Momento
Publicado en Nov 16, 2011
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                                  Caranndor
 
Era una de esas noches en las cuales la luna se hacía tan transparente que pereciera que se podía tocar, y el padre Carlos como cada noche de ellas trepaba al campanario por los peldaños de madera raída para sentarse junto a las campanas, para desde allí mirar una de las maravillas que había creado Dios, pues con la luna en frente de su cara podía viajar tan lejos como los deberes de la iglesia se lo permitían, y sin quererlo se había convertido casi en un espía ya que podía ver las siluetas de las señoras que a escondidas se iban a encontrar con sus amantes. Él lo sabía porque cada domingo en las mañanas las mujeres para liberarse de sus pecados se lo confesaban y sin embargo y a pesar de los consejos del cura, lo repetían una y otra vez.
El frío en aquella noche era de espanto y para apaciguarlo encendió un cigarrillo, parecía una luciérnaga ya que por cada aspirada que le daba, su cara se iluminaba, cuando de pronto y en medio del silencio, el teclear de unos dientes lo hizo salir del trance en el cual se encontraba. Pensó que era algún muchachito de estos que se arrancan de su casa para llamar la atención, y fue por ello que decidió bajar para intentar convencerlo que regresara a su casa. Intentaría no hacer ruido para atraparlo sin tener que correr, pues los zapatos le apretaban mucho los pies, cuando de pronto un resbalón en uno de los peldaños lo hizo avanzar bastante escaleras abajo, dando tumbos y golpeándose repetidas veces, pensaba que Dios lo había llamado a su regazo mientras rodaba escaleras abajo, pero un clavo que estaba un poco asomado, detuvo la caída al engancharse en la sotana.
Señor-dijo a su vez-los clavos en tus manos fueron tres y sin embargo tú con solamente uno me has salvado la vida.
Cuando se reincorporó se asomó a la calle y bajo el campanario que se asoma hacia ésta, encontró a un muchachito el cual al verle empezó a correr. El padre Carlos a pesar de estar adolorido corrió tras él hasta darle alcance.
¿Como te llamas?-le preguntó el cura una vez que lo hubo capturado. A lo que obtuvo por respuesta un mordisco en la mano.
¡Mierda!-dijo el cura, luego de lo cual se persignó y pidió perdón a Dios por haber dicho tal grosería, mientras algo ofuscado tomó al chiquillo del pellejo del lomo como si se tratase de un gato llevado por su madre y lo llevó al interior de la iglesia.
No está de mas decir que le dio un poco de leche y luego lo bañó, ya que el piñén en su cuello lo hacia verse brillante, aunque era pálido y blanco como las velas que cada día se encendían en la iglesia para venerar a los santos.
Eras blanco-le dijo el cura-yo pensaba que eras un niñito venido desde tierras lejanas donde el sol los hace tomar un color achocolatado, tu estabas igual-dijo, dejando escapar una gran carcajada, a lo que el niño le respondió con una sonrisa.
No fue sino al tercer día de estadía que el muchachito le confesó que tenía ocho años y que acababa de llegar al pueblo porque se había escapado de la casa ya que su madre había muerto a manos del borracho de su padre, y él temiendo tener el mismo destino que ella decidió partir.
En el pueblo había algunas mujeres que cuchicheaban que talvez el chiquillo era hijo del cura, por algo lo tenía viviendo en la iglesia, para otras en cambió era solamente porque Dios le pedía que cuidara al prójimo, en fin se decían muchas cosas, y como dicen que el tiempo todo cura con los cuchicheos sobre el muchacho ocurrió lo mismo y no tardó en convertirse en el regalón de las señoras de peinados altos y abrigos de piel, las que perecían competir entre ellas por ser quien llevara el abrigo con la piel del animal mas exótico a pesar de los sermones del cura que les decía que la humildad era parte del ser buenos cristianos, sin embargo bastó una prédica del cura diciendo que debían ayudar al prójimo mientras guiñaba un ojo al muchacho y éste pusiera cara de mendigo, a la usanza de quienes los domingos se ponían en las afueras de la puerta de la iglesia a pedir limosnas, para que al menos una decena de señoras al domingo siguiente llegaran cargadas de regalos para el niño y fue así como no tardaron en apadrinarlo y el cura ni tonto ni perezoso les propuso la idea que le abrieran una cuenta para que si él faltaba un día o tenía que marcharse, lo haría con la tranquilidad de dejar a su hijo protegido con la educación asegurada.
 
Desde aquella noche pasaron al menos diez años y el padre Carlos aspiraba a que su ahijado se convirtiera al igual que él en un sacerdote para ayudar a los necesitados del pueblo o de otro lugar donde hiciera falta la mano de Díos, pero al muchacho se le hacía muy fácil todo lo que tenía que ver con números y estaba decidido a estudiar arquitectura.
El cura en tanto soñaba con ver a su ahijado junto a él diseñando y construyendo casas para los mas necesitados, sin embargo una carta venida desde el vaticano mismo, quebró todos sus sueños de verse junto al muchacho diseñando casas, pues esa carta llamaba al padre Carlos a viajar a Roma por al menos cinco años, motivo por el cual debía llegar otro cura en su reemplazo.
La despedida de su hijo adoptivo y de los fieles del pueblo fue entre lágrimas y todos ya que el cura era una persona muy especial para todos y como habrán de suponer el encargado de la iglesia y todo el lugar mientras llegaba el nuevo sacerdote fue aquel muchacho que si bien nunca dije su nombre, se llamaba Carlos al igual que el sacerdote.
Era una noche de luna llena y Carlos al igual que el sacerdote acostumbraba mirar la luna, cuando el ruido de un auto, lo hizo salir de su trance y bajar la mirada hasta la puerta de la iglesia, pues el auto se detuvo frente a dicho lugar.
Con mucha prisa bajó del campanario y encendió las luces para luego abrir la puerta al recién llegado.
Al mirar al hombre que bajaba del auto pudo ver a un señor con rostro demacrado y una sonrisa burlesca, de unos sesenta y algo años.
Soy el padre Gustavo-dijo-tu debes ser Carlitos…, el padre Carlos me habló muy bien de ti, también me dijo que debías partir en estos días a la universidad. Pero antes de irte debes ponerme al tanto de cuanto ocurre y como funciona toda acá.
Para mi será un placer padre Gustavo-respondió Carlos-su antecesor quería que siguiera su mismo camino, pero me he inclinado por estudiar arquitectura, para poder hacer casas para que vivan los pobres, es algo que el padre Carlos me ha inculcado mucho.
Veo que Dios te ha puesto en mi camino-dijo el padre Gustavo-y para celebrar, ésta noche abriremos una botella de un vino que me dieron antes de abandonar el pueblo en el cual estuve, es un muy buen vino.
Y fue así como transcurrieron las horas y luego de una botella pasaron a la otra y a la otra, y a la otra, en fin fueron cerca de cinco las botellas que bebieron aquella noche.
No fue sino al día siguiente y cerca de las once de la mañana cuando Carlos se despertó con un dolor de cabeza horrible y al tirar la ropa de la cama hacia atrás para levantarse descubrió que sus sabanas tenían una gran mancha de sangre, al darse cuenta de lo que había ocurrido, corrió hacia la cocina, tomó un cuchillo, estaba decidido a darle muerte al padre Gustavo, pues por la mente de Carlos se dieron vuelta miles de imágenes del padecimiento que talvez debieron pasar otros jóvenes o niños al igual que él, cuando al cerrar el cajón del cual había sacado el cuchillo, al levantar su mirada vio una foto del padre Carlos. En ella estaba tan sonriente como de costumbre y fue por ello que abrió el cajón y dejó el cuchillo en el mismo lugar.
Sumido en la pena y la desgracia, tomó algunas de sus ropas y todo el dinero que le dejara el padre Carlos además de los papeles en los cuales estipulaba que estaban pagados todos los estudios hasta que saliera de la educación superior, con la vista perdida y fija en el suelo dejó la iglesia para partir rumbo a la capital.
Una vez que hubo llegado, encontró muy cerca una pieza para arrendar, si bien no era lujosa, el piso no era de madera, pues en un viaje anterior muy cerca de allí había estado en una de ellas, las chinches no lo habían dejado dormir en toda la noche.
Los días pasaron y pronto llegó la hora de entrara a la universidad, momento en el cual empezaban a correr los gastos para su educación que con tanto cariño le dejara el padre Carlos y sus madrinas del pueblo, de quienes no había podido despedirse ya que el dolor y la vergüenza eran demasiado grandes.
Carlos se había recluido en su habitación y lloraba casi todas las noches por la desgracia que le había tocado vivir, primero en su niñez y cuando creyó haber encontrado la felicidad le era arrancada como quien arranca las alas a una mariposa.
Las heridas de su cuerpo no tardaron en sanar, pero en su memoria aquello daba vueltas una y otra vez. El dolor de sentirse traicionado era enorme y llegaba a dudar que el tiempo pudiera borrar aquella huella.
Una noche soñó que iba a conocer a un amigo, pero pasaron los días y ello no sucedió, cuando de pronto y luego de salir de la universidad y tal como ocurriera en el sueño pasó a tomar un café y mientras estaba sentado junto a la barra vio al hombre con el cual había soñado, era casi de su misma edad, pero éste tenía el pelo rubio.
Se sentaron a tomar un café y luego conversaron un largo rato para luego cada quien tomar su camino.
No fue sino hasta la semana siguiente cuando se encontraron en el mismo café, salvo que esta vez decidieron salir a beber algunas cervezas para conocerse un poco más, fue por ello que Carlos se entregó a la confianza que le inspiraba aquel amigo y fueron a parar a un bar, lugar en el cual mientras bebían unas cervezas llegó una mujer. Por el aroma de su perfume y como vestía, no había duda que se trataba de una prostituta.
El amigó no tardó en perder la mano entre el corto vestido de la mujer y pronto salieron los tres a la calle, buscaban un rincón oscuro ya que Carlos no acepto ir en compañía de la mujer y de su amigo al lugar donde se hospedaba ya que podía ser expulsado y fue por ello que en un rincón obscuro el amigo de Carlos de un tirón le arrancó los sostenes a pesar de la negativa de la mujer de entregarse antes de recibir el pago.
Carlos oculto entre las sombras partió a ayudar a la mujer cuando sintió un golpe frío en su espalda el cual no tardó en convertirse en una llama que le quemaba y mientras se desvanecía podía ver al proxeneta como se llevaba a la mujer a tirones, mientras que el amigo corría hasta perderse en la oscuridad de la noche.
No fue sino tres días más tarde que despertó en una camilla a las palabras poco dulces de una enfermera rechoncha que le decía que se despertara.
¿Dónde estoy señorita?-preguntó Carlos. En el hospital pues mijito-respondió la mujer-te trajeron unos policías que te encontraron tirado en una calle. Luego de aquellas palabras se volvió a dormir.
Pasó una semana cuando fue dado de alta y al llegar a la residencia donde vivía se encontró con su amigo el cual se había apoderado de las llaves y ahora compartía la habitación con él.
Gracias por ir a verme al hospital-le dijo Carlos-hubiera deseado compañía.
Estabas bien cuidado-le respondió el amigo-yo no hubiera hecho mas que estorbar a los doctores o las enfermeras.
Un amigo se conoce por estar en las malas situaciones-dijo Carlos-si supieras la vida que me ha tocado vivir, te darías cuenta del porque necesito compañía. Y fue entonces cuando empezó a contar toda la historia que en su vida le había tocado vivir.
De ello pasó algún tiempo y Carlos decidió regresar al pueblo para visitar a sus madrinas y darles las gracias por todo lo que lo apoyaron durante su niñez y ahora que ya estaba estudiando era gran parte gracias a los aportes generosos de esas señoras, sin embargo ésta vez no haría solo su viaje, viajaría en compañía de su amigo Raúl para presentarle a todas las señoras que tan bondadosas fueron con él en el pueblo.
 
Y que le pasó a su amigo que vino solito-dijo la señora Carmen, pues sería ella quien lo hospedaría durante las dos semanas que durara su descanso.
Salió a conocer el pueblo-respondió el muchacho, quien apenas dejó sus bolsos salió a recorrer el pueblo saludando a todo cuanto conocido se encontraba en el camino, siendo a la única persona que no quería encontrarse nunca mas en la vida al padre Gustavo, bueno de mas está decir el porqué.
No tardó en llegar la noche y trepando por uno de los muros de la iglesia llegó a la base del campanario para desde allí mirar la luna y recordar sus tiempos alegres vividos junto al padre Carlos, lugar en el cual estuvo largas horas meditando, cuando de pronto al voltear su mirada hacia la habitación que dormía el padre Carlos, claro ahora la habitación del padre Gustavo, vio una silueta reflejada en el vidrio, de inmediato le vinieron a su mente los recuerdos…
En la casa de la señora Carmen en tanto, apenas cayó la noche y al ver que Carlos no regresaba, la señora se dedicó a revisar los bolsos, tanto de Carlos como de su amigo Raúl, fue entonces cuando encontró algo extraño, el bolso que debía ser de Raúl estaba lleno de revistas y no había una ropa siquiera.
Fue como si un balde de agua con hielo se dejara caer sobre la espalda de la mujer quien no tardó en llamar a la policía pues sospechaba que algo malo podía suceder, y en efecto no estaba equivocada, pues al no encontrar a Carlos, la policía decidió entrar a la iglesia en su búsqueda y no fue sino hasta llegar a la habitación del padre Gustavo que encontraron a Carlos sentado junto al muro con la vista pegada en el techo como si mirara a alguien, mientras que en la cama el padre Gustavo yacía con un cuchillo enterrado en su espalda.
La mirada del muchacho parecía perdida mientras las luces blancas y rojo del auto de la policía avanzaban para llevarlo tras las rejas.
No fue sino el día del juicio, cinco meses después cuando el padre Carlos pudo regresar al país para estar en compañía de su hijo.
¿Porque lo hiciste hijo mío?-le preguntaba el padre Carlos­, mientras un sin numero de lagrimas rodaban por sus mejillas-¿Por qué hijo mío? Si yo te crié como a un buen hombre y ahora le pagas así a la casa de Dios que te dio cobijo.
No fui yo padre quien le quitó la vida-dijo Carlos-fue Raúl, yo solamente llegué a la habitación y el padre Gustavo tenía un cuchillo enterrado en su espalda, ahora no tengo nada padre, lo perdí a usted, y ahora perdí a Raúl que era mi único amigo.
¿De que Raúl me hablas?-preguntó el padre Carlos-si apenas había llegado a Roma recibí la noticia que el padre Gustavo había sido asesinado. Hijo mío estás enfermo, estuviste tres días sentado junto al cuerpo del padre Gustavo, le diste muerte a la mañana siguiente de su llegada a la iglesia.
                            Fin.
 
 
 
 
 
 
 
 
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Palabras Clave: momento

Categoría: Cuentos & Historias

Subcategoría: Ficcin


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