Un sueo impdico ms
Publicado en Oct 03, 2021
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                                             Un sueño impúdico más.
 
 
Una inusitada falla  insustancial se pasea  dentro de mi veterana mente con total arrogancia y atrevimiento, circunstancia poderosa y ladina que me sumerge en aparentes aguas cristalinas invadidas por sueños relucientes, ficciones atrevidas y deseos retenidos, donde lo único indiscutible es el protagonismo imperante y hermoso de tu presencia.   
 
Estando en eso, yo, cual hoja seca de un añejo parronal, me dejo arrastrar por esa brisa refrescante que me promete un diáfano horizonte,  ilusionándome con alcanzar una quimera y experimentar un anhelo que en otras circunstancias podría  haber sido una opción encantadora.
 
En lo febril de mis pensamientos y conjugándose entre los ideales resguardados, se configura una historia sabrosa que, en lo profundo del proscenio desde donde ésta se realiza, irrumpes graciosamente con tu figura referente junto a todas tus perfectas y recordables virtudes.
  
¡Oh, maravilloso sueño destinado a colmar mi dicha legítima y privada!
 
A la distancia me reconoces; parpadeas contenta y te luces con tu ser potente que me sonríe plenamente.
 
Me abalanzo sobre tu consensuada entrega y te abrazo esperanzado, cubriendo tus mejillas con mis enamorados besos…
 
¡Gracias, fortuna, por tan lindo momento!  
 
(En este espacio es cuando se explica la existencia de éste sueño, pues es evidente que de una escena a otra el tiempo hace su trampa y utiliza un virtual atajo que abrevia el cuento).
 
Estamos en privado, entre cuatro paredes, completamente solos y amándonos furtivamente. Con sutiles movimientos te despojo de tu ligero vestido,  de tus bragas magenta y tu transparente brasier, consiguiendo que adornes fragantemente la atmósfera con la rica desnudez de tu cetrina piel vigente, la bien esculpida generosidad de tus senos firmes y la suavidad de tu aterciopelado bajo vientre pubiano. Te impulso con cuidado hacia la cama cómplice y te dejas caer lentamente, aferrada a mi musculatura bronceada que te ampara incondicionalmente.
 
En el regio nido de amplias plazas, bajo nuestros móviles cuerpos, se acomodan silentes las sábanas de seda color marfil, mientras tanto, como si fueras mi prisionera, sostengo tus brazos alzados en torno a tu desparramada cabellera olorosa que se tiende sobre la mullida almohada.
Muerdo impaciente tu ávida boca y trago vorazmente la humedad de tu lengua, acompañando con imperceptibles gemidos guturales el compás de la premura.
 
Rozo la punta de tus pechos con el mío y te oigo emocionada pronunciar mi nombre, siendo ahí cuando desenvaino mi viril y carnoso puñal de acero rosado y, resuelto, lo penetro con avidez irreverente, sin preámbulos, en tu sensible, irresistible y holgado espacio vaginal, arrancando desde tus entrañas un precioso suspiro que me llena de varonil orgullo.
 
¡Sí, sí,sí… Ay, ay, ay..!
 
Muy rápido llegamos al primer climax, pero fue solo el inicio, pues desbordábamos libido suficiente en nuestros almacenes y en menos de lo que cae un rayo, soltamos las amarras para un festival de creativas posiciones, o la merecida oportunidad para unas mutuas mamadas hambrientas entre las piernas, dignas de un gourmet, o la emocionante incursión anal en ese hermoso trasero tuyo, casi juvenil, que aun conservas orgullosamente.
 
Así, entre risas, ternuras y gozos fuimos dando marco a una prolongada experiencia de placeres en ese tiempo reservado de una libre fantasía.  
 
En medio del periplo de las horas y entre los muchos reiterados orgasmos,   apelamos a mezquinas pausas de exiguos tramos para poder tomar aliento y continuar con la desafiante aventura de nuestras locuras, sin tregua…  Hasta llegado el amanecer y la sigilosa retirada de la luna tras el brumado horizonte,  cuando se hizo presente de manera inevitable,  Le Petite Mort, quien nos cerró los ojos y nos hizo dormir a uno en los brazos del otro de forma absolutamente consecuente.
 
Lo maravilloso es que no fue aquel el último momento de mi sueño, pues al rato de aclarar la mañana, te levantaste silenciosamente y fuiste a la esquina del barrio a comprar el pan recién horneado y me despertaste con una mesa bien servida, con sabrosas tostadas embetunadas con mermelada de moras, una taza caliente de humeante té de hojas y una gran sonrisa dulce en tus hermosos labios rojos.
 
Para ser feliz no se necesita más que eso… Y así se puede despertar tranquilamente de cualquier sueño.  
Foto del autor juan carlos reyes cruz
Textos Publicados: 113
Miembro desde: Oct 12, 2019
4 Comentarios 152 Lecturas Favorito 0 veces
Descripción

Inspirado en el texto publicado por Daih, Lealtad (Una carta que nunca lleg).

Palabras Clave: .

Categoría: Cuentos & Historias

Subcategoría: Fantasa



Comentarios (4)add comment
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Daih

Woh!!!! Que sería de la vida sin los sueños impúdicos y los ricos té mañaneros ߘ
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October 10, 2021
 

juan carlos reyes cruz

Sin dudas sería un a vida vacía...
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October 10, 2021

Magnolia Stella Correa Martinez

Wauuu... qué lástima que haya sido solo un sueño. Pero, de acuerdo mi querido Juan Carlos, despertar de los sueños no tiene porque ser traumático. Me encantó la efervescencia de tu relato.
Saludos
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October 05, 2021
 

juan carlos reyes cruz

Mi estimada Magnolia Stella, me enorgullece que seas tú, una mujer que ha demostrado en éste lugar poseer un criterio bien dotado, quien sea la primera en dar un parabien a éste crudo cuento efervescente, como tú le llamas. Y refiriéndose precisamente a ese aspecto, aprovecho para definir que es muy satisfactorio tener la posibilidad de expresar las cosas como se sienten y mejor aun cuando existe un segmento humano que las acepta de buena manera.
Gracias, amiga. Recibe mi cariño.
Responder
October 05, 2021

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