• gonza pedro miguel
gonza miguel
Paradójico mérito
Cuando nos inaugura la intuición,
nos hace lucidos y desgraciados.
PMG
Releyendo mis textos, recorriendo palmo a palmo mi letra me doy cuenta que hay frases, ideas que me sorprenden ¿Cómo están ahí? ¿En qué momento las imaginé? ¿Cómo llegaron a ser parte de mi letra? Entonces percibo que mi palabra vale por sí misma, está protegida de mi ignorancia de aquello que nunca se me ocurrirá, mi palabra tiene ese plus que la hace independiente de mi consejo, ella vive su propia existencia, y así siento dolorosamente esa ajena distancia… pero es mi letra, yo sé que es mi pluma y entonces me siento paternal e importante.
Antes no podía escribir con libertad, ahora me veo protegido contra mi propia impotencia, contra mi miedo o cobardía, me he dado cuenta que mis palabras valen por sí mismas. Es increíble la sensación de libertad que produce el efecto de hallar que mi pluma no depende absolutamente de mí, ella es por sí misma.
Por otro lado pienso, si esta letra no es absolutamente mía, en último rigor a la verdad, nada tengo que ver con ella, y esta es la idea que me mata, esa distancia, esa terrible ajenidad, esa sensación de saber que lo que escribo no es absolutamente mío, sin embargo están absurdo pensar que mi pluma y yo no somos uno.
En sacrificio a la verdad, no puedo dejar de unir mentalmente los dos conceptos, es mí pluma pero la siento ajena y distante.
La agradable ignorancia de pensar que la paternidad de mi letra era toda mía, pero ahí está la intuición con la clara revelación para hacerme desgraciado, para negarme la plena autoría de mi cosecha.
Reconozco mi letra, todavía insegura, próxima desmoronarse con la escasa convicción en lo que dice, pero también está la otra parte, esa pluma vigorosa, como un intruso exponente de lo ajeno, que a mí me deja este sabor amargo de una modesta felicidad.
Esta pluma me da un poco de admiración con su aire desafiante y agresivo, que sabe decir sin callarse sus presentimientos.
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  • País: Argentina
 
Tenía el conjuro oculto en sus labios y en sus ojos cautos el miedo a la aventura -Hablemos del amor- le dije -Si… pero,  al  amor no lo conozco, me lo cuentan.  De lo que no sé, ni vi, me preguntas.  Decía yo antes: ¿Mis brazos saben de amores sagrados? ¡No! ¿Crees en la paz de esas  manos tibias o será mañana también, el puño que castiga? Pensaba… Pero hoy, desde la absoluta profundidades del descreimiento humano, desde la propia carne y desde la otra vida del dolor, desde esa enmarañada oscuridad y después  de desecha, esa piel echa de duda; no creo en el amor. -Creer o no creer en el amor. Se necesita más fe, para  creer que el amor no existe, que para aceptar lo que el amor ofrece a los que lo buscan. Si no crees en el amor ¿Cómo puedes… cómo puedes aceptar ese momento de gloria cuando estés entregada en sus brazos? Sin entrega y compromiso nadie verá el amor. En el hombre, el amor está echo a la imagen y semejanza de lo que él cree,  el amor es lo que uno cree que es; no imagines su existencia literal con los ojos de la duda; en la duda, no hay amor  (por eso en los celos no hay amor, porque están hechos de miedo y de duda) Si un corazón está abierto a la buena caricia, al beso de fe, entonces el amor, es en esencia revelado en un ser real; y es un dogma fundamental del amor, creer en lo amado, tal maravillosa  esperanza es a Todo aquel que  cree en el amor que del otro se purifica a sí mismo.
Sobre el amor
Autor: gonza pedro miguel  245 Lecturas
Cuando la tinta penetra se va metiendo en cumbres borrascosas Pensaba: Nunca he escrito algo sin intención de decirlo, pero hoy, mirando para adentro como el que ya calcula, con palabras de costumbre sobre una vieja emoción gastada, uno se vuelve pensador o sabio, como cuando, en  unas copas de vino, uno derrama filosofía. Como para sacarme el cepo semántico. En una hoja en blanco tiré un verbo sin la intención de que corra, él sabe que, solo, ahí,  detenido, se reconoce resistente a la interpretación casual, pero en esa rebeldía de decir, y no,  le sigue un adjetivo desordenado, desnudo, lejos de la justificación lo acompaña como en un temor supersticioso de quedarse cerca de la raíz sin alcanzar a decir todo en esa confesión, sin poder alcanzar esa intimidad provechosa y desnuda de una verdad. Quizás en anuencia con  la callada competencia de una coma, y la buena nueva de un punto aparte pueda romper con la promiscuidad del significante.  Cuando todo está en orden, casi diría: en un aparente orden; el verbo, grita, bromea sobre el sentido lateral de algunos adjetivos, se ríe de los intentos de ponerle doble llave a los sentidos laterales; hay que erradicarlos… pero, como  siempre les queda un poco abierto y asoma por una hendija la antigua incertidumbre, el antiguo sobrante en lo que se dice, por no decir el inútil sobrante. Nadie puede querer aquello que no quiere decir… pero ahí está lo que nos sobra, dice sin querer, lo que no quería decir, esto pone en duda el prestigio de la mano moviendo la pluma.
Hay un verso en sus ojos  que mi pluma no sabe escribir  y dejan al descubierto,  que mis palabras no valen más que una de sus miradas. En el perpetuo triunfo de sus ojos claros No la puedo mirar sin que me quede sin respirar. Cuando empuja, Ella entra por mis ojos y sale por mi pluma Y esa cintura que sabe jugar al imperio a cielo abierto  Yo la conocí fulminante, imposible salir ileso De ese beso de fuego sobre una roca de hielo. Habrá que esconder el estupor Y jugar a ser el sobreviviente.
El tajo Como anzuelo de pescador me cazaron sus ojos, con besos  como ganchos esos labios dan forma a mi pensamiento y crean el verso que en otros besos no existo y que otro beso no espero y fue más aun, cuando esas manos supieron arengar, hasta los brazos y los codos quisieron participar. ¿Para qué? Si como prenda alquilada la vida me la prestó un poco, y en copas empeñadas nos bebimos el vino de los enamorados, me hizo subir hasta el cielo, arriba, para después llorarla hasta sus raíces, abajo. Por tres besos de ella y por el cuarto; la suerte me la cortó de un tajo.
El tajo
Autor: gonza pedro miguel  286 Lecturas
La muerte incurable Con la piel humillada, todos se van en el tiempo y yo mismo me estoy yendo. Colgado de las agujas del tiempo La vida no tiene una red. No encontrar un sitio donde asir la vida por esa impunidad que tienen las eras. Cada muerte tiene su hora y cada minuto tiene su ausencia. Por cada paso un desencuentro y otro  ser que se hace ceniza en el viento. En un trabajo lleno de descontento, fatigadas horas ven inmolarse los segundos impacientes que van naciendo, así…  atrás van quedando maravillosos y descuidados momentos; que en el recuerdo conjuran nunca más volverse a repetir. Cuando al fin se habrá la tierra Con su abrazo común: Me pregunto si hallaré algo escondido entre las cenizas. Una cosa no quiero encontrar y es, un miedo con su pánico en blanco, quiero esperar tranquilo la liturgia del beso incontable, en amores bien gastados. Una cosa quiero y es, que no quede tu memoria marchita mira, que la envenenan los suspiros.
Ella, de confesada risa y esos ojos de ignorada tristeza,  mostraban hasta la insolencia, el tono magistral  con que se movían; ni que decir de su cintura y yo la percibía con mil ojos y la palpaba con diez mil dedos. Su belleza obscena me inflamaba y corrompía mi realidad, así detenía la sustancia fugitiva del tiempo. En la noche de los suspiros. Subir por las casi infinitas piernas, llegar hasta donde se enriquecen con la selva populosa inextricable, continuar hasta la caldera de sus labios; armas de fuego. Mil versos, ya está en mi sangre, resuenan entre sus besos, como esos labios inagotables, esa belleza,  la que despertó y merece toda la gratitud y todas las lealtades; de todos mis ojos, de todas mis manos, de todos mis versos. Mientras dure esta noche, con sus repetidas campanadas, me siento invulnerable, inmortal. Hacia el alba pensaba: De sus ojos, de esa puñalada feliz son los siglos y el tiempo; quiero decir: Es una mujer para vastos amaneceres.
Ella IV
Autor: gonza pedro miguel  279 Lecturas
La piedra fundamental Aquí, circulando en ideas,  en círculos concéntricos,  irremediablemente por mis textos, en diálogos circulares con mi propia voz, conociendo el mundo, el universo  a través del verbo. Por este cosmos que parecer ordenado y caótico a la vez. Me pregunto: ¿Cómo puede existir el orden en un universo caótico? Pero existe, lo vemos; existen los días, los meses los años, los perfectos círculos, pero  también existe; lo casual, mi pluma, los espejos, copias de una realidad imperfecta como mi vida. ¿Un delito de la razón, una arrogancia de mi vanidad? Quizás el orden no existe o es sólo una invención de nuestra mente, un invento de la razón, pero los círculos existen, con razón o sin ella podemos decir que, un círculo, es perfecto y si existe un elemento perfecto, puede existir: Lo perfecto. La idea así planteada es bastante coherente pero, ojo, puede ser sólo, un juego del lenguaje, una falla, una grieta del lenguaje, un disfraz de la palabra, un mero carácter gramatical, que por una confusión humana, arto humana, ¿se permite expresar algo como perfecto, aun cuando no lo sea?  Mi fidelidad es a un orden,  a un método, a un ritmo, aun cuando en realidad en el fondo, tal vez no lo sean. Quizás no pueda percibir lo eterno (no puedo estar ahí para probarlo) pero, puedo ver y entender que siempre hubo un antes y  a  partir  esto podemos sospechar que siempre habrá un después, pero también esto puede ser una ilusión de los sentidos. Puedo dudar de todo, pero de lo que no puedo dudar de que estoy inmerso en una razón. Existió una razón primera, un Logos, como dirían los griegos, que fue pasando de hombre a hombre hasta ser parte de mí propio ser. En este preciso instante, aquí, ahora, en mí, existe una razón o logos que es parte de todas las razones presentes, pasadas y futuras; es decir, soy una partícula o punto ínfimo  en el espacio donde,   todas las razones  convergen; una razón  en el universo, donde toma  forma como un ente corporal, en mi propio ser. El logos, es una razón que parece ser, más real que nosotros mismo, ( un día dejaré de ser y lo que camia y deja de ser, en realidad no es)  lo que podríamos decir: somos una sustancia hecha de razón. Somos, soy, una pequeña parte del tiempo eterno de esa razón que todo lo atraviesa. ¿Vivimos y nos movemos en función de una  Razón, que va más allá de nosotros mismos? Podríamos decir, estamos al servicio de una razón, más amplia, que va más allá de nuestros propios intereses, en este sentido, cada acto personal o particular es una ilusión; siempre apuntamos a intereses que no sabemos o no conocemos. No podemos pensar nada por fuera de esta razón. Existe una razón para todo o no existe una razón para nada; la historia niega este último postulado; se ve un camino trazado, se nota una dirección, no solo en el pensamiento humano, lo podemos ver, en el diseño de una flor, en la arquitectura de una semilla; se percibe una finalidad, un objetivo.   La maternidad es un hecho, la paternidad un acto de fe. Es un hecho que esta es mi letra, pero la razón de mi texto, ¿es sólo mía o hay algo más que subyace por sobre mi pluma? ¿Confiamos excesivamente en la razón? ¿Podemos pensar en la inmortalidad de la razón? ¿La razón propone un deber? ¿Le confiere lucidez? ¿Hay un progreso en lo esencial de la razón?  ¿Es eterna la memoria de lo que la razón sabe? Y si mañana hubiera olvido ¿Puede ser, sin que, ni para que, de una razón sin memoria?  
Olvidé olvidarme Es precario decirlo, pero hoy con el silencio andamos bastante juntos,  y es muy  útil para la gran tarea del olvido. Olvidé olvidarme del olvido que me sigue esperando, por eso creo que mi propio olvido es un gran simulacro, es como una de esas   lealtades que traicionan. Mí ser,  parece un gran más allá lleno de olvido… pero en realidad es, un desierto lleno de memoria que sigue esperando la gran  cosecha. En el silencio de mí desnudes, cerca de los arietes del olvido en su fondo insondable: Mis recuerdos y tus indiferencias. Si mi olvido fuera como esas lealtades balsámicas: El ungüento de tus recuerdos se convertirían  en las cenizas de mis  nostalgias. Tildado en la evasión, yerto, desnudo; estos silencios y un mutismo verdugo hacen su mejor oferta. Con una  larga es lista de versos ociosos, con una hambre y con una sed corro para no darte alcance, para luego perderte, sentir y llorar. He comprado muchas veces esos ojos, pero hoy…  hoy me guardo la moneda.  Mis cajones llenos  de fantasmas hoy tengo que abrirlos, para sacar el mamotreto del olvido, sacudirle  el polvo, ponerlo a orear, dejar  algunas emociones sueltas, desbocadas rebotando contra los muros del silencio. Auguro insomnios con silencios incapaces de demolerlos, el futuro se vació de tu mirada, el tiempo se quedó sin tu sonrisa cuando la noche se hizo cueva y anidó en rencores, cuando mis manos se quedaron haciendo señas y tu figura se perdió de vista, cuando tus ojos confiables se hicieron estériles; y aun así, con mis labios huérfanos, con mi pecho a tientas, con mis párpados de plomo: Quiero olvidarme de mi olvido.
                                                                                              Al vino no se lo engaña,                                                                                               hay bronca, hay odio,                                                                                                hay amor y él lo sabe.Con tu recuerdo rondando sobre el vino, mis ojos no son de acero, que aún ellos suelen soltar y aflojar como si les echaran cien azotes por ello. Si alguna vez de tus ojos me dieres  descanso, de pareceres tan varios, de  amores que te atan por ambos cabos. La borrachera va y viene de la locura a la razón, te hace mudar de ropa, te viste de brío, entonces mi pecho se levanta  altanero y con cada copa;  copa a copa, leño a leño, como flaca estopa se levanta terrible fuego y se convierten  tus olvidos, en las gotas de mi llanto. No me paré en los perjuicios cuando regalábamos las diferencias, ni reparé en los contrastes cuando no encontrábamos la común opinión, humo de paja fueron nuestros acuerdos, cenizas de nuestros pleitos. La larga experiencia en el trago, lo que aprendí una vez, y mi madre me lo repitió por diez, esto te predico y te vendo: El dolor en el vino vive su incendio y se apaga cuando se quiebra la otra copa en el brindis. Creía yo,  y así  lo conservamos, lo menos mal que se pudo, y nos llegamos en pobreza, nos hicimos de camorra, en las dudas de los celos,   nos amamos entre los pies ligeros de broncas apretadas. Eras mi otra copa en el brindis. He oído decir a mi abuela “No te embriagues que el vino, te deja tuerto, con tanto alcohol que te ciega y no te deja ver la huella del camino. ¿Cómo puede haber tanta risa en el llanto? Quiero,  entre el alivio y el daño, entre lo dulce y lo amargo; cobrar la deuda vieja de amores perdidos. ¿No hay quien trence tu mirada y la mía? Quiero esa sonrisa, entre dicotomías inaccesibles, y aún así, termine con tus manos sobre las mías. ¿Dios existe? No puede ser que lo que sea en todo tenga que ser en nada. Si Dios existe ¿dónde está el amor, dónde está ella? Brindemos por ella que ya no existe y brindemos por Dios, que sin ella, tampoco existe. No pienses ni por un momento que en mi silencio te quiero menos. Quiero que sepas con una lágrima rondando por mi botella: Es el amor a tus ojos claros el que ha inventado todos estos versos. Con un hambre desnudo por ver tus ojos; un desierto  de sal  fue mí ser de sed infinita. Por eso… por eso, quiero a porfía quitarle un verso a tus ojos para dárselo a esta copa de vino y sirvan tus ojos de ala para el verso que levanta vuelo. que hará mi verso indecible y a mi pluma inexplicable en amores mal gastados
Oración para escribir ¡Oh, Santas leyes de rimas venturosas, remedio y cura de mi pluma; entrégame nuevos versos más frescos que los primeros, Sin parches ni borrones! Oh, diosa de la inspiración, sin límite ni moderación haz de mis versos la buena sustancia, y engéndrales  de amor! Fortalece el cañón de mi pluma con tu tinta reforzada. ¡Oh Señora y guía de entrada en el laberinto de los verbos, en el oficio de mi pluma: abre mis ojos a destajo, lubrica mis pupilas conforme al arte de lo más hermoso. ¡Oh! Señor de la palabra viva, de donde nace y aparece todo el bien que deseamos, arroja al fondo del abismo el hablar necio y vergonzoso de mi ser,  con firmes ligaduras haz de mis Versos hidalgos de buena conciencia, que una vez comenzados ellos mismos caminen y  hagan la buena obra,   ¡Oh potencia de los cielos! Ruego por los galardones a mi pluma para subir de escalón en escalón hasta encontrar el tono alto de mi voz. ¡Oh Señor de los sueños y las metáforas! Revísteme con el carro de fuerza que rinde los malos argumentos, con  Imágenes y formas que dan sustento al discurso; que sean ellos, los señuelos que convocan a los sentidos, para que  guisados y sazonados puedan ir adelante en la razón, para que las cosas no se queden en sospecha y se digan públicamente.
De algo hay que morir dijo el poeta mirándola  a los ojos Pagaré a mi modo al cielo, en cuotas;  la dureza de mi mano para tomar la pluma, por  la ilusión de la pertenencia  a  un verso. Aunque duela y cueste hay que admitir: Todos los que escribimos, viviendo andamos buscando la riqueza escondida de un verso, yendo y viniendo con los sentidos alertas y aun así, pequeña sombra y tosca aventura en el verso he sido. Tan porfiado en mi suerte. Yo, que he sabido gestionarme un verso aunque sea a codazos, .caminaba y sin saber que no está en mí, la fuerza de mi puño, sino en el seno de sus ojos claros, esos ojos que en su oficio las auroras adornan con su gloria. Nada me autorizaba pensar que ella me podría mirar, pero como en todo gran  soñador existe en mí, un cuento de hadas, y ni aun así, no logré vislumbrar que me podría mirar… así, de ese modo… tan sutil. Ella, se mueve entre la frontera de lo irreal y no existían en mí posibilidades teóricas o clínicas que   me llevaran a pensar que ella me quisiera besar. A partir de esto, Ella constituye mi musa y la aprobación de los dioses y mi legado en la futura existencia de mis versos. Hallarás en mis poemas el valor de mi musa. De esta suerte te digo: En mis versos, Ella es mi caldo de cultivo. Por esos ojos, Tomen acta de esta decisión: me declaro en estado de poesía permanente. Una risa en salsa, en su cara un ángel con  perfume de rosa, sus ojos en rima, entre otras cosas de la ciencia femenina que traía de regalo, altiva en su pompa presumida,  sacó de mi pecho, lo que pudo y bastó, versos limpios con los que aderezó mi tarde. En mí todo es necesidad y ella lo tiene, Contemplativa, mi pluma quedó en deuda de lo que antes ni vio, ni tuvo. A esos ojos, tanto para comprar como para vender no le perdoné letra, ni le hice vergüenza con  unos versos de cortesía. Será de mil una, esa mirada es lo más difícil de enajenar y aquí me tiene como su ángel de la guarda comprado por sus ojos. Daré a mis versos rima, dirán las letras viejas del tiempo, que mi pluma en su derecho crece, que no le dieron de balde los oficios, esos ojos  de mi tinta han de sacar la renta.   
 El amor es laberíntico y circular. Yo te amo, tú me amas, nosotros nos amamos.  Atrapados en una de sus vueltas, tratando de pensar que si en este amor  en algunas de sus  vueltas  encontraremos nuevamente la salida a la libertad.  Vos, como Yo, siempre hemos sido  inconstantes en el  ejercicio permanente  de vivir un solo amor. Lo simple y lo complejo de las consistencias de nuestro ser,  de lo congruente y lo incongruente de  los deseos y pasiones que nos llevan al amor, así enredados en pares antitéticos, porque se trata de vivir con nuestras contradicciones y a pesar de ellas o por ellas, amar aunque nos duela y cueste y estar dispuestos a pagar el precio por ese minuto de gloria, destellando entre la abundancia de lo gris. Vivir el amor consagrado espiritualmente a los grandes momentos y que se vayan cumpliendo a cada paso lo que muchos veíamos venir aunque  a la mayoría sorda y ciega no le haya importado. 
Laberinto
Autor: gonza pedro miguel  261 Lecturas
Quiero verme en el viento Como las olas del mar.   Imagino Mi barca es una pluma arrojada a la mar                                                      Y yo,  marinero en la tinta de éste mar. Quiero, Navegar en un  verso, pequeño como una nube ligera, humilde como una noche serena. Digo: Capitán de mi pluma, marinero de este mar Desplegadas las velas no me asusta naufragar.
Imagino
Autor: gonza pedro miguel  284 Lecturas
A esos pies Contigo he vivido el exilio de tus ojos idos. Fuiste la que me dejó como roca del silencio, hablando solo y con tu  recuerdo mudo, errando, alimentando el fuego; ladrona de mi paz. Así te vas; repartiendo castigo en nombre del olvido, sin ira y sin consejo y así me quedo yo, con el beso en silencio,  con los ojos como cuenca, después que tus pies abrieran la tierra. Como crece el silencio, como crece, sin aire, sin sol, suelto y sin raíces, con ese silencio criminal que me aglutina en un rincón. Te vi perderte en el camino, no te importó mi traza de mendigo. Tus pies rebeldes y afanosos se hicieron peregrinos. 
A esos pies
Autor: gonza pedro miguel  292 Lecturas
Davos Ahí está él, como más le viene el cuento a cada uno, algunos lo creen bueno a esos ojitos claros, pero de  todo lo que es capaz de hacer  ni aun  puertas adentro lo saben,  después de todo el daño que hizo, algunos  aún hoy, lo quieren y le tienen esperanza, si yo estuviera ahí, ya me habría puesto alas en los pies. Mentiroso y embustero como mil diablos juntos, comenzó dando tantas promesas a la mano, y tantas tomaron los pobres, que por los globos creyeron estar en una fiesta de banquete. Faltando poco para dar la cabeza contra el piso, quizás se den cuenta que no eran ellos los invitados. En su fiesta, él sabe que le faltan manos, la torta es grande donde clavar las uñas, por eso buscó en Massa la letra y la música de melodías neoliberales que en este momento se están tocando. En Davos, se fueron juntos a presentarse frente a los alcaldes mayores, para ver si lo que estaban haciendo era cosa justificada, y así como a los otros, esos que antes fueron a estos también  los mandaron con una lista de peticiones y obligaciones.
Davos
Autor: gonza pedro miguel  230 Lecturas
A los suyos vino y los suyos lo recibieron Crece la noche de mi enfermedad.    Arto me acuerdo del mal ejemplo de Menen, de cómo él cambió el voto por unas buenas obras para pocos. Fue así como entregó la mayordomía y la administración al Fondo. Entre ellos crearon por decreto la ley de la trampa, que nos tocó en común a todos. Así dieron luz a la invención de la zancadilla con la que cayó el país. Hoy como ayer, el mismo pie, la misma trampa, los mismos tipos, la misma gente, el mismo fraude. ¿Cómo puede haber gente de oficio tan oscuro y bajo? Si este fuese como el farol de la capitana No sería grande mi preocupación. Este, en su oficio al pobre sirve de balde, para los otros será; el príncipe de justicia, el señor abaratando costos, para nosotros un simple usurpador. ¿Qué piensa el que lo votó a él? ¿Es justamente lo que se merece? Si le cree trasmuta en idiota como a él se le antoja. Consuelo de tontos, diría mi abuela.
Ella, era como querer cambiarle el gusto a la sal; un imposible.       Ella, tanto te lleva a desear como a soñar y yo, en todo me doy en falta, no hay a quien le sobre para alcanzar de ella lo necesario; escaso en recursos, los años muchos, la pinta poca, así, con poco acuerdo con mí razón, entre miedo y esperanza; cebado en sus ojos de miel, alcancé la osadía. De tan poco escote, tres veces más soñada que mirada y siete veces más linda de lo que esperaba. En su risa, no me prometió menos y con tanta pujanza jugaron sus manos con las mías que el fuego consumió mi pecho, mis ojos y  aun mis manos que sobre ella estaban. No se detienen mis manos, jurando por cada parte que era suya, así salieron en atropello por aquellas escaleras o gradas las pasiones que la idolatraban. No sé si, caminaba o volaba,  bien puedo decir: que el deseo y el fuego que de ella salía no me dejaban ver ni cielo ni palmo de tierra por donde iba. Ahora sé muy bien que no hay mayor bien, ni grandeza que la iguale. Si alcanzar sus ojos lo cuento como una gran victoria,  cuanto más, si me enseña frescuras venturosas de su humana arquitectura.  
Ella II
Autor: gonza pedro miguel  245 Lecturas
El gobierno del hachazo Sólo para agradar, unos meses antes él nos hablaba bien, pero ya nos quería mal, con voz fingida al resto los entretenía, hacía el rostro de risa, bailaba cual enamorado, mientas los engañaba; tapados los ojos no vieron el hacha en su mano.    Con regaladas palabras, hace un mes nos durmieron con un cuento, y nos despertaron con los gritos de angustia por los DNU No soy de este cuento, vengo de otro sueño, verme en este sueño me parece pesadilla,  es un hacha amarilla, afilada en rencor, que cae pesada cortando el grito de las plazas. Esta es el hacha del desgaje, de la desmembración, la que partió el diálogo y partió la República. Con la lengua en silencio y sin un periodismo que comente los agravios, no hay albergue para la queja, la justicia  que buscamos no está en el seno del gobierno, sino en el grito del pueblo. Es un hecho ineludible, la crítica o la protesta del quiere un país mejor, mientras  que el silencio es tan del gusto de los dictadores que sostienen a los pueblos por debajo, por eso el oficio de la queja y el grito en la plaza como única defensa. Tras  largas décadas de obstáculos entre mortajas y sudarios donde crecían los muertos, donde una parte de nosotros murió con esos  muertos, donde lloramos, corrimos, escapamos de tumbo en tumbo, para algunos el exilio. Después… después tuvimos un remanso que hizo nuestra vida al fin  llevadera. Recuperamos lo que pensé, nunca podríamos recuperar: La justicia, la verdad y la memoria. Hoy de nuevo, los mismos tiranos, la misma guerra, la misma hacha. En la nube, el agua del río; en el grito, la espada del pueblo. Después de haber vivido entre tanta muerte hay una conciencia del dolor  del que no se vuelve sin un espíritu crítico. Por eso hoy otra vez volveremos con los brazos abiertos,  y si es necesario con el puño en alto en la huelga sin que puedan bajarlo los carros hidrantes, ni los centuriones al asecho. Sabe Dios que no protestamos sin causa, ni odiamos a nadie sin justificación, sólo defendemos nuestra causa. Aclaro no es fanatismo, simplemente: convicción. Tuvimos un país mejor, y estos los quieren destruir de nuevo. Triunfa de nosotros la tiranía. No podemos ponderar este gobierno, por aquí  va nuestro descontento, un ministro dejando escapar unos presos, el otro se llena la boca insultando de grasa, por allá otro ministro, quiere bajarnos el salario siguiendo la vieja receta del Fondo. Ellos nos quieren con traza de mendigo, como ese que pide permiso al hablar. Si alguien se siente perjudicado en sus legítimos derechos ¿Qué no lo puedo denunciar? ¿Por qué entonces piden que lo dejen gobernar? ¿Cuánto más tiene que destruir para que todos empecemos a protestar? ¿Qué no se acuerdan de Menen y Cabalo? Con las heridas al aire de un pasado reciente, sabemos lo que nos espera si nos callamos. Yo no soy un escéptico, en algunos periodistas creo, en algún medio creo, no creo en los globitos amarillos, creo que el capital para los buitres es un fin y no un medio, creo que si se gobierna por decreto el presidente no es demócrata, ese es mi credo.   Lo que me preocupa es la inmovilidad y el silencio de los dirigentes políticos, ruego para que aparezcan y sean el signo inteligible de un malestar que se hace más que evidente.  
En esos ojos yo pesco algunos versos Quiero que sepas: Es el amor a tus ojos claros el que ha inventado todos estos versos. Con un hambre desnudo por un verso, un desierto  de sal,  fue mi ser de sed infinita. Por eso… por eso, quiero a porfía quitarle un verso a tus ojos para dárselo a mi pluma y sirvan tus ojos de ala para el verso que levanta vuelo, que hará mi verso indecible y a mi pluma inexplicable.
Esa gota Si esta lluvia pudiera tener otro oficio ahora, que no sea regar las flores, y si ella  pudiera mudarme la risa y hacerme más triste ahora. La gota cayendo ya no importuna a mis versos; ni a mi pluma buscando coronas. Gota a gota en su porfía, que esta lluvia oriente mi pluma. En cada gota una herida, en cada verso una vida según ha sido de amarga. Le daré a esta tierra mis versos  Si  es de creer que  a su  salvo escribiera Y si esta gota me diera de esa gracia infinita Y si esta lluvia pudiera y mi elección acredita que esta pluma escribiera lo que mi pecho le dicta.  
Esa gota
Autor: gonza pedro miguel  240 Lecturas
Por el pesar ineludible que me aqueja después que te fuiste, tuve que ser de piedra para no sentir frío No puedo abrazar la ausencia. En grado de expectativa en mi locura de quererte  no me faltas nunca.
Llena de cenizas las manos ¡Oh! Guadaña indolente ¿Te burlas de estas canas ahora? La juventud disimula la verdad.  Si mal no recuerdo, ayer fui sangre y carne  por la fuerza de tantas primaveras con sus noches y sus días. Después de un tiempo te das cuenta que todo son aplazo. Llega un día en que todas las cosas te hablan  de la muerte y después de esto ya no se encuentra dónde poner los sueños, todo parece inútil y vano, desde la brevedad de una rosa, pasando por el oro o la plata hasta saber que: en la ignorancia, viviendo engañas miserias vanas. Como a hurto, vida, no des contento. A lo taimado. La juventud que un día ostentó murallas, muriendo enseña, que la vida es guerra y la muerte ¿es paz?
La Guadaña
Autor: gonza pedro miguel  274 Lecturas
El caos       La escritura del caos, es esa forma de escribir que está fuera del cálculo, es la expresión libre por excelencia, para esto, no es necesario saber dar cuenta de la contingencia, la imprevisibilidad es la esencia, sólo es necesario la acción de escribir, sin mirar, sin pensar, sin exigencias; el puro arte como una acción. Para mí, y esto lo digo como una opinión, es la única forma de escribir lo que nunca tuve, lo que nunca vi, ni sentí. Lo casual nos contiene, nos enlaza, como en la vida misma, es un abismo de elecciones y  singularidades,   de aquí puede brotar el misterio del mundo, o ese verso de gloria. Lo casual,  en algunos casos puede estar por encima de las  debilidades humanas, muchas veces la razón; para andar con paso ligero nos estorba como lastre pesado, mientras que lo casual puede ser un peñasco muy alto para el verso que levanta vuelo. Algunos piensan, que no se debe buscar así,  la generosidad de una musa, todo menos el simulacro cobarde de lo casual negando la existencia del poeta, con esos versos sin compromiso. Pero… yo soy aquel  de los mismos versos, las mismas rimas que siempre se repiten;  la enfermedad de mi verso pobre es dar de  lo que  no tiene, por eso busco donde encuentre un a luz de esperanza. Piensan algunos, en una idea: Lo casual puedes ser “el amigo y el verdugo” dando a entender que de mil  una o ninguna; si es una será la gloria y si no, la muerte del poeta.  
El caos
Autor: gonza pedro miguel  275 Lecturas
Cupido Del arquero flechador somos, Juguetes de su empuje. Sus teas encendidas en mi pecho,  hacen fuerzas en el inicio de la noche en su larga carrera. Arrecian deseadas auras  con repercusión en el beso, tus ojos, patria de los hechizos, brillan por su ardor acalorados en dulces fantasías, mientras los dones de Baco  nos preparan para el convite. ¡Oh hija de una diosa! En pura ofrenda, abundosa en los dones, el néctar puro de tus manjares están dispuestos, entre sábana blancas en los campos de Saturno, se preparan para la guerra, suavemente te quitas los apretados cordeles y corre el espumoso río, se derrama furioso;  con su heredado brío rompe los diques de los viejos preceptos.   Estas armas mueven guerra. Acosado por la tempestad de tus ojos y por el estrago de tus labios rojos. Entre mil rápidos besos preso soy entre  los fuegos de Troya,  mi pecho de estirpe troyana arde mirándola. ¡Oh fuegos eternos!  Rechinan  como hierro las puertas de mi pecho, como apretada traba, y embisten como turba los sentimientos. ¡Ábranse puertas!  Que aquellas grandes dádivas desde los licores de Baco nos infunde el culto al fuego de la pasión. Encontrados nuestros cuerpos no de otra suerte se iluminan en la noche con los resplandores del incendio. Inyectada la sangre en el espumoso vino, encendidos los ojos, erguidos los pechos se amarran, aún más con ceñido nudo y se elevan a los astros ornando la noche. Desde las llamas de Cupido, cincelando la noche de las grandes hazañas para que luego celebre la memoria. Era la mañana fresca y verde, y la hija de una diosa  recoge la aurora.
Cupido
Autor: gonza pedro miguel  269 Lecturas
Como el perro que ruega las migajas sueltas de la hogaza, así suplicaba por una idea que llevara mi nombre; todo era como empujar el viento. Cuando pierdo la palabra, cuando no sé decir lo que pienso, entonces creo que no me  recuerdo como quién creo que soy. Cuando no recuerdo quién soy, o lo que fui, algunas veces pienso que no hay un día en el que yo sea igual a otro día, por idéntico que parezca siempre me veo diferente. Me parece que no tengo una imagen propia, será por eso que me siento a veces un extraño en mi propio texto. En el uso de la palabra hay que ir por abajo, conquistar los propios miedos, hasta pasar por los límites del silencio. Esto tiene un riesgo;  ese es el espacio del absurdo,  lo que no se debe decir. Todos los que escribimos  tenemos miedo de pasar por estos lares. Hay una línea que divide, de un lado todo lo que ya fue dicho, lo que se repite hasta el cansancio; no hay riesgo en lo que está dado,  el fuego del absurdo no lo toca, del otro lado; lo nuevo, lo novedoso, pero, con un riesgo. Quizás por esto siempre me olvido de quién soy, en esta idea de no repetirme, cansado de  escribir lo mismo, siento el agobio del exceso de repetir y repetir y volver a repetir textos irrelevantes, si quedara yo atrapado aquí qué sería de mí. Mi miedo se hizo realidad. Se me perdieron algunas palabras y si esta semilla de la dignidad poética se me pierde, mi letra se convierte en una repetición absurda.  Aunque sea a media sombra  lo diré, aun cuando hoy no se decir lo que quiero, no conozco otro recurso que hablar a medias tintas. Ahora mismo yo también estoy necesitando una metáfora que me ayude a explicarme que no siempre soy quien creo que soy ¿Qué cosa no,  cómo una sustancia tan volátil (mi propio ser) puede contener una idea tan inexpugnable?
Ser o no ser
Autor: gonza pedro miguel  236 Lecturas
In vita in morte sumus Verso a verso mi amor le cantaba y en cada verso le ponderaba,  que podría darle mil versos, si sólo uno no bastara. Señora de la más hermosa composición,  llena de toda lírica, de cuantas    pudieras tener y tienes.  Ya te  veo venir copiosa en mil riquezas y  el perfume que me prestas de tu haber  señala y amplifica las beldades que  ambicionan mis ojos.  Señora, la concibo tan sagrada; diosa digna de ser rogada, ya quisiera verla mía. ¿A quién el sol no inflama? ¿Ante ella, qué pecho puede ser de piedra? A mí, como a muchos otros nos brota por los ojos, víctimas colmadas que en el dolor suspiran por aquello que por mis ojos es bien recibido y para mi gusto es lo que falta y para mi daño es lo que sobra. ¡Qué desgracia para mi suerte! que ante tanta, pero ante tanta vida, yo, me sostenga en muerte. 
Quo vadis? Aquí espantando las moscas de mi aburrimiento, me brota una bronca visceral. Lo cotidiano como una amenaza va recreando la rueda mecánica de los días, como un eco muerto se repite día tras día y yo mirando en la caja de la baba grande, ellos, los que venden el fuego prometeico, prometen, prometen: es el amor al deseo el que mata los hombres, es lo  que nos ha convertido en zozobra. El aburrimiento es el primero que grita las soluciones falsas y medrosas de la caja que prostituye los sentidos.  En este mundo moderno predomina lo paradójico, entre lo herético y lo  sagrado, el hombre se baña con barro  y se seca con lino. En el templo de los negocios: La metralla de los discursos únicos y cerrados. Desde el norte viene la eficacia, desde la gran colina con su nombre grabado en la roca, la  prostituta de  los sentidos, La gran bocina,  en su propaganda nos dice que asesinan la rutina, la gran mentira, lo único que promueve es el consumo desmedido. En la dialéctica del consumo nos lleva aceptar; La demagogia, destruir para construir. El  problema del hombre es el lujo y la vanidad, todos queremos tener sin pensar en las consecuencias. Algunos dicen; La ciencia encontrará la respuesta a la contaminación, otros opinan: ¿Cómo descontaminará aquello que más contamina? Es más lo que ensucia que lo que limpia, otros piensan: Si lo tenemos ¿Por qué no lo podemos disfrutar? Los verdes gritan: ¿No piensan en las generaciones futuras? Hablando tantos idiomas, al final terminaremos llorando todos igual.   
Quo vadis?
Autor: gonza pedro miguel  304 Lecturas
El verso que nunca muere Quería escribir y no podía… ni una idea (nada digno) quedé por el piso, tan por abajo, que hace  la cabeza el oficio de los pies, así intenté desandar  mis textos mal gastados. En mis textos hay una literatura que pasa vacía, que se desvanece mostrando su inconsistencia, le falta  densidad a mi vos. Ya de rasguño me aferro a  esta pluma, aunque por cada verso lo tengo padecido, y aun así, apurando el paso a ver si le puedo ganar un verso más a la vida. Soy un refugiado de mis  letras, con el éxodo de mi pluma vine a pedir hospitalidad a la  musa que me inspira, talvez  en su generosidad pudiera recibir el docto oficio del forjador de versos únicos. Desplegando las funciones del alma ya quería que ese verso tuviera alas para que una vez nacido volara para hacerse  mío. Como en un  atajo me aferro a  la piel de las letras y sin más salió mi pluma de romería,  de verso en verso, errando por las letras, de texto en texto, volando en un cielo de ideas, buscando una estrella romera,  parecida a la mía. Salió mi verso de romería a recorrer la piel de los textos a sembrar ese texto que se disuelva en mi sangre, que se haga la piel de mis versos… Así es mi vida, como  éste sueño, como esta pluma ligera, que en un verso de amor se levanta hasta el cielo y en un día después se hunde hasta el cieno, por eso digo: En mis versos; ningún amor se quedó sin su canto, ni un reproche me quedó sin su pena y ninguna queja sin su castigo. Pensaba: Los amores siempre quieren versos que ya no existen, y los poetas nos pasamos la vida esperando un verso que exista siempre. En un sueño una musa me dijo: Busca en el amor; porque los versos que enamoran nunca mueren, viven donde siempre existen los milagros  
Ya parece volverse para atrás esa pluma que para adelante miraba… pero no, este es el tiempo del verbo, de la palabra obrera. –Déjame trabajar- dice el verso que congrega y se prolonga, este el tiempo de la palabra en tensión, del verso que nos liga. Si se es esclavo de esa cajita mágica, el mundo puede ser un desierto o un calabozo. Entre dos tapas y algunas  hojas; la puerta hacia la libertad. Cuídate más de esa caja que de la espada, yo la he visto caer sobre mí hasta el adormecimiento, hasta la conquista, y peor aún, la he visto caer sobre los otros  hasta convertirse en la eterna maldición de la simiente. Tuya es la palabra que parió los versos,  tuyo el verso que habló de libertad, tuya es la libertad que partió el imperio y el reino de los discursos únicos y cerrados. Este el tiempo de la palabra obrera, cuando la razón vale menos y es necesario el oficio del verso que alimenta el fuego. -¡Esta es la palabra obrera!-  Gritaba un pregonero detrás de un libro y adentro del libro viejo la doctrina del verbo que quiebra el remanso del que está dormido, levadura en la sangre del verso que se hace carne. Que en muchas lenguas repitan ¡Esta es la palabra obrera que despierta al que está dormido y levanta al que estaba muerto! 
La risaLa risa, como flor cordial entró por mis oídos, y a esos dientes, gobernadores, asistentes mayores de la risa no les faltaron fuerza para mostrarse. Facultad tienen, oficio no les faltan para crear esas sonrisas que corren y cuentan a cuya costa soy.De su uso hace mención el privilegio y la aprobación de una carcajada limpia y soberana que me acompaña.Aunque en algún pecho se hayan perdido y pierdan algunas penas contenidas, recuerden: Quedan firmado y rubricado por nosotros, los oidores de la risa suelta; quien en penas recibió dolor y sabe desnudarse de los pesare; vierta el llanto en risas, conviértase en el amor al olvido, dejando de lado los malos pensamientos, que están siempre al asecho; porque estos suelen ser los cazadores y verdugos de la risa y del ánimo generoso.Ahora vemos, la risa es la que hace más fuerza en la esperanza dejando el espíritu dulce almibarado, espulga los duelos y celosa de su ley, No hace dolor del padecimiento y le da perdón; el día que uno se ríe de las propias, se lloran las ajenas con la buena gana; con la risa puesta.Si somos como los rostros que cultivan la risa, rinde el beneficio dejándola brotar un poco y vuelven sobre sí reconociendo el regalo, haciendo mucho lo que de suyo es propio, será dar alegría a lo que no lo tiene, grandeza y excelencia a ese rostro para cuya vida guarde la risa y le rendirá en dichoso y largos años.
La risa
Autor: gonza pedro miguel  444 Lecturas
La vida y la muerte de un beso Estos infortunios son para meditarlos o  una razón para el olvido… de algunos que buscan  el fuego en el beso y hallan el sepulcro en los miedos. En un beso éramos  dos tanques de guerra sobre un campo minado de dudas, un susto de amor entre dos miedos. Recuerdo  ese beso  cuando era tierno, cuando se daba  con gusto y te pedía  todo a cambio, hoy como la flor de un huerto se secó por el sol fuerte de enero, sensible a todos los vientos a todos los celos, cargado de  contrarios compuestos  encontró triste sepultura. Esa flor, quemada y marchita, en el dolor me imita. Llamemos al sepulturero, (sensible a todos los vientos y a todos los celos) que él hará una fosa,  irá entre mortajas el sudario de algunos besos. Se van borrando los versos que me dictaron tus besos. Si no hallo fruto en tus ojos inútil pedirle flores a tus manos Si solo en el cuerpo presente, siendo en lo demás ausente  ya me desmienten tus labios lo que me juraron tus ojos ¿Ha de negarme el destino, tú que has sido mi suerte? ¡Si es así, quítame la vida, tú que me has dado muerte!  
Miro que me miras ¿Cuál es la enmienda? ¿Quién será el dichoso que querrá desasirse de tus rapantes ojos? Siguiéndome en la idea, me hiciste tiro,  no  dejándome  seguro, me sometiste a la confusa corte de tus ojos, me siento como el peregrino mal pertrechado, flaco de fuerzas, desgarbado y casi desnudo ante el ímpetu sagrado de tu mirada. No es nuevo para mí, lo mucho que vale y cuesta el sol de tus ojazos. Extendiendo el ala de tu mirada, retraído quedo en ella y yo sintiéndome poco en lo que de tuyo es  mucho. ¿Cuál es la fortaleza de esos agudos ojos? ¿Cuál es la virtud de tu hechizo? ¿Por qué todos buscan el amparo de tu mirada? ¿Qué corazón no confundes? ¿En qué razón no triunfa tu tiranía? Bien es cierto que no me voy separar de la protección de tu mirada, en mi confianza me sujeto a tus prisiones. Miro que me mira tu mirada y mirándome desechas La dura corteza, amarga y desbrida que había en mí,  llegando a la dulce que anidaba.  Imitas a la mano que tira la semilla, le da el riego y esperanza al brote que nace de mirarme en tu mirada. Ruego para que esta  fe de amor se ponga en cada una de tus mañanas y que ello conste en cada una de tus miradas, junto con la risa alegre y  la voz cantada. Por el mandato, del real consejo de tu mirada, de tu nombre dejo firmado mi pecho, por cuanto de parte de vos y al imán de tu mirada dejan el lazo estrecho. 
Miro que me miras ¿Cuál es la enmienda? ¿Quién será el dichoso que querrá desasirse de tus rapantes ojos? Siguiéndome en la idea, me hiciste tiro,  no  dejándome  seguro, me sometiste a la confusa corte de tus ojos, me siento como el peregrino mal pertrechado, flaco de fuerzas, desgarbado y casi desnudo ante el ímpetu sagrado de tu mirada. No es nuevo para mí, lo mucho que vale y cuesta el sol de tus ojazos. Extendiendo el ala de tu mirada, retraído quedo en ella y yo sintiéndome poco en lo que de tuyo es  mucho. ¿Cuál es la fortaleza de esos agudos ojos? ¿Cuál es la virtud de tu hechizo? ¿Por qué todos buscan el amparo de tu mirada? ¿Qué corazón no confundes? ¿En qué razón no triunfa tu tiranía? Bien es cierto que no me voy separar de la protección de tu mirada, en mi confianza me sujeto a tus prisiones. Miro que me mira tu mirada y mirándome desechas La dura corteza, amarga y desbrida que había en mí,  llegando a la dulce que anidaba.  Imitas a la mano que tira la semilla, le da el riego y esperanza al brote que nace de mirarme en tu mirada. Ruego para que esta  fe de amor se ponga en cada una de tus mañanas y que ello conste en cada una de tus miradas, junto con la risa alegre y  la voz cantada. Por el mandato, del real consejo de tu mirada, de tu nombre dejo firmado mi pecho, por cuanto de parte de vos y al imán de tu mirada dejan el lazo estrecho. 
Magisterio en la enseñanza de la hermosura Es lo que dice mi pecho, cuando la voz de mis entrañas alimenta la sangre con  el verso al galope y el grito de tu nombre vuela sobre tus montes y tus campos. Este es el tiempo de desgaje, cuando caen las prendas y mis manos  ciegas apelan al tacto, nos convoca y nos congrega la ley de los deseos, mis manos reclaman su derecho… después. Después, la noche se prolonga sobre tu pecho y encuentro la almohada perfecta que se ajusta a mis sueños.
Te dejo unos versos de mi vida para cuando esté en ausencia Llegará el día en que El tiempo, le quita el uso a mi  vida. Ojalá no me encuentre  con La rama seca y  la esperanza marchita. Bajan los años por el monte acelerado, aunque no tengo los pies ligeros, apuran el paso villanos años. La vida en la risa tiene el llanto y yo,  sin saber hacer pena, de mi dolor hago gusto. Si te acosan villanos miedos, piensa: A veces, La muerte no es ruda, en su costumbre de matar te estampa un beso ligero.
Cuenta la leyenda Cuenta la leyenda que el hombre creó un billete y lo guardó en una bolsa,  entonces… tuvo miedo de perderlo y creó un bolsillo y le puso un cierre, con el cálido afecto de la cercanía  se  sintió seguro, pero el billete creció tanto que el hombre creó  una caja y por el mismo miedo a la caja le puso una cerradura, y el billete volvió a crecer y el hombre creó una casa con bloques de cemento para el billete, con barrotes de seguridad y este creció aún más y más y el mundo le quedó chico… cuentan los que contaron que fue tanto el crecimiento que  el billete fue todo querer, querer desplegarse, querer  ocuparlo todo con esas ansias del querer. Después de esto ya no hay dos bandos, hay un solo querer que cae implacable y sin descanso, sienten lo mismo el rico que el humilde, las dos plegarias se funden en un mismo querer, se enlazan y se entrelazan. En este camino  de siglos, aquí no hay dos bando, indestructible y destructor un mismo querer. Miente quien dice que va por fuera.
Me contaron un cuento Una nueva teoría se levanta, he intenta romper con los moldes de esos versos que nos contaron; al parecer hay una historia más genuina, más verdadera que viene de más lejos, sin redes, sin trampa. En la verdad no hay dos  bandos hay una espada que corta los discursos de pobre ligazón, el corte ha de llegar hasta el átomo, hasta la voz de la simiente. Entre los dos los márgenes de la razón, hay una verdad que sujeta, y hay una verdad que libera. En la voz antigua de la tierra, pensar al Sol como un ser pensante; cuando esto se dijo, fue tomado  como una verdad absurda y blasfema. Hoy la misma ciencia busca la Reconstrucción de las piedras sagradas de los Templos caídos, las últimas investigaciones científicas plantean una actividad consciente del astro rey. Bajo la nueva luz se yergue una nueva ley del universo. La evolución de la ciencia empuja una evolución de la conciencia. Antiguas civilizaciones perdidas ¿tenían acceso a “secretos”  por el cual consideraban al sol una deidad consciente algo más que un mero astro dentro del universo’ ¿Tendremos que volver de nuevo a la tierra, al viento, al sol, al agua? A la ciencia de las verdades le han robado la franquicia, ellos que contaban siempre la misma historia, cómo harán ahora.  Menuda grava hicieron los martillos gestados desde las ciencias,  los picapedreros (los científicos, señores jueces, fiscales y justicia de este reino) han vertido  las teorías  de sus valores y con este discurso  han abierto calzadas y caminos en los tiempos moderno, pensar al Sol como un ser consciente se hace difícil; pero es así, las últimas investigaciones científicas, realizadas con un poderoso ordenador, descubrieron  que desde el Sol se producen emanaciones electromagnéticas codificadas dirigidas al sistema de planetas, algo parecido parece emitir también la luna, emanaciones que poseen un orden, una lógica y una razón. Todavía no se sabe cuál es el mensaje, está codificado, pero se sabe que hay un mensaje. Los  registros de los acontecimientos naturales de los  últimos 20 años demuestran que hay relación directa entre los mensajes emitidos desde el Sol con eventos relacionados con muestro planeta y también con otros  sucesos dentro del sistema solar Los antiguos parecen ser mejores intérpretes de verdades colectivas, mientras que el miedo del hombre moderno ha sabido inventar cuentos para ahogar esos otros relatos. La tierra, o tendremos que decir, “la madre tierra” como lo llamaban los antiguos, parece poseer estados de ánimo, un humor que va más allá de los efectos de la contaminación. Fueron los griegos los primeros en ver esta lógica de la razón en la naturaleza y en el cosmos al que llamaron logos. El hombre es el  producto directo  de este logos o principio, lo mismo sostenían los antiguos Mayas al decir que el hombre es hijo de la madre tierra. En esta cosmos visión la madre tierra es un ser pensante, la relación que el hombre  entabla con la tierra es de cuidado mutuo, yo cuido la tierra y ella me cuida a mí. La ciencia moderna plantea otro tipo de relación, ya no hay madre tierra, hay naturaleza, y el hombre está en la cumbre de la evolución, desde esta perspectiva   el hombre pude modificar la naturaleza y crear una naturaleza  artificial llamada MUNDO. En otras palabras, crear el mundo como hoy lo conocemos implica, separarnos más de la naturaleza, negar aún más nuestro vínculo con la tierra sobre la convicción de que la tierra no dirá nada.
La despedida Todo adiós lastima mis sentidos tal vez porque creo también para mí se acerca  la hora de la despedida, veo mi cuerpo pobre y gastado y los miedos ahora dividen, ya de rasguño uno se aferra  la vida, aunque por cada hora lo tengo padecido, y aun así, apurando el paso a ver si le puedo ganar a la vida. Como en un  atajo me aferro a la tierra pero a veces pienso; a este suelo le entregué mi pecho y lo volví vacío ¿Fueron vanas y falsas mis esperanzas? En el saldo de mis manos me quedan dudas. Un viejo, que en su pecho traía viejas señales me dijo: Es un gran simulacro la vida, es un juego del absurdo, nada está por encima de los errores, y en esta tierra no hay castigo por las culpas (vale la pena aclarar, no hay castigo para todos los que tienen culpa) La justicia es un bien que se remata al mejor postor, me decía el viejo que en su pecho traía viejas señales, es verdad le dije; yo que también percibo que los jueces, sin culpa ni disculpas muerden los valores hasta gangrenarlos. El viejo que traía viejas señales me dijo: A muchos estos la verdad y la justicia no le sirvió de senda.  Entonces se me escapó una voz de esperanza, oiga mi viejo le dije; deje la maldad a los que comen de ella, que en el mundo no todos son buenos, ni todos son malos.
La despedida
Autor: gonza pedro miguel  326 Lecturas
Reflejo de un espejoEn definitiva ¿qué es lo nuestro? Una especie de complicidad frente a los otros, un engaño bien logrado, ¿qué mostramos? Esa rebanada de muestra cotidianidades en grado  de felicidad aparente.¿Por qué sientes que te robo la felicidad con una verdad tan íntima? Son trucos de los reflejos de las sombras y para vos una verdad que no se nombra.Todos tenemos una mentira que algún día muere en nosotros y una verdad que nace.  Entiende esto: se nos va la vida mal gastada y no hay apariencia que lo justifique.¿A dónde están las palabras que nunca nos dijimos? ¿Dónde fueron los diálogos que nunca tuvimos? ¿Dónde se quedó la felicidad que soñamos?Si alguien de afuera mira, es difícil de creer que este amor tenga una herida y abierta. ¿Cuál es nuestro horizonte perseguido? El error no se quedará para siempre si elejimos el camino y vamos detrás de nuestros objetivos.Es una lástima que no tengas el coraje de mirar conmigo, es imposible no derramar una lágrima en esta visión.Yo también odio con escandalo toda exhibición y no me gusta mostrarme con la herida sangrante,   y terminar reducible como en los posteos en facebook dejando visible  cada estado de ánimo, pero tampoco quiero esta felicidad aparente... Las apariencias son como las comidas rápidas, saben muy bien, pero con mucho colesterol enferman el corazón y dañan la salud.Pero, para los que tienen el diente preparado  para encontrar el sabor, son mejor las comidas elaboradas, tienen mejor sabor y están llenas de vitaminas.Para los que nos gusta comer así siempre hay oportunidad para el brindis.
Habló mi silencio guardado mis escritos, la sangre marcaba el paso y yo sin tus ojos ni curado tengo remedio.!Oh! Nodriza de mis  versos, quisiera que dejaras tu mundo de frontera y te acercaras con la sutileza del beso.Miradas y sonrisas me hicieron soltar el verso que llevaba adentro por el ángel que pasó volando.Fue ahí donde yo perdiera  el pie, son tus ojos la enfermedad más contagiosa de este mundo,  Miro lo mucho que aquí me ofrece en lo poco que a mí me pide. 
Esos ojos
Autor: gonza pedro miguel  262 Lecturas
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Paradójico mérito
Cuando nos inaugura la intuición,
nos hace lucidos y desgraciados.
PMG
Releyendo mis textos, recorriendo palmo a palmo mi letra me doy cuenta que hay frases, ideas que me sorprenden ¿Cómo están ahí? ¿En qué momento las imaginé? ¿Cómo llegaron a ser parte de mi letra? Entonces percibo que mi palabra vale por sí misma, está protegida de mi ignorancia de aquello que nunca se me ocurrirá, mi palabra tiene ese plus que la hace independiente de mi consejo, ella vive su propia existencia, y así siento dolorosamente esa ajena distancia… pero es mi letra, yo sé que es mi pluma y entonces me siento paternal e importante.
Antes no podía escribir con libertad, ahora me veo protegido contra mi propia impotencia, contra mi miedo o cobardía, me he dado cuenta que mis palabras valen por sí mismas. Es increíble la sensación de libertad que produce el efecto de hallar que mi pluma no depende absolutamente de mí, ella es por sí misma.
Por otro lado pienso, si esta letra no es absolutamente mía, en último rigor a la verdad, nada tengo que ver con ella, y esta es la idea que me mata, esa distancia, esa terrible ajenidad, esa sensación de saber que lo que escribo no es absolutamente mío, sin embargo están absurdo pensar que mi pluma y yo no somos uno.
En sacrificio a la verdad, no puedo dejar de unir mentalmente los dos conceptos, es mí pluma pero la siento ajena y distante.
La agradable ignorancia de pensar que la paternidad de mi letra era toda mía, pero ahí está la intuición con la clara revelación para hacerme desgraciado, para negarme la plena autoría de mi cosecha.
Reconozco mi letra, todavía insegura, próxima desmoronarse con la escasa convicción en lo que dice, pero también está la otra parte, esa pluma vigorosa, como un intruso exponente de lo ajeno, que a mí me deja este sabor amargo de una modesta felicidad.
Esta pluma me da un poco de admiración con su aire desafiante y agresivo, que sabe decir sin callarse sus presentimientos.
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