LA OPERA MALDITA
Publicado en Mar 26, 2010
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                                               LA ÓPERA MALDITA
                    La orden de seguir vino de arriba, aunque nadie pudo fehacientemente comprobarlo. Solíamos estar preparados para resistir largas horas sin parar de tocar, pero esa noche algo fuera de lo común estaba sucediendo delante de nuestras propias narices; o mejor dicho, de nuestros propios oídos.
                 La ópera constaba de cuatro actos y duraba aproximadamente cinco horas, lo que era ya de por si, una representación larga. Sucedió que, de pronto, el tercer acto  no terminaba nunca. No era nuevo en nuestra profesión que a veces esas cosas sucedan, debido generalmente  a los "tempi" excesivamente lentos que los cantantes se tomaban para sus arias, o a la pesada mano de algún vetusto director, pero  esa noche el tercer acto se había alargado más de la cuenta; estábamos exhaustos, necesitábamos parar para tomar aunque sea un poco de agua. Tocábamos y tocábamos y sin embargo en nuestros atriles todavía nos sobraban páginas para ejecutar.
              Apelamos al sentido común y resolvimos mandar a alguien a averiguar qué era lo que estaba sucediendo, quién nos estaba tomando por estúpidos, porqué  nos cambiaron la música sin consultarnos. Uno de los violinistas, elegido al azar, el que estaba más cerca de la puerta de salida de nuestro foso, fue el encargado de hablar con las autoridades. Pero ni bien dejó de tocar y abandonó su lugar de trabajo, cayó muerto al lado de su atril. Esto provocó tal alboroto que lo mismo les sucedió a los que quisieron ayudarlo. La conclusión fue unánime. El que dejaba de tocar fallecía al instante por causas  que nos eran desconocidas hasta ese momento. Sin quererlo, habíamos caído en una gigantesca trampa mortal. Los que dejaban de trabajar se morían instantáneamente y los que seguíamos  tocando  nos esperaba un futuro de hambre y sed. ¿Quién había ideado semejante acto de barbaridad?
              Las horas seguían pasando, ya no quedaba nadie en el teatro, ya no sabíamos porqué ni para quién cumplíamos con  nuestra  pesada labor. Las consecuencias no tardaron en llegar. La sed se tornó insoportable, los más viejos caían como moscas, los más jóvenes resistían como podían. Faltaba el aire, el calor transpiraba por las paredes como si tuviesen fiebre. La consigna era aguantar hasta encontrar una solución al misterioso conflicto  cuyo  origen desconocíamos por completo. Lo primero era saber porqué los músicos se morían al abandonar su atril. Si lográbamos solucionar este escollo, quizás una luz se vería al final del túnel. 
          La solución la dio alguien de los bronces al descubrir sobre el smoking de un compañero que yacía en el piso, un diminuto dardo clavado en su solapa. Uno o varios francotiradores estaban apostados en la platea, pero la oscuridad les otorgaba un manto de impunidad. Usamos nuestros atriles como escudos y los que pudimos  logramos escapar, pero cuando salimos del foso descubrimos que el teatro se había derrumbado; la puerta de nuestro querido foso estaba taponada de escombros. La única solución era salir por la platea y enfrentar a los francotiradores. Armamos un túnel con los estuches más grandes, logramos atajar los dardos y fuimos lentamente pasando a la platea.
                 Cuando el último de los músicos  sobrevivientes logró escapar del foso, el director dio por concluido el tercer acto; así lo estipulaba la partitura. Nosotros, ahora, estábamos sometidos al influjo de su insólito poder. Nuestro destino estaba ligado al  autor de esta partitura a tal punto que ya no distinguíamos una cosa de la otra. Una maldición se había desatado sobre nuestros hombros. ¿Quién había escrito esta opera maldita?
           Los  que aún quedaban en la platea (quizás eran los francotiradores) aplaudían a rabiar y elogiaban la originalidad de la puesta en escena. "No se vayan muy lejos que todavía falta un acto" nos dijo el maestro. Miré la partitura y fue como ver el futuro incierto que nos esperaba.
           Era inútil escapar del cuarto acto, el más largo de todos, el que transcurría con el  teatro  vacío, el que sucedía con los restos de lo que alguna vez fuimos. Todavía lo seguimos ejecutando.
                                            GABRIEL FALCONI
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Descripción

Palabras Clave: TEATRO OPERA

Categoría: Cuentos & Historias

Subcategoría: Relatos


Derechos de Autor: RESERVADOS


Comentarios (28)add comment
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Edgar Cabezas

Tremendo!! me imagine tocando en ese foso. yo soy estudiante de musica. mucho axito en la orquesta maestro.
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June 29, 2011
 

Stivaly Maestre

Wow! Wow! que cuento! muy bueno me gustó mucho... Saludos
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June 25, 2010
 

gabriel falconi

es cierto ana y veneno
lo de los francotiradores está de mas
lo voy a tener que corregir
gracias
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June 24, 2010
 

Veneno

Señor Falconi, ha de saber usted ya que gusto de su narrativa, algunos imprecisos, que no alteran la historia y que pasan desapersividos ante los ojos del expectador normal. Excelente texto.

Un abrazo desde el Jardín del Odio.
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June 24, 2010
 

LORENA LOO LOO

Me gustó
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June 24, 2010
 

Ana di Cesare

La historia es muy buena, desde el título.
Pero al igual que Inocencio y Miguel, creo que da para mucho más. Simplemente leyendo los primeros párrafos, una sabe que podés hacerla crecer.
Si me permitís, pierde fuerza con lo de los francotiradores.
La condena a tocar un acto eternamente es fabulosa. Especialmente porque los teatros líricos son misteriosos, y la ópera tiene un embrujo particular.

Saludos
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June 24, 2010
 

gabriel falconi

miguel
tenes razon da para más esta historia... musicos atrapados en una opera erterna de la cual les es impsoble sair
gracias por tus sabios consejo
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April 23, 2010
 

miguel cabeza

Pienso como Inocencio. El material de este relato es buenísimo... ¡Te llama a no poder salir todavía de esta función! Sigue "tocando" por favor.

Abrazos
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April 22, 2010
 

diana ledesma

que gran historia
a eso le llamo
inspiracion
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April 17, 2010
 

gabriel falconi

inocecncio
tenes razon en realidad iba a ser mas largo tipo la autopista del sur de cortazar
muy inteligente tu apreciación
abrazo y gracias
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April 17, 2010
 
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