Encadenadas
Publicado en Dec 14, 2012
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Batía sus membranosas alas al compás de las badajadas de la campana del monasterio, mientras sobrevolaba aquel tenebroso páramo que el fulgor de la noche revistiera de penumbras. Sus afiladas garras se abalanzaron sobre la ingenua víctima, esperando recoger los jugosos fluidos de color rojo que surcaban las venas del moribundo roedor, una vez que sus afilados colmillos se enterraran en el mullido pescuezo. Así, noche tras noche, planeando por este firmamento apagado por los gases que desprendía la fábrica de donde todos los murciélagos partían, para, ansiosos, chupar el premio de su recompensa. Ellos eran los vampiros del mundo salvaje.
 Aquella noche en la fábrica estaba celebrándose una macabra reunión. Cerca de quince malintencionados hombres planeaban el atraco del banco. En la habitación se escucho de pronto un silencio preocupante, quebrantado sólo por el sempiterno golpeteo de las ramas de un sauce contra sus cristales. De pronto una voz de mujer sobresalió sobre el bullicioso silencio, era una implacable jefa, ella sola dominaba y disponía, y sus prescripciones eran acatadas sin rechistar por todos aquellos cobardes procuradores de bienes ajenos. Entre ellos se hallaba un señor regordete, él era profesor de instituto y aquella mañana de viernes había impartido con normalidad sus clases. Entre sus asignaturas estaban la de historia contemporánea, y entre sus aficiones la de escuchar música clásica, en particular la de unos monjes gregorianos, que se vendía en esos nuevos y diminutos discos compactos como los que él adquiría en la tienda que había a dos calles de su domicilio. La chica que atendía aquel comercio era muy agradable, miss simpatía 1993. Ahora, años después perdiera todo el interés por el mundo de ilusiones que encierra la moda, sólo se preocupaba por prestar un trato afable a sus clientes y  mantener el negocio de su familia en píe. Lo había heredado de su tío, un gran comerciante que en los momentos libres componía su propia música y practica que te practica, vihuela en mano, acariciando dulces melodías a sus amores las plantas. En especial a aquella rosaleda roja, encima de la cual se posaban durante el estío unas graciosas mariposas, que revoloteando de flor en flor, de pétalo en sépalo, polinizaban a la vez que se nutrían. Así aunque fuera por pocos días disfrutar de la bella metamorfosis, que la no siempre complaciente naturaleza les concede. Sus colores se resaltaban con la luz que por medio de las ramas de los árboles del frondoso bosque se colaba. Colores cual arco iris que especialmente aquellos días estaba muy presente. Pues sol tras lluvia, lluvia tras sol se entrelazaban hasta el infinito confundiéndose incluso por segundos entre aquel alterado clima que cercaba la ciudad de los sueños.
Insólitos sueños, sobre tristes recuerdos del pasado en el que había sido medianamente feliz rodeado de falsas amistades. Como aquel, que por no ayudarme, prefirió zancadillearme, pero algún día tendrá su merecido. Hoy ha sido ese día, el del juicio de los culpables. En el que nadie se libra de su pena, en el que todo quisque pagará lo que debe y aunque sólo sea durante un pequeño instante recibirá el castigo que tanto pide. Incluso el juez, "hombre de paz" que en más de una ocasión, antes de ser lo que hoy es, fue requerido por la justicia por infringir varios artículos de nuestra legislación. Pero, quién se acuerda en estos tiempos de eso, renombrado como es, que hasta aparece por la televisión, en esporádicas intervenciones como los actores de esa necia serie, que todas las semanas es presenciada por miles de espectadores que no deben de tener nada más interesante que hacer. Contemplar como un galán, bien parecido, besuquea a mujeres despampanantes. Con un diálogo en el cual pululan los monosílabos y  rara vez, asoma entre sus perfectos dientes un vocablo que contenga el menos cinco letras. Mirando esas estulticias también está el dentista que les perfiló sus simétricas bocas. Inyectándoles una fuerte anestesia que atonta incluso al más despierto y extrae viejas muelas para sustituirlas por perlas. Como las que se encuentran dentro de las ostras, deliciosas y costosas al igual que todos los mariscos, que servidos en salsa picante con zumo de limón y bien dorado sobre una parrilla en un restaurante para seducir a consumidores hambrientos como un bonito cuello atrae al vampiro...que... batía sus membranosas alas...
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Foto del autor Julin
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Descripción

Encadenadas

Palabras Clave: Encadenadas

Categoría: Cuentos & Historias

Subcategoría: Relatos



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