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Publicado en Nov 08, 2021
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“Estar en todos lados”
36.   
No sé si he hablado de algunos campamentos en donde tuve la oportunidad de trabajar por largos veranos en la temporada de la uva y otros frutos conforme avanzaban las épocas del año. Hace unos días atrás mientras conversaba con un amigo de antaño por vídeo llamada a altas horas de la noche nos pusimos a recordar viejos tiempos, mientras yo fumaba y bebía cerveza él le daba cortas caladas a su cigarro de marihuana y entre ellos salieron algunas historias a flote. Esto ya fue hace unos ten years old, como diría el gringo; Como cada verano era hora de marchar del terruño en dirección norte, donde el comienzo de los trabajos en los parrones comenzaba justo después de fiestas patrias, justo por estas fechas. Después de pasar a buscar a un socio a una región de la zona norte nos embarcamos en bus rumbo a la ciudad de Copiapó, allá nos esperaba otro socio de andanzas que había llegado unas semanas antes, él era el gancho para entrar a trabajar, El Flaco, un delincuente que acumulaba varias causas en su contra, expediente tan alto como la distancia de tu antebrazo como el mismo relataba, entre sus bribonadas más famosas contaba la de un asalto con secuestro de personas a una estación de buses en la capital, donde él fue el único arrestado, entre tantas otras que le costaron una purga ahora de cinco años tras las rejas en  esa misma ciudad. El trabajo daba buen dinero, pero todos solteros, sin hijos, sin metas y sin sueños, eranse los factores justos para una vida de desenfreno y despilfarro, fumábamos yerba como locos, nos emborrachábamos a diario, pocas peleas, éramos considerados los más locos así que nadie se metía con nosotros, el silencio y las pocas amistades hacían que oscuros relatos corrieran acerca de nuestras personas y bueno una que otra tontera cometida por esos lugares. Aquella noche nos compramos dos bidones de 5 litros de vino tinto cada uno, el llamado chimbombo, famoso y jamás menos preciado, bueno en esos años, tenía un sabor a rayos y te dejaba una resaca de los mil demonios haciendo zamba canuta en tu cabeza al otro día, pero cumplía su misión emborracharnos y hacer que perdiéramos el sentido de la compostura, aquella tarde decidimos subir un cerró de aquel valle, una empinada cima que nos hacía caminar de forma incómoda y encorvada para no caer, si mal no recuerdo nos demoramos unas horas entre cada parada para fumar y beber, con tal que llegamos a la cima poco antes de la puesta de sol, una panorámica incomparable que hasta en ese estado fui capaz de disfrutar, desde la cima gritábamos improperios al viento, blasfemias y todo lo que nuestras almas alcoholizadas quisieran , bailamos, vomitamos, hablamos hasta no poder más… Cuando ya llegó la hora de descender apenas si podíamos mantenernos en pie, así que decidimos tirarnos cerró abajo corriendo desde la cima por su parte frontal, la que daba al campamento, ¡corriendo señores!, tropezamos, caímos varias veces, pero todo llegó a su fin cuando el flaco se detuvo y nos gritó que paremos y como en las películas  llegamos a detenernos por completo poco antes de caer por un risco de piedras afiladas que a la luz de la luna y las estrellas parecían cuchillo afilados, la muerte nos había seducido y por nada los tres casi seguimos el carrete en el infierno, por decir algo, aquella noche nos separamos ya que cada uno creía tener la mejor forma para bajar y evitar alguna lesión grave, ya que las leves eran más de una docena, yo corté hacía la izquierda y mis socios hacia la derecha… cuando llegué abajo les grité pero nada, temiendo lo peor me quedé debajo de un matorral a esperar hasta el otro día, me dormí, esa noche andaba una cuarta persona, pero  yo ni mi socio lo pudimos recordad…. Desperté demasiado dolorido para caminar, preocupado, me dirigí al campamento a pedir ayuda, pero grande fue mi sorpresa cuando vi a mis socios acostados en sus camas todos sucios, rasmilladlos y con cara de haber recibido la paliza de sus vidas. Cuando se es joven el mundo es un campo de diversiones y los riesgos son un juego al cual se debe subir, los límites se rompen y las reglas son hechas para romperlas, todo da igual, Dios se ha de divertir viendo que sus hijos se entretienen y que se aventuran en los caminos que él ha creado, de mayor uno se toma más enserio las cosas y entre menos riesgos mejor, los ambientes ya se hacen más controlados incluso hablarle a una chica se transforma en juego de vida o muerte, bueno al menos para mí,  a veces hay q hacer cosas sin sentido o si no qué se recordará cuando ya los años nos acerquen a nuestro creador. Dejad que los niños vengan a mí… uphapheme

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Foto del autor Jonathan Ibarra Luman
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Descripción

36.

Palabras Clave: 36.

Categoría: Cuentos & Historias

Subcategoría: Relatos



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Magnolia Stella Correa Martinez

Fantástico relato. Magníficas cosas que son buenas anécdotas, mientras no dejan consecuencias qué lamentar.
Me encantó tu historia, Jonathan. Flicitaciones.

Saludos desde Colombia
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November 08, 2021
 

Jonathan Ibarra Luman

Sí, toda la razón. Abrazos Magnolia
Responder
November 08, 2021

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