• gonza pedro miguel
gonza miguel
Paradójico mérito
Cuando nos inaugura la intuición,
nos hace lucidos y desgraciados.
PMG
Releyendo mis textos, recorriendo palmo a palmo mi letra me doy cuenta que hay frases, ideas que me sorprenden ¿Cómo están ahí? ¿En qué momento las imaginé? ¿Cómo llegaron a ser parte de mi letra? Entonces percibo que mi palabra vale por sí misma, está protegida de mi ignorancia de aquello que nunca se me ocurrirá, mi palabra tiene ese plus que la hace independiente de mi consejo, ella vive su propia existencia, y así siento dolorosamente esa ajena distancia… pero es mi letra, yo sé que es mi pluma y entonces me siento paternal e importante.
Antes no podía escribir con libertad, ahora me veo protegido contra mi propia impotencia, contra mi miedo o cobardía, me he dado cuenta que mis palabras valen por sí mismas. Es increíble la sensación de libertad que produce el efecto de hallar que mi pluma no depende absolutamente de mí, ella es por sí misma.
Por otro lado pienso, si esta letra no es absolutamente mía, en último rigor a la verdad, nada tengo que ver con ella, y esta es la idea que me mata, esa distancia, esa terrible ajenidad, esa sensación de saber que lo que escribo no es absolutamente mío, sin embargo están absurdo pensar que mi pluma y yo no somos uno.
En sacrificio a la verdad, no puedo dejar de unir mentalmente los dos conceptos, es mí pluma pero la siento ajena y distante.
La agradable ignorancia de pensar que la paternidad de mi letra era toda mía, pero ahí está la intuición con la clara revelación para hacerme desgraciado, para negarme la plena autoría de mi cosecha.
Reconozco mi letra, todavía insegura, próxima desmoronarse con la escasa convicción en lo que dice, pero también está la otra parte, esa pluma vigorosa, como un intruso exponente de lo ajeno, que a mí me deja este sabor amargo de una modesta felicidad.
Esta pluma me da un poco de admiración con su aire desafiante y agresivo, que sabe decir sin callarse sus presentimientos.
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  • País: Argentina
 
Nostalgia de pensar Tus ojos para otro Este relato se va haciendo y yo voy con él. Algunas veces las palabras me parecen inútiles, frágiles, carentes de sentidos, no bastan,  no alcanzan para decir todo el dolor de estas circunstancias  y mostrar  el desarraigo de tus ojos idos,  insobornables para mí.  Mi pecho adicto va comprobando la valides de sus añoranzas, te busco como una forma de crear  un antídoto contra la angustia, contra esa necesidad urgente de decir nosotros…solo  para volver desnudo a mi propio desconcierto, a esta melancolía propensa al pesimismo, que va así  avanzando por el lado malo sobre el recuerdo hostil a mi propia libertad.
El cómputo diario de mi saldo Tus ojos en deuda me están por cobrar. Yo me pregunto ¿Preciso tanto tus ojos? Yo me digo que sí, tengo derecho a mirarme en tus ojos; eran mi secreta defensa contra mis celos. Fuera mejor a mis labios no nombrarla y a mis ojos no saberla, de camino  lejos  se va de mí, y no acierta con sus pasos en mi destino. Si mis retóricos versos no te persuaden habré de consolarme con sólo pensarte. Tu recuerdo se me instala en cada uno de mis gestos, tu sabor me quedó prendido en los labios y dejan libre el viaje de mis nostalgias En mis dos mitades, la parte que me quedó de la otra que me llevaste, me quedo como un ser dispar, contradictorio; uno eligió el olvido, el otro te sabe de memoria y perdió su vocación a la alegría por ese apego que otorga la costumbre a tu figura.  Mí olvido te sabe de memoria con mis manos huérfanas sobre el silencio del duelo, truncadas de esperanzas Por esto salgo desesperadamente en busca de una bocanada de aire libre con sabor a horizonte.
Este amor que te guardo está madurando   Ella Sin culpa ni disculpa Tan lejos de la dura pena Faenando mis sacrificios Me dejaba un trocito de su mirada   Ahogando una sarta de mis esperanzas Con mis afectos en andrajos Y mis sueños en hilachas Añoraba ese trocito de su mirada   ¿Te das cuenta cómo te extraño? Te sigo encontrando en mis versos Impregnado mi recuerdo La falta que le haces a mi costumbre
La libertad Él    -Quiero que hablemos Ella - ¿Para qué? ¿No está todo dicho? Él    -Negar la palabra, es abrir más la distancia. Ella -No sé entender la distancia y menos enjuta. Él    -Mentiras de un cielo sereno, desde hace tiempo existe entre nosotros una descarnada distancia, que no lo quieras ver, eso es otra cosa.  Entre tú y yo, nada ha cambiado y esto desde ya hace años: tú sigues ausente y yo sigo extrañándote. Ella  -Esas son escusas de un papel en blanco ¿Por qué no dices la verdad? Que sólo quieres tú libertad. Él    -¿Para qué le sirve la libertad a un pájaro sin alas? ¿Haber dime... para que querría esa libertad? ... ¿Qué podría  hacer con ella? Ella –Tus labios dicen una cosa, pero en tus actos se nota  cuando piensas a gritos tu libertad. Él    -En tu boca  "La verdad duele; pero tus mentiras matan" Ella  -A veces la verdad llega tan tosca que nos congela de tal manera que la libertad no nos sirve. Él    -No sé qué entiendes por verdad, pero  aquí estoy con la libertad que me diste, no te la pedí, pero quiero  que sepas  una cosa: Estoy  aprendiendo a disfrutar esta libertad que me regalaste; al final un regalo que no te costo nada pero… Ella –¿Pero acaso no había libertad estando juntos o...quizás no entendimos el amor? El que ama debe siempre tener la libertad de elegir. Él  - ¿Libertad sin ser libre?. Qué cosa, una  libertad que no me sirve. Ella –No nos pondremos nunca de acuerdo.  Que tengas suerte. Él   -¿Qué tengas suerte? ¡Terribles palabras!
La libertad
Autor: gonza pedro miguel  209 Lecturas
Atrás el remanso, delante la dura pena ¿Qué me queda? El saldo flaco de tus caricias y besos. Tus Miradas pobres, llena de numerosas cautelas, Atrás quedó tu mirada clara, que sabía amar como Dios manda y que ahora sabe odiar sin atenuantes como el diablo quiere.  
Serás su pobre dueño Me dijo mi abuelo –Hoye mi niño, escucha el lastre de mis consejos  pá que a tus años jóvenes no les falta peso: Ten cuidado con esa mujer hermosa que sin Dios en los labios y con el diablo en el pecho te hará conocer la demasía de su ser, que su ocupación es ir y venir a la caza. En su oficio te hará correr y  trabajar pá cumplir con la ley de su capricho y después de cansado habrá de tenerte atado a estaca, andando a cadena, y así  resignado en sus manos; habrás  de encontrar la suma miseria. Si no me escuchas… te acordarás de mí  cuando con el estómago apurado comas;   tarde, poco y frío. Mi niño, te lo digo pá que me sigas y viéndome trepar pongas el pie por donde me viste subir. Yo, dudando le dije. Abuelo,  con mucha librería en los dichos defiendes tu verdad,  ella es un ángel y el azul celeste sus ojos  prueban que del cielo viene. De niña fue hermosa, como fruta temprana, tres veces más mirada que hablada, esa tardanza era mi esperanza, que las palabra unas veces atropellan frente a una fresca rosa. Mi abuelo que no estaba de acuerdo, por eso me dijo - Vendiéndote caro te digo: Dulces halagos de lenguas vanas son esos mi niño.  Por otro lado espero no seas celoso, o no dormirás bien estando siempre al acecho, deseando saber el paradero de ella. Mujer hermosa es y muchos buitres hay, espero no te cause dolor lo que debiera darte placer. Ya cuando se iba a modo de despedida me dijo: Mi niño, para que no te falte aliento para la huida, el consejo vale, si con el daño se aprende. La sequía de mi imaginación: La poca prudencia y la mucha vanidad no me dejaron ver el ungüento de sus consejos. Sus abundancias reventaron mis ojos, a tropel, cayendo copioso sobre mi alma hasta no quedar ni palmo de carne, ni sangre  que no me explotara por el pecho; tanto que lo de adentro me quedaba todo afuera y peor aun con no poco acuerdo con mi razón que pierde su camino, entre suspiros que arrancan el alma, hasta dejarme  naturalmente ciego. Abuelo tenías razón, cuánta verdad había en tus palabras. Su perfume, sus ojos, la audacia de sus miradas compraron  mi razón.
La muerte incurable Con la piel humillada, todos se van en el tiempo y yo mismo me estoy yendo. Colgado de las agujas del tiempo La vida no tiene una red. No encontrar un sitio donde asir la vida por esa impunidad que tienen las eras. Cada muerte tiene su hora y cada minuto tiene su ausencia. Por cada paso un desencuentro y otro  ser que se hace ceniza en el viento. En un trabajo lleno de descontento, fatigadas horas ven inmolarse los segundos impacientes que van naciendo, así…  atrás van quedando maravillosos y descuidados momentos; que en el recuerdo conjuran nunca más volverse a repetir. Cuando al fin se habrá la tierra Con su abrazo común: Me pregunto si hallaré algo escondido entre las cenizas. Una cosa no quiero encontrar y es, un miedo con su pánico en blanco, quiero esperar tranquilo la liturgia del beso incontable, en amores bien gastados. Una cosa quiero y es, que no quede tu memoria marchita mira, que la envenenan los suspiros.
Qué don te ha dado la vida para que esos ojos puedan convertir en versos, lo que mi corazón padece. Es siempre tan perfecta tu mirada, serena y tranquila, que consigues cerrar la puerta de mi esperanza, con la suavidad de un beso  
Encontré la que no buscaba Quiso mi buena fortuna, que amaneciese el día claro, sereno y favorable con presagio De buen futuro. Sin hallar lo que esperaba encontré la que no buscaba: Mi perfecto gusto, mi contento verdadero. Por los bienes recibidos De tu prodiga mano. Cumpliendo lo que me ofreces a mucho me tienes obligado.
Tu recuerdo me defiende, el silencio me condena Corazón muerto: ¡Que agonía de sueños en el silencio! Es agonizar irremediablemente en uno.        
Mía es la mirada Mía es la mirada, para ella las alabanzas, mientras  sufro la agresión que nacen de sus dones   Ella no tenía pena y a mí me la daba, porque mirarla y no tenerla era partirme el alma, ¡Oh! Extraña mujer divina, no más mía que de todos. Sin que, ni para que, sólo mirarla. Tus miradas de dulces  halagos, son los paños con los que me envolvieron, yo los pago de contado con precio de suspiros. Todo el tiempo me pasa por  el pensamiento que estos ojos hallados y elegidos sean sólo para mí.
Ella  -La soledad antecede en tu mirada. Él    -Si tuviera tiempo sacaría el polvo seco a algunos sentimientos y con ganas me los        pondría. Ella  –No pongas esas frases tristes. El verso seco suena cruel. Él     -Es mejor esta soledad con sus áridos mutismo que un amor con sus sagrados    silencios. Ella  -Entiendo, entiendo el amor quedó estancado, pero un día va estar como el primer día. Él    -¿Cómo lo sabes? Ella -¿Te sientes solo amándome? ÉL  -Es cuando quedó mudo el amor. Ella  -¿El amor? ¿Dónde? ¿En el beso? Que complicado es el amor breve. ÉL  -Breve en tu risa, en tu mirada breve… A mí me gusta el amor largo y sencillo. Ella  -No te entiendo, ni me entiendo. ¡Cómo pude abrazar la locura y besar la ignorancia! Él   -Quizás no es hoy, no es mañana, pero tiene que llegar un día en que entiendas. Ella  -¿Cuál es tu problema? Él     -El problema es cuando el corazón comienza a recordar en vez de latir, añorando a como eras antes… nunca se acepta la ausencia de lo que se lleva en el corazón y si se lo acepta es para decir adiós. Me hubiera gustado que estuvieras más aquí, pero ya me habitué a tus ausencias. Ella   -No todo es tan así… Él      -Pedirle más tiempo al amor de tu vida y te diga: ¡No me presiones!  De tanto en tanto me expulsas de tu olvido y de a ratos te acuerdas y me das de lo que te queda. Ella  -Te prometo que ahora será diferente. Él     -No prometas cerca lo que estás lejos de cumplir. Ella  -Se aprende tarde pero se aprende. ÉL –No me gusta ese trueque, lo que quieres ya no será, ya no me queda tiempo. Ella  -No seas tonto, siempre podrás tener todo, como yo tengo lo tuyo, te enseñaran mis caricias a olvidarte de todo… Él  -Mi razón se bate entre quedarse y una honrosa retirada. Te juro lo intento y lo olvido y al rato me acuerdo de nuevo y  no, no me puedo olvidar. Me recuerdo: Yo y mis  intentos sin poderme llegar a tu boca, salvo al despeñadero de tu mirada que hacen del hambriento harto. Ella De mi buena voluntad, con que más y mejor en mi fe te prometo sabré cumplir tu deseo, esta vez será diferente… Él  -La cuña vale si es de buena madera. ¿Crees que con cuatro puntadas de hilo son poderosas para que no se descubran las hilachas? Una mirada y dos promesas enamoradas ¿serán suficientes? Con los años uno va perdiendo crédito que no hay verdad que dure cien años ni boca que lo sostenga. Ella – No te reconozco. ¿Qué antes endulzabas la lengua? Para que ahora largaras verdades más ajenas que propias ¿Perdiste el último prejuicio qué ahora te lanzas a maldecir? Yo me invento una ilusión…  pero tu alma de Pared templada abrumante le pone un freno a mi razón. Él -¿Por qué te ofende lo que digo? Como ahora ya no estoy en actitud de espera, librándome de esa incómoda sensación de dependencia emocional, marcada por esa irremediable distancia emocional tengo libertad para la queja, la duda, el rencor…pero bueno esto es así; cuando el amor se va, escondida es la calidad del espíritu humano. Hay que aceptar la verdad para no vivir la mentira.
Como por desgracia suele ocurrir en amores de aceite y agua. En nada me quedo cierto y en todo me dejó dudoso, aquí le endilgo de contrabando una reseña de malos ratos o una parrafada de malos trancos. Los míos  fueron siempre nobles, hasta que desperté, entonces vi en cuanto se dejaba ver la piel fingida, el amor gastado, en esta desventura hallé para suerte de mi desgracia, mil horas de amargura, entonces procuré olvidar lo que no pude amar, tomando como instrumento la memoria de lo que no tenía remedio. A la hora de la despedida, a mí me faltaron palabras, a ella le sobró ironía y con una actitud tranquila y pausada de los viajeros expertos, sin decir adiós se marchó. Y así me marche yo, arrastrando la nostalgia, la iba acomodando como mejor la pudiese llevar y se me hiciese más ligera carga, no me bastó el ánimo para olvidar aquel tiempo de los instintos, con aquellos besos de fábulas.  Todo iba bien,  no fue hasta que asumimos nuestra conciencia de náufragos, entonces aparecieron esos rencores perdidos por donde nunca los habíamos buscados, fue así como quedamos separados más allá de la magia y el hechizo   
¿Quién escruta la letra, quién tienta a un verso? ¿Quién siempre puede trepar por la escalera de los sueños? A mí hoy, se me  amontonan las prórrogas que repican en el silencio, exudan mi desesperanza, hasta volverme ciego, sordo y mudo. En el deseo irrefrenable de escribir robaría ese verso, pero no quiero que alguna letra mía venga mañana a reclamarme a cómo era, tampoco quiero la previsible metáfora, las asociaciones fáciles; quiero el verso iluminado. El pecho de piedra, la mano tiesa; ha enmudecido la pluma hasta el abismo atroz. La luna sin nostalgia, el manantial de tinta se seca, proclama la ruina y el ocaso del brazo y el poder de mi mano. A veces mi ser prójimo es insoportable a veces frágil, otras fuerte entre golpe y golpe hasta que la letra salga y el verso atienda a quién llama, a ese derecho al sueño entre el amor y lo cotidiano, entre lo uno y lo otro, entre ese péndulo que viene y va, entre un amor con historia. Yo que  bajé la luna y la dejé abajo entre lo que puedo y lo que quiero, en una imposible quietud, una  metáfora forma el cerco en torno a mi esperanza. Como me deprime bajarme de un sueño, saberme lejos de mi pluma, un pordiosero de las letras hasta que aparezca ese verso enajenado que ya empieza hacerse piedra, lejanísimo y borroso. Mi ser se empecina en echar las redes para atrapar una idea limpia, pasa una idea fugaz y rápidamente queda a la intemperie, fabulosa, irresistible, entrañable. Una idea que nace a la tinta sangre,  a la carne de papel, a  la gloria del lápiz, hacia una idea virgen que se enciende en el asombro. Cierro el puño y comienza el grito  del verbo que embruja, que arde, pero… a esta idea la acecha una muerte, la muerte de la indiferencia hueca, el pantano donde mueren estos y todos los argumentos turísticos.  Ya sé, si…  ya sé, es tan torpe pensar que existe el verso inmortal, ahora sé que todas mis palabras no nacen con un certificado de existencia. Para mí será una pena que después no existan, pero  estoy seguro seremos más que el horóscopo, quizás un poco menos que un crucigrama, quizás alcance diez o veinte lecturas y después el olvido. Así aprendo el rigor de los números, la pulcritud del tiempo del verso sin tutela. Estoy seguro un amigo me dirá: “Pedro no seas tan duro con tu letra” como un antídoto contra la angustia, pero no puedo tener esa mirada de autocompasión,  de complacencia,  yo siempre me veo limitado en el lenguaje, no quiero esa poesía bajo rótulos previsibles, el verso fácil, como diría mi maestra: Quiero alcanzar la síntesis poética.
Era la fiesta Este tiempo se quedó sin magia.  Vuelvo a reclamarme a como era, cuando ostentaba mi inocencia, con mis fieles amigos con esas alegrías sin escusas  cuando todo era demasiado sencillo, en ese tiempo era raro verse triste; todos los días parecían domingo.   El comezón, de los recuerdos con sus viejos adioses,  con estricta nostalgia recuerdo mi pueblo, no sé pero… el verde era distinto, su gente era otra, recuerdo cada una de sus calles de barro, corriendo por ahí, con mi vos de niño despojado de todo mal, con el anhelo desnudo y el llanto fácil, entonces era el tiempo sin agujas; la mañana y la tarde se fundían con las risas con tantas manos sucias y era en un  juego dejar que la vida transcurra con sus realidades invertidas Como aventura y enigma En un paredón de manchas  brotaban sombras de barcos, de monstros.  Piedra a piedra esa pared desataba el viento que hoy me arrastra. Después   de un día de aventura, de noche caía como piedra en el sueño. Me acuerdo a como era. Él no es este, el de ahora, ese Se paseaba hasta sentirse dueño, de acuerdo con sus órdenes. Decía, la mano que se convierte en puño: “Escribe sin borrones” y yo, sólo quería escaparme y en la savia del miedo, agachaba la cabeza y repetía “¡Si señor!” después, despacito decía: Viejo podrido. Ella era diferente. Ella siempre oculta en el aire y yo siempre puesto al alcance de sus ojos, la espía de mis noches y sus días. En su mano: La caricia que perdura en el amor sin defecto, con sus brazos grandes para todos los abrazos. Preciosa nostalgia de recordar las raíces de tu profunda ternura, pese a la distancia intratable que me ignora. Eran mías,  porque eran mías,  aún perduran tus manos de pura generosa. Ahora los domingos son odiosos y vuelvo a reclamarme a como era antes…          
Era la fiesta
Autor: gonza pedro miguel  117 Lecturas
Ahora que soy desprendido de tus ojos,  como me gustaría ir al pasado y volver con uno de tus besos.¿Qué me detiene?Un olvido sin tu voz, y un recuerdo sin tu nombre.Un primero de agosto inaugura la clausura que duele cada día,pero...  ni yo iré, ni vos vendrás.Y  el orgullo mata y deja esta historia sin contenido.Tal ves el verso fuera el poder mas alto de volver a tus ojos claros. Quizás mi rima pueda borrar las cicatrices que dibujé en tu alma.Quisiera pedirte algo:Deja de usar esa tabla por uno y usemos esta otra por dos.
Reflejo de un espejoEn definitiva ¿qué es lo nuestro? Una especie de complicidad frente a los otros, un engaño bien logrado, ¿qué mostramos? Esa rebanada de muestra cotidianidades en grado  de felicidad aparente.¿Por qué sientes que te robo la felicidad con una verdad tan íntima? Son trucos de los reflejos de las sombras y para vos una verdad que no se nombra.Todos tenemos una mentira que algún día muere en nosotros y una verdad que nace.  Entiende esto: se nos va la vida mal gastada y no hay apariencia que lo justifique.¿A dónde están las palabras que nunca nos dijimos? ¿Dónde fueron los diálogos que nunca tuvimos? ¿Dónde se quedó la felicidad que soñamos?Si alguien de afuera mira, es difícil de creer que este amor tenga una herida y abierta. ¿Cuál es nuestro horizonte perseguido? El error no se quedará para siempre si elejimos el camino y vamos detrás de nuestros objetivos.Es una lástima que no tengas el coraje de mirar conmigo, es imposible no derramar una lágrima en esta visión.Yo también odio con escandalo toda exhibición y no me gusta mostrarme con la herida sangrante,   y terminar reducible como en los posteos en facebook dejando visible  cada estado de ánimo, pero tampoco quiero esta felicidad aparente... Las apariencias son como las comidas rápidas, saben muy bien, pero con mucho colesterol enferman el corazón y dañan la salud.Pero, para los que tienen el diente preparado  para encontrar el sabor, son mejor las comidas elaboradas, tienen mejor sabor y están llenas de vitaminas.Para los que nos gusta comer así siempre hay oportunidad para el brindis.
Ya parece volverse para atrás esa pluma que para adelante miraba… pero no, este es el tiempo del verbo, de la palabra obrera. –Déjame trabajar- dice el verso que congrega y se prolonga, este el tiempo de la palabra en tensión, del verso que nos liga. Si se es esclavo de esa cajita mágica, el mundo puede ser un desierto o un calabozo. Entre dos tapas y algunas  hojas; la puerta hacia la libertad. Cuídate más de esa caja que de la espada, yo la he visto caer sobre mí hasta el adormecimiento, hasta la conquista, y peor aún, la he visto caer sobre los otros  hasta convertirse en la eterna maldición de la simiente. Tuya es la palabra que parió los versos,  tuyo el verso que habló de libertad, tuya es la libertad que partió el imperio y el reino de los discursos únicos y cerrados. Este el tiempo de la palabra obrera, cuando la razón vale menos y es necesario el oficio del verso que alimenta el fuego. -¡Esta es la palabra obrera!-  Gritaba un pregonero detrás de un libro y adentro del libro viejo la doctrina del verbo que quiebra el remanso del que está dormido, levadura en la sangre del verso que se hace carne. Que en muchas lenguas repitan ¡Esta es la palabra obrera que despierta al que está dormido y levanta al que estaba muerto! 
En el olvido eterno al final ¿seremos nada?  La pregunta pobre que no llena. Tras mi última jornada de trabajos padecidos, la vida  hizo el desafío.    Ante El todo con mí misma parte, aunque temido seguiré el mandato de su gobierno. El hombre se resiste a dejar la vida, pero obedecido y amado de la tierra, la pala nos espera de punta ¿Y el poso nos dejará ver Cómo se ve una flor desde abajo?
La vida es un imposible, es un sueño dentro de otro sueño, y nosotros caminando, merodeando por un tiempito, jugando a que nos perdemos y nos encontramos, la muerte es una vida dentro de un sueño y un sueño dentro de otro sueño.
El sueño
Autor: gonza pedro miguel  197 Lecturas
Ella –Por tu insoportable ausencia,  de mi pluma brotan  ríos de tinta, para deshacerse en la sal de mis          lágrimas. Él -Si las lágrimas salen en cualquier momento, no se vale llorar, ellas, como las letras, a veces pierden su contexto. Ella -Una lágrima siempre nos deja con el cuerpo y con el alma a la intemperie,  refleja el más puro de nuestro sentimiento. Él -¿Es siempre así? Te dejo con mis preguntas rotas y mis dudas ciegas. Ella – Filosa tu pluma en la duda, entrando a matar con puño y letra firme. Ay, ay,  es una pena que el peso de una prohibición así, te  impida   llorar a libre demanda. ÉL -Ten cuidado con lo que escribes, te pueden caer como palabras invertidas, como frases sin sentido.         Las mujeres casi sin causa, siempre brotan en un llanto generoso, ya ves como  ahora, esa gota,  se seca y escurre  al mezclarse con la tinta. Ella -Si un día cualquiera, uno de esos que vienen sin haberlos pensado, de los que aparecen sin haberlos llamado, te vienen ganas de llorar ¿Qué harás? Él - Falsos perfectos me parecen las lágrimas, y en el rostro de una mujer, terrible herramienta de la manipulación psicológica. Ella – Eso salió de una cabeza sin corazón o en el peor de los casos el corazón traiciona el uso de la                razón. Desnuda tu mente y deja tu alma escuchar, que mi corazón va  hablar. Piensa en un ser           querido, entrañable, uno de esos al que si no vieras por mucho tiempo te dejara triste… Él - Yo soy de pecho amplio, de brazos largos,  listo para todos los abrazos, pero no para los llantos. Ella – En cambio en mí, estas lagrimas; son ellas,  testigos involuntarios  de mí verdad.  Verás que la piel tiene memoria, ahí queda expresado todo el recuerdo, ese “te extraño de lejos te quiero más cerca” lleno de paciencia estiradas, por eso mis ojos desbordan en  llanto amargo.       El amor o simplemente la amistad, buscan resistir al tiempo, al silencio, a la  ausencia y la distancia.  Las lágrimas  sueltan  mis esperanzas, dueña de mis cadenas, para que veas  tu recuerdo vigente  anidar en mi piel. El llanto se hace carne y en la sangre me recorre por doquier y así te llevo y te guardo, bañado en la nostalgia,  envuelto en suspiros, atravesado por llanto. Él -Esas lagrimas no devuelven un  amor, pero enturbian el alma, escóndete y llora  en soledades. Ella -El poeta es más poeta si puede, sanar sus heridas, crear sus propias respuestas,  regar sus versos con          la última lagrima. Quisiera que lamentáramos juntos  nuestras desgracias y llorando  desahogáramos            nuestro tormento. - Aprende como yo,  ¡llora! Un poco de lágrimas y te  quedará, el alma limpia.   Él -Creo que perdí mi sensibilidad, hoy no siento nada, las debo haber olvidado en las ropas que me cambié o se cayeron cuando me duché, en fin, la anestesia es total, todo me parece gris. En otras letras, en otros versos quizás… 
El llanto
Autor: gonza pedro miguel  126 Lecturas
Entre luces verdades y sombra                                                                        Yo, fortuita cosa, con mi pobre y tosco ingenio,  de pocas luces heredadas, escaso de letras en el virtuoso efecto. Pero por la gracia o la fortuna que me visitó oportuno, de un árbol de libros me hice dueño. Su brote extraje de la biblioteca de Alejandría, con sus raíces rescatadas en el río del mágico Leteo, en sus hojas anida la sabia  tinta y el dulce fruto que poetas ilustres bebieron y que multiplicaron así los versos a su antojo. De raíces atrapadas y enredadas  en la historia, el tiempo y la memoria; convertidos esos ecos en  actos,  en palabras,  se despliegan hoy ante mí, venturosos como el viento. Es así como  puedo ver que,  por la morosidad de mi escaso ingenio algunas  ideas callan   su gesto fecundo.   Por eso, ruego, imploro al Guardián de la palabra viva,  que mis ideas no sean para el olvido, que no huyan de la memoria en procesión hacia la nada, como la letra sin sentido, como esos versos muertos que no dicen nada. Ideas amontonadas en masa incoherente que fluyen sin cesar, sin rumbo ni destino, en incesante vaivén. Versos al aire, ellos corren ligero con el tiempo, con la vida y con la muerte;  inútilmente, vacíos de contenidos, como  glosas inconclusas, de palabras que no cuestan nada. Engañados por la esperanza de metáforas felices, vagan hacia una futura forma póstuma.   Líbrame, Señor, de tan funesto camino, que no sea ese el destino de mis ideas, que no mueran en el intento como esos versos que no saben, y no dicen nada.   Divino guardián de la palabra viva, si tu simiente no fecunda mis ideas: El tiempo que devora la memoria y  destruye toda inconsistencia cegará toda reminiscencia, lo cubrirá con el polvo ciego como cubre las erráticas ideas. Sobre la letra muerta pasó el ayer, sucederá el mañana. Miren  como corren presurosos los segundos, los minutos, las horas. Vean que no vive el tiempo en la memoria de versos caídos.  Inexorable corren sus influjos. Observen como la letra escrita se sujetas a sus prisiones, si fueron buenos sus sueños de metáfora renacerá eternamente, y por el Dios de la letra viva será devuelta a la memoria y quedará estampada en la historia,  pero si no alcanzaron la altura y la dignidad,  las palabras quedarán atrapadas en los brazos del olvido.    Señor, guía mi discurso por  la senda de la palabra viva, que de la más ruda materia pueda brotar la letra más bella; para que, luego, cuando mire atrás, las encuentre eternizadas, atrapadas y enredadas,  en la historia, el tiempo y la memoria.   Ilumina estos pobres y flacos pensamientos, que bajo el amparo de tus alas y tu consejo, me atrevo a mostrar, a todos los corregidores,  a  los que son y los que serán los sensores: Tribunales de la calle a jueces y fiscales, las virtudes  y los dones de esta pluma.
De Venus la mejor de sus hijas. Titubeaban las puertas de su pecho al continuo empuje de mis quejas,  con muchas y suaves palabras, con amorosas y ardientes súplicas, con prolongados ruegos, con la opresión de los suspiros. Hasta que  en su seno propicio mis manos quedaron agradecidas. En el presente  recibido el mejor de mis anhelos,  convidado de sus ojos, sus miradas eran mías.         ¿Quién podrá contar dignamente los amores de aquellos ojos y ajustar la penitencia de mi llanto a tanta pena herida? El oráculo de Febo declara y la voluntad de los dioses designan: “Huye de este despiadado pecho, huye de estos avaros ojos” ¿Por qué la arrojas de mis brazos?  ¿Por qué la ocultas de mis ojos? ¿Por qué me quitas el mar de mis bonanzas? Primero, quieto de terror quédeme yerto en mi espanto,  de solo pensar en abandonar la hospitalidad de su pecho y dar al viento mis pies; después,  el furor de los rencores de Marte que arrastro,  entró por en mis venas. ¡Tanta ira en este noble pecho!  Que arde como la antigua Troya o la soberbia Roma por causa de Apolo y su mirada fría;  expelido soy,  él una vez más como el viento revolvió los mares de sonoras tempestades en amores de pechos tales. De los dioses el infortunio, que no en ella y no en mí sus ásperos riscos,  el duro escollo. ¿A quién pediré por ella? Si los dioses me niegan el sol   de su mirada, entre las oscuras sombras, ora  dudoso entre la esperanza, ora imagino la desastrosa suerte dos veces  más negra que el Tártaro, ora sólo  espero el destino irse. El vaticinio de los dioses y el  frio invierno clavaron sus aquilones que en  mí porfía baten los afanes del amor. Ya es acabado el día, ya es llegado el ocaso, ya se cierra el cielo y en los dones de Baco pierdo mi alegría.
El vaticinio
Autor: gonza pedro miguel  213 Lecturas
Una mujer, el amor y el vino Aunque por dentro lloro, mis manos ociosas juegan con un vaso en extraña devoción, suplicante le ruegan para que haga el pasado remoto. Puesto al alcance de mi suerte y  de mis manos, Baco. Arrojarnos al mismo vaso, con el anhelo desnudo para llegar al descanso fácil, al fin de mis desesperaciones. Me interno en la noche adentro buscando el alba. Entre copa y copa, se mezclan con la luna, el canto, la risa y el llanto. Una mujer, un amor y el vino, ideales para una noche de insomnio. Hacen autentica la melancolía esta llovizna triste como mi alma, aunque el vino me ofrece la risa inservible y vacía…ya  sé, se sufre la risa, pero con el vino se resiste más y mejor, por eso…por eso, no se llora, se ríe en la fe contagiosa del vino. ¡Brindemos! Aunque en mi última confianza estoy lleno de vacío, de ausencia, de deseo y mis sueños sin su dueña; brindemos. Dejemos que la tinta roja del vino borre la melancolía. ¿Y mañana?  ¡El Mañana lo taparemos con más vino!  
A Sor Juana Inés de la Cruz En juveniles años, escribía yo antes versos flacos y faltos de colores, todos  averiados. Buscando alcanzar  la cima de los tiempos. Lo intenté con la fuerza que mi ingenio prometía. Virtudes ajenas mostraron el puerto de mis fracasos. Sus ejemplos,  templaron el filo de mi pluma, para  encontrar  un verso tan sólo mío, con metáforas tan de mi alma. Tu  semántico brazo, me llevó de la mano a través de las letras. Me distes alas y yo  me lancé al aire, dejaste una huella y yo  seguí tus pasos. Así sabré escribir, y más podré decir, para ganar victoria y buen nombre, en la llama encendida de los verbos.
…Y nos miramos | Ella en su pecho traía viejas señales.  Pensé: Es un gran simulacro creer que hay olvido. Y yo Metiendo el dedo en la llaga, soplando en las cenizas del fuego del absurdo. Le dije: El amor está por encima de los errores, Y aún así queda abajo| por los malos entendidos. Es verdad me dijo, así se muerden los sentimientos hasta gangrenarlos. Si ese amor no te sirvió de senda, que se congele la luna pero no el alma Le suplicaba. Tu voz me dejó el mensaje de la esperanza, me dijo. ¡Entonces estrechamos la mirada! A esta altura del paisaje Mi puño y mi letra inventaban un lenguaje, luchaban por brotar como una flor en el desierto. Tus ojos cercanos me involucran  Ahora que sé, que tus ojos me conciernen Una mirada llama a la otra Y todas me llevan a tus ojazos.
La risaLa risa, como flor cordial entró por mis oídos, y a esos dientes, gobernadores, asistentes mayores de la risa no les faltaron fuerza para mostrarse. Facultad tienen, oficio no les faltan para crear esas sonrisas que corren y cuentan a cuya costa soy.De su uso hace mención el privilegio y la aprobación de una carcajada limpia y soberana que me acompaña.Aunque en algún pecho se hayan perdido y pierdan algunas penas contenidas, recuerden: Quedan firmado y rubricado por nosotros, los oidores de la risa suelta; quien en penas recibió dolor y sabe desnudarse de los pesare; vierta el llanto en risas, conviértase en el amor al olvido, dejando de lado los malos pensamientos, que están siempre al asecho; porque estos suelen ser los cazadores y verdugos de la risa y del ánimo generoso.Ahora vemos, la risa es la que hace más fuerza en la esperanza dejando el espíritu dulce almibarado, espulga los duelos y celosa de su ley, No hace dolor del padecimiento y le da perdón; el día que uno se ríe de las propias, se lloran las ajenas con la buena gana; con la risa puesta.Si somos como los rostros que cultivan la risa, rinde el beneficio dejándola brotar un poco y vuelven sobre sí reconociendo el regalo, haciendo mucho lo que de suyo es propio, será dar alegría a lo que no lo tiene, grandeza y excelencia a ese rostro para cuya vida guarde la risa y le rendirá en dichoso y largos años.
La risa
Autor: gonza pedro miguel  443 Lecturas
El diálogo entre un poeta y su pluma -Escribamos algo. -Hoy no puedo,  soy un texto sin sentido, una idea para el olvido. Una idea que se escapa, las palabras que se callan, el silencio que me atrapa. ¿Qué oportunidad me pides Si estoy hecho de nada? -Mira esa mujer hermosa por todo extremo Y vestida de tales prendas, Acariciándola con la mirada ¿No encontraras las razones y los motivos? -¿Por qué a ella sola se ha de amar? - Que la pasión y la inspiración del amor manan, esto te alabo y te vendo. -Te Precipitas en tus falsos gustos, esos temas ya los tocamos, diré poco para no ser escandaloso: Te repites. Con lo que ya dijimos ¿no está la abundancia arto satisfecha? -Siempre se puede decir más y más, el infinito es nuestro límite. - ¡Fantástica quimera! Con la necesidad engañas el juicio Emborrachando el gusto Deseando tener más y más Llenando las arcas con los despojos de ideas roídas -¡Hablemos de otra cosa entonces! -Volvemos al principio, Ya dije: Soy un deportado de las letras, la tinta sin papel, una historia sin argumento. Abrazado al silencio ¿qué podré decir? -Un poeta sin una voz que lo represente no es poeta. -Si no tengo nada que decir, prefiero callar. -¡El silencio será tu tumba! -Faltándote perfección en los sentidos, Abortando la conciencia en tu prematura razón, después los dos cobraremos el pago de tal desvarío. Que cada uno llore y gima después. -No entiendo ¿qué quieres decir? -Digo que si nos apuramos y escribimos mal y si las ideas que escribimos, carecen de un valor estético ¿Qué clase de poesía hacemos? ¿Qué alto honor alcanzamos? -Tienes razón mejor esperemos
El peso de Dios Yo que pensé : Entre nosotros no habría nunca un adiós, ahora te quiero desde las lágrimas, con el beso que se agrió. Desde la ribera de la ausencia  sin causa, me encuentro con mi realidad desnuda, aquí, vestido de gris, en este hoyo. Cuando tanto agujero  sobra, cuando fue corto el tiempo regalado por la vida, cuando quedaron jóvenes la metas prometidas, cuando un solo adiós no alcanza, cuando el duelo baña mis verso, cuando los miedos Hacen, siento el peso de Dios.
El peso de Dios
Autor: gonza pedro miguel  131 Lecturas
Un amor que ya fue   Si te re-cabió, tranquila má,   que mis dardos no son para vos, yo  ya soy inmune a ese arrastre que tenes. Por tu fama a la pasión, y tu infamia al amor,  como mina regalada, desbordando tu desnudes así te alabas y te vendes, derrochando torrentes de perfume, buscando algún virtuoso efecto, alguna mirada de aprecio.   Yo los he visto… esas miradas que caen desnudándote, esas que viajan con el ritmo de una cumbia,  el humo de un cigarro y el aroma de un alcohol. ¿Por qué te sentís re-zarpada si los wachos te miran mal? Si  como amiga de las farras, vas de noche en noche, de mano en mano de boca en boca como una jarra loca.  Yo  de lo malo hice bueno y de lo poco mucho,  de dos hice uno y vos de dos ninguno. Yo ya me rescate,  de tus labios  engañosos, ya no soy coleccionable mi amor.
De concierto su mirada y la mía Sólo con la mirada,  no hubo quien no entendiera o supiera como si para verdades más claras y puras se necesitaran testigos. Mucho me gustaban sus ojos, aunque más me tiraban sus labios. Hechizo que me hechiza me perdieron dulcemente.  Su cintura ayudó aunque sus labios fueron la causa de todo. A esas curvas no hay embrujo que no acompañen.  Esas increíbles curvas la causa de mi perdición, sus ojazos el arado con que siembra el fuego de su pasión, sus brazos la hoz que siega la siembra que me dejó. Si mis versos valen que corran y cuenten el áureo fuego que me besó: trofeo de mi victoria. Su entrepierna abierta riquísima mina descubierta donde yo pudiera encontrar los frutos de mi pasión , su vientre como caudaloso río que ni se cansa ni se agota,  como tormenta en el mar  que se levanta y crece tan a mi gusto y deleite.  Me llevó a media rienda y así anduve galopando con ella en mi cintura, su mirada y la mía fueron una, en  el pensamiento igual, sobre una manta de antojos  vimos el cielo abierto, hasta quedarnos seco en los márgenes del sosiego.  Por horas nos quisimos lo que en años no vivimos.
Unas veces se gana… Volví al pasado huyendo, al tiempo de mis prosperidades; en la que ella, con anhelo se pedía, que con pasión se daba Y con ternura me recibía. Devorada con los ojos, deseada con el alma. Subiendo de escalón en escalón, hasta quedar en un altar, como la señora de mis sueños; después… después  vino el después,  el aquí, el ahora. Haciendo algún escrutinio: Con la vergüenza ganada y perdida la cuenta, veo con claro ojo que; todo lo que jugué y gané: Lo perdí.
Ya sé, No todo es tan así, pero… La sangre se corrompe, los honores fallan, la pasión y la locura abundan. Donde vayas cosecharás puñaladas. Tiesos de pie y mano, nadie te tira una soga. Que todo es pudrirse y caer, que falta todo desde el cimiento, que enflaquece la virtud. No sabes por dónde vendrá el tiro, porque habló mal, o miró de más, porque pasó y no entró; cualquier escusa es  buena, para perder la vida en una esquina.
La palabra es la ciencia del hombre Esto se empezó hace mucho y hace tiempo, al comienzo de las edades, siempre como un nuevo comienzo. De los dioses, la razón era regalada al hombre, y así comenzaba una amistad entre hombre, la razón y la palabra. El hombre, ya en su mayorazgo conociendo en su razón vino a descubrir su deseo y el camino por donde cada uno marchaba, al principio tomó la palabra indecisa sobre su pertenencia, y se abrazó vivo a ella, hasta encontrar el buen gobierno y trato. Fue el amor el que le ayudó a descubrir la palabra poética y  lo mucho que le quedaba por andar, lo que en sus penas no encontraba consuelo, sintiéndose vano y miserable. En  La naturaleza del amor que lo sufre  encontró al buen juez, al oyente instruido y al brazo acomodado para tomar la pluma.   La alquimia de la palabra pretende englobarlo todo y trascenderlo, la dimensión del verso es la dimensión de lo posible, la palabra hace vivir la historia.  Y el relato, en la medida que cuenta crea la realidad. Lo oscuro y menos entendido se hace claro y trasparente, el verso todo lo confiesa; esto es el estatuto del verbo poético. Como en el regalo, un día y de milagro se dejó ver en el silencio del asombro  su naturaleza  pura  y simple, sólo para darme cuenta cómo en mi propia ignorancia se conoce y se sabe, no digo ya para conocer los misterios del universo, que por cierto también se puede, si no como un gran socorro para entender mi propio ser.  Así empezó, el principio es más de la mitad del todo: Como cosa ociosa y por demás, como algo que quería decir y no podía.   Viendo el propósito de las palabras que antes en mí, ni nacían ni morían, como ideas que quedarán inútil en esta vida, en esta idea de permanecer y perdurar;  rogaba a la musa que me inspira: un sustento para mis versos. Hoy como ayer o como siempre fue, el verbo profético, el verso mágico, la palabra poética;  en primeros y tímidos conatos de independencia, hasta alcanzar una constancia esperanzada en  una epígrafe, que hoy se despliega  venturosa como el viento en el oficio de mi pluma.  
Tan loco como desesperado me arrojo sin miedo Busco el secreto aposento de un verso Mucho te digo que corro para darle alcance Con muchos cuentos y poemas que no son para referir Con esperanzados principios Pero con desgraciados fines.  Los miedos ahora dividen, A mi pluma pobre y gastada, Desnuda de toda composición Ya De rasguño bosquejo, tanto que Por cada verso, lo tengo padecido. Apurando el sueño para ver si puedo ganar la fantasía. Como un atajo, ruego a la musa que me inspira, Que multiplique las glosas a su antojo. Le entregué mi pecho y no lo volví vacío Dando el saldo a mis manos y el cobro a mi tinta No fueron vanas ni falsas mis esperanzas En el oficio de mi pluma         Ahora le saco el  buen tono a la rima.  Para llegar al verso seguro...
El amor xxx X -Ya lo sé, me cuesta dar con esa almohada que se ajuste a mis sueños. Y – Y… si el momento no es propicio ni un milagro lo arregla. X -En mi amor vos estás toda o casi toda,  mmm… me faltan cifras pero las calculo, me faltan indicios pero… Y –Sin embargo yo estoy  segura, te  quiero y a mi pesar, eso me basta, deberías valorar el coraje que tengo de quererte, aunque sé ¡qué sola va  quedar un día mi suerte! X -Pon el beso donde solo existen las palabras  y después vemos. Y –A  vos sólo te interesa eso… después veremos qué,  si con tu silencio me alejas a gritos. X -Te acordás,  algunas veces paseábamos por las mismas hojas, por las mismas letras, por los mismos versos, casi siempre una metáfora nos unía, pero… Y -También se puede amar en el recuerdo, en la distancia, en la soledad. Te quiero a cada instante,  pero aparte de quererte; te necesito. X -Yo no puedo ser como uno de esos tipos que andan por la vida con el corazón en la mano, no puedo, no esperes eso de mí. Y -Enamorarse es un ejercicio contra el infortunio, no importa si al principio se quiere más o menos, lo importante es confiar, y a partir de la confianza, uno se brinda más, en más de lo que tiene. X -Vos y yo tenemos un problema, y es el mar del amor que lo sorbe todo y ahoga… Y -La madre de las ironías, acercarse a un río y morir de sed. Salen de balde los afectos si no hay interesados. El problema es  que te miras a vos mismo como persona de poca cuenta,  que comienzas una relación procurando resolver sólo sus problemas fisiológicos, dejando de lado los afectos. Quiero que sepas que tienes más de lo que crees para dar. X –Quiso mi buena fortuna tus ojos me mirasen y me encontraran sereno y favorable, con presagio de buen futuro, pero a mí no me hables de compromisos, no pienso ir alegre al puerto de tus esperanzas.   Y –Ahora te muestras así, después que me tienes arrimada en el engaño, me dejas caer. X –¿Dónde está la novedad, por qué el enojo? Siempre te dije la verdad. Y –Tienes más historias que capas, una cebolla, eres un viejo lobo de mar, marinero de aguas turbias, pescador de historias imposibles, obsesionado  se te pone en capricho con pescar algún amor en sus bríos. Después que se te pasa el efecto narcótico del primer enamoramiento lo dejas y te vas. X –Muchos  amores tuve y a ninguna he olvidado. Un día me iré, pero será falso mi abandono me quedaré en tu sombra,  seguiré en tus pasos, renaceré en tus sueños.
El amor xxx
Autor: gonza pedro miguel  225 Lecturas
Te entrego mi adiós Te saqué  una sonrisa en esas pequeñas locas vanidades, E Infinitas gracias a la milonga de tu cintura, que es  un festejo.  Imaginé esos ojos, proyectos de promesas Y fuiste un amor breve, pero te recordaré mil veces. Para el pie cansado el camino es largo. Hay que ser fuerte para alcanzar nuestro relato. Ay! Si pudiera cantar como lloran mis versos ¡Ay! Si pudiera reír como esos versos de lengua ardiente.  ¡Ay de mis pasiones! En el fin de mi alegría.              
Canto por no llorarCanto por no llorar,‭ ‬por todo el amor que me falta y el rencor que me sobra.Miro lo que me ofreces en este jueves de  calendario  y sin vos,‭ ‬Con esta soledad alevosa y tranquila,‭ ‬yo que‭ ‬tenía la tolerancia de un santo‭…‬ ahora‭ ‬ya no hay más‭  ‬paciencia en la espera,‭ ‬sólo espero que el tiempo pase y rápido,‭ ‬y‭  ‬como hace tanto‭… ‬pero tanto que espero; ya sospecho lo peo:‭ ‬que todo el rigor del cielo cae sobre mi pecho y me‭ ‬explotan los celos sobre un campo minado de dudas.‭ Es mejor  para mí, transportarme a los recuerdos de ese primer beso que nos dimos y que cambió todo muestro destino,‭ ‬cuan peligroso son esos besos cuando no los ves venir,‭ ‬porque te roban el alma,‭ ‬el pensamiento y te dejan sin aliento‭… ‬pero ni aun‭  ‬eso me quita el deseo,‭ ‬de volverte a besar hasta quedarme vacio y sin nada,‭ ‬tan sólo con tu mirada.Cuando vos me miraste, yo me aferré a ese dictamen. Quiero que cumplas las promesas que me hicieron tus ojos y regreses con tu pata loca.
Fuego contra fuego,es la espera y la memoria. Perderme en el torrenteDel vinito dulce y sin querer olvidar‭y como mendrugo de pam‭me hago esponja para el vino, ‭hasta que tenga el alma pura,hasta que olvide todo lo‭ ‬que‭ ‬tengode esta cosecha estancada.Si no desisto; el destino nos hará justicia.Aunque te tenga y notan hallado en tus ojoscreyendo ver el tamaño de mi esperanzami fe salió a la espera en vanos intentos.Al oido sordo lanzo mi queja.Uno siempre quiere pero no.Aunque enciende quema y funden tus ojasos; me invitan al sufrimientoy a veces el futuro, es una noche sola... y uno gasta la urgencia, en llegar al alivio de oir tu voz. 
Te dejo unos versos de mi vida para cuando esté en ausencia Llegará el día en que El tiempo, le quita el uso a mi  vida. Ojalá no me encuentre  con La rama seca y  la esperanza marchita. Bajan los años por el monte acelerado, aunque no tengo los pies ligeros, apuran el paso villanos años. La vida en la risa tiene el llanto y yo,  sin saber hacer pena, de mi dolor hago gusto. Si te acosan villanos miedos, piensa: A veces, La muerte no es ruda, en su costumbre de matar te estampa un beso ligero.
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Cuando nos inaugura la intuición,
nos hace lucidos y desgraciados.
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Releyendo mis textos, recorriendo palmo a palmo mi letra me doy cuenta que hay frases, ideas que me sorprenden ¿Cómo están ahí? ¿En qué momento las imaginé? ¿Cómo llegaron a ser parte de mi letra? Entonces percibo que mi palabra vale por sí misma, está protegida de mi ignorancia de aquello que nunca se me ocurrirá, mi palabra tiene ese plus que la hace independiente de mi consejo, ella vive su propia existencia, y así siento dolorosamente esa ajena distancia… pero es mi letra, yo sé que es mi pluma y entonces me siento paternal e importante.
Antes no podía escribir con libertad, ahora me veo protegido contra mi propia impotencia, contra mi miedo o cobardía, me he dado cuenta que mis palabras valen por sí mismas. Es increíble la sensación de libertad que produce el efecto de hallar que mi pluma no depende absolutamente de mí, ella es por sí misma.
Por otro lado pienso, si esta letra no es absolutamente mía, en último rigor a la verdad, nada tengo que ver con ella, y esta es la idea que me mata, esa distancia, esa terrible ajenidad, esa sensación de saber que lo que escribo no es absolutamente mío, sin embargo están absurdo pensar que mi pluma y yo no somos uno.
En sacrificio a la verdad, no puedo dejar de unir mentalmente los dos conceptos, es mí pluma pero la siento ajena y distante.
La agradable ignorancia de pensar que la paternidad de mi letra era toda mía, pero ahí está la intuición con la clara revelación para hacerme desgraciado, para negarme la plena autoría de mi cosecha.
Reconozco mi letra, todavía insegura, próxima desmoronarse con la escasa convicción en lo que dice, pero también está la otra parte, esa pluma vigorosa, como un intruso exponente de lo ajeno, que a mí me deja este sabor amargo de una modesta felicidad.
Esta pluma me da un poco de admiración con su aire desafiante y agresivo, que sabe decir sin callarse sus presentimientos.
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