• gonza pedro miguel
gonza miguel
Paradójico mérito
Cuando nos inaugura la intuición,
nos hace lucidos y desgraciados.
PMG
Releyendo mis textos, recorriendo palmo a palmo mi letra me doy cuenta que hay frases, ideas que me sorprenden ¿Cómo están ahí? ¿En qué momento las imaginé? ¿Cómo llegaron a ser parte de mi letra? Entonces percibo que mi palabra vale por sí misma, está protegida de mi ignorancia de aquello que nunca se me ocurrirá, mi palabra tiene ese plus que la hace independiente de mi consejo, ella vive su propia existencia, y así siento dolorosamente esa ajena distancia… pero es mi letra, yo sé que es mi pluma y entonces me siento paternal e importante.
Antes no podía escribir con libertad, ahora me veo protegido contra mi propia impotencia, contra mi miedo o cobardía, me he dado cuenta que mis palabras valen por sí mismas. Es increíble la sensación de libertad que produce el efecto de hallar que mi pluma no depende absolutamente de mí, ella es por sí misma.
Por otro lado pienso, si esta letra no es absolutamente mía, en último rigor a la verdad, nada tengo que ver con ella, y esta es la idea que me mata, esa distancia, esa terrible ajenidad, esa sensación de saber que lo que escribo no es absolutamente mío, sin embargo están absurdo pensar que mi pluma y yo no somos uno.
En sacrificio a la verdad, no puedo dejar de unir mentalmente los dos conceptos, es mí pluma pero la siento ajena y distante.
La agradable ignorancia de pensar que la paternidad de mi letra era toda mía, pero ahí está la intuición con la clara revelación para hacerme desgraciado, para negarme la plena autoría de mi cosecha.
Reconozco mi letra, todavía insegura, próxima desmoronarse con la escasa convicción en lo que dice, pero también está la otra parte, esa pluma vigorosa, como un intruso exponente de lo ajeno, que a mí me deja este sabor amargo de una modesta felicidad.
Esta pluma me da un poco de admiración con su aire desafiante y agresivo, que sabe decir sin callarse sus presentimientos.
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  • País: Argentina
 
Vine a rogarte si tu amor puedes ofrecerme. Si tus ojos y tu boca me desdeñan Y me imponen esta condena Que deba vagar con pena, que me castiguen la lluvia, el viento y el frio o que me cubran los oscuros días  y me tapen las densas noche, donde siempre llore y donde nuca calle con mi paso errante y mi corazón perdido. Dueña, señora y reina de este corazón abnegado de tus  ojos y tus labios negado. ¡Oh! Doncella mía, Escucha mis clamores. Quítame el juicio de Tu grave condena,  Que me tienes prohibido que tu belleza adore Que con estas humanas letras y sin retóricos dones Imploro de tus amores.
Billeteras peligrosas En Buenos aires sus calles son rectas y cuadradas, sus esquinas: Triángulos rectángulos, con sus calles paralelas cortadas por rígidos  sextantes,  pero en una esquina de mi barrio, en esta ciudad, esta  ley de la geometría del espacio recto se rompe con algo hermoso y secreto: Esas curvas. Pensé: Tiene que haber algo especial detrás de tantas generosas curvas. A esta altura nadie quiere morir de incertidumbres. Para probar el ser de mis inquietudes; un día me animé y la invite a cenar. No hubiera sido de comentario, pero desde el primer encuentro noté que era diferente. Ya en el Resto Bar yo buscaba condimentar la charla con exóticos ingredientes, pero no se me caía una idea. Nos miramos y al mismo tiempo nos huimos la mirada. Yo traspiraba, no sabía qué hacer con el silencio, esa pausa se hacía insoportable. Fue mi salvación. Se acercó el camarero y   lo primero que ella pidió fue un buen vino tinto Malbec, me miró y me preguntó, -¿O preferís un Torrontés- Para no pasar por un ignorante en cuestiones de vinos,  le dije –Prefiero un tinto, pero que sea Cabernet Sauvigñon El camarero, era un tipo bajo de mirada tranquila y de gesto bondadoso nos entregó la carta de connoiseur, mientras nos decía: Tenemos un vino nacional de la región de Mendoza. Suave, elegante, con gran frescura en el sabor frutal; presenta sus aromas equilibrados de buen Bouquet y es de Gran Reserva, con una crianza de dos años en madera y tres en botella, o bien puede degustar un vino importado de Italia, de la región de Piamonte, este vino piamontes, el Barolo, está elaborado con uvas Nebbiolo, es una variedad característica de la región, que produce vinos de cuerpo medio suave, muy perfumados, que maridan muy bien con las propuestas gastronómicas de la casa, y encuadran mejor con el gusto femenino. Mientras él me explicaba, de pronto me puse a pensar en el precio de esos vinos. “Deben valer una fortuna, especialmente el importado” pero cuando ella me miró y esas curvas me explotaron en los ojos, sin dudarlo pedí el importado.  Él, continuó diciendo: Para cenar recomiendo una de las opciones más apreciadas por el chef como por ejemplo: “Los riñoncitos al vino tinto” o puede degustar otro plato estrella, algo más original: El bife al ajo con un mil hojas de papas.   Después de eso la conversación giró en torno a trivialidades propias y ajenas, nos reímos un poco  de la cocina “Gourmet” del lugar, porque al final decidimos pedir “El bife al ajo” que más allá del pomposo nombre en realidad era un bife con papas fritas; igual estaba rico. El vino, sí que era bueno. Cuando llegó la cuenta, me dijo –Dejá querido, yo pago-. Yo me sentí un poco incómodo, porque no sabía que decir, era la primer cita y no quería incomodarla, ella se dio media vuelta sacó su billetera y a tal punto llegó mi desconcierto que debió ver algo en mi rostro que la invitó a dar una explicación. Empezó diciendo    –Lo que habrían hecho nuestras abuelas o nuestras madres hoy forman parte del limbo de los explícitos, hay que soplar el polvo a esos modelos obsoletos. Yo pienso: Cuando el hombre tiene el poder del dinero, cree que eso le da el derecho a imponer su voluntad al hacerte dependiente de su bolsillo; es obvio que sí uno es económicamente independiente, eso va a ser más difícil, no quiero vivir como otras mujeres que viven frenadas, empequeñecidas a la sombra de un marido. Quiero la libertad en la decisión, no la espera en actitud pasiva de la aprobación. Mientras lo decía yo admiraba  esas ideas, en cuanto no eran vulgares y la miraba a ella como si fuera una divinidad. Con la intensión de atraerla  le dije todo abobado, dando a entender que la pretendida pasión existía a priori: Yo también creo en la libertad de género con base en el equilibrio de las fuerzas. Después de eso, al mes me mudé de mi humilde departamento de Charcas al 900 al Hilton de puerto Madero, abandoné mi viejo Fiat Uno por un Toyota importado que ella me regaló, abandoné el salón de clases y de profesor, pasé a consultor; me fui  a trabajar, con ella  a Mafry Coorp Art, una de las diez empresas con mayor penetración en el mercado local, dejé los verbos y las oraciones para hablar en la jerga académica de las nuevas tendencias  de marketing, mercado digital, telepresencia y  otras yerbas. Era mí jefa y esta situación no parecía anunciar lo que después iría a precipitarse. Con esa herramienta de siembra que son sus ojos, me hicieron caer, dejando de lado ciertas cautelas, bajo la fórmula dominante de sus curvas. Fue bastante sutil como para confundir las fachadas. Yo sentía  que no podía decir nada, me movía entre las apariencias. Desde el principio me sacó ventaja, y ahora no puedo ni podré encontrar una salida a esta falsa prosperidad. Viendo como se aleja mi libertad; y yo cada vez más consciente de esa impostura. Ella y yo somos otra combinación, no la que yo imaginé, atrás quedó esa espontanea coincidencia donde estuvimos juntos en el interés por las mismas causas y las mismas pretensiones de  libertad. El verdadero conflicto está en mí, porque ahora comprendo que soy yo el que siente ahora esa incómoda sensación de dependencia.  
En el olvido eterno al final ¿seremos nada?  La pregunta pobre que no llena. Tras mi última jornada de trabajos padecidos, la vida  hizo el desafío.    Ante El todo con mí misma parte, aunque temido seguiré el mandato de su gobierno. El hombre se resiste a dejar la vida, pero obedecido y amado de la tierra, la pala nos espera de punta ¿Y el poso nos dejará ver Cómo se ve una flor desde abajo?
El peso de Dios Yo que pensé : Entre nosotros no habría nunca un adiós, ahora te quiero desde las lágrimas, con el beso que se agrió. Desde la ribera de la ausencia  sin causa, me encuentro con mi realidad desnuda, aquí, vestido de gris, en este hoyo. Cuando tanto agujero  sobra, cuando fue corto el tiempo regalado por la vida, cuando quedaron jóvenes la metas prometidas, cuando un solo adiós no alcanza, cuando el duelo baña mis verso, cuando los miedos Hacen, siento el peso de Dios.
El peso de Dios
Autor: gonza pedro miguel  168 Lecturas
Desencuentros Vos decís que mi texto es de bajo escalón, que la naturaleza me negó letra,  y así vas, venteando la flaqueza de mi pluma; aunque mi verso sea como un jardín florido, para vos nunca dejaran de ser, pasto seco desabrido. Vos decís que no te quiero y yo que más no te puedo querer. Algunas veces los pares se encuentran y en otras, las dudas con los miedos hacen un encuentro fallido con la verdad. Vos sos como el amor que piensa y calcula y yo, si me enamoro sabré querer por la fuerza, contra viento y marea y así,  te quedas clavada como espina en mi memoria, mientras que    Vos sos, como el viento que viene, sopla y se va.
Desencuentros
Autor: gonza pedro miguel  134 Lecturas
Esos besos caídos Privado del placer de los sentidos, me ofendes con sufrido daño, lo esquivo de tu mirada, desprecio de mi amor herido,           ofensa que por  vos  ha sido. Como lamento esos besos caídos,  llantos que por vos han ido. ¿No te duele mi dolor? ¿No te ablanda mi pena? ¡Quítame el juicio de tu grave condena. Mira lo mucho que te deseo, en lo poco que aquí te escribo, ayudado de esta pobre letra, sostenido por esta corta pluma.
Esos besos enajenados y medidos Pero ni me honraba, ni me abrigaba tanto, no sustentaba mi brazo, ni le daba aliento a mis pies. Por sus malos gustos, fue un catálogo de malos tratos. Y esos besos enajenados y medidos eran ya una limosna Si la necesidad externa era mucha, cuanto más había  puertos adentro.  Cómo rogar sus besos me valían tan poco Y comprarlos me resultaban tan caros y tanto me dolía, me propuse no pedirlos. Maldito el recuerdo que me quedó. Por sus malos antojos, sigo su nombre callando Y todo de lo que ella tuve,  ya lo hice odioso.
Escuché una vez “Señores, quien no pueda defenderse, rompa la timidez y arrójese al mundo, que está para todos por igual”  Estuve pensando en esa idea  y por eso escribo esta singular protesta,  por ser tan mío el dolor y  muy lenta mi agonía, razones tengo para las quejas del agravio. La gente cree que entiende lo que  pasa y la solución que buscan no siempre es la mejor, quiero acusarles en el fracaso corrigiéndoles, tomo como blanco la intención de enseñar y sacar de las tinieblas de la ignorancia y mostrarles el norte que han de seguir. Aclaro que esto lo digo, no sólo por mí, lo hago también por ustedes y  para otros, que como yo,  sufren la misma ignominia, sigan mi ejemplo. Para que no pierdas tu derecho y reclames el respeto que te mereces. Setenta y siete años bien vividos ¿Qué sería mi razón sin esos años de experiencia? Apelando la autoridad que me dan los años digo: Siendo tanta la soberbia de los  jóvenes de hoy, siempre menospreciando a los viejos, idolatrando los cuerpos jóvenes, adorando y adorándose    ponen en  el acento en los más débiles, considerándonos como lo seco y raido, de la sociedad.  Cuando era chico hacía caras y burlas frente al espejo, hoy ya viejo, el espejo de la sociedad se burla de mí mostrando mi decadencia, ellos no se dan cuenta que,  ya antes,  fueron jóvenes los viejos de hoy,  y que pronto…pero muy pronto, ya serán viejos los jóvenes de hoy. No saben, no entienden que el tiempo no se  detiene,  que al hombre,  al faltarle los cimientos de la juventud perdida,  todo es caerse y así nos vamos despidiendo de los sentidos, que tenían tanto más gusto, como la vista, el oído y notifican con sebera sentencia el riñón, el hígado, el corazón, que pesada es la carga, la fuerza poca, los años muchos y no hay fortuna firme que lo sostenga ni puntales que los detengan que todo es caerse y pudrirse.  Si hoy te ves fuerte de brazos, firme de piernas, robusto de cuerpo, con luz y brillo en la razón, te crees tan alto donde no te alcanza la enfermedad, ni te llega la vejez.  Necio ¿Cómo aprendiste esta verdad? ¿Cuál fue el camino de tu razón para pensar esta loca idea? ¿No sabes que tu vida pende de un hilo? El soplo de una enfermedad, un accidente, cualquier cosa puede hacerte trastabillar, si no es hoy será mañana, en esa esquina donde dobla salud y se encuentra con los años viejos. ¿Qué puedo decir de este cuerpo? A lo mejor fuiste lo peor que he conocido o a lo peor fuiste lo peor en envoltura de caramelo, dulce por fuera, carcomido por dentro. Hay que darle un mordisco a esta envoltura, así se rompe esa  mágica envoltura de espejismo virtual, y nos descubre nuestra real naturaleza. Desde la distancia, pareciera que, el ser, bañado por la belleza no tiene alma, que apesta en auto idolatría y con cada movimiento ladra como perra en celo, hay que mirar ese cuerpo marquetinero a la distancia, para ver  como supura idolatría frente al espejo, pensando que nunca será viejo. Pero un día ese maldito espejo, te dejará ver en su reflejo toda la verdad de la mentira.   ¿Qué pido con esto? Un poco de humildad señores… un poco de humanidad.   A  los jóvenes, no digo que no se amen, que no quieran su propio cuerpo,  quererse es una cosa, pero la idolatría es otra cosa, esta pasión desmedida   implica un amor-odio, amor hacia lo joven, odio hacia la vejes.  Está mal vista la vejes, hasta que te das cuenta y llega, por eso quiero más respeto para los viejos, sepan aprovechar estos años de experiencia. Tengan en cuenta que esto  es así,  todos  vamos al mismo lugar,  hasta subirnos en el carro de la despedida. Después ¿Qué nos queda?   Llenar el pozo y henchir la tierra,  quedar parejo “con los buenos”  con los que antes fueron y ya no son. Somos un montón de pluma y la vida con un pequeño soplo nos desparrama. Mientras la juventud,  hinchada de tanto patriotismo,  corporal va por el camino de la mala nota,  muertos de amor por la ley que el deseo pregona y no ven más allá del presente inmediato. Estos jóvenes de hoy creen que la naturaleza puede ser violada, como si pudiera existir otra ley, “!Al pozo señores, al pozo!” ¿Qué creen que hay otro camino? Sólo hay una salida, terminar como abono de esta tierra o ceniza de este suelo.
Qué don te ha dado la vida para que esos ojos puedan convertir en versos, lo que mi corazón padece. Es siempre tan perfecta tu mirada, serena y tranquila, que consigues cerrar la puerta de mi esperanza, con la suavidad de un beso  
Dijo el corrector nombrado A cuya costa somos, Imprime este principio: Con  lo que antes se piensa primero se dice,  conforme a él trae tú voz  en pública forma, luego de tasado y corregido se verá que va rubricado  el cumplimiento de tus dichos.
Es momento de amar El plazo del amor es un instante, no resignes ese único momento, No lo dejes transcurrir.  Nace en un gesto, una mirada Y despliega en un suspiro.  Es momento de amar, con este beso, místico, profano,  íntimo y sensual. En esta excursión a la pasión que es tu cuerpo, en esta pasión hacia el amor, que son tus labios, ruego para que me creas y le des amparo a mis manos. 
Ella –Por tu insoportable ausencia,  de mi pluma brotan  ríos de tinta, para deshacerse en la sal de mis          lágrimas. Él -Si las lágrimas salen en cualquier momento, no se vale llorar, ellas, como las letras, a veces pierden su contexto. Ella -Una lágrima siempre nos deja con el cuerpo y con el alma a la intemperie,  refleja el más puro de nuestro sentimiento. Él -¿Es siempre así? Te dejo con mis preguntas rotas y mis dudas ciegas. Ella – Filosa tu pluma en la duda, entrando a matar con puño y letra firme. Ay, ay,  es una pena que el peso de una prohibición así, te  impida   llorar a libre demanda. ÉL -Ten cuidado con lo que escribes, te pueden caer como palabras invertidas, como frases sin sentido.         Las mujeres casi sin causa, siempre brotan en un llanto generoso, ya ves como  ahora, esa gota,  se seca y escurre  al mezclarse con la tinta. Ella -Si un día cualquiera, uno de esos que vienen sin haberlos pensado, de los que aparecen sin haberlos llamado, te vienen ganas de llorar ¿Qué harás? Él - Falsos perfectos me parecen las lágrimas, y en el rostro de una mujer, terrible herramienta de la manipulación psicológica. Ella – Eso salió de una cabeza sin corazón o en el peor de los casos el corazón traiciona el uso de la                razón. Desnuda tu mente y deja tu alma escuchar, que mi corazón va  hablar. Piensa en un ser           querido, entrañable, uno de esos al que si no vieras por mucho tiempo te dejara triste… Él - Yo soy de pecho amplio, de brazos largos,  listo para todos los abrazos, pero no para los llantos. Ella – En cambio en mí, estas lagrimas; son ellas,  testigos involuntarios  de mí verdad.  Verás que la piel tiene memoria, ahí queda expresado todo el recuerdo, ese “te extraño de lejos te quiero más cerca” lleno de paciencia estiradas, por eso mis ojos desbordan en  llanto amargo.       El amor o simplemente la amistad, buscan resistir al tiempo, al silencio, a la  ausencia y la distancia.  Las lágrimas  sueltan  mis esperanzas, dueña de mis cadenas, para que veas  tu recuerdo vigente  anidar en mi piel. El llanto se hace carne y en la sangre me recorre por doquier y así te llevo y te guardo, bañado en la nostalgia,  envuelto en suspiros, atravesado por llanto. Él -Esas lagrimas no devuelven un  amor, pero enturbian el alma, escóndete y llora  en soledades. Ella -El poeta es más poeta si puede, sanar sus heridas, crear sus propias respuestas,  regar sus versos con          la última lagrima. Quisiera que lamentáramos juntos  nuestras desgracias y llorando  desahogáramos            nuestro tormento. - Aprende como yo,  ¡llora! Un poco de lágrimas y te  quedará, el alma limpia.   Él -Creo que perdí mi sensibilidad, hoy no siento nada, las debo haber olvidado en las ropas que me cambié o se cayeron cuando me duché, en fin, la anestesia es total, todo me parece gris. En otras letras, en otros versos quizás… 
El llanto
Autor: gonza pedro miguel  160 Lecturas
El fermento Mi mente es un fermento de letras, y, yo lo descubro en la mirada limpia de los justos, o en tus áridos mutismos, Inapelable como la muerte. Quién podría pensar que un simple resbalón Me  llevaría a beber del cáliz de tu olvido. El amor mismo la causa de tanto duelo, porque es eterno su conjuro. Entre suspiros de esperanzas perdidas, hago mi duelo aquí adentro. Acunado en el cuenco de mi alma, para desolación  de mi memoria: casi desquiciado te recuerdo. Qué ironía: Tu partida me dejó una pequeña fortuna: La poesía ¡Gracias amor por quedarte tan pobre, haciéndome tan rico!    
El fermento
Autor: gonza pedro miguel  105 Lecturas
Excursión por los campos de la teoría del arte Recogía en ella, las flores de su mirada en mera contemplación y en cada pétalo de visión sacramental,  soñaba con los misterios de su voluptuosidad. Cruel aventura de pensar su mirada sobre la mía, destellos  deslumbrante de gloria, sueños de inclinaciones ardorosas para entregarme a la razón de sus leyes, hacia donde me arrastran sus dones, el sustento de mis pasiones. Grabaré en piedra o bronce los tópicos de tu feminidad, prodigiosos versos invocados desde tu ser, que en la incertidumbre indagan,  en los lindes de la revelación; me invita a una excursión por los campos de la poesía, para volver a los hechos milagrosos  de tu ser. Tus piernas entre cruzadas, laberinto de suntuosa complejidad, desgarrando entre el hecho y  el deseo. Un modesto tesoro de comprensión  de los innumerables finos matices que revelan tu gloria desnuda, terror de adoración de ese asombroso retrato, que establece la tónica a toda mi vida, fijan la clave en tus ojos, tallan su forma en la vid de mis versos y me dan un sistemático silencio, de un oscuro conocimiento  en la contemplación de tu cumbre, en un trance creador.  
En mi mejilla quemándome la despedida, la mancha roja de tus labios y yo, mirándote a los ojos, queriéndote llegar al alma, preguntándome cómo Sobrellevar el ayer, Después de  aquella fiesta de promesas rotas.
En mi mejilla
Autor: gonza pedro miguel  119 Lecturas
Las aventuras de mi amigo Pedrito (Parte II) Taquitos altos Lo que escuché por ahí bronca me da, para que se guarde  justicia y para sustentar la buena opinión voy a contar algo para contradecir la misma envidia  y murmuración y de paso  conozcan un poco más a mi amigo Pedrito y le den buen lugar, ese que justo se lo merece. Nadie quiere mirar de noche y con luz de vela, aquel resplandor será poco y será engaño, por eso, en el camino de este propósito espero que mi letra abra los ojos y sea luz a los sentidos. En el mundo hay muchos seres que son diferentes,  espíritus que en el río de la vida   nadan contra la corriente, vuelan alto fuera del alcance del común de las personas. En algún sentido mi amigo Pedrito  no entra entre el común, su singularidad  no  está en su aspecto, sino en su capacidad de enamorar, él está siempre por sobre el horizonte femenino pasando por las fronteras de los deseos y los suspiros con tan sólo una mirada, no le tiene miedo a joyería tan fina, así desciende hasta los brazo  de un amor, y a ellas no les queda otra que seguir los caprichos del señor de los suspiros. Así va él, trajinando el mundo. Él  con sus brazos largos para todos los abrazos siempre dice: Mujeres y hombres conviene que haya, si van de la mano; mejor, así se alimentan mutuamente. La comida es para los que tienen hambre, como necesario el placer que surge  de un orgasmo con la diosa que lo inspira.  El amor es como el incienso, necesita sólo una pequeña llama para soltar su perfume. A mí, que me gusta la poesía digo que esto es filosofía en verso. Mi amigo Pedrito, soldado del amor, de tantas victorias y sucesos felices, yo voy a contar una historia y de las más afamadas. Lamentablemente no puedo decir que mi amigo siempre salga bien parado de todos sus encuentros amorosos. En función de su profesión, un día en la fila de un banco, conoció una abogada, señora muy fina, contaba Pedrito,  era alta, delgada, con una figura tallada a mano, perfumada de la cabeza a los pies, de unos cincuenta años, rubia de cabello lacio y largo, pollerita corta, taquitos altos, con tantas virtudes y excelencias juntas pocas veces vistas u oídas, era el buen ejemplo de una diosa. El desafío lo hizo ella,  eligió el combatiente, le clavó la mirada, él sacó la segunda, no es costumbre en Pedrito dejar vacíos para que otros llenen, como de paso y por la posta, le empezó hablar, como siempre, él le ganó de manos los oídos y con ánimo valeroso le sacó no pequeña ventaja, deslumbrando con eso sus ojos, ella quedó rendida ante tanto valor, le propuso seguir  la guerra después del trámite bancario en un bar de la zona, palabra va, palabra viene así se entretuvo la  tarde. Ese día Pedrito se llevó el compromiso de ir al campo del combate cuerpo a cuerpo. Una semana después en un hotel de la zona se realiza el encuentro, mi amigo trajo  el arma cargada, ella cuando llegó bajó del auto con una valija y trajo  las que faltaban. Pedrito pasó adelante con todos los fuegos de artificio, ella siguió al mandato de esos brazos y el llamado de aquellos labios, dejándose la marca en aquellas sábanas entre las crónicas afortunadas de tantas victorias y sucesos felices, la batalla duró hasta que fueron desechadas las fuerzas de mi amigo Pedrito, sin embargo ella parecía intacta, algo extraño para no tan juveniles años. Tres horas fueron necesarias para que mi amigo volviera al combate, ella lo levantó del profundo sueño. Por haber sido pródigo en el amor, le pide la segunda, él con las fuerzas renovadas tiene el caudal con que pagar la deuda, ella cansada del mismo juego le pide que cambie, le dice que esta es la oportunidad de dar un paso más en el supuesto de que la sensualidad tiene varios rostros que hay que descubrir. Es simple -dijo ella- si se acierta en el gusto las  estimamos por buenas y se disfrutan, si se yerra para siempre se niegan. Convencido Pedrito de la oferta, acepta el nuevo juego, ella saca su valija, abre. A simple vista se observa un látigo, ropa de cuero negro, un cinturón con tachas. Lenta y paulatinamente ella se va transformando. Mi amigo sorprendido del cambio se queda atónito, ella lo mira y le dice: Ahora es tu turno, esto se llama inversión de roles  y le da un juego de ropa femenina, una peluca, una remera sexi, un vestidito corto y unas sandalias taco alto, en una cajita habían perfume de mujer y algunas pinturitas para los ojos y los labios Pedrito al principio se niega, ella le ruega, suplica, promete, se enoja, se ablanda, le dice: Si no puedes disfrutar este momento con libertad plena, prefiero tu partida a que te comportes como un menesteroso en la pasión ¡No te brindes como si fueras una limosna! si no puedes querer bien y aun con exceso, será la perdición de este momento particular. Por haberse propuesto como un buen amante pasó adelante con buen ánimo, se dejó pintar los ojos y los labios (todo esto era nuevo para Pedrito) después,  empezó a vestirse, primero la remera, después la pollerita, la peluca,  por último los tacos altos. Ella se queda mirando, cuando él termina de vestirse, la diosa con voz de mando le pide que camine por el lugar hasta encontrar el gusto y el mayor provecho. Él caminaba con el consejo de ella con estilo, con suavidad, como fresca rosa, estaba dando esos pasos cuando en un segundo, de improviso, levantó los brazos, los desparramó por el los aire, dio un giro cayó doblado sobre sí mismo, con las piernas cruzadas, uno de los pies perdió uno de los calzados, el otro quedó atrapado en el pie torcido apuntando hacia arriba, la punta del taco se incrustó unos centímetros en uno de los muslos. Él,  gritó de dolor, sus ojos quedaron blancos, para después perder el conocimiento. Se despertó cuando era llevado en una ambulancia de emergencia, boca abajo, cubierto con una sábana,  todavía estaba su amiga con su ropa de combate, él también traía la remera y la pollerita corta, la peluca la perdió cuando dio el giro brusco, de uno de los tacos altos no se sabe nada, el otro seguía en la nalga.  El médico lo miraba con picardía, el chofer le decía algo al camillero y juntos se reían, su amiga también empezó a reírse; primero tímidamente, y Pedrito, un poco rojo por la pintura de labio, otro poco por la vergüenza  también empezó a reírse, después todos se reían a boca suelta.  
Cuando leas mi letra          Cuando leas mi letra será como quien ve mi  cara en un espejo, será entonces una oportunidad, para encontrarte conmigo mismo en  una constancia escrita de  mi ser desnudo
Dios es mi testigo Discutamos ante Dios,   cara a cara donde la verdad es evidente, allí haremos justicia. Quiero saber cuál fue mi culpa, para que olvidara así…tu nombre con el vino. Testigo lo hago de lo que te digo, de lo que hasta aquí tienes leído: Que mi pecho en penitencia, ya no tiene remedio, después de tu sentencia.  
TKM Pensaba yo: ¿Hay algo más distante, huraño, seco y desbrido que un beso o un tkm por celular? Pero cuando yo lo recibí, fue mágico, abundante Y lo creí fiel a tu verdad.
TKM
Autor: gonza pedro miguel  105 Lecturas
El diálogo entre un poeta y su pluma -Escribamos algo. -Hoy no puedo,  soy un texto sin sentido, una idea para el olvido. Una idea que se escapa, las palabras que se callan, el silencio que me atrapa. ¿Qué oportunidad me pides Si estoy hecho de nada? -Mira esa mujer hermosa por todo extremo Y vestida de tales prendas, Acariciándola con la mirada ¿No encontraras las razones y los motivos? -¿Por qué a ella sola se ha de amar? - Que la pasión y la inspiración del amor manan, esto te alabo y te vendo. -Te Precipitas en tus falsos gustos, esos temas ya los tocamos, diré poco para no ser escandaloso: Te repites. Con lo que ya dijimos ¿no está la abundancia arto satisfecha? -Siempre se puede decir más y más, el infinito es nuestro límite. - ¡Fantástica quimera! Con la necesidad engañas el juicio Emborrachando el gusto Deseando tener más y más Llenando las arcas con los despojos de ideas roídas -¡Hablemos de otra cosa entonces! -Volvemos al principio, Ya dije: Soy un deportado de las letras, la tinta sin papel, una historia sin argumento. Abrazado al silencio ¿qué podré decir? -Un poeta sin una voz que lo represente no es poeta. -Si no tengo nada que decir, prefiero callar. -¡El silencio será tu tumba! -Faltándote perfección en los sentidos, Abortando la conciencia en tu prematura razón, después los dos cobraremos el pago de tal desvarío. Que cada uno llore y gima después. -No entiendo ¿qué quieres decir? -Digo que si nos apuramos y escribimos mal y si las ideas que escribimos, carecen de un valor estético ¿Qué clase de poesía hacemos? ¿Qué alto honor alcanzamos? -Tienes razón mejor esperemos
El empate Te juro, Carlitos estuvo toda la semana hinchando con el partido del sábado, era de lo único que  hablaba, hacía  aspaventó con su primo, según él, el mejor arquero del mundo, yo le dije: che, vamos a ver si es tan bueno eh, espero que no sea un tronco de carne y hueso como vos eh. Él me dijo -Ya lo vas a ver-, y siguió  con su tono de amenaza y apuntando con un dedo, -si te haces el vivo, como la otra vez, el lunes te traigo en cama-.  Eso si me agarras, sentencié.  Entonces le dije: Ahhh… si te acordás  de la otra vez, es porque te dolió y mucho, el caño que te mandé, ¿te acordás o no? y que varias veces quedaste desparramado, mirando mi espalda y viendo como encaraba para el arco. –Vamos a ver si podes repetir la historia- Me gritó mientras se iba. No sé si sabías, el picadito será el sábado, en la canchita del viejo López, si ya sé, esa canchita está maldita, siempre que jugamos ahí empatamos o perdemos,  pero bueno que va… pienso, un día tendremos que romper esa desgracia. Para poner a prueba el talento llovió toda la noche.  Yo ya sabía la repuesta y sólo para cumplir con el ritual le pregunté a Carlitos: Che,  la cancha está media barrosa ¿jugamos igual? Me respondió  Con la picardía de sus días mejores,  mostrándome una sonrisa amplia y generosa que dejaba ver su teclado de baldosas sueltas. Tempranito estábamos en la cancha, Los mejores exponentes de una extirpe legendaria ya casi extinta, ja, ja,  el gordo Aldo,  Roni, el ojo de  Carrizo y nuestro jugador estrella: El  Pitu.   Como todos dicen, es un capo con la pelota, juega en el medio y ahí  en el medio, es el patrón calidad, sacrificio y huevo del equipo.     Con una cintura mejor que una odalisca: El Pitu, lo menos sospechable, delgadito, bajito, frágil, rápido,  el disfraz perfecto para ocultar y disimular el tremendo carácter de ese león perfecto, de talento exquisito.  Ellos no tienen un jugador estrella como nosotros, pero tienen un equipo que juegan juntos desde chicos, se conocen bien, sus pases son de memoria, de toques cortos, rápidos, cruzados, por arriba o por abajo, son precisos. Si no los marcas bien, estos te llenan la canasta.  No necesito echarlo a cara o cruz, le di a Carlitos a elegir el arco. Te juro, no lo vas a creer, el Pitu, de entrada dejó ver el hilo con el que está hecha su tela. Cuando lo vimos  jugar. Todos  decíamos: El tipo este, es muy bueno. Él solo les hacía frente, y gracias a él, el primer tiempo terminamos empatados cuatro a cuatro, y sin contar las pelotas que sacó Manotas, (Le dicen así, en alusión al pulpo)  el primo de Kike, que no era bueno, es buenísimo. Que si no fuera por él, le pegábamos una goleada histórica al equipo de Kike. Manotas  con su oficio de  arquero,  sabe leer muy bien los gestos de los delanteros para predecir donde va ir la pelota,  y así sacar ventaja de su ya, segura agilidad, si a eso le sumamos,  su increíble  intuición en elegir el palo correcto.  Es  impensable  la calidad que exhibe este cristiano, más allá de la fama que ya tenía. Según Kike, su falta de ambición lo llevó a rechazar la oferta de ir a jugar en un equipo de primera. Fue una pena para ese don tan maravilloso. A Carlitos lo asistía su hermano, con esa parsimonia de buen jujeño. Brillaba con humildad, con un brillo silencioso. Tiene esa inteligencia para darle calidad a la distribución del juego, con  el impulso en el momento preciso, con esos pases micrométricos, nunca lo vi dar un pase adelantado o atrasado, siempre ahí, al pie. Terminamos el primer tiempo. El Pitu arrancó cansado el segundo tiempo, más tranquilo, ya no corría tanto. Pero igual, ya cerca del final,  con un amague de cintura dejó uno en el camino, otro quedó desparramado ante la filosófica gambeta del cambalache, tres, cuatro y, lo vio venir a Carlitos,  apuró el pase antes de recibir el hachazo y quedar despanzurrado de trompa, haciendo sapito en el barro. Todos no reímos…pero no se levantaba, después  nos asustamos. Te juro. Parecía que  el golpe fue brutal. No fue nada grave, después se levantó como si nada, para festejar el gol. Con ese golpe Carlitos nos avisaba que no piensa perder por goleada y con una actitud resignada y poco digna establecen una cerrada defensa de trinchera para evitar la humillación. Les íbamos ganando cinco a cuatro y parecía que se venía el sexto. Por fin rompimos la racha perdedora en esta canchita.       Carlitos con su esotérica significación, detrás del arco le hacía tres nudos a la bandera, mientras juraba por todos los santos cumplir con la promesa de pagar un asado  para el equipo si ponían huevo y nos empataban. Yo siempre lo dije: Esta es una pasión para sufrir y disfrutar y en este momento, esta pasión me desbordaba. Hasta que, en una contra con precisión, de Carlitos y su hermano.  Cinco  minutos finales del partido.  El tiro libre. Pelota al segundo palo para  sufrir…   cuando pasa rozando el palo derecho y gol. Cinco a cinco. Ante el error de la defensa. Gritos y reproches iban y regresaban,  llenos de ridículos pretextos. Vino el gol. Después el desorden con inexplicable desconcierto. Se había perdido la serenidad.  Afloraba una terrible impotencia, naturalmente era sólo un gol, una claudicación momentánea aun faltaba algunos minutos pero… EL Pitu  solo ya no alcanzaba. Tampoco lográbamos remendar nuestra desgarrada defensa. Cansados con el respirar fatigoso. Parecía inminente que ellos nos terminaran ganado seis a cinco. Carlitos con toda la potencia del asecho. Con esa picardía, merodeando por los  lindes del arco, tremendamente provocativo. Recibe un pase por lo alto, salta y con el pecho la deja ahí, dormida. Se da vuelta y le pega a la pelota con una ternura calculada. Yo veo como queda él solo.  El miedo atroz me cercó, yo sentía que no podía pensar en nada, lo único que allí existía era, esa mirada de sangre en el ojo de Carlitos, salió el tiro y entonces bruscamente mi mano se elevó abierta y esquinada, luego cayó hecho un puño y con un golpe seco que no justificaba mi fama, me quedé con la pelota.  Ni yo lo podía creer. Lo veo solo a Carrizo para salir de contragolpe. Se la doy de primera. Elude a uno y otro. El Pitu con señas se la pide, pero…    Ese caprichoso incurable, ese egoísta reincidente, que se cree con todo el derecho de posesión sobre la pelota, se corta solo. Carlitos de atrás lo barre con `pelota y todo. ¡Qué bronca!  El Pitu se la pedía solo frente al arco. Ese  era el gol del partido. Como en todo el partido,  otra vez se queda con la pelota para perderla de nuevo. Te juro. Yo no lo entiendo. Si ya pasó a uno y a otro que le cuesta pasarla al compañero. Te juro, no sabés la bronca que me dio. Ver al otro gritando, levantando la mano y el, ahí intentando una jugada más.  De nada sirven los reproches. Un silencio seco y tolerante nos reprochaba la falta de ambición.  Solo nos quedaba la espera del pitazo final en actitud pasiva y resignada al empate. Pitazo final para sostener la racha perdedora en la canchita del viejo López y acrecentar la dicha de Carlitos. Ya encontraremos otra  buena oportunidad para vencer con esa porfiada y trabajosa  pelota que se resiste a besar más la red.  
El empate
Autor: gonza pedro miguel  135 Lecturas
Palabras Con su vocación congénita  las palabras atesoran la identidad de los goces, los deseos, las frustraciones y las guardan en imágenes que se revelan en lo que decimos. PMG …Cuando ya no quedan más palabras Cuando está todo dicho Sólo queda el silencio. PMG     Ya fue sembrado el desaliento, con la mirada vieja, con el amor gastado y la pasión tibia. De a poco de a rato aunque sea de a tantos antes que muera del todo la esperanza hablemos un poco. Quizás pueda descubrir o comprender o descifrar la esencia de lo que nos pasa. Quiero saber dónde se sembró tu desaliento,  ese que ahora se infiltra en  gestos y en actos. Lo seco y desabrido se hace cotidiano con esas palabras lavadas, palabras que se vuelven ausencia, palabras que marcan distancias. Recuerdo esos labios proselitista arengando a viva voz el fuego de la pasión. Para mí este recuerdo tiene un encanto partidario. En ese momento tu voz era diferente, decía otra cosa, tenía otra voluntad. Probablemente la mayor dificultad que hoy enfrentamos sea la palabra, para nosotros se está empezando a convertir en algo de mal gusto. Pareciera que para vos, recordar el pasado es invadir el presente con un recuerdo fósil. Yo sé  que juzgar el pasado no es una tarea fácil, pero… Tampoco busco el encadenamiento afectivo,  ni quiero la distancia que nos hace extraños. Quiero que hablemos. Quiero que recuerdes alguna palabra que sobreviva al olvido y que aun hoy nos acompañe. Quizás ella, con su recuerdo nos defienda, nos dé algún aliento, siembre alguna nueva esperanza. Antes al menos  teníamos enfrentamientos verbales. Si ya sé, nos decíamos cosas injustas. Después los perdones, las disculpas. Hasta que un día, se hizo moneda corriente y nos empezamos a decir cosas irreparables. Entonces simultáneamente  empezamos a callar. La presencia inevitable en la cama, hace más incómodo el momento. El silencio, en este lugarcito tan íntimo, hace que la soledad sea total. Yo estoy tan podrido de ese silencio brutal, que te busco con la mirada y vos me huís. Ahora al menos nos miramos. Hay una extraña iluminación en tu rostro, a veces pienso que intentas ocultar una alegría, porque se supone que debemos estar con caras largas. Aquí en el borde de la cama. No quiero solo tu mirada, quiero que me digas algo. Presiento que hay algo que me quieres decir. Si tus labios callan esa lágrima rodando por tu mejilla me cuenta todo. Si hasta hace un minuto quería que hablaras, ahora quiero que cayes. 
palabras
Autor: gonza pedro miguel  117 Lecturas
Ella:  la niña de mis ojos Mi mejor proyecto, mi verso más elevado, mi sueño mejor cumplido. La razón, causa y efecto de mi ser en lucha. Pondré tu nombre en un verso para que quede después que me haya ido…  que todos vean cuanto te he querido. El duende de la fantasía, pintó de realidad mí sueño, que habiendo sido humano, te hizo ser divino. Es tu sangre de tinta,  son tus manos de papel y tus labios de rima, que destilan miel. Como el árbol de la vida, son  tus frutos de poesía.
Soy poeta  Es mi verso ya de caudaloso rio que ni se acaba ni se agota: ¡Soy poeta! Por corazón y letra: ¡Soy poeta! Ya  de tinta mi sangre, ya  mi alma de papel: ¡Soy poeta! Mis manos y mi pluma ya son una: ¡Soy poeta! Si mis pies ya  tienen alas y mi sueño es un cometa: ¡Soy poeta! 
Soy poeta
Autor: gonza pedro miguel  126 Lecturas
Andaban mis ojos presurosos Cuando la vieron llegar No le creyeron mis sentidos Ni mi pluma la podrá pintar Ni tu imaginación la podrá alcanzar Sólo te puedo decir que Ella le robó a Dios toda la belleza que una mujer pueda tener Vino ella toda finamente labrada, Como obra virtuosa,  mirada y adorada Que no hay flor que la iguale Ni gusto que no se rinda  Que a otra no sabré querer, ni más sabré pedir   tan agarrada a mí, quedó por dentro, y yo sin ninguna ganas de soltarla quedó a mis ojos para mi regalo y como perdición a mis sentidos abobado, así con esa fuerza que me arrastra, su perfume me enredó a sus ojos, para repetirla luego en la letanía de mis sueños.
sepulta el tiempo las cosas y los aranceles del tiempo se cobran La madera se pudre, el hierro se dobla el acero se quiebra y los corazones se rompen el camino es largo y la vida corta y yo…yo me reinvento y sigo
El duelo Cuando es el duelo lo que rodea, un solo adiós no es suficiente Con verdades de confección, mirando al cielo digo: Tus recuerdos matan, más que la misma muerte.  
El duelo
Autor: gonza pedro miguel  111 Lecturas
Las aventuras de Pedrito Galán famosísimo, según él dice que fue o quién dice que sea; esta es su historia por haber sido pródigo en amores. El deseo de contar sus historias me nació de haberlas estimadas por buenas, por eso ruego al destino me ayude a tomar mi pluma y pueda  escribir  sin que se cansen mis manos. Seré como un cronista de lo que oí y supe, para que todos vean que no es necesario rostro hermoso, él solo con su discurso de calidad, enamoró a mujeres humanas y divinas. Escuchando su historia me puso en obligación su relato esbozado, y mi pluma  encontró la ocasión para descubrir su nombre y su rostro, para que vean como es de él, la suerte del destino, que en aquel que toca; para siempre gana. Si vos lo conocieras pensarías ¿Cómo es posible qué señoras, señoritas, reinas y princesas caigan rendidas a los pies de Pedrito? que con su lenguaje simple y sencillo gana tan solo con la mirada.  Lo único que queda por pensar es que a él se lo habrá de querer por la fuerza, porque si uno mira a Pedrito puede ver que no es un hombre perfecto, sus manos castigadas por el trabajo, su figura no es precisamente la de un héroe mitológico, sin embargo Pedrito desde el principio de su juventud lleva en él, los caprichos del destino, la estrella favorable de los elogios en la miradas femeninas.  Así nos cuenta que a la edad de trece años roba su primer amor, una vecina suya, rubia, de trenzas largas, de ojos verdes, de unos dieciséis años se enamora perdidamente de él, al principio era todo como un juego, así como juegan los niños, después ella lo convence a Pedrito para que hable con su padre (de Pedrito) y entre los dos le pidan a la familia de ella, le dejen llegar a su casa como el novio. La primera de las respuestas del padre de Pedrito fue la risa, después con la mucha insistencia, el enojo pero como la gota orada la piedra, tanto lloró, suplicó, prometió buena conducta Pedrito que al final ganó. El padre y el hijo se pararon frente a la puerta del alemán para después recibir un portazo; después de eso la niña no se rendía, el niño menos, un día de esos, ese juego de niños casi llega a ser un juego de adultos. En el preciso instante en que Pedrito pensaba pasar a los hechos, el padre de ella los descubre, Pedrito sale a correr con los pantalones casi por el piso por los campos, el alemán por atrás, algo le gritaba, no se sabe que. La niña quedó roja como un tomate, su enamorado; desaparecido. Por un buen tiempo Pedrito desapareció y no se lo volvió a ver por ningún lado. Cuatro meses después, el alemán con la niña de trenzas largas de la mano parados frente a la casa de Pedrito, pidiendo se haga cargo del embarazo, Pedrito jura y perjura que sólo la tocó con la mano y que nunca pasó de ahí, ella jura por todos los santos del cielo que fue él, el único que la tocó. A Pedrito no le queda otra que el casamiento, se hacen los arreglos para después del nacimiento, mientras tanto los tortolitos se quedan en la casa del alemán, Pedrito aprovecha y por primera vez, prueba las delicias del amor, después de esto nunca más dejará este vicio.         Bajo la tutela de la niña de trenzas largas, así se va haciendo diestro y bien disciplinado en las armas del amor, fue desde niño un soldado con la espada, que lo consagra como varón. Cuando nace el bebe tiene únicamente los ojos verdes de la madre, del padre la piel y por la mescla algo oscura y unos rulos que todos se sorprendieron, Pedrito se dio cuenta que no era el padre, los otros también, Pedrito salió corriendo ofendido por la estafa. La escapada lo  dejó en Buenos Aires, solo con algunas monedas, en plaza Constitución conoció una mujer de unos cuarenta años o más, después de algunas horas de charla se lo termina llevando a su casa, era una mujer soltera, sin hijos. Un poco conmovida por la historia de Pedrito, otro poco por ángel que llevaba que lleva adentro,  no le queda otra que enamorarse de Pedrito. Así nace esta segunda historia, Si Pedrito ya había tomado clases con la hija del alemán, la veterana le enseña lo que faltaba. Mientras estuvo con esta señora nuestro amigo no trabajaba, salía poco de la casa, ella lo atendía como aun rey, cumplía con todos sus caprichitos, a cambio de esto él le ofrecía toda la fuerza de su juventud casi inagotable. Después de dos años de entrenamiento en el arte de amar, un día Pedrito ya aburrido de siempre lo mismo, decide salir un poco, ella se niega, el insiste, llegan los gritos, las recriminaciones, los pases de facturas. Pedrito otra vez huyendo en la oscuridad de la noche, escapándose furtivamente, casi en secreto, ella lo ve salir cuando gana la calle, a los gritos le pide perdón, llorando le dice: si fue verdadero el amor, no es tan justo premiarse así todo el ofrecimiento recibido, seguro te irás con otra, pero como en esta gloria con ningún otra disfrutaras. Pedrito a lo lejos  le respondió: Seguro encontraré otras con menos fortunas que vos, pero seguro estoy no le faltaran dotes a su alma como te faltaron a vos. Después de esto desapareció en la oscuridad de la noche. Así conoce a la gitana que apenas lo ve se enamora de él, ella lee la fortuna mirando en la palma de su mano y le dice que un gran mal lo asecha, le dice que él está huyendo de ese mal, que muy pronto si alguien  no lo ayuda, esa misma noche morirá. No sabemos si la gitana adivinó que estaba huyendo o si se dio cuenta de esa situación por el bolso que llevaba o si lo delató la cara de preocupado; tampoco sabemos bien, si él aceptó irse con la gitana por la premonición del peligro que lanzó la gitana o si se fue con ella porque era muy hermosa de rostro y de muy bonita figura, la cuestión es que la gitana cuidó de Pedrito por el tiempo de un año, hasta que un día, otra gitanilla vino a visitar a su amiga, encontró a  Pedrito solo en la casa, su amiga no estaba, por horas hablaron, ella le contó de su vida, sus anhelos, sus proyectos, le habló de sus gustos, después él le contó de sus aventuras, como se escapó del alemán, sus idas y venidas. No sabemos si la gitanilla se enamoró de Pedrito por la estrella que lleva en su pecho o  por alguna otra causa secreta que nosotros no conocemos, la cuestión es así,  la gitanilla lo convence a Pedrito y esa misma tarde se escapa con su nueva compañera. Esa misma noche después de una rica cena romántica Pedrito quiere consumar su nuevo amor, ella también, pero el amigo de Pedrito se niega a la consumación. Después de varios intentos fallidos en varias noches consecutivas, la gitanilla piensa que esto es un maleficio, arrogado desde su antigua amiga, en venganza por el robo. La gitanilla no duda en ir a ver a una gitana vieja para que lo “limpie” a Pedrito. Dos horas de viaje, tres colectivos y un remis  fueron necesarios para llegar hasta donde vivía la vieja gitana. El ranchito se sostenía de milagro, parecía que ya se caía, un perro flaco dormía en la puerta y un loro en un árbol en la entrada daba la voz de alarma. El loro gritó, el perro se levantó alerta, la vieja salió, a penas vio a la joven levantó los brazos en señal de bienvenida y a los gritos, casi llorando repetía el nombre de la joven, la apretó contra su pecho, luego la separaba un poco la auscultaba de la cabeza a los pies, la apretaba de nuevo, así un buen rato hasta que se calmó. La gitanilla contó la historia de Pedrito, la vieja lo miraba sorprendida. Trajo su mazo de cartas lo puso sobre la mesa, le pidió a Pedrito que cortara el mazo con la mano izquierda, él obedeció. La primera de las cartas: El rey de copa. La vieja hace un gesto de afirmación. La segunda carta: El as de espada. La vieja se tapa la boca para no gritar y abre los ojos grandes. Saca la tercera y última carta: El as de corazones. La vieja, respira. Dice la vieja gitana: La primer carta habla muy bien de Pedrito, cuenta su pasado, presente y su futuro  (mirando a Pedrito) siempre levantará la copa de la victoria, tendrá caídas pero al final levantará su copa y esto, lo que hoy le pasa es sólo pasajero, la segunda carta es un tanto oscura en tanto no dice claramente que, la espada siempre tiene dos lecturas una positiva y la otra negativa, por algo es de doble filo, la espada es un arma  y siempre implica peligro o el uso de la fuerza.  Algunas veces las cartas no cuentan todo y sólo nos ponen en alerta. Tal vez el peligro venga por el lado del corazón dice mirando la última carta: Una cuestión de amor puede ser peligrosa  para él (mirando a Pedrito) Después de eso la vieja se levantó, tomo una rama de laurel y le daba pequeños golpecitos por todo el cuerpo mientras decía alguna oración, en tanto  le tiraba bocanadas de humo. Después de esto Pedrito recuperó la fuerza de su juventud y nunca más, según él y nosotros le creemos volvió a tener problemas con el más fiel de sus amigos. Si ustedes me preguntan cómo es hoy  Pedrito, ya con más de cincuenta años, les digo que mi amigo sigue tan ganador hoy como ayer. Ya no digo lo que me dijeron, si no lo que mis ojos vieron, siempre a la caza y la pesca, él con pequeña ventaja tiene ganado de mano el oído de las chicas.
Con esa fuerza telúrica que mueve y transforma, el movimiento grandemente elocuente  de tus formas y manifestaciones;  estas  consagran el triunfo soberano de mis ojos beligerantes y esos pechos fértiles, que generosos asoman entre el sustrato de esa prenda florida. Ruego para que concedieras a la más noble  de mis manos las  grandes mercedes territoriales de su conquista, hasta llegar más allá de las fronteras de lo visible. Mis manos puestas en el lugar justo, llegaron para fecundar las tierras vírgenes de tus pechos y ellas comprendieron que sin mis manos no podrían sobrevivir, menos aun  sin el monopolio de mis intereses.    Tus pechos de tan profundas raíces, tan trascendentales para el destino de nuestros frutos, tienen la audacia de tus miradas, tienen en lo extraordinario el afán de auscultar el deseo puro de mis manos, en tus pechos se puede ver la fe inmensa de  su fruto que generosamente se regala en esa batalla cuerpo a cuerpo y  yo con el arma en la mano defendiendo la lucha armada por la riqueza de tus formas. Después de la segunda batalla me he dedicado a perfeccionar mi posesión colonial sobre tu cuerpo  y tu lecho, donde somos nosotros suavemente mesclados. He aquí, en tus formas, la fórmula de tu dominación, que impone y fija el ser de mis anhelos, y es la medicina para todos mis males. Al principio lo descubrí en sorpresas, en pequeñas batallas, escaramuzas  las cuales van madurando, conquistando nuevas formas de unirnos, aumentando el ser de mis pasiones hasta alcanzar a dibujar la raya en la arena y esta se vuelve dilema; atrás está nuestro pasado, la libertad sin cadenas, libre de compromisos, del otro lado; nosotros y eso que podemos construir; pero también está el miedo a no saber llevar ese pacto de dependencia, a no saber romper las contradicciones. Inevitablemente la raya divide y nosotros lo descubrimos en nuestros áridos mutismos que no saben callar el silencio de nuestra cama No fueron poderosa mis manos para callar nuestras diferencias para aquello que es y debe ser la causa de nuestro espíritu disconforme, nos cuesta decir lo que está claro: Lo que no podemos avanzar por la senda de las condiciones concretas.
Tus pechos
Autor: gonza pedro miguel  120 Lecturas
Un dios en el monte de Venus Como un indicio generoso,                          tus piernas me enseñan el camino,   donde se guardan las flores de mi deseos.   Tus bondades, nunca me encuentran desarmado, siempre listo y en carrera, hasta llegar a ser un dios provisorio,  un héroe en la cumbre de los estatuarios, en la plenitud del gozo. 
Quien quiera oír que oiga  Inmerso en los vicios de Dionisio, Ya  con la lengua endulzada, me hago amigos de las armas y los dichos Dejando de lado la milicia de los elogios, con cada copa  se acaba la farsa, conozcan  ese otro que soy para los otros. Sea quien dice que soy  o diga quien sea Mostrando el hilo de la tela, con que está hecho mi bronca. Con el vino se desprenden los caprichos Y con los pies casi en la tierra ¡Hip! en pasos perdidos y encontrados, en  mi pecho se levantan altaneras, querellas que florecen con el vino. Broncas ahogadas o muertas salieron vivas, en alarde, públicas las hago. Mientras dure el efecto bebido, ¡Hip! en todo lo que digo soy: Juez, testigo y sentencia
Ya sé, No todo es tan así, pero… La sangre se corrompe, los honores fallan, la pasión y la locura abundan. Donde vayas cosecharás puñaladas. Tiesos de pie y mano, nadie te tira una soga. Que todo es pudrirse y caer, que falta todo desde el cimiento, que enflaquece la virtud. No sabes por dónde vendrá el tiro, porque habló mal, o miró de más, porque pasó y no entró; cualquier escusa es  buena, para perder la vida en una esquina.
La soledad Hoy tengo una sordera que no me permite hablar conmigo mismo. Los pobres mueren de hambre los ricos de hastíos y yo aquí… solo, sin poder hablar de frío.  
la soledad
Autor: gonza pedro miguel  121 Lecturas
Buscando un amigo Dónde se anega la paciencia, se pierde la calma, y se consumen los deseos. Murmuremos de algunos hombres, que tienen la mano corta para las buenas obras. Puestos los ojos en la moneda, buscan en ella su mejor fortuna. Pocos son los que con buen celo, militan  por el camino derecho. Escasean  los hermanos y los amigos cabales en peso y en medida, como antaño, hombro con hombro: una costumbre perdida. Hogaño todos roban, todos mienten, así van por el atajo. Es cuento largo de esto, todo anda revuelto, corriendo tras la prisa, a la caza y a la pesca. De plomo y piedra los pecho. Es locura  que me asombra, y es ya  locura más hoy que ayer.
Dueña señora y reina Por la falta que me haces alargas mis horas, mis días, mis noches en dolores, llantos y penas ¡Hija de Venus! Concédeme el derecho De la conquista de tu pecho de mi ser por vos ya vencido   para vivir o morir por vos de mi bien ya idolatrado. Están mis ojos amarrados al suelo de esta celda y al oxido de esta cadena. ¡Señor! Envía lluvia Para socorrer la agonía De mi llanto  seco ¿Hasta cuándo mujer? Reina de las hechiceras, ¿cambiarás mis pesares en flores  Y mis dolores en amores? ¿No tienes piedad, por este espectáculo de muerte?
El vinito y yo Como  luna que rige mis mareos. como sangre sensual que riega mis noches, que eleva mi carácter de pronto altanero. Con tu zumo fabricante de campeones. De pie sobre estos inciertos pisos. Sortario de boca grande, con un beso le doy gracias al vino tinto, hasta dejar el fondo limpio.
el vinito y yo
Autor: gonza pedro miguel  136 Lecturas
Retrato de una contrariedad furia e injuria,  después… después del  olvido de mis caricias y besos. Delicia y consuelo eran tus manos, deleite de mis deseos todos. No queda más que una pequeña, sombra de tu recuerdo viejo. ya mis tristezas son de fierro, Ya mis dolores de piedra, ya de cayos mis ojos, por causa de mi llanto seco. Dormido o despierto lloro; solo el amor con su canto, puede  calmar este llanto. Aquí recuerdo tu nombre, aquí te extraño de nuevo, aquí siempre aquí ... te espero
Extraño tus consejos tanto…tanto,  que más no se podían encarecer. Estos ojos que te vieron subir, ya nunca más te verán bajar ¿Con qué rigor del cielo, Los santos se juntaron, y tus ojos me negaron? Quiero la medicina de mi pecho, el ungüento de mis huesos, el jarabe de tus consejos
Retrato de una contrariedad Una duda que anima mi ser, que resolver no puedo, de dos extremos distantes, mi pecho no sabe escoger No teniendo claro mis ojos, ni luz plena en mis sentidos ni por ésta, ni por esa otra, en agonía que arranca el alma a dos cabos lloraré por una y por la otra sufriré a mares. Que me ahogo en el deseo, Que me ciega la pasión, que me mueve la impaciencia. Ya huir quiero de mi confusa suerte y así, no acusen a mis labios de mentiroso o infamen mi pecho de lascivo. Con las dudas que ahora  multiplican mis temores, haciendo fieros me salí.
Tus brazos un candado, tus ojos un cerrojo; no me miras ni te miro, no me escuchas ni te escucho. De tu amor: descuido, del mío, distraído. Reine  acuerdo entre los dos Con fuerza y con pasión: Amor pido, que no gracia.                                                                                       Pasión quiero que no fría. Si con amor me das tu corazón, con gloria recibirás el mío.
Amor pidoII
Autor: gonza pedro miguel  118 Lecturas

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Paradójico mérito
Cuando nos inaugura la intuición,
nos hace lucidos y desgraciados.
PMG
Releyendo mis textos, recorriendo palmo a palmo mi letra me doy cuenta que hay frases, ideas que me sorprenden ¿Cómo están ahí? ¿En qué momento las imaginé? ¿Cómo llegaron a ser parte de mi letra? Entonces percibo que mi palabra vale por sí misma, está protegida de mi ignorancia de aquello que nunca se me ocurrirá, mi palabra tiene ese plus que la hace independiente de mi consejo, ella vive su propia existencia, y así siento dolorosamente esa ajena distancia… pero es mi letra, yo sé que es mi pluma y entonces me siento paternal e importante.
Antes no podía escribir con libertad, ahora me veo protegido contra mi propia impotencia, contra mi miedo o cobardía, me he dado cuenta que mis palabras valen por sí mismas. Es increíble la sensación de libertad que produce el efecto de hallar que mi pluma no depende absolutamente de mí, ella es por sí misma.
Por otro lado pienso, si esta letra no es absolutamente mía, en último rigor a la verdad, nada tengo que ver con ella, y esta es la idea que me mata, esa distancia, esa terrible ajenidad, esa sensación de saber que lo que escribo no es absolutamente mío, sin embargo están absurdo pensar que mi pluma y yo no somos uno.
En sacrificio a la verdad, no puedo dejar de unir mentalmente los dos conceptos, es mí pluma pero la siento ajena y distante.
La agradable ignorancia de pensar que la paternidad de mi letra era toda mía, pero ahí está la intuición con la clara revelación para hacerme desgraciado, para negarme la plena autoría de mi cosecha.
Reconozco mi letra, todavía insegura, próxima desmoronarse con la escasa convicción en lo que dice, pero también está la otra parte, esa pluma vigorosa, como un intruso exponente de lo ajeno, que a mí me deja este sabor amargo de una modesta felicidad.
Esta pluma me da un poco de admiración con su aire desafiante y agresivo, que sabe decir sin callarse sus presentimientos.
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