España donde se da inicio a esta increíble historia de amor incondicional, que va más allá de la historia y el tiempo. La crónica  relata el amor entre un juglar y la hija de un señor muy principal de esta villa de España.                 I acto                    Al ver que Elena se acerca hacia la reja  el amigo se retira         Luciano y Elena hablando en la esquina de su casa, la dama de compañía de Elena la espera alejada  de ellos, alerta por si viene el padre de Elena, el diálogo se realiza reja de por medio.   Luciano –Elena,  concédeme un minuto de tu tiempo. Elena –No puedo (Mientras mira para todos lados) que prisa tengo, mi padre mira con ojo atento, si presurosa no vuelvo  vendrá aquí a buscarme, ¡Dios me libre y me guarde de la furia de su enojo! Luciano -¿Por qué habría  de enojarse si en nada le he ofendido? Que el amor no es                                                            afrenta sino respetuosa cortesía. Elena –¿De qué amor  hablas? Luciano Quiero que sepas que, son tus ojos, tu pelo, tu voz, las flores de mi deseo. Elena -¿Cómo me quieres? (Se acerca Luciano como para tomarle la mano) Luciano -Con amor puro y casto. Elena –Si es puro y casto no te acerques tanto que las malas lenguas miran, para que                           luego  no digan “esa es una mujer perdida” ¿Que haré con mi honra herida si es  arrasada mi fama? Mi vecina, la que siempre mira, si le doy escusa no habrá traición que no invente, mentira que no desparrame y honor que no manche. (Elena se aparta) Luciano -Si me acerco es sólo para mirarte. Elena –Mira mejor  que no quiero perder mi honra. Luciano –¿Por qué la perderías? Elena –Si  murmurada quedo en público o en secreto y aborrecida de mis padres con razón o sin ella. ¿No perderé mi honor? Además  mi madre siempre dice,  si mi nombre está en la calle no habrá: un marido digno  que yo halle. Luciano -¡Desprecias mi amor por excesivo temor! (Despectivo) Elena -Que no es desprecio ni agravio, si no temor sabio. Luciano –¿Cuándo realices un mandado para tu madre te puedo acompañar? (Suplicante) Elena –Ya te dije Luciano que no, y no  es por mí, sino por mi madre y mi padre que no quieren mi nombre en boca de muchos hombres. Luciano -Regálame tu pañuelo en señal de que soy tu dueño. Elena -Si edad tuviera no sólo mi pañuelo te daría, sino también mi corazón tendrías. Luciano –Elena, ya no eres una niña. Elena –Dirá mi  padre  cuando será el tiempo oportuno. Luciano –Si eres persona adulta el tiempo lo fija uno. Elena –No te acerques tanto Luciano  (Ella con temor) que la vecina mira, ella lo que no  lo alcanza con los ojos lo inventa con la lengua. Luciano - ¡Que si uno mira o que el otro habla! (él enojado) no permitas que tu honor en temor viva. Elena -Por un amor en calma doy mi alma y no   quiero comentarios ajenos que manchen la nobleza de mi nombre, que no   solo mía, sino también la de mi casa. Luciano -Por darme tu amor no perderás tu honor, mira que te adoro más que a la plata o al oro.            Ella mira a su dama de compañía que le hace señas. Elena –Debo irme Luciano, mi madre me espera.            En ese momento Elena se va.           Momento después aparece su amigo, siguen hablando en la misma esquina.   Facundo ¿Cómo te fue  con Elena? (Su amigo le pone la mano en el hombro) Luciano -Por sus ojos doy mi vida por su amor mi alma. (Con vos triste y con gesto vencido) En mi mente solo tengo de su hermosura  su figura. Son sus ojos el cielo por donde camino, es su cuerpo el espacio por donde  en mis sueños vuelo, en mis noches de desvelo. Facundo – Un amor así, no tiene calma. (Se sientan en el cordón de la vereda) Luciano -Aunque trato y trato,  olvidarla no puedo ni siquiera un rato Facundo –Habla con su padre, quizás sea, este  un amor consentido. Luciano -Hablaré  con su padre. Facundo –Ya encontrarás lugar   oportuno, ofrece el tiempo, días, meses, años para el     momento seguro. Luciano -Ella tiene encarcelados mis ojos y prisioneros mis sentidos ¡Que ciego y perdido, como un loco sin razón vaga mi corazón! Facundo – Tu  voluntad es como una roca, si lo tienes decidido,  seguro estoy alcanzarás tu cometido. Luciano –De eso no tengo dudas.              El amigo se da cuenta que viene Elena y se retira del lugar            Elena pasa nuevamente  y Luciano la detiene, hablan, un poco a la distancia se queda la dama de compañía.   Elena (Luciano se acerca hasta casi tocarla)- Te ruego, te suplico que no te acerques tanto. (Lo dice molesta) Luciano - A pesar de tus enojos vayas donde vayas te seguirán mis ojos. Elena -¡Aléjate Luciano! Que mi padre mira.  No des causa justa a sus enojos, escucha bien  lo que te digo es mejor que tengas a mi  padre como amigo. (Tono amenazante) Luciano –Elena dame tu mano en señal de que es este un amor correspondido. (Le extiende la mano mientras se acerca) Elena -No te acerques demasiado, ni me tomes de la mano, si mi padre nos ve ¿Cómo miraré sus ojos? ¿Con qué fuerzas detendré su enojo? (Retrocede mientras se acerca Luciano) Luciano –Si te enojas y  te  vas, me dejas en el alma una queja. Elena –Debo hacer lo que mi padre dice, los hijos por respeto y no por la ley viven sujetos. Luciano -¿Cómo puedo hacer para sepultar tus enojos y así, esos claros ojos me miren con aprecio. Elena –Cuando sea el tiempo justo. Luciano -¿Cuándo será ese día premiado, en el que encuentre la paz este corazón enamorado? Elena –No es una ciencia entender que estoy obligada por la obediencia a respetar lo que mis padres dictan. .Debo irme Luciano, pero  antes  quiero preguntarte, vi que hablabas con la hija de Don Francisco Ramírez, ¿también la pretendes a ella? Luciano -Espinas son los celos en un corazón que duda, ten tu alma segura que mi amor es claro como el agua pura. Elena –Yo no hablé de duda sólo preguntaba. Luciano –Para que te quedes tranquila, llamaré a su hermano que es mi amigo y veras que ella no tiene nada conmigo.           Con gesto de la mano pide a su amigo que se acerquen.   Luciano –Amigo di la verdad en todo lo que te consulto ¿Sabes si tengo algún interés amoroso y oculto  con tu hermana? Si es así dilo y no calles. Facundo –Perdón amigo (levantando las manos en señal de no querer entrometerse) pero debo seguir el consejo sabio “no te metas en peleas de  enamorados, ellos se irán abrazados y vos quedaras mal pagado”               Le hace señas la dama de compañía,  avisando que viene su padre Elena –Me voy que mi padre viene (ella apurada y preocupada) que encontrarme aquí  no me conviene.   Se marcha Elena Luciano y sus amigos siguen  en la misma  una esquina, después de unos  momentos Elena pasa y  se produce una serie de silbidos y piropos.   Luciano –Amigos estamos aquí  todos atentos, con las miradas alertas lo que a la pasión despierta.   Recita el Coro -Ella camina con elegante porte.  Va un piropo y un silbido, que  ella  amorosa mezcla,  entre  sonrisas y  enojos,  que  con esos dulces ojos,  a todos con su mirada calla.   Facundo –Querido  Luciano (apoyado en su hombro y mirando a Elena cuando pasa) yo también estoy embelesado en  sus perfecciones de ver todos estos dones, de sin igual primores que despiertan toda clase de sensaciones. Luciano -No puedo dejar de admirar, que ni el ancho y profundo mar,  ni el cielo con su belleza, ni con su hermosura las flores puedan  alcanzar tantos lores  como su  beldad soberana, que todo aquel que los ve, los desea y ama. Facundo –Estoy en un todo  de acuerdo con vos. (El amigo asiente con la cabeza) Luciano – Tengo un solo deseo.  Mirarme  quiero  en esos cándidos ojos. Facundo  -¿Por qué no lo haces? Luciano -Por su mirada esquiva, que  desdeñoso me deja, con colérica queja. Que ni el diluvio del llanto por los mares que lloro puede ablandar los rigores de su mirada fugitiva. Ella no se apiada de mi ser que  llora, clama y gime rodeado por mil cadenas, que son las penas que abrazo. Como  las brasas en el fuego  ardo en esta condena. La extraño de nuevo, lo intento  y la  olvido y al rato la  invento de nuevo. Vive su nombre en mis labios enredados con mi llanto y mis suspiros. ¿Hasta cuándo amigo? Seguiré con mi paso errante y mi corazón perdido. Facundo -Que no te engañen ficciones. ¿Este amor  es correspondido? Porque dura cosa es mirar y no ser mirado, querer y no ser querido. Luciano –Amigo, dime ¿Cómo puedo alcanzar ese amor peregrino? Porque vaya donde vaya la seguirán mis ojos. Facundo -Si crees en el azar,  no crees en el destino  pero si crees en el destino  entonces hay un camino, donde  podrás alcanzar lo que la suerte te niega y no te quiere dar. ¿Dónde está puesta tu fe amigo? Luciano -¡Creo firmemente en el destino! Facundo -Entonces este camino sigue: Sin tregua persigue, lo que tu corazón ama, que el derecho se gana por mérito propio y no por un favor o regalo gratuito que el azar fortuito no te quiso dar.     II acto Luciano va a pedir la mano de Elena. Luciano y Elena se parados por las rejas del frente de la casa de Elena. Ella del lado del jardín, juega con unas rosas. Él con semblante angustiado                                       Luciano -Vivo de ilusiones y suspiros Elena – Y yo vivo con un  padre de celoso ceño, Que me torturaría si mirarte quiero. Luciano  - No temas por tu destino, Descansa tranquila sobre mi  pecho sereno, que te será de eterna compañía, que si lo sabes cuidar lo tendrás hasta el fin de tus días. Elena  - El duende de la alegría,  te crea ficciones, puras invenciones, entiende que mi padre, nunca consentirá estas pasiones. Luciano -¿Qué crimen  atroz? ¿Qué pecado  feroz? he cometido para no mirarte, si lo único que quiero es adorarte. (Tomado de la reja en actitud suplicante)   Don Pedro,  entra el padre de Elena. Es más alto que Luciano de buen porte, algo molesto por el cuadro que encuentra.   Don Pedro -¿Elena que haces aquí en el jardín cerca de la reja? ¿Y usted joven que necesita? Luciano- Don Pedro vine a pedir la mano de Elena. Don Pedro - Le diré sin censura, si usted fuera doctor o abogado tendría su amor bien ganado. Luciano –Si bien mis estudios no son muchos, escuela tengo. Don Pedro –A  licenciado no llega  y de bachiller no pasa, pues no tiene ni oficio ni ciencia. (Negando con su cabeza) ¡Sin talento, sin ingenio sin  estudio! ¿Qué puede hacer? No tienes renta, peso, ni hacienda. Luciano – Don Pedro no tengo titulo de grado, pero tengo oficio santo. (Angustiado) Don Pedro –Mas que oficio tiene poca escuela y mucha calle. (Despectivo) Luciano -No tengo ponderado linaje, pero… Don Pedro -Como su padre dijo: usted no tiene calidades. (Señalando el piso y señalándolo a él) Luciano – Si, soy hijo de la pobreza y entenado de la riqueza pero la suerte  sonríe      al varón justo y trabajador. (Se golpea el pecho) Don Pedro – ¿Por qué no entiende? De entrada le dije, como no es hombre preparado por esto  no tiene el bien       ganado. Luciano –Soy hombre justo ¿Eso no tiene valor? Don Pedro -¿Por qué  insiste? Ya le dije que no es posible. Luciano –Señor, Elena es el cielo por donde camino y no tengo otro destino que conseguir su amor.  Don Pedro –Joven Luciano, no tienes culpa alguna si prisionero y víctima eres de tus pasiones, estos te crean ilusiones que te impulsan, como el viento a  las velas  a buscar un lugar donde descargar la fuerza, la energía y el portento de tu juventud.        Luciano algo molesto  lo muestra  con ademanes y gestos Luciano - Señor no creo ser  víctima de las pasiones, más pienso que por  ser de humilde condición, tan aborrecido y negado por la diosa del buen hado,  que no acepta este corazón enamorado. Don Pedro (Levantando la voz) -No te permitiré tomar las mieses de su mocedad antes de tiempo. Desgraciado del mal agüero, te presentas aquí  acicalado, de pura ovación, dando voces de entusiasmo, con estrepitosa alegría y como no acepto tus locuras, te molestas con arrogante  soberbia  y arremetes con arrogada osadía. Luciano (Enojado) –Quien ama y es amado es un ser iluminado y yo de Elena estoy enamorado. Si hay voluntad hay un camino. Don Pedro, con su bendición no habrán piedras en el camino, iremos juntos en la misma dirección. Don Pedro –Vienes aquí  con engañosa trova y con amor fingido, impulsado por tus deseo y pasiones, que cuando vea colmados tus antojos te  irás en un abrir y cerrar de ojos. Luciano (Suplicante) –Don Pedro, he venido de manera franca y abierta y es usted un duro juez de cerrados ojos, que ha fijado sentencia con airado enojo.  Me aleja de su presencia y me arroja a las profundidades de los abismos, sin haber cometido, pecado alguno. Don Pedro (Molesto) –A pesar de su enojo, no cederé a su antojo. Se le nota en la mirada se le ve en los ojos que está ardiendo en deseos con esa mirada de fuego, por ese viene así guiado por sus deseos tiranos y te presentas aquí a pedir su mano. Luciano (Mira al cielo) -¿Quién será mi abogado? (levanta las manos al cielo ¿Quién defenderá mi causa? Pongo a Dios por testigo, que mi amor es puro, así como aquí lo digo. Don Pedro (Desdeñoso) –Pura propaganda, algo oscuro y dudoso que no tiene presagio de buen futuro. Luciano (Molesto y algo enojado) –Sus puertas me cierra como si fuera un necio, ¿Qué hice para tan alto desprecio? Don Pedro -¿Por qué te ofende mi contienda?  El producto de tu queja, que como loco te deja es porque no entiendes, (enojado) ¡es mi hija, ¡es mi techo!,  ¡es mi derecho! Elena –( Elena que hasta ese momento permanecía callada) No discutas a mi padre que en nada te ha ofendido, ya  te he dicho que es este un amor no correspondido. ¿No tienes respeto por sus venerables años?    Al escuchar esto el padre se retira   Luciano -Tu padre  premia y castiga con fuerza y sin razón,  te ofrece por dinero y me niega por amor.  Elena –No hables así de mi padre. (Ofendida y con ademan de sentencia) Luciano –Cara te será tu obediencia,  mira que el matrimonio forzado luego es amor humillado. (Sentencioso) Elena –Más cara me será la desobediencia, por otro lado un matrimonio consensuado  puede ser también bien aventurado, de la amistad natural nace naturalmente el amor. Luciano -Si con ruegos no te ablando, ni  con las lágrimas de mi llanto tal vez con un verso  logre mejor encanto. Elena -Me persuades elocuente, pero es de hija decente hacer lo que su padre dice. Luciano -Vine a rogarte si tu amor  puedes ofrecerme. Si tus ojos y tu boca me desdeñan y  me imponen esta condena que deba vagar con pena, que  me castiguen la lluvia, el viento y el frío y que me cubran los oscuros días  y me tapen las densas noches donde, siempre llore y donde nuca calle, con mi paso errante y mi corazón perdido. Elena (Lo mira con amor y una mano se acerca a su mejilla) –Hablaré con mi padre, para que cambie de opinión, pero considera que también yo estoy condenada a vivir en solitaria austeridad. Luciano (Exclamación de júbilo) -¡Dios existe, escuchó mi clamor, miró mi dolor, y se apiadó de mí! ¡Oh! Dulce Elena si tú hablas con tu padre tengo una luz de  esperanza. Elena ­–No puedo hablar ahora con mi padre, tengo que esperar un tiempo, vete ahora y yo te haré saber cuando puedes volver para hablar con él. Luciano –Lo que pasa Elena es que no tengo otro deseo, ni otro pensamiento anima mi ser, que lo que con tu mirada avivas para que solo tú, en mi mente vivas. Elena  –No insistas Luciano, que no puedo ceder ni a tus ruegos ni a tus elogios, que si mi padre se entera: muerta soy. Luciano -Dueña, señora y reina de este corazón abnegado de tus  ojos y tus labios negado, quítame el juicio  de tu grave condena que me tienes prohibido que tu belleza adore. ¡Oh! Doncella mía, Escucha mis clamores, que con  estas humanas voces y  sin retóricos dones, implora de tus amores. (Arrodillándose y suplicante) Elena – Entiende Luciano que mi padre considera que me falta edad para merecer de tus amores. Luciano –Mira Elena  que mi amor es más alto que elevado cielo, más claro que cristalino rio, más puro que el amor santo. Que prisionero soy de  la belleza  de tus luceros ojos que  arrastran todas mis pasiones y encadenan  toda mi voluntad. Que la esperanza y la alegría no están perdidas si tan sólo tú me das, un beso de despedida. Elena –Vete ya Luciano que mi padre viene y ¡por Dios que está en los cielos! que encontrarte aquí, no te conviene. Luciano -¿Qué puedo hacer para que tu mano me des? Elena –¡Vete Luciano! (Llora Elena) Luciano –¿Por qué lloras? Es triste mirar tus ojos llenos de  lagrimas pero más triste pensar que no me amas.   Sale Luciano triste y compungido   III Acto Está Luciano  caminando  por una senda  solitaria.   Luciano - Perdida la ilusión… ahora me invade la desesperanza. Vivo descubriendo que muero, de la luz negado del sol aborrecido del silencio deseado. No se definir el amor después de navegar por estas turbias   aguas y de fuertes viento, todo  termina en algún lugar de mi vida con una lágrima escondida y la vista perdida. ¿Cómo responder a la medida de tal agravio, que por no tener un  peso, ni hacienda, ni fama,  ni nombre, ni título de grado fui arrogado  de su lado? Si fuera banquero avaro o viejo adinerado hubiera conseguido amoroso trato. Facundo -Si ella prefiere sangre ilustre que brille con el oro antes que varón justo, que reciba lo que es justo.   Se van  Luciano y  su amigo con su guitarra al hombro Recita el Coro –Va  por la vida soñando,   con su guitarra al hombro y su amigo al lado inventando historias de amor. Hoy están en este pueblo, comen, duermen en cualquier lugar. Busca una plaza, tiende su manta y sin mirar a nadie, despreocupado desparrama melancólicas canciones de amor. Curiosos se juntan. Escuchan atentos, él no los mira, sigue derramando su bucólico canto. No hay sombrero. Las monedas caen como grandes gotas de lluvia, algunas ruedan fuera de la manta.           Cae la tarde. Despierta la noche.          Debajo de una arbolada desaparecen entre la hierba.   Debajo de un árbol Luciano y su amigo dialogan   Facundo –Entiendo que Elena está sujeta al respeto de su padre, lo que las pasiones arrastran la prudencia frena, por lo tanto no cederá a tus ruegos ni  a tus súplicas. Luciano –Le diré a Elena que  “Sólo el amor nos permite escapar y transformar la esclavitud en libertad” Si nos escapamos seremos libres para amarnos en libertad. Facundo –Ten cuidado con lo que deseas, que si eso haces, su padre lo tomará como un  grave vituperio  ¿Cuál será el precio de tan alto desprecio? Mira  que eso es una  grave ofensa, tan grave que no tiene defensa. Luciano – Como un loco sin razón que no tiene corazón,  imagino todos estos tantos  males por ver cumplido el deseo de mi pasión. ¡Es su pelo al viento, es su risa suelta y abierta, es la cadencia de su sin igual figura que   tanto exceden en estirpe y  en nobleza, que cautivan por su delicadeza, y enamoran por su belleza, la causa de mi locura. ¡Encareció su amor su augusta belleza, trastornó mis sentidos, multiplicó mis desvaríos, me ahogó en profundos suspiros! Facundo –Serénate y sosiega  las bravías de tus pasiones ciegas, que tus malos pensamiento serán la causa de tus desgracias. (Con actitud de calmar a su amigo) Luciano –Que puedo hacer amigo, llevo en mis labios enredado su nombre y en mi pensamiento atravesada su  figura. Facundo –No sé qué decir, no conozco los conciertos del amor. Luciano -Quererla no fue tanto, olvidarla fue imposible, por las mañanas la pienso, por las tardes la lloro, por las noches la sueño. Cuando su padre me dijo que nuestro amor no era posible, se encendieron mis furores, se agrandaron mis enojos, que por ella vivo y quiero, me desgarro y muero, y por mis celos mato. Facundo –Querido amigo no quiero que cometas una locura; embriagado por las penas de tus desdichas Luciano –Cuando pienso en su nombre, una lágrima furtiva corre fugitiva, entonces como loca desesperada deambula por mi pecho   una pena herida que se agranda con el silencio y crece más con las sombras. Facundo -Por tanto amor, por  tantos anhelos, que por ella te  desvelas, cuando  vea como  has  vivido, cuando sienta como  has sufrido, cuando se dé cuenta como le  has hurtado a la muerte esas dichas sepultadas, entonces reconocerá la grandeza de tu valor que al sol eclipsa, cuando eso suceda,  cederá a tus ruegos.  Luciano –Por tu mano amiga  en el día estrecho,  por el consejo debido, cuando estaba confundido y perdido de toda esperanza, cuando la oscuridad cubría  todos mis sueños y anhelos; gracias amigo por todo el bien que me has hecho.   Se funden en un prolongado abrazo   Facundo –Recuerda que Elena te ha pedido tiempo para que sea posible este amor controvertido. Luciano –Tienes mi palabra que respetaré el deseo de Elena, pongo por deuda mi promesa y aunque por ello cargo sobre mi pecho pesares y males tan ancho como todos los mares, seré fiel  esclavo de lo que digo. Busco en estos caminos,  encontrar el olvido. En defensa de nuestro amor he ido para volver vencido. Odiado por la diosa del buen Hado.  Del cielo azul de sus ojos: negado, de sus padres: aborrecido, mi esperanza rindo a mi ilusión perdida. Como tesoro me queda, la compañía de un amigo y una guitarra roída. y como oficio; trovador. Que ella vea en  este trovador, que cuando canta llora, quizás vea en mi canto las penas de mi llanto que nunca olvido.    Coro: Por esta estrecha senda, camina  una pena herida  obligados por la obediencia de cumplir esta penitencia, arrojados es a la vera del camino,  con estos; sus despojos, por culpa de esos hechiceros ojos. (Recita Luciano) ¿Dónde está la verdad? ¿Podrá salir el sol en mi desgracia? ¿Mi amor y mi pasión qué son? ¿Quién atenderá mi causa? Para  mí,  ahora  todo es una nada en el olvido. Coro: Con  profundo pesar, va rodando una lágrima por estos perdidos      caminos. Como el  señor y rey de la desilusión y la tristeza, le siguen como desconsolado séquito: la sombra de una pena herida,  dos suspiros y el  recuerdo de un aroma de un beso soñado que vuela con el viento.   Acto IV Vuelve Luciano un tiempo después de un tiempo y se encuentra con su amigo, es ya un hombre mayor, con arrugas, su pelo algo canos, con ropas gastadas Facundo -¡Luciano, amigo! ¡Qué bueno es tu regreso! Luciano –Mozo me fui, viejo volví. (Risas) Facundo -¿Qué noticias traes amigo? Luciano - Anduve por otros caminos y vi en  ellos otros claros ojos donde encontré esos primeros besos, que nunca serán como esos, los que una vez soñé y que tantas noches añoré. Facundo – Quiero que sepas que Ella  ya no cautiva por su belleza, mudó el tiempo su figura, le quitaron perfección, y de su gracia y gallardía sólo quedan, el claro azul celeste de sus ojos y su voz. Luciano – Amigo ella puede ser igual a mil otras, pero yo la hice única en mi ser… Fue raro y maravilloso ese fugaz momento en que me di cuenta que su belleza era mi tesoro y su mirada mi consuelo. Tal vez ya no tenga en este suelo  ese tesoro pero me queda su consuelo. Facundo –Su belleza a muerto y el crudo invierno de los años desgajó cada hoja, y cada pétalo de flor, es mejor que guardes en tu memoria el divino  retrato de su ser. Luciano –Querido amigo hoy la vi de lejos en el mercado de tantos entre tanas la reconocí, es cierto que se fue, y es mentira que no está, sigue intacta su presencia, ¡fue  tan alto  el precio de su ausencia! ¡y valió tan poco mi morir! que agonicé por la congoja  '¿Qué remedia mi partida? el silencio de su belleza ausente  me declara lo que ella no me pudo decir: Que nuestras almas siguen  unidas con admirable trabazón, que  no tienen extremos distantes por la unión del amor. ¡Es cierto que se fue, es mentira que no está! Sigue intacta su presencia como el día que me fui. Facundo –Nunca estuve enamorado y  no te puedo entender, pero dicen que la locura de un amor  solo lo entiende un loco  apasionado. Luciano -¿Dónde está ahora? (Mira para todos lados Ella es la que mi ser adora y por el delito de ser joven fui arrogado  lejos de su lado. Facundo –Le dije que tú la querías ver y me dijo que vendría para hablar  con vos. Ya es tarde y está oscureciendo. Luciano –                           ¡Otra vez muere la tarde sin Ella!, Y crecen los fantasmas de las sombras que   me invaden con su ausencia y  con el frio de su olvido afilan  la daga de los celos que  clavan en mi pecho.  Es muy tarde y como otras tantas veces Cayó la noche y me cubrió con su manto del olvido y otra vez  los fantasmas de los celos                                                        me hablaron al oído                                          ¿Dónde habrá ido ese corazón perdido?... Facundo –Luciano, amigo, alguien viene.    Entra  Elena con demostrada alegría, ya no tiene esos aires de juventud, viene sola sin su dama de compañía.   Luciano - Señora y reina de toda hermosura un solo segundo de tu mirada basta para callar a los fantasmas de las sombras que me invaden con tu ausencia y crecen con las sombras de tu olvido. Elena –Para que no estés como esos  deseos perdidos te guardé   en el arcón de los recuerdos como un tesoro siempre presente y así nunca  lamentaría tú ausencia.  Luciano -¿Qué poderosa magia me cubrió con tu hechizo? Porque  a mi corazón cautivo hizo, que  al mirarte mis ojos tienen deseos de amarte. Elena –Señor mío,  guardián de   este corazón entrelazado y amarrado, por vos he  rogado y suplicado, días y noches, meses y años  al Altísimo Dios piadoso  por este, tu  corazón hermoso,  para que guíe  tus pasos perdidos y regresen  los tiempos idos, aquellos donde me decías que a mi sola  me querías. Luciano -¡Oh! Señora y reina mía, desde la primera vez que te vi, mi corazón quedó prendado de  tu augusta belleza, desde entonces tuya es la soberanía sobre mi pecho y  por esto  caigo rendido a tus  pies. Elena -Conozco la  fuerza y el  poder de uno de tus besos certeros, que son como grilletes de aceros, seguro hospedaje y resguardo de mis labios que para vos guardo. Luciano – Fue  tan corta nuestra   despedida, y tan largo el silencio de mi destierro, que  miedo tengo de mirar atrás, pero con vos a mi lado, no temo mirar de frente, ni al tiempo que está por llegar, ¡Que se vengan los días oscuros que estoy seguro que los vamos a pasar! Elena –Aunque mi padre es un padre celoso, pondrá fin a su enojo y podremos hablar con él. No hagas comentarios, guarda el secreto y espera a que yo le hable primero. Luciano –Con escondido y disimulado secreto y con puertas de acero quedó  sellada mi boca. Sólo te pido Elena, cierra tu compromiso  con  un beso. (Se dan un beso) Elena -¿Cuándo nos vemos? Luciano - Aquí recuerdo tu nombre, aquí te extraño de nuevo aquí siempre aquí...te espero.   Aparece  Don Pedro viene con Elena   Don Pedro –No es mucho lo que tengo que decir, bien sabes que no estoy de acuerdo que con él acabes… pero es tu decisión. Elena –Padre sabe usted,  es público y no es secreto. Soy  ayuda y bastón  de mi madre y  en  mi casa: espejo de honra y respeto y mi lecho estrado de castidad,  nunca le  contradije en nada, y que vivo sujeta a su palabra, y que le debo servida obediencia no es novedad. Don Pedro -En el matrimonio los  tiempos duros son reiterados, mesclados con viento fresco y días claros, pero las verdaderas tempestades, se crean en el  mar  de los celos, embravecidos con olas de gritos e insultos, enfurecidos con violentos viento huracanados, entremezclando golpes con atropellos y maltratos enceguecidos; si  por mucho tiempo corren estos  temporales,  del matrimonio seguro el naufragio es.  Navegar con fuertes vientos crea  la sensación de que todo se acelera reina el caos y la ceguera.  Lo más inteligente es esperar que amaine el temporal. La triste verdad es que en esos momentos pocos tienen ese control. El amor es fuego, puro furor,  es ira y enojo mesclado con perdón y llanto, alegrías enredadas con optimismo y depresión. Luciano –Gracias Don Pedro por  el sabio consejo. Don Pedro -Luciano cuida a mi hija y no la ofendas,   mira que si lo haces, eso no tienes alegato ni defensa, yo estaré presto con la mirada atenta, mira que un padre enojado es como un caldero encendido. No me busque, no me irrites, no me enojes porque entonces sabrás lo que es un padre enceguecido.      Acto V Luciano y Elena esperan para pasar al altar, ella adornó su pelo con flores con amoroso atractivo, se cubre con un vestido blanco, él algo nervioso se mueve erráticamente.   Elena -Te paso mi mano y en ella te doy mi alma. Luciano –Elena por ver cumplido este, nuestro amor,  no puedo decir lo que pienso, no puedo pensar lo que digo, porque oscuras y cerradas  son las palabras olvidadas, palabras aisladas y silenciadas son las palabras enamoradas. Elena –Luciano, no me digas que el temor al “sí“ te paraliza, ¿Por qué  se ha perdido tu brillo y tu color? Acaso   ¿Se devaluaron las riquezas de tus sentidos? Luciano –No me paraliza el temor, sino las dichas y las alegrías contenidas. Elena -Yo sé que tu amor no es don pequeño y quiero que tú seas mi dueño. Elena –Luciano, es este el bien soñado, por nosotros anhelado y por la fuerza de este amor, cumplido. Luciano –Si crees ciegamente en mí, seré la voluntad en acto  de nuestros sueños. Elena –No tengo dudas de tu amor que es de valor acreditado y purificado en los mares de mi llanto. Luciano –Lo que tienen de bueno los sueños, es la posibilidad de cumplirlos, defenderlos es la posibilidad de realizar nuestra vida de acuerdo con nuestros sueños. Un poeta amigo una vez  me dijo: Si crees en el azar No crees en el destino Pero si crees en el destino Entonces hay un camino Donde podrás alcanzar Lo que la suerte te niega Y no te  quiere dar Sin tregua persigue Lo que tu corazón ama Que el derecho se gana No por un regalo gratuito Que el azar fortuito No te quiere dar Elena –Mi señor, de nuestro amor no será la quimera del azar fortuito la responsable; de tantos entre tantos este amor será único, inolvidable y trascendente. Luciano –Con arreglo a lo que es justo, debo decir que, será lo que lo que nosotros queramos que sea y de esto dependerá  nuestro amor. Elena –Mi querido Luciano, descansa mi pecho sereno al saber que  los furores de  tu libertad y mi  independencia  fueron cautivos de nuestro amor. Luciano –Si miras mis defectos nuestro amor no irá muy lejos. Elena –Yo sé que eres correcto, fiel, amoroso,  cortés y con eso me basta. Luciano –Gracias mi dulce Elena, tuyo son mis ojos, tuyos mis deseos, tuyos son mis caminos   donde en vos muero. Elena –No quiero por delante aplausos y por atrás me digas fea. Luciano –Si  tus ojos y tus manos los expandes con caricias y los abonas con incontables  besos, cosecharas  con amor los merecidos  aplausos. Elena –Tu mirada de amor borró en mí los errores de mi ser, por eso así me ves Luciano –Amor confiésame, Tú y Yo Elena –Solo tuyo, solo mía    En ese momento entra corriendo el monaguillo dando voces para que se preparen, da comienzo la ceremonia.  Suena de fondo la marcha nupcial. La pareja se presenta delante del sacerdote. El sacerdote parado frente al púlpito, da inicio a la ceremonia. Sacerdote –Querido hermanos… fin  
Luciano y Elena
Autor: gonza pedro miguel  244 Lecturas
La palabra es la ciencia del hombre Esto se empezó hace mucho y hace tiempo, al comienzo de las edades, siempre como un nuevo comienzo. De los dioses, la razón era regalada al hombre, y así comenzaba una amistad entre hombre, la razón y la palabra. El hombre, ya en su mayorazgo conociendo en su razón vino a descubrir su deseo y el camino por donde cada uno marchaba, al principio tomó la palabra indecisa sobre su pertenencia, y se abrazó vivo a ella, hasta encontrar el buen gobierno y trato. Fue el amor el que le ayudó a descubrir la palabra poética y  lo mucho que le quedaba por andar, lo que en sus penas no encontraba consuelo, sintiéndose vano y miserable. En  La naturaleza del amor que lo sufre  encontró al buen juez, al oyente instruido y al brazo acomodado para tomar la pluma.   La alquimia de la palabra pretende englobarlo todo y trascenderlo, la dimensión del verso es la dimensión de lo posible, la palabra hace vivir la historia.  Y el relato, en la medida que cuenta crea la realidad. Lo oscuro y menos entendido se hace claro y trasparente, el verso todo lo confiesa; esto es el estatuto del verbo poético. Como en el regalo, un día y de milagro se dejó ver en el silencio del asombro  su naturaleza  pura  y simple, sólo para darme cuenta cómo en mi propia ignorancia se conoce y se sabe, no digo ya para conocer los misterios del universo, que por cierto también se puede, si no como un gran socorro para entender mi propio ser.  Así empezó, el principio es más de la mitad del todo: Como cosa ociosa y por demás, como algo que quería decir y no podía.   Viendo el propósito de las palabras que antes en mí, ni nacían ni morían, como ideas que quedarán inútil en esta vida, en esta idea de permanecer y perdurar;  rogaba a la musa que me inspira: un sustento para mis versos. Hoy como ayer o como siempre fue, el verbo profético, el verso mágico, la palabra poética;  en primeros y tímidos conatos de independencia, hasta alcanzar una constancia esperanzada en  una epígrafe, que hoy se despliega  venturosa como el viento en el oficio de mi pluma.  
El cómputo diario de mi saldo Tus ojos en deuda me están por cobrar. Yo me pregunto ¿Preciso tanto tus ojos? Yo me digo que sí, tengo derecho a mirarme en tus ojos; eran mi secreta defensa contra mis celos. Fuera mejor a mis labios no nombrarla y a mis ojos no saberla, de camino  lejos  se va de mí, y no acierta con sus pasos en mi destino. Si mis retóricos versos no te persuaden habré de consolarme con sólo pensarte. Tu recuerdo se me instala en cada uno de mis gestos, tu sabor me quedó prendido en los labios y dejan libre el viaje de mis nostalgias En mis dos mitades, la parte que me quedó de la otra que me llevaste, me quedo como un ser dispar, contradictorio; uno eligió el olvido, el otro te sabe de memoria y perdió su vocación a la alegría por ese apego que otorga la costumbre a tu figura.  Mí olvido te sabe de memoria con mis manos huérfanas sobre el silencio del duelo, truncadas de esperanzas Por esto salgo desesperadamente en busca de una bocanada de aire libre con sabor a horizonte.
Serás su pobre dueño Me dijo mi abuelo –Hoye mi niño, escucha el lastre de mis consejos  pá que a tus años jóvenes no les falta peso: Ten cuidado con esa mujer hermosa que sin Dios en los labios y con el diablo en el pecho te hará conocer la demasía de su ser, que su ocupación es ir y venir a la caza. En su oficio te hará correr y  trabajar pá cumplir con la ley de su capricho y después de cansado habrá de tenerte atado a estaca, andando a cadena, y así  resignado en sus manos; habrás  de encontrar la suma miseria. Si no me escuchas… te acordarás de mí  cuando con el estómago apurado comas;   tarde, poco y frío. Mi niño, te lo digo pá que me sigas y viéndome trepar pongas el pie por donde me viste subir. Yo, dudando le dije. Abuelo,  con mucha librería en los dichos defiendes tu verdad,  ella es un ángel y el azul celeste sus ojos  prueban que del cielo viene. De niña fue hermosa, como fruta temprana, tres veces más mirada que hablada, esa tardanza era mi esperanza, que las palabra unas veces atropellan frente a una fresca rosa. Mi abuelo que no estaba de acuerdo, por eso me dijo - Vendiéndote caro te digo: Dulces halagos de lenguas vanas son esos mi niño.  Por otro lado espero no seas celoso, o no dormirás bien estando siempre al acecho, deseando saber el paradero de ella. Mujer hermosa es y muchos buitres hay, espero no te cause dolor lo que debiera darte placer. Ya cuando se iba a modo de despedida me dijo: Mi niño, para que no te falte aliento para la huida, el consejo vale, si con el daño se aprende. La sequía de mi imaginación: La poca prudencia y la mucha vanidad no me dejaron ver el ungüento de sus consejos. Sus abundancias reventaron mis ojos, a tropel, cayendo copioso sobre mi alma hasta no quedar ni palmo de carne, ni sangre  que no me explotara por el pecho; tanto que lo de adentro me quedaba todo afuera y peor aun con no poco acuerdo con mi razón que pierde su camino, entre suspiros que arrancan el alma, hasta dejarme  naturalmente ciego. Abuelo tenías razón, cuánta verdad había en tus palabras. Su perfume, sus ojos, la audacia de sus miradas compraron  mi razón.
Como por desgracia suele ocurrir en amores de aceite y agua. En nada me quedo cierto y en todo me dejó dudoso, aquí le endilgo de contrabando una reseña de malos ratos o una parrafada de malos trancos. Los míos  fueron siempre nobles, hasta que desperté, entonces vi en cuanto se dejaba ver la piel fingida, el amor gastado, en esta desventura hallé para suerte de mi desgracia, mil horas de amargura, entonces procuré olvidar lo que no pude amar, tomando como instrumento la memoria de lo que no tenía remedio. A la hora de la despedida, a mí me faltaron palabras, a ella le sobró ironía y con una actitud tranquila y pausada de los viajeros expertos, sin decir adiós se marchó. Y así me marche yo, arrastrando la nostalgia, la iba acomodando como mejor la pudiese llevar y se me hiciese más ligera carga, no me bastó el ánimo para olvidar aquel tiempo de los instintos, con aquellos besos de fábulas.  Todo iba bien,  no fue hasta que asumimos nuestra conciencia de náufragos, entonces aparecieron esos rencores perdidos por donde nunca los habíamos buscados, fue así como quedamos separados más allá de la magia y el hechizo   
Entre luces verdades y sombra                                                                        Yo, fortuita cosa, con mi pobre y tosco ingenio,  de pocas luces heredadas, escaso de letras en el virtuoso efecto. Pero por la gracia o la fortuna que me visitó oportuno, de un árbol de libros me hice dueño. Su brote extraje de la biblioteca de Alejandría, con sus raíces rescatadas en el río del mágico Leteo, en sus hojas anida la sabia  tinta y el dulce fruto que poetas ilustres bebieron y que multiplicaron así los versos a su antojo. De raíces atrapadas y enredadas  en la historia, el tiempo y la memoria; convertidos esos ecos en  actos,  en palabras,  se despliegan hoy ante mí, venturosos como el viento. Es así como  puedo ver que,  por la morosidad de mi escaso ingenio algunas  ideas callan   su gesto fecundo.   Por eso, ruego, imploro al Guardián de la palabra viva,  que mis ideas no sean para el olvido, que no huyan de la memoria en procesión hacia la nada, como la letra sin sentido, como esos versos muertos que no dicen nada. Ideas amontonadas en masa incoherente que fluyen sin cesar, sin rumbo ni destino, en incesante vaivén. Versos al aire, ellos corren ligero con el tiempo, con la vida y con la muerte;  inútilmente, vacíos de contenidos, como  glosas inconclusas, de palabras que no cuestan nada. Engañados por la esperanza de metáforas felices, vagan hacia una futura forma póstuma.   Líbrame, Señor, de tan funesto camino, que no sea ese el destino de mis ideas, que no mueran en el intento como esos versos que no saben, y no dicen nada.   Divino guardián de la palabra viva, si tu simiente no fecunda mis ideas: El tiempo que devora la memoria y  destruye toda inconsistencia cegará toda reminiscencia, lo cubrirá con el polvo ciego como cubre las erráticas ideas. Sobre la letra muerta pasó el ayer, sucederá el mañana. Miren  como corren presurosos los segundos, los minutos, las horas. Vean que no vive el tiempo en la memoria de versos caídos.  Inexorable corren sus influjos. Observen como la letra escrita se sujetas a sus prisiones, si fueron buenos sus sueños de metáfora renacerá eternamente, y por el Dios de la letra viva será devuelta a la memoria y quedará estampada en la historia,  pero si no alcanzaron la altura y la dignidad,  las palabras quedarán atrapadas en los brazos del olvido.    Señor, guía mi discurso por  la senda de la palabra viva, que de la más ruda materia pueda brotar la letra más bella; para que, luego, cuando mire atrás, las encuentre eternizadas, atrapadas y enredadas,  en la historia, el tiempo y la memoria.   Ilumina estos pobres y flacos pensamientos, que bajo el amparo de tus alas y tu consejo, me atrevo a mostrar, a todos los corregidores,  a  los que son y los que serán los sensores: Tribunales de la calle a jueces y fiscales, las virtudes  y los dones de esta pluma.

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Paradójico mérito
Cuando nos inaugura la intuición,
nos hace lucidos y desgraciados.
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Releyendo mis textos, recorriendo palmo a palmo mi letra me doy cuenta que hay frases, ideas que me sorprenden ¿Cómo están ahí? ¿En qué momento las imaginé? ¿Cómo llegaron a ser parte de mi letra? Entonces percibo que mi palabra vale por sí misma, está protegida de mi ignorancia de aquello que nunca se me ocurrirá, mi palabra tiene ese plus que la hace independiente de mi consejo, ella vive su propia existencia, y así siento dolorosamente esa ajena distancia… pero es mi letra, yo sé que es mi pluma y entonces me siento paternal e importante.
Antes no podía escribir con libertad, ahora me veo protegido contra mi propia impotencia, contra mi miedo o cobardía, me he dado cuenta que mis palabras valen por sí mismas. Es increíble la sensación de libertad que produce el efecto de hallar que mi pluma no depende absolutamente de mí, ella es por sí misma.
Por otro lado pienso, si esta letra no es absolutamente mía, en último rigor a la verdad, nada tengo que ver con ella, y esta es la idea que me mata, esa distancia, esa terrible ajenidad, esa sensación de saber que lo que escribo no es absolutamente mío, sin embargo están absurdo pensar que mi pluma y yo no somos uno.
En sacrificio a la verdad, no puedo dejar de unir mentalmente los dos conceptos, es mí pluma pero la siento ajena y distante.
La agradable ignorancia de pensar que la paternidad de mi letra era toda mía, pero ahí está la intuición con la clara revelación para hacerme desgraciado, para negarme la plena autoría de mi cosecha.
Reconozco mi letra, todavía insegura, próxima desmoronarse con la escasa convicción en lo que dice, pero también está la otra parte, esa pluma vigorosa, como un intruso exponente de lo ajeno, que a mí me deja este sabor amargo de una modesta felicidad.
Esta pluma me da un poco de admiración con su aire desafiante y agresivo, que sabe decir sin callarse sus presentimientos.
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