• gonza pedro miguel
gonza miguel
Paradójico mérito
Cuando nos inaugura la intuición,
nos hace lucidos y desgraciados.
PMG
Releyendo mis textos, recorriendo palmo a palmo mi letra me doy cuenta que hay frases, ideas que me sorprenden ¿Cómo están ahí? ¿En qué momento las imaginé? ¿Cómo llegaron a ser parte de mi letra? Entonces percibo que mi palabra vale por sí misma, está protegida de mi ignorancia de aquello que nunca se me ocurrirá, mi palabra tiene ese plus que la hace independiente de mi consejo, ella vive su propia existencia, y así siento dolorosamente esa ajena distancia… pero es mi letra, yo sé que es mi pluma y entonces me siento paternal e importante.
Antes no podía escribir con libertad, ahora me veo protegido contra mi propia impotencia, contra mi miedo o cobardía, me he dado cuenta que mis palabras valen por sí mismas. Es increíble la sensación de libertad que produce el efecto de hallar que mi pluma no depende absolutamente de mí, ella es por sí misma.
Por otro lado pienso, si esta letra no es absolutamente mía, en último rigor a la verdad, nada tengo que ver con ella, y esta es la idea que me mata, esa distancia, esa terrible ajenidad, esa sensación de saber que lo que escribo no es absolutamente mío, sin embargo están absurdo pensar que mi pluma y yo no somos uno.
En sacrificio a la verdad, no puedo dejar de unir mentalmente los dos conceptos, es mí pluma pero la siento ajena y distante.
La agradable ignorancia de pensar que la paternidad de mi letra era toda mía, pero ahí está la intuición con la clara revelación para hacerme desgraciado, para negarme la plena autoría de mi cosecha.
Reconozco mi letra, todavía insegura, próxima desmoronarse con la escasa convicción en lo que dice, pero también está la otra parte, esa pluma vigorosa, como un intruso exponente de lo ajeno, que a mí me deja este sabor amargo de una modesta felicidad.
Esta pluma me da un poco de admiración con su aire desafiante y agresivo, que sabe decir sin callarse sus presentimientos.
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  • País: Argentina
 
El cuento vacio Descalza y en harapos, con los ojos desenfocados, decía ella, entre nuevos deseos sobre viejas carencias: Me siento más sola que la luna. Mi pecho no sabe de despedida, ni quiere, ni puede decir adioses. Mi bronca se hace nudo y el nudo se hace llanto sobre el grito que guardaba adentro llamando al que está afuera, preguntando con angustia a los presentes ¿Dónde está? Y cuando el grito sale buscando igual me sigue angustiando y esa angustia no me  alcanza para vivir. Decía ella, aguantando el desahogo, lo mismo que un amigo dijo: “La muerte es la garantía del cambio, y el precio de otras vidas” decía yo: ¿No habrá otro camino, otra ruta para el cambio?  Noche a noche aturde la astilla de la ausencia y con eso aporrea los tímpanos ajenos con gritos de dolor, llora en tres o cuatro idiomas diferente, mientras decía ella: Él es una de mis nostalgias y no hay otro que compensara su ausencia.  Llora tanto que a esta hora ya es una inundación, para caer desecha, para deshacerse un poco más, para no ahorrarse una gota de sal, con ese silencio a dos voces, mientras en la memoria se hace y deshace entre reproches, dudas e introspecciones, en esa frontera de las preguntas mescladas de melancolías entre negaciones y aceptaciones de culpas de haberlo sacrificado todo y no haber logrado nada. Preguntaba yo: ¿Hasta cuándo? Decía ella: Hasta que deje lastimar la ausencia, hasta que olvide ese nombre, hasta soltar todo ese dolor, ese desconsuelo, hasta quedar limpia o perder la razón en el intento y salir de esta experiencia carcelaria. Yo la vi sola y en silencio como rezando pronunciando ese nombre, con las manos anudadas, algunas veces levantaba las manas como si quisiera atrapar ese abrazo merecido, como si estuviera invitando a ese abrazo doble y verdadero e inminentemente suyo y en su imaginación se abrazó a él con más fuerzas que antes. Yo le  pregunté ¿Cómo estás? Ella me dijo: Como usted habrá visto aquí abundan los soñadores, amarrada aquí yo le doy libertad a mis ojos para hacer visitas, los domingos por las mañanas voy a la playa, corro por la arena, hablo un poco con el mar, le cuento mi intimidad en desorden, sus olas siempre están dispuestas a escuchar,  a veces escucho las quejas de algún viento lejano de otro mar, en este lugar las dudas, los miedos, los rencores ya me parecen remotos, donde el destinatario siempre está y el contacto nunca queda trunco  ni corre a esconderse, en este lugar la noche es tibia, el silencio no lastima y tu forma es sin falacias, a estos muros los lleno con tu recuerdo, aquí el vacio no es una opción, aquí se disfruta la serena paz de los  vencidos con la evasión como derrota, donde   la locura era la defensa obligada, la sola forma de estar vivo y soportar tu ausencia, a esa tu indiferencia bien lograda y sin fisuras…  me dijo esto con una sonrisa herida  y sus ojos secos. Yo le dije terminó tu larga penitencia.  Entonces ella me dijo: Ya no tengo coraje para salir de aquí, con mucho corazón te digo, ya no puedes arrancarme de aquí, elijo con dolor, mejor quedarnos aquí como una enmienda de mi memoria, entonces ella,  cerró nuevamente los ojos para creernos  felices.   
Pobre hombre Diré esto con holgura y atrevimiento: A veces lo quiero golpear, para apagar las infamias de sus dichos…  pero… mejor escribo algo.     Pobre hombre Que duro acero no cede ante tus afiladas uñas. Rapaces y avarientos son tus dedos, con las que llenas las arcas de tu madriguera. Como un mendigo atesoras el pan enmohecido que robas. Te crees buena persona: Yo lo niego y con evidencia lo pruebo. Imitas al gusano que pudre la manzana. Por eso a tu lado nadie descansa ni duerme tranquilo. Pobre hombre, siempre mirando el plato ajeno. Alas tienen esos ciegos ojos, lo que no lo ve, lo inventa y esa lengua de fuego todo lo convierte en cenizas. Murmurador y detractor de toda buena acción. Como la herrumbre que corroe   las cosas excelsas y dignas,  él  las convierte en viles y bajas: Emblema de la premura de su juicio imprudente. Tus cortos estudios y las escasas letras no son un freno  para esa curiosa lengua que tienes,  más de larga como de filosa ¿Quién podrá escapar de la infamia de tus labios mentirosos? Pensada ofensa de mí ser en lucha, ¿Cuál es el bien que respaldan tus dichos? Si tu oficio es de fabulador, de disfraza elocuencia. Apoyado en tus comentarios aderezados de gran ingenio para repartir maldades. No califica tu razón de nobleza: Antes retorcida,  así lo acomodas, enmascaras y lo pintas con la lengua para que calce según el talle de tu maligna idea; lo limas y lo pules, quitando o agregando según los caprichos de tu pecho. Sin miedo, ni vergüenza, sin temor a Dios: Siempre listo y en carrera, ligero  para hacer el maldades. ¿Qué buenas o dignas obras patrocinan tus manos? Si en tu madriguera tienes carta de residencia en el ocio. ¿Qué buenas obras financian tu pecho? Antes aborrecidas, declinadas y añejas son las incorregibles maldades de tu pecho, que gratuitamente regalas a diestra y siniestra. Hijo del ocio, ignorante, ciego y torpe  en las buenas obras, sabio y entendido en toda clase de malicias. No calificas con nobleza, más por tus vicios y mal ejemplo serás desechado y el aborrecido pago recibirás. Por las recurrentes  maldades  obstinadas de tu pecho: Necesitaras la muerte para que te crean buena persona… Pero ni con eso alcanzarás el abrazo sentido. Terminarás  la  vida abandonado y sin un perro que te huela.
Pobre hombre
Autor: gonza pedro miguel  86 Lecturas
El espejo Ese mágico objeto, en cuyo lazo ninguno está seguro, si se rompe con presagio de mal augurio. Espej-ismo Si te miro, un recuerdo, y si no te miro un olvido. Labriego singular, súbdito del amor, la réplica de una fantasía es tu aporte. Leo mis fútiles sombras en tu claro reflejo, cosecho así una imagen pintada a tu antojo, tejedora de pinturas ilusorias y vanas. Si ahora, la juventud a tu puerta llama, si en el espejo de la belleza te miras, vestido de salud veras lejano, el oscuro destino al que somos llamados. Verás la memoria que guardan los destinos de perdidos reflejos clandestinos, con detalle de realidades banales. Superficie sutil; resplandor y destello del eco infinito de una imagen; son mágicos, tus áridos reflejos que  a la luz natural  imitas y multiplicas la virtud de lo profano.
El espejo
Autor: gonza pedro miguel  78 Lecturas
Me quedé sin palabras…….                                 La muerte de la palabra I No puedo decir lo que pienso; no puedo pensar lo que digo. Porque oscuras y cerradas son las palabras olvidadas. Palabras aisladas y silenciadas son las palabras encapsuladas      Se han perdido tu brillo y tu color,   se devaluaron las riquezas de tus sentidos.  El error grave y profundo,   crece en este suelo fecundo    ¿Quién podrá escribir simple y claramente   lo que piensa, dice y siente    con esta palabra, herida de muerte.
El amor En el mundo no existe nadie tan pobre de afectos,  que no tenga un poco de amor para dar. El amor es aquello en lo humano, que nos acerca más a lo divino. El amor Si existe por si mismo Y lo demás por él Y si es verdad que no siempre elegimos Será entonces, no sin razón Que por la excelencia de este bien supremo Que es la causa y el efecto De la perfecta salvaguarda De la pasión humana, Por lo que, Lo bueno y lo justo existe 
El amor
Autor: gonza pedro miguel  88 Lecturas
Al Gran Comandante En pocas obras humanas encontraremos tanta entrega vital y compromiso moral en difundir el resplandor de la virtud, de la equidad y la justicia social.     Al  Gran Comandante  Gobiernos de América Latina. Con una mano de inmundicia y de codicia, juntan con sobrada y evidente avaricia, con la otra desparraman saqueo y despojo. Triunfo soberano de la brutal tiranía, de la privatizada  pobreza y el vil despojo. Le  alentaron estas ofensas, a buscar de lleno la defensa. Tu voz: Proclama de la libertad, rugió furioso en tu pecho de acero. Con euforia y arrebato, se levantaron las banderas de tu pasión. Dijo el señor de la teología del libre comercio: “Enemigo sobre todo enemigo es la vos del pueblo Seré su capital enemigo. Sirva su pecho de brutal escarmiento.” Y así, el señor  del dinero, que sabe comprar silencio quiso comprar con la muerte el olvido. Que muera o viva, ÉL no le pide clemencia a la muerte. Nada dobló su voluntad. Tanto prodiga amores tu pecho, tanto que después sabes cumplir, su entrega inmortal. Ganar a la muerte una victoria. Vencer la historia y el tiempo. Perdurar en la memoria. Por tu historia tu sacrificio y tu sangre, Vivirá tu nombre atravesado en la historia, y tu historia  enredada  en la memoria de los pueblos libres.
2 de abril Algunos dicen: Son las pequeñas cosas  que hacen dichosos nuestros días. Yo pienso muy diferente. Esas pequeñas cosas me son indiferentes, si las tengo o no, si están cerca o están lejos, no me dicen nada: Son pequeña.  Para mí,   las grandes personas son las que hacen realmente  dichosos nuestros días. Poco te alabo por todo lo que te mereces: La generosidad  de tu alma, la caridad de tus manos, me elevan, me liberan, me confortan. A la luz de mis ojos deseo:                                                                                                                                                     Si quedó en distraído silencio tu razón, con torpes y ciegos pensamientos, y veas naufragar tus razonamientos. Alcanza las más altas cumbres,            por las escaleras de los alados sueños. Recibe los dones de los que suben tan alto, de las ciencias, las artes y las invenciones. Allí donde anidan luces, verdades y sombras. Entiende así las oscuras locuciones, Del espíritu, la razón y el entendimiento. Lumbre que rompe represas de estancados errores, elevando el ingenio, raudales de tu creatividad, con caudaloso torrente natural de ingenio. Bendecida es así la pluma, la tinta y el tintero de tu mano.
Ella:  la niña de mis ojos Mi mejor proyecto, mi verso más elevado, mi sueño mejor cumplido. La razón causa y efecto de mi ser en lucha. Pondré tu nombre en un verso para que quede después que me haya ido…  que todos vean cuanto te he querido. El duende de la fantasía, pintó de realidad mí sueño, que habiendo sido humano, te hizo ser divino. Es tu sangre de tinta,  son tus manos de papel y tus labios de rima, que destilan miel. Como el árbol de la vida, son  tus frutos de poesía.
Vida Descubriendo a Borges.  Desde hoy mi maestro, mi guía. Antes no lo entendía. Ahora me declaro su admirador. Algunos textos son la llave y la puerta en la razón oscura, marcan el camino, iluminan los pasos. De: Las ruinas circulares                     ¿Qué idea más sublime no engaña?                   ¿Qué verdad más clara no confunde? Vida Encuentro en vos lo que la razón inventa y multiplica en lo falso esos dones, de esta Historia y este Tiempo, mezclados de sueño y  pasión, como otra dimensión de lo real. Vida Encuentro en vos, lo necesario de lo inútil. Reverso vano de esa necesidad fútil, impregnada  y dominada del azar. Busco y no encuentro la estrella,  ese punto cierto en el albur, entre la razón y el escepticismo. Vida       Encuentro me resignado a vivir y a morir. ¿Dónde está la frontera de mi humano ser? Busco esa esencia que mi ser esconde, en esa ilusoria y sutil ironía  llamada razón, que me dice que mi ser es y no es. ¡Oh! Naturaleza humana, espejo de las memorias, llena de ficciones y espejismos, donde nacen mis anhelos, y mueren  mis esperanzas. 
vida
Autor: gonza pedro miguel  78 Lecturas
Deseo Que la diosa del buen hado fertilice tu pluma y la riegue con el suave néctar de la inspiración y que de ella como vertiente  broten: Clara, cristalina y pura la tinta de  tu imaginación. Que en el mar de las letras, tu mente pueda nadar, y que en el ancho cielo de las ideas, pueda volar. Que tus pies presurosos, puedan alcanzar, lo que se pudiera escapar, del cielo o del mar.
deseo
Autor: gonza pedro miguel  90 Lecturas
   La muerte de una idea Encuentro mí realidad anímica  como parcelada, dividida  por estratos. Unas veces arriba otras abajo. ¡Hoy otra vez en el sótano! Cuando intento poner por obra mis palabras. Soy un ser en lucha. Un campo de batalla contra el reino del silencio y como única arma: Mi razón estéril. Necesito ayuda, un objeto, una palabra, una mirada, un algo que despierte mi imaginación… Nada… Soy una hoja en blanco, una letra sin sentido, un ser sin motivo…         La muerte de una idea Que con tan pocos y naturales dones. Tropezando y cayendo confundido. Torpe, ciego y errado en todo destino,           con inseguras,  discordes y pobres rimas: Busco la idea que misteriosa se esconde, en esos oscuros y desamparados borrones.                                                                                                Tuve una idea, pobre, flaca, desnuda. Como fruto, como criatura: vacía. Silencio dormido de una idea que muere pintada de gris, cubierta de oscuridad. Muda sordina de una idea, que mi pluma no sabe escribir.
 Luna                                                                                       Una mañana de enero, mi corazón saltó hacia el indómito mar de las letras, y la locura de mi atrevimiento, abrió el camino de mis audacias, dejando abierto las sendas, de la locura y la poesía. Quiso el azar glorioso un día, que vistiera a la luna de poesía. ¿En qué metáfora la encontraré perdida? ¿Con qué suerte venturosa le daré vida? Como a Borges. Nueve lunas acompañaron, lo que estos versos declamaron, y el alto honor que no lograron, pintar  la luna como debía… y yo, queriendo ser poeta no podía, fundir plenamente mi luna con  las letras. Luna feba  altiva y presuntuosa, dueña de sueños asustados, son tus claros  rayos guarida de miradas hechizadas.   Caripela  que mudas  con las noches, ya te  besan los sapos  en los ríos y orquesta de grillos té pregonan, profesadas  serenatas.   Capanga de la noche ¿Quién no te mira? Peregrina  eterna de los cielos taciturnos,      testigo fiel de chamuyos indiscretos, y devota ferviente de farras y fandangos.   Ya son tus mágicos reflejos, capela de los pobres y lumbrera de catreras, de ranchos y taperas
luna
Autor: gonza pedro miguel  75 Lecturas
Entre luces verdades y sombra                                                                        Yo, fortuita cosa, con mi pobre y tosco ingenio,  de pocas luces heredadas, escaso de letras en el virtuoso efecto. Pero por la gracia o la fortuna que me visitó oportuno, de un árbol de libros me hice dueño. Su brote extraje de la biblioteca de Alejandría, con sus raíces rescatadas en el río del mágico Leteo, en sus hojas anida la sabia  tinta y el dulce fruto que poetas ilustres bebieron y que multiplicaron así los versos a su antojo. De raíces atrapadas y enredadas  en la historia, el tiempo y la memoria; convertidos esos ecos en  actos,  en palabras,  se despliegan hoy ante mí, venturosos como el viento. Es así como  puedo ver que,  por la morosidad de mi escaso ingenio algunas  ideas callan   su gesto fecundo.   Por eso, ruego, imploro al Guardián de la palabra viva,  que mis ideas no sean para el olvido, que no huyan de la memoria en procesión hacia la nada, como la letra sin sentido, como esos versos muertos que no dicen nada. Ideas amontonadas en masa incoherente que fluyen sin cesar, sin rumbo ni destino, en incesante vaivén. Versos al aire, ellos corren ligero con el tiempo, con la vida y con la muerte;  inútilmente, vacíos de contenidos, como  glosas inconclusas, de palabras que no cuestan nada. Engañados por la esperanza de metáforas felices, vagan hacia una futura forma póstuma.   Líbrame, Señor, de tan funesto camino, que no sea ese el destino de mis ideas, que no mueran en el intento como esos versos que no saben, y no dicen nada.   Divino guardián de la palabra viva, si tu simiente no fecunda mis ideas: El tiempo que devora la memoria y  destruye toda inconsistencia cegará toda reminiscencia, lo cubrirá con el polvo ciego como cubre las erráticas ideas. Sobre la letra muerta pasó el ayer, sucederá el mañana. Miren  como corren presurosos los segundos, los minutos, las horas. Vean que no vive el tiempo en la memoria de versos caídos.  Inexorable corren sus influjos. Observen como la letra escrita se sujetas a sus prisiones, si fueron buenos sus sueños de metáfora renacerá eternamente, y por el Dios de la letra viva será devuelta a la memoria y quedará estampada en la historia,  pero si no alcanzaron la altura y la dignidad  las palabras quedarán atrapadas en los brazos del olvido.    Señor, guía mi discurso por  la senda de la palabra viva, que de la más ruda materia pueda brotar la letra más bella; para que, luego, cuando mire atrás, las encuentre eternizadas, atrapadas y enredadas,  en la historia, el tiempo y la memoria.   Ilumina estos pobres y flacos pensamientos, que bajo el amparo de tus alas y tu consejo, me atrevo a mostrar, a todos los corregidores,  a  los que son y los que serán los sensores: Tribunales de la calle a jueces y fiscales, las virtudes  y los dones de esta pluma.
El alma poeta …Con permiso del cielo Dios me ha dado vida para que escriba y tiempo para que la corrija, que alguna idea misteriosa  y digna diga y otras que conveniente calle.  Que no es de ahora el interés, ni nació ayer lo que hoy intento. Por los dichos y los hechos, Juglares versos salieron hechos PMG.                 En el principio fue la idea, como la dueña del espacio y señora del tiempo, creada en un lugar sin tiempo, sin antes ni después,  es ella, en su huella onírica en la que  perduro, habitando el origen. Desde el reservorio de su memoria, ese  que es  anverso  y reverso de todas las creaciones estéticas, es también la gran matriz natural para la libertad en la fantasía creadora, caldo de cultivo de todo lo que existe y es; con su gesto originario y productor, es el alimento del alma poeta. Yo lo encuentro, con buen apetito lector, entre lecturas y relecturas, en el pórtico al mundo de los léxicos, ya en camino hacia la dulce patria, me descubro en odre viejo, mi mundo interior que se desparrama en fructíferas errancias. Al principio Ideas hurgadas que caen hacia pálidos  versos, luego llegan esos,  que  saben rendirse a mi buena suerte. Al principio, así me encuentro, exhumando pasiones perdidas, en el fondo ilusorio  de los rumores  de antiguos relatos de muchas lenguas, hasta encontrar el verso que me nombra. Soy de los que toman la propia vida, y lo envuelven en un diálogo íntimo, buscando en esa intuición originaria, las raíces de lo etéreo    y en muchas peregrinaciones, caminando los textos,  ascendiendo y descendiendo por bibliotecas y libros,  en nacimientos y resurrecciones hasta encontrarme con lo superior y trascendente de  la idea. En esa vieja amistad busco mí génesis poética. Despreocupado encuentro la fuerza y la voluntad entre la prosa y el verso, que lleva mi palabra hacia,  un  coraje para la verdad, descubro una fe para el espíritu, un descreimiento al miedo negando la negación  y afirmando una libertad para crear. Memoria y destino en la voluntad de mi verso, que ahora son y siempre fueron, fieles testimonios del alma poeta, en su vocación constitutiva en el ser de la idea. Leyendo lo que hasta hoy llevo escrito, buscaba entre mis ruinas y ni señas de lo que fui, aquellas ruinas del pasado, las he ido limpiando, yo sé, no es poco, quizás  no es mucho, o tal vez estoy cerca de ser, ese escritor que soñé cuando niño. 
El alma poeta
Autor: gonza pedro miguel  104 Lecturas
Bohemia II   Con mi vocación de permanecer Quisiera yo  morir Y volver a resucitar  en mí, Con mi alma escrita en un verso,  con la libertad de mi pluma Encendida y viva en su mejor milagro, como aguda flecha, Sembrada y nacida en una metáfora. Como pregonero labrador, quisiera yo Pasear por los lindes del sueño entrar y salir de la luna y el sol donde se labran los  hebras que tejen la trama de mi texto, mi contento verdadero, mi  perfecto verso. PMG Un día como este, ocioso en el tiempo, leyendo mis escritos, descubro los muchos y los malos errores que tengo, lo poco que vale y cuesta mi letra, la dura corteza de mi pluma, lo  amargo y desabrido de mi tinta, tan costosamente obrado en lo más, que un texto se pueda encarecer, aunque lo lime y lo lustre, quitando o agregando aderezos, para que calce según las pasiones de mi pecho, pero…aun así, no hago suelo ni pie firme, ignorante, ciego y torpe en las buenas obras. Me percato, no califica mi pluma con nobleza ni con altura. A veces, me siento tan pobre de ideas, desnudo y falto en la razón, creo que voy caminando a ciegas por estos pedregales, como un loco en confusa suerte,  hablando a tontas, dando voces al viento, clamando en el pensamiento, suplicando entrar en el reino y señorío de la imaginación. Yo lo leí, se que existe, ese lugar sagrado, ese mundo donde la libertad flamea, de un lado al otro en olas de ideas,  a  ese mar sin límites  quiero entrar y acortar distancia a nado, yo sé, que si logro entrar, puedo aprender a soñar despierto… quiero entrar y así, abrir mis alas, para corregir mi ser de tinta y de papel.  ¿Cómo puedo suplir la falta de mi ingenio y resolver mi vergüenza? ¿Cómo lograr que la diosa de la inspiración, me regale algún virtuoso efecto y mi palabra alcance la elocuencia en la voz? Quizás ganando el favor del cielo, pueda encontrar el remedio para mi pluma. Ruego al cielo para que le den  amparo  a mis versos fijen la clave y tallen su forma en el ser de mi pluma. Este, es uno de esos días de crisis, donde espero una respuesta del cielo; clamores y súplicas  fueron y regresaron pero yo…sigo esperando. En la buena tinta de viejos textos busco  la llave y la puerta, donde nacen mis anhelos y crecen mis esperanzas. Con las manos levantadas, con las rodillas golpeo el suelo ¡Oh! ¡Señor de la palabra! Así como el humilde, que anda pidiendo por casas y calles, necesita de un benefactor, así, con la humildad del que pide porque no tengo, te ruego, te suplico los dones para mi pluma.  Divina inspiración, si con tus favores quisieras coronarme, que tu luz a mis ojos no le falten, y que mi pluma siga el derrotero de tu camino, Sagrado seguro  a tu corrección me allano y tu alto consejo pido, para alcanzar claro entendimiento.  
Bohemia II
Autor: gonza pedro miguel  82 Lecturas
Bohemia …A veces cuando estoy Queriendo soñar, Perdido entre los relatos, Encastillado en los cuentos Abrazando en esa tremenda inocencia: El deseo de escribir… PMG     En la peor noche, con mi mejor amiga: la pluma.  Vacía de soledad vi estas páginas en blanco, irremediablemente me nació el deseo de escribir algo…pero,  un miedo atroz y paralizante se apoderó de mí. Siempre me da miedo comenzar un texto desde cero, porque son muchas las cosas que uno puede poner  en una hoja en blanco.  El miedo está en mí, como una fuerza que me empuja a callar y como en un presagio inminente, como en una revelación, presiento la incertidumbre de no saber cómo comenzar, ni que decir…pero, a pesar del miedo, una hoja limpia siempre es una invitación que no puedo resistir. Este presente incierto,  me revela viejos deseos, antiguas carencias que se remontan desde cuando era un niño en mi ser, queriendo soñar, perdido entre los relatos, encastillados en los cuentos, abrazando en esa tremenda inocencia el deseo de escribir. En ese tiempo, el espejo donde me miro está entre los grandes de la literatura y ellos, mostrándome el camino, en eso que puedo y quiero ser y aun no soy. Son estos los que pasaron a ser los resortes vitales de mi pluma. Esa fuerza propulsora se despliega y se ensancha hoy, en  la mera posibilidad latente en este papel en blanco, con cada letra, con cada palabra, con cada idea, con su existencia de algún modo rompen el silencio. Quizás este texto termine en una posibilidad frustrada como otros tantos textos, o tal vez logren, de algún modo, provocar un comentario favorable de tu parte,  aunque no sé, tengo  la esperanza de que un día  de estos, por causa de unos de estos textos me considere un escritor o poeta, por ahora me quedo, con la menos presuntuosa de saberme, un pobre de las letras. Me lo digo a mí mismo en castigo de mi mediocridad, muchos son los que escriben y pocos los que saben, yo reconozco que soy parte de los muchos que no saben y esto no lo digo por  este orgullo enfermizo  que  me asiste, muy por el contrario, quiero aprender y escribir bien, por lo tanto, no limito mis aspiraciones literarias, yo sé que lo reproches solos no alcanzan, pero  son necesarios para crecer, para reconocer las erratas y también para los perdones. Muchas veces me he interrogado, si puedo hacer algo que le dé un poco más de sentido a mí ser y de paso justifique mi existencia. Quizás  con mis intentos de versos, pueda dejar atrás  mis torpezas y los largos silencios de mi pluma junto a las  sombras de la vulgaridad, hasta encontrar el camino. Hubo un tiempo en que me creí inteligente, mucho más de lo que hoy me confieso, pero mi pluma porfiada y trabajosa se cree capaz de grandes cosas, cuando la pasión me desborda, sin miedo al absurdo,  tiene su oportunidad y un motivo para escribir, o cuando  me ciega la pasión, o me muero de ira, o me rompo en la ignorancia al huir de mi confusa suerte. Otras veces con un poco más de suerte,  encuentro  la enmienda y la salud de mi pluma en la soledad.  Buscando el privilegio de poder imprimir lo que me nace en el pensamiento de mi humana suerte, las penas contenidas o la dicha provechosa de un amor, cualquier tema, lo importante dejar que la tinta fluya; pero claro, la idea es hacerlo con altura, con dignidad.  
Bohemia
Autor: gonza pedro miguel  89 Lecturas
Mi hermano Le juro a usted. No tengo rencores para mi viejo ni puedo tenerlos ni  para él ni para mi vieja, aun cuando actuaran juntos siguiendo esas espontaneas coincidencias en contra de mis pretensiones, siempre fueron semejantes y estuvieron juntos haciendo causa común en contra de mí hasta de mis gestos más comunes. Nunca entendí por qué siempre vieron una sombra de vulgaridad en todo lo que hacía. Cada uno de mis gestos jamás alcanzaron el prestigio ante sus ojos.  En cambio actuaron diferente con mi hermano, pero yo ya había quedado al margen mucho antes de que el naciera, tan distinto era el trato entre los dos que mis celos hicieron fuerza hasta convertirlo a mis ojos en algo irremediablemente odioso. (Lo juro con el tiempo después aprendí a querer a mí hermano)  Cuando él dio sus primeros pasos lo festejaron  como un triunfo soberano, en cambio yo tuve que construir mi personalidad a fuerza de eludir esa auténtica negatividad. En estas líneas marginales reniego un poco de mis viejos, lo sé, pero también tengo recuerdos “cariñosos” lo juro, existieron esos pocos momentos en que fueron capases de mirarme satisfechos y darme un abrazo. Recuerdo que una vez mi abuela hizo una torta de crema. Nunca lo voy olvidar. En un descuido hundí mi mano a dedo limpio en la crema, y sin aviso con la cuchara de madera recibí un coscorrón de parte de mi abuela. Mierda que sonó fuerte ese cucharon de madera, mi vieja se asustó tanto que me abrazó fuerte, y yo lloraba, pero no por el golpe, sino por la alegría del abrazo compartido. Cuando partió mi abuelo, entre llantos y estallidos yo escribí unos versos en su memoria (Aunque para mí no haya adquirido vigencia ni la muerte ni el olvido)  “Ay, ay, de la coronilla a los pies, no habrá poro de la piel que no te extrañe” Después de estos sentidos versos mi viejo me abrazó y lloramos juntos nuestros duelos. Quiero vivir tranquilo sin ese fantasma de los celos. Ya dije: No tengo rencores, ni puedo tenerlos. Mi viejo y mi vieja justifican mi existencia y en esto estoy agradecido.  
Mi hermano
Autor: gonza pedro miguel  69 Lecturas
El paseador Yo soy el que  saca a pasear las palabras, algo parecido al que saca a pasear los perros, digo algo parecido porque en realidad, cuando las saco a pasear, las palabras tiran de mí, y me pasa lo mismo que al paseador, con tanta fuerza tiran, que son ellas las que me llevan.  En una mano, con la izquierda llevo un hato de palabras soeces, verbos libidinosos, adjetivos groseros, junto con un grupo de verdades pequeñitas, chiquitas: intrascendentes, mescladas con algunas mentiritas y en la otra, la derecha, al tropel, un grupo de verbos puros, claros y transparentes, casi diría palabra santa, junto con algunas verdades, casi inmutables. Mientras caminaba, escuché el comentario que alguien hacía -¡Que inconsciente! Cómo puede mesclar verdades por más que sean chiquitas, con adjetivos groseros y lo peor aun ¡rodeado de verbos libidinosos!    Decía otro, -Eso no es nada, él las lleva como verdades intrascendentes, ¿dónde se ha visto que una verdad sea intrascendente? Eso no existe, si es una verdad no puede ser nunca pequeñita y menos aun, intrascendente. Otro con cara de aquí no pasa nada, le decía al que protestaba, -Lo que pasa que el mundo está loco y la única solución es entrar en la locura de este mundo y éste loco sólo expresa la locura de este mundo y para este mundo loco, las grandes verdades ya no existen y menos aun las verdades verdaderas, eternas e inmutables, por eso dice que en la otra mano lleva verdades casi inmutable. Otro que pasaba por ahí escuchando la polémica opinó, -Para mí, en algún sentido él tiene razón, (lo decía por mí apuntándome con un dedo) pero hizo mal en llevar en la derecha  las verdades casi inmutables, porque en el fondo, si son casi verdades: son  mentiras disfrazadas de verdad, sería justicia en honor a la verdad que estas fueran en la mano izquierda,  deberían ir juntos con las verdades pequeñitas e intrascendentes que si son pequeñitas e intrascendentes no tienen valor de verdad y por lo tanto es natural que se las vea junto a términos soeces y vulgares. Decía el primero que opinó, -Para mí es injusto que saque sólo a pasear a las palabra, todos se olvidan que los silencios también dicen algo, siempre tienen un valor, por ejemplo en la música son muy importantes los silencios. -Es verdad, -decía otro sumándose a la polémica- no sólo se olvida él (mirándome evidentemente molesto)  de los silencios, también se olvida de los gestos, si los silencios hablan, mucho más los gestos, por algo, algunos dicen que un gesto vale más que mil palabras.     Un transeúnte que pasaba por ahí, con pinta de literato, al ver el nutrido grupo,  escuchaba atento hasta que dijo, -Para mí las palabras tienen una zona equívoca, es decir, un adjetivo puede ser soez o no dependiendo del contexto, lo mismo pasa con la verdades, las mentiras, los silencios, los gestos y con cualquier otra cosa que se pueda decir, por lo tanto es una locura llevarlas por separado, que izquierda ni que derecha,  para mí deberían ir todas juntas y mescladas y que cada uno elija como usarla; por otro lado  no es absurdo pensar que los silencios y los gestos puedan ir juntos con las palabras, hay que pensar cómo integrarlos, pero ese es otro tema. Mientras el murmullo crecía yo pensaba. No sé… los gestos y los silencios juntos con las palabras… no sé, puede ser… quizás.  
El paseador
Autor: gonza pedro miguel  76 Lecturas
El soñador …Te miro y te miro con ese capricho y esa impunidad que me da el amor PMG   Estas líneas en blanco no alcanzarán a cubrir los muchos elogios que para ella tengo, una sola de sus miradas  basta para entorpecerme, para quitarme el raciocinio y terminar  embobado y sin sentido, quedo perdido en su trasatlántica  mirada, en ese momento crítico, cuando me mira, me vuelvo un idiota y ella lo sabe, se da cuenta que me explota por los ojos, en ese preciso instante me brota, un deseo y una pasión que nunca es calculada, me nace así, espontáneamente, casi instintivamente y sin buscarlo. Siempre hay una zona equívoca, no sólo en las palabras, también en los gestos y los silencios, y ella sabe pasearse muy bien por esos lindes de lo difuso. Coquetea ella con esas miradas conspiradoras que impiden justificar mis tímidas sospechas, mientras yo, me conformo sólo con mirarla, en esta dicha sin pretensiones, para luego tenerla vigente en mis fantasías, la única felicidad que parece posible: El sueño, sueño donde yo recibo en alarde de sinceridad  todos los elogios de su mirada. Ella  funciona como un fijador para mi pecho, sus ojos, sus manos, su pelo, no necesito esforzarme para recordarla, soy como un espectador inclaudicable de su belleza.  Yo también ya quisiera que ella pudiera, como yo, retenerme en la mirada y que mutuamente con la misma franqueza nos recordáramos…pero ella a veces, me mira con una atención  de segunda mano, en esa frontera imprecisa de la amistad. Otras veces es sostenida su indiferencia, mientras me ejecuta el éxito de su tímida crueldad;  casi sin convicción a veces me escucha, con sus respuestas monosilábicas parecería que niega mi existencia, mientras siento el peso de toda su ternura obligada, pero otras veces, con más suerte, siento como brilla sobre mí, el sol de su mirada y veo como me contempla, como si yo, fuese un espíritu importante, quizás por la poesía, no sé, quizás se imagina hablando con un poeta, no sé…  dudo mientras su voz me arrastra y yo, sin poderme resistir, hasta dejarme con la voz temblorosa y quebrada; ella mirándome y yo desesperado, confirmando que cuando ella me mira y me habla, el mundo es un callejón sin salida. Por eso siento que,  cuando me habla, me quedo sin defensa y recubro mi cobardía con gestos forzados de amable cortesía, soñando con esa posibilidad, quizás vana, de que me pueda corresponder  su amor. En un momento así, sólo pensar en su ausencia, me desvela. No le temo a la muerte, si no a una idea de una vida sin verla. Todo mi temor se precipito el día que me presentó a su novio, se me encharcaron los ojos; yo le dije rojo de vergüenza: Es de felicidad mientras pensaba: A ella la fortuna le dio un amor y a mí… a mí sólo la amargura de los celos, junto con esta  bronca. Bronca que en mi mano es la que se levanta y se hace puño y golpea mi pecho. En un momento así, tanto odio mi suerte, tanto duele mi dolor, tanto quiero mi muerte. Recordando o mejor dicho, intentando olvidar su gracia prescripta después que de mi destino desapareció, por eso ruego, suplico; que ni en mis ojos, ni en pecho, que de ella ni la sombra quede, ya  mi pena a su castigo dejo, que a mí me queda  una tristeza de adoquín; aquí me quedo desollando las nostalgias, no queda otra. ¡Que la espuma refrescante  borre en esta  noche de farra! ¡Que suba hasta los umbrales del abandono y llegue hasta  los vaivenes en esta tierra firme en borracheras que se pasean por el fuego de su castigo! Primero la música,  la risa, el barullo, el bochinche, después el vino tiró para otro lado, filosa la bronca entrando a matar, así nació la tristeza, el llanto, que el vino no quiso calmar. Al final lo reconozco, soy como ese otro pobre hombre, que en su falsa prosperidad  quiso ser lo que no es, sólo me queda, de algún modo, perderla cuando estoy despierto y recuperarla en mi sueño.        
El soñador
Autor: gonza pedro miguel  87 Lecturas
Paradójico mérito  Cuando nos inaugura la intuición,  nos hace lucidos y desgraciados. PMG  Releyendo mis textos, recorriendo palmo a palmo mi letra me doy cuenta que hay frases, ideas que me sorprenden ¿Cómo están ahí? ¿En qué momento las imaginé? ¿Cómo llegaron a ser parte de mi letra? Entonces  percibo que mi palabra vale por sí misma, está protegida de mi ignorancia de aquello que nunca se me ocurrirá, mi palabra tiene ese plus que la hace independiente de mi consejo, ella vive su propia existencia, y así siento dolorosamente esa ajena distancia… pero es mi letra, yo sé que es mi pluma y entonces me siento paternal e importante. Antes no podía escribir con libertad, ahora me veo protegido contra mi propia impotencia, contra mi miedo o cobardía, me he dado cuenta que mis palabras valen por sí mismas. Es increíble la sensación de libertad que produce el efecto de hallar que mi pluma no depende absolutamente de mí, ella es por sí misma. Por otro lado pienso, si esta letra no es absolutamente mía, en último rigor a la verdad, nada tengo que ver con ella, y esta es la idea que me mata, esa distancia, esa terrible ajenidad, esa sensación de saber que lo que escribo no es absolutamente mío, sin embargo están absurdo pensar que mi pluma y yo no somos uno.    En sacrificio a la verdad, no puedo dejar de unir mentalmente los dos conceptos, es mí pluma pero la siento ajena y distante. La agradable ignorancia de pensar que la paternidad de mi letra era toda mía, pero ahí está la intuición con la clara revelación para hacerme desgraciado, para negarme la plena autoría de mi cosecha. Reconozco mi letra, todavía insegura, próxima desmoronarse con la escasa convicción en lo que dice, pero también está la otra parte, esa pluma vigorosa, como un intruso exponente de lo ajeno, que a mí me deja este sabor amargo de una modesta felicidad.  Esta pluma me da un poco de admiración con su aire desafiante y agresivo, que sabe decir sin callarse sus presentimientos.
El adiós   Este amor, no fue una frustración, Sino un éxito mal usado. PMG Vos y yo somos bastante similares, pero con algunas diferencias.  Diferencias sobreentendidas nunca aceptadas y ni aclaradas,  fue este primer silencio fallido: un error. Ahora me doy cuenta la importancia de gastar en palabras, también me doy cuenta que los silencios traicionan, y que hay que aprender a desconfiar de los sobreentendido. Fue una desgracia que no pudiéramos ver esa felicidad asequible, por lo bueno y lo amable que hay  entre los dos.  No me reconozco y seguro no te reconoces en este final.  ¡Qué pena! Con la última gota de decencia, nos arrogamos insultos y antes que la boca,  se levantaron primero las manos, quedando atrás  el afecto, lo que hoy, ya  doy por perdido. ¡Qué pena! No saber ceder en ese clima de violencia, dejar que la bronca nos  gane, para terminar derrotados. ¿Cuándo aprendimos a alargar los silencios, en qué momento aprendimos a huirnos, a no mirarnos de frente, hasta hacer insoportable los gestos más habituales? Es una lástima que nos hayamos comportado mezquinamente, con esa actitud individualista destinada a perder, sin tener en cuenta esas conexiones profundas que nos relacionaban a perpetuidad. Sé que fui irremediablemente torpe y peor aún, con mi boca atropellada, todo se complicaba más con mis llegadas tarde, mixturada con la inflexible impaciencia de tus celos. De que me servían esas incrédulas explicaciones, tan solo para verte llena de increíble extrañeza al escuchar mi relato. Es tan absurdo pensar que un día nos gustamos, ya no somos los mismos, somos copias borrosas de eso, lo que una vez fuimos. Me voy, no puedo más, tampoco quiero seguir arrastrando esta relación, a mí no me hace bien y a vos tampoco. ¿Por qué esa cara de asombro? Si siempre lo supiste, y si no lo sabías, tendrías que haberlo pensado como una posibilidad, si nuestras actitudes ya lo profetizaban.  ¿Promesas? Las promesas aquí ya no sirven, ahora ya no interesan, no es que yo la desprecie, pero es ya un poco tarde. ¿Cómo que nunca es tarde? Es tarde si después de años de vivir de ese modo, un día, uno se despierta y decide que así no quiere vivir.  No puedo seguir  sosteniendo esta terrible complicidad. ¿Razón? No te pido que me des la razón, tampoco son razones, como vos decís pacientemente prefabricadas para ocultar otros secretos motivos.  Hay que tener valor para aceptar nuestros errores, para poder crecer como persona, también para no cometer lo mismo, si tenemos suerte y comenzamos una nueva relación.  En este tiempo, el de las franquezas, para que no quede un falso recuerdo de lo que hemos sido, es mejor tener bien en claro dónde están nuestros éxitos y nuestros  fracasos. Terminamos como dos seres ajenos y desconocidos. Recapitulando, sólo me queda añorar lo que hemos sido al principio, cuando éramos increíblemente tontos, cuando hablábamos poco y reíamos mucho y nos perdonábamos todo.  
El adiós
Autor: gonza pedro miguel  87 Lecturas
Me acuerdo de mi viejo Lo reconozco, de chico siempre fui un poco atrevido y un algo temerario y en mis nalgas llevo grabado, por causa de mi atrevimiento una de las cosas que más temor me causó: La marca  de mi viejo y su varita en el consejo, ja, de su uso mi hermano también puede hacer mención. Tuve un amigo que me acompañó en todas mis intenciones. según mi vieja, era él un escándalo para la virtud, de cuyo lazo engañoso nunca me pudo liberar. Un día con mi amigo le dimos campo franco a nuestras curiosidades y le robamos un poco de tabaco negro a mi abuelo. Lo fumamos detrás de la casa, salíamos todo mareados, ebrios por el humo del tabaco cuando nos descubrió mi abuela.   No voy a contar como fue el castigo, pero a mi viejo, después de eso, le tuve un miedo particular. El siempre tuvo la mano pesada y ese día se la conocí. Yo,  como siempre, corrí buscando el seguro resguardo de la acostumbrada clemencia de mi vieja, esa vez eso no me alcanzó, ni ella con sus ruegos y  prolijas súplicas lograron calmar el enojo encendido de mi viejo. Algunos días después yo seguía algo huraño con mi viejo, él entendiendo lo que pasaba me dijo: A mí también me dolió, pero si no escuchas los consejos con amor, entonces será con dolor. Debes saber que robar no es cosa buena. Después me lo agradecerás.  Para que sepas el precio de la desobediencia, y para que tengas dichosos y largos años. Hoy con cincuenta y dos años y con algunas canas que corren y cuentan experiencias vividas, no tengo mucho para agradecer, yo hubiera actuado diferente. Para mí fue excesivo el castigo, pero bueno, mi viejo era así, con su carácter fiero y seco. ¿Me amó o se supone que me amó? Yo de chico sentía  gorda mi duda, debajo de los anteojos me brotaba la mirada estúpida ante la pregunta inteligente, que se disipa y se resuelve en ese castigo,  aunque mi yo responda con una banalidad y su incertidumbre se multiplique por diez mil, yo lo quería, no tanto como yo hubiese querido, pero  a mi  modo lo quería. Ahora de grande pienso un poquito diferente ¿Qué sabe nadie de la manera en que él me amó? ¿Quién puede decir como toca el amor a cada uno? Sólo Dios entiende de estas cosas.   Me acuerdo de mi viejo y de su carácter fiero y más fiero se puso cuando se enteró que quería ser escritor; me dijo –Que pena que a un joven tan fuerte le haya nacido flaco de fuerzas un ánimo tan pobre. Sabrás lo poco  que vale y cuesta vivir de los sueños. ¿Despreciando toda buena consideración dejarás el arado por la pluma? Eso hacen los vagos. Si quieres vivir de las letras, ve estirando la paciencia y prepara tu oído para escuchar pasearse el hambre en tu estómago, cuando eso pase aquí no vengas buscando un pan. Un último consejo te doy después de eso te puedes marchar tranquilo. Por soñar no te quedes dormido; porque los sueños mejor cumplidos son los que se realizan trabajando. Hoy no sé si hizo bien o si hizo mal, pero eso sí, no estuvo muy errado en el pronóstico,  mucho me costó y  aun hoy me cuesta vivir de las letras.  
El proceso …Después de un sueño desperté y recordaba una idea. Tenía presente todos los hechos, todas las palabras y  sin embargo, después mi memoria parecía negarse. PMG  En la gesta de una idea, no es común, pero a veces nacen como una instantánea revelación, aparecen así, de pronto,  casi mágicamente. Para estos casos siempre es conveniente tener a mano: papel y lápiz,  registrar la idea antes de que desaparezca. Yo he perdido varias de esas ideas por no tener algo en que anotar, por más que intente guardarla en mi memoria, si no la registro, de a poco se diluye. Otras veces, una idea tan incómoda y punzante merodea especulando con salir. Otras, las más comunes,  nacen por introspección. Mi mundo interior siempre es caótico, vertiginoso y lleno de ideas cubiertas de locura, para que una de esta idea se pueda contar, hay que quitarle esa fachada de idea enajenada, hurtándole el quicio a la locura del caos. De tanto en tanto, me detengo y miro dentro de una de esas ideas, escucho lo que me dice, miro donde va, qué cuenta esta historia, con esa intención de sacarle la fachada de idea enajenada,  y ver en el caos y la locura, la lógica de la razón, entonces…  uno de los miedos que más frecuento, es al silencio de una idea, ella está ahí, como en un presagio inminente… pero no logro descubrir su esencia. Yo he aprendido por mí mismo hacerme esperanza mirando en cada idea que tengo, cuidando que no se convierta en chatarra hay que dotarla de prestigio.  Me rodeo de la imagen mientras la tengo.  Hay que  descubrir en cada idea, el  deseo que la completa, que totaliza el relato, que la hace creíble y por sobre todo…una idea  posible.  Yo la deformo, le agrego, le quito buscando el equilibrio y la fuerza  propia que cada idea posee con lo cual inventa su verdad, este es el puerto por donde entran al mundo, y una idea nueva inédita, desconocida, de mi pecho sale galopando con su rostro sustancial, después de eso, ya es un relato que se transforma en historia.   
el proceso
Autor: gonza pedro miguel  86 Lecturas
La gran cosecha …Hoy sigo descansando en la serenidad del lecho, cultivando  el silencio en un rito privado, con mi alma de madera clavado en el paisaje. Mi recuerdo viejo , sedentario me recibe quejoso; recorriendo la geografía de mi pasado, me hace dueño de cada uno de mis instantes. PMG   En el dolor de los años viejos, con  la frente desteñida repaso mis adentros. Volver el almanaque atrás, poder ojearlos con la lentitud de los años… ¡Tanta luz que con los años se hace sombra!... A pesar de eso es mi mejor historia. Esas fotos sepias, solidarias a mi memoria sacando lagunas que se esconden en el olvido.  Recuerdo la gloria de ser niño y la ingenuidad de no saberlo, a mi abuela  con su madeja de lana y sus virtudes teologales, a mi viejo ceñudo por la abundancia de mis faltas, siempre él,  invariablemente él, con la varita lista en el consejo, a mi abuelo en su taller de cicatrices y sus paños de consuelo. Yo siempre le lloraba a él  con mi vocación de mendigo y él con su pródiga mano y su pecho amplio siempre, siempre ahí, cumpliendo mi caprichito. En esta biografía de la nostalgia, no me puedo olvidar de Ella, la espía de mi infancia, hasta ahora detrás   de mis pasos, con su vistazo tutelar.  Con mi vieja era, leer un libro y hacerlo de aventura. Pastoreaba  mí   infancia con  los ecos de antiguos pregones, con su cielo de horizontes y su mar de expectativas.   Entre las cosa que tomo y las que dejo, su mejor regalo, ese libro viejo,  envase lírico, lleno de visiones de   figuras heroicas en los lindes del sueño, donde  pierdo mi infancia, siembro mi aliento, gano mis alas y   creo mi fe.
Porqué vivir es una tarea impuesta …Atrás quedó el remanso, delante la dura pena. PMG   Se acerca a la ventana abierta. No es fácil por causa de esa funda que se adhiere como una piel. No poco le cuesta sacar un brazo. Una ola de fuerza lo empuja, poco a poco hasta la frontera del  exilio. Va avanzando, asoma una parte y en una fría corriente de aire se deja ver la piel arrugada, la cara morada por el esfuerzo. Se ve una mano y tiran con fuerza de los hombros.  La repentina penumbra se hace luz, no quiere abrir los ojos, pero sabe que ya está afuera. Aquí es frio y diferente. Le  nace  una repentina bronca, un enojo se abre paso,  por abandonar ese lugar confortante  y en un grito sofocante respira, respira hondo sin dejar escapar una gota de aire. -Ya estás aquí. Te guste o no…yo sé… no es fácil…pero te darás cuenta que, cuando uno nace no te regalan un cuerpo… no…te regalan un pedazo frágil y precario, una masa al principio, casi sin sentido. Por ahora sólo eres  un ser sin motivo, en esa procesión hacia la vida.   Uno se siente con la necesidad de darle cuerda a ese ser, con la deseable certidumbre de que con eso ganamos  la vida, pero… en este preciso momento, con este regalo de la vida, te nace la obsesión por mirar la hora, te regalan la obsesión de mirar el tiempo y el miedo en cualquier momento a perderlo todo, entonces  nos lanzamos a no malgastar un instante…pero… sobre este cuerpo  pesará el ayer, corren presurosos los minutos,  con cada segundo, que se hacen horas, te percatas del tiempo y de su inexorable influjo que te hace prisionero.   Y  son las seis y son las ochos y es lunes y es martes y  es  domingo y es un mes y es un año que se va con su primavera y su verano. Sobre este cuerpo pasó el ayer y sucederá el mañana. Hay que intentar sobrevivir el día a día, en este mundo donde todo es pasajero, es una apuesta continua a un futuro incierto con aristas de quimera Once     Es un mundo de gente, donde se vende y se compra de todo. Con la variedad adornan el gusto, y con eso hermosean la vista, alegrando el ojo, soltando el bolsillo, ideal para gastar tiempo y perder dinero. Volviendo la cabeza, torciendo el cuerpo, mirando para todos lados sin saber por dónde caminar, todos como yo, parecen no saber dónde ir, ni que comprar, las cosas que aquí se venden, te tiran y estiran de  los ojos,  veo tantos como variados presentes y de tan variados gustos, que tan dividido quedo sin saber que elegir, poniendo el ojo aquí o allá y no habiendo quien lo adiestre a uno, aumenta la ansiedad y la incertidumbre.,  Detengo un poco el paso y alzo la mirada sobre un objeto, uno de los vendedores lee mi actitud de presunto comprador y  me llega con sus baratijas, quiero volverme al camino, pero uno me cierra el paso y contra toda voluntad, otro  haciendo fuerza, se cuelga de mi brazo y apelando a la caridad, me quiere  obligar a comprarles  algo,  después de varias súplicas  como ve que no tengo una oreja muy dispuesta de comprador, molesto me hace a un lado como a un estorbo, para correr a otro, con la esperanza de que sea un  blanco más fácil. En Once hay que tener cuidado, porque son  muchos armando la ilusión en la calle, donde te envisten y despedazan  los bolsillos. Te cuento algo, quizás servirán aquí mis penas, para que veas el poso donde me viste resbalar y aprendiendo no pongas el pie donde me viste caer,  esto te predico y te vendo y así,  viendo mi desgracia, evites las penas y alcances los premios. En Once, me detengo en una esquina, cuando creo haber hallado y elegido un producto, era un celular que vendía un vendedor ambulante, el precio: Dentro de lo que esperaba,  nuevo, moderno, con su cajita, el manual y los auriculares, todo empaquetado, lo mostraba  mientras  él intenta persuadirme, nombrando como ciertas y acertadas todas las virtudes del teléfono,  él no sabía, que yo, ya las conocía en todas las razones que me daba.   Pensé, no me lo vende caro, está en precio…pero yo… haciéndome  de rogar dudaba en comprarlo   y él con suspiros y lágrimas contaba  lo mucho que le dolía vender ese teléfono, pero como estaba muy necesitado por un problema de enfermedad, sólo por esta vez, me lo vendía, casi a la mitad del precio original. Yo no lo podía creer, si antes me parecía aceptable, ahora el precio parecía un regalo, ese: el teléfono soñado, era lo que yo quería, pero… yo…dudaba,  el precio era muy por debajo de lo esperado, él me explicaba que como no pagaba impuesto y un amigo se lo conseguía directo de la aduana, además… con estas y otras muchas razones que daba, buscaba persuadirme. Mientras él, entre suspiros y penas decía, lo mucho que no quería venderlo a ese precio, que él así, no ganaba nada, incluso iba en pérdida de su bolsillo, pero, que por ser muy grande su necesidad no le quedaba otra… De esta manera, estos creadores de ilusiones  mueven los gustos, dejando abierta la puerta de los descuidos para ganarte con la boca, con sutiles mentiras y  gran actuación. Para mi desgracia, compré el teléfono. Hasta ese momento, pensaba yo, que había sido una excelente compra, había regateado el precio y lo terminaba pagando casi a la mitad del valor, inicialmente pedido. Me sentía el rey de los compradores. Me entregó la caja e hizo un recuento mostrando que no faltaba nada, estaba el celular, la batería, el cargador, los auriculares, el manual, cerró la caja con las instrucciones de siempre, no usar hasta no poner a cargar por lo menos 24hs  y me recomendó que lo guardara y abriera la caja en un lugar seguro, según él,  en Once está lleno de arrebatadores, por la calidad del celular,  era un peligro mostrarlo tan abiertamente. Pensaba, tiene razón, mejor lo guardo y en el tren con más cuidado y menos preocupación  puedo tomar estrecha cuenta de cómo funciona el teléfono, esto fue así,  seguí la ley de su consejo, sólo para encontrarme después con la ley de su trampa, y ver la zancadilla que me hizo.  Por ser el blanco de su puntería, me quedé perdido y sin provecho. Por mi mala cosecha, es mi mano que se levanta y hace puño. ¡Si lo veo de nuevo…!
El empate Te juro, Carlitos estuvo toda la semana hinchando con el partido del sábado, era de lo único que  hablaba, hacía  aspaventó con su primo, según él, el mejor arquero del mundo, yo le dije: che, vamos a ver si es tan bueno eh, espero que no sea un tronco de carne y hueso como vos eh. Él me dijo -Ya lo vas a ver-, y siguió  con su tono de amenaza y apuntando con un dedo, -si te haces el vivo, como la otra vez, el lunes te traigo en cama-.  Eso si me agarras, sentencié.  Entonces le dije: Ahhh… si te acordás  de la otra vez, es porque te dolió y mucho, el caño que te mandé, ¿te acordás o no? y que varias veces quedaste desparramado, mirando mi espalda y viendo como encaraba para el arco. –Vamos a ver si podes repetir la historia- Me gritó mientras se iba. No sé si sabías, el picadito será el sábado, en la canchita del viejo López, si ya sé, esa canchita está maldita, siempre que jugamos ahí empatamos o perdemos,  pero bueno que va… pienso, un día tendremos que romper esa desgracia. Para poner a prueba el talento llovió toda la noche.  Yo ya sabía la repuesta y sólo para cumplir con el ritual le pregunté a Carlitos: Che,  la cancha está media barrosa ¿jugamos igual? Me respondió  Con la picardía de sus días mejores,  mostrándome una sonrisa amplia y generosa que dejaba ver su teclado de baldosas sueltas. Tempranito estábamos en la cancha, Los mejores exponentes de una extirpe legendaria ya casi extinta, ja, ja,  el gordo Aldo,  Roni, el ojo de  Carrizo y nuestro jugador estrella: El  Pitu.   Como todos dicen, es un capo con la pelota, juega en el medio y ahí  en el medio, es el patrón calidad, sacrificio y huevo del equipo.     Con una cintura mejor que una odalisca: El Pitu, lo menos sospechable, delgadito, bajito, frágil, rápido,  el disfraz perfecto para ocultar y disimular el tremendo carácter de ese león perfecto, de talento exquisito.  Ellos no tienen un jugador estrella como nosotros, pero tienen un equipo que juegan juntos desde chicos, se conocen bien, sus pases son de memoria, de toques cortos, rápidos, cruzados, por arriba o por abajo, son precisos. Si no los marcas bien, estos te llenan la canasta.  No necesito echarlo a cara o cruz, le di a Carlitos a elegir el arco. Te juro, no lo vas a creer, el Pitu, de entrada dejó ver el hilo con el que está hecha su tela. Cuando lo vimos  jugar. Todos  decíamos: El tipo este, es muy bueno. Él solo les hacía frente, y gracias a él, el primer tiempo terminamos empatados cuatro a cuatro, y sin contar las pelotas que sacó Manotas, (Le dicen así, en alusión al pulpo)  el primo de Kike, que no era bueno, es buenísimo. Que si no fuera por él, le pegábamos una goleada histórica al equipo de Kike. Manotas  con su oficio de  arquero,  sabe leer muy bien los gestos de los delanteros para predecir donde va ir la pelota,  y así sacar ventaja de su ya, segura agilidad, si a eso le sumamos,  su increíble  intuición en elegir el palo correcto.  Es  impensable  la calidad que exhibe este cristiano, más allá de la fama que ya tenía. Según Kike, su falta de ambición lo llevó a rechazar la oferta de ir a jugar en un equipo de primera. Fue una pena para ese don tan maravilloso. A Carlitos lo asistía su hermano, con esa parsimonia de buen jujeño. Brillaba con humildad, con un brillo silencioso. Tiene esa inteligencia para darle calidad a la distribución del juego, con  el impulso en el momento preciso, con esos pases micrométricos, nunca lo vi dar un pase adelantado o atrasado, siempre ahí, al pie. Terminamos el primer tiempo. El Pitu arrancó cansado el segundo tiempo, más tranquilo, ya no corría tanto. Pero igual, ya cerca del final,  con un amague de cintura dejó uno en el camino, otro quedó desparramado ante la filosófica gambeta del cambalache, tres, cuatro y, lo vio venir a Carlitos,  apuró el pase antes de recibir el hachazo y quedar despanzurrado de trompa, haciendo sapito en el barro. Todos no reímos…pero no se levantaba, después  nos asustamos. Te juro. Parecía que  el golpe fue brutal. No fue nada grave, después se levantó como si nada, para festejar el gol. Con ese golpe Carlitos nos avisaba que no piensa perder por goleada y con una actitud resignada y poco digna establecen una cerrada defensa de trinchera para evitar la humillación. Les íbamos ganando cinco a cuatro y parecía que se venía el sexto. Por fin rompimos la racha perdedora en esta canchita.       Carlitos con su esotérica significación, detrás del arco le hacía tres nudos a la bandera, mientras juraba por todos los santos cumplir con la promesa de pagar un asado  para el equipo si ponían huevo y nos empataban. Yo siempre lo dije: Esta es una pasión para sufrir y disfrutar y en este momento, esta pasión me desbordaba. Hasta que, en una contra con precisión, de Carlitos y su hermano.  Cinco  minutos finales del partido.  El tiro libre. Pelota al segundo palo para  sufrir…   cuando pasa rozando el palo derecho y gol. Cinco a cinco. Ante el error de la defensa. Gritos y reproches iban y regresaban,  llenos de ridículos pretextos. Vino el gol. Después el desorden con inexplicable desconcierto. Se había perdido la serenidad.  Afloraba una terrible impotencia, naturalmente era sólo un gol, una claudicación momentánea aun faltaba algunos minutos pero… EL Pitu  solo ya no alcanzaba. Tampoco lográbamos remendar nuestra desgarrada defensa. Cansados con el respirar fatigoso. Parecía inminente que ellos nos terminaran ganado seis a cinco. Carlitos con toda la potencia del asecho. Con esa picardía, merodeando por los  lindes del arco, tremendamente provocativo. Recibe un pase por lo alto, salta y con el pecho la deja ahí, dormida. Se da vuelta y le pega a la pelota con una ternura calculada. Yo veo como queda él solo.  El miedo atroz me cercó, yo sentía que no podía pensar en nada, lo único que allí existía era, esa mirada de sangre en el ojo de Carlitos, salió el tiro y entonces bruscamente mi mano se elevó abierta y esquinada, luego cayó hecho un puño y con un golpe seco que no justificaba mi fama, me quedé con la pelota.  Ni yo lo podía creer. Lo veo solo a Carrizo para salir de contragolpe. Se la doy de primera. Elude a uno y otro. El Pitu con señas se la pide, pero…    Ese caprichoso incurable, ese egoísta reincidente, que se cree con todo el derecho de posesión sobre la pelota, se corta solo. Carlitos de atrás lo barre con `pelota y todo. ¡Qué bronca!  El Pitu se la pedía solo frente al arco. Ese  era el gol del partido. Como en todo el partido,  otra vez se queda con la pelota para perderla de nuevo. Te juro. Yo no lo entiendo. Si ya pasó a uno y a otro que le cuesta pasarla al compañero. Te juro, no sabés la bronca que me dio. Ver al otro gritando, levantando la mano y el, ahí intentando una jugada más.  De nada sirven los reproches. Un silencio seco y tolerante nos reprochaba la falta de ambición.  Solo nos quedaba la espera del pitazo final en actitud pasiva y resignada al empate. Pitazo final para sostener la racha perdedora en la canchita del viejo López y acrecentar la dicha de Carlitos. Ya encontraremos otra  buena oportunidad para vencer con esa porfiada y trabajosa  pelota que se resiste a besar más la red. 
el empate
Autor: gonza pedro miguel  85 Lecturas
Palabras Con su vocación congénita  las palabras atesoran la identidad de los goces, los deseos, las frustraciones y las guardan en imágenes que se revelan en lo que decimos. PMG …Cuando ya no quedan más palabras Cuando está todo dicho Sólo queda el silencio. PMG     Ya fue sembrado el desaliento, con la mirada vieja, con el amor gastado y la pasión tibia. De a poco de a rato aunque sea de a tantos antes que muera del todo la esperanza hablemos un poco. Quizás pueda descubrir o comprender o descifrar la esencia de lo que nos pasa. Quiero saber dónde se sembró tu desaliento,  ese que ahora se infiltra en  gestos y en actos. Lo seco y desabrido se hace cotidiano con esas palabras lavadas, palabras que se vuelven ausencia, palabras que marcan distancias. Recuerdo esos labios proselitista arengando a viva voz el fuego de la pasión. Para mí este recuerdo tiene un encanto partidario. En ese momento tu voz era diferente, decía otra cosa, tenía otra voluntad. Probablemente la mayor dificultad que hoy enfrentamos sea la palabra, para nosotros se está empezando a convertir en algo de mal gusto. Pareciera que para vos, recordar el pasado es invadir el presente con un recuerdo fósil. Yo sé  que juzgar el pasado no es una tarea fácil, pero… Tampoco busco el encadenamiento afectivo,  ni quiero la distancia que nos hace extraños. Quiero que hablemos. Quiero que recuerdes alguna palabra que sobreviva al olvido y que aun hoy nos acompañe. Quizás ella, con su recuerdo nos defienda, nos dé algún aliento, siembre alguna nueva esperanza. Antes al menos  teníamos enfrentamientos verbales. Si ya sé, nos decíamos cosas injustas. Después los perdones, las disculpas. Hasta que un día, se hizo moneda corriente y nos empezamos a decir cosas irreparables. Entonces simultáneamente  empezamos a callar. La presencia inevitable en la cama, hace más incómodo el momento. El silencio, en este lugarcito tan íntimo, hace que la soledad sea total. Yo estoy tan podrido de ese silencio brutal, que te busco con la mirada y vos me huís. Ahora al menos nos miramos. Hay una extraña iluminación en tu rostro, a veces pienso que intentas ocultar una alegría, porque se supone que debemos estar con caras largas. Aquí en el borde de la cama. No quiero solo tu mirada, quiero que me digas algo. Presiento que hay algo que me quieres decir. Si tus labios callan esa lágrima rodando por tu mejilla me cuenta todo. Si hasta hace un minuto quería que hablaras, ahora quiero que cayes.       
palabras
Autor: gonza pedro miguel  87 Lecturas
Luciano Mamá –Luciano. ¿Por qué Llora tu hermano? Luciano -¿Por qué siempre que él llora yo tengo algo que ver? Mamá –Bueno, vamos a ver. Benjamín. ¿Qué pasó? Benjamín –Me quiere quitar la pelota (llorando) Mamá –Luciano. ¿Te das cuenta? Tengo razón o no en preguntarte por tu hermano. Luciano –No mamá, vos no entendes nada. Yo estaba jugando con la pelota, la dejé ahí, para ir al baño.               Cuando vine, estaba él con la pelota.  Yo se la pedí y se puso a llorar. Mamá –Luciano vos ya sos grande, èl es chiquito. Deja que tu hermanito juegue tranquilo o jueguen los dos  con la pelota.         Luciano, tenes que aprender a compartir. Luciano –¿Yo mamá tengo que aprender a compartir? ¿Y él? Por qué no le enseñan también a él a compartir.        Cuando él llora: Yo tengo la culpa. Cuando él quiere algo: Yo se lo tengo que dar. Y todo eso porque él más chiquito, ¡Ay Mamá! Vos no entendes nada. Él tiene seis y yo ocho. Ni él es tan chico, ni yo tan grande.        Mamá, él es un manipulador,  sabía que yo estaba jugando con la pelota, sabía que vos estabas en la cocina y por eso llora, él sabía que ibas a salir y me ibas a pedir que le dé la pelota. (Llorando) Mamá, él quiere todo lo que yo tengo y él sabe que ustedes se lo dan. Mamá –Luciano, Benja es chiquito, no entiende muy bien cuando le pedimos las cosas, por eso te pedimos a vos que sos grande y entendes más… Luciano -¡No Má! Vos no entendes nada. Él entiende todo. Cuando vos le pediste que no le tire la cola al perro por que le puede morder, él dejó de tirar la cola. Cuando fuimos a los chinos, y vos le pediste que no pida golosina porque no tenías plata, él no pidió ni un caramelo. El otro día cuando papá le pidió que haga silencio porque estaba hablando por teléfono: Él calladito. ¿Entiende o no lo que le dicen?  Te das cuenta Má. Ahora me saca la lengua, burlándose de mí. (Benjamín detrás de su mamá se burla de su hermano)       ¡Ay má! Vos siempre llegas tarde. A mí me retas por todo y a él nunca le decís  nada.  ¿No te das cuenta que él es un manipulador. Mamá –Luciano,  mejor dejemos solo a tu hermano, necesito que me ayudes en la cocina. Luciano –No es justo má, él se queda jugando y yo tengo que ir a trabajar. Mamá (Riendose) –No protestes Luciano, es una ayuda mínima, mientras charlamos un poco de la escuela. Luciano –Bueno, hablamos pero no quiero hablar de Pablo sapito. Mamá –¿Qué pasó con tu amigo? Luciano  -¡Hay mamá! Vos no entendes nada.  Si te digo que no quiero hablar de Pablo sapito, es que no quiero hablar. Mamá –Lu.  Pablo sapito es tu mejor amigo, si pasó algo lo tengo que saber. Luciano -¡Mamá! Te dije un millón trescientas quinientas mil veces que no me llames “Lu” si te escucha algún compañero, voy a tener que aguantar las burlas. Mamá –Yo te lo digo de chiquito, aquí entre nosotros… Luciano -¡No má! ¿Vos nunca entendes nada? “Lu” es para las nenas, no es para los varones. A Carmen Lucía Manterola  las amigas le dicen “Lu” Mamá –Bueno Luciano, entendí. ¿Qué pasó con Pablo sapito? Luciano –Nada má, si te cuento, vos no vas a entender nada. Mamá –Inténtalo, quizás te sorprenda. Luciano –¿Por qué las mujeres son tan complicadas? Mamá –¿Por qué lo decís Lu? Luciano –¡Má! Mamá –Bueno.  Ya está, me olvidé por la costumbre. ¿Qué pasó con eso de las mujeres? Luciano –Explícame, porqué no lo entiendo. Lucía Manterola en el primer recreo jugaba con Pablo sapito y después,  a mí me regala un alfajor de chocolate y coco. A Pablo sapito le pide la regla y a mí me pide la goma. Yo digo si le gusta Pablo sapito porqué no le pide a él la goma y le regala a él el alfajor y  si gusta de mí porqué no juega conmigo en el recreo y me pide a mí solo las cosa que necesita. Yo le dije a Pablo sapito: Lucía está jugando con los dos. Pablo sapito dice que no existe nada entre los dos, que son sólo amigos. Mamá –Pero Lucía, ¿te dijo que gusta de vos? Luciano –Te das cuenta má. Vos no entendes nada. No se regala un alfajor de chocolate y coco a alguien que no te gusta. ¿Entendes? Mamá –Luciano te voy a decir algo y espero que me entiendas. Si Carmen Lucía no te dijo que gusta de vos y tampoco le dijo a Pablo sapito que gusta de él. Eso quiere decir que no lo dijo. Mientras ella no lo diga, eso quiere decir que sólo son amigos. Que a vos te regale un alfajor de chocolate o que juegue con Pablo sapito en el recreo, lo único que eso implica es que Carmen Lucía los quiere mucho, a los dos, como amigos. Porque eso se hace con los amigos, se comparten las cosas que tenemos,  un alfajor, una regla, la goma, un recreo. ¿Me entendes? Luciano –Mmm… Si má. Entendí. Lo de la goma, el recreo y la regla lo entiendo, pero  con el alfajor de coco y chocolate tengo dudas.            
Luciano
Autor: gonza pedro miguel  110 Lecturas
Es cierto que se fue es mentira que no está A esta  torpe y estéril pluma                                                                        ruego a Dios la fecunde           y milagrosamente muestre la más ingenua verdad. Es cierto que se fue, es mentira que no está.                      Sigue intacta su presencia  y tan alto es el precio de su ausencia ¡y vale tan poco mi morir! que agonizo por la congoja. El silencio me declara lo que ella no me puede decir: Que nuestras almas unidas con admirable trabazón No tienen extremos distantes por la unión del amor. PMG   ¿Qué me queda? El saldo flaco de tus caricias y besos. Miradas pobres, llena de numerosas cautelas, haciendo verdad lo que pronosticaron los agüeros. Atrás quedó tu mirada clara, que sabía amar como Dios manda y que ahora sabe odiar sin atenuantes como el diablo quiere. Eras abrevadero y embalse de los cartuchos de mi pluma. Hoy, como cada mañana, desde hace un tiempo atrás, recibo mi cuota de rencor en tu mirada distraída. Ya cenizos y menguantes. ¿Qué haremos con los sobrantes? Si nos sobra omisión  en nuestros deseos muertos. En todas partes sobra el olvido, en la cama, en la mesa, en las miradas. Ensimismado en el espejo me devuelve mi mirada y descubre el veneno del tiempo,  el desierto, la desnudes plena, la aridez en los pliegos de un cuerpo que ya no reconozco como mío. Mientras miro en la nostalgia hurgando en la memoria pienso: ¿Qué aré con lo que me sobra? Con este cuerpo que está de más, esperando que la vida me borre como a un error. Vuelvo para mí. Hacia mi pequeñez, para creerme algo o alguien. Pensar que en tu mirada era. Ahora presagio de sombra y abismo de olvido. Hoy el silencio nos habla en nuestra soledad, en el camino de nuestra ausencia con su voz callada. Ceniciento en el ocaso, este cuerpo viejo ya nadie lo codicia, sus manos fósiles apenas toman la pluma. Me regalas alguna esperanza, cuando recobras temporalmente tu memoria, cuando me devuelves tu mirada que me ha sido tan rentable.  Me quiero dormir primero para quedarme con esa mirada, tan de mi alma,  tan presente, antes que, de nuevo te hagas ausente.  
La soledad Esa sombra en el vacío deja en hipótesis:                                                                                                                              El sexo, la pasión, el deseo. La soledad no es libertad. La soledad es un vacio que no llena, es un mar que te ahoga en la desnudez y un desierto donde se esconden los afectos, se acunan las culpas y  se acumulan los temores. PMG  Hay quienes se resisten a vivir, cultivando la soledad, llenándose de culpas y de pánicos, midiendo los riesgos. Merodeando por la vida, enclaustrados como en un laberinto,  llevando ese desaliento tímido y portátil, en sus actos, en sus ideas, en sus proyectos. Cómo quisiera que no fueras así, que tomaras la vida por la fuerza, no como esos que deciden irse de la vida sin gozar. Sabemos que el odio y el rencor, cuando perviven en la memoria: Desnudan el alma de esperanza. Enquistada la memoria de miedo, de rencor, para empezar de nuevo deberás aprender a perdonar y olvidar. Los melancólicos, los trágicos, los temerosos,  instalan  cerrojos. Retira los cerrojos de tu pecho, si bien te exponen en carne viva con las virtudes y los defectos. Con el alma a la intemperie es posible que alguien pase y se enamore de tu ser. Deja la puerta abierta, para que, si alguien pasa, sepa que puede entrar. No dejes que tu rencor, o el miedo  circulen joven por tus venas. Deja de estar velando sobre tus escombros, como ruinas que desilusionan. Los ecos de tu belleza no están cancelados. La vida no es despiadada o tierna si aprendemos a vivir. Nos queda una certidumbre. En el perdón,  está la clave para tu suerte. Aprende esto: La felicidad llega a pedacitos. La dicha y la gloria son retenidas a puro ánimo, a fuerza de lucha, y se derraman fácil, así, en miedos, en celos, en culpas, en las propias incertidumbres, en la falta de fe. La sequía viene si miras demasiado en amores residuales, se acrecienta con el tedio y el aburrimiento Están las cenizas y están los fuegos, está el pasado y está el futuro. ¿Dónde pondrás tus sentidos? ¿Dónde apuntarán tus esperanzas?            El horizonte es el borde de la esperanza, sin embargo hiere por la distancia. No tengas miedo: El futuro siempre tiene aristas de quimera. La verdad es que todo lo que podemos amar, todo lo que podemos tener, existe más acá del horizonte, están más cerca de lo que imaginas.    
La soledad
Autor: gonza pedro miguel  84 Lecturas
Vos Vos. Como en una lectura crítica, para ser pensada de nuevo. Tu imagen como una idea que merece un repaso. Como un libro te releo en mis insomnios. Desnuda te sueña mi mirada. Aunque creo que esta lectura tiene arista de aventura y de presidio. Con un pie en la tierra y el otro en el cielo. Curioso espío en tu interior para ver si mi esperanza crece, para calmar mis miedos, ávidos de saber si resucitarás mis dudas. De todas tus miradas quiero aquellas, las que me miran con atenuantes, las que me ven sin falta. Las quiero porque  que dejan huella. Mi pecho no se olvida de su hoguera, cuando tus ojos me dejaron entre cielo y la tierra. Me gustan tus piernas dulces y tiernas. A veces, yo me pregunto. ¿Necesito pensar tanto en sus piernas? Yo me digo que sí, tengo derecho en pensar en aquello que quiero. Es un descanso activo para mis ojos poder mirarte inexorable en mis sueños.   Lo que más me gusta de vos, cuando dulce y prodigiosas tus manos tibias, me reciben abortando tus ausencias.  
vos
Autor: gonza pedro miguel  101 Lecturas
  Yo siempre le tuve un miedo particular a un cielo alborotado, cuando era niño, una tormenta igual sepultó de granizo mi infancia con un viento como aquel que ahora corre, desparrama y destroza las flores de mi jardín,  por todas partes comprendo el terror que me causa  y este cielo  con un viento arraigado en la oscura nube, el trueno en el asecho y el estruendo que parece precipitar el techo, en el cielo abrió la herida con un tajo de tanto resplandor y yo con la espera del estallido que me devuelve esa antigua visión  de cuando era niño, cuando el miedo paralizante y atroz me cercó. Cayó una piedra hecho un puño, luego otra con un golpe seco, luego otra y otra con ruido tronador. En un espejo vi mi cara de terror. Después el silencio y el silbido ronco del   viento agazapado me descubre por un segundo por donde salió el sol  que evoca mi nostalgia. Dos días que llueve y la gota cava en mi paciencia sobre el peso muerto del tiempo. Esperanzado en la promesa “Siempre que llovió paró”  tanto cavo la gota  que abrió en mi imaginación, lo que el tiempo, una vez  se llevó, y esta lluvia en diez  me lo recordó, una detrás de la otra brotan las imágenes de cuando era niño, que cuando una suelto, la otra queda asida  en la raquítica soledad, en el largo silencio, donde mi memoria hizo la cuenta. Me he interrogado y Creo que puedo ser franco en cuerpo y alma  de lo que ahora soy y de lo que puedo ser de aquí en adelante. El álamo con sus ramas en desorden,  resistiendo estoico el ímpetu furioso con ese orgullo casi jactancioso de enfrentar el viento en su práctica porfiada y trabajosa. Pienso: siento una profunda envidia por ese álamo que firme en su postura  me brinda un ejemplo para vencer mis miedos. Pienso en el álamo y en la tormenta y los tuve por buena suerte, siento que ahí está el secreto para sufrir la vida o alcanzar otro tono, y  cambiar ciertas dudas del pasado y resolver mis  problemáticas vergüenzas.  
La tormenta
Autor: gonza pedro miguel  102 Lecturas
Tan lejos, tan alta y escarpada.  Con un adiós en la mano. PMG   Con cuarenta y nueve años, pisando los cincuenta. Según vos, tengo los defectos de la juventud, dices que soy algo ingenuo e inmaduro, casi un niño.  Yo pienso, si me ves así, con ese gesto, te debo parecer ridículo y patético.   Yo no me siento ingenuo o inmaduro, me pienso diferente, conozco muy bien mis recovecos, cada esquina de mi ser, sé muy bien donde pisa mi sombra. Sí, soy un poco triste con vocación hacia la alegría, un algo distraído, quizás bohemio, y un poco tímido, y lo que más odio es la parte mecánica y rutinaria de las cosas. Un día feliz para mí, es ese que está por fuera de la rutina. Quizás lo que yo pueda decir de mí, vos creas que no me representa. Pero, cuando uno escribe, inexorablemente la pluma refleja el ser. Por eso, cuando escribo, dejo que mi tinta corra libre, no me preocupo por crear páginas pulcras. A las ideas, he aprendido a no frenarlas, a dejar que las distintas circunstancias que convergen en un texto fluyan sin perder el equilibrio.  Antes escribía con letra urgente y tropezada… pero, ahora mi letra es más fresca, algunas veces despreciativa, protestando contra  broncas apretadas, otras veces mi pluma se levanta  romántica y optimista. Cuando leas mi letra será como quien ve mi  cara en un espejo, será entonces una oportunidad, para encontrarte conmigo mismo en  una constancia escrita de  mi ser desnudo. Quizás leyendo en mi ser de papel  puedas conocerme mejor.  No sé, quizás cuando estoy con vos exhibo  esos gestos juveniles, pueriles. Pero yo no me doy cuenta, sí me siento un poco diferente, pero no a ese extremo. No sé, tal vez, la causa de eso son tus ojos. Cuando siento tu mirada sobre la mía. Mi ser que se sabe dominar pierde su cuota de control, con la exasperación que le otorga tu figura. Una cosa sé y es que mis actos “juveniles” no encuentran eco en tu maduro ser. Te ves tan alta y distante que me doy cuenta de que no quieres que te alcance.           
Testigo absoluto de la otra orilla   A estos labios de buen abrigo no cumplen  acompañando. Acompañarán más, negras las sombras en la oscura noche, que la mano que no acaricia, el pacho que no ama y el labio que  no besa Valiera más, quién besará una espina. Que me importa esa figura de fuego, si no comparte su llama con mis dedos. Que no sólo a tus ojos rogué Que no a tu pecho llegó. ¿Quién pondrá una mano sobre esa astilla? Si de su pecho brota el cañón de sus rencores. Que ni sombras queden aun de las cenizas del áureo fuego de sus ojos idos.  Si ya  nos trasmitimos en un beso, por eso creí en el cielo azulísimo de sus ojos, cuando su labio me bendijo, y puse su nombre en alabanza. Visité su templo, adoré sus reliquias; como si todo fuese a la medida de mi gusto, confié como verdadera la visión de mi mundo, que expresaban su fe y su esperanza a través de sus melódicas curvas que aquí  se transcriben en mis versos. La amé: Con la fuerza del sacrificio, con la voluntad del deseo, pero con la abundancia de mi miseria, y no alcanzó.  Mi juicio es un perjuicio. Me llevó la corriente, me arrastró por los repechos barranca  abajo, para terminar con voz exánime y ánimo decaído; en semejante situación de mi espíritu, dejándome torcido para toda la cosecha, mostrando mis pesadillas físicas; así, finalicé : Como un muestrario de andrajos, de los que ahora se dicen “libres” Con una actitud más propia de un mendigo que de un enamorado. Lloré mucho, echándome las manos a los ojos, escondiendo la cabeza entre las piernas como el pobre que se humilla y sólo se reconcilia a los  pies del suplicio, pero no alcanzó, las mil súplicas no dejaron en blanco los cien pecados cometidos de mi indigencia.  Cuando la vi, le dije: Ahora no te andes con etiqueta, con esas ridículas delicadezas; que ya me di cuenta que son engañadas mis esperanzas. Con unas copas tomé coraje, y con mi lengua,  sierpes de fuego de agitador undoso, le escupí mis verdades en cumplimiento de mi deseo, Lo que yo quería,  cantarle cinco frescas.  Le dije: ¿Qué delito cometieron mis ojos cuando te vieron, para recibir tanto castigo del cielo? Aunque sólo te amé, no entiendo con qué te pude ofender, por eso quisiera saber. Negándome la verdad no alcanzaré la calma, pues  mi pecho y mi alma ya te hicieron juramento. No me pidas que espere un momento. El perfume a la flor delata. Que una fría moneda de plata puede más que este pobre juramento. Tan linda, tan ángel. Apariencia mentida. Comerás del pan que el mismo diablo amasó. Ella movió la cabeza de un lado al otro negando, y me dijo: A trueque de perder los sentidos. Que no hay quién en el  vino no tenga razón, en él siempre se vive de verdades exclusivas. Vos tendrás tu razón, yo las mías. Después de eso me nació una implacable urgencia de abandonar esos ojos claros, que me quedaban tan lejos, tras eso, una angustiosa necesidad de estar solo. Había tomado más copas de vino que el mismo Baco; de cuando en cuando, algunos tropezones me recordaban porque no tomo seguido, pero aun así, más de un gesto de desprecio me hicieron conocer, que es mejor ser  amigo del vino y dar la cara contra el piso, que poner el pecho entre sus manos.  Pero, después, hay que aguantar sus obsequios, a la mañana me quedo con un coscorrón bien fuerte y torniscón por despedida de tan desconsiderado cariño. 
Najuá El amor es un ritual en el oasis, en este desierto de actitudes pasivas, casi inerte, de espera equivoca. ¿De esperar qué? ¿Sueños en andrajos, derrotas en hilachas? No miramos lejos, aunque a veces vamos perdiendo nuestros pánicos otras veces temblamos juntos nuestros miedos, peor aún, el enemigo no siempre es el mismo, en cada esquina cambia de rostro, por las noches encontramos los miedos en cada sombra, nos escondemos en los derrumbes, le ponemos un candado para que no nos roben ese poquito  que nos queda; el pan, la cama, el techo de una vida provisoria. Husmean buscando el mango fácil, milímetro a milímetro, te estudian y detrás de la enramada esperan para el zarpazo. Nos desventura la violencia y la sangre derramada que rompe la paz y convierte la vida en accesoria de las cosas, un espiral que crece y oculta el sol. Habrá que recordar la pedagogía de lo solidario, labrar un destino que rompa la tragedia con el individualismo y sus escases que vienen pisándonos la huella por estos caminos rotos.   A veces, pienso: Es poco, casi nada y no sirve, pero ¿Dónde ir? Si cualquier sitio es como este sitio donde se perdieron las serenidades y llueven las  desesperaciones.   Mi amigo mira  con un ojo, espía con el otro, de paja y barro su mano, de hiedra y piedra los pechos. Podemos ir en el error hasta nutrirnos de melancolías y sorber de las soberbias o pensar en el inicio, no siempre esto fue así, una vez fue diferente. Al que acompañaba el camino antes le decíamos: Najuá, que hoy traducido sería lo mismo que decir, padre, hermano, tío, amigo, etc. Antes no se necesitaba separar, diferenciar unos de otro; éramos uno. No existía Pedro, tampoco Juan; la individualidad es un producto más reciente, los nombres que existían por ese entonces eran por ejemplo luna, lluvia, piedra, oso; estos nombres nos relacionaban con la naturaleza, nos emparentaba con la madre tierra, y la tierra nos unificaba. Éramos parte de una misma razón, un mismo fin.  Antes no existían los nombres, no  necesitábamos los simulacros, esos, ilustres apellidos que  luego segregan  desde la cuna los amos del esclavo. Fue germinal y aguda esta fragmentación. La idea  de la propiedad comenzó con el nombre, continuó con las cosas; terminó con la tierra. A veces pienso que somos vocacionalmente fatalistas. No vemos con claridad que la retórica del sistema es insultante para el género humano, creemos saber donde estaba lo bueno, pero equivocadamente decidimos quedarnos con la maldición domestica de los nombres.        Yo pienso que cualquier sitio puede ser ese sitio donde empezar de nuevo, done lleguen las esperanzas y partan las individualidades.        
Nahuá
Autor: gonza pedro miguel  79 Lecturas
La rebelión de las musas   Con  la mirada en la luna buscaba esa imagen pura… pero, después de un tiempo,  finalmente surge esa imagen fraudulenta, algo espuria de la luna. Yo sé que esa imagen de escombro que recibo no es la que busco ¿Cómo recuperar el equilibrio, en la fidelidad a lo bello y la justicia en la voz del relato para que adquiera valor en su conexión con el ser del objeto? Me doy cuenta que las musas, como portadoras místicas de los dioses,  me quitaron cierta osadía, que ya de por sí las tenía en dosis mínimas, y mataron más de cien ideas recién nacidas. Nadie pude ser fiel a la hermosura sin la seducción retórica de las musas, con esa mística generosidad. Ellas tienen la vocación congénita de la palabra, Antes de ella: Almas en pena; después de ellas: Almas en gloria, y con ellas, es real esa capacidad de lo suficiente para contemplar, descubrir y comprender el ser de lo sublime, mientras nos va llevando de la mano y cuando no lo queremos escribir nos va arrastrando de los pelos; alimentando visiones, alentando ideas.  Una parte de nosotros queda ahí, en la letra trasmutando, y así, el texto se hace la morada de las musas. Evidentemente ningún texto puede llevar por sí mismo ni una revelación, sin el aporte de las musas, ellas ponen de manifiesto esas esencias atesoradas, dejan en evidencia los signos estéticos de la identidad de las cosas. Sin ellas la pluma nos reserva, pérdidas, fracasos, sucesivas derrotas, cosechando sólo frustraciones, hay que prohibirse escribir sin esa tutela, sin ese legado de lo divino. Las palabras que brotan por la inspiración, son palabras lavadas, limpias, puras, y con ellas, las musas, adquieren una escalofriante verdad, siguen siendo palabras, pero, ante la mirada atónita del lector, se hacen arte y es la magia de la literatura que las hace renacer.    
Billeteras peligrosas En Buenos aires sus calles son rectas y cuadradas, sus esquinas: Triángulos rectángulos, con sus calles paralelas cortadas por rígidos  sextantes,  pero en una esquina de mi barrio, en esta ciudad, esta  ley de la geometría del espacio recto se rompe con algo hermoso y secreto: Esas curvas. Pensé: Tiene que haber algo especial detrás de tantas generosas curvas. A esta altura nadie quiere morir de incertidumbres. Para probar el ser de mis inquietudes; un día me animé y la invite a cenar. No hubiera sido de comentario, pero desde el primer encuentro noté que era diferente. Ya en el Resto Bar yo buscaba condimentar la charla con exóticos ingredientes, pero no se me caía una idea. Nos miramos y al mismo tiempo nos huimos la mirada. Yo traspiraba, no sabía qué hacer con el silencio, esa pausa se hacía insoportable. Fue mi salvación. Se acercó el camarero y   lo primero que ella pidió fue un buen vino tinto Malbec, me miró y me preguntó, -¿O preferís un Torrontés- Para no pasar por un ignorante en cuestiones de vinos,  le dije –Prefiero un tinto, pero que sea Cabernet Sauvigñon El camarero, era un tipo bajo de mirada tranquila y de gesto bondadoso nos entregó la carta de connoiseur, mientras nos decía: Tenemos un vino nacional de la región de Mendoza. Suave, elegante, con gran frescura en el sabor frutal; presenta sus aromas equilibrados de buen Bouquet y es de Gran Reserva, con una crianza de dos años en madera y tres en botella, o bien puede degustar un vino importado de Italia, de la región de Piamonte, este vino piamontes, el Barolo, está elaborado con uvas Nebbiolo, es una variedad característica de la región, que produce vinos de cuerpo medio suave, muy perfumados, que maridan muy bien con las propuestas gastronómicas de la casa, y encuadran mejor con el gusto femenino. Mientras él me explicaba, de pronto me puse a pensar en el precio de esos vinos. “Deben valer una fortuna, especialmente el importado” pero cuando ella me miró y esas curvas me explotaron en los ojos, sin dudarlo pedí el importado.  Él, continuó diciendo: Para cenar recomiendo una de las opciones más apreciadas por el chef como por ejemplo: “Los riñoncitos al vino tinto” o puede degustar otro plato estrella, algo más original: El bife al ajo con un mil hojas de papas.   Después de eso la conversación giró en torno a trivialidades propias y ajenas, nos reímos un poco  de la cocina “Gourmet” del lugar, porque al final decidimos pedir “El bife al ajo” que más allá del pomposo nombre en realidad era un bife con papas fritas; igual estaba rico. El vino, sí que era bueno. Cuando llegó la cuenta, me dijo –Dejá querido, yo pago-. Yo me sentí un poco incómodo, porque no sabía que decir, era la primer cita y no quería incomodarla, ella se dio media vuelta sacó su billetera y a tal punto llegó mi desconcierto que debió ver algo en mi rostro que la invitó a dar una explicación. Empezó diciendo    –Lo que habrían hecho nuestras abuelas o nuestras madres hoy forman parte del limbo de los explícitos, hay que soplar el polvo a esos modelos obsoletos. Yo pienso: Cuando el hombre tiene el poder del dinero, cree que eso le da el derecho a imponer su voluntad al hacerte dependiente de su bolsillo; es obvio que sí uno es económicamente independiente, eso va a ser más difícil, no quiero vivir como otras mujeres que viven frenadas, empequeñecidas a la sombra de un marido. Quiero la libertad en la decisión, no la espera en actitud pasiva de la aprobación. Mientras lo decía yo admiraba  esas ideas, en cuanto no eran vulgares y la miraba a ella como si fuera una divinidad. Con la intensión de atraerla  le dije todo abobado, dando a entender que la pretendida pasión existía a priori: Yo también creo en la libertad de género con base en el equilibrio de las fuerzas. Después de eso, al mes me mudé de mi humilde departamento de Charcas al 900 al Hilton de puerto Madero, abandoné mi viejo Fiat Uno por un Toyota importado que ella me regaló, abandoné el salón de clases y de profesor pasé a consultor; me fui  a trabajar, con ella  a Mafry Coorp Art, una de las diez empresas con mayor penetración en el mercado local, dejé los verbos y las oraciones para hablar en la jerga académica de las nuevas tendencias  de marketing, mercado digital, telepresencia y  otras yerbas. Era mí jefa y esta situación no parecía anunciar lo que después iría a precipitarse. Con esa herramienta de siembra que son sus ojos, me hicieron caer, dejando de lado ciertas cautelas, bajo la fórmula dominante de sus curvas. Fue bastante sutil como para confundir las fachadas. Yo sentía  que no podía decir nada, me movía entre las apariencias. Desde el principio me sacó ventaja, y ahora no puedo ni podré encontrar una salida a esta falsa prosperidad. Viendo como se aleja mi libertad; y yo cada vez más consciente de esa impostura. Ella y yo somos otra combinación, no la que yo imaginé, atrás quedó esa espontanea coincidencia donde estuvimos juntos en el interés por las mismas causas y las mismas pretensiones de  libertad. El verdadero conflicto está en mí, porque ahora comprendo que soy yo el que siente ahora esa incómoda sensación de dependencia.    
En el derribo fronterizo de la vejez; Yo he visto a varios viejos llevando vuelta la espalda con sus deseos cancelados y cansados de vivir. Cuando llegue el momento, pienso:  ¿Yo también estaré lleno de impostura? O  podrá más mi curiosidad por conocer la verdad desnuda, qué hay más allá  ¿Será mejor el otro lado que esta pobre  existencia colgada de estos áridos momentos?  Merodeando en el habitual laberinto de los abandonos, llenándome de culpas y de pánicos en el cuenco de los desalientos, sin apogeo piden mis brazos algún abrazo, quizás el amor, hace algún  alto en el desaliento, o quizás es falsa esa invitación de la vida hacia la vida, como señor de mis ilusiones me hago esclavo de mis esperanzas. Confieso también esto es parte de lo que tengo. Ayer nomas  cumplí , cuatro décadas y algo más, debutan con estos años, algunos miedos que con el tiempo no se borran, caminos que al contrario se potencian, crece esta idea de no ser más, sin escalas, de una….. De la nada, hacia a la nada va mi vida con sus grietas en mi cielo y en mi tierra donde mi sol esconde su vergüenza flotando entre mis miedos. Ya sé que  los sueños incumplidos son pequeñas muertes, las dudas: Sus espantos, los olvidos: Sus asesinos, pero  a veces quisiera olvidar la muerte, recordando un momento de goce, un minuto de gloria, un día de esperanza, entre tanta sangre derramada quizás un año de paz. ¿Algún día, la vida, podrá ser mía? o podrá al fin esfumarse así como sí nada dando puerta al infinito.  También   sé: La vida quiere olvidar la muerte, pero la muerte no tiene olvido, un día me descubrirá en su memoria, se acordará de mí, de este montón de huesos que eligió no agotarse a través de su pluma, quizás en un vano intento de perdurar y permanecer. Esto también lo sé: Morirá mi ser, ¿pero  la fantasía de su tinta, la juventud de su llama? ¿encontrarán resplandor y destello en el eco infinito de un verso? ¿Será una industria para la postre?  O quizás también a ella se cubra con el polvo viejo del olvido. Cuando pidan licencia mis ojos. Para estas letras amparo y defensa pido y ruego para que no se engañe mi esperanza, que no fueron vanos los oficios de mi pluma; en amigos y deudos hallo señales para mi salvación. 
la frontera
Autor: gonza pedro miguel  75 Lecturas
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gonza miguel

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Argentina
Paradójico mérito
Cuando nos inaugura la intuición,
nos hace lucidos y desgraciados.
PMG
Releyendo mis textos, recorriendo palmo a palmo mi letra me doy cuenta que hay frases, ideas que me sorprenden ¿Cómo están ahí? ¿En qué momento las imaginé? ¿Cómo llegaron a ser parte de mi letra? Entonces percibo que mi palabra vale por sí misma, está protegida de mi ignorancia de aquello que nunca se me ocurrirá, mi palabra tiene ese plus que la hace independiente de mi consejo, ella vive su propia existencia, y así siento dolorosamente esa ajena distancia… pero es mi letra, yo sé que es mi pluma y entonces me siento paternal e importante.
Antes no podía escribir con libertad, ahora me veo protegido contra mi propia impotencia, contra mi miedo o cobardía, me he dado cuenta que mis palabras valen por sí mismas. Es increíble la sensación de libertad que produce el efecto de hallar que mi pluma no depende absolutamente de mí, ella es por sí misma.
Por otro lado pienso, si esta letra no es absolutamente mía, en último rigor a la verdad, nada tengo que ver con ella, y esta es la idea que me mata, esa distancia, esa terrible ajenidad, esa sensación de saber que lo que escribo no es absolutamente mío, sin embargo están absurdo pensar que mi pluma y yo no somos uno.
En sacrificio a la verdad, no puedo dejar de unir mentalmente los dos conceptos, es mí pluma pero la siento ajena y distante.
La agradable ignorancia de pensar que la paternidad de mi letra era toda mía, pero ahí está la intuición con la clara revelación para hacerme desgraciado, para negarme la plena autoría de mi cosecha.
Reconozco mi letra, todavía insegura, próxima desmoronarse con la escasa convicción en lo que dice, pero también está la otra parte, esa pluma vigorosa, como un intruso exponente de lo ajeno, que a mí me deja este sabor amargo de una modesta felicidad.
Esta pluma me da un poco de admiración con su aire desafiante y agresivo, que sabe decir sin callarse sus presentimientos.
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