• gonza pedro miguel
gonza miguel
Paradójico mérito
Cuando nos inaugura la intuición,
nos hace lucidos y desgraciados.
PMG
Releyendo mis textos, recorriendo palmo a palmo mi letra me doy cuenta que hay frases, ideas que me sorprenden ¿Cómo están ahí? ¿En qué momento las imaginé? ¿Cómo llegaron a ser parte de mi letra? Entonces percibo que mi palabra vale por sí misma, está protegida de mi ignorancia de aquello que nunca se me ocurrirá, mi palabra tiene ese plus que la hace independiente de mi consejo, ella vive su propia existencia, y así siento dolorosamente esa ajena distancia… pero es mi letra, yo sé que es mi pluma y entonces me siento paternal e importante.
Antes no podía escribir con libertad, ahora me veo protegido contra mi propia impotencia, contra mi miedo o cobardía, me he dado cuenta que mis palabras valen por sí mismas. Es increíble la sensación de libertad que produce el efecto de hallar que mi pluma no depende absolutamente de mí, ella es por sí misma.
Por otro lado pienso, si esta letra no es absolutamente mía, en último rigor a la verdad, nada tengo que ver con ella, y esta es la idea que me mata, esa distancia, esa terrible ajenidad, esa sensación de saber que lo que escribo no es absolutamente mío, sin embargo están absurdo pensar que mi pluma y yo no somos uno.
En sacrificio a la verdad, no puedo dejar de unir mentalmente los dos conceptos, es mí pluma pero la siento ajena y distante.
La agradable ignorancia de pensar que la paternidad de mi letra era toda mía, pero ahí está la intuición con la clara revelación para hacerme desgraciado, para negarme la plena autoría de mi cosecha.
Reconozco mi letra, todavía insegura, próxima desmoronarse con la escasa convicción en lo que dice, pero también está la otra parte, esa pluma vigorosa, como un intruso exponente de lo ajeno, que a mí me deja este sabor amargo de una modesta felicidad.
Esta pluma me da un poco de admiración con su aire desafiante y agresivo, que sabe decir sin callarse sus presentimientos.
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  • País: Argentina
 
Brindo por esta vida Sin que a vos te nombre, Brindo por esta vida. loca, solitaria, abundante y asumida por este placer de levantar los brazos con olorcito a limpio y con sabor a libertad.
Los dueños de mi reino Hubo un tiempo que creí y en mí inocencia pensé como inexpropiable la riqueza de tu mirada, pensando sólo en el atractivo de tu seducción, creí alcanzar dichosos y largos años, pero  por veinte años anochece. Día tras día, hora tras hora, segundo a segundo, sin descanso, tu madre envenena cada rincón de muestra casa y lo hace oscuro. En tu familia son todos corregidores, son tus padres jueces y fiscales de mi conducta, oidores de nuestras disputas, consejeros, presidentes y gobernadores  de nuestra casa.  Estando  hecho esto y no de otra manera las leyes que aquí, mandan  sobre nuestra voluntad; así es como  han sido desde el día que alimentando mi ilusión  entré en esta casa,  ¿para qué? si después de firmada y rubricada mi sentencia, termine aquí, condenado  por tu madre y tus hermanos. En tu familia y en especial tu madre: son ellos cazadores que después de hecha la herida, se disfrazan de inocencia. ¡Oh! Enemiga de mi paz, aspirante a reptil, que repta, babea, asecha y pica; que desde el suelo viboreas y te haces temible con el bisbiseo al oído  y en el susurro la saña trabajosa en los muchos y malos consejos que das. ¿Cuándo encontraste la grieta para colarte en mi intimidad? ¿Cómo entraste cordial a nuestra casa con esa boca ordinaria? ¿Por qué, siempre aquí, trasmutando nuestros goces en rencores, modificando los hechos, cambiando nuestros objetivos? porque según ella; es la primera en saber que nos conviene.  Nos quiere llevar de la mano,  nos dice y nos repite hasta el cansancio lo que debemos hacer.  No puedo hacer ningún cálculo para mañana, hasta que no vuelva ser el dueño de mi casa,  así  me obliguen a involuntario destierro.  
Que tren que tren Que… tren… que,  tren, que tren  que tren.  Sonaba cerca de  mi ventana. Que tren que tren, que tren que tren. Con su canto matinal, me despertaba cada mañana. De tanto en tanto, Que tren que tren, que tren que tren, se agitaba al viento un pañuelo Blanco  desde una  ventana. Que tren que tren, que tren que tren.  Sus viajeros pasos, siempre me invitaban a soñar. Que tren que tren, que tren que tren.  Ya se alejan en la distancia, ya se pierden en el tiempo. El silbido ronco y el humo negro de su cigarro,  algunas veces lo  recuerdo. Que tren que tren que tren que tren. No nació mi viejo tren para el olvido.
El lujo es vanidad Como tenía prosperidad, el hombre hizo mal en no considerar el bien que no hacía, el lujo sale caro, pero a futuro. El placer tiene un precio que en el momento  se paga fácil, no se sienten sus efectos hasta no tener al hombre perdido, sólo nos quedará el arrepentimiento  cuando el agua nos llegue al cuello o la sequía nos seque la boca, con la tala indiscriminada no quedará un árbol que nos haga sombra, de esto resultan después las calamidades En esta tierra por causa de la codicia, el hombre soltó la rienda al placer desmedido, ¿vendrá el enojo de Dios igual a su justo castigo? Era cosa natural pensar que la tierra era nuestra, que nosotros éramos los que estábamos en la cúspide de la creación, sin darnos cuenta de que somos un eslabón más dentro de la cadena de la vida, que honra, qué provecho lograremos, sí rompiendo la cadena perdemos la vida y no sólo la nuestra. Por nuestra causa este mal  vendrá, por ese deseo desmedido a este paso muy pronto llegará ¿Nos engañó el traidor o únicamente nosotros seremos responsables de este áspero desastre? ¿El hombre alguna una vez vivió en quietud y reposo o siempre estos ojos miraron así? Maldito los ojos que vieron en lujo, el confort desmedido,  maldita la lengua que nos convenció de romper la tierra, la vida ya no es vida sino muerte en la miseria y el hambre,    solo desgracias para el trágico dolor que nos acaba la vida. El político tranquilo de arriba mira, entre sobornos y favores la tierra paga nuestras deudas. La madre naturaleza dejándonos pasar adelante con ira nos cobrará luego.  Contaminando esta tierra somos todos traidores al delicado equilibrio de la vida, ya quisiera que alcanzáramos el entendimiento para lograr el remiendo, yo no tendría esperanza si no tuviéramos tanto caudal en tanta escuela, en tanto estudio,  ya sé que algunos fines no son tan deshonestos, pero como todo se mercantiliza y el que tiene la plata si quiere da, si quiere quita,  atento a lo que la pasión y el antojo dictan. En el campo combatiente, el mundo está en  la mira, cuándo se rendirá el que lleva ventajas. Ninguno ignora que esta tierra para todos un plato de comida da, sin embargo algunos se quedan cansado y con hambre.      El pobre no tiene quien le haga venganza, tampoco para ellos hay justicia, a dónde irá la queja de lo justo y necesario, si del que más tiene,  nunca el deseo queda satisfecho,  cuánto lujo habrá de satisfacer sobre esta sangre derramada. Siendo el día claro la razón no encuentra en la voluntad el instrumento del cambio; venida la noche en la oscuridad menos encontraremos un instrumento que nos ayude.
Amor pido, que no gracia.                                                                                       Pasión quiero que no fría. Si con amor me das tu corazón, con gloria recibirás el mío.
Amor pido
Autor: gonza pedro miguel  110 Lecturas
Prisionero de un recuerdo El fuego de mi pasión nació cuando la vi, creció con sus caricias y besos, murió con su traición. Y así quedé pobre y flaco de amores Yo que  por tanto amar, aprendí a llorar y por llorar tanto aprendí a odiar.  Prisionero de un  recuerdo hace mucho tiempo que camino mirando atrás, llevo  vuelta la espalda y la vista inclinada, que al cielo nunca miro y al suelo hice  mío. Mucho te digo que ame bien, y más te digo que me amaron mal. Por eso a cualquier descuidado entendimiento, digo: Por cada  vez que de contrario amaren   Aunque hayan perdido y pierdan aunque haya amado y amen  Corran y escapen,  para no caer en las mismas penas contenidas de  un mismo llanto amargo.
Es momento de amar El plazo del amor es un instante, no resignes ese único momento, No lo dejes transcurrir.  Nace en un gesto, una mirada Y despliega en un suspiro.  Es momento de amar, con este beso, místico, profano,  íntimo y sensual. En esta excursión a la pasión que es tu cuerpo, en esta pasión hacia el amor, que son tus labios, ruego para que me creas y le des amparo a mis manos. 
Gracias Amor Decía yo antes: No te cuento ni con un saco de balas que carguen sobre mi pecho, incluso con más de una metralla, el duelo que mi boca calla y mi pluma no relata. Me preguntaba ¿Cómo gritarle al mundo lo que me hace llorar?¿Cómo contar lo que es necesario callar? Hasta que un día…Ya enamorado encontré el fermento, privilegio de la dicha provechosa de la buena tinta,  entonces  dije, que esta pluma corra y cuente. Di mis primeros pasos, con mis toscas líneas y estos pobres versos,  sencillo de letras , quiso mi suerte venturosa me, hiciera  dueño de un par de alas, con su cielo y sus estrellas, unté  mi pluma en el fuego del mágico Leteo, bebí  de la tinta que inflama mi pecho y mojé en oleo la pluma que pintan estos versos, como  todo lo que escribo  se hace transparente, se ven se sienten, se huelen, destilan el fuego que arden en mis versos.
Gracias Amor
Autor: gonza pedro miguel  115 Lecturas
Ella II Ella, de primera  ganándome  de mano por los ojos, me atrapó por su figura, con un pestañeo de su mirada me sacó la segunda, con no poca ventaja, y yo cuan al contrario iba, sin armas me quedé,  sin tan siquiera una defensa, me alentaron sus ojos y yo levanté vuelo. Me dijo un amigo que no me fiase mucho de la alabanzas de sus ojos, que es costumbre suya muy usada, jugar con la mirada, me dijo que es un sueño incoherente y vago dejarse llevar por su estilo suave y elegante, que era una idea muy más hermosa y era engaño. Yo que me sentía amparado y defendido de sus ojos en las demasías de sus miradas, pensándome favorecido de ella, le dije que; si decir se puede ganaré por sobre la envidia y la murmuración la dote exclusiva de su pasión. Él, me dijo que para empresa tan grande, no es bueno salir a combatir con tan pocas ventajas, que es público y notorio para conocidos y amigos de toda la torta de lo cual yo carezco, yo le dije cuando veas resplandecer su nombre patrocinado por el mío, en esa fiesta digna de guardar, los que ahora ignoran conocerán  las armas que yo tengo, los que creen que son muchas mis privanzas quedaran temido por mi ingenio. No te ilusiones que esta prenda de otros mucho es muy estimada, hasta por señores y príncipes, dijo mi amigo. Yo, que soy como el río que nunca va para atrás, pensando que lo religioso sobrepuja los buenos deseos inclinados a toda virtud, puse en oración esta admirable industria. De paso y por la posta, como quien no quiere la cosa a ella le llevé un presente, deslumbrando con ellos sus ojos, le mostré unos versos que a ella le gustaron muy mucho. Hallándome con ventaja sobre los otros, esos versos desbarataron y rompieron toda esperanza de mis contrarios; ganando la mayor victoria vista hasta entonces, tanto así que no se atrevieron a cortejarla más. Yo que en la vida carecí de bienes de fortuna, no le faltaron dotes a mi alma cuando mis labios  la consagraron  como la dueña, señora y reina de mi casa. Obedecido y amado de ella, tanto que a devoción me daba su mirada, tan era así que más no sabré pedir, ni menos podré entregar, ella que  a brazos abiertos era, hasta que un día si decir se puede,  me robaron su presencia, fue cortar el agua que con su vida regaba mi jardín. Como no tengo mucha ciencia y es poca mi erudición quizás me cueste  entender este castigo del cielo, que con leyes trágicas y  divinas me quitaran mis ojos, que si antes saltaron vivos, ahora terminaron ahogados o muertos.
Ella II
Autor: gonza pedro miguel  121 Lecturas
Mi amor, mi enfermedad El amor es la enfermedad más contagiosa  que Dios creó para curar al hombre de su maldad. Se trasmite por contacto cercano con  mirada fuerte, si más cerca, por un abrazo y si más cerca aun, por un beso.
Aquí estos versos que declamaron aquellos, los labios que me besaron esos, los brazos que me envolvieron estos, los pies que me acompañaron y en esta mirada: Tus ojos tribunales;  Azules, mágicos y fatales
Como espina en mi memoria Calzada en mi retina         lo que su figura llenaba                                     Dejabas vacíos mis ojos
Has negado de mis labios tus besos Te finges atractiva fecundidad          Y de mi sueño alucinado quedo. En vano sigo tus pasos, inútil  pierdo mi sudor en seguirte, al oído sordo  lanzo mis versos, al abismo de la ignorancia mis quejas. Té has renegado de mi pecho y mis abrazos y has negado de mis labios tus besos. Me sobran penas para cantar, lo mucho que te deseo.
Ya libre de mi carga Despedazado y roto, hecho un espantajo, publicándome por quien ya era, la prensa de mi desgracia dejaba ver: Esas penas que son, mi mal y mi castigo. Como pan de dolor masticaba mi queja, con cargas que no podían sufrir mis hombros. Como guardarlo me resultaba estéril Y como  llevarla me pesaba tanto Y empujarlo me costaba mucho, tanto me acobarde y las dejé, atrás en el camino.
Velando el sueño eterno Es tiempo de desandar la cuesta para descansar a la vera en el camino. Llegará el silencio y se llevará mi pluma Aquí estoy con la piel gastada, preparándome para besar el ancho suelo. Al seno más allá del suelo, Al verde prado como hermoso manto,           a paso lento voy entrando; Sueño para que en este viaje me acompañe la imagen pura de tu paisaje Y el perfume dulce de tu flor salvaje.  
Dueña señora y reina Por la falta que me haces alargas mis horas, mis días, mis noches en dolores, llantos y penas ¡Hija de Venus! Concédeme el derecho De la conquista de tu pecho de mi ser por vos ya vencido   para vivir o morir por vos de mi bien ya idolatrado. Están mis ojos amarrados al suelo de esta celda y al oxido de esta cadena. ¡Señor! Envía lluvia Para socorrer la agonía De mi llanto  seco ¿Hasta cuándo mujer? Reina de las hechiceras, ¿cambiarás mis pesares en flores  Y mis dolores en amores? ¿No tienes piedad, por este espectáculo de muerte?
Buscando un amigo Dónde se anega la paciencia, se pierde la calma, y se consumen los deseos. Murmuremos de algunos hombres, que tienen la mano corta para las buenas obras. Puestos los ojos en la moneda, buscan en ella su mejor fortuna. Pocos son los que con buen celo, militan  por el camino derecho. Escasean  los hermanos y los amigos cabales en peso y en medida, como antaño, hombro con hombro: una costumbre perdida. Hogaño todos roban, todos mienten, así van por el atajo. Es cuento largo de esto, todo anda revuelto, corriendo tras la prisa, a la caza y a la pesca. De plomo y piedra los pecho. Es locura  que me asombra, y es ya  locura más hoy que ayer.
Por el pesar ineludible que me aqueja después que te fuiste, tuve que ser de piedra para no sentir frío No puedo abrazar la ausencia. En grado de expectativa en mi locura de quererte  no me faltas nunca.
En esos ojos yo pesco algunos versos Quiero que sepas: Es el amor a tus ojos claros el que ha inventado todos estos versos. Con un hambre desnudo por un verso, un desierto  de sal,  fue mi ser de sed infinita. Por eso… por eso, quiero a porfía quitarle un verso a tus ojos para dárselo a mi pluma y sirvan tus ojos de ala para el verso que levanta vuelo, que hará mi verso indecible y a mi pluma inexplicable.
Hay un verso en sus ojos  que mi pluma no sabe escribir  y dejan al descubierto,  que mis palabras no valen más que una de sus miradas. En el perpetuo triunfo de sus ojos claros No la puedo mirar sin que me quede sin respirar. Cuando empuja, Ella entra por mis ojos y sale por mi pluma Y esa cintura que sabe jugar al imperio a cielo abierto  Yo la conocí fulminante, imposible salir ileso De ese beso de fuego sobre una roca de hielo. Habrá que esconder el estupor Y jugar a ser el sobreviviente.
Esos besos caídos Privado del placer de los sentidos, me ofendes con sufrido daño, lo esquivo de tu mirada, desprecio de mi amor herido,           ofensa que por  vos  ha sido. Como lamento esos besos caídos,  llantos que por vos han ido. ¿No te duele mi dolor? ¿No te ablanda mi pena? ¡Quítame el juicio de tu grave condena. Mira lo mucho que te deseo, en lo poco que aquí te escribo, ayudado de esta pobre letra, sostenido por esta corta pluma.
Sin ira ni venganza Esas palabras, las que antes pregonabas con miradas y sonrisas, esas que eran dulces halagos, envolvieron  mi alma con paños de buenas pretensiones que luego deshicieron  tus avisos. A ella le di ricos vestidos, conformé deseos y gustos con puñados de monedas, ilustrando su nombre, magnificando su casa con glorioso nombre que luego contradice con otro amante  elegido,  maldito sea el otro que tiene más y por haber dado más donde yo falté, maldita la codicia, maldito el viento de su vanidad, que desplegó las velas de sus deseos, arrastrados por la violencia de su codicia, malditos esos malos humos, que cegaron las primicias de sus caricias, el triunfo de sus manos, su primer beso, el primer fruto de su amor primero, que luego fue mío, tan pregonado de sus labios y acreditado de sus ojos, así iba yo, y así  me llevaba ella, anclado en las ligaduras de sus brazos. Recibe mi gracia por el beneficio, vasija de vientre grande, hinche tu bolsillo y que crezca tu negocio.  Que  los trofeos de la victoria, la gloria de este amor pendenciero, sean de tus deseos muchos, la excesiva  pasión cárcel.
Pollerita corta taquitos altos Desmesurado énfasis en el lenguaje aleve de tu cuerpo, con esa sonrisa para muchos otros, ofrenda abierta a muchos ojos. Para vos, la primera vez, no habrá sido cómodo  convertir tus manos en increíble bondad, No habrá sido fácil a tu cuerpo sereno y frágil convertirlo en incandescente conflagración Seguro aun hoy, tus labios discuten cuando callan las armas que has llevado a la guerra,  sin que ni para que, de esas caricias ajenas.  En esa esquina, como un eco irremediable, en esta noche oscura ella se mescla y se iguala con la luna. Como hoy, como ayer solo existe en el anhelo de ese cuerpo desnudo. Aunque hay un cielo y hay un horizonte, Sin culpar al destino, sin creer en la esperanza se gana el pan con el sudor de su suerte.
El elixir y el cántaro donde mora el verbo poético   Una tensión que no se verbaliza como angustia subraya la monotonía, algo del orden del humor mitiga la desdicha, de esa mirada que impide la autocompasión. El apogeo de un beso de ayer  arde aún sobre mis labios y no alcanza… le pierdo el rastro a esa caricia que solita rema el bote de mis afectos.  Pero no, quiero escribir y no puedo, esa pasión a la distancia que por el amor no basta y el tiempo me quiebran la espalda y una sombra de vulgaridad baña mis versos. Hay que aceptar la verdad para no caer en el verso fácil que bebe de la noche enferma. ¿De qué me sirve la riqueza de un verso  manchada con el sudor de la impotencia, si pone en peligro el alma del poeta? Aunque mis afectos vacilen, aunque parezca un aceptable augurio, aunque de verdad guarde su nombre como un antídoto contra la angustia, ese beso lo quiero y no lo quiero. Su regalo, Lo desecho y lo tiro y al rato lo junto de nuevo. Soy como ese poeta pobre de letras, solo con su hambre, consciente de su miseria, ocultándose del sol, embriagado por la vergüenza, limitado en el lenguaje que lloraba bajo la luna. Heme aquí escondido en escuro rincón en el fondo de este valle buscando comprender el confuso rumor de mis versos. Vago y perdido en el oscuro fondo de las letras atravesando el claustro todo sombrío y medroso. Flotando en el aire el vacio de una idea. En la tragedia oscurecida y embotada en el cansancio, alguna metáfora oscura partió arrastrándose como un verbo de mala  voluntad, castrada en sus bríos. ¿Qué me queda a la falta de convocatoria? Me confiscaron el verso, me quitaron la rima, me borraron la línea. El llanto se mescla con la risa y ablandamos con el vino a ese verso tan odioso, que antes era ajeno, ahora se acerca un poco. El vino embriaga al destino y le presta la audacia a mis versos, habrá que agradecer por la vida, por el triunfo y los laureles, que nos absuelven de la mala letra. Miro la luna, miro mis manos y gusto de contemplarlas al ver en  custodia el verso  frágil.  
El cristal con que se mira Que a nadie se le caiga y quede perplejo, que no hay otro infortunio como este, con siete años  de espantos. Aunque  creo, sospeché mal lo peor, quizás nunca son sus efectos tan graves como sus amenazas. Levantando un poco el rostro, mirando de costado, venciendo el pudor y quizás un poco la vergüenza miraba mi desnudez y sin piedad me pongo a escrutar mi expresión,  a porfía el espejo avanza, la imagen extraña y familiar no hace más que aumentar la necesidad y la pobreza para ver como se aleja la cortesía de la juventud, que tan atrás me queda y en todo me conozco inferior. Mi cerebro se dice, como un aliento tácito: Depósito de experiencia nombrada y acumulada. Manotazo de ciego; por cuanto falto, la imagen que me re-tira; expele. Mil espejos tuve y ninguno me agradaba, algunos por faltos, otros  por sobrado, ya me mostraban tanto, lo que tanto me faltaba, conocí no ser lo que  pensaba, descubrí el engaño que en mi mente creí haberme hecho,   no fuera mucho si errara por poco, pero… los reflejos de mi privanzas  plantaron la base de mi sufrimiento; en el claro espejo la endechas de mi sufrimiento que duran en el ardor. Por haber nacido mal parecido, nunca tuve el premio de la juventud,  este maldito ha guardado poco y me ha  mostrado mucho; el,  no cuida mi fealdad, ni perdona  mi vejez. En esta mirada frágil y distraída, Todo en un mismo saco, radiante o borroso la turbia mescolanza.
Vos lo sabés Vos lo sabés, algunas veces el verso es uno solo y uno en el apuro gasta ríos de tinta. Entonces pensé ¿Cómo poetas, hallaremos ese compromiso con las letras, que con justa y legítima necesidad reclaman nuestra conciencia poética, el apego a lo bello y la justicia en la vos del relato? Decía en mi conciencia: Hasta cuándo seguiremos escribiendo sin la mística retórica de las musas,  textos    que,  algunas veces, uno se sorprende de que aparezca una buena idea. Vos lo sabés o lo habrás sufrido alguna vez, esto de leer y que te de bronca leerlo. Cuando leo algo y no me gusta, sufro como alma en pena, por esa vocación congénita con la palabra y lo peor que me puede pasar es que me encuentre, con uno de esos poemas modernos, que no tienen pie ni cabeza y para colmo de males, eso que ya de por sí es calamitoso; le guste a alguien; eso me revuelve la tinta. Si ya sé, vos siempre lo decís: No hay que ser tan estricto con los demás, si no con uno mismo. Por otro lado estuve pensando eso que también vos siempre me lo decís: Que yo, no le encuentre el pie o la cabeza a ese poema, no quiere decir que no lo tenga, por lo general cuando aparece alguna idea, vos lo sabés,  suele suceder que no lo entendemos, casi siempre por un falso pre-juicio la consideramos como la más flaca y menos verdadera; todo esto tan solo por no entender la idea. Seguro vos lo sabés, te habrá pasado más de una vez; cuando uno lee uno de esos poemas que uno no entiende, me pregunto ¿Seré yo que no entiendo el ser sublime de esta idea? (teniendo en cuenta que a alguien ya le gusta y si le gusta; algo debe tener) Siempre me quedo con la duda. De una cosa es estoy seguro, las buenas ideas son difíciles de conseguir, por lo menos en mi mente no abundan.   Hay momentos difíciles  en los que uno descubre que; por más que busque no puede ni tampoco alcanza ni siquiera eso; una idea mediocre. La buena, cuesta conseguir. El problema está, si es que aparece  alguna idea,  cómo uno se da cuenta que, esa es la  idea que estamos buscando, usted sabe, me refiero: la fórmula  perfecta casi nunca se presenta clara pura y transparente, e indubitable, una idea así, casi siempre se presenta incomprensible en primera instancia, vos lo sabés, una idea de este porte por lo general es más grande que nuestra humana comprensión, uno tiene que desandar la idea y descubrirla de a poco. Vos lo imaginarás o esto lo sabrás muy bien: La vida del poeta no es más que la búsqueda de esta idea, algunos como vos y yo lo tienen como enfermedad y en la locura de la desmesura  entran en la sofistería de la palabra, (es una pena pero debo reconocer que a veces entramos en esta) pensando así dar con el ser revelado de la idea. Vos lo sabés, cuando una idea está demasiado lejos uno entra a desesperarse, los miedos dividen, las dudas congelan la tinta, si nada original brota, se apela a los artificios. Después… después vendrá la culpa en lo irreverente,   por ese insulto a la buena idea, por ensuciar la pluma. Debo de confesarte, quizás a vos te pase lo mismo, cuando por el apuro, publico algún poema que ni es tan poema,  por el poco aliño a la idea o  le falta fuerza, que suele soltar y aflojar. Después, vos lo sabés, a ese texto, no encontramos quién lo absuelva, digno de ejemplar castigo, como si fuera delito yo no quiero ni ver lo que he escrito.
Vos lo sabés
Autor: gonza pedro miguel  137 Lecturas
Don Mario y  Fulano Fulano –Don Mario, le digo la verdad, antes de conocerla mi pluma y mi tintero, vivían regalados y satisfechos y esto puede leerse literalmente.  Es en el duro acento de sus ojos claros donde me pierdo, ella es la reina de los corazones de piedra que atropella y manda. Don Mario -¿Quién es esa?         Fulano –Esa, de ojos tan divinos y mirada tan profana. Don Mario –Esos  ojos en su versión audaz tienen un condimento… Fulano -Y esa sonrisa don Mario, bahía amplia y generosa… Don Mario –Debo reconocer que, entre embrujo de amorío sus ojos tienen poderío. Fulano –Si don Mario, cuando esa pestaña se levanta y vuela bañada de misterio   Yo sueño con quedar bajo el ala de su mirada,           pero… qué me valen sus ojazos si no me miran. Don Mario –¿Intentaste hablar con ella? Fulano –Si don Mario, pero fueron vanas y falsas mis esperanzas. El miedo, verdugo de mis primeros pasos le me negaba letra a mi alma  y torpe mi lengua, a brazos cruzados se negaba a toda mi voluntad. Don Mario –A otro pobre con ese hueso. Lo poco que sabe el pobre: lo mucho que el rico tiene. Sigue intentando porque tienes con que. Las dudas con los miedos pueden  hacer un encuentro fallido con el amor. No te des por vencido. Fulano –Don Mario, gracias por el crédito que le da a mi alma. Don Mario – Aunque guardo la fe en la prosa, insiste con un verso. Donde no hay perfume, inútil que se busquen flores. Pensando en ella… quisiera que expreses  el puro y verdadero texto, puedes  escribirlo a tu sabor,  mezclarlo a tus sueños. Le seguirás la huella a una rima para llegar al verso seguro. Fulano –Don Mario ya le recité algunos de mis versos. Don Mario –Aunque el tiempo corre, no tiene apuro. Tan apurada La ansiedad: de profesión y oficio ladrona de tu  paciencia. Si sabes esperar, para ese corazón enamorado llegará el día premiado. Fulano –Negado el beso, desechado el piropo,   sería  dar, lo que  de  suyo es poco. Don Mario –Mira,  ahí viene, siento que hoy es un día para inventarte una ilusión. Fulano –Ruego para que la letra me  salga fácil, aunque,  no habrán duda de esta suerte que, quererla y no quererla es locura o muerte.  
Retrato de una costumbre En mí, una pequeña vida sonaba discreta, informulada; casi inaudible. Mezclándome en el escepticismo y la ignorancia únicamente, subsistía.  Vivía  en un pequeño mundo, sin horizonte, sin un lugar propio. Demorado en los límites del vagabundeo, abandonado al azar, es decir; era un ser de espejismo olvidado. Tenía en la conciencia: un sueño incoherente y vago, casi sin motivo, con la energía neutra. En ese estado en la inocencia, los sentidos se repliegan y se calman, qué otra cosa queda: sin apuros, sin pretensiones. Por esto digo que, ciertos aspectos de lo que podía ser, permanecen escondidos, sepultados  tras una nevisca brumosa, los colores animados del espíritu aparecen borroneados, desconocidos para uno mismo, ignorados de lo que podemos ser, con todas las funciones creativas suspendidas, en declive, hasta aquí llegué; el borde del absurdo. Lo juro. Nunca hubiera podido por mí mismo reducir distancia,   de pura casualidad y a la rastra, casi obligado  llegué a ese espacio virgen para mí. Siempre hay alguien que te empuja hacia la luz, semejante   terremoto es provocado,  por hábito en la incredulidad; yo, dudo de mi fuerza y del supuesto descubrimiento, ya que me resulta imposible imaginarme ese tremendo desplazamiento… a duras penas me imagino, escritor, pintor, escultor… ¿Será posible? no  fue  mérito personal hacerme estas preguntas. Soy un poco de todo aquello que me ha pasado. Un libro que de casualidad cayó en mis manos me involucra con este verbo que tanto me concierne. Una palabra llama a la otra y todas convocan amigarse con la pluma hasta encontrar ese ser ignorado por mí mismo. Volatilizado esa bruma incolora, es mérito personal  la construcción del espíritu donde exhibe su diversidad, y se ponen en alerta máxima los sentidos.  Abierto a la exploración contra ese fondo de inmovilidad general,  sondeo el fondo de mi yo, puedo ver la fuerza que me impulsa, pero… aún así algunas veces dudo, especialmente cuando quiero escribir y no puedo (protestando digo: No se me cae una idea) otras veces como una tormenta corta, repentina, tan fuertes que en pocos minutos cae un aluvión de ideas, en el reverso de ese dorado sol; ese vacío. No puedo entender |el por qué de esos baches. Por lo general mi mano se levanta libre comenzado por comprender el presente infinito del verbo  en la imagen forjada. Como decía un amigo: Aquí estoy yo y mis circunstancias.
En un verso indiscreto, casi inaudible, mezclándose entre la rima y la prosa, una metáfora subsistía, tenía la consistencia de un sueño escondido, incoherente y bago. Con las funciones creativas suspendidas, hasta aquí llegué yo con mis manos  huérfanas, truncadas de esperanza en la sequía de mi imaginación.Malditos esos humos que segaron mi pluma, maldito el viento que apagó la llama y me dejó sin rima, esas que llevaba yo ancladas en las ligaduras de mis versos. Yo me invento una ilusión  con la libertad que me queda con que mas y mejor pueda esperar el aliento de la musa que me inspira, ruego para que sea como antes, cayendo copioso entre suspiros que arrancan el alma, hasta encontrar  el verso que se hace sangre y me recorre por doquier, como ese  verso profano, místico y sensual.A la musa que me inspira Ruego para que me mires yle des amparo a mis versos.Recibe mil gracias por el beneficio,Señora del verso grande.Que tu gracia se despliegue en un suspiro yla gloria de un amor pendencierosean de tus deseos muchola base de mi sustento.
A mi musa
Autor: gonza pedro miguel  183 Lecturas
Miro que me miras ¿Cuál es la enmienda? ¿Quién será el dichoso que querrá desasirse de tus rapantes ojos? Siguiéndome en la idea, me hiciste tiro,  no  dejándome  seguro, me sometiste a la confusa corte de tus ojos, me siento como el peregrino mal pertrechado, flaco de fuerzas, desgarbado y casi desnudo ante el ímpetu sagrado de tu mirada. No es nuevo para mí, lo mucho que vale y cuesta el sol de tus ojazos. Extendiendo el ala de tu mirada, retraído quedo en ella y yo sintiéndome poco en lo que de tuyo es  mucho. ¿Cuál es la fortaleza de esos agudos ojos? ¿Cuál es la virtud de tu hechizo? ¿Por qué todos buscan el amparo de tu mirada? ¿Qué corazón no confundes? ¿En qué razón no triunfa tu tiranía? Bien es cierto que no me voy separar de la protección de tu mirada, en mi confianza me sujeto a tus prisiones. Miro que me mira tu mirada y mirándome desechas La dura corteza, amarga y desbrida que había en mí,  llegando a la dulce que anidaba.  Imitas a la mano que tira la semilla, le da el riego y esperanza al brote que nace de mirarme en tu mirada. Ruego para que esta  fe de amor se ponga en cada una de tus mañanas y que ello conste en cada una de tus miradas, junto con la risa alegre y  la voz cantada. Por el mandato, del real consejo de tu mirada, de tu nombre dejo firmado mi pecho, por cuanto de parte de vos y al imán de tu mirada dejan el lazo estrecho. 
In vita in morte sumus Verso a verso mi amor le cantaba y en cada verso le ponderaba,  que podría darle mil versos, si sólo uno no bastara. Señora de la más hermosa composición,  llena de toda lírica, de cuantas    pudieras tener y tienes.  Ya te  veo venir copiosa en mil riquezas y  el perfume que me prestas de tu haber  señala y amplifica las beldades que  ambicionan mis ojos.  Señora, la concibo tan sagrada; diosa digna de ser rogada, ya quisiera verla mía. ¿A quién el sol no inflama? ¿Ante ella, qué pecho puede ser de piedra? A mí, como a muchos otros nos brota por los ojos, víctimas colmadas que en el dolor suspiran por aquello que por mis ojos es bien recibido y para mi gusto es lo que falta y para mi daño es lo que sobra. ¡Qué desgracia para mi suerte! que ante tanta, pero ante tanta vida, yo, me sostenga en muerte. 
Como el perro que ruega las migajas sueltas de la hogaza, así suplicaba por una idea que llevara mi nombre; todo era como empujar el viento. Cuando pierdo la palabra, cuando no sé decir lo que pienso, entonces creo que no me  recuerdo como quién creo que soy. Cuando no recuerdo quién soy, o lo que fui, algunas veces pienso que no hay un día en el que yo sea igual a otro día, por idéntico que parezca siempre me veo diferente. Me parece que no tengo una imagen propia, será por eso que me siento a veces un extraño en mi propio texto. En el uso de la palabra hay que ir por abajo, conquistar los propios miedos, hasta pasar por los límites del silencio. Esto tiene un riesgo;  ese es el espacio del absurdo,  lo que no se debe decir. Todos los que escribimos  tenemos miedo de pasar por estos lares. Hay una línea que divide, de un lado todo lo que ya fue dicho, lo que se repite hasta el cansancio; no hay riesgo en lo que está dado,  el fuego del absurdo no lo toca, del otro lado; lo nuevo, lo novedoso, pero, con un riesgo. Quizás por esto siempre me olvido de quién soy, en esta idea de no repetirme, cansado de  escribir lo mismo, siento el agobio del exceso de repetir y repetir y volver a repetir textos irrelevantes, si quedara yo atrapado aquí qué sería de mí. Mi miedo se hizo realidad. Se me perdieron algunas palabras y si esta semilla de la dignidad poética se me pierde, mi letra se convierte en una repetición absurda.  Aunque sea a media sombra  lo diré, aun cuando hoy no se decir lo que quiero, no conozco otro recurso que hablar a medias tintas. Ahora mismo yo también estoy necesitando una metáfora que me ayude a explicarme que no siempre soy quien creo que soy ¿Qué cosa no,  cómo una sustancia tan volátil (mi propio ser) puede contener una idea tan inexpugnable?
Ser o no ser
Autor: gonza pedro miguel  293 Lecturas
Cupido Del arquero flechador somos, Juguetes de su empuje. Sus teas encendidas en mi pecho,  hacen fuerzas en el inicio de la noche en su larga carrera. Arrecian deseadas auras  con repercusión en el beso, tus ojos, patria de los hechizos, brillan por su ardor acalorados en dulces fantasías, mientras los dones de Baco  nos preparan para el convite. ¡Oh hija de una diosa! En pura ofrenda, abundosa en los dones, el néctar puro de tus manjares están dispuestos, entre sábana blancas en los campos de Saturno, se preparan para la guerra, suavemente te quitas los apretados cordeles y corre el espumoso río, se derrama furioso;  con su heredado brío rompe los diques de los viejos preceptos.   Estas armas mueven guerra. Acosado por la tempestad de tus ojos y por el estrago de tus labios rojos. Entre mil rápidos besos preso soy entre  los fuegos de Troya,  mi pecho de estirpe troyana arde mirándola. ¡Oh fuegos eternos!  Rechinan  como hierro las puertas de mi pecho, como apretada traba, y embisten como turba los sentimientos. ¡Ábranse puertas!  Que aquellas grandes dádivas desde los licores de Baco nos infunde el culto al fuego de la pasión. Encontrados nuestros cuerpos no de otra suerte se iluminan en la noche con los resplandores del incendio. Inyectada la sangre en el espumoso vino, encendidos los ojos, erguidos los pechos se amarran, aún más con ceñido nudo y se elevan a los astros ornando la noche. Desde las llamas de Cupido, cincelando la noche de las grandes hazañas para que luego celebre la memoria. Era la mañana fresca y verde, y la hija de una diosa  recoge la aurora.
Cupido
Autor: gonza pedro miguel  330 Lecturas
El caos       La escritura del caos, es esa forma de escribir que está fuera del cálculo, es la expresión libre por excelencia, para esto, no es necesario saber dar cuenta de la contingencia, la imprevisibilidad es la esencia, sólo es necesario la acción de escribir, sin mirar, sin pensar, sin exigencias; el puro arte como una acción. Para mí, y esto lo digo como una opinión, es la única forma de escribir lo que nunca tuve, lo que nunca vi, ni sentí. Lo casual nos contiene, nos enlaza, como en la vida misma, es un abismo de elecciones y  singularidades,   de aquí puede brotar el misterio del mundo, o ese verso de gloria. Lo casual,  en algunos casos puede estar por encima de las  debilidades humanas, muchas veces la razón; para andar con paso ligero nos estorba como lastre pesado, mientras que lo casual puede ser un peñasco muy alto para el verso que levanta vuelo. Algunos piensan, que no se debe buscar así,  la generosidad de una musa, todo menos el simulacro cobarde de lo casual negando la existencia del poeta, con esos versos sin compromiso. Pero… yo soy aquel  de los mismos versos, las mismas rimas que siempre se repiten;  la enfermedad de mi verso pobre es dar de  lo que  no tiene, por eso busco donde encuentre un a luz de esperanza. Piensan algunos, en una idea: Lo casual puedes ser “el amigo y el verdugo” dando a entender que de mil  una o ninguna; si es una será la gloria y si no, la muerte del poeta.  
El caos
Autor: gonza pedro miguel  330 Lecturas
Esa gota Si esta lluvia pudiera tener otro oficio ahora, que no sea regar las flores, y si ella  pudiera mudarme la risa y hacerme más triste ahora. La gota cayendo ya no importuna a mis versos; ni a mi pluma buscando coronas. Gota a gota en su porfía, que esta lluvia oriente mi pluma. En cada gota una herida, en cada verso una vida según ha sido de amarga. Le daré a esta tierra mis versos  Si  es de creer que  a su  salvo escribiera Y si esta gota me diera de esa gracia infinita Y si esta lluvia pudiera y mi elección acredita que esta pluma escribiera lo que mi pecho le dicta.  
Esa gota
Autor: gonza pedro miguel  312 Lecturas
A esos pies Contigo he vivido el exilio de tus ojos idos. Fuiste la que me dejó como roca del silencio, hablando solo y con tu  recuerdo mudo, errando, alimentando el fuego; ladrona de mi paz. Así te vas; repartiendo castigo en nombre del olvido, sin ira y sin consejo y así me quedo yo, con el beso en silencio,  con los ojos como cuenca, después que tus pies abrieran la tierra. Como crece el silencio, como crece, sin aire, sin sol, suelto y sin raíces, con ese silencio criminal que me aglutina en un rincón. Te vi perderte en el camino, no te importó mi traza de mendigo. Tus pies rebeldes y afanosos se hicieron peregrinos. 
A esos pies
Autor: gonza pedro miguel  362 Lecturas
Quiero verme en el viento Como las olas del mar.   Imagino Mi barca es una pluma arrojada a la mar                                                      Y yo,  marinero en la tinta de éste mar. Quiero, Navegar en un  verso, pequeño como una nube ligera, humilde como una noche serena. Digo: Capitán de mi pluma, marinero de este mar Desplegadas las velas no me asusta naufragar.
Imagino
Autor: gonza pedro miguel  358 Lecturas
La piedra fundamental Aquí, circulando en ideas,  en círculos concéntricos,  irremediablemente por mis textos, en diálogos circulares con mi propia voz, conociendo el mundo, el universo  a través del verbo. Por este cosmos que parecer ordenado y caótico a la vez. Me pregunto: ¿Cómo puede existir el orden en un universo caótico? Pero existe, lo vemos; existen los días, los meses los años, los perfectos círculos, pero  también existe; lo casual, mi pluma, los espejos, copias de una realidad imperfecta como mi vida. ¿Un delito de la razón, una arrogancia de mi vanidad? Quizás el orden no existe o es sólo una invención de nuestra mente, un invento de la razón, pero los círculos existen, con razón o sin ella podemos decir que, un círculo, es perfecto y si existe un elemento perfecto, puede existir: Lo perfecto. La idea así planteada es bastante coherente pero, ojo, puede ser sólo, un juego del lenguaje, una falla, una grieta del lenguaje, un disfraz de la palabra, un mero carácter gramatical, que por una confusión humana, arto humana, ¿se permite expresar algo como perfecto, aun cuando no lo sea?  Mi fidelidad es a un orden,  a un método, a un ritmo, aun cuando en realidad en el fondo, tal vez no lo sean. Quizás no pueda percibir lo eterno (no puedo estar ahí para probarlo) pero, puedo ver y entender que siempre hubo un antes y  a  partir  esto podemos sospechar que siempre habrá un después, pero también esto puede ser una ilusión de los sentidos. Puedo dudar de todo, pero de lo que no puedo dudar de que estoy inmerso en una razón. Existió una razón primera, un Logos, como dirían los griegos, que fue pasando de hombre a hombre hasta ser parte de mí propio ser. En este preciso instante, aquí, ahora, en mí, existe una razón o logos que es parte de todas las razones presentes, pasadas y futuras; es decir, soy una partícula o punto ínfimo  en el espacio donde,   todas las razones  convergen; una razón  en el universo, donde toma  forma como un ente corporal, en mi propio ser. El logos, es una razón que parece ser, más real que nosotros mismo, ( un día dejaré de ser y lo que camia y deja de ser, en realidad no es)  lo que podríamos decir: somos una sustancia hecha de razón. Somos, soy, una pequeña parte del tiempo eterno de esa razón que todo lo atraviesa. ¿Vivimos y nos movemos en función de una  Razón, que va más allá de nosotros mismos? Podríamos decir, estamos al servicio de una razón, más amplia, que va más allá de nuestros propios intereses, en este sentido, cada acto personal o particular es una ilusión; siempre apuntamos a intereses que no sabemos o no conocemos. No podemos pensar nada por fuera de esta razón. Existe una razón para todo o no existe una razón para nada; la historia niega este último postulado; se ve un camino trazado, se nota una dirección, no solo en el pensamiento humano, lo podemos ver, en el diseño de una flor, en la arquitectura de una semilla; se percibe una finalidad, un objetivo.   La maternidad es un hecho, la paternidad un acto de fe. Es un hecho que esta es mi letra, pero la razón de mi texto, ¿es sólo mía o hay algo más que subyace por sobre mi pluma? ¿Confiamos excesivamente en la razón? ¿Podemos pensar en la inmortalidad de la razón? ¿La razón propone un deber? ¿Le confiere lucidez? ¿Hay un progreso en lo esencial de la razón?  ¿Es eterna la memoria de lo que la razón sabe? Y si mañana hubiera olvido ¿Puede ser, sin que, ni para que, de una razón sin memoria?  
Cuando la tinta penetra se va metiendo en cumbres borrascosas Pensaba: Nunca he escrito algo sin intención de decirlo, pero hoy, mirando para adentro como el que ya calcula, con palabras de costumbre sobre una vieja emoción gastada, uno se vuelve pensador o sabio, como cuando, en  unas copas de vino, uno derrama filosofía. Como para sacarme el cepo semántico. En una hoja en blanco tiré un verbo sin la intención de que corra, él sabe que, solo, ahí,  detenido, se reconoce resistente a la interpretación casual, pero en esa rebeldía de decir, y no,  le sigue un adjetivo desordenado, desnudo, lejos de la justificación lo acompaña como en un temor supersticioso de quedarse cerca de la raíz sin alcanzar a decir todo en esa confesión, sin poder alcanzar esa intimidad provechosa y desnuda de una verdad. Quizás en anuencia con  la callada competencia de una coma, y la buena nueva de un punto aparte pueda romper con la promiscuidad del significante.  Cuando todo está en orden, casi diría: en un aparente orden; el verbo, grita, bromea sobre el sentido lateral de algunos adjetivos, se ríe de los intentos de ponerle doble llave a los sentidos laterales; hay que erradicarlos… pero, como  siempre les queda un poco abierto y asoma por una hendija la antigua incertidumbre, el antiguo sobrante en lo que se dice, por no decir el inútil sobrante. Nadie puede querer aquello que no quiere decir… pero ahí está lo que nos sobra, dice sin querer, lo que no quería decir, esto pone en duda el prestigio de la mano moviendo la pluma.
Tenía el conjuro oculto en sus labios y en sus ojos cautos el miedo a la aventura -Hablemos del amor- le dije -Si… pero,  al  amor no lo conozco, me lo cuentan.  De lo que no sé, ni vi, me preguntas.  Decía yo antes: ¿Mis brazos saben de amores sagrados? ¡No! ¿Crees en la paz de esas  manos tibias o será mañana también, el puño que castiga? Pensaba… Pero hoy, desde la absoluta profundidades del descreimiento humano, desde la propia carne y desde la otra vida del dolor, desde esa enmarañada oscuridad y después  de desecha, esa piel echa de duda; no creo en el amor. -Creer o no creer en el amor. Se necesita más fe, para  creer que el amor no existe, que para aceptar lo que el amor ofrece a los que lo buscan. Si no crees en el amor ¿Cómo puedes… cómo puedes aceptar ese momento de gloria cuando estés entregada en sus brazos? Sin entrega y compromiso nadie verá el amor. En el hombre, el amor está echo a la imagen y semejanza de lo que él cree,  el amor es lo que uno cree que es; no imagines su existencia literal con los ojos de la duda; en la duda, no hay amor  (por eso en los celos no hay amor, porque están hechos de miedo y de duda) Si un corazón está abierto a la buena caricia, al beso de fe, entonces el amor, es en esencia revelado en un ser real; y es un dogma fundamental del amor, creer en lo amado, tal maravillosa  esperanza es a Todo aquel que  cree en el amor que del otro se purifica a sí mismo.
Sobre el amor
Autor: gonza pedro miguel  338 Lecturas

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Paradójico mérito
Cuando nos inaugura la intuición,
nos hace lucidos y desgraciados.
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Releyendo mis textos, recorriendo palmo a palmo mi letra me doy cuenta que hay frases, ideas que me sorprenden ¿Cómo están ahí? ¿En qué momento las imaginé? ¿Cómo llegaron a ser parte de mi letra? Entonces percibo que mi palabra vale por sí misma, está protegida de mi ignorancia de aquello que nunca se me ocurrirá, mi palabra tiene ese plus que la hace independiente de mi consejo, ella vive su propia existencia, y así siento dolorosamente esa ajena distancia… pero es mi letra, yo sé que es mi pluma y entonces me siento paternal e importante.
Antes no podía escribir con libertad, ahora me veo protegido contra mi propia impotencia, contra mi miedo o cobardía, me he dado cuenta que mis palabras valen por sí mismas. Es increíble la sensación de libertad que produce el efecto de hallar que mi pluma no depende absolutamente de mí, ella es por sí misma.
Por otro lado pienso, si esta letra no es absolutamente mía, en último rigor a la verdad, nada tengo que ver con ella, y esta es la idea que me mata, esa distancia, esa terrible ajenidad, esa sensación de saber que lo que escribo no es absolutamente mío, sin embargo están absurdo pensar que mi pluma y yo no somos uno.
En sacrificio a la verdad, no puedo dejar de unir mentalmente los dos conceptos, es mí pluma pero la siento ajena y distante.
La agradable ignorancia de pensar que la paternidad de mi letra era toda mía, pero ahí está la intuición con la clara revelación para hacerme desgraciado, para negarme la plena autoría de mi cosecha.
Reconozco mi letra, todavía insegura, próxima desmoronarse con la escasa convicción en lo que dice, pero también está la otra parte, esa pluma vigorosa, como un intruso exponente de lo ajeno, que a mí me deja este sabor amargo de una modesta felicidad.
Esta pluma me da un poco de admiración con su aire desafiante y agresivo, que sabe decir sin callarse sus presentimientos.
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