• gonza pedro miguel
gonza miguel
Paradójico mérito
Cuando nos inaugura la intuición,
nos hace lucidos y desgraciados.
PMG
Releyendo mis textos, recorriendo palmo a palmo mi letra me doy cuenta que hay frases, ideas que me sorprenden ¿Cómo están ahí? ¿En qué momento las imaginé? ¿Cómo llegaron a ser parte de mi letra? Entonces percibo que mi palabra vale por sí misma, está protegida de mi ignorancia de aquello que nunca se me ocurrirá, mi palabra tiene ese plus que la hace independiente de mi consejo, ella vive su propia existencia, y así siento dolorosamente esa ajena distancia… pero es mi letra, yo sé que es mi pluma y entonces me siento paternal e importante.
Antes no podía escribir con libertad, ahora me veo protegido contra mi propia impotencia, contra mi miedo o cobardía, me he dado cuenta que mis palabras valen por sí mismas. Es increíble la sensación de libertad que produce el efecto de hallar que mi pluma no depende absolutamente de mí, ella es por sí misma.
Por otro lado pienso, si esta letra no es absolutamente mía, en último rigor a la verdad, nada tengo que ver con ella, y esta es la idea que me mata, esa distancia, esa terrible ajenidad, esa sensación de saber que lo que escribo no es absolutamente mío, sin embargo están absurdo pensar que mi pluma y yo no somos uno.
En sacrificio a la verdad, no puedo dejar de unir mentalmente los dos conceptos, es mí pluma pero la siento ajena y distante.
La agradable ignorancia de pensar que la paternidad de mi letra era toda mía, pero ahí está la intuición con la clara revelación para hacerme desgraciado, para negarme la plena autoría de mi cosecha.
Reconozco mi letra, todavía insegura, próxima desmoronarse con la escasa convicción en lo que dice, pero también está la otra parte, esa pluma vigorosa, como un intruso exponente de lo ajeno, que a mí me deja este sabor amargo de una modesta felicidad.
Esta pluma me da un poco de admiración con su aire desafiante y agresivo, que sabe decir sin callarse sus presentimientos.
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  • País: Argentina
 
El verbo mejor nacido Fue hace tiempo y no hace mucho en un país  poco conocido un gobernante decidió tener el absoluto control de la palabra, el gobierno de este estado,  poco conocido decía  que, se hablaba mucho y se decía poco y que eso era malo para el pueblo y para la comunicación. Este gobernante tenía un lema que decía: con poco se puede decir mucho. Fue entonces que el gobierno de este estado  poco conocido, decidió intervenir en la producción de la palabra, como primera medida propuso primero: que todos los medios de comunicación, diarios, revistas, emisoras de radio y televisión, todos absolutamente todos debían dar la misma noticia, respetando aun los puntos y las comas, las noticias debían ser, pequeñas, precisas, y debían repetirse por al menos una semana, también se propuso como ley erradicar a los poetas, ellos decían mucho para decir poco, naturalmente; esto que de por si era poco práctico, era algo que iba en contra de los planes del gobierno. Por increíble que parezca estas decisiones fueron aceptadas  por la población, entonces se crearon instituciones de control de la palabra,  que tendrían como virtud crear los límites de los textos, otras de sus funciones sería intervenir para prevenir conflictos futuros, apoyando la construcción y desarrollo de formas sintéticas  de la comunicación, la licencia incluía el poder para intervenir aún  en discusiones particulares. La expansión del control de la palabra produjo una constricción de las ideas. El mecanismo de control del estado permitía así, dirigir el destino de la comunicación. Decían se debe abandonar todo tipo de razonamiento por fuera de lo útil y necesario. Para decirlo en términos de Pichot “ El nuevo orden conservador está en contra de toda transformación de los sentidos del texto, creemos necesario evitar las transformaciones y las mutaciones estructurales y defender así: el sentido único del texto. Si alguien dijo algo, eso que dijo debe ser lo que dijo y no otra cosa”   El poemismo, surge  como movimiento de resistencia y como régimen asociado al sobredimensionamiento de la palabra como una forma de ocupar el lugar central en las distintas formas de interpretaciones textuales, y en oposición a la interpretación unívoca que pregonaba el gobierno. La  década del silencio y la crisis de coyuntura Después de más de una década de supremacía del régimen,  surgen  distintas fuerzas que intentan imprimir un nuevo rumbo a los distintos sentido del texto, para crear una nueva narrativa que tenga en cuenta lo incierto y lo posible, no como un error, sino como parte necesaria  de la riqueza del texto. En acuerdo con el clima de época y  en contra del régimen excluyente, e intervencionista, el nuevo movimiento expresa la doctrina del verbo libre y abierto, en este periodo también surge otro movimiento que pregona “En salvaguarda” del orden existente pero con  intenciones de modificar las practicas vigentes  sin romper abiertamente con el orden dominante La sensación de amenaza en la unicidad del relato hace que El estado como garante del orden vigente, procura justificar su gestión atacando con todos los medios posibles toda divergencia en la unidad de los textos. El triunfo y el liderazgo del nuevo movimiento, (poemismo)  rompe con el  mecanismo de control de la comunicación con nuevos derechos y garantías en oposición a los distintos sentidos diluidos del texto y en contra del estado como garante en la unicidad del relato. El campo de las posibilidades cerradas quedó en el pasado y el futuro de una historia deja de ser único para abrirse como un mundo de posibilidades donde el destino del verso se cumple.
A los amores de buena letra Fue después de la caída en la “guerra fría” que ( fue cuando no nos hablábamos, ni siquiera cruzábamos  miradas)  decidimos hacer públicas nuestras diferencias, esta situación sirvió de pretexto parar volcar sus calumnias más infames sobre la espalda de su vencido. Esto me obligó a irme de refugiado a la casa de un amigo, durante varios meses, como vencido y desterrado ya casi no tenía recursos para moverme y dependía de las contribuciones de amigos y familiares, donde encontraba un eco de simpatías. Un grupo de amigos autodenominados “la liga de la paz”  se organizó para oficiar de mediadores en el conflicto “armado” Una de las primeras medidas fue realizar un encuentro de acercamiento en un bar de la zona. El  grupo reducido e íntimo acudió a la cita, mi postura fue: Esta relación no tiene razón de ser, por lo tanto una alianza es absolutamente imposible. No era de extrañar que también la otra parte estuviera  de acuerdo conmigo, y aceptara el hecho de que, para el desarrollo truncado de esta relación era virtualmente imposible otra oportunidad. Esos esbirros de las pasiones, nos mostraron su sabiduría con insistencia, pero nosotros les enseñamos el sentido de la rebeldía,  a esos sátrapas del amor, les contamos como al principio muchas noches habían muerto en el silencio, después comenzamos con esos gritos combativos, así habíamos matado a muchas caricias inocentes, como esos enojos bandoleros, les contamos al detalle como esas  balas sus  y metrallas habían hecho de nuestra cama un campo de batalla. No estábamos preparados para luchar por nosotros, el amor es una historia de sacrificio y sangre y una  historia del desamor también. La ira y el enojo en su potencia de fuego hicieron su última ofensiva, la protesta airada  fue mucho más violenta y agresiva, mucho más profunda, desde alguna ciénaga del interior salieron los cañones de corto, medio y largo alcance, el combate duró de la noche a la mañana. Pudimos ver como el otro también estaba armado y lo que es capaz el hombre cuando en su pecho carga un arma. (Hoy puedo comprender que un beso bien dado en la frente es una de las grandes manifestaciones pacíficas) Hasta comprender la conclusión inevitable: Nos hemos desarmado en la miseria del oprobio,nos creíamos dueños de la verdad, y creimos  en los sueños, creíamos que en las escaramusas siempre había un ganador sin entender que los contedientes siempre intentan destruir al otro, que hay alevosía, que el fin último de la guerra siempre es: aniquilar al enemigo.   Me despedí con un beso en la frente.
Magisterio en la enseñanza de la hermosura Es lo que dice mi pecho, cuando la voz de mis entrañas alimenta la sangre con  el verso al galope y el grito de tu nombre vuela sobre tus montes y tus campos. Este es el tiempo de desgaje, cuando caen las prendas y mis manos  ciegas apelan al tacto, nos convoca y nos congrega la ley de los deseos, mis manos reclaman su derecho… después. Después, la noche se prolonga sobre tu pecho y encuentro la almohada perfecta que se ajusta a mis sueños.
Cuenta la leyenda Cuenta la leyenda que el hombre creó un billete y lo guardó en una bolsa,  entonces… tuvo miedo de perderlo y creó un bolsillo y le puso un cierre, con el cálido afecto de la cercanía  se  sintió seguro, pero el billete creció tanto que el hombre creó  una caja y por el mismo miedo a la caja le puso una cerradura, y el billete volvió a crecer y el hombre creó una casa con bloques de cemento para el billete, con barrotes de seguridad y este creció aún más y más y el mundo le quedó chico… cuentan los que contaron que fue tanto el crecimiento que  el billete fue todo querer, querer desplegarse, querer  ocuparlo todo con esas ansias del querer. Después de esto ya no hay dos bandos, hay un solo querer que cae implacable y sin descanso, sienten lo mismo el rico que el humilde, las dos plegarias se funden en un mismo querer, se enlazan y se entrelazan. En este camino  de siglos, aquí no hay dos bando, indestructible y destructor un mismo querer. Miente quien dice que va por fuera.
La vida y la muerte de un beso Estos infortunios son para meditarlos o  una razón para el olvido… de algunos que buscan  el fuego en el beso y hallan el sepulcro en los miedos. En un beso éramos  dos tanques de guerra sobre un campo minado de dudas, un susto de amor entre dos miedos. Recuerdo  ese beso  cuando era tierno, cuando se daba  con gusto y te pedía  todo a cambio, hoy como la flor de un huerto se secó por el sol fuerte de enero, sensible a todos los vientos a todos los celos, cargado de  contrarios compuestos  encontró triste sepultura. Esa flor, quemada y marchita, en el dolor me imita. Llamemos al sepulturero, (sensible a todos los vientos y a todos los celos) que él hará una fosa,  irá entre mortajas el sudario de algunos besos. Se van borrando los versos que me dictaron tus besos. Si no hallo fruto en tus ojos inútil pedirle flores a tus manos Si solo en el cuerpo presente, siendo en lo demás ausente  ya me desmienten tus labios lo que me juraron tus ojos ¿Ha de negarme el destino, tú que has sido mi suerte? ¡Si es así, quítame la vida, tú que me has dado muerte!  
Ella, era como querer cambiarle el gusto a la sal; un imposible.       Ella, tanto te lleva a desear como a soñar y yo, en todo me doy en falta, no hay a quien le sobre para alcanzar de ella lo necesario; escaso en recursos, los años muchos, la pinta poca, así, con poco acuerdo con mí razón, entre miedo y esperanza; cebado en sus ojos de miel, alcancé la osadía. De tan poco escote, tres veces más soñada que mirada y siete veces más linda de lo que esperaba. En su risa, no me prometió menos y con tanta pujanza jugaron sus manos con las mías que el fuego consumió mi pecho, mis ojos y  aun mis manos que sobre ella estaban. No se detienen mis manos, jurando por cada parte que era suya, así salieron en atropello por aquellas escaleras o gradas las pasiones que la idolatraban. No sé si, caminaba o volaba,  bien puedo decir: que el deseo y el fuego que de ella salía no me dejaban ver ni cielo ni palmo de tierra por donde iba. Ahora sé muy bien que no hay mayor bien, ni grandeza que la iguale. Si alcanzar sus ojos lo cuento como una gran victoria,  cuanto más, si me enseña frescuras venturosas de su humana arquitectura.  
Ella II
Autor: gonza pedro miguel  312 Lecturas
 El amor es laberíntico y circular. Yo te amo, tú me amas, nosotros nos amamos.  Atrapados en una de sus vueltas, tratando de pensar que si en este amor  en algunas de sus  vueltas  encontraremos nuevamente la salida a la libertad.  Vos, como Yo, siempre hemos sido  inconstantes en el  ejercicio permanente  de vivir un solo amor. Lo simple y lo complejo de las consistencias de nuestro ser,  de lo congruente y lo incongruente de  los deseos y pasiones que nos llevan al amor, así enredados en pares antitéticos, porque se trata de vivir con nuestras contradicciones y a pesar de ellas o por ellas, amar aunque nos duela y cueste y estar dispuestos a pagar el precio por ese minuto de gloria, destellando entre la abundancia de lo gris. Vivir el amor consagrado espiritualmente a los grandes momentos y que se vayan cumpliendo a cada paso lo que muchos veíamos venir aunque  a la mayoría sorda y ciega no le haya importado. 
Laberinto
Autor: gonza pedro miguel  323 Lecturas
Oración para escribir ¡Oh, Santas leyes de rimas venturosas, remedio y cura de mi pluma; entrégame nuevos versos más frescos que los primeros, Sin parches ni borrones! Oh, diosa de la inspiración, sin límite ni moderación haz de mis versos la buena sustancia, y engéndrales  de amor! Fortalece el cañón de mi pluma con tu tinta reforzada. ¡Oh Señora y guía de entrada en el laberinto de los verbos, en el oficio de mi pluma: abre mis ojos a destajo, lubrica mis pupilas conforme al arte de lo más hermoso. ¡Oh! Señor de la palabra viva, de donde nace y aparece todo el bien que deseamos, arroja al fondo del abismo el hablar necio y vergonzoso de mi ser,  con firmes ligaduras haz de mis Versos hidalgos de buena conciencia, que una vez comenzados ellos mismos caminen y  hagan la buena obra,   ¡Oh potencia de los cielos! Ruego por los galardones a mi pluma para subir de escalón en escalón hasta encontrar el tono alto de mi voz. ¡Oh Señor de los sueños y las metáforas! Revísteme con el carro de fuerza que rinde los malos argumentos, con  Imágenes y formas que dan sustento al discurso; que sean ellos, los señuelos que convocan a los sentidos, para que  guisados y sazonados puedan ir adelante en la razón, para que las cosas no se queden en sospecha y se digan públicamente.
Ella, de confesada risa y esos ojos de ignorada tristeza,  mostraban hasta la insolencia, el tono magistral  con que se movían; ni que decir de su cintura y yo la percibía con mil ojos y la palpaba con diez mil dedos. Su belleza obscena me inflamaba y corrompía mi realidad, así detenía la sustancia fugitiva del tiempo. En la noche de los suspiros. Subir por las casi infinitas piernas, llegar hasta donde se enriquecen con la selva populosa inextricable, continuar hasta la caldera de sus labios; armas de fuego. Mil versos, ya está en mi sangre, resuenan entre sus besos, como esos labios inagotables, esa belleza,  la que despertó y merece toda la gratitud y todas las lealtades; de todos mis ojos, de todas mis manos, de todos mis versos. Mientras dure esta noche, con sus repetidas campanadas, me siento invulnerable, inmortal. Hacia el alba pensaba: De sus ojos, de esa puñalada feliz son los siglos y el tiempo; quiero decir: Es una mujer para vastos amaneceres.
Ella IV
Autor: gonza pedro miguel  349 Lecturas
Mariposa de mis sueños  Mariposa que volaba alto En la primavera de  mis sueños yo daría tanto por dos de tus miradas ni que decir como por cien de tus besos. Extraño tu persona, tus buenas obras, Tus honestas virtudes, Tu risa alocada y suelta:  Fueron luz sagrada a mis ojos y más luz a mi esperanza, que aun  hoy guardo en abrigados recuerdos.
En el derribo fronterizo de la vejez; Yo he visto a varios viejos llevando vuelta la espalda con sus deseos cancelados y cansados de vivir. Cuando llegue el momento, pienso:  ¿Yo también estaré lleno de impostura? O  podrá más mi curiosidad por conocer la verdad desnuda, qué hay más allá  ¿Será mejor el otro lado que esta pobre  existencia colgada de estos áridos momentos?  Merodeando en el habitual laberinto de los abandonos, llenándome de culpas y de pánicos en el cuenco de los desalientos, sin apogeo piden mis brazos algún abrazo, quizás el amor, hace algún  alto en el desaliento, o quizás es falsa esa invitación de la vida hacia la vida, como señor de mis ilusiones me hago esclavo de mis esperanzas. Confieso también esto es parte de lo que tengo. Ayer nomas  cumplí , cuatro décadas y algo más, debutan con estos años, algunos miedos que con el tiempo no se borran, caminos que al contrario se potencian, crece esta idea de no ser más, sin escalas, de una….. De la nada, hacia a la nada va mi vida con sus grietas en mi cielo y en mi tierra donde mi sol esconde su vergüenza flotando entre mis miedos. Ya sé que  los sueños incumplidos son pequeñas muertes, las dudas: Sus espantos, los olvidos: Sus asesinos, pero  a veces quisiera olvidar la muerte, recordando un momento de goce, un minuto de gloria, un día de esperanza, entre tanta sangre derramada quizás un año de paz. ¿Algún día, la vida, podrá ser mía? o podrá al fin esfumarse así como sí nada dando puerta al infinito.  También   sé: La vida quiere olvidar la muerte, pero la muerte no tiene olvido, un día me descubrirá en su memoria, se acordará de mí, de este montón de huesos que eligió no agotarse a través de su pluma, quizás en un vano intento de perdurar y permanecer. Esto también lo sé: Morirá mi ser, ¿pero  la fantasía de su tinta, la juventud de su llama? ¿encontrarán resplandor y destello en el eco infinito de un verso? ¿Será una industria para la postre?  O quizás también a ella se cubra con el polvo viejo del olvido. Cuando pidan licencia mis ojos. Para estas letras amparo y defensa pido y ruego para que no se engañe mi esperanza, que no fueron vanos los oficios de mi pluma; en amigos y deudos hallo señales para mi salvación. 
la frontera
Autor: gonza pedro miguel  88 Lecturas
La rebelión de las musas   Con  la mirada en la luna buscaba esa imagen pura… pero, después de un tiempo,  finalmente surge esa imagen fraudulenta, algo espuria de la luna. Yo sé que esa imagen de escombro que recibo no es la que busco ¿Cómo recuperar el equilibrio, en la fidelidad a lo bello y la justicia en la voz del relato para que adquiera valor en su conexión con el ser del objeto? Me doy cuenta que las musas, como portadoras místicas de los dioses,  me quitaron cierta osadía, que ya de por sí las tenía en dosis mínimas, y mataron más de cien ideas recién nacidas. Nadie pude ser fiel a la hermosura sin la seducción retórica de las musas, con esa mística generosidad. Ellas tienen la vocación congénita de la palabra, Antes de ella: Almas en pena; después de ellas: Almas en gloria, y con ellas, es real esa capacidad de lo suficiente para contemplar, descubrir y comprender el ser de lo sublime, mientras nos va llevando de la mano y cuando no lo queremos escribir nos va arrastrando de los pelos; alimentando visiones, alentando ideas.  Una parte de nosotros queda ahí, en la letra trasmutando, y así, el texto se hace la morada de las musas. Evidentemente ningún texto puede llevar por sí mismo ni una revelación, sin el aporte de las musas, ellas ponen de manifiesto esas esencias atesoradas, dejan en evidencia los signos estéticos de la identidad de las cosas. Sin ellas la pluma nos reserva, pérdidas, fracasos, sucesivas derrotas, cosechando sólo frustraciones, hay que prohibirse escribir sin esa tutela, sin ese legado de lo divino. Las palabras que brotan por la inspiración, son palabras lavadas, limpias, puras, y con ellas, las musas, adquieren una escalofriante verdad, siguen siendo palabras, pero, ante la mirada atónita del lector, se hacen arte y es la magia de la literatura que las hace renacer.    
El empate Te juro, Carlitos estuvo toda la semana hinchando con el partido del sábado, era de lo único que  hablaba, hacía  aspaventó con su primo, según él, el mejor arquero del mundo, yo le dije: che, vamos a ver si es tan bueno eh, espero que no sea un tronco de carne y hueso como vos eh. Él me dijo -Ya lo vas a ver-, y siguió  con su tono de amenaza y apuntando con un dedo, -si te haces el vivo, como la otra vez, el lunes te traigo en cama-.  Eso si me agarras, sentencié.  Entonces le dije: Ahhh… si te acordás  de la otra vez, es porque te dolió y mucho, el caño que te mandé, ¿te acordás o no? y que varias veces quedaste desparramado, mirando mi espalda y viendo como encaraba para el arco. –Vamos a ver si podes repetir la historia- Me gritó mientras se iba. No sé si sabías, el picadito será el sábado, en la canchita del viejo López, si ya sé, esa canchita está maldita, siempre que jugamos ahí empatamos o perdemos,  pero bueno que va… pienso, un día tendremos que romper esa desgracia. Para poner a prueba el talento llovió toda la noche.  Yo ya sabía la repuesta y sólo para cumplir con el ritual le pregunté a Carlitos: Che,  la cancha está media barrosa ¿jugamos igual? Me respondió  Con la picardía de sus días mejores,  mostrándome una sonrisa amplia y generosa que dejaba ver su teclado de baldosas sueltas. Tempranito estábamos en la cancha, Los mejores exponentes de una extirpe legendaria ya casi extinta, ja, ja,  el gordo Aldo,  Roni, el ojo de  Carrizo y nuestro jugador estrella: El  Pitu.   Como todos dicen, es un capo con la pelota, juega en el medio y ahí  en el medio, es el patrón calidad, sacrificio y huevo del equipo.     Con una cintura mejor que una odalisca: El Pitu, lo menos sospechable, delgadito, bajito, frágil, rápido,  el disfraz perfecto para ocultar y disimular el tremendo carácter de ese león perfecto, de talento exquisito.  Ellos no tienen un jugador estrella como nosotros, pero tienen un equipo que juegan juntos desde chicos, se conocen bien, sus pases son de memoria, de toques cortos, rápidos, cruzados, por arriba o por abajo, son precisos. Si no los marcas bien, estos te llenan la canasta.  No necesito echarlo a cara o cruz, le di a Carlitos a elegir el arco. Te juro, no lo vas a creer, el Pitu, de entrada dejó ver el hilo con el que está hecha su tela. Cuando lo vimos  jugar. Todos  decíamos: El tipo este, es muy bueno. Él solo les hacía frente, y gracias a él, el primer tiempo terminamos empatados cuatro a cuatro, y sin contar las pelotas que sacó Manotas, (Le dicen así, en alusión al pulpo)  el primo de Kike, que no era bueno, es buenísimo. Que si no fuera por él, le pegábamos una goleada histórica al equipo de Kike. Manotas  con su oficio de  arquero,  sabe leer muy bien los gestos de los delanteros para predecir donde va ir la pelota,  y así sacar ventaja de su ya, segura agilidad, si a eso le sumamos,  su increíble  intuición en elegir el palo correcto.  Es  impensable  la calidad que exhibe este cristiano, más allá de la fama que ya tenía. Según Kike, su falta de ambición lo llevó a rechazar la oferta de ir a jugar en un equipo de primera. Fue una pena para ese don tan maravilloso. A Carlitos lo asistía su hermano, con esa parsimonia de buen jujeño. Brillaba con humildad, con un brillo silencioso. Tiene esa inteligencia para darle calidad a la distribución del juego, con  el impulso en el momento preciso, con esos pases micrométricos, nunca lo vi dar un pase adelantado o atrasado, siempre ahí, al pie. Terminamos el primer tiempo. El Pitu arrancó cansado el segundo tiempo, más tranquilo, ya no corría tanto. Pero igual, ya cerca del final,  con un amague de cintura dejó uno en el camino, otro quedó desparramado ante la filosófica gambeta del cambalache, tres, cuatro y, lo vio venir a Carlitos,  apuró el pase antes de recibir el hachazo y quedar despanzurrado de trompa, haciendo sapito en el barro. Todos no reímos…pero no se levantaba, después  nos asustamos. Te juro. Parecía que  el golpe fue brutal. No fue nada grave, después se levantó como si nada, para festejar el gol. Con ese golpe Carlitos nos avisaba que no piensa perder por goleada y con una actitud resignada y poco digna establecen una cerrada defensa de trinchera para evitar la humillación. Les íbamos ganando cinco a cuatro y parecía que se venía el sexto. Por fin rompimos la racha perdedora en esta canchita.       Carlitos con su esotérica significación, detrás del arco le hacía tres nudos a la bandera, mientras juraba por todos los santos cumplir con la promesa de pagar un asado  para el equipo si ponían huevo y nos empataban. Yo siempre lo dije: Esta es una pasión para sufrir y disfrutar y en este momento, esta pasión me desbordaba. Hasta que, en una contra con precisión, de Carlitos y su hermano.  Cinco  minutos finales del partido.  El tiro libre. Pelota al segundo palo para  sufrir…   cuando pasa rozando el palo derecho y gol. Cinco a cinco. Ante el error de la defensa. Gritos y reproches iban y regresaban,  llenos de ridículos pretextos. Vino el gol. Después el desorden con inexplicable desconcierto. Se había perdido la serenidad.  Afloraba una terrible impotencia, naturalmente era sólo un gol, una claudicación momentánea aun faltaba algunos minutos pero… EL Pitu  solo ya no alcanzaba. Tampoco lográbamos remendar nuestra desgarrada defensa. Cansados con el respirar fatigoso. Parecía inminente que ellos nos terminaran ganado seis a cinco. Carlitos con toda la potencia del asecho. Con esa picardía, merodeando por los  lindes del arco, tremendamente provocativo. Recibe un pase por lo alto, salta y con el pecho la deja ahí, dormida. Se da vuelta y le pega a la pelota con una ternura calculada. Yo veo como queda él solo.  El miedo atroz me cercó, yo sentía que no podía pensar en nada, lo único que allí existía era, esa mirada de sangre en el ojo de Carlitos, salió el tiro y entonces bruscamente mi mano se elevó abierta y esquinada, luego cayó hecho un puño y con un golpe seco que no justificaba mi fama, me quedé con la pelota.  Ni yo lo podía creer. Lo veo solo a Carrizo para salir de contragolpe. Se la doy de primera. Elude a uno y otro. El Pitu con señas se la pide, pero…    Ese caprichoso incurable, ese egoísta reincidente, que se cree con todo el derecho de posesión sobre la pelota, se corta solo. Carlitos de atrás lo barre con `pelota y todo. ¡Qué bronca!  El Pitu se la pedía solo frente al arco. Ese  era el gol del partido. Como en todo el partido,  otra vez se queda con la pelota para perderla de nuevo. Te juro. Yo no lo entiendo. Si ya pasó a uno y a otro que le cuesta pasarla al compañero. Te juro, no sabés la bronca que me dio. Ver al otro gritando, levantando la mano y el, ahí intentando una jugada más.  De nada sirven los reproches. Un silencio seco y tolerante nos reprochaba la falta de ambición.  Solo nos quedaba la espera del pitazo final en actitud pasiva y resignada al empate. Pitazo final para sostener la racha perdedora en la canchita del viejo López y acrecentar la dicha de Carlitos. Ya encontraremos otra  buena oportunidad para vencer con esa porfiada y trabajosa  pelota que se resiste a besar más la red. 
el empate
Autor: gonza pedro miguel  93 Lecturas
Deseo Que la diosa del buen hado fertilice tu pluma y la riegue con el suave néctar de la inspiración y que de ella como vertiente  broten: Clara, cristalina y pura la tinta de  tu imaginación. Que en el mar de las letras, tu mente pueda nadar, y que en el ancho cielo de las ideas, pueda volar. Que tus pies presurosos, puedan alcanzar, lo que se pudiera escapar, del cielo o del mar.
deseo
Autor: gonza pedro miguel  97 Lecturas
El amor En el mundo no existe nadie tan pobre de afectos,  que no tenga un poco de amor para dar. El amor es aquello en lo humano, que nos acerca más a lo divino. El amor Si existe por si mismo Y lo demás por él Y si es verdad que no siempre elegimos Será entonces, no sin razón Que por la excelencia de este bien supremo Que es la causa y el efecto De la perfecta salvaguarda De la pasión humana, Por lo que, Lo bueno y lo justo existe 
El amor
Autor: gonza pedro miguel  94 Lecturas
Billeteras peligrosas En Buenos aires sus calles son rectas y cuadradas, sus esquinas: Triángulos rectángulos, con sus calles paralelas cortadas por rígidos  sextantes,  pero en una esquina de mi barrio, en esta ciudad, esta  ley de la geometría del espacio recto se rompe con algo hermoso y secreto: Esas curvas. Pensé: Tiene que haber algo especial detrás de tantas generosas curvas. A esta altura nadie quiere morir de incertidumbres. Para probar el ser de mis inquietudes; un día me animé y la invite a cenar. No hubiera sido de comentario, pero desde el primer encuentro noté que era diferente. Ya en el Resto Bar yo buscaba condimentar la charla con exóticos ingredientes, pero no se me caía una idea. Nos miramos y al mismo tiempo nos huimos la mirada. Yo traspiraba, no sabía qué hacer con el silencio, esa pausa se hacía insoportable. Fue mi salvación. Se acercó el camarero y   lo primero que ella pidió fue un buen vino tinto Malbec, me miró y me preguntó, -¿O preferís un Torrontés- Para no pasar por un ignorante en cuestiones de vinos,  le dije –Prefiero un tinto, pero que sea Cabernet Sauvigñon El camarero, era un tipo bajo de mirada tranquila y de gesto bondadoso nos entregó la carta de connoiseur, mientras nos decía: Tenemos un vino nacional de la región de Mendoza. Suave, elegante, con gran frescura en el sabor frutal; presenta sus aromas equilibrados de buen Bouquet y es de Gran Reserva, con una crianza de dos años en madera y tres en botella, o bien puede degustar un vino importado de Italia, de la región de Piamonte, este vino piamontes, el Barolo, está elaborado con uvas Nebbiolo, es una variedad característica de la región, que produce vinos de cuerpo medio suave, muy perfumados, que maridan muy bien con las propuestas gastronómicas de la casa, y encuadran mejor con el gusto femenino. Mientras él me explicaba, de pronto me puse a pensar en el precio de esos vinos. “Deben valer una fortuna, especialmente el importado” pero cuando ella me miró y esas curvas me explotaron en los ojos, sin dudarlo pedí el importado.  Él, continuó diciendo: Para cenar recomiendo una de las opciones más apreciadas por el chef como por ejemplo: “Los riñoncitos al vino tinto” o puede degustar otro plato estrella, algo más original: El bife al ajo con un mil hojas de papas.   Después de eso la conversación giró en torno a trivialidades propias y ajenas, nos reímos un poco  de la cocina “Gourmet” del lugar, porque al final decidimos pedir “El bife al ajo” que más allá del pomposo nombre en realidad era un bife con papas fritas; igual estaba rico. El vino, sí que era bueno. Cuando llegó la cuenta, me dijo –Dejá querido, yo pago-. Yo me sentí un poco incómodo, porque no sabía que decir, era la primer cita y no quería incomodarla, ella se dio media vuelta sacó su billetera y a tal punto llegó mi desconcierto que debió ver algo en mi rostro que la invitó a dar una explicación. Empezó diciendo    –Lo que habrían hecho nuestras abuelas o nuestras madres hoy forman parte del limbo de los explícitos, hay que soplar el polvo a esos modelos obsoletos. Yo pienso: Cuando el hombre tiene el poder del dinero, cree que eso le da el derecho a imponer su voluntad al hacerte dependiente de su bolsillo; es obvio que sí uno es económicamente independiente, eso va a ser más difícil, no quiero vivir como otras mujeres que viven frenadas, empequeñecidas a la sombra de un marido. Quiero la libertad en la decisión, no la espera en actitud pasiva de la aprobación. Mientras lo decía yo admiraba  esas ideas, en cuanto no eran vulgares y la miraba a ella como si fuera una divinidad. Con la intensión de atraerla  le dije todo abobado, dando a entender que la pretendida pasión existía a priori: Yo también creo en la libertad de género con base en el equilibrio de las fuerzas. Después de eso, al mes me mudé de mi humilde departamento de Charcas al 900 al Hilton de puerto Madero, abandoné mi viejo Fiat Uno por un Toyota importado que ella me regaló, abandoné el salón de clases y de profesor pasé a consultor; me fui  a trabajar, con ella  a Mafry Coorp Art, una de las diez empresas con mayor penetración en el mercado local, dejé los verbos y las oraciones para hablar en la jerga académica de las nuevas tendencias  de marketing, mercado digital, telepresencia y  otras yerbas. Era mí jefa y esta situación no parecía anunciar lo que después iría a precipitarse. Con esa herramienta de siembra que son sus ojos, me hicieron caer, dejando de lado ciertas cautelas, bajo la fórmula dominante de sus curvas. Fue bastante sutil como para confundir las fachadas. Yo sentía  que no podía decir nada, me movía entre las apariencias. Desde el principio me sacó ventaja, y ahora no puedo ni podré encontrar una salida a esta falsa prosperidad. Viendo como se aleja mi libertad; y yo cada vez más consciente de esa impostura. Ella y yo somos otra combinación, no la que yo imaginé, atrás quedó esa espontanea coincidencia donde estuvimos juntos en el interés por las mismas causas y las mismas pretensiones de  libertad. El verdadero conflicto está en mí, porque ahora comprendo que soy yo el que siente ahora esa incómoda sensación de dependencia.    
De amores vides Maomeno Desmigado y desolado  Tacuneando  piedritas por la videflores        Salteadito  raleado de amoresvides Rotopulgui esperanzado en amoresenti De una venus que olvida amorisdi Todotranqui esperanzado en  la olvidanza Con un tintiyo amigo de mis nonis Berberaje que tapa berretines Única esperanza de mi única olvidanza 
De amores vides
Autor: gonza pedro miguel  116 Lecturas
El aire y el fuego Si mi aliento fuera viento y si tu amor fuera  fuego y si tu fuego fuera calma, de mi vida y tu alma; que presurosos arderíamos  con tu fuego y mi viento
Najuá El amor es un ritual en el oasis, en este desierto de actitudes pasivas, casi inerte, de espera equivoca. ¿De esperar qué? ¿Sueños en andrajos, derrotas en hilachas? No miramos lejos, aunque a veces vamos perdiendo nuestros pánicos otras veces temblamos juntos nuestros miedos, peor aún, el enemigo no siempre es el mismo, en cada esquina cambia de rostro, por las noches encontramos los miedos en cada sombra, nos escondemos en los derrumbes, le ponemos un candado para que no nos roben ese poquito  que nos queda; el pan, la cama, el techo de una vida provisoria. Husmean buscando el mango fácil, milímetro a milímetro, te estudian y detrás de la enramada esperan para el zarpazo. Nos desventura la violencia y la sangre derramada que rompe la paz y convierte la vida en accesoria de las cosas, un espiral que crece y oculta el sol. Habrá que recordar la pedagogía de lo solidario, labrar un destino que rompa la tragedia con el individualismo y sus escases que vienen pisándonos la huella por estos caminos rotos.   A veces, pienso: Es poco, casi nada y no sirve, pero ¿Dónde ir? Si cualquier sitio es como este sitio donde se perdieron las serenidades y llueven las  desesperaciones.   Mi amigo mira  con un ojo, espía con el otro, de paja y barro su mano, de hiedra y piedra los pechos. Podemos ir en el error hasta nutrirnos de melancolías y sorber de las soberbias o pensar en el inicio, no siempre esto fue así, una vez fue diferente. Al que acompañaba el camino antes le decíamos: Najuá, que hoy traducido sería lo mismo que decir, padre, hermano, tío, amigo, etc. Antes no se necesitaba separar, diferenciar unos de otro; éramos uno. No existía Pedro, tampoco Juan; la individualidad es un producto más reciente, los nombres que existían por ese entonces eran por ejemplo luna, lluvia, piedra, oso; estos nombres nos relacionaban con la naturaleza, nos emparentaba con la madre tierra, y la tierra nos unificaba. Éramos parte de una misma razón, un mismo fin.  Antes no existían los nombres, no  necesitábamos los simulacros, esos, ilustres apellidos que  luego segregan  desde la cuna los amos del esclavo. Fue germinal y aguda esta fragmentación. La idea  de la propiedad comenzó con el nombre, continuó con las cosas; terminó con la tierra. A veces pienso que somos vocacionalmente fatalistas. No vemos con claridad que la retórica del sistema es insultante para el género humano, creemos saber donde estaba lo bueno, pero equivocadamente decidimos quedarnos con la maldición domestica de los nombres.        Yo pienso que cualquier sitio puede ser ese sitio donde empezar de nuevo, done lleguen las esperanzas y partan las individualidades.        
Nahuá
Autor: gonza pedro miguel  91 Lecturas
Tan lejos, tan alta y escarpada.  Con un adiós en la mano. PMG   Con cuarenta y nueve años, pisando los cincuenta. Según vos, tengo los defectos de la juventud, dices que soy algo ingenuo e inmaduro, casi un niño.  Yo pienso, si me ves así, con ese gesto, te debo parecer ridículo y patético.   Yo no me siento ingenuo o inmaduro, me pienso diferente, conozco muy bien mis recovecos, cada esquina de mi ser, sé muy bien donde pisa mi sombra. Sí, soy un poco triste con vocación hacia la alegría, un algo distraído, quizás bohemio, y un poco tímido, y lo que más odio es la parte mecánica y rutinaria de las cosas. Un día feliz para mí, es ese que está por fuera de la rutina. Quizás lo que yo pueda decir de mí, vos creas que no me representa. Pero, cuando uno escribe, inexorablemente la pluma refleja el ser. Por eso, cuando escribo, dejo que mi tinta corra libre, no me preocupo por crear páginas pulcras. A las ideas, he aprendido a no frenarlas, a dejar que las distintas circunstancias que convergen en un texto fluyan sin perder el equilibrio.  Antes escribía con letra urgente y tropezada… pero, ahora mi letra es más fresca, algunas veces despreciativa, protestando contra  broncas apretadas, otras veces mi pluma se levanta  romántica y optimista. Cuando leas mi letra será como quien ve mi  cara en un espejo, será entonces una oportunidad, para encontrarte conmigo mismo en  una constancia escrita de  mi ser desnudo. Quizás leyendo en mi ser de papel  puedas conocerme mejor.  No sé, quizás cuando estoy con vos exhibo  esos gestos juveniles, pueriles. Pero yo no me doy cuenta, sí me siento un poco diferente, pero no a ese extremo. No sé, tal vez, la causa de eso son tus ojos. Cuando siento tu mirada sobre la mía. Mi ser que se sabe dominar pierde su cuota de control, con la exasperación que le otorga tu figura. Una cosa sé y es que mis actos “juveniles” no encuentran eco en tu maduro ser. Te ves tan alta y distante que me doy cuenta de que no quieres que te alcance.           
Hechizo de luna Si te falta  un amor, Ruega al oráculo de los necesitados Con  pecho humilde y sencillo clamor Mira La luna callando los labios. De sus rayos deja, Te hagan un ser enamorado Que no habrá unión que no intente Mirada que no endulce, Pasión que no empuje, ni corazón que no embriague. Es ella, dueña que siembra con claro rayo. haz pie firme en su promesa que sabrá ella sumar corazones y multiplicar tus amores.
Hechizo de luna
Autor: gonza pedro miguel  101 Lecturas
Es gratis enamorarse Si enamorarme no me costó nada y olvidarte me cuesta todo Es porque me valieron sagrados Tus besos, que al perderlos `perdí la paz, perdí la calma Y peor aún,  perdí mi alma.
Perro de la calle En tu madriguera entre el humo de un cigarro Y el aroma de un alcohol Vas engañando a la vida, con yerba florida. Perro de la calle con tu bronca estampada, y en el pecho tatuada, la daga atorrante.      -¡Abra la puerta! Soy yo.   -¿Qué quiere?  Él espera en la puerta.  Se sostiene como puede. La sangre brota por encima de la cintura. Es extraño pero no siente dolor, sólo un poco de mareo… pero no le duele la herida. Suplica nuevamente. -Por favor, le ruego que abra la puerta…¡¡Abra carajo!! Un fuerte golpe de puño sobre la puerta resonó en la oscuridad de la noche, luego un silencio, después un ruego, una súplica, casi como una confesión. -Soy yo. Abra por favor. Se lo suplico.  Lentamente, se abrió la puerta y una sombra se divisó adentro y sin abrir del todo interrogó. -¿Qué busca aquí? ¿Qué quiere? -Necesito un lugar.  En un enfrentamiento,  el tartufo y el mono   murieron y a mí me hirieron…  Recibí un disparo en el abdomen. Apoyado en la puerta y con sus brazos, tomando el abdomen tratando de tapar la herida, que no paraba de sangrar.   Necesito un lugar, para curarme, es por unos días, je, je, si antes no me muero, tal vez,   sean estos mis últimos  momentos. -¡Menos mal que su madre no está aquí para ver esto!  Si no, se moría junto con usted de dolor. La puerta se mantenía entreabierta, mientras una sombra  cautelosa  se divisaba como oculta  cerrando el paso. Ya casi no se podía sostener de pie.  Le costaba mucho respirar, un sudor frio  recorría su cuerpo, había ya un pequeño río de sangre que bajaba lentamente por una pierna y descendía serpenteante, hacia la vereda. Al ver la gravedad de la herida Él  decide  abrir la puerta. -Pase que voy a intentar curarlo- dijo con tono amargo y tosco, mientras le indicaba un rincón donde había una cama.            Todo esto que hago, no lo hago por usted,  lo hago por su difunta madre,  Porque usted fue  su único hijo-.  Decía esto mientras se iba a buscar un poco de alcohol y unas gasas. - Claro, lo hace por mi madre, ¿alguna vez podría hacer algo por mí? Intento gritar, pero le faltaron fuerzas, buscó la cama, dio unos pasos, notó que estaba mareado. -Ni en este momento, el más funesto de su vida, ¿podría usted dejar esa actitud quejumbrosa? Agradezca que lo haga, porque no es para mirarlo satisfecho y abrazarlo.  De  todas las tragedias, el peor agobio es pensar o  preferir que el hijo que uno tiene esté mejor muerto que vivo y la peor de las tragedias es que eso se haga realidad. ¡Gracias a Dios que su madre no está aquí, para ver esto! -Mire usted, yo pienso casi igual. De todos mis agobios es pensar que mi propio padre sea el fundador de esta inquina; y que después de inaugurada él mismo reniegue y desprecie eso que él mismo promovió.  -Yo, no lo empujé a esto, fueron sus amigos.  -Yo, creo que el santo y el monstruo  laten en un mismo ser. En esta paternidad, su presencia infamante, pero indirecta me empujó a esto. Yo, hacía todo lo posible, incluso lo malo, para que usted se fijara en mí, pero eso fue sólo al principio, después… después, de tanta indiferencia  ya no me importó, ya no me interesaba, ni su mirada, ni su afecto, ni su consejo, ya no quería nada de usted. Por esto he maldecido el nombre que yo tengo de  usted, la   parte que a mí me toca la he aborrecido y si he robado o matado, si lo hice, fue porque, no tenía un padre que me guiara. -¡AH, eso no!  ¡No ponga excusas mi amigo! yo no habré sido un padre afectuoso, pero eso no es motivo para vivir y morir de este modo. ¡Mírese! Tendido ahí, en esa cama, escupiendo sangre. ¡Menos mal que Dios llevó a su madre para que no tenga que ver esta sombra de la vulgaridad! Mire como desprestigia los consejos de su madre, vea como hace inútil el cariño que le dio, ya se desvanecen en la elocuencia las recurrentes súplicas de su madre, sus largos y envejecidos consejos, ¿de qué sirvieron sus prolongados y adornados ruego? si aun así… termina vencido por la violencia de este modo. A usted no le faltó cariño, sino correctivos.  -No son escusas. Además,  mi queja no es contra ella, mí queja es contra usted ¿Alguna vez recibí de usted un abrazo, una palabra de afecto? Siempre usted ahí; agazapado en sus largos silencios dejándome fuera de su mundo sin pretensiones. ¿Alguna vez hablamos mirándonos la cara? ¿Estuvimos juntos en algún interés? Nunca un consejo,  o una palabra de aliento. Siempre tendemos a no mirarnos a huirnos la mirada y con eso ¿qué relación de padre e hijo podemos hacer?   Lo que pasa que usted… usted,  no quiere hacerse cargo de la parte que le toca,  ¡¡Si soy como soy, en parte es gracias a usted!!  ¡Por favor! Sea hombre y tenga el valor de aceptar  toda la torpeza y toda la cobardía de esa tímida paternidad de este vínculo mal prefabricado. ¡Lo juro!  En mis crimines su ausencia se vuelve sospechosa, que usted no lo quiera ver; eso es otra cosa. -¡Ah! Eso no lo voy aceptar !No le permito que piense así! Eso es por culpas de sus amigos, no mía. Nunca  le pedí que robara, incluso le decía a su madre,  “No deje que se junte con ese tal Tartufo, no me parece que sea una buena persona”. Mire… mire, como terminó, bañado en sangre  ¿Vio que  yo tenía razón? ¿Se da cuenta que mis enojos no eran infundados?  ¡Yo… yo  sabía que esto iba pasar! ¡Yo sabía!...  Me acuerdo cuando nos dijeron que estaba enfermo y lo fui a visitar en su madriguera, lo vi, usted  y sus amigos, acostados al lado de una caja de vino  y bañado en el humo de una flor. De esa  dolorosa verdad brotó  una desesperada resignación, una terrible impotencia. Desde ese momento usted se convirtió en algo irremediablemente odioso para mí, sin nada que justifique su existencia. Perdida la esperanza de que sea un hombre. ¿Qué me queda?   Ya  se adivinaba  que esos, sus gestos atrasaban, y  harían desagradecido a esos sueños. Cuando su madre preguntó por usted, para cuidar el altar de su memoria, en la que ella le puso,  quise esconder con borrones de olvido los resabios de sus malos gustos; por amor a ella guardé sus fallas, las cubrí con siete capas, adornando la historia, estudiando el sermoncito, ocultando su vida tan subida de tono. Yo nunca quise que terminara así, el camino lo eligió usted, pero no podía ser de otra forma, con esos amigos sin talento, sin oficio, con mucha calle y poca escuela; cortos de estudios ¿Qué podemos esperar? ¿Un toque intelectual? Evidente que así no tienen un bien que asegure sus esperanzas, solo les queda robar;  por que  trabajar ni soñando y con el tiempo que les sobra echarse el humo de una flor y el aroma de un alcohol hasta perecer ocioso. Un amigo comisario me contó  lo que usted hacía  con esos amigos del vicio y el recreo; Tropezando y Cayendo confundido con los malos amigos que tiene: Esos Hijos del ocio y  hermanos de la calle.  Por eso…  por eso   le decía  a su madre, para que hable con usted y lo separe de esas juntas. Cuando ella no dormía preocupada por usted, por los tiros que se sentían en la distancia, mesclados con el llanto de las sirenas de la policía, yo la apretaba contra mi pecho y la tranquilizaba. No sólo ella sufría por usted, yo también… Una fuerte contracción muscular tensó el cuerpo del joven. Desvanecido por unos instantes,  sus ojos se retiraron para atrás. Lentamente su cuerpo  se relajó y volvió a respirar, pero con más dificultad que antes. -¿Dónde está? -Aquí,  a los pies de la cama. -¿Por qué apagó la luz? -Pero si la luz está… -Bueno, no importa, lo que tengo que decir lo puedo hacer con luz o sin ella… dejemos por un momento la liberación de tantos reproches,  culpas y disculpas.   ¿Recuerda a Dorita? Ella… ella,  está…embarazada, eso me puso contento.  Me dije: Por este bebé y por ella, la mejor solución es  dejar esta vida de malandra. Ella me dijo: Especialmente a tus amigos y vas a conseguir un trabajo digno… Yo sin remordimientos ni demora  le prometí que por ella cambiaría.  En rigor de la verdad, es lo que siempre quise. Sin nostalgias acepte. Nunca quise ser como soy. Lo único que necesitaba era una escusa para cambiar… Ella me ofreció generosa esa escusa y yo estaba dispuesto a cambiar… ¡Qué bronca! Justo cuando estaba decidido a cambiar me sorprende esta  desesperada resignación de aflojar la vida. Es  horrible la impotencia de no poder cumplir y cambiar mis años de errata.  Tan juiciosa mi renuncia queriendo cambiar mi destino con el mono y el tartu  salimos a una cena de despedida. Era la última vez que los veía, después de esa cena no seríamos más que  amigos a la distancia.  Por una ironía del destino terminamos a  los tiros. Pero lo importante…es que,  ella… espera un bebe. Me confesó  que no es mío, ella… ella… no lo quería tener, me dijo que lo quería abortar…  yo, yo le roge…le suplique que no lo hiciera…le dije, qué culpa tiene ese ser para pagar con su vida los errores ajenos ¡Eso no es justo!  Le prometí que yo me haría cargo del bebe… ¡No! ¡No… diga nada! ¡Escúcheme! Usted sabe. Lo estamos viendo. Yo no voy a poder cumplir esa promesa sin su ayuda… Le voy a pedir  un único y último favor, pero no lo  haga por mi madre, si no por mí. Nunca le pedí nada, ahora… ahora,  le doy la oportunidad de comenzar de nuevo…de no cometer dos veces… los mismos errores… de ser un verdadero padre.  No todos tienen la misma maravillosa oportunidad de redimirse… Este momento trágico nos brinda a los dos… esa única e increíble oportunidad… Cuide al niño por mí.  Cumpla mi sueño.  Dé  al niño el afecto que yo nunca conocí.  Que  él tenga… el cariño y el amor de un Padre, que yo siempre quise y… que  nunca  tuve,  entonces usted tendrá el hijo que siempre soñó… cariñoso… estudioso… respetuoso…  amable… Ahora al padre, un fuego encendido le nació de pronto, el calor invadió todo su cuerpo, le sudaban las manos, la frente, su cara y sus ojos se pusieron rojos, su  pecho galopaba, las ideas alocadas y entre mescladas no le permitían hablar, sus ojos vidriosos se convirtieron en dos grandes represas que casi desbordaban y que apenas  contenían el copioso llanto. Mientras uno se encendía el otro se apagaba, tirado ahí, en la cama, un sudor frio le congeló los pies, subió por la espalda, le abrazó el pecho y congeló  las manos. Su rostro helado mostraba el esfuerzo en cada respiración, su pecho lentamente se callaba, cada latido parecía el último.  -Verá entonces usted y entenderá que el amor… que el amor… no sólo hay que sentirlo en lo profundo del   silencio y la soledad, como en secreto… sino que también hay que expresarlo abierto y públicamente,  con caricias…con fuertes  abrazos… con incontables besos y con innumerables ¡te quiero!.. A las personas las hace buenas, el amor, algo que a mí me faltó,   sí  usted hace esto por mi… si me promete que hará usted todo esto…  entonces yo…  entonces yo… lo perdono. En ese momento desbordó la catarata contenida en un llanto silencioso, en un segundo recordó las innumerables  veces en  que se  negó a ofrecer ese “sacrificio” de amor, a mostrarlo públicamente, muchas veces quiso y no supo cómo, ¿pero cómo hacerlo? si él siempre fue educado, en la doctrina de que los verdaderos hombres no dejan ver los afectos, esos sentimientos  son para las mujeres, pero aquí, frente la agonía era imposible seguir sosteniendo ese discurso. La tragedia de ese momento funesto, deja ver claramente el error de su vida, entonces se dejó caer sobre el pecho del joven, lo tomó entre sus brazos, lo apretó contra su pecho, tomó su rostro helado entre sus manos, salpicadas de sangre, lo miró a los ojos  le habló al oído como en secreto, le  pidió perdón y le juró que mientras tenga vida cumpliría ese sueño. Al joven se le dibujó una tenue sonrisa, mientras recibía un cálido beso,  no tenía ya fuerzas para responder, fue su último gesto ante la victoria que alcanzó en el último segundo de su vida, el cariño y el afecto que siempre soñó.
Con besos que bullían Se oscurece el cielo de mi esperanza. La espina en el pecho, nacida de la sospecha. Con oído atento, puesto en duda, daba puerta y abría el camino de los celos. Con escusas que la defiendan, Ella purgó los indicios, Tachó  los testigos;  Haciendo del regaño risa con besos que bullían. 
Testigo absoluto de la otra orilla   A estos labios de buen abrigo no cumplen  acompañando. Acompañarán más, negras las sombras en la oscura noche, que la mano que no acaricia, el pacho que no ama y el labio que  no besa Valiera más, quién besará una espina. Que me importa esa figura de fuego, si no comparte su llama con mis dedos. Que no sólo a tus ojos rogué Que no a tu pecho llegó. ¿Quién pondrá una mano sobre esa astilla? Si de su pecho brota el cañón de sus rencores. Que ni sombras queden aun de las cenizas del áureo fuego de sus ojos idos.  Si ya  nos trasmitimos en un beso, por eso creí en el cielo azulísimo de sus ojos, cuando su labio me bendijo, y puse su nombre en alabanza. Visité su templo, adoré sus reliquias; como si todo fuese a la medida de mi gusto, confié como verdadera la visión de mi mundo, que expresaban su fe y su esperanza a través de sus melódicas curvas que aquí  se transcriben en mis versos. La amé: Con la fuerza del sacrificio, con la voluntad del deseo, pero con la abundancia de mi miseria, y no alcanzó.  Mi juicio es un perjuicio. Me llevó la corriente, me arrastró por los repechos barranca  abajo, para terminar con voz exánime y ánimo decaído; en semejante situación de mi espíritu, dejándome torcido para toda la cosecha, mostrando mis pesadillas físicas; así, finalicé : Como un muestrario de andrajos, de los que ahora se dicen “libres” Con una actitud más propia de un mendigo que de un enamorado. Lloré mucho, echándome las manos a los ojos, escondiendo la cabeza entre las piernas como el pobre que se humilla y sólo se reconcilia a los  pies del suplicio, pero no alcanzó, las mil súplicas no dejaron en blanco los cien pecados cometidos de mi indigencia.  Cuando la vi, le dije: Ahora no te andes con etiqueta, con esas ridículas delicadezas; que ya me di cuenta que son engañadas mis esperanzas. Con unas copas tomé coraje, y con mi lengua,  sierpes de fuego de agitador undoso, le escupí mis verdades en cumplimiento de mi deseo, Lo que yo quería,  cantarle cinco frescas.  Le dije: ¿Qué delito cometieron mis ojos cuando te vieron, para recibir tanto castigo del cielo? Aunque sólo te amé, no entiendo con qué te pude ofender, por eso quisiera saber. Negándome la verdad no alcanzaré la calma, pues  mi pecho y mi alma ya te hicieron juramento. No me pidas que espere un momento. El perfume a la flor delata. Que una fría moneda de plata puede más que este pobre juramento. Tan linda, tan ángel. Apariencia mentida. Comerás del pan que el mismo diablo amasó. Ella movió la cabeza de un lado al otro negando, y me dijo: A trueque de perder los sentidos. Que no hay quién en el  vino no tenga razón, en él siempre se vive de verdades exclusivas. Vos tendrás tu razón, yo las mías. Después de eso me nació una implacable urgencia de abandonar esos ojos claros, que me quedaban tan lejos, tras eso, una angustiosa necesidad de estar solo. Había tomado más copas de vino que el mismo Baco; de cuando en cuando, algunos tropezones me recordaban porque no tomo seguido, pero aun así, más de un gesto de desprecio me hicieron conocer, que es mejor ser  amigo del vino y dar la cara contra el piso, que poner el pecho entre sus manos.  Pero, después, hay que aguantar sus obsequios, a la mañana me quedo con un coscorrón bien fuerte y torniscón por despedida de tan desconsiderado cariño. 
  Yo siempre le tuve un miedo particular a un cielo alborotado, cuando era niño, una tormenta igual sepultó de granizo mi infancia con un viento como aquel que ahora corre, desparrama y destroza las flores de mi jardín,  por todas partes comprendo el terror que me causa  y este cielo  con un viento arraigado en la oscura nube, el trueno en el asecho y el estruendo que parece precipitar el techo, en el cielo abrió la herida con un tajo de tanto resplandor y yo con la espera del estallido que me devuelve esa antigua visión  de cuando era niño, cuando el miedo paralizante y atroz me cercó. Cayó una piedra hecho un puño, luego otra con un golpe seco, luego otra y otra con ruido tronador. En un espejo vi mi cara de terror. Después el silencio y el silbido ronco del   viento agazapado me descubre por un segundo por donde salió el sol  que evoca mi nostalgia. Dos días que llueve y la gota cava en mi paciencia sobre el peso muerto del tiempo. Esperanzado en la promesa “Siempre que llovió paró”  tanto cavo la gota  que abrió en mi imaginación, lo que el tiempo, una vez  se llevó, y esta lluvia en diez  me lo recordó, una detrás de la otra brotan las imágenes de cuando era niño, que cuando una suelto, la otra queda asida  en la raquítica soledad, en el largo silencio, donde mi memoria hizo la cuenta. Me he interrogado y Creo que puedo ser franco en cuerpo y alma  de lo que ahora soy y de lo que puedo ser de aquí en adelante. El álamo con sus ramas en desorden,  resistiendo estoico el ímpetu furioso con ese orgullo casi jactancioso de enfrentar el viento en su práctica porfiada y trabajosa. Pienso: siento una profunda envidia por ese álamo que firme en su postura  me brinda un ejemplo para vencer mis miedos. Pienso en el álamo y en la tormenta y los tuve por buena suerte, siento que ahí está el secreto para sufrir la vida o alcanzar otro tono, y  cambiar ciertas dudas del pasado y resolver mis  problemáticas vergüenzas.  
La tormenta
Autor: gonza pedro miguel  113 Lecturas
Lo que no se debe hacer ¿Qué recibí de vos? Poquedades. De tu pecho que se levanta y gallardea. De tus manos que buscan abatirse con las mías. Por eso digo: Poca cosa es: sembrar en el desierto, Dar trabajo al que no lo pide, Y adorar a la que no te quiere.
Vos Vos. Como en una lectura crítica, para ser pensada de nuevo. Tu imagen como una idea que merece un repaso. Como un libro te releo en mis insomnios. Desnuda te sueña mi mirada. Aunque creo que esta lectura tiene arista de aventura y de presidio. Con un pie en la tierra y el otro en el cielo. Curioso espío en tu interior para ver si mi esperanza crece, para calmar mis miedos, ávidos de saber si resucitarás mis dudas. De todas tus miradas quiero aquellas, las que me miran con atenuantes, las que me ven sin falta. Las quiero porque  que dejan huella. Mi pecho no se olvida de su hoguera, cuando tus ojos me dejaron entre cielo y la tierra. Me gustan tus piernas dulces y tiernas. A veces, yo me pregunto. ¿Necesito pensar tanto en sus piernas? Yo me digo que sí, tengo derecho en pensar en aquello que quiero. Es un descanso activo para mis ojos poder mirarte inexorable en mis sueños.   Lo que más me gusta de vos, cuando dulce y prodigiosas tus manos tibias, me reciben abortando tus ausencias.  
vos
Autor: gonza pedro miguel  113 Lecturas
La soledad Esa sombra en el vacío deja en hipótesis:                                                                                                                              El sexo, la pasión, el deseo. La soledad no es libertad. La soledad es un vacio que no llena, es un mar que te ahoga en la desnudez y un desierto donde se esconden los afectos, se acunan las culpas y  se acumulan los temores. PMG  Hay quienes se resisten a vivir, cultivando la soledad, llenándose de culpas y de pánicos, midiendo los riesgos. Merodeando por la vida, enclaustrados como en un laberinto,  llevando ese desaliento tímido y portátil, en sus actos, en sus ideas, en sus proyectos. Cómo quisiera que no fueras así, que tomaras la vida por la fuerza, no como esos que deciden irse de la vida sin gozar. Sabemos que el odio y el rencor, cuando perviven en la memoria: Desnudan el alma de esperanza. Enquistada la memoria de miedo, de rencor, para empezar de nuevo deberás aprender a perdonar y olvidar. Los melancólicos, los trágicos, los temerosos,  instalan  cerrojos. Retira los cerrojos de tu pecho, si bien te exponen en carne viva con las virtudes y los defectos. Con el alma a la intemperie es posible que alguien pase y se enamore de tu ser. Deja la puerta abierta, para que, si alguien pasa, sepa que puede entrar. No dejes que tu rencor, o el miedo  circulen joven por tus venas. Deja de estar velando sobre tus escombros, como ruinas que desilusionan. Los ecos de tu belleza no están cancelados. La vida no es despiadada o tierna si aprendemos a vivir. Nos queda una certidumbre. En el perdón,  está la clave para tu suerte. Aprende esto: La felicidad llega a pedacitos. La dicha y la gloria son retenidas a puro ánimo, a fuerza de lucha, y se derraman fácil, así, en miedos, en celos, en culpas, en las propias incertidumbres, en la falta de fe. La sequía viene si miras demasiado en amores residuales, se acrecienta con el tedio y el aburrimiento Están las cenizas y están los fuegos, está el pasado y está el futuro. ¿Dónde pondrás tus sentidos? ¿Dónde apuntarán tus esperanzas?            El horizonte es el borde de la esperanza, sin embargo hiere por la distancia. No tengas miedo: El futuro siempre tiene aristas de quimera. La verdad es que todo lo que podemos amar, todo lo que podemos tener, existe más acá del horizonte, están más cerca de lo que imaginas.    
La soledad
Autor: gonza pedro miguel  95 Lecturas
Fruta nueva, fruta nueva De la mollera a los pies; no hay poro de la piel que no te extrañe.
Si no me dejas tranquilo iré: A la paz por la espada.  
¿Qué recibí de vos? Poquedades. De tu pecho que se levanta y gallardea. De tus manos que buscan abatirse con las mías. Por eso digo: Poca cosa es: sembrar en el desierto, Dar trabajo al que no lo pide, Y adorar a la que no te quiere.
poquedades
Autor: gonza pedro miguel  86 Lecturas
Tú y Yo, conjuguemos del verbo el amor, Yo te amo, Tú me amas, nosotros nos amamos. ¡Amor confiésame!: Tú y Yo
tu y yo
Autor: gonza pedro miguel  91 Lecturas
Perro de la calle En tu madriguera entre el humo de un cigarro Y el aroma de un alcohol Vas engañando a la vida, con yerba florida. Perro de la calle con tu bronca estampada, y en el pecho tatuada, la daga atorrante.      -¡Abra la puerta! Soy yo.   -¿Qué quiere?  Él espera en la puerta.  Se sostiene como puede. La sangre brota por encima de la cintura. Es extraño pero no siente dolor, sólo un poco de mareo… pero no le duele la herida. Suplica nuevamente. -Por favor, le ruego que abra la puerta…¡¡Abra carajo!! Un fuerte golpe de puño sobre la puerta resonó en la oscuridad de la noche, luego un silencio, después un ruego, una súplica, casi como una confesión. -Soy yo. Abra por favor. Se lo suplico.  Lentamente, se abrió la puerta y una sombra se divisó adentro y sin abrir del todo interrogó. -¿Qué busca aquí? ¿Qué quiere? -Necesito un lugar.  En un enfrentamiento,  el tartufo y el mono   murieron y a mí me hirieron…  Recibí un disparo en el abdomen. Apoyado en la puerta y con sus brazos, tomando el abdomen tratando de tapar la herida, que no paraba de sangrar.   Necesito un lugar, para curarme, es por unos días, je, je, si antes no me muero, tal vez,   sean estos mis últimos  momentos. -¡Menos mal que su madre no está aquí para ver esto!  Si no, se moría junto con usted de dolor. La puerta se mantenía entreabierta, mientras una sombra  cautelosa  se divisaba como oculta  cerrando el paso. Ya casi no se podía sostener de pie.  Le costaba mucho respirar, un sudor frio  recorría su cuerpo, había ya un pequeño río de sangre que bajaba lentamente por una pierna y descendía serpenteante, hacia la vereda. Al ver la gravedad de la herida Él  decide  abrir la puerta. -Pase que voy a intentar curarlo- dijo con tono amargo y tosco, mientras le indicaba un rincón donde había una cama.            Todo esto que hago, no lo hago por usted,  lo hago por su difunta madre,  Porque usted fue  su único hijo-.  Decía esto mientras se iba a buscar un poco de alcohol y unas gasas. - Claro, lo hace por mi madre, ¿alguna vez podría hacer algo por mí? Intento gritar, pero le faltaron fuerzas, buscó la cama, dio unos pasos, notó que estaba mareado. -Ni en este momento, el más funesto de su vida, ¿podría usted dejar esa actitud quejumbrosa? Agradezca que lo haga, porque no es para mirarlo satisfecho y abrazarlo.  De  todas las tragedias, el peor agobio es pensar o  preferir que el hijo que uno tiene esté mejor muerto que vivo y la peor de las tragedias es que eso se haga realidad. ¡Gracias a Dios que su madre no está aquí, para ver esto! -Mire usted, yo pienso casi igual. De todos mis agobios es pensar que mi propio padre sea el fundador de esta inquina; y que después de inaugurada él mismo reniegue y desprecie eso que él mismo promovió.  -Yo, no lo empujé a esto, fueron sus amigos.  -Yo, creo que el santo y el monstruo  laten en un mismo ser. En esta paternidad, su presencia infamante, pero indirecta me empujó a esto. Yo, hacía todo lo posible, incluso lo malo, para que usted se fijara en mí, pero eso fue sólo al principio, después… después, de tanta indiferencia  ya no me importó, ya no me interesaba, ni su mirada, ni su afecto, ni su consejo, ya no quería nada de usted. Por esto he maldecido el nombre que yo tengo de  usted, la   parte que a mí me toca la he aborrecido y si he robado o matado, si lo hice, fue porque, no tenía un padre que me guiara. -¡AH, eso no!  ¡No ponga excusas mi amigo! yo no habré sido un padre afectuoso, pero eso no es motivo para vivir y morir de este modo. ¡Mírese! Tendido ahí, en esa cama, escupiendo sangre. ¡Menos mal que Dios llevó a su madre para que no tenga que ver esta sombra de la vulgaridad! Mire como desprestigia los consejos de su madre, vea como hace inútil el cariño que le dio, ya se desvanecen en la elocuencia las recurrentes súplicas de su madre, sus largos y envejecidos consejos, ¿de qué sirvieron sus prolongados y adornados ruego? si aun así… termina vencido por la violencia de este modo. A usted no le faltó cariño, sino correctivos.  -No son escusas. Además,  mi queja no es contra ella, mí queja es contra usted ¿Alguna vez recibí de usted un abrazo, una palabra de afecto? Siempre usted ahí; agazapado en sus largos silencios dejándome fuera de su mundo sin pretensiones. ¿Alguna vez hablamos mirándonos la cara? ¿Estuvimos juntos en algún interés? Nunca un consejo,  o una palabra de aliento. Siempre tendemos a no mirarnos a huirnos la mirada y con eso ¿qué relación de padre e hijo podemos hacer?   Lo que pasa que usted… usted,  no quiere hacerse cargo de la parte que le toca,  ¡¡Si soy como soy, en parte es gracias a usted!!  ¡Por favor! Sea hombre y tenga el valor de aceptar  toda la torpeza y toda la cobardía de esa tímida paternidad, de este vínculo mal prefabricado. ¡Lo juro!  En mis crimines su ausencia se vuelve sospechosa, que usted no lo quiera ver; eso es otra cosa. -¡Ah! Eso no lo voy aceptar !No le permito que piense así! Eso es por culpas de sus amigos, no mía. Nunca  le pedí que robara, incluso le decía a su madre,  “No deje que se junte con ese tal Tartufo, no me parece que sea una buena persona”. Mire… mire, como terminó, bañado en sangre  ¿Vio que  yo tenía razón? ¿Se da cuenta que mis enojos no eran infundados?  ¡Yo… yo  sabía que esto iba pasar! ¡Yo sabía!...  Me acuerdo cuando nos dijeron que estaba enfermo y lo fui a visitar en su madriguera, lo vi, usted  y sus amigos, acostados al lado de una caja de vino  y bañado en el humo de una flor. De esa  dolorosa verdad brotó  una desesperada resignación, una terrible impotencia. Desde ese momento usted se convirtió en algo irremediablemente odioso para mí, sin nada que justifique su existencia. Perdida la esperanza de que sea un hombre. ¿Qué me queda?   Ya  se adivinaba  que esos, sus gestos atrasaban, y  harían desagradecido a esos sueños. Cuando su madre preguntó por usted, para cuidar el altar de su memoria, en la que ella le puso,  quise esconder con borrones de olvido los resabios de sus malos gustos; por amor a ella guardé sus fallas, las cubrí con siete capas, adornando la historia, estudiando el sermoncito, ocultando su vida tan subida de tono. Yo nunca quise que terminara así, el camino lo eligió usted, pero no podía ser de otra forma, con esos amigos sin talento, sin oficio, con mucha calle y poca escuela; cortos de estudios ¿Qué podemos esperar? ¿Un toque intelectual? Evidente que así no tienen un bien que asegure sus esperanzas, solo les queda robar;  por que  trabajar ni soñando y con el tiempo que les sobra echarse el humo de una flor y el aroma de un alcohol hasta perecer ocioso. Un amigo comisario me contó  lo que usted hacía  con esos amigos del vicio y el recreo; Tropezando y cayendo confundido con los malos amigos que tiene: Esos Hijos del ocio y  hermanos de la calle.  Por eso…  por eso   le decía  a su madre, para que hable con usted y lo separe de esas juntas. Cuando ella no dormía preocupada por usted, por los tiros que se sentían en la distancia, mesclados con el llanto de las sirenas de la policía, yo la apretaba contra mi pecho y la tranquilizaba. No sólo ella sufría por usted, yo también… Una fuerte contracción muscular tensó el cuerpo del joven. Desvanecido por unos instantes,  sus ojos se retiraron para atrás. Lentamente su cuerpo  se relajó y volvió a respirar, pero con más dificultad que antes. -¿Dónde está? -Aquí,  a los pies de la cama. -¿Por qué apagó la luz? -Pero si la luz está… -Bueno, no importa, lo que tengo que decir lo puedo hacer con luz o sin ella… dejemos por un momento la liberación de tantos reproches,  culpas y disculpas.   ¿Recuerda a Dorita? Ella… ella,  está…embarazada, eso me puso contento.  Me dije: Por este bebé y por ella, la mejor solución es  dejar esta vida de malandra. Ella me dijo: Especialmente a tus amigos y vas a conseguir un trabajo digno… Yo sin remordimientos ni demora  le prometí que por ella cambiaría.  Encontré todos los pretextos para cambiar, en rigor de la verdad, es lo que siempre quise. Sin nostalgias acepte. Nunca quise ser como soy. Lo único que necesitaba era una escusa para cambiar… Ella me ofreció generosa esa escusa y yo estaba dispuesto a… ¡Qué bronca! Justo cuando estaba decidido    me sorprende esta  desesperada resignación de aflojar la vida. Es  horrible la impotencia de no poder cumplir y cambiar mis años de errata.  Tan juiciosa mi renuncia queriendo cambiar mi destino con el mono y el tartu  salimos a una cena de despedida. Era la última vez que los veía, después de esa cena no seríamos más que  amigos a la distancia.  Por una ironía del destino terminamos a  los tiros. Pero lo importante…es que,  ella… espera un bebe. Me confesó  que no es mío, ella… ella… no lo quería tener, me dijo que lo quería abortar…  yo, yo le roge…le suplique que no lo hiciera…le dije, qué culpa tiene ese ser para pagar con su vida los errores ajenos ¡Eso no es justo!  Le prometí que yo me haría cargo del bebe… ¡No! ¡No… diga nada! ¡Escúcheme! Usted sabe. Lo estamos viendo. Yo no voy a poder cumplir esa promesa sin su ayuda… Le voy a pedir  un único y último favor, pero no lo  haga por mi madre, si no por mí. Nunca le pedí nada, ahora… ahora,  le doy la oportunidad de comenzar de nuevo…de no cometer dos veces… los mismos errores… de ser un verdadero padre.  No todos tienen la misma maravillosa oportunidad de redimirse… Este momento trágico nos brinda a los dos… esa única e increíble oportunidad… Cuide al niño por mí.  Cumpla mi sueño.  Dé  al niño el afecto que yo nunca conocí.  Que  él tenga… el cariño y el amor de un Padre, que yo siempre quise y… que  nunca  tuve,  entonces usted tendrá el hijo que siempre soñó… cariñoso… estudioso… respetuoso…  amable… Ahora al padre, un fuego encendido le nació de pronto, el calor invadió todo su cuerpo, le sudaban las manos, la frente, su cara y sus ojos se pusieron rojos, su  pecho galopaba, las ideas alocadas y entre mescladas no le permitían hablar, sus ojos vidriosos se convirtieron en dos grandes represas que casi desbordaban y que apenas  contenían el copioso llanto. Mientras uno se encendía el otro se apagaba, tirado ahí, en la cama, un sudor frio le congeló los pies, subió por la espalda, le abrazó el pecho y congeló  las manos. Su rostro helado mostraba el esfuerzo en cada respiración, su pecho lentamente se callaba, cada latido parecía el último.  -Verá entonces usted y entenderá que el amor… que el amor… no sólo hay que sentirlo en lo profundo del   silencio y la soledad, como en secreto… sino que también hay que expresarlo abierto y públicamente,  con caricias…con fuertes  abrazos… con incontables besos y con innumerables ¡te quiero!.. A las personas las hace buenas, el amor, algo que a mí me faltó,   sí  usted hace esto por mi… si me promete que hará usted todo esto…  entonces yo…  entonces yo… lo perdono. En ese momento desbordó la catarata contenida en un llanto silencioso, en un segundo recordó las innumerables  veces en  que se  negó a ofrecer ese “sacrificio” de amor, a mostrarlo públicamente, muchas veces quiso y no supo cómo, ¿pero cómo hacerlo? si él siempre fue educado, en la doctrina de que los verdaderos hombres no dejan ver los afectos, esos sentimientos  son para las mujeres, pero aquí, frente la agonía era imposible seguir sosteniendo ese discurso. La tragedia de ese momento funesto, deja ver claramente el error de su vida, entonces se dejó caer sobre el pecho del joven, lo tomó entre sus brazos, lo apretó contra su pecho, tomó su rostro helado entre sus manos, salpicadas de sangre, lo miró a los ojos  le habló al oído como en secreto, le  pidió perdón y le juró que mientras tenga vida cumpliría ese sueño. Al joven se le dibujó una tenue sonrisa, mientras recibía un cálido beso,  no tenía ya fuerzas para responder, fue su último gesto ante la victoria que alcanzó en el último segundo de su vida, el cariño y el afecto que siempre soñó.
En mi mejilla quemándome la despedida, la mancha roja de tus labios y yo, mirándote a los ojos, queriéndote llegar al alma, preguntándome cómo Sobrellevar el ayer, Después de  aquella fiesta de promesas rotas.
En mi mejilla
Autor: gonza pedro miguel  74 Lecturas
Es momento de amar El plazo del amor es un instante, no resignes ese único momento, No lo dejes transcurrir.  Nace en un gesto, una mirada Y despliega en un suspiro.  Es momento de amar, con este beso, místico, profano,  íntimo y sensual. En esta excursión a la pasión que es tu cuerpo, en esta pasión hacia el amor, que son tus labios, ruego para que me creas y le des amparo a mis manos. 
Es cierto que se fue es mentira que no está A esta  torpe y estéril pluma                                                                        ruego a Dios la fecunde           y milagrosamente muestre la más ingenua verdad. Es cierto que se fue, es mentira que no está.                      Sigue intacta su presencia  y tan alto es el precio de su ausencia ¡y vale tan poco mi morir! que agonizo por la congoja. El silencio me declara lo que ella no me puede decir: Que nuestras almas unidas con admirable trabazón No tienen extremos distantes por la unión del amor. PMG   ¿Qué me queda? El saldo flaco de tus caricias y besos. Miradas pobres, llena de numerosas cautelas, haciendo verdad lo que pronosticaron los agüeros. Atrás quedó tu mirada clara, que sabía amar como Dios manda y que ahora sabe odiar sin atenuantes como el diablo quiere. Eras abrevadero y embalse de los cartuchos de mi pluma. Hoy, como cada mañana, desde hace un tiempo atrás, recibo mi cuota de rencor en tu mirada distraída. Ya cenizos y menguantes. ¿Qué haremos con los sobrantes? Si nos sobra omisión  en nuestros deseos muertos. En todas partes sobra el olvido, en la cama, en la mesa, en las miradas. Ensimismado en el espejo me devuelve mi mirada y descubre el veneno del tiempo,  el desierto, la desnudes plena, la aridez en los pliegos de un cuerpo que ya no reconozco como mío. Mientras miro en la nostalgia hurgando en la memoria pienso: ¿Qué aré con lo que me sobra? Con este cuerpo que está de más, esperando que la vida me borre como a un error. Vuelvo para mí. Hacia mi pequeñez, para creerme algo o alguien. Pensar que en tu mirada era. Ahora presagio de sombra y abismo de olvido. Hoy el silencio nos habla en nuestra soledad, en el camino de nuestra ausencia con su voz callada. Ceniciento en el ocaso, este cuerpo viejo ya nadie lo codicia, sus manos fósiles apenas toman la pluma. Me regalas alguna esperanza, cuando recobras temporalmente tu memoria, cuando me devuelves tu mirada que me ha sido tan rentable.  Me quiero dormir primero para quedarme con esa mirada, tan de mi alma,  tan presente, antes que, de nuevo te hagas ausente.  
Palabras Con su vocación congénita  las palabras atesoran la identidad de los goces, los deseos, las frustraciones y las guardan en imágenes que se revelan en lo que decimos. PMG …Cuando ya no quedan más palabras Cuando está todo dicho Sólo queda el silencio. PMG     Ya fue sembrado el desaliento, con la mirada vieja, con el amor gastado y la pasión tibia. De a poco de a rato aunque sea de a tantos antes que muera del todo la esperanza hablemos un poco. Quizás pueda descubrir o comprender o descifrar la esencia de lo que nos pasa. Quiero saber dónde se sembró tu desaliento,  ese que ahora se infiltra en  gestos y en actos. Lo seco y desabrido se hace cotidiano con esas palabras lavadas, palabras que se vuelven ausencia, palabras que marcan distancias. Recuerdo esos labios proselitista arengando a viva voz el fuego de la pasión. Para mí este recuerdo tiene un encanto partidario. En ese momento tu voz era diferente, decía otra cosa, tenía otra voluntad. Probablemente la mayor dificultad que hoy enfrentamos sea la palabra, para nosotros se está empezando a convertir en algo de mal gusto. Pareciera que para vos, recordar el pasado es invadir el presente con un recuerdo fósil. Yo sé  que juzgar el pasado no es una tarea fácil, pero… Tampoco busco el encadenamiento afectivo,  ni quiero la distancia que nos hace extraños. Quiero que hablemos. Quiero que recuerdes alguna palabra que sobreviva al olvido y que aun hoy nos acompañe. Quizás ella, con su recuerdo nos defienda, nos dé algún aliento, siembre alguna nueva esperanza. Antes al menos  teníamos enfrentamientos verbales. Si ya sé, nos decíamos cosas injustas. Después los perdones, las disculpas. Hasta que un día, se hizo moneda corriente y nos empezamos a decir cosas irreparables. Entonces simultáneamente  empezamos a callar. La presencia inevitable en la cama, hace más incómodo el momento. El silencio, en este lugarcito tan íntimo, hace que la soledad sea total. Yo estoy tan podrido de ese silencio brutal, que te busco con la mirada y vos me huís. Ahora al menos nos miramos. Hay una extraña iluminación en tu rostro, a veces pienso que intentas ocultar una alegría, porque se supone que debemos estar con caras largas. Aquí en el borde de la cama. No quiero solo tu mirada, quiero que me digas algo. Presiento que hay algo que me quieres decir. Si tus labios callan esa lágrima rodando por tu mejilla me cuenta todo. Si hasta hace un minuto quería que hablaras, ahora quiero que cayes.       
palabras
Autor: gonza pedro miguel  94 Lecturas
Verdad y justicia Algunas veces la llama de la verdad Se cubren con las cenizas del engaño Pero con un pequeño soplo Se descubre y crece la llama encendida  de la verdad y la justicia.
Versos abiertos Mis fuerzas son menores que mis amores a primeras letras, esas que traigo en ganas. El verso que parece y no es en flores tardías o tempranas. Cuando una puerta se cierra:  abrimos una ventana, no es hoy lo mismo que mañana, hay que aceptar lo que nos queda. La pluma está de pie de versos abiertos hasta el alma. 

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Paradójico mérito
Cuando nos inaugura la intuición,
nos hace lucidos y desgraciados.
PMG
Releyendo mis textos, recorriendo palmo a palmo mi letra me doy cuenta que hay frases, ideas que me sorprenden ¿Cómo están ahí? ¿En qué momento las imaginé? ¿Cómo llegaron a ser parte de mi letra? Entonces percibo que mi palabra vale por sí misma, está protegida de mi ignorancia de aquello que nunca se me ocurrirá, mi palabra tiene ese plus que la hace independiente de mi consejo, ella vive su propia existencia, y así siento dolorosamente esa ajena distancia… pero es mi letra, yo sé que es mi pluma y entonces me siento paternal e importante.
Antes no podía escribir con libertad, ahora me veo protegido contra mi propia impotencia, contra mi miedo o cobardía, me he dado cuenta que mis palabras valen por sí mismas. Es increíble la sensación de libertad que produce el efecto de hallar que mi pluma no depende absolutamente de mí, ella es por sí misma.
Por otro lado pienso, si esta letra no es absolutamente mía, en último rigor a la verdad, nada tengo que ver con ella, y esta es la idea que me mata, esa distancia, esa terrible ajenidad, esa sensación de saber que lo que escribo no es absolutamente mío, sin embargo están absurdo pensar que mi pluma y yo no somos uno.
En sacrificio a la verdad, no puedo dejar de unir mentalmente los dos conceptos, es mí pluma pero la siento ajena y distante.
La agradable ignorancia de pensar que la paternidad de mi letra era toda mía, pero ahí está la intuición con la clara revelación para hacerme desgraciado, para negarme la plena autoría de mi cosecha.
Reconozco mi letra, todavía insegura, próxima desmoronarse con la escasa convicción en lo que dice, pero también está la otra parte, esa pluma vigorosa, como un intruso exponente de lo ajeno, que a mí me deja este sabor amargo de una modesta felicidad.
Esta pluma me da un poco de admiración con su aire desafiante y agresivo, que sabe decir sin callarse sus presentimientos.
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