• gonza pedro miguel
gonza miguel
Paradójico mérito
Cuando nos inaugura la intuición,
nos hace lucidos y desgraciados.
PMG
Releyendo mis textos, recorriendo palmo a palmo mi letra me doy cuenta que hay frases, ideas que me sorprenden ¿Cómo están ahí? ¿En qué momento las imaginé? ¿Cómo llegaron a ser parte de mi letra? Entonces percibo que mi palabra vale por sí misma, está protegida de mi ignorancia de aquello que nunca se me ocurrirá, mi palabra tiene ese plus que la hace independiente de mi consejo, ella vive su propia existencia, y así siento dolorosamente esa ajena distancia… pero es mi letra, yo sé que es mi pluma y entonces me siento paternal e importante.
Antes no podía escribir con libertad, ahora me veo protegido contra mi propia impotencia, contra mi miedo o cobardía, me he dado cuenta que mis palabras valen por sí mismas. Es increíble la sensación de libertad que produce el efecto de hallar que mi pluma no depende absolutamente de mí, ella es por sí misma.
Por otro lado pienso, si esta letra no es absolutamente mía, en último rigor a la verdad, nada tengo que ver con ella, y esta es la idea que me mata, esa distancia, esa terrible ajenidad, esa sensación de saber que lo que escribo no es absolutamente mío, sin embargo están absurdo pensar que mi pluma y yo no somos uno.
En sacrificio a la verdad, no puedo dejar de unir mentalmente los dos conceptos, es mí pluma pero la siento ajena y distante.
La agradable ignorancia de pensar que la paternidad de mi letra era toda mía, pero ahí está la intuición con la clara revelación para hacerme desgraciado, para negarme la plena autoría de mi cosecha.
Reconozco mi letra, todavía insegura, próxima desmoronarse con la escasa convicción en lo que dice, pero también está la otra parte, esa pluma vigorosa, como un intruso exponente de lo ajeno, que a mí me deja este sabor amargo de una modesta felicidad.
Esta pluma me da un poco de admiración con su aire desafiante y agresivo, que sabe decir sin callarse sus presentimientos.
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  • País: Argentina
 
Vos Vos. Como en una lectura crítica, para ser pensada de nuevo. Tu imagen como una idea que merece un repaso. Como un libro te releo en mis insomnios. Desnuda te sueña mi mirada. Aunque creo que esta lectura tiene arista de aventura y de presidio. Con un pie en la tierra y el otro en el cielo. Curioso espío en tu interior para ver si mi esperanza crece, para calmar mis miedos, ávidos de saber si resucitarás mis dudas. De todas tus miradas quiero aquellas, las que me miran con atenuantes, las que me ven sin falta. Las quiero porque  que dejan huella. Mi pecho no se olvida de su hoguera, cuando tus ojos me dejaron entre cielo y la tierra. Me gustan tus piernas dulces y tiernas. A veces, yo me pregunto. ¿Necesito pensar tanto en sus piernas? Yo me digo que sí, tengo derecho en pensar en aquello que quiero. Es un descanso activo para mis ojos poder mirarte inexorable en mis sueños.   Lo que más me gusta de vos, cuando dulce y prodigiosas tus manos tibias, me reciben abortando tus ausencias.  
vos
Autor: gonza pedro miguel  104 Lecturas
  Yo siempre le tuve un miedo particular a un cielo alborotado, cuando era niño, una tormenta igual sepultó de granizo mi infancia con un viento como aquel que ahora corre, desparrama y destroza las flores de mi jardín,  por todas partes comprendo el terror que me causa  y este cielo  con un viento arraigado en la oscura nube, el trueno en el asecho y el estruendo que parece precipitar el techo, en el cielo abrió la herida con un tajo de tanto resplandor y yo con la espera del estallido que me devuelve esa antigua visión  de cuando era niño, cuando el miedo paralizante y atroz me cercó. Cayó una piedra hecho un puño, luego otra con un golpe seco, luego otra y otra con ruido tronador. En un espejo vi mi cara de terror. Después el silencio y el silbido ronco del   viento agazapado me descubre por un segundo por donde salió el sol  que evoca mi nostalgia. Dos días que llueve y la gota cava en mi paciencia sobre el peso muerto del tiempo. Esperanzado en la promesa “Siempre que llovió paró”  tanto cavo la gota  que abrió en mi imaginación, lo que el tiempo, una vez  se llevó, y esta lluvia en diez  me lo recordó, una detrás de la otra brotan las imágenes de cuando era niño, que cuando una suelto, la otra queda asida  en la raquítica soledad, en el largo silencio, donde mi memoria hizo la cuenta. Me he interrogado y Creo que puedo ser franco en cuerpo y alma  de lo que ahora soy y de lo que puedo ser de aquí en adelante. El álamo con sus ramas en desorden,  resistiendo estoico el ímpetu furioso con ese orgullo casi jactancioso de enfrentar el viento en su práctica porfiada y trabajosa. Pienso: siento una profunda envidia por ese álamo que firme en su postura  me brinda un ejemplo para vencer mis miedos. Pienso en el álamo y en la tormenta y los tuve por buena suerte, siento que ahí está el secreto para sufrir la vida o alcanzar otro tono, y  cambiar ciertas dudas del pasado y resolver mis  problemáticas vergüenzas.  
La tormenta
Autor: gonza pedro miguel  104 Lecturas
Tan lejos, tan alta y escarpada.  Con un adiós en la mano. PMG   Con cuarenta y nueve años, pisando los cincuenta. Según vos, tengo los defectos de la juventud, dices que soy algo ingenuo e inmaduro, casi un niño.  Yo pienso, si me ves así, con ese gesto, te debo parecer ridículo y patético.   Yo no me siento ingenuo o inmaduro, me pienso diferente, conozco muy bien mis recovecos, cada esquina de mi ser, sé muy bien donde pisa mi sombra. Sí, soy un poco triste con vocación hacia la alegría, un algo distraído, quizás bohemio, y un poco tímido, y lo que más odio es la parte mecánica y rutinaria de las cosas. Un día feliz para mí, es ese que está por fuera de la rutina. Quizás lo que yo pueda decir de mí, vos creas que no me representa. Pero, cuando uno escribe, inexorablemente la pluma refleja el ser. Por eso, cuando escribo, dejo que mi tinta corra libre, no me preocupo por crear páginas pulcras. A las ideas, he aprendido a no frenarlas, a dejar que las distintas circunstancias que convergen en un texto fluyan sin perder el equilibrio.  Antes escribía con letra urgente y tropezada… pero, ahora mi letra es más fresca, algunas veces despreciativa, protestando contra  broncas apretadas, otras veces mi pluma se levanta  romántica y optimista. Cuando leas mi letra será como quien ve mi  cara en un espejo, será entonces una oportunidad, para encontrarte conmigo mismo en  una constancia escrita de  mi ser desnudo. Quizás leyendo en mi ser de papel  puedas conocerme mejor.  No sé, quizás cuando estoy con vos exhibo  esos gestos juveniles, pueriles. Pero yo no me doy cuenta, sí me siento un poco diferente, pero no a ese extremo. No sé, tal vez, la causa de eso son tus ojos. Cuando siento tu mirada sobre la mía. Mi ser que se sabe dominar pierde su cuota de control, con la exasperación que le otorga tu figura. Una cosa sé y es que mis actos “juveniles” no encuentran eco en tu maduro ser. Te ves tan alta y distante que me doy cuenta de que no quieres que te alcance.           
Testigo absoluto de la otra orilla   A estos labios de buen abrigo no cumplen  acompañando. Acompañarán más, negras las sombras en la oscura noche, que la mano que no acaricia, el pacho que no ama y el labio que  no besa Valiera más, quién besará una espina. Que me importa esa figura de fuego, si no comparte su llama con mis dedos. Que no sólo a tus ojos rogué Que no a tu pecho llegó. ¿Quién pondrá una mano sobre esa astilla? Si de su pecho brota el cañón de sus rencores. Que ni sombras queden aun de las cenizas del áureo fuego de sus ojos idos.  Si ya  nos trasmitimos en un beso, por eso creí en el cielo azulísimo de sus ojos, cuando su labio me bendijo, y puse su nombre en alabanza. Visité su templo, adoré sus reliquias; como si todo fuese a la medida de mi gusto, confié como verdadera la visión de mi mundo, que expresaban su fe y su esperanza a través de sus melódicas curvas que aquí  se transcriben en mis versos. La amé: Con la fuerza del sacrificio, con la voluntad del deseo, pero con la abundancia de mi miseria, y no alcanzó.  Mi juicio es un perjuicio. Me llevó la corriente, me arrastró por los repechos barranca  abajo, para terminar con voz exánime y ánimo decaído; en semejante situación de mi espíritu, dejándome torcido para toda la cosecha, mostrando mis pesadillas físicas; así, finalicé : Como un muestrario de andrajos, de los que ahora se dicen “libres” Con una actitud más propia de un mendigo que de un enamorado. Lloré mucho, echándome las manos a los ojos, escondiendo la cabeza entre las piernas como el pobre que se humilla y sólo se reconcilia a los  pies del suplicio, pero no alcanzó, las mil súplicas no dejaron en blanco los cien pecados cometidos de mi indigencia.  Cuando la vi, le dije: Ahora no te andes con etiqueta, con esas ridículas delicadezas; que ya me di cuenta que son engañadas mis esperanzas. Con unas copas tomé coraje, y con mi lengua,  sierpes de fuego de agitador undoso, le escupí mis verdades en cumplimiento de mi deseo, Lo que yo quería,  cantarle cinco frescas.  Le dije: ¿Qué delito cometieron mis ojos cuando te vieron, para recibir tanto castigo del cielo? Aunque sólo te amé, no entiendo con qué te pude ofender, por eso quisiera saber. Negándome la verdad no alcanzaré la calma, pues  mi pecho y mi alma ya te hicieron juramento. No me pidas que espere un momento. El perfume a la flor delata. Que una fría moneda de plata puede más que este pobre juramento. Tan linda, tan ángel. Apariencia mentida. Comerás del pan que el mismo diablo amasó. Ella movió la cabeza de un lado al otro negando, y me dijo: A trueque de perder los sentidos. Que no hay quién en el  vino no tenga razón, en él siempre se vive de verdades exclusivas. Vos tendrás tu razón, yo las mías. Después de eso me nació una implacable urgencia de abandonar esos ojos claros, que me quedaban tan lejos, tras eso, una angustiosa necesidad de estar solo. Había tomado más copas de vino que el mismo Baco; de cuando en cuando, algunos tropezones me recordaban porque no tomo seguido, pero aun así, más de un gesto de desprecio me hicieron conocer, que es mejor ser  amigo del vino y dar la cara contra el piso, que poner el pecho entre sus manos.  Pero, después, hay que aguantar sus obsequios, a la mañana me quedo con un coscorrón bien fuerte y torniscón por despedida de tan desconsiderado cariño. 
Najuá El amor es un ritual en el oasis, en este desierto de actitudes pasivas, casi inerte, de espera equivoca. ¿De esperar qué? ¿Sueños en andrajos, derrotas en hilachas? No miramos lejos, aunque a veces vamos perdiendo nuestros pánicos otras veces temblamos juntos nuestros miedos, peor aún, el enemigo no siempre es el mismo, en cada esquina cambia de rostro, por las noches encontramos los miedos en cada sombra, nos escondemos en los derrumbes, le ponemos un candado para que no nos roben ese poquito  que nos queda; el pan, la cama, el techo de una vida provisoria. Husmean buscando el mango fácil, milímetro a milímetro, te estudian y detrás de la enramada esperan para el zarpazo. Nos desventura la violencia y la sangre derramada que rompe la paz y convierte la vida en accesoria de las cosas, un espiral que crece y oculta el sol. Habrá que recordar la pedagogía de lo solidario, labrar un destino que rompa la tragedia con el individualismo y sus escases que vienen pisándonos la huella por estos caminos rotos.   A veces, pienso: Es poco, casi nada y no sirve, pero ¿Dónde ir? Si cualquier sitio es como este sitio donde se perdieron las serenidades y llueven las  desesperaciones.   Mi amigo mira  con un ojo, espía con el otro, de paja y barro su mano, de hiedra y piedra los pechos. Podemos ir en el error hasta nutrirnos de melancolías y sorber de las soberbias o pensar en el inicio, no siempre esto fue así, una vez fue diferente. Al que acompañaba el camino antes le decíamos: Najuá, que hoy traducido sería lo mismo que decir, padre, hermano, tío, amigo, etc. Antes no se necesitaba separar, diferenciar unos de otro; éramos uno. No existía Pedro, tampoco Juan; la individualidad es un producto más reciente, los nombres que existían por ese entonces eran por ejemplo luna, lluvia, piedra, oso; estos nombres nos relacionaban con la naturaleza, nos emparentaba con la madre tierra, y la tierra nos unificaba. Éramos parte de una misma razón, un mismo fin.  Antes no existían los nombres, no  necesitábamos los simulacros, esos, ilustres apellidos que  luego segregan  desde la cuna los amos del esclavo. Fue germinal y aguda esta fragmentación. La idea  de la propiedad comenzó con el nombre, continuó con las cosas; terminó con la tierra. A veces pienso que somos vocacionalmente fatalistas. No vemos con claridad que la retórica del sistema es insultante para el género humano, creemos saber donde estaba lo bueno, pero equivocadamente decidimos quedarnos con la maldición domestica de los nombres.        Yo pienso que cualquier sitio puede ser ese sitio donde empezar de nuevo, done lleguen las esperanzas y partan las individualidades.        
Nahuá
Autor: gonza pedro miguel  85 Lecturas
La rebelión de las musas   Con  la mirada en la luna buscaba esa imagen pura… pero, después de un tiempo,  finalmente surge esa imagen fraudulenta, algo espuria de la luna. Yo sé que esa imagen de escombro que recibo no es la que busco ¿Cómo recuperar el equilibrio, en la fidelidad a lo bello y la justicia en la voz del relato para que adquiera valor en su conexión con el ser del objeto? Me doy cuenta que las musas, como portadoras místicas de los dioses,  me quitaron cierta osadía, que ya de por sí las tenía en dosis mínimas, y mataron más de cien ideas recién nacidas. Nadie pude ser fiel a la hermosura sin la seducción retórica de las musas, con esa mística generosidad. Ellas tienen la vocación congénita de la palabra, Antes de ella: Almas en pena; después de ellas: Almas en gloria, y con ellas, es real esa capacidad de lo suficiente para contemplar, descubrir y comprender el ser de lo sublime, mientras nos va llevando de la mano y cuando no lo queremos escribir nos va arrastrando de los pelos; alimentando visiones, alentando ideas.  Una parte de nosotros queda ahí, en la letra trasmutando, y así, el texto se hace la morada de las musas. Evidentemente ningún texto puede llevar por sí mismo ni una revelación, sin el aporte de las musas, ellas ponen de manifiesto esas esencias atesoradas, dejan en evidencia los signos estéticos de la identidad de las cosas. Sin ellas la pluma nos reserva, pérdidas, fracasos, sucesivas derrotas, cosechando sólo frustraciones, hay que prohibirse escribir sin esa tutela, sin ese legado de lo divino. Las palabras que brotan por la inspiración, son palabras lavadas, limpias, puras, y con ellas, las musas, adquieren una escalofriante verdad, siguen siendo palabras, pero, ante la mirada atónita del lector, se hacen arte y es la magia de la literatura que las hace renacer.    
Billeteras peligrosas En Buenos aires sus calles son rectas y cuadradas, sus esquinas: Triángulos rectángulos, con sus calles paralelas cortadas por rígidos  sextantes,  pero en una esquina de mi barrio, en esta ciudad, esta  ley de la geometría del espacio recto se rompe con algo hermoso y secreto: Esas curvas. Pensé: Tiene que haber algo especial detrás de tantas generosas curvas. A esta altura nadie quiere morir de incertidumbres. Para probar el ser de mis inquietudes; un día me animé y la invite a cenar. No hubiera sido de comentario, pero desde el primer encuentro noté que era diferente. Ya en el Resto Bar yo buscaba condimentar la charla con exóticos ingredientes, pero no se me caía una idea. Nos miramos y al mismo tiempo nos huimos la mirada. Yo traspiraba, no sabía qué hacer con el silencio, esa pausa se hacía insoportable. Fue mi salvación. Se acercó el camarero y   lo primero que ella pidió fue un buen vino tinto Malbec, me miró y me preguntó, -¿O preferís un Torrontés- Para no pasar por un ignorante en cuestiones de vinos,  le dije –Prefiero un tinto, pero que sea Cabernet Sauvigñon El camarero, era un tipo bajo de mirada tranquila y de gesto bondadoso nos entregó la carta de connoiseur, mientras nos decía: Tenemos un vino nacional de la región de Mendoza. Suave, elegante, con gran frescura en el sabor frutal; presenta sus aromas equilibrados de buen Bouquet y es de Gran Reserva, con una crianza de dos años en madera y tres en botella, o bien puede degustar un vino importado de Italia, de la región de Piamonte, este vino piamontes, el Barolo, está elaborado con uvas Nebbiolo, es una variedad característica de la región, que produce vinos de cuerpo medio suave, muy perfumados, que maridan muy bien con las propuestas gastronómicas de la casa, y encuadran mejor con el gusto femenino. Mientras él me explicaba, de pronto me puse a pensar en el precio de esos vinos. “Deben valer una fortuna, especialmente el importado” pero cuando ella me miró y esas curvas me explotaron en los ojos, sin dudarlo pedí el importado.  Él, continuó diciendo: Para cenar recomiendo una de las opciones más apreciadas por el chef como por ejemplo: “Los riñoncitos al vino tinto” o puede degustar otro plato estrella, algo más original: El bife al ajo con un mil hojas de papas.   Después de eso la conversación giró en torno a trivialidades propias y ajenas, nos reímos un poco  de la cocina “Gourmet” del lugar, porque al final decidimos pedir “El bife al ajo” que más allá del pomposo nombre en realidad era un bife con papas fritas; igual estaba rico. El vino, sí que era bueno. Cuando llegó la cuenta, me dijo –Dejá querido, yo pago-. Yo me sentí un poco incómodo, porque no sabía que decir, era la primer cita y no quería incomodarla, ella se dio media vuelta sacó su billetera y a tal punto llegó mi desconcierto que debió ver algo en mi rostro que la invitó a dar una explicación. Empezó diciendo    –Lo que habrían hecho nuestras abuelas o nuestras madres hoy forman parte del limbo de los explícitos, hay que soplar el polvo a esos modelos obsoletos. Yo pienso: Cuando el hombre tiene el poder del dinero, cree que eso le da el derecho a imponer su voluntad al hacerte dependiente de su bolsillo; es obvio que sí uno es económicamente independiente, eso va a ser más difícil, no quiero vivir como otras mujeres que viven frenadas, empequeñecidas a la sombra de un marido. Quiero la libertad en la decisión, no la espera en actitud pasiva de la aprobación. Mientras lo decía yo admiraba  esas ideas, en cuanto no eran vulgares y la miraba a ella como si fuera una divinidad. Con la intensión de atraerla  le dije todo abobado, dando a entender que la pretendida pasión existía a priori: Yo también creo en la libertad de género con base en el equilibrio de las fuerzas. Después de eso, al mes me mudé de mi humilde departamento de Charcas al 900 al Hilton de puerto Madero, abandoné mi viejo Fiat Uno por un Toyota importado que ella me regaló, abandoné el salón de clases y de profesor pasé a consultor; me fui  a trabajar, con ella  a Mafry Coorp Art, una de las diez empresas con mayor penetración en el mercado local, dejé los verbos y las oraciones para hablar en la jerga académica de las nuevas tendencias  de marketing, mercado digital, telepresencia y  otras yerbas. Era mí jefa y esta situación no parecía anunciar lo que después iría a precipitarse. Con esa herramienta de siembra que son sus ojos, me hicieron caer, dejando de lado ciertas cautelas, bajo la fórmula dominante de sus curvas. Fue bastante sutil como para confundir las fachadas. Yo sentía  que no podía decir nada, me movía entre las apariencias. Desde el principio me sacó ventaja, y ahora no puedo ni podré encontrar una salida a esta falsa prosperidad. Viendo como se aleja mi libertad; y yo cada vez más consciente de esa impostura. Ella y yo somos otra combinación, no la que yo imaginé, atrás quedó esa espontanea coincidencia donde estuvimos juntos en el interés por las mismas causas y las mismas pretensiones de  libertad. El verdadero conflicto está en mí, porque ahora comprendo que soy yo el que siente ahora esa incómoda sensación de dependencia.    
En el derribo fronterizo de la vejez; Yo he visto a varios viejos llevando vuelta la espalda con sus deseos cancelados y cansados de vivir. Cuando llegue el momento, pienso:  ¿Yo también estaré lleno de impostura? O  podrá más mi curiosidad por conocer la verdad desnuda, qué hay más allá  ¿Será mejor el otro lado que esta pobre  existencia colgada de estos áridos momentos?  Merodeando en el habitual laberinto de los abandonos, llenándome de culpas y de pánicos en el cuenco de los desalientos, sin apogeo piden mis brazos algún abrazo, quizás el amor, hace algún  alto en el desaliento, o quizás es falsa esa invitación de la vida hacia la vida, como señor de mis ilusiones me hago esclavo de mis esperanzas. Confieso también esto es parte de lo que tengo. Ayer nomas  cumplí , cuatro décadas y algo más, debutan con estos años, algunos miedos que con el tiempo no se borran, caminos que al contrario se potencian, crece esta idea de no ser más, sin escalas, de una….. De la nada, hacia a la nada va mi vida con sus grietas en mi cielo y en mi tierra donde mi sol esconde su vergüenza flotando entre mis miedos. Ya sé que  los sueños incumplidos son pequeñas muertes, las dudas: Sus espantos, los olvidos: Sus asesinos, pero  a veces quisiera olvidar la muerte, recordando un momento de goce, un minuto de gloria, un día de esperanza, entre tanta sangre derramada quizás un año de paz. ¿Algún día, la vida, podrá ser mía? o podrá al fin esfumarse así como sí nada dando puerta al infinito.  También   sé: La vida quiere olvidar la muerte, pero la muerte no tiene olvido, un día me descubrirá en su memoria, se acordará de mí, de este montón de huesos que eligió no agotarse a través de su pluma, quizás en un vano intento de perdurar y permanecer. Esto también lo sé: Morirá mi ser, ¿pero  la fantasía de su tinta, la juventud de su llama? ¿encontrarán resplandor y destello en el eco infinito de un verso? ¿Será una industria para la postre?  O quizás también a ella se cubra con el polvo viejo del olvido. Cuando pidan licencia mis ojos. Para estas letras amparo y defensa pido y ruego para que no se engañe mi esperanza, que no fueron vanos los oficios de mi pluma; en amigos y deudos hallo señales para mi salvación. 
la frontera
Autor: gonza pedro miguel  81 Lecturas
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Esta pluma me da un poco de admiración con su aire desafiante y agresivo, que sabe decir sin callarse sus presentimientos.
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