Una tarde cualquiera
Publicado en Apr 12, 2022
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Fue una de esas tontas jornadas donde mi alma andaba suelta y callejeaba por las brillosas aceras del centro citadino, sin rumbo fijo, obnubilada por la tonalidad del ocaso que se obscurecía con un suave matiz azulino y con el colorido destellar de los escaparates de las tiendas que comenzaban a encenderse. 
Recuerdo el soplido suave de una brisa ingenua y extraviada que se arrastraba por el suelo correteando las últimas hojas secas del otoño.
Si en ese instante me hubieran dado deseos de gritar en plena vía pública, o me hubieran dado ganas de bailar sin ninguna causa aparente, no me hubiera parecido algo extraño, pues todo en ese día había sido indeterminado, como si el destino, de manera premeditada, me hubiera abierto una expectante pausa…
Movida por un raro impulso, recuerdo, me había dado una ducha rápida y al salir busqué en mi ropero una apropiada tenida vespertina:  Vestido negro de tela satinada bien ceñido al cuerpo y con escote en ve abierto, recatado y elegante; un ligero pañuelo de seda rosa al cuello y una fina capelina blanca de macramé. Calcé mis pies con esos finos tacones altos que solo las expertas pueden usar. Pinté mis labios con un rojo desafiante y puse delicadamente, en torno a la seda del cuello, mi Savage de Christian Dior, el que posteriormente fue dejando a mi paso una arrobadora y fragante estela llena de sueños, desde el abandonar mi departamento y la incierta aventura de la calle, sin preguntas ni respuestas, solo caminando por las nubes y en dirección hacia la nada.
En medio de la magia ignota que me sobrecogía y caminando con pasos leves sobre la acera, llegué hasta las impolutas mamparas polarizadas del Flamingo,  elegante sitio ya por mí antes conocido donde se podía conversar tranquilamente y gustando un buen trago.                                                                                                                            Al entrar el encargado me saludó muy solícito y sonriente y me preguntó si deseaba una mesa, respondiéndole que prefería la barra. Insistió en saber si alguien me esperaba y le respondí: ¡La soledad!,  queriendo hacer una gracia, pero no me alcanzó, siquiera, para una mentira, porque el chiste terminó siendo una verdad enorme.                                                                                                                                Largos minutos estuve sentada en el alto taburete, apoyada con el codo en el mesón, cruzada de piernas y con buena parte de mis muslos desnudos en exhibición, degustando algunos vermús con tres aceitunas, como a mí me gustaba. Tenía al frente una iluminada estantería completa con botellas de licor, todas alineadas perfectamente y reflejándose en el inmaculado espejo trasero que cubría toda la pared. Entre sus diversas formas y los colores diferentes de sus contenidos logré ver mi rostro claramente reflejado en él y por un momento se me antojó que ese fulgor fue una extraña expresión real que me preguntó: ¿Qué hacía yo en ese lugar y en tanta soledad?
Aun no deduzco con claridad si la pregunta salió inicialmente de mi cabeza o lo fue de la boca de aquel risueño y apuesto señor de ojos claros, de recortada barba levemente cana y vestido refinadamente de sport, quien estaba parado, muy resuelto, por detrás de mis espaldas…
Lo que después vendría es materia para otra historia, porque lo recientemente relatado fueron las primeras e inesperadas circunstancias que me llevaron posteriormente a entablar con aquel estupendo varón una placentera y maravillosa charla de prolongadas horas, acompañada de bastantes vermús bien secos y un cómodo ambiente íntimo que convirtió la nada en una eternizada pausa compuesta de sueños, dichas, encantos y muchas metáforas poéticas:
 
“Nunca se sabe lo que el destino nos depara”.  
Página 1 / 1
Foto del autor aljana pausinni
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Descripción

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Palabras Clave: ocaso -soledad

Categoría: Cuentos & Historias

Subcategoría: Relatos



Comentarios (4)add comment
menos espacio | mas espacio

Abril

Me genera una plena concentración leerte
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April 18, 2022
 

aljana pausinni

¿Significa ello que te agradan mis cuentos...? De ser ello cierto, entonces, déjame explicar que las historias que escribo tienen una buena dosis de ciertas.
Muchos cariños, Abril.
Aljana
Responder
April 18, 2022

Raquel

No!! . Nuca se sabe lo que el destino depara, pero ¡ con tanta elegancia , con ese vestido pegado al cuerpo, con ese rosa pañuelo, con esa capelina de macramé a lo que se suma unos tacones altos que sola una experta como quien los calzaba los podía llevar, creo que sí se puede estar segura de lo que depara el destino: Un amor como sacado de los sueños donde late el corazón de tan solo soñarlo..!
Espero que en próximo relato ese caballero de ojos claros y de recortada barba cana también haya encontrado lo que el destino le deparó. .¡Estoy segura que así será!--
Brindo porque así sea...Rq
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April 18, 2022
 

aljana pausinni

Es claro, querida amiga, que la experiencia nos permite alcanzar ventajas en el tema de vestirse y, aparte de ser entretenido termina siendo una grandiosa estrategia. Sin dudas existen diferentes formas de elegir estilos; yo prefiero la elegancia y dentro de ella, el misterio.
Hasta pronto, Raquel.
Aljana
Responder
April 18, 2022

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