• gonza pedro miguel
gonza miguel
Paradójico mérito
Cuando nos inaugura la intuición,
nos hace lucidos y desgraciados.
PMG
Releyendo mis textos, recorriendo palmo a palmo mi letra me doy cuenta que hay frases, ideas que me sorprenden ¿Cómo están ahí? ¿En qué momento las imaginé? ¿Cómo llegaron a ser parte de mi letra? Entonces percibo que mi palabra vale por sí misma, está protegida de mi ignorancia de aquello que nunca se me ocurrirá, mi palabra tiene ese plus que la hace independiente de mi consejo, ella vive su propia existencia, y así siento dolorosamente esa ajena distancia… pero es mi letra, yo sé que es mi pluma y entonces me siento paternal e importante.
Antes no podía escribir con libertad, ahora me veo protegido contra mi propia impotencia, contra mi miedo o cobardía, me he dado cuenta que mis palabras valen por sí mismas. Es increíble la sensación de libertad que produce el efecto de hallar que mi pluma no depende absolutamente de mí, ella es por sí misma.
Por otro lado pienso, si esta letra no es absolutamente mía, en último rigor a la verdad, nada tengo que ver con ella, y esta es la idea que me mata, esa distancia, esa terrible ajenidad, esa sensación de saber que lo que escribo no es absolutamente mío, sin embargo están absurdo pensar que mi pluma y yo no somos uno.
En sacrificio a la verdad, no puedo dejar de unir mentalmente los dos conceptos, es mí pluma pero la siento ajena y distante.
La agradable ignorancia de pensar que la paternidad de mi letra era toda mía, pero ahí está la intuición con la clara revelación para hacerme desgraciado, para negarme la plena autoría de mi cosecha.
Reconozco mi letra, todavía insegura, próxima desmoronarse con la escasa convicción en lo que dice, pero también está la otra parte, esa pluma vigorosa, como un intruso exponente de lo ajeno, que a mí me deja este sabor amargo de una modesta felicidad.
Esta pluma me da un poco de admiración con su aire desafiante y agresivo, que sabe decir sin callarse sus presentimientos.
-
  • País: Argentina
 
El amor propio en la esperanza ajena Aprovechemos el tiempo, antes que la vejes nos escombre, antes de que sea tarde para opinar diferente, deja tu agonía de llorar junto a las ruinas, que yo,  desde la carne y los huesos, desde la razón y la locura, desde mi fe más pura: te amaré.
La ruina nuestra de cada día …Los verdugos de los sueños,  estallan en la rutina y en el lodo del hastío  es donde la ignorancia complace.
Yo sé                                                  Yo sé que  los sueños incumplidos son pequeñas muertes, las dudas: Sus espantos, los olvidos: Sus asesinos.  
Yo sé
Autor: gonza pedro miguel  86 Lecturas
La vida quiere olvidar La vida quiere olvidar la muerte, pero la muerte no tiene olvido, un día me descubrirá en su memoria, se acordará de mí, de este montón de huesos que eligió no agotarse a través de su pluma, quizás en un vano intento de perdurar y permanecer.
Cuando siento tu mirada Cuando siento tu mirada sobre la mía. Mi ser que se sabe dominar pierde su cuota de control, con la exasperación que le otorga tu figura.
Como una lectura crítica Vos. Como en una lectura crítica, para ser pensada de nuevo. Tu imagen como una idea que merece un repaso. Como un libro te releo en mis insomnios.
De todas tus miradas De todas tus miradas quiero aquellas, las que me miran con atenuantes, las que me ven sin falta. Las quiero porque  que dejan huella. Mi pecho no se olvida de su hoguera, cuando tus ojos me dejaron entre cielo y la tierra
  Lo que más me gusta de vos, cuando dulce y prodigiosas tus manos tibias, me reciben abortando tus ausencias 
De vos
Autor: gonza pedro miguel  100 Lecturas
Una gota de agua por mi reino Si ya entonces entendieras, O si vos ya lo supieras, No lo aceptarías tan libremente. Para los dislates que el hombre hace, Los absurdos que sigue, Como niño presuntuoso, o mujer caprichosa, Como terca vieja, no mira, no atiende razones. Cuántos árboles destruye, Cuántos ríos contamina. Niega la razón con torpes actos, Sin considerar sus efectos. Cuantas imaginaciones atroces intenta, Ni sabe el valor de una gota de agua y como el que no lo gana no lo estima, como cosa nunca amada, no conoce el valor,  En tanto que no le falta. Buscando solo la renta. No miran lo poco que se contenta, nuestra madre naturaleza.
La plaza de los dos reyes Por mandato de los señores Con El  fall en la mano: La censura de la bota. No detiene la prolija arenga de la plaza, que de la libertad, de su uso se hace mención y el gesto no se desvanece en la elocuencia, sobre el  pie que corona las sienes. Brota el reclamo de promesas incumplidas: que hacen de la vida: amarga y desabrida.   Entonces  darán queja criminal de tu voz ¡Oh!  Pueblo  soberano, molido como el toro en la plaza corrido y perseguido. La bota entre pancartas y banderas corre desparrama y destroza. Luchado a fuerza la resistencia entrega algunos cuerpos, sobre muchos desaparecidos. Del norte viene la orden: Que no ponga el pobre el pie en la razón, que no descubra su sentido, se levante, luche y grite: ¡Revolución!
Revolución II Es natural a los que siempre algo negocian; la verdad les salga algo adulterada, así se han de vender los principios y este es precio que se ha de poner a la verdad para que así se pueda imprimir y vender; en esto va rubricado y firmado, el mandamiento de dichos señores. Siguiendo el consejo con que antes y primero se venda So pena de incurrir contra las leyes de este reino: Presto, la condena del juez que lo sentencia. Es así como los señores del consejo disponen que el pueblo sepa: Que no es bueno mentar verdades con poderosos. Que no ponga el pobre el pie en la razón, que no descubra su sentido, se levante, luche y grite: ¡Revolución!
Revolución De tu voz que se levanta y gallardea. Abraza la razón como el incendio, comienza de lo más alto, llaga hasta a lo más bajo. Tanto puede la razón, que da fuerza a los más débiles e ilustra a los más pobres, haciendo hombre a los más hombre. Si levantas la voz, si declaras esa o esta verdad; entre estos jueces y justicias, que no miran entre altas moralidades, así lo que antes fueron como los que ahora son, entonces te quieren dar cadena. Si con la amenaza no  acobardan la razón, tanto más violencia para intentar erradicarla, mas arraiga, se fortalece y crece. Que no ponga el pobre el pie en la razón, que no descubra su sentido, se levante, luche y grite: ¡Revolución!
Revolución
Autor: gonza pedro miguel  97 Lecturas
Cómo será… ¿Cómo será el mundo cuando yo ya no pueda mirarlo, cuándo ya no pueda escucharte leer Incansable mis versos, cuándo ya no pueda ver brillar el sublime sol de tus ojos, cómo será…? 
Cómo será…
Autor: gonza pedro miguel  188 Lecturas
Prisionero de un recuerdo El fuego de mi pasión nació cuando la vi, creció con sus caricias y besos, murió con su traición. Y así quedé pobre y flaco de amores Yo que  por tanto amar, aprendí a llorar y por llorar tanto aprendí a odiar.  Prisionero de un  recuerdo hace mucho tiempo que camino mirando atrás, llevo  vuelta la espalda y la vista inclinada, que al cielo nunca miro y al suelo hice  mío. Mucho te digo que ame bien, y más te digo que me amaron mal. Por eso a cualquier descuidado entendimiento, digo: Por cada  vez que de contrario amaren   Aunque hayan perdido y pierdan aunque haya amado y amen  Corran y escapen,  para no caer en las mismas penas contenidas de  un mismo llanto amargo.
Un encuentro con vos ¿Qué sería el amor sin esta mortal Amistad de los sexos? ¿Un encuentro con vos? No  sólo será corporal Entre ambos hay ya un repertorio de Miradas, sonrisas con un toque espiritual De  tinte poético y musical. 
Retrato de una contrariedad Una duda que anima mi ser, que resolver no puedo, de dos extremos distantes, mi pecho no sabe escoger 
La soledad Hoy tengo una sordera que no me permite hablar conmigo mismo. Los pobres mueren de hambre los ricos de hastíos y yo aquí… solo, sin poder hablar de frío.  
La soledad II
Autor: gonza pedro miguel  104 Lecturas
Amor pido, que no gracia.                                                                                       Pasión quiero que no fría. Si con amor me das tu corazón, con gloria recibirás el mío.
Amor pido
Autor: gonza pedro miguel  98 Lecturas
Como mina que no tiene contra  Carita de pan dulce, carterita bajo el brazo, pollerita corta, taquitos altos. En una esquina, toda dulce almibarada; regalando luz y brillo. Así  gana un suspiro, dos miradas y tres promesas enamoradas.
¿Poeta yo? Tomé mi pluma, amasé ideas, forjé poemas, templé metáforas. La sangre me dirá, lo que la nobleza Luego me confirmará, que con toda mi pobreza, ya mis letras son amigas de la Gracia; dejándose ver por la tela del cedazo, que con piropos se compran las galas, con que luego se regalan.
¿Poeta yo?
Autor: gonza pedro miguel  98 Lecturas
Para olvidarte, no hay más tiempo Te dejo una gota de mi llanto Esa que al caer no se olvidará de vos  
para olvidarte
Autor: gonza pedro miguel  112 Lecturas
Tanto te olvidé, que tu nombreya no entra en una palabratampoco cabe en una idea Lo borró tu insoportable ausencia
Si enamorarme no me costó nada,  olvidarte me cuesta todo. Es porque me valieron sagrados tus ojos, que al perderlos perdí la paz, perdí la calma` Y peor aún,  perdí mi alma.   Un poeta nace llorando vive soñando muere amando   Iba en pensamiento goloso cuando columbraron mis ojos: Veo que su sonrisa me mira, entre suspiros de esperanzas,  la miro y pienso ¿Me lo dicen a mí? Esos ojos tribunales, azules, mágicos y fatales, me dieron alas y yo, me lancé al aire, dejó una huella y  yo, seguí sus pasos. Fue una mañana de enero. Ella era como yo, un poco libre y le dio algo de crédito a mi alma, de donde yo pudiera cobrar alguna esperanza.   Como en una lectura crítica, para ser pensada de nuevo, su imagen como una idea que merece un repaso, como un libro la releo en mis insomnios, desnuda la sueña mi mirada. Con un pie en la tierra y el otro en el cielo, curioso espío en mi interior para ver si mi esperanza crece. Mis ojos devotos no la soltaban,  oído, gusto, tacto y olfato, tampoco se resignaban. Por la abundancia de sus dones, mis cinco sentidos prendidos a ella quedaron.  Detrás de ella, alas son mis ojos, llenos de contemplados desafíos. Poética obra,  inexpresable como inimaginable, éxito sin precedente de una ilusión romántica. Grabaré en piedra o en bronce los tópicos de su feminidad con versos invocados desde su ser. Sin cargar la conciencia  medí… y me hallé capaz y suficiente  hasta aventurar mi fe…entonces me favorecieron sus ojos: No lo dudé, solté el freno, perdí la rienda, me apoye en mis versos que ya los tenía ciertos y así… tardos y vacilantes sus pasos, me fueron llegando. Estas líneas en blanco no alcanzarán a cubrir los muchos elogios que para ella tengo, una sola de sus miradas  basta para entorpecerme, para quitarme el raciocinio y terminar  embobado y sin sentido. Mi ser que se sabe dominar pierde su cuota de control en su trasatlántica  mirada, en ese momento crítico, cuando me mira, me vuelvo un idiota y ella lo sabe, se da cuenta que me explota por los ojos, en ese preciso instante me brota un deseo y una pasión que nunca es calculada, me nace así, espontáneamente, casi instintivamente y sin buscarlo. Siempre hay una zona equívoca, no sólo en las palabras, también en los gestos y los silencios, y ella sabe pasearse muy bien por esos lindes de lo difuso. Coquetea ella con esas miradas conspiradoras que impiden justificar mis tímidas sospechas, mientras yo, me conformo sólo con mirarla en esta dicha sin pretensiones, para luego tenerla vigente en mis fantasías. La única felicidad que parece posible: El sueño, sueño donde yo recibo en alarde de sinceridad  todos los elogios de su mirada. Ella  funciona como un fijador para mi  pecho, sus ojos, sus manos, su pelo; no  necesito esforzarme para recordarla, soy  un espectador inclaudicable de su belleza.  Yo también ya  quisiera  que  ella  pudiera,  como yo,  retenerme en  la mirada y  que mutuamente con la misma  franqueza  nos recordáramos…pero ella a veces, me mira con una atención  de segunda mano, con una mirada pobre llena de numerosas cautelas, en esa frontera imprecisa de la amistad. Otras veces es  sostenida  su indiferencia,  mientras  me ejecuta  el  éxito de  su tímida crueldad;  casi sin convicción a veces me escucha, con sus respuestas monosilábicas parecería que niega mi existencia, mientras yo, siento el peso de toda su ternura obligada, pero otras veces, con más suerte, siento como brilla sobre mí, el sol de su mirada y veo  como me contempla, como si yo, fuese un espíritu importante, quizás por la poesía, no  sé, quizás se imagina hablando con un poeta, no sé…  dudo, mientras su voz me arrastra y yo, sin poderme resistir, hasta dejarme con la voz temblorosa y quebrada; ella mirándome y yo desesperado, confirmando que cuando ella me mira y me habla, el mundo es un callejón sin salida. Por eso siento que,  cuando me habla, me quedo sin defensa y recubro mi cobardía con gestos forzados de amable cortesía, soñando con esa posibilidad, quizás vana, de que me pueda corresponder  su amor. En un momento así, sólo pensar en su ausencia, me desvela. No le temo a la muerte, si no a una idea de una vida sin verla. Todo mi temor se precipitó el día que me presentó a su novio, se me encharcaron los ojos; yo le dije rojo de vergüenza: Es de felicidad. Mientras pensaba: A ella la fortuna le dio un amor y a mí… a mí sólo la amargura de los celos, junto con esta  bronca,  bronca que en mi mano es la que se levanta y se hace puño y golpea mi pecho. Aquí, en mi mejilla… en esta mejilla ,la despedida; quemándome la mancha roja de sus labios y yo, mirándole a los ojos, queriéndole llegar al alma, preguntándome cómo sobrellevar el mañana. Yo lo intente con mis versos y con la fuerza que mi ingenio prometía, pero virtudes ajenas pudieron más y mostraron el puerto de mis fracasos. Como lamento esos besos caídos privándome del placer de los sentidos, ya me ofenden con sufrido daño  en lo esquivo de su mirada. En un momento así, tanto odio mi suerte, tanto duele mi dolor, tanto quiero mi muerte. Recordando o mejor dicho, intentando olvidar su gracia prescripta, después que de mi destino desapareció,  ruego, suplico; que ni en mis ojos, ni en pecho, que de ella ni la sombra quede, ya  mi pena a su castigo dejo. ¡Qué la espuma refrescante  borre en esta  noche de farra! ¡Qué suba hasta los umbrales del abandono y llegue hasta  los vaivenes en esta tierra firme en borracheras que se pasean por el fuego de su castigo! Primero fue la música,  la risa, el barullo, el bochinche, después el vino tiró para otro lado, filosa la bronca entrando a matar, así nació la tristeza, y el llanto, que el vino no quiso calmar. Merodeando en el habitual laberinto de los abandonos, llenándome de culpas y de pánicos en el cuenco de los desalientos, sin apogeo piden mis brazos algún abrazo, quizás un día  pueda el amor hacer algún  alto en este desaliento, o quizás es falsa esa invitación de la vida hacia la vida. De la nada, hacia a la nada va mi vida con sus grietas en mi cielo y en mi tierra donde mi sol esconde su vergüenza, flotando entre mis miedos. Ahora ya sé que  los sueños incumplidos son pequeñas muertes, las dudas: Sus espantos, los olvidos: Sus asesinos, pero  a veces quisiera olvidar la muerte, recordando en ella un momento de goce, un minuto de gloria, o un día de esperanza en ese paraíso de contemplación purificado. - Mi soledad, un síntoma de su ausencia. A ella, siempre la esperaré, aunque mi espera sea inútil. -Tu  espera será la viva expresión del masoquismo humano, hay cosas más altas que llorar por un amor perdido. -¿Qué puede ser más alto que el amor? -El amor es esa profunda e íntima  comunión entre dos seres, si eso nunca existió o si eso se rompe lo que queda no es amor, aunque sea insoportable no, no es amor, el pasado ya no es tuyo, sólo es tuyo ese barroco nostálgico recuerdo. -Me quedaré  esperando de ella ese tónico abrazo. -¿Esperando…?  la paciencia es tu enemigo, quizás te canses de esperar. -Tanto la esperé y siempre a destiempo, quizás tengas razón, quizás no. - Conformarse a esperar, esperando en la esperanza,  esperanzado en un sueño, ¿Soñando qué…? Deja tu agonía de llorar junto a las ruinas, antes que la vejes nos escombre,  antes de que sea tarde para opinar diferente, si no  ¿qué haremos con este cuerpo que está de más y con lo que nos sobra? - Dicen que:  “El tiempo siempre te acomoda a tu lugar”, y yo no puedo más que esperar. Desde la razón o la locura, desde mi fe más pura, no puedo hacer otra cosa que esperar. - ¿Qué, esperaremos que la vida nos borre como a un error?      Yo creo que la única presencia que puedes abrazar en esa biografía de la nostalgia es su ausencia in vitro en esas fotos guardadas en tu celular.  Si ya  no hay palabras,  si ya están o si ya  fueron todas dichas,  sólo queda este informe de su ausencia. -Pensar que en su mirada era, con esa mirada tan de mi alma, ahora presagio de sombra y abismo de olvido. Yo sé, la espera duele…pero a veces vale la pena. -¿Qué,  tu lengua no se cansa de tanto nombrarla? ¡Eso no es memoria, sino tormento! No mires al pasado que te distrae del presente y no miras el futuro. - Una vez, azules me miraron sus ojos y se mezclaron con el verde de mi esperanza, esperanza que jamás antes tuvieron mis ojos. Despuntadas las flechas que me atravesaron, mortalmente herido de amor, ahora ya no la puedo olvidar.  Qué  puedo hacer si el deseo y la pasión  mueren por manifestarse, me brotan por los ojos, se desprenden por las manos y me explotan  por el pecho. -Si cruzas los límites de la razón, con  el cuerpo despedazado y roto las carnes, dolorosamente ensangrentado del pelo de la cabeza a la planta de los pies, en  agonía que arranca el alma, tanto  que,   entre un difunto y vos no habrá  poca diferencia ¿No abandonarás  la vida en lecho de doloroso duelo? -Amortiguados mis sentidos, quedando mi alma floja y sin fuerza, ¿qué más puedo hacer, sino aferrarme a la esperanza de volverla a ver? -Estás en el lugar equivocado, corriendo detrás de las fortunas que se disipan con la vida y se pierden con la muerte, engañado por la promesa de fortunas verdaderas, así la vida no cuesta nada. -Con mucha librería en los dichos, defiendes la vida,  que muchos la estiman y la tienen por buena, pero es  una verdad mesclada de mil mentiras…sin ella no se vivir. -Como  tu  sombra  no  me puedo negar, te  acompañaré  vagabundo y  sin provecho, representando tu tragedia por los tablados del mundo en el teatro de la vida… pero los recuerdos así, tarde se curan  y  para  siempre duelen,  que lo mejor es  aprender  a vivir con  ese hermoso  recuerdo  mirando  al  futuro. Muchas  mujeres  hay con   espíritu  noble  y titulado,  que si no  la aventajan en hermosura y verdad, otras no se quedan atrás. -Para que me entiendas, imagina. Recogía en ella, las flores de su mirada, tan solo en mera contemplación y con cada pétalo de visión sacramental,  soñaba con los misterios de su voluptuosidad. Cruel aventura fue pensar su mirada sobre la mía, pero cómo evitarlo si de ella brotaban  destellos  deslumbrante de gloria, sueños de inclinaciones ardorosas, tan sólo para entregarme perdido a la razón de sus leyes, hacia donde me arrastraban sus dones. Ya en los lindes de la revelación; me invitaban  a una excursión por los campos de la poesía, para volver a los hechos milagrosos  de su ser. Su pelo, sus ojos, la voluptuosidad de sus curvas, sus piernas entre cruzadas, laberinto de suntuosa complejidad, ahí, cerca pero lejos desgarrando entre el hecho y  el deseo. Tan solo te muestro uno de los modestos tesoros de comprensión  de los innumerables finos matices que revelan su gloria desnuda, que para mí fue terror de adoración de ese asombroso retrato, que establece la tónica a toda mi vida, fijan la clave en sus ojos, y tallan su forma en la vid de mis versos. Yo me pregunto ¿Habrá otra igual? Para olvidarla, no  hay  más  tiempo,  te dejo una gota de mi llanto, esa que al caer no se olvidará de ella.
la espera
Autor: gonza pedro miguel  154 Lecturas
Le digo a esos pasos que  saben mi compás y el ritmo de mi cadera: En este trueque me quedo: Me das un beso, te doy otro 
El mañana hoy no está  La tristeza de vivir desdibujado, con este desconsuelo que no es capaz de esconderse, que me acompaña y que comparto, lleno de recuerdos que no encuentran acomodo, con sus esperanzas de regocijo que se mueren en la incertidumbre sin su dueña.
El lujo es vanidad Como tenía prosperidad, el hombre hizo mal en no considerar el bien que no hacía, el lujo sale caro, pero a futuro. El placer tiene un precio que en el momento  se paga fácil, no se sienten sus efectos hasta no tener al hombre perdido, sólo nos quedará el arrepentimiento  cuando el agua nos llegue al cuello o la sequía nos seque la boca, con la tala indiscriminada no quedará un árbol que nos haga sombra, de esto resultan después las calamidades En esta tierra por causa de la codicia, el hombre soltó la rienda al placer desmedido, ¿vendrá el enojo de Dios igual a su justo castigo? Era cosa natural pensar que la tierra era nuestra, que nosotros éramos los que estábamos en la cúspide de la creación, sin darnos cuenta de que somos un eslabón más dentro de la cadena de la vida, que honra, qué provecho lograremos, sí rompiendo la cadena perdemos la vida y no sólo la nuestra. Por nuestra causa este mal  vendrá, por ese deseo desmedido a este paso muy pronto llegará ¿Nos engañó el traidor o únicamente nosotros seremos responsables de este áspero desastre? ¿El hombre alguna una vez vivió en quietud y reposo o siempre estos ojos miraron así? Maldito los ojos que vieron en lujo, el confort desmedido,  maldita la lengua que nos convenció de romper la tierra, la vida ya no es vida sino muerte en la miseria y el hambre,    solo desgracias para el trágico dolor que nos acaba la vida. El político tranquilo de arriba mira, entre sobornos y favores la tierra paga nuestras deudas. La madre naturaleza dejándonos pasar adelante con ira nos cobrará luego.  Contaminando esta tierra somos todos traidores al delicado equilibrio de la vida, ya quisiera que alcanzáramos el entendimiento para lograr el remiendo, yo no tendría esperanza si no tuviéramos tanto caudal en tanta escuela, en tanto estudio,  ya sé que algunos fines no son tan deshonestos, pero como todo se mercantiliza y el que tiene la plata si quiere da, si quiere quita,  atento a lo que la pasión y el antojo dictan. En el campo combatiente, el mundo está en  la mira, cuándo se rendirá el que lleva ventajas. Ninguno ignora que esta tierra para todos un plato de comida da, sin embargo algunos se quedan cansado y con hambre.      El pobre no tiene quien le haga venganza, tampoco para ellos hay justicia, a dónde irá la queja de lo justo y necesario, si del que más tiene,  nunca el deseo queda satisfecho,  cuánto lujo habrá de satisfacer sobre esta sangre derramada. Siendo el día claro la razón no encuentra en la voluntad el instrumento del cambio; venida la noche en la oscuridad menos encontraremos un instrumento que nos ayude.
Cómo me siento: Abandonado como un recuerdo viejo. Estar solo está bueno cuando es una libre elección, pero cuando es una soledad enraizada  en la fantasía de tenerte;  esperanza frustrada e inútil, entonces  uno siente como aterradora esa soledad, que llena todos los espacios disponibles, como esta nutrida ausencia. ¿Qué me queda? Sobrevivir a este silencio mortal. ¡Cómo extraño esos pasos que saben mi compás y el ritmo de mi cadera!
Diálogo entre el poeta y su pluma II       Sobre el azar y el destino -De piedra y plomo mi mano. -¡Estamos mísero de letras! No se cae ni se levanta ni una pobre idea. -Fortuita cosa somos llevados por el viento. -Miremos a los que  antes fueron, tal vez en ellos encontremos nuevos bríos, -O dejemos que el azar y la fortuna construyan nuestro camino, que sean ellos los marquen nuestro destino. -¡Que cosas incoherentes dices! Si crees en el azar no crees en el destino, pero si crees en el destino, entonces hay un camino, donde podremos alcanzar,  lo que la suerte nos niega y no nos quiere dar. -¿Pero cómo alcanzaremos lo negado? -Confía, en esto reside el destino:  si ha de ser alto tu nombre, no serás un ser abandonado por el buen hado, que de lo pequeño hace grande de lo dudoso, cierto y de lo oscuro, claro. Que las grandes ideas son donadas por  la inspiración. -Confundes mis sentidos. ¿Qué debemos Hacer para poder escribir bien y con altura? -Levantemos la mirada al cielo y roguemos al Dios de la ventura  Él es el guardián de la palabra viva, por cuya mano poderosa ni abatido desesperamos, ni encumbrado nos olvidamos que por su gracia somos. -¿Con sólo pedir alcanzaremos la victoria? -Si la lumbre de tu fe me falta no previniendo la gratitud, líneas en blanco y colores mudos darán cuenta de nuestro error. -Roguemos y que sea la voluntad del Altísimo. -A  esta  torpe y estéril pluma                                                                                              ruego a Dios la fecunde, y bendiga este corto ingenio e ilumine estas pobres letras y milagrosamente muestre, la más ingenua verdad. Que de la más pobre y  ruda materia salga el más virtuoso efecto y revele del amor, sus misterios. -Gracias te damos Señor.
Entre  llanto, suspiros y penas. Cuando se borra el silencio Y se rompe mi paz,  Se oscurece el sol de mi esperanza Hallándome en el lugar estrecho Confuso, triste, llamándome mil veces Desdichado sobre la misma desdicha. ¿Qué se será de mí? ¿Quién sanará mi herida? Si descosido y roto, de harapos mis ojos. ¿Cómo veré mi camino? Y si de remiendos y andrajos mi pecho ¿Podré  amar de nuevo? Y la fortuna, mi enemiga, Tan pródiga en mi mal queriendo atropellarlo todo. Hace pesada la pena, oscuro el camino flaco de fuerzas, pobre en amores así se oscurece el sol de mi esperanza. Y en esto se pierde mi persona Entre  llanto, suspiros y penas.
Que tren que tren Que… tren… que,  tren, que tren  que tren.  Sonaba cerca de  mi ventana. Que tren que tren, que tren que tren. Con su canto matinal, me despertaba cada mañana. De tanto en tanto, Que tren que tren, que tren que tren, se agitaba al viento un pañuelo Blanco  desde una  ventana. Que tren que tren, que tren que tren.  Sus viajeros pasos, siempre me invitaban a soñar. Que tren que tren, que tren que tren.  Ya se alejan en la distancia, ya se pierden en el tiempo. El silbido ronco y el humo negro de su cigarro,  algunas veces lo  recuerdo. Que tren que tren que tren que tren. No nació mi viejo tren para el olvido.
Mi amigo Milonguita Capanga  de la noche entre  bailongos y canyengues. Nunca entra mal parado en la topada, ni con el tranco errado. Con los tamangos gastados de tanto yirar y yirar, al compas de un bandoneón, entre  un corte y una quebrada, en una baldosa dibuja, con aire compadrón.  Pide cancha y así se gana alguna mirada de precio de alguna pebeta, esa que nunca faltan,  haisito nomas   conquista  ayudado por la facha y esa labia de romántico soñador.
El tigre Benitez Persuadido por la abundancia, de aquella divina estampa, salpicando luz y brillo, con esa percha, que se tiró encima: Es un derroche de facha. Con  esa caripela,  la va de ganador, y ese arrastre de bailarín tanguero, agrandado y atenti,  tirando facha. Entre mil caras, buscó esa mirada que le dé calce. Al ritmo de un bandoneón, ya se chamuya a una chuchi,   entre  esos  amigos de tragos, esos que nunca le faltan. 
  De pasos corregidos, siguiendo los consejos de los tribunales de mi razón, buscando la certeza económica,   cuidándome de la vista de tus hermanos y del asecho de tu madre. Son ellos,  escándalo de mi amor, apoyados en sus falsas presunciones siempre al asecho de nuestra perdición, verdugos de este amor, siempre tejiendo lazos, trampas a mi corazón.  Siembran su veneno calumniándome. Ya reciben  el contento, ya  se visten fiesta,  cuando caigo de la más alta cumbre de bienes a la más íntima miseria.
Esos espacios A esos espacios vacíos que me dejas Los voy a llenar con mis rimas, te los dejo detrás de mi tinta En  un verso que llegue y sobre
Esos espacios
Autor: gonza pedro miguel  84 Lecturas
Hazte, de mi dolor; mi remedio y el perdón de mi culpa 
Hazte
Autor: gonza pedro miguel  72 Lecturas
Los dueños de mi reino Hubo un tiempo que creí y en mí inocencia pensé como inexpropiable la riqueza de tu mirada, pensando sólo en el atractivo de tu seducción, creí alcanzar dichosos y largos años, pero  por veinte años anochece. Día tras día, hora tras hora, segundo a segundo, sin descanso, tu madre envenena cada rincón de muestra casa y lo hace oscuro. En tu familia son todos corregidores, son tus padres jueces y fiscales de mi conducta, oidores de nuestras disputas, consejeros, presidentes y gobernadores  de nuestra casa.  Estando  hecho esto y no de otra manera las leyes que aquí, mandan  sobre nuestra voluntad; así es como  han sido desde el día que alimentando mi ilusión  entré en esta casa,  ¿para qué? si después de firmada y rubricada mi sentencia, termine aquí, condenado  por tu madre y tus hermanos. En tu familia y en especial tu madre: son ellos cazadores que después de hecha la herida, se disfrazan de inocencia. ¡Oh! Enemiga de mi paz, aspirante a reptil, que repta, babea, asecha y pica; que desde el suelo viboreas y te haces temible con el bisbiseo al oído  y en el susurro la saña trabajosa en los muchos y malos consejos que das. ¿Cuándo encontraste la grieta para colarte en mi intimidad? ¿Cómo entraste cordial a nuestra casa con esa boca ordinaria? ¿Por qué, siempre aquí, trasmutando nuestros goces en rencores, modificando los hechos, cambiando nuestros objetivos? porque según ella; es la primera en saber que nos conviene.  Nos quiere llevar de la mano,  nos dice y nos repite hasta el cansancio lo que debemos hacer.  No puedo hacer ningún cálculo para mañana, hasta que no vuelva ser el dueño de mi casa,  así  me obliguen a involuntario destierro.  
Mariposa de mis sueños  Mariposa que volaba alto En la primavera de  mis sueños yo daría tanto por dos de tus miradas ni que decir como por cien de tus besos. Extraño tu persona, tus buenas obras, Tus honestas virtudes, Tu risa alocada y suelta:  Fueron luz sagrada a mis ojos y más luz a mi esperanza, que aun  hoy guardo en abrigados recuerdos.
Te miro y te miro con ese capricho y esa impunidad que me da el amor
Te miro
Autor: gonza pedro miguel  61 Lecturas
El aire y el fuego Si mi aliento fuera viento y si tu amor fuera  fuego y si tu fuego fuera calma, de mi vida y tu alma; que presurosos arderíamos  con tu fuego y mi viento
¡Oh lamentable ruinas de mis versos! De mi mal afortunadas rimas Carentes de sentidos  donde mi razón y mi locura confirman juntas. Por irredenta, por ni tan  siquiera un indicio de logro. La duda mata mis versos Y los celos languidecen mi tinta, Sufren la carencia de tus besos, Son  los que presagian la muerte de una apenas nacida: retórica enamorada.  

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gonza miguel

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Paradójico mérito
Cuando nos inaugura la intuición,
nos hace lucidos y desgraciados.
PMG
Releyendo mis textos, recorriendo palmo a palmo mi letra me doy cuenta que hay frases, ideas que me sorprenden ¿Cómo están ahí? ¿En qué momento las imaginé? ¿Cómo llegaron a ser parte de mi letra? Entonces percibo que mi palabra vale por sí misma, está protegida de mi ignorancia de aquello que nunca se me ocurrirá, mi palabra tiene ese plus que la hace independiente de mi consejo, ella vive su propia existencia, y así siento dolorosamente esa ajena distancia… pero es mi letra, yo sé que es mi pluma y entonces me siento paternal e importante.
Antes no podía escribir con libertad, ahora me veo protegido contra mi propia impotencia, contra mi miedo o cobardía, me he dado cuenta que mis palabras valen por sí mismas. Es increíble la sensación de libertad que produce el efecto de hallar que mi pluma no depende absolutamente de mí, ella es por sí misma.
Por otro lado pienso, si esta letra no es absolutamente mía, en último rigor a la verdad, nada tengo que ver con ella, y esta es la idea que me mata, esa distancia, esa terrible ajenidad, esa sensación de saber que lo que escribo no es absolutamente mío, sin embargo están absurdo pensar que mi pluma y yo no somos uno.
En sacrificio a la verdad, no puedo dejar de unir mentalmente los dos conceptos, es mí pluma pero la siento ajena y distante.
La agradable ignorancia de pensar que la paternidad de mi letra era toda mía, pero ahí está la intuición con la clara revelación para hacerme desgraciado, para negarme la plena autoría de mi cosecha.
Reconozco mi letra, todavía insegura, próxima desmoronarse con la escasa convicción en lo que dice, pero también está la otra parte, esa pluma vigorosa, como un intruso exponente de lo ajeno, que a mí me deja este sabor amargo de una modesta felicidad.
Esta pluma me da un poco de admiración con su aire desafiante y agresivo, que sabe decir sin callarse sus presentimientos.
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