A-VERÓNICA Y EL CASO DEL CORTIJO JURADO
Publicado en Jan 05, 2022
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                                                     AUTORA: mARIAN MILLER
VERÓNICA Y EL CASO DEL CORTIJO JURADO

 


 
 
 
            A mis lectores, por darme luz en la oscuridad…
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
        El secreto para seguir adelante, es empezar ( Agatha Christie)
 
        Si el Espíritu nos da la vida, andemos guiados por el Espíritu ( Gálatas 5:25)
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
VERÓNICA Y EL CASO DEL CORTIJO JURADO
 
 
Érase una vez una mujer de treinta años, con el pelo blanco, llamada Verónica Olmes, a quien le encantaba las apacibles noches de verano…
 
 
CONVENCIÓN PARANORMAL ( Madrid 1999)
Había alquilado un piso cerca de la estación de trenes, de Atocha, me parecía un comienzo romántico, porque como las chimeneas, no había nada más nostálgico que ver partir un tren, con algún pañuelo sacado por la ventana, como besando en la distancia a alguien amado. Solté mis maletas, a mis gatas (Marlene y Greta) y coloqué las fotos de mis hijos, porque sí, había sido madre, aunque por las noches no les arropase, en fin, la vida, que no siempre trae bonitos recuerdos. Esa misma tarde iría a la Primera Convención de Casos Paranormales en España, había quedado con mi compañero de carrera, Víctor, se había especializado en Derecho Penal, y en la última investigación acudió a una médium, por consejo mío, para resolver un caso, y funcionó, por lo que se había aficionado a ese tipo de eventos, que para una mente inteligente no significaban nada, más bien una cultura de gente algo analfabeta, pero bueno, cuando tienes una buena experiencia, siempre crees en lo que te convenga. Todo ese mundo lo conocía bien, porque de pequeña experimenté ciertos sucesos sensoriales, que mi madre, como persona sensible, empezó a darle importancia y me ayudó a desarrollar, para muchos solo era intuición. Cualquier otra madre práctica lo vería como una excentricidad de niña aburrida,  que quizás hubiese quitado la tontería con alguna bofetada, pero mi madre creía en Dios y rezaba, así que me animó a sentirme algo especial, en vez de rara. Echaba de menos a mis padres desde que murieron, pero no tanto como a mi hermana Magda, ya saben, la vida y sus artimañas. Me desnudé, tomé la ducha, y mis gatas mientras arañaban el enorme rascador que hice traer antes de mi llegada. Me coloqué el albornoz blanco, de mangas de murciélago, que la mayoría de las veces hacía de bata, cubrí mi pelo con una toalla del mismo color, y me puse a ver una película (me gustaba el cine, la literatura y el teatro, pero no era una experta en nada), pedí una pizza, no tenía comida, a la salida de la convención haría la compra de la semana. Sonaron unos pasos en el descansillo, y no pude evitar observar por la mirilla, era mi vecino de enfrente, llevaba un maletín, parecía que con partituras, porque recogió algunas cuando se les cayeron al tropezar con el escalón de la entrada. Creo que se dio cuenta, porque giró la cabeza, me asusté, pero no hice ruido para que su presentimiento no fuera realidad, deseaba un buen comienzo, porque quería quedarme, quería instalarme hasta poder arreglar todo lo que se destrozó en mi vida, no me gustaban los cambios, y me había parecido el lugar adecuado para pasar desapercibida, si es que lograba sentar la cabeza profesionalmente, algo importante para que sentimentalmente fueses valorada, y esperaba que Víctor me ayudase, por eso le llamé, le comenté lo que ocurriría ese día, sabría que le interesaría, y ojalá me ofreciera un trabajo, cuando supiera que había vuelto a Madrid, donde pasé parte de mi juventud, en la capital, en la ciudad donde encuentras todo lo que necesitas para vivir en libertad, no siendo castigada, si te confundías.
Después de comer, me tumbé en el sofá, me daba tiempo descansar un poco antes de ver a Víctor. Estaba un poco nerviosa, y quería que me encontrase relajada, porque si me veía algo desequilibrada, no me daría ningún puesto. Antes de coger el sueño pensé que esa mañana había aterrizado en el aeropuerto Adolfo Suárez con la esperanza de olvidar, a la vez  recordando lo ocurrido en el último año, quizás por eso mi pelo se transformó en algo extraño, aunque cuando me miraba al espejo, pensaba: he amado, me han abandonado, he llorado, pero he conocido la pasión e incluso me han dicho “je t`aime“, mientras mi cuerpo era acariciado. Una historia normal, cuando la suerte es casi tu enemiga, así que deseaba poder continuar con mi vida, algo simple, que a veces se complica. Me daba un poco de pereza todo, hubiera preferido llegar a Madrid, vivir de forma sencilla, conocer a gente tranquila con la que relacionarme, ver películas, escribir poesías, permanecer donde nada me pudiera hacer daño, o que me pudieran acusar fácilmente de algo, pero debía integrarme socialmente, por mis hijos, si quería volverlos a ver, debía llevar una vida normal, y aunque heredé de mis padres, dándome la posibilidad de sobrevivir sin trabajar, no era una forma adecuada de existir, porque vivimos para intentar ser felices, no para subsistir de forma casi miserable, había que luchar por tener la mejor vida posible, no conformarse con poder comer y vestir de forma humilde. Cogí el sueño rápidamente, sin haber puesto ninguna alarma, me había vuelto la fea costumbre de la adolescencia de acariciarme el suave vello púbico para relajarme. Sabía que estaba mal, pero me ayudaba a entrar en esa especie de vigilia, donde todo el mundo es igual, y no se recuerda nada. Al cabo de la hora mis gatas me despertaron, el pelo lo tenía totalmente seco, tocaba ponerse guapa. Deshice las maletas, elegí la ropa (unos pantalones negros, una chaqueta negra ajustada, sin nada debajo, con un poco de escote, unas bailarinas con algo de tacón y un bolso parecidos a los de Chanel 2.55, sin ser de marca), no me daba tiempo a plancharme el pelo, así que me haría un moño alto, algo informal, que le diese un toque cool junto a mis gafas. Miré mi armario y sonreí, todo era negro, blanco y gris, de Adolfo Domínguez, un capricho dado con la herencia, ya que tenía que cuidar mucho mi apariencia. Sabía que eran colores muy serios, pero tampoco me apetecía vestir de otra forma, además creía que así pasaría mejor desapercibida. No sé porque me había pasado toda la vida intentado no llamar la atención, como si tuviera que ocultar algo, pero la realidad es que no lo había conseguido, aunque en Madrid lo iba a intentar con más ganas, mi nueva ciudad era como la última oportunidad de hacer algo bien en la vida. Mientras paseaba sola por las calles de una ciudad casi desconocida, me preguntaba cómo sería sentirse protegida por alguien que amas. No había tenido suerte con los hombres, incluso me habían maltratado, y cuando sentía la soledad, me daba la curiosidad por saber qué clase de seguridad da sentirse querida y respetada, creo que no lo conocía, tal vez en la niñez, pero estaba tan lejos, que había pasado a ser un sentimiento nuevo para mí. Tropecé, y volví a pensar en Víctor, sabía que sería prudente, que no me haría preguntas impertinentes, supondría el motivo de mi llamada, porque de algo se había enterado, los rumores corren rápido, así que estaba casi segura que no me haría sentir mal, que pasaríamos un buen rato, sin tener que mencionar a Málaga.
-          ¿Verónica?
-          Sí, que alegría de verte
-          ¿Qué le ha pasado a tu pelo?
-          Pensé que lo sabrías, te hubiera avisado, para que no te sorprendieras
-          Perdona, ha sido una imprudencia, estás guapa, estás guapa con todo, y con ese cuerpo quien necesita algo más
-          Gracias
-          Te presento a Raúl, mi pareja actual, os llevaréis bien, es crítico de arte
-          Que interesante, como siempre digo, no soy experta en nada, pero me gusta todo tipo de arte, así que seguro que aprendo algo a tu lado, si nos vemos mucho
-          Seguro que sí
-          Gracias por venir, no tenía claro si llamarte, pero quería que supieras que he vuelto a Madrid, no sé si te has enterado…
-          No te preocupes, puedo imaginar muchas cosas, por eso desde el Lunes empezarás a trabajar en el despacho, ya te he puesto una mesa, necesito una secretaria, me es difícil llevar todo, porque me han aumentado los casos.
-          ¿De verdad?, ¿harías eso por mí?
-          Sabes que soy hijo único, y para mí eres familia, haría lo posible para ayudarte, y más después de todo.
-          Gracias otra vez
-          No pasa nada, luego te doy la dirección
-          Vamos a entrar, el tema son los fantasmas
-          ¿Has visto alguno?
-          He visto tantas cosas a mis treinta años
-          Pasemos querida
La convención duró cerca de la hora y media, primero dieron unos datos básicos sobre el tema, y luego escuchamos casos verídicos, para demostrar su existencia. Raúl parecía un poco reacio a todo, pero Víctor estaba muy interesado, y para mí era muy positivo, así me vería como un poco imprescindible, sin tener que volver a llamar a ninguna médium, si es que la investigación lo necesitaba. Creo que lo hizo por eso, quizás no me hubiese llamado a Málaga para que viniera, pero una vez que se enteró que estaba aquí, seguro que pensó que quien mejor para acompañarlo, algo le podría decir, porque ningún gesto se me escapaba, era como una bruja, quizás algo fracasada.
Salimos algo cansados, le pedí el teléfono al profesor que dio la conferencia, nunca se sabe lo que vas a necesitar en la vida, y ahí empecé a trabajar, Víctor sonrió, y me dijo ” bien hecho”. Me costó, no quería, y aunque se lo pidieron muchas personas, cedió a dármelo a mí, porque le comenté sus libros, los que había leído, diciendo que era una crítica literaria, y le quería telefonear cuando fuese a su ciudad para hablar sobre ellos. Una mentirijilla, pero en este mundo ese pecado, ya casi se veía como necesario. Cedió a dármelo, a regaña dientes, porque estaba jubilado, y solo se dedicaba a dar alguna conferencia por compromiso, nada me meterse en terrenos más profundos, pero pensó que sería una buena publicidad para sus libros. Sonreí, y fui con el papel hacia mis amigos, contenta. Víctor casi chilló: “vamos a la Latina a tomar algo, se ha hecho tarde, y quizás no tengas nada para cenar en casa”. Era cierto, así que no lo dudé ni un segundo.
Fuimos a una tasca muy cerca del teatro, cuando era universitaria me movía mucho por ese barrio, iban muchos actores, y a mí  me había dado por coleccionar autógrafos, tenía una caja preciosa de cartón llena de ellos. Nos sentamos, pedimos unas raciones, un buen vino (la cerveza, con los críticos de arte, no eran muy bien vistas). Tuvimos una conversación muy amena, sin mencionar nada sobre mí, más bien todo lo relacionado con Madrid, como seguía en obras, como nos estábamos introduciendo en el mundo de la tecnología, y yo suspiraba porque me iba a costar trabajo ponerme al día, no me llamaba la atención, por lo que significaba que no me iba a convertir en ninguna experta, como casi siempre me pasaba con todo, pero me manejaba, sabía sobrevivir, es lo que pasa cuando enfermas, te maltratan y lo vives sola, sin apoyo de nadie, eso significaba que podías con casi todo en la vida, incluso con la cisterna, si es que se atascaba. Me di cuenta que en la mesa de enfrente no paraban de mirarme, no sabía por qué, quizás por mi pelo, pero en Madrid encuentras de todo, así que imaginaba que no. Coquetee un poco con la mirada, llevaba tiempo sin estar con alguien, y aunque algo me asustaba, después de haber vivido una experiencia terrorífica, me salía la feminidad al intentar ser seducida. Entonces me di cuenta, y paré, era mi vecino de enfrente, quien se levantó, cuando pensó que me había incomodado
-          Buenas noches, vecina
-          Buenas noches
-          Perdona si te he intimidado, es que sabía que te conocía de algo, y he tardado en identificarte. Te vi cuando viniste semanas atrás, para traer algunas cajas, ya sabes el pelo
-          No pasa nada, me llamo Verónica. Estos son mis amigos Víctor y Raúl
-          Encantado, yo soy Charly, para lo que necesites, estoy al lado
-          Gracias, lo mismo digo
-          Hasta pronto
-          Hasta pronto
No sé porque me entró la timidez de la juventud, no quería tener ninguna historia sentimental, y menos con un vecino, esperaba que no me hubiese mal interpretado por coquetear un poco. Me puse nerviosa, mis amigos se dieron cuenta, y decidimos marcharnos a tomar una copa, pero les dije que estaba cansada, y quería hacer cosas en la casa al día siguiente, solo tenía el fin de semana para instalarme adecuadamente, ya que el lunes empezaba a trabajar, y luego todo sería más complicado, al carecer de tiempo. Me acompañaron a coger un taxi, estaba cerca, pero por la noche es peligroso pasear sola, y más por ciudades donde eres casi una forastera. Nos dimos un beso, y Raúl me dijo “buena suerte”, a lo que contesté que gracias, porque la necesitaba, necesitaba toda la del mundo para poder arreglar mi vida, y creo que él lo sabía. En el taxi pensé que quizás mi pelo no me haría pasar desapercibida, pero no quería teñirlo, quería recordar una de las consecuencias de todo, ya formaba parte de mí, me había acostumbrado, y bueno era blanco, no violeta, el color del maltrato. Llegué en cinco minutos, besé a mis gatas, me puse el pijama de satén, como toda mi ropa interior, y me tumbé a dormir, sin pensar en el pasado, visualizando un buen futuro, por lo menos tranquilo, no sé dónde había leído que cuando quieres algo, debes proyectarte con ese objetivo, verte formando parte de él, para poner todas las buenas vibraciones en la correcta dirección, así que, pensando en ello, me quedé dormida, sin miedo, y casi sin darme cuenta, por supuesto ayudada de pastillas. Desde que las había empezado a tomar, no temía pesadillas, descansaba siete u ocho horas, sin ningún monstruo que enturbiase la letanía, pero esa noche sucedió algo, casi sin ser consciente empecé a sudar, a suspirar, sentí calor, a pesar de verme desnuda, empecé a notar golpes en mi cara, como me cogían las muñecas, quería despertarme pero no podía, abrí las piernas, y  no sé porque empecé a sangrar, o eso me parecía. Suspiré más fuerte, me dolía el cuerpo, estaba inmovilizada, llorando, gimiendo de dolor, me tiraron del pelo, pero no veía nada, lloré más fuerte, me estaban violando, golpeando, y nadie hacía nada, mis gatas solo miraban, hasta que me desmayé del dolor, de la desesperación, y caí  ante los que mandaban. Entonces me desperté, ya era por la mañana, había sido una pesadilla, porque no había sangre en las sábanas, aunque estaba muy despeinada. Que tormenta había pasado, sin comprender el motivo de volver a tener esos sueños tan angustiosos, cuando me encontraba psicológicamente cada vez mejor, más tranquila. Fui al baño a darme una ducha, puse el agua muy caliente, el vaho hacía de niebla, mientras suspiraba, estaba realmente agotada, cuando había descansado más de diez horas. Me desnudé, no me veía en el espejo, así que le di con la mano, y lo vi: tenía la espalda llena de moratones, casi sangraban, también el cuello y las muñecas ¿Qué era lo que había pasado?, me asusté, me eché para atrás, ¿me habían violado?, no comprendía nada. Fui a la puerta, estaba echada por dentro, y el pestillo sin tocar. Vivía en un quinto piso, sin balcón, con las ventanas cerradas, ¿Qué es lo que pasó?. Mis gatas estaban tranquilas, comiendo, y jugando entre ellas. Miré las sábanas, estaban intactas, no había sangre, ni siquiera estaban muy arrugadas. Quizás me lo había hecho yo misma,  entonces recordé una cosa de la convención: los estigmas (marca o señal sobrenatural que aparece en el cuerpo de algunos santos, y que es signo de su participación en la pasión de Jesús), pero yo no era ninguna santa, aunque si había experimentado sucesos paranormales, y me acordé de algo: muchas veces las médiums sienten en su cuerpo, lo que a otras personas le están haciendo, porque están en contacto con ellas, con su sufrimiento. No me lo podía creer, había vuelto a Madrid, y la primera noche había tenido una premonición, que casi me quita la vida. No podía descifrar a quien le habían hecho todo lo que había soñado, pero tenía claro que algo malo había sucedido, que algo iba a pasar o había pasado, y me dio pena, porque seguramente habría muerto por la violencia del acto, o por lo menos es lo que sentí esa noche, cuando quizás la habían abandonado. Me duché, intentando convencerme que había sido una pesadilla violenta,  eso era mucho mejor, que saber que pronto recibiría malas noticias. Lloré, no quería volver atrás, y que nadie me creyera, así que sabía que me tocaba callar, y esperar a que pudiese dar alguna prueba física, no por mis visiones, que para muchos eran de una mente enferma. Me lavé bien, me eché thrombocid y tomé mis cereales, no me apetecía bajar a tomar los churros madrileños que había pensado. Me dio pena, porque el regreso a Madrid no estaba saliendo muy bien, había comenzado con malos sueños, que siempre me avisaban de algo, lo único positivo, que sabía que no estaba involucrada, intuía que era a alguna chica joven y engañada, como casi siempre pasa. Sonó el teléfono, era Víctor
-          ¿Cómo estás?, ¿llegaste bien?
-          Sí, todo perfecto( mentí)
-          Me alegro, me siento un poco responsable de ti, hasta que vea que has rehecho totalmente la vida
-          No te preocupes, estoy en ello de una forma positiva
-          Ese es el truco, no te entretengo más. Sabes donde vivo y mi teléfono, en menos de media hora  puedo estar ahí
-          Lo sé, gracias Víctor, por ti me vine a Madrid
-          Yo también lo sé
-          Gracias por todo
-          Una cosa más, empiezas a trabajar en un Despacho de abogados criminalista, muy serio, y ya con cierto nombre. No quiero que me acaben llamando “El cazafantasmas”; ¿lo comprendes?, ¿sabes lo que quiero decir?
-          Perfectamente, no te preocupes.
-          Pues todo correcto entonces.
-          Sí, un beso
-          Un beso amiga, cuídate y ten cuidado en Madrid.
-          Lo tendré
-          Hasta el Lunes a las nueve
-          Allí nos vemos
Puse la televisión algo nerviosa, no quería ni mirarme el cuerpo, porque no sabría cómo explicar lo que había pasado, así que desayuné algo triste, temiéndome lo peor, si Víctor se daba cuenta pero, como siempre, mis gatas me sacaron una sonrisa, y fui a vestirme, tenía que hacer la compra y adecentar algo la casa. Me puse algo deportiva, sin mirarme al espejo, no me atrevía, pero al colocarme la camiseta pude observar que las marcas de las muñecas habían desaparecido, como si no hubiesen estado nunca. Miré mi espalda, mi cuello y nada, mis muslos, ni una señal. Me asusté otra vez, quizás mi mente me estaba jugando una mala pasada, pero sabía lo que había vivido esa noche, todo lo que mi cuerpo sufrió, no fue un mal sueño, pero dudé, y a la vez respiré aliviada, no tendría que explicar nada, sería mi secreto, a no ser que tuviera más visiones que me dijeran lo que significaba. Si me estaban pidiendo ayuda, necesitaba más que unas muñecas amoratadas.
 
DESPACHO CRIMINALISTA DE  W. ESPINOSA
-          Bienvenida
-          Gracias, ando un poco nerviosa
-          No te preocupes, todo va a ir bien
-          Eso espero, no puedo con mucho más, estoy agotada emocionalmente
-          ¡Mira!, esta es tu mesa. Es una oficina pequeña, la entrada con un sofá frente a ti, a la derecha el baño y al fondo mi despacho.
-          Para que más
-          Eso pensé cuando lo alquilé, prefería que estuviera bien situado, a muchos metros cuadrados
-          Buena elección
-          Te compré esto en el Rastro
-          A ver, ¿qué es?
-          Es un pisapapeles con la figura del Dios Plutón, ya sabes, el Dios del Inframundo. Pensé que te gustaría
-          Me encanta, no podías haber elegido mejor
-          Eso imaginé
-          Una pregunta, porque has puesto una W en vez de una V de Víctor en la puerta
-          Lo hice cambiar esta mañana temprano, porque quería que tuvieras algo de presencia, y en la W se enlaza Víctor y Verónica. Si no fuese homosexual, serías mi novia
-          Gracias otra vez ( le besé)
-          ¿Sabe Pierre qué estás aquí?
-          Espero que no
-          ¿Y tu marido?
-          No quiere saber nada de mí. Lo comprendo, ya sabes: mis hijos
-          Perdona por preguntar, pero quería conocer con exactitud la situación que tienes, no volveré a hacerlo, solo deseo que me cuentes lo que veas necesario, llegado el caso. Bueno a trabajar, ya formas parte de esto, vivimos de esto, por lo que debemos hacerlo lo mejor que podamos.
-          De acuerdo, significa mucho para mí, es como mi última oportunidad
-          Pues mano a la obra, solo una cosa más. Mis clientes quieren intimidad, no entrarás al despacho, a no ser que te llame para algo expresamente: café, algún papel. Nada de sorpresas, mientras estemos hablando. Además es mejor que sepas poco, a veces vienen verdaderos monstruos pidiendo ayuda
-          Perfecto, solo si me llamas
-          Vas a empezar a pasarme estos informes de hace muchos años al ordenador, te he abierto una carpeta nueva con el nombre de expedientes antiguos. Sin prisa, pero sin pausa. Quiero tener todo mi trabajo en el ordenador, y cuanto antes mejor, para poder consultar, si fuese necesario. Además así te vas dando cuenta, de la clase de trabajo que hago.
-          Mil gracias Víctor
-          Aquí Señor Espinosa
-          Perdón
-          No pasa nada, hay que cuidar la imagen
Miré el reloj, quería hacer mínimo un expediente por día. Sabía escribir a máquina, pero no tenía una gran velocidad, así que no tenía claro que me fuese a dar tiempo, pero lo iba a intentar, quería agradecer la oportunidad que me estaba dando, nadie más me la hubiese dado, así que me quité la cazadora, me senté, miré a Plutón pidiéndole ayuda, y abrí el ordenador. A lo lejos gritó: “la clave es el mes y año cuando terminamos la carrera”. Volví a dar las gracias, y empecé a trabajar. Cuando llevaba un par de páginas, sonó el teléfono, y me entró la duda de si debía cogerlo o no, además no me había explicado cómo pasárselo, así que lo dejé sonar, hasta que el Señor Espinosa lo cogió. Me entró la curiosidad, pero no podía escuchar la conversación, la puerta estaba cerrada, además ya me había dicho que nada de saber más de lo necesario, así que cuando pasaron un par de minuto, dejé de intentar oírlo. Seguí con mi trabajo, con los cinco sentidos puestos en cada carpeta amarilla, colocadas sobre el escritorio.
-          Bueno te voy a explicar cómo va lo del teléfono, queda muy bien que cojas las llamadas y me las pases, da como categoría al despacho
-          De acuerdo, no tenía claro qué hacer
-          No pasa nada. Descuelgas diciendo despacho del Señor Espinosa, y luego pides el nombre y preguntas el motivo de la llamada. Si no estoy ocupado con alguien, cojo todo, ya que si se han molestado en llamarme, debo ser condescendiente, así me educaron. Si estoy ocupado, coges el nombre, número de teléfono, y el motivo, le llamaré en cuanto pueda. Si prefieren llamar más adelante, da siempre un plazo mínimo de media hora, que es lo que suelo estar con mis clientes, a no ser que sea un asunto muy importante y difícil. ¿De acuerdo?, ¿todo claro?
-          Sí, lo haré bien
-          También está el tema de la agenda, la llevarás tú, es una gran responsabilidad. Apunta hasta las llamadas de teléfono, no se sabe qué puede hacer falta. Todas las mañanas te preguntaré lo que tengo en el día. No me falles, por ahora me va bien, no querría arrepentirme de haberte traído.
-          No te arrepentirás, sabes que soy eficaz.
-           ¿Quieres saber quién era?
-          No me atrevía a preguntar
-          Y haces bien, así debe ser, a no ser que quiera compartirlo contigo. Manuel Larios, ¿sabes de quién se trata?
-          No
-          Es un descendiente del antiguo Marqués de Larios
-          ¿Pasa algo importante?
-          Sí, por lo visto han encontrado un cuerpo flotando de una chica en el río campanillas, cerca del Cortijo Jurado, y sin especificarme el motivo, dice que se ve algo involucrado, y quiere que vaya a participar en la investigación
-          Por lo menos no tiene que ver conmigo
-          No seas egocéntrica
-          Solo me preocupo, lo he pasado muy mal
-          Perdona, es importante, porque no quiere que su reputación quede mancillada     ( para recuperar el título, necesita una imagen intacta)
-          ¿De qué lo conoces?
-          Solemos visitar los mismos bares, cuando voy por allí, y mi amigo el Notario, ya sabes, me lo presentó, es cliente suyo
-          Bien entonces, ¿qué le pasó a la chica?
-          No me ha dicho gran cosa, solo quiere que vaya, que pagará todos los gastos, e incluso puedo alojarme en su casa, si lo prefiero a un hotel.
-          Entonces tendrás que ir
-          Sí, pero le he mencionado que tengo un apartamento en Fuengirola, solo tendrá que pagar las otras dietas. Me es más cómodo estar en una de mis casas, con mis cosas. Iré el jueves, y no sé cuándo regresaré. Supongo que no querrás venir
-          No
-          Bueno te quedas aquí con los expediente, con el teléfono, y si viene alguien, actúas como te he dicho que hagas con las llamadas. ¿De acuerdo?
-          Sí
-          Voy a hacerte una llave ahora mismo, para que puedas abrir el despacho siempre, vaya que a mí se me haga tarde
-          Bien
-          Siento abandonarte, nada más empezar
-          No pasa nada, es la historia de mi vida
-          Vamos, sonríe, ya estás en casa
-          Sí, eso espero
No estaba segura si era buena idea quedarme sola en el despacho, pero debía seguir con mi vida, si quería avanzar, no debía pensar en el pasado. Suspiré, y me desee suerte, volviendo a mirar a Plutón, quizás me ayudase. Cuando Dios falla, quedan otras deidades a quien socorrer por tus inseguridades.
La jornada pasó rápido, de nueve a seis, con una hora para comer en el bar de abajo, (tenían menús diarios, y me lo podía permitir). Marché a casa, con las manos algo doloridas, porque no paré, pero me dio tiempo a hacer lo que quería. Cerré el despacho, Víctor se había marchado antes, y llegué a mi piso algo emocionada, porque sabía lo que significaba tener un trabajo, era como el comienzo de una nueva vida, sin tener que recurrir a las pastillas. Besé a mis gatas, como siempre, me costó algo de trabajo, porque estaban nerviosas, y luego empecé a llenar la bañera, me apetecía un buen baño de agua caliente. Llamaron a la puerta, pregunté quién era, contestó Charly, quería darme una tarta casera que había hecho, como regalo de bienvenida. Le dejé pasar, sin tenerlo muy claro, porque desde que viví la pesadilla, no quería comenzar ninguna relación, no estaba preparada, la única relación que me interesaba era la de mis hijos, por eso hacía todo, no por mí, bastante señalados estaban, y quería enmendar algo, si podía, si me quedaba vida. Le di las gracias, y por supuesto tuve que ofrecerle una taza de café, para tomar un trozo, a lo que aceptó encantado.
-          Llegaste hace mucho
-          Menos de una semana
-          ¿Te gusta el barrio?
-          Sí, bastante. De todo y bien comunicado, no se le puede pedir más
-          Exacto
-          Está rica, muchas gracias ( era todo un poco violento, no me apetecía intimar)
-          De nada, solo era para que supieras, que ando por aquí para lo que quieras, como si es para un buen sexo ( me asombré)
-          Gracias, pero tengo una relación( mentí)
-          Era broma mujer, Madrid es una ciudad muy abierta, pero no vamos por ahí preguntando si quieres joder, esas  cosas surgen ( me apretó la pierna con su mano, cogiendo confianza,  pero me incomodó)
-          Perdona, llego del trabajo, estoy cansada y querría tomar un baño
-          Claro, solo una cosa más: ¿dónde trabajas?
-          En un despacho de abogados criminalista, como secretaria
-          Muy bien, nunca se sabe a quién tendrás que recurrir. Yo soy músico, todo el violín en la Orquesta Sinfónica de Madrid, te daré alguna entrada
-          Gracias
-          No te entretengo más, sé que tienes pareja, pero para lo que quieras estoy al lado, para cualquier urgencia, más que nada ( creo que supo que no tenía)
-          Gracias, otra vez
-          Te echaré las entradas en el buzón ( se marchó sonriendo, sin saber por qué)
Me tomé otro trozo de tarta, no iba a cenar, y me fui al baño, sin pensar mucho en la conversación, creí que le había dejado claro que no quería una relación, y esperaba que no fuese el típico vecino pesado, que llama para todo. En el fondo me agradó, parecía una persona sencilla, y eso a mí me parecía una maravilla. Además tenía un buen trabajo, no iban a dejar que un psicópata estuviera tocando para una orquesta tan importante, eso sería bastante raro. Cerré el grifo, casi me bosa la bañera, y a pesar del vaho, sentí frío, un frio helador. No tenía claro lo ocurrido, pero recordé los estigmas, y empecé a sudar, el dolor volvió. Miré el agua, estaba roja, cerré los ojos, suspiré y todo volvió a la normalidad, hasta el calor. Entonces lo tuve claro, lo que soñé, hacía referencia al caso del Cortijo Jurado, eso fue lo que vivió la chica del río, ese fue su tormento, pero no sabía quién se lo había producido. Me metí en la bañera algo asustada, porque volvieron las visiones y con ellas, los miedos, la ansiedad y el dolor en el pecho.
 
LA VOTACIÓN
Todo ocurrió por la noche, cuando la oscuridad puede camuflar a Belcebú y a sus aliados. Cerca de la Plaza del Obispo, en un ático, se llevaba a cabo una votación, para determinar quién sería el jefe de la Secta, el anterior había muerto en circunstancias algo extrañas, siendo algo normal, cuando te rodeas de personas siniestras. Tarde o temprano se le despierta en instinto de asesinar, quizás simplemente porque no le hayas dado la razón en cómo tratar a un esclavo, porque eras uno de ellos o simplemente tendrías que servirles, aunque no hayas nacido lacayo. Formaban parte cinco familias: Quesada, Heredia, Larios, Reding y Huelin, por lo menos ellas eran quienes estaban en la cúspide, quizás las otras reuniones estaban llenas de más bullicio, pero quienes importaban eran ellos, nadie más que ellos, y aunque no se llevaban bien, siempre se respetaban, por lo menos guardaban las formas, mientras no hubiera que dar dinero, porque se trataba de tener más, no menos. Para la policía consistían en reuniones de personas ricas, algo excéntricas, y algo aburridas, pero la realidad, es que con la excusa de adorar al demonio, se habían convertido en una especie de mafia, con dinero, que eso da poder, y creyéndose con el derecho de obrar a desgana. No se conocían sus reuniones, ni habían hecho grandes actos, en los que preocuparse demasiado, aunque ya habían robado papeles del obispado. Votaron uno a uno, introduciendo una papeleta negra en la urna, estaba todo muy bien ambientado, sin llegar a utilizar máscaras y capa, sería algo exagerado, aunque sí tenían bordado en la corbata el mismo Plutón, que a Verónica le habían regalado. Iban vestidos con trajes de chaqueta, suficiente para dar categoría al acto, por supuesto hombres, mientras las mujeres pensaban que jugaban a las cartas, e incluso alguno se iría de putas, pero a quien le importaba, si había dinero en casa. Era la mentalidad de otra época, y no todas lo aceptaban, pero la gran mayoría callaba, obedecía, mientras las alhajas colgaran de su vacía alma. No podían votar al candidato de su familia, algo honrado entre esa especie de finos vándalos. Y rápidamente salió la elección: ganó Rafael Heredia, el gitano del Palo. Realmente no lo era, solo que en su familia había miembros de ese clan, y ya sabemos que donde hay uno, gana el temor a las represalias. Creo que lo eligieron porque era el que tenía más fuerza, y quien quiere un líder sensible y débil, se quiere a uno que por la apariencia se sepa, que si obras mal, él dará la cara por la secta. Se felicitaron, y empezó la fiesta. Había un catering, por supuesto todo de etiqueta, es lo que tiene el dinero, no da la felicidad, pero te da buenos bocados que alegran hasta al triste  fantasma de la bodega. No hacían cánticos, ni bailes, aunque no tenía claro que no sacrificasen con la excusa de adorar a su Dios, mientras algunos su satisfacción les place. No los había visto, pero tenían más lugares donde se reunían, no solo para tomar un aperitivo, y hablar de política, que es lo que decían para disimular, si el jefe de policía llamaba. No estaba bien visto las reuniones clandestinas, pero quien iba a impedir que hombres ricos se divirtiesen con la bebida, y por qué no, con alguna joven con bonito cuerpo, sin importarles el nombre, si es que les satisfacía. Creían que dominaban el mundo, pero lo que no sabían, es que la mala utilización del dinero, la ambición  y la adoración a Satán, llevan a la lujuria, ella a la equivocación, y más adelante: al final de la vida pública, porque los barrotes serán su templo, y el guardia su gurú, mientras allí respiran, pero nada de eso les importaba, porque aún se creían en la cima, donde pensaban que nadie podría destruirles, porque donde había dinero, la ambición y la avaricia eran seducidas.
 
MÁLAGA
-          Hola Manuel, ¿cómo estás?, ¿cuéntame?
-          Muchas gracias por venir a mi casa, siéntate, por favor
-          De nada, es trabajo
-          Voy al grano. El lunes encontraron a una joven en el río, cerca del Cortijo Jurado, la casa rosa que hay a la salida de Málaga, cuando coges la autovía.
-          Sí, sé cuál es
-          Por lo visto se llamaba Paula, aunque no es algo extraño en Málaga, ya que el 18/6 es San Ciriaco y Santa Paula, patronos de Málaga.
-          ¿Cómo saben que se llamaba Paula?, ¿ la familia la estaba buscando?
-          Se sospecha porque cerca del río había una esclava con el nombre, y con sangre del mismo tipo que la de ella
-          Bien, más o menos claro. ¿Pero saben quién es?
-          No, no se sabe a qué familia pertenece, ni su oficio, nada. Solo tienen el nombre con una fecha detrás, y que rondaba los veinte años.
-          ¿Cuál es tu conexión con el cuerpo?
-          Bueno es más bien con la casa, con el Cortijo, soy el propietario, y hay una leyenda en Málaga, donde dicen que hay reuniones clandestinas allí, donde suceden cosas extrañas. Lo que ocurre realmente, es que a veces invito a amigos de la alta sociedad de España, a pasar un fin de semana o unos pocos de días más, y lo pasamos bien. Nada más que eso, pero ya sabes las lenguas como son, y más si hay envidia por el dinero.
-          Entendido. ¿Tienes coartada?
-          Estaba solo en casa
-          ¿Los criados lo pueden corroborar?
-          No, pero puedo decir que lo digan
-          No, se pillan rápido las mentiras. Bueno, hay un pequeño lío, por lo que no debo centrar la investigación en ti, porque no lo has hecho, ¿verdad?, puedes confiar en tu abogado, te voy a defender de todas formas
-          No lo he hecho, no tengo nada que ver
-          Entonces intentemos buscar al culpable
-          ¿Te odia alguien?
-          Muchas personas, ya sabes: el poder y el dinero
-          ¿Escondes algún secreto, hay algo más que ayudaría a pensar que eres el culpable?. No sé, frecuentas prostíbulos, algún tema de salud, no sé algo que las personas no sepan, pero pueda salir a la luz
-          No
-          No mientas, en el juicio saldrán
-          No ( pero no le creí)
-          Entonces tengo que visitar el Cortijo, ir a la Policía, saber quién era esa chica, donde vivía, a quien amaba, a quien despreciaba, qué hacía allí esa noche, donde solo había oscuridad y peligro… Tengo que averiguar muchas cosas, porque más que defenderte, es mucho mejor encontrar al culpable, se olvidaría hasta la duda.
-          ¿Podrás?
-          Tengo algo de ayuda
-          ¿Cómo?
-          Bueno es difícil de explicar, pero hay alguien que me nos puede socorrer, trabaja para mí. El problema será traerla a Málaga
-          Yo corro con todos los gastos
-          No se trata de eso. Es Verónica, ¿te acuerdas de ella?
-          Sí, de habladurías, ya sabes. Pobrecilla
-          No le digas jamás eso, si viene, haz como que no la conoces, quiere pasar desapercibida
-          Normal, ¿se fue a Madrid?
-          Sí
-          ¿Sola?
-          Sí, dice que es la mejor forma de poder arreglar algo
-          Creo que es cierto
-          Bueno ahora la llamo, es una buena detective, tiene una gran intuición
-          Tráela, si quieres la llamo yo
-          No te preocupes, sé que debo decirle
-          Muchas gracias
-          Te llamo
-          Espero la llamada, no te preocupes por los gastos, necesito una buena defensa
-          De acuerdo
-          Te llamaré por las noches, para ver qué tal vas. Siento si me ves pesado
-          No te preocupes, lo haré yo cuando llegue a casa, y te diré qué tal me fue el día
-          Hasta entonces
-          Hasta mañana
 
EL CONCIERTO
Llegué a casa temprano, había terminado el trabajo pronto, y Víctor no estaba, así que me tomé la libertad de irme quince minutos antes, esperaba que no se enterase, pero me encontraba algo cansada, y decidí marcharme. Miré el buzón, y estaban las entradas para el concierto, eran para dentro de tres horas. Dudé si ir o no, era muy precipitado, quizás llevasen tiempo ahí, pero no abro el buzón todos los días. Subí, me duché, tomé un sándwich, y decidí ir, a veces las cosas improvisadas son el mejor plan. Diría la excusa de que mi pareja no había podido asistir. Me puse un vestido de punto entallado, de cuello vuelto, con unas botas militares, el pelo suelo, lo tenía arreglado, y marché a ver a mi nuevo conocido. Cogí un taxi, no tenía claro si estaba cerca o lejos. Llegué de las últimas, pero los asientos estaban enumerados, y era en tercera fila, con suerte me vería, quería quedar bien, quería tener un amigo en Madrid, y me gustaba que fuera músico, le daba como categoría al asunto. En menos de quince minutos empezó, había elegido bien, se trataba de un pequeño concierto de las mejores bandas sonoras. Me encantó, e incluso me gustó un poco más mi vecino. Estaba muy elegante, y sonreía, él siempre sonreía, y eso era agradable, muy agradable. Duró aproximadamente una hora, y le esperé a la salida, imaginaba que lo harían por otra puerta, así que le di la vuelta al edificio, encontrando fácilmente la otra salida. No se había cambiado, pero llevaba un anorak negro que le daba un aspecto algo más moderno, sin quitarle elegancia.
-          Me alegro que te hayas decidido a venir, no tenía claro si lo harías
-          Fue una decisión algo repentina, pero también me he alegrado
-          ¿Tomamos algo?, ¿has cenado?
-          Vale
-          Los bocadillos de calamares del bar de aquí al lado, son espectaculares. No puedo invitarte a más
-          Pagaré lo mío
-          No, esta vez invito yo, no me hagas el feo. Espero que haya otra ocasión, y pueda llevarte a un lugar mucho mejor. Soy músico, ya sabes lo que pasa con el arte, aunque ahora estoy también componiendo para una agencia de publicidad, y eso me dará un extra bastante importante
-          Para mí estará perfecto, me encantan los bocadillos de calamares
-          Con una cervecita
-          Con todo estará rico
No sé qué me pasaba con Charly, me hacía sentir como en casa. No buscaba ninguna historia sentimental, había pasado por un trauma, pero mis fuerzas por sobrevivir hacían que mirase hacia el futuro, sin mirar atrás, como siempre pasa, si quieres continuar después del dolor y la rabia. Pasamos una velada muy agradable, incluso reí a carcajadas, cuando me contaba hazañas (rondaba los cuarenta). No me preguntó por el pasado, ni por mi pareja, me agradó mucho más, pensaría que si me había venido sola a Madrid, con treinta años, sería para escapar de algo, o eso quería imaginar, y rezaba que no me preguntara, que no le condicionase mis pesadillas, que pudiera verme como alguien que venía a luchar a la capital, por tener un futuro mejor, como siempre pasa. Cuando nos levantamos, me pareció ver como un hombre nos observaba desde una esquina, no lo pude identificar, pero le miré de forma preocupada, no quería pensar que me habían seguido, no lo iba a soportar, pero justo cuando los miedos iban creciendo, se marchó, y con él mi malestar. Volvimos a casa despacio, subimos en el ascensor, y hubo un silencio aún más agradable, pero no me besó, y algo de mí lo deseó. Llegamos al descansillo, tuvo la galantería de acompañarme a la puerta, estábamos muy cerca, lo podía oler, y seguía ese silencio, que hacía que me excitase. Entré, y le pregunté si quería pasar, volvió a sonreír, y dijo que pensaba que no era un buen plan, porque quizás me fuese a incomodar. Entonces me entró el miedo, el temor a tener otra mala historia, y más con un vecino, no quería confundirme otra vez, aunque había entrado en una edad, donde no se debían desperdiciar las oportunidades. Sonrió, y se marchó jugando con las llaves. Cerré la puerta. Sonó el teléfono
-          ¿Verónica?
-          Sí, dime
-          ¿Cómo va todo?
-          Me voy apañando, han venido dos personas, pero no tienen prisa, dicen que podrás esperar a que vengas
-          No sé cuándo podré ir, este caso parece algo complicado
-          ¿Sí?
-          Vas a tener que venir
-          No
-          Vamos Verónica, no puedes esconderte en Madrid, tienes que seguir con tu vida, y los traumas se vencen acudiendo al lugar donde los has vivido
-          No quiero ver a nadie
-          No tiene por qué. No nos vamos a mover mucho por Málaga
-          Cuando vuelva a ver a mis hijos, tengo tenerlo todo bien ordenado, que no haya ningún obstáculo para que me lo nieguen
-          No te preocupes, será un buen comienzo ayudar a resolver un caso, donde unas de las personas más importantes de Málaga está involucrada, ¿No crees?. Estaré a tu lado, será un camino por recorrer juntos, y cuando acabe, tendrás el volver a empezar que querías, lleno de éxito
-          No es por mí, es por mis hijos
-          ¿Lo deseas por ellos?
-          Sí
-          Pues vente mañana en el tren de la tarde, creo que sale uno a las cinco, te esperaré en la estación e iremos a casa, allí te pondré al día de todo
-          No lo tengo claro
-          Yo creo que sí, que es la mejor opción para demostrar que llevas una vida normal, y ello requiere trabajar en donde tu jefe te mande
-          No quiero ver a nadie
-          Será difícil, pero piénsalo esta noche, mañana sobre las diez me dices la decisión que has tomado
-          Perfecto, tendré tiempo para pensar
-          Como quieras, pero yo lo veo claro
-          Hasta mañana
-          Hasta mañana entonces, buenas noches
-          Gracias
-          A ti, guapa
Me pasé toda la noche sin dormir, pensando qué era lo que debía hacer. Me atraía la idea de ayudar a Víctor en un caso, y que saliera bien, pero no quería ver a nadie, me sentía tan avergonzada. Además del mal trato, del acoso, y de todo lo demás, había sido difamada en mi ciudad, donde todo el mundo se dejó llevar, y ayudó a ello. Es lo que quería pensar, porque si no me hubiera hundido más. Una comete errores, a veces sin querer y otras queriendo, según las circunstancias, pero nadie piensa que la van a difamar, por lo menos yo no lo pensaba, no contaba con esa maldad, pero en las mentes enfermas, cabe cualquier atrocidad. Di muchas vueltas en las sábanas, y mientras tenía los ojos cerrados, me vino la imagen de la muchacha ahogada. La vi en una especie de pantano, llena de fango, pero aún la belleza parecía intacta. Su piel no era muy blanca, tampoco oscura, algo tostada, cabellos largos castaños, de complexión delgada, con los ojos cerrados, quizás alguien no aguantó su mirada, después de haber sido mancillada. Llevaba ropa buena para ser una prostituta, pero también las había caras. Se desvaneció la imagen, cuando quise ver los zapatos que calzaba, me dejaría claro cuál era su clase, aunque hubiese estado andando sola y de noche, algo que llama a las desgracias. Entonces vi unos pies descalzos, la imagen se desvaneció otra vez, no pudiendo averiguar nada. Justamente en ese momento tuve claro lo que haría: cogería el tren a Málaga, me dolería, porque había sufrido mucho en mi ciudad, lo que hacía que tuviera sentimientos encontrados, por un lado sabía que no encontraría un lugar donde se pudiese vivir mejor, pero por otro, a quien le gusta pasear por donde ha sido destruida. Decidido, iría a resolver el caso, pero no iba a dejar Madrid, de Madrid al cielo, eso me repetía. Mi idea era arreglar mi situación, volver a tener trato con mis hijos, llevar una vida normal, pero no vivir donde los días habían sido largos y las noches inquietas, dejé atrás el mar, pero ahora tenía tranquilidad, algo tan preciado, cuando has vivido más que una guerra. La distancia es el olvido, eso quería, pero no con mis hijos, por eso algunas noches seguía escribiendo poesías, para que ellos las leyesen, para que supieran que su madre fue algo más que una enferma. Y pensando en todo, más en la muchacha del río, llamé a Víctor sin esperar a que dieran las diez, lo desperté, pero no le importó. Se puso contento cuando le dije que esa noche dormiría con él en su casa, que charlaríamos cenando en restaurante de Puerto Marina, donde solíamos ir cuando aún no teníamos preocupaciones. Le gustó la idea, y me puse a hacer la maleta. Estaría llena de ropa con clase. No había nada como aparentar, aunque por dentro fueses una pendeja, porque había conocido a tantas, que sabía que la ropa solo decía que cuidabas tu apariencia, pero es importante para todo lo que fuera un negocio, incluso para los que son de la entrepierna.
Justo antes de salir toqué en la puerta de Charly, quería despedirme. Me abrió, vio los bultos, me cogió la mano, la besó, y me dijo que volviera pronto. Le acaricié la mejilla, y cogí el ascensor, si no hubiera salido con el tiempo justo, hubiese entrado, y quien sabe, las relaciones empiezan de alguna forma, y no se sabe con exactitud cuál es el modo correcto. Solo había un problema, cuando me paraba a pensar en ello, me daba un miedo atroz confundirme, lo conocía de poco, no sabía realmente quien era, no teníamos conocidos comunes que me pudieran orientar, quienes me dijeran si podía confiar en él, que no me haría daño, si no funcionase como quisiera, pero me había despertado la duda, el deseo, y la ilusión, algo que creí que ya no existiría en mí, y menos de una forma tan rápida e improvisada. No era mayor, pero tampoco tenía veinte años para enamorarme a simple vista. Me iba a ir a Málaga, y si a la vuelta seguía pensando igual, seguía con la fantasía de encontrar el amor en unas nuevas sábanas, por qué no, lo volvería a intentar, sería bueno para mí tener a alguien en una ciudad donde vivía sola, y por supuesto serviría para demostrar que mi vida había avanzado, que estaba totalmente equilibrada: una condena que demostrar, mientras tuviera cuerpo y alma.
 
 
LA CITA
Rafael Heredia y Andrés Quesada, se reunieron en el Paseo de Chinitas un jueves a las cinco. No se trataba de tener una charla amena, tomando café, consistía en tramar algún plan, sin saber a ciencia cierta en qué consistía. Pusieron dos cortados en unas tazas blancas con el logo del bar, el mismo Plutón que había en sus corbatas. Sonreían con miedo, porque un error les llevaría al suicidio, así que en servilletas escribían nombres y direcciones. Pude ver desde el cielo la grafía de Paula, “La Chica” la llamaban, porque su significado era pequeña, y un diminutivo utilizaban. Mientras hablaban entre medias, se abrigaban porque había humedad en las calles, no el frío helador del norte, pero a los huesos llegaba, por mucha ropa que llevases. El bar tenía una chimenea, que serviría para tirar todas las servilletas, que poco a poco habían escrito, con una especie de sangre, porque la muerte acechaba a la pequeña, simplemente por nacer y ser buena. Ya sabemos que se mata por diferentes motivos: por dinero, por celos, por envidia, por odio, por vergüenza y por venganza, hay muchos más, pero esos son los principales, y ella, sin saberlo, reunía más de uno, para que su vida no avanzase, mientras la veía caminando por las calles de Madrid, sin preocupaciones que la atormentase, sin saber que dentro de poco la engañarían, para que las arcas de los otros mejorasen. La vida es muy bella, pero muy dura para aquellos que un secreto esconden. Paula vivía ingenua, siempre al lado de su madre, aún no tenía pareja, se sentía feliz y segura bajo las faldas de quien bien la tratase, así que sería fácilmente engañada, ya que no había cerca un padre que dudase. Y así poco a poco se acercaba el momento, mientras los dos siervos de satán se arreglaban el bigote, sin despeinarse, y sin dudar si era correcto, terminar con la vida de la que aún brillaba sin errores.
 
MÁLAGA
Llegué no muy temprano, pero con ganas, que era lo que importaba. Me puso al día de todo, mientras cogíamos el taxi insonorizado, suponía que lo había pedido así, se podía permitir esa serie de lujos. Casi nada de lo que me comentó, fue nuevo para mí, pero me hacía la tonta, o como se quiera llamar. La vida me había enseñado, que era mejor hacerse la despistada, porque si no las personas esperan demasiado de ti, y luego llega la desilusión, de esa forma siempre se sorprenden de una manera grata. Le pedí ir al Cortijo y donde encontraron a la joven, quizás sintiese algo cuando lo visitase. Lo imaginaba, y al día siguiente tendríamos una cita por la tarde, porque estaba un poco abandonado todo, como para ir de noche. Me hubiera gustado más la penumbra, siempre surgen fantasmas con ganas de ser escuchados, pero suponía que no era tan valiente para ir conmigo, y que los espectros lo asustasen. Así que me conformé, y cruzaría los dedos para que algo me viniese, porque mi don o intuición no era una ciencia exacta, que siempre funcionaba cuando a una le daba la gana, más bien dependía de otras circunstancias. Tardamos una media hora en aparcar frente a la garita de la urbanización, tenía seguridad, y me parecía genial. Era un lugar perfecto para pasar las vacaciones de verano, tenía gusto para todo, y más para lo que era disfrutar. Solté la maleta, me di cuenta de que me tenía la cama preparada, pero preguntó si quería dormir con él, para sentirme más arropada, a lo que contesté que no, porque no sabía cómo iba a pasar las noches, y prefería tener intimidad. Pedimos al chino que había cerca, estaba cansada para salir a cenar, ya habría ocasión, y deseaba que fuese para celebrar que todo había salido como se esperaba. Una vez en la cama, olí las sábanas de algodón, pensando lo que le costaría plancharlas, aunque quizás tuviera asistenta una vez a la semana, quien le hacía lo duro de la casa. Mientras cogía el sueño pensé en Charly, aún me quedaba algo de inocencia, creía que por acostarme con él, llegaríamos a tener una relación, y quizás solo fuese sexo lo que buscaba, es lo que pasa cuando careces de relaciones afectivas, buscas en la pareja al padre protector, al amante entregado, al amigo fiel y comprensivo junto al marido resolutivo, mientras que él ni siquiera puede ofrecerte ser una buena pareja en la que confiar y pasar buenos ratos. La mayoría no tienen carencias, como para comprenderte, y mucho menos para dar tanto. Eso fue lo que me pasó con mi marido (incluso con amistades) no estaba a la altura que esperaba, y caí en los brazos de un amante francés, quien conocía bien el cuerpo de una mujer, pero valía mucho menos que el padre de tus hijos. Había madurado, y aprendido la lección, esperaba que eso no volviese a pasar. Me hubiese gustado retomar la relación con mi marido, pero hay personas que si les haces el daño suficiente, no dan más oportunidades, no creen en el volver a empezar, y más cuando mis hijos habían salido perjudicados, por el ataque de un amante rechazado. Lo había asumido, pero quería recuperar algo de mi pasado, al menos lo más importante: a mis hijos, aunque fuera en un futuro no muy cercano. Me había convertido en una mujer muy fuerte y valiente, pero a un precio muy alto. Mi destrucción, me hizo surgir de mis cenizas, pero con la soledad que el Ave Fénix necesita, para construir algo casi sagrado.
Pasamos el día muy tranquilo, casi sin mencionar nada del caso, y cuando quisimos darnos cuenta estábamos a la puerta del Cortijo, esperando a que Manuel nos llamara. No sé el motivo, pero estaba temblando, casi maullando como un gato asustado. Y entonces se abrió la puerta principal, parecía una fortaleza abandonada, donde la pasarela se había desplegado. Dimos los primeros pasos a la vez, y luego Víctor se adelantó para saludarlo. Había un patio central con habitaciones alrededor, sentí dolor, parecía que la niebla se estaba metiendo en mis huesos, así que le pedí entrar. Nos dirigimos a un salón enorme, aunque más bien parecía una especie de biblioteca donde se podía recibir visitas. Había un escudo de armas, por supuesto el de su apellido, muchos títulos académicos, y también nobiliarios, realmente era como un castillo encantado, tenía hasta su chimenea enorme, alguna telaraña por las esquinas, y un viejo mobiliario. A una parte de mí le gustaba, y a otra le aterrorizaba, quizás porque esas fiestas sin importancia ocultaban algo más que coca o cualquier droga blanda. Entonces pude ver en una estantería un objeto que me sorprendió: el mismo pisapapeles que Víctor me había regalado. Me horrorizó.
-          ¿Y este pisapapeles?
-          Era de mi padre, fue un regalo de alguien, no te puedo dar más datos, aunque sí sé que hay pocos, unos diez, porque fue hecho por un artista con algo de renombre en su época, sin llegar a ser famoso, por un encargo
-          Tengo uno
-          Sí, lo encontré en el rastro de Madrid
-          Pues tienes una pequeña obra de arte
-          Muchas gracias Víctor
-          No lo sabía, pero bien regalado está
-          ¿Significa algo para ti, Manuel?
-          No, solo es un adorno más, que lleva tiempo ahí( se ruborizó y me di cuenta)
-          Bueno demos una vuelta, ¿si no os importa?, quiero ver hasta los pasadizos ocultos, porque todas las casas antiguas tienen alguno, ¿no?
-          De acuerdo, pero espero que sepáis guardar los secretos que aquí se esconden
-          Somos abogados, no periodistas
Vi todos los dormitorios, aunque no me importaban mucho, y luego bajamos al sótano, donde, por supuesto, había cadenas clavadas en la pared, rejas en algunas ventanas, y una gran mesa con sillas alrededor de otra época. Volvió el frio en mis huesos, porque parecía todo sacado de una película de miedo, y ahí estaba yo: Verónica, la valiente, a quien de niña le daba miedo la oscuridad, y tardó en dormir sola, vaya que los monstruos apareciesen. Anduvimos por un pasillo muy estrecho, y la vi, vi a Paula en él, alguien la llevaba en brazos de forma ligera, casi sin esfuerzo, me dio pena, no miedo. Me frené mientras los otros avanzaban, se giraron y les supliqué que siguieran andando, quería tener un poco de intimidad, por si su espíritu me quería decir algo, pero empezó a entrar la luz, y ya sabemos de quien es enemiga, porque si la gente era feliz tomando el sol, la oscuridad atrae siempre a lo peor de uno mismo, cuando cree que nadie te mira. Me paré casi cerca de la salida, pero no sentí nada importante, aunque tenía claro que Paula había estado ahí, no cogió la salida que me mostraban, más bien mi intuición me decía, que allí había estado encerrada. Salí sin decir nada, pero sospechando de Manuel, mientras me miraba de una forma inocente y algo trágica. El pasadizo dio a parar a un jardín algo descuidado, no en un bosque encantado, ni nada que fuese perfecto para dar un rango novelesco al teatro que realizábamos, así que tuve claro que allí no había estado, sí en la casa, quizás en la especie de mazmorra que parecía que orgulloso enseñaba, pero no fue al jardín a bañarse en la piscina, porque su papel era algo muy diferente al de una invitada. Había leído mucho, y en una ocasión me enteré que el pueblo azteca hacía ofrenda a los Dioses con la vida de alguna muchacha joven, inocente, y por supuesto de clase baja, pero eso había quedado muy atrás como para que en la actualidad copiasen rituales atroces, simplemente por distracción de alguna gente no muy honrada, aún creía que esa maldad no existía, o que estaba muy lejos para que yo fuera parte, porque una vez que te desean matar, difícilmente te salvas. Así que rezaba porque eso no me pasase, por no levantar ese deseo en nadie, ni que el odio incitado me rodease, bastante había pasado en la vida, como para que ahora todo se complicase por intentar descubrir quién mató a una chica, que aparentemente no había hecho nada, o no lo suficiente para que la vida se le acabara, siendo asesinada.
 
LA OTRA  CITA
Paula vestía con sus mejores ropas, tenía la primera cita con un hombre casi desconocido, pero de la alta esfera, por lo que confió en que no solo buscase quitar su virginal riqueza. Había una gran diferencia de edad, que a su madre le agradaba, porque pensaba que mimaría con muchos caprichos a su dulce dama. No comprendían que la maldad a veces se disfraza, y aunque buenas botas calcen, su corazón seguro que harapos abrazaba, pero no vivía desconfiada, es lo que tiene la inocencia, cuando la maldad no era su aliada, y pasearon una noche a oscuras, después de haberle dado a su madre el pisapapeles, que tanto idolatraba. No se trataba de un presente, más bien de un regalo antes de ser asesinada, porque no eran tan crueles como para maltratarla antes de la gran hazaña, preferían que se fuesen de este mundo con una sonrisa en la cara, para que nadie pudiera sospechar, que la vida le puso un trampa, así que con bombones cautivó a la madre, pidiéndole que los abriera cuando ellos se marcharan, colocando a Plutón junto a los libros de su difunto marido, pues aunque no estuviera con ellas, algo también necesitaba. El demonio domina la psicología, y supo que con esa acción se ganaría la aprobación de la muchacha, porque adoraba a su madre, pero también al padre que ya no estaba. Marcharon por la puerta, guapos e incluso con algo de arrogancia, pudiendo adivinar que Paula no volvería a cruzar la puerta de la casa. Cenaron en un buen restaurante, sin prisas, aunque Andrés miraba su Rolex intentando adivinar cuál sería el instante adecuado, para saber que todo había salido como se esperaba, y a pesar de que Paula no quería tomar postre, pidieron una tarta, saborearon cada bocado, mientras sonreía al mirarla, y ella como joven sin experiencia en la vida, le devolvía el gesto con algo de dulzura (pobre muchacha). Volvieron a la casa, y su madre se encontraba muerta, sin haber señales de haber tomado el bombón de chocolate, relleno de alguna espada, mientras Paula en los brazos de Andrés caía, seducida por el abogado del diablo y de la mafia que lo rodeaba…
 
EL DESCAMPADO
Pedí ir sola donde la encontraron, por supuesto no me dejaron, pero esperaba que mi mente se abstrajese, y visitara todo desde la distancia, no solo lo que estaba vallado, y fuimos dando un paseo, mientras intentaba pasar a otro plano. Era complicado, porque no paraban de hablar, y mi concentración se distraía, pero una vez que llegamos, vi a Paula, casi pude apreciar una breve sonrisa en su cara, así que supuse que quizás la durmieron antes de ser asesinada. Miré el cielo, el paisaje, cerré los ojos un momento, mientras ellos hablaban de todas las marcas que tenía la muchacha, y pude ver algo: otro pasadizo, otro lugar diferente al que había estado, pero no lo divisaba. Lo tenía claro, había otro escondido, pero cabía la posibilidad de que Manuel no lo enseñara, porque desconocía su procedencia, pero ahí estaba, ella había transitado por él, aunque fuese en brazos del hombre que la mató, a saber cuál fue el motivo, ese impulso tan cruel que enfureció a su ira malvada, pero así había sido, así había ocurrido, habían terminado con ella, de una forma cruel, poco humana, solo esperaba que cuando encontrase el pasadizo, algo me dijera Paula, porque desde Madrid supe que estaba conectada con la muchacha, no siempre pasa, pero a veces ocurre, y da razón a mi vida, algo estropeada, proporcionándome las fuerzas para pensar que algo especial verían mis hijos en mí, cuando lograra volver a acariciar sus caras. Durante unos minutos solo se escuchó a los sapos del río, porque cerca charcas visitaban, recordé que era un animal muy utilizado en brujería, así seguí a uno que del agua se alejaba. Manuel y Víctor me miraban, les pedí que no me siguieran, necesitaba esa intimidad tan necesaria para hallazgos de importancia. Perdí de vista al sapo, y ahí estaba, parecía una guarida escondida por la maleza. Llamé a Manuel, y dijo que no tenía la llave, que no conocía ese escondite, y que no creía que fuese de la casa. La empujé y estaba abierta, como si alguien quisiese que entrase, y a pesar de ser de una gruesa madera, su peso era ligero, tanto que no costó abrirla para entrar donde Paula pasó su última noche. Anduvimos mucho rato, tenía un pasillo muy largo, donde había corriente, el miedo cautivó a todos, pero mi curiosidad era mayor, por lo que no descansé hasta ver lo que parecía un picaporte. Lo abrí, y allí había una gran sala, sin otra puerta que la uniera a la casa, pero descubrimos algo muy importante, debajo de unas mantas había un zapato de alguna joven. Era de buena calidad, de piel de serpiente, flexible, casi nuevo a pesar de la suciedad que tenía, aún las suelas eran rojas y con algo gravado, sin poder apreciarse por la mugre que tenía pegada.
-          ¿De quién será?
-          Creo que estoy bastante segura, diría que de la Chica
-          Bueno primero habría que preguntar el número que calzaba, para asegurarse
-          Es cierto, pero mi intuición pocas veces falla
-          ¿Tenéis algo donde guardarlo?
-          Llevo la bolsa plegable de la compra, creo que será suficiente
-          ¿Para qué utilizarán esto?
-          Para nada bueno, ahí hay sangre
-          Es verdad, ahora llamaremos a la policía, no sé porque no lo encontraron antes que nosotros
-          Supongo que se están centrando en Paula, luego ya investigarán el lugar, no son tontos. La encontraron hace poco, acaban de empezar.
-          Bueno le hemos ahorrado algo de trabajo, no toquéis nada
Manuel no estaba contento con nada de lo que estaba viendo, y permanecía callado, creo que temía que estuviera conectado, y así fue. Nos acercamos a la pared, donde había más sangre, y no había que ser muy inteligente, para ver que se trataba de otra puerta, la abrimos, y daba directamente al sótano. Todos nos asombramos, más Manuel, parecía que le dolía algo, porque se agachó, diciendo: “esta será mi condena, seguro que ya sí que me acusan de algo”. Lo miramos con pena, porque si no tenía nada que ver, le iba a resultar muy difícil demostrar que por allí no había pasado, era su casa, y todo el mundo conoce bien los rincones donde guarda parte de su patrimonio, aunque fuese heredado.
 
LA POLICÍA
-          Buenas tardes
-          Soy Verónica
-          El comisario Márquez, encantado
-          Aquí le traemos el zapato del que ya le hemos hablado, y sus compañeros han ido a la sala donde estaba, espero que sirva de algo
-          Servirá de mucho, pero siéntese
-          Ahora viene mi jefe, él lleva la defensa del Señor Larios
-          La va a necesitar
-          Queremos esperar a ver qué nos pueden decir del zapato
-          De acuerdo, lo llevo al laboratorio
-          Creemos que es de Paula
-          Nosotros también
Estuve sentada como una hora aproximadamente, se pusieron manos a la obra muy pronto, por lo visto el caso había cogido gran importancia, por estar involucrados personas de la alta sociedad, y no solo por estar cerca el Cortijo Jurado, sino porque habían identificado a la muchacha, gracias a que su imagen fue divulgada por todos los medios, y una vecina la reconoció, contando además la forma tan extraña en la que había muerto su madre. Todo estaba cogiendo color, porque la habían visto con un señor de la nobleza, sin poderlo reconocer porque llevaba gorra, siempre que iba a verla, pero la madre le había comentado su procedencia, no desvelando el nombre, para que la prensa no se hiciera eco de la noticia. Muchas coincidencias, pero ya había donde rasgar, porque si fue engañada, solo había que encontrar a quien la trajo a Málaga, después de fallecer su madre, quien fue incinerada, sin entierro por expreso deseo de su hija, y ella creía que era el deseo de su nueva pareja, ya que por la visto Paula era una chica bastante inocente, que se dejaba llevar, así que no la veía como para tomar esa decisión, más bien estaría demasiado impresionada como para llevar la contraria a un hombre maduro y de carácter fuerte. La ingenua de la madre decía que eso le gustaba, porque veía a su hija totalmente protegida, ante la maldad que a veces llega rápido, tanto como el vuelo de un águila. Ya estaba Víctor conmigo cuando averiguamos todas esas cosas, y justamente cuando el Comisario Márquez dejó de hablar, salieron dos personas del laboratorio confirmando que era la sangre de la muchacha, su número de pie coincidía, y lo malo que el logo del zapato estaba como borrado, no sabiendo si por andar o a conciencia. Una parte de nosotros se alegró de que fuera de Paula, quizás diese las pruebas necesarias, para que Manuel saliera impune, porque los dos teníamos claro que no había sido él, que no tenía nada que ver, aunque cada vez más se le señalaba. El comisario se despidió, y nosotros nos marchamos, contentos, pero con algo de rabia
-          Quieres ir a cenar
-          No te preocupes hice la compra antes de salir, y me traje la ensalada césar que siempre tomo por las noches. Es casi un ritual, antes de irme a dormir
-          Ha sido un día duro
-          Pero muy gratificante, no ha sido una visita en vano, hemos encontrado buenas pruebas para saber lo que le pasó a Paula
-          Estoy preocupado por Manuel, como alguien lo identifique como el hombre que acompañaba a Paula antes de morir su madre, no habrá Dios que lo salve.
-          Manuel sigue insistiendo que no tiene nada que ver, así que debemos confiar, creo que si lo hubiese hecho, lo hubiera reconocido con lo del zapato
-          ¿Sentiste algo especial?
-          Solo que sabía que había estado allí, pero no recorrió el camino que nos enseñaron, por eso mi insistencia en ir donde la encontraron.
-          Bueno a ver que dicen del lugar, si encuentran sangre que no sea de Paula ni de Manuel, será una buena noticia, una  muy buena noticia.
-          Cruzaré los dedos
-          ¿Sabes lo que me puede ayudar?
-          Dime
-          Querría pasar una noche en el Cortijo
-          Me da un poco de miedo
-          A mí también, pero si logro conectar con Paula de una forma más directa, quizás podamos averiguar lo que realmente pasó
-          Se lo comentaré a Manuel, pero que sepas , que si voy y me quedo, será por ti, por no dejarte sola
-          Te lo agradezco
-          No tenemos que dormir, puedes ver pelis con Manuel, mientras me quedo en otra habitación sola
-          Me da más miedo por ti
-          Es lo que necesitaré, intimidad para hablar con ella, si es que se quiere comunicar
-          Mañana le llamo
-          Tranquilo, todo irá bien
-          Eso espero, no querría perderte en el primer caso
-          No digas esas cosas ni en broma, trae mala suerte
-          Perdón, no lo sabía
-          Vamos a casa( y arrancó su coche alquilado)
 
 
EL ASESINATO
La llegada a Málaga fue muy hermosa, con bellas flores, y una promesa de matrimonio, por supuesto falsa. Paula estaba ilusionada, había perdido a su madre, pero había encontrado al hombre de su vida, y se sentía incluso más segura que con su familia. Cuando eres joven la apariencia manda, y Andrés Quesada era un hombre apuesto, con algo de arrogancia, que hacía parecer que nada a su lado te iba a faltar, y que más podía pedir una chica sola en la vida, quizás la ilusión de un hijo, pero poco más. Fueron a una capilla cerca del Cortijo, y la mintió diciendo que Rafael Heredia era el sacerdote que los iba a casar, no se sabía porque se tomaban tantas molestias en mentir a la muchacha, si esa misma noche la iban a asesinar. A veces las personas que dicen ser creyentes, participan de las ceremonias religiosas, no para salvar a su conciencia, no la tienen, si no para seguir guardando la apariencia. Me hacía gracia verlos rezar, santiguarse, e incluso dar la paz, y al salir del templo su mente empieza a maquinar el daño que pueden hacer, para adorar a satán o para que sus bolsillos se queden tal y como están. El motivo no importaba, ya le había cogido el gusto a matar, una parte de todas las personas lo tienen, pero solo es el valiente el que se atreve a pecar, porque hace falta más que valor para llevar acciones no aceptadas por la sociedad, quizás cuando eres joven las llevas a cabo, sin tener muy claro lo que estás haciendo, pero cuando las canas empiezan a asomar, tu carácter homicida es lo que vence, no el influjo de los demás, quizás la vida no siempre es maravillosa, pero nadie es quien para matarte, y menos sin haberles hecho nada, simplemente por el placer que tu ego necesita para brillar en el mundo de la oscuridad, porque si formas parte de él, tarde o temprano te susurrará, que con alguien debes acabar.
Paula fue vestida de blanco a su noche de bodas, sin saber lo que le iba a pasar. Recibió otro regalo, una esclava con la fecha de su boda, los brillantes tendrían que esperar, y cuando brindó con una copa de vino exquisito, al suelo fue a parar. Rafael Heredia la cogió en brazos, aún vestido de sacristán, ella se despertó, cuando su brazo calló fuera del cuerpo, entonces luchó, empezó a sospechar.  Le dio su primer golpe, y la sangre empezó a brotar. Llegó Andrés Quesada, pidiéndole que él también quería participar, a lo que Rafael Heredia contestó que por supuesto, pero que la virginidad sería él quien la debería tomar. Estaban de acuerdo, mientas Paula agotada, escuchaba su plan. Su inocencia se marchó, llamando a su madre, quien ya se había ido, esperándola, si es que los espíritus tienen un lugar. Pusieron mantas en el suelo, Paula no podía gritar, pero su cuerpo respondía, y seguía recibiendo golpes, sin parar, la droga no había sido suficiente, y tenían que acabar con su voluntad, así que sin dudarlo, después de lastimarla sin parar, Rafael puso sus manos en el cuello, y acabó con lo que Dios había traído a la tierra, para que fuese feliz en su hogar. La vida trae sorpresas, algunas demasiado duras, como para agradecer el estar, pero nunca piensas que te van a matar, solo por amar. La ahogó, mientras la miraba, lleno de satisfacción al ver como sus pupilas cambiaban de tamaño, al dejar poco a poco de respirar. Cuando todo terminó, se abrazaron, como cuando acabas un trabajo con el que sentirte orgulloso, y fue entonces cuando supieron que el Paraíso no visitarían, pues para ellos era mejor reinar en el infierno que servir en el cielo, como dijo J. Milton. Paula estaba amoratada, con los ojos llenos de lágrimas, sin saber muy bien el motivo de su trágica marcha, mientras sus asesinos estaban contentos, porque era un problema menos que solucionar. No les dio tiempo a violarla en vida, pero no por eso dejaron de hacerlo, cuando su alma dejó de molestar. Rompieron su himen, pero ella al menos no conoció el dolor que se siente al ser forzada por Satán, ya nos había dejado, pero no pararon de violar, porque sentían placer, como les pasa a todos los que la maldad es su finalidad. Paula se murió, pero quizás su ángel de la guarda la ayudó a vengarse, a que no les saliera perfecto el plan, y al igual que cenicienta, un zapato perdió antes de empezar a volar. Dejó huellas, que el hombre no supo valorar por su afán de superioridad, y todo terminó con una ducha de agua caliente, cuando la dejaron en el rio, pesaba muy poco, la fuerte corriente la llevaría al mar.. El asesino cruel peca de prepotente, no cree que lo vayan a pillar, se cree tan inteligente, que piensa que los demás son tontos, y que jamás lo cazarán, pero la vida es imprevisible, y sería muy ruin que ellos no vieran las rejas, porque el mismo dolor deberían de probar…
 
PAULA
-          Es algo tarde para las barbacoas, ¿no creen?
-          Por supuesto, pero es una ocasión especial, además la cocina no va muy bien, y algo debemos de tomar, antes de entrar en la casa para pasar la noche
-          Entonces encantada, a ver ese choricillo de Málaga
-          No sé si te gustarán porque están hechos con la carne magra de cabra, típica de aquí, no con la del cerdo, y para mi gusto mejor el salchichón, pero no casa bien con las brasas
-          Seguro que estará bueno
-          Las patatas están casi listas, y creo en cinco minutos podremos servirlas con las chuletas
Y así pasamos la tarde, esperando que anocheciese, como ocurre en todas las películas de miedo. Los veía nerviosos, algo normal, porque no sabían lo que iba a ocurrir, y lo desconocido siempre algo asusta. En cambio yo entendía perfectamente a lo que me exponía, a un espíritu muerto de una forma trágica, así que imaginaba que su visita no iba a ser algo sin importancia, protestaría, se quejaría, pero seguro que me daba alguna señal para condenar a quien no temió ni a la Policía. Cuando nos dio el frio entramos sin dudarlo, había tanta niebla, que estaba todo como caracterizado. Nos fuimos a la Biblioteca, miré a Plutón, por si echaba una mano, y Manuel encendió la chimenea, para que Víctor entrara en calor, estaba temblando, sin tener muy claro si era por el frío o por el miedo. Le tranquilicé diciendo que vería con ellos una película, y sobre las doce me marcharía a algún dormitorio, quizás al principal, donde suelen pasar las cosas más desafortunadas, por ser el más amplio, para jugar sin liarla. Vimos la película Laura, en blanco y negro, nos entró algo de nostalgia, y no importaba que fuera antigua, porque cuando una cosa está bien hecha, los años le dan más valor, en vez de avejentarla. La hora llegó rápido, incluso antes de que el film acabara, así que les traje el chocolate con menta que había traído para el café, y pusieron otra película para que el tiempo pasara de una forma más grata. Subí los escalones del patio, y el dormitorio principal se distinguía fácilmente, entré sin dudarlo Estaba bien decorado, aunque anticuado, con cortinas de terciopelo en las ventanas a juego con una colcha de cuadros, dos mesitas de noche con paños, unos candelabros, y por supuesto un espejo con un tocador, llenos de polvo y de harapos. Me senté en el taburete, no sé lo que estaba esperando, pero no pasaba nada. Abrí los armarios, sin una razón aparente, pero quería saber si algo estaba ahí encerrado. Vi las estrellas, en Madrid no se veían, la luna por supuesto era llena, y entonces sentí un crujido en una de las mesas. Me acerqué, quizás había algo escondido por allí, pero no, no había nada. Me tumbé en la cama, y cerré los ojos, estaba algo cansada. Al cabo de unos minutos sentía como los muebles se abrían y cerraban, pero no podía moverme de donde estaba, veía pisadas en el suelo con agua, aunque mis ojos permanecían quietos, del espejo salían gotas que un charco de sangre formaban, y en el cristal de la ventana, la imagen de Paula se reflejaba, mientras mi respiración se hacía profunda, casi elevándome cuando expiraba. No podía tener miedo, había empezado a entrar en una especie de mundo paralelo, y aunque  mi cuerpo permanecía casi inerte, sentía que me ahogaba, sentía como había entrado en un espacio tridimensional y solo estaba esperando que Paula dijera lo adecuado para acabar con el caso. Me desmallé, y en esa especie de sueño, fue cuando me vi paseando por Málaga, dejando atrás la Plaza de la Marina, andando por la calle Larios, parándome incluso a ver un escaparate de la Perfumería Primor(lleno de biznagas) , tocando el agua de la fuente de la Plaza de la Constitución, llegando a la calle Granada, y entonces empecé a caminar muy despacio, entrando por la Calle Sánchez Pastor, casi parecía que todo iba a cámara lenta, incluso clasificando las baldosas de la calle, y fue cuando me di cuenta de algo importante: había una zapatería que utilizaba el logo de Plutón en las suelas. Volví a respirar más profundo, pero me estaba despertando, porque escuchaba el canto de las lechuzas por la ventana. Poco a poco abrí los ojos, teniendo claro lo que me quería decir Paula, allí le compraron los zapatos, y por supuesto que llevase la misma figura que tenían abajo en la estantería, era una coincidencia muy extraña. Todo volvió a la normalidad en la habitación, como si no hubiera pasado nada. Sabía que tenía facilidad para este tipo de cosas, pero nunca pensé que me iba a resultar tan sencillo encontrar alguna prueba en la casa, ni que Paula se hubiese comunicado de una forma tan rápida. Cuando miré a la puerta estaba Manuel junto a Víctor, asustados mirándome.
-          Llevas más de dos horas aquí arriba, hemos escuchado ruidos, y decidimos subir
-          Creí que había pasado mucho menos tiempo
-          Pues no, estábamos preocupados
-          Estoy bien, creo
-          Sí, eso parece
-          Ha merecido la pena este tiempo
-          ¿Has encontrado algo en la casa?
-          No, pero Paula me ha dicho algo importante
-          ¿El qué?
-          Conocéis alguna zapatería en la calle Sánchez Pastor( hubo un silencio)
Miré a Manuel, y se sonrojó igual que cuando me dijo que no sabía nada del pisapapeles con la figura de Plutón. Y entonces empecé a sospechar de él, porque tenía claro que esa coincidencia no era casual. Una parte de mí no quería pensar que volviesen las costumbres antiguas de formar sectas, y poco a poco introducir a empresarios con dinero, que a cambio de parte de su patrimonio, se les diera protección, favores e incluso llevar a cabo cualquier encargo, que no todo el mundo fuese capaz de realizar. No lo quería pensar, pero una parte de mi lo tenía bastante claro. Y me acordé de lo que me comentó Víctor sobre las reuniones que las familias más importantes de Málaga. Creí que había llegado el momento de empezar a investigarlas, porque si todo eso había pasado, mientras Manuel era partícipe de esa especie de banda refinada, Paula quizás hubiese muerto, por capricho, como siempre pasa en esas personas con intenciones de salirse con lo que les dé la gana. Quizás hubiesen vuelto los ritos satánicos, que en la antigüedad habían hecho tanto daño, muchas veces encuentran en el demonio un aliado para llevar a cabo lo que sus sucias mentes desean para el adversario, sin necesidad de que fueses el enemigo, en ocasiones el hombre pisa una hormiga, simplemente porque se cruza en su camino, y para ellos el resto de seres humanos eran simples insectos, que  molestaban para caminar tranquilos. Me levanté y miré a Víctor, intentándole decir que me quería ir de allí. Se dio cuenta, y nos fuimos rápidamente, era de noche, y Manuel no comprendía nuestra repentina marcha, aunque no era tonto, y se podía imaginar lo que pasaba. Llegamos al apartamento sin mencionar nada, pero se había dicho casi todo. Tomé una ducha a las cinco de la mañana, y cuando salí me dijo que su cliente era Manuel, asentí porque a pesar de pertenecer a la secta, de ser el propietario de la casa donde se produjo la desgracia, seguía creyendo en su inocencia, aunque no sabía cómo demostrarla. También me comentó que cuando dieran las diez iríamos a la zapatería, para confirmar lo que Paula explicaba, dejando claro que la secta la había asesinado, aunque el motivo me parecía demasiado superficial, debería haber algo más.  Lo bueno es que con el tiempo todo se sabe, tarde o temprano la porquería sale a flote, por muy hondo que la ocultes, siempre resurge e incluso por arte de magia.
 
LOS ORÍGENES
-          ¿Víctor?
-          Sí, ¿quién es?
-          Soy el comisario Márquez
-          ¿Puedo ayudarle en algo?
-          No, solo quiero que sepas las nuevas noticias. Querría quedar con usted en algún sitio, para tomar un aperitivo, y así cerramos de una forma grata el caso
-          ¿Tan claro lo tienen?
-          Sí, bastante
-          Qué tal en el Pimpi sobre las una y media, un vinito dulce nos quitará las penas
-          De acuerdo
Antes de entrar en la bodega, paseamos por la calle Sánchez Pastor, y ahí estaba la zapatería, con todas sus suelas intactas, donde parecía que Plutón sonreía, deseando el mal a quien desobedecía a esa especia de mafia. Nos encantaba el Pimpi, era tan acogedor y con tanta clase, que parecía que las reuniones que ahí se hacían adquirían importancia. Entonces nos comentó la pesadilla de Manuel, porque si no lo sabía, iba a ir a la cárcel, sin tener muy claro si era el autor de la masacre. El comisario Márquez nos dijo que había buscado los orígenes de la familia, y habían descubierto que el padre de Manuel era también el padre de Paula, por lo que estaba bastante claro el motivo de su muerte, el dinero mueve montañas y también despierta el espíritu asesino de quien lo idolatra. Víctor agachó la cabeza, porque sabía que no había defensa que a Manuel lo salvase, lo que no comprendía era como un dato tan claro, no había sido comentado, porque esas cosas son fácilmente demostrables, y dudó de que lo supiese, de que fuese consciente de quien se trataba, pero como iba a defenderlo, si no tenía ni coartada. Lo único que pidió fue ver a Manuel antes de que le arrestaran, por si confesaba o le daba alguna pista donde rasgar, si no tuvo que ver nada. El comisario lo miró, diciéndole que por lo general la culpa es de quien se sospechaba, rara vez se confunden, porque las pruebas van dejando huellas de quien mató a la pobre muchacha. El comisario se marchó, sin no antes comentar que mañana por la mañana, cuando Manuel fuera por el periódico, lo llevarían a la cárcel de Alhaurín de la Torre, donde no estaría mejor que en su hogar, pero tendría la proximidad para que las visitas no se cansaran. Nos miramos tristes, porque había sido nuestro primer caso, y no había salido bien, no habíamos podido demostrar su inocencia, pero quizás fue porque no existía, porque era culpable, y quería disimular para que las rejas no fueran su nueva casa, así que tristes llamamos a Manuel para ver si nos podía recibir, creo que Víctor le iba a pedir que se marchara, porque de la condena no había ningún Dios que le salvara, y era mejor una huida a tiempo, que pasar parte de la existencia sin libertad, señalado de una forma poco grata, tenía dinero para empezar de nuevo en otro lugar, donde quizás no lo conocían, o por lo menos debía intentarlo con ganas, para salvar la vida que le quedaba.
 
EL ESPÍRITU
 A mí me mataron por no querer participar en ese tipo de actos vandálicos, soy descendiente del Alcalde Miguel Sánchez-Pastor Drago, quien formaba parte de la secta, sin tener muy claro sus fines, simplemente que pertenecía a la élite, y cuando eres inocente te llama la atención tener clase, pertenecer a un grupo selecto, a quienes miraban con respeto, sin saber que simplemente eran delincuentes vestidos de bonito, gente sin escrúpulo, con afán de poder, e incluso de ser presidentes. Cometieron el error de querer que participase, cuando  me gustaban otros quehaceres, como ir a jugar al ajedrez, sin tener que pedirle dinero al contrincante, así que me mataron, aun habiendo sido el elegido como jefe, porque les molesté como las hormigas que te cruzas en algún puente,  pisándome la cabeza, porque eran dos y más fuertes. Dejé esta vida, y pensaban que había sido atacado, cuando salí de alguna reunión de gente pudiente, pero mi espíritu aún seguía paseando por Málaga, y fui yo quien avisó a Verónica, no Paula, ella murió joven sin haber pecado, su alma fue directa al Paraíso, mientras mi espectro continuaba atrapado, y necesitaba ser escuchado una vez más, antes de dejar este mundo tan peligroso, como hiriente. Fui yo quien la visité en Madrid, fui yo quien hizo ruido en el Cortijo, fui yo quien la hice pasear por la calle de mi antepasado, para que supiera de la existencia de los malvados, pero la cosa se había complicado, no supe decirle quienes fueron, confundiendo al culpable, porque la vida puede ser maravillosa, pero muy injusta para quienes no actúan como un hombre empoderado, y a Manuel le pasaría lo mismo que a mí, pagaría por la crueldad de unos vándalos, porque no conocían el honor, y jamás confesarían su pecado, pues bien hecho estaba todo lo que ellos  hubieran provocado. No había nada peor que un ego subido, que no le dejaba ver la misericordia del adversario, porque por su crueldad Manuel iría a la cárcel, mientras Rafael y Andrés vivirían llenos de gozo: el dinero no había sido separado, porque en el fondo solo se trataba de eso, de seguir viviendo como un príncipe, aunque tuvieras el alma de maldita por Satán y sus aliados. Manuel pasó su última noche entre los que creía amigos, pidiendo que le ayudasen, no conocía nada de lo sucedido, y ambos sonreían, pues mientras hubiera un culpable, nadie buscaría al hombre de la gorra, quien engañó a Paula y a su madre. La vida puede ser  injusta, cruel y muchas más cosas, así que había que cruzar los dedos por no dar con personas malas, porque si estaban cerca, nadie se libraría de sus horribles acciones. Satán provocaría situaciones, donde la oportunidad para sobrevivir se reduciría a un ápice, así que era mejor rezar, y esperar que lejos permaneciesen sus seguidores.
 
AVE FÉNIX
Volví a Madrid, como había prometido, pero bastante triste. Manuel se había ahorcado en la última noche de libertad,  dentro del Cortijo Jurado, en la Biblioteca, con Plutón mirándole, mientras la cuerda lo zarandeaba. Sabía que no iba a soportar la cárcel, le sería difícil huir, porque todos los medios se habían hecho eco de la noticia, y la condena fuera quizás hubiese sido peor, y tanto Víctor como yo creíamos que la culpa por la avaricia fue su condena (ingenuos). Él se quedó en Málaga para arreglarle papeles y la Herencia, por supuesto la mayoría se la quedaría la dichosa Secta.  El tren me trajo rápido, a mí se me hizo muy lento, dándome tiempo a reflexionar. El regreso a Málaga no había salido como esperaba, aunque a pesar de haber tenido todo tipo de visiones, había vuelto a la vida normal, salí de la cama, y comencé a trabajar al lado de quien me valoraba, eso es mucho para una persona que tiene  añadidos adjetivos que nadie los deseaba. Era un paso muy importante para volver a resurgir de mis cenizas, por algo se empieza, aunque no fuera de la forma que una deseaba, porque el triunfo de la bondad es lo que una siempre ansia, pero la vida era muy distinta, a veces totalmente diferente a lo que una quiere de niña. Miré por la ventana, llegué a Atocha, cogí un taxi, pasé por la Puerta de Toledo, y sin saber por qué, pedí un deseo (no se dice, para que se cumplan). Mi apartamento estaba intacto, mis gatas alimentadas por el portero (le llamé para pedírselo). Aparentemente todo estaba en orden, y mi cabeza relajada, que después de tantos sucesos paranormales, estaba un poco agotada. Aún era temprano, y decidí ir al Rastro, no quería estar en casa,  me pareció un buen plan. Víctor me dijo el puesto donde había comprado el pisapapeles, comentando que generalmente eran cosas robadas, pero con clase, así que sin dudarlo fui para ver si había algo más para adornar mi apartamento, estaba un poco frío, sin muchas cosas personales. Cogí el metro, me dejó cerca, y me acerqué al lugar exacto que me había indicado. Tenía un poco de todo, sin orden ni concierto, pero vi una litografía que me gustó, parecía una señal positiva para continuar, era del Ave Fénix, por supuesto la compré, estaba hasta enmarcada. Me costó cara, pero no importaba, era la imagen que debía idolatrar, para que poco a poco fuese recomponiendo mi vida destrozada. La metí en la bolsa plegable que siempre llevaba, y me fui a casa. De repente sentí miedo, hacía tiempo que no lo vivía, pero me pareció que alguien me seguía. Paré, la gente me sobrepasó, y no pude saber si era cierta mi intuición, o la imaginación me estaba jugando una mala pasada. Había visitado Málaga, pero no había visto a nadie, paseé en horario laboral, por lo que no coincidí con los que llamé amigos durante un largo instante. Se suponía que la historia había quedado atrás, que ninguna persona importante volvió a vivir esos sentimientos tan destructivos hacia mí. Lo que no se ve, ni se habla, casi no existe, o eso era lo que pensaba. Volví a coger el metro de forma insegura,  pero no pasó nada. Llegué a casa bien, aunque suspiraba. Me duché deseando no tener ninguna visión, y así fue, esperaba que los espíritus me dejasen en paz, y que no mataran a ninguna otra muchacha. Me puse mi albornoz de mangas de murciélago con mis iniciales bordadas, y me tumbé en el sofá con los afer mint que tanto me gustaban. Casi me duermo, pero sonó el timbre. Había avanzado mucho, antes ese simple gesto me daba miedo, me daba miedo pensar quien podía estar detrás de la puerta, o a quien habían mandado. Me levanté, pregunté, y era Charly. Había visto luz, y quería saber si había regresado. Le abrí la puerta, ahí estaba, como siempre sonriendo, y yo continuaba algo mojada. Cerró la puerta, dejé que el albornoz cayese al suelo, iniciando lo que pensé que jamás volvería a hacer, por temor a alguna desgracia. Me acariciaba, me besaba, me empezó a amar en la cama, sin mencionar palabra. Mientras intentaba relajarme, porque no quería estropear nada, lo deseaba, y él no paraba de apretarme con sus manos fuertes por el instrumento que manejaba. Más que sexo parecía que estaba tocando una melodía con su violín, porque era música lo que producía con sus dedos, cuando me apretaba las nalgas, y en mi bosque animado penetró, cuando no había nada que lo obstaculizara. Me gustó, me hizo sentir viva, aún merecía la pena la vida junto al sexo. Miré el cuadro que estaba apoyado en el tocador, no me había dado tiempo a colgarlo, asintiendo y rogando volver a tener unos brazos que me abrazasen, cuando la vida no pareciese un regalo. Nos tumbamos boca arriba, medio enamorados, aunque fuese un pensamiento pasajero, era sano. Entonces el sonido del teléfono interrumpió la belleza del momento
-          ¿ Quién es?( nadie contestaba)
-          ¿ Quién es?.¿Hay alguien al otro lado?
-          Soy yo…
 
 
 
 
 
 
NOTA DE AUTORA:   Verónica volverá, solo si así lo desean. Gracias!!!
 
 
 
 
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Foto del autor Sandra María Pérez Blázquez
Textos Publicados: 58
Miembro desde: Nov 23, 2012
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Descripción

Breve libro sobre un asesinato en el famoso Cortijo Jurado de Málaga,de la médium Verónica

Palabras Clave: CORTIJO JURADO

Categoría: Cuentos & Historias

Subcategoría: Terror & Misterio



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Lucy reyes

Mantve interesada leyendo cada suceso. Cuando llegué a la página 57 sentí hambre, preparé una bebida, comenté con mi esposo que estaba leyendo un interesante cuento, aún no sabía lo ocurrido a la madre de Paula, menos la desgracia de ella, el engaño y la inocencia que muchas veces permite lo inesperado, terminé de leer hasta la página 80 que me dejó perpleja pensando en lo que vivió Verónica-
Muy buen relato, con altibajos inesperados e increíbles. Buen final.
Felicitaciones.
Lucy
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January 06, 2022
 

Sandra Mara Prez Bl�zquez

Muchas gracias!!!los buenos comentarios me animan mucho a seguir escribiendo. He publicado el segundo, y estoy escribiendo el tercero, habrá cinco para completar la historia. Deseo que te guste...
Responder
March 27, 2022

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