Los Cuentos de Textale. Captulo Seis: Una Seora Bien Amada.
Publicado en Apr 06, 2021
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Toc toc.

Espere, espere, le dijo el escritor a su huésped. ¿Están llamando a la puerta?

Sí eso parece, pero no se preocupe, le sigo contando. Aquella mujer que abrió la puerta, me preguntó que sí iba a pasar.

Toc toc, toc toc, toc toc.

Siguen llamando a la puerta, voy abrir, porque es muy insistente. 

Pero, deme tiempo, que acabo pronto, es sólo un instante. No, no, espere usted y ahora me sigue contando. Porque con ese ruido en la puerta, no me estoy enterando.

Bueno, vale, pues abra, como usted desee. 

En aquel momento, se levantó impaciente el escritor del sillón central de la mesa blanca, se fue desairado hacia la puerta y abrió. A la vez que abría, casi sin darle tiempo, a que estuviera la puerta totalmente abierta, una mano ya se introducía por hendidura. Era una mano con anchura, que le recordaba a las manos de algunas figuras, la figuras de botero. 

Déjeme pasar buen hombre, decía una voz, mientras empujaba hacia dentro. Y el escritor, que aún no le había dicho que pasase, ni le había preguntado quién era, … se trataba de resistir aquella fuerza impresa sobre la madera de la puerta. 

¿Pero quién es usted señora? ¡Estese quieta! Que me va a tirar al suelo. Aquella señora, dió un empujón a la puerta y tirándolo al suelo, entró dentro. Diciendo, pero hombre es que es usted tan poco caballero, si llego a saber eso, no vengo. La señora que había entrado con el talle apretado por el marco de la puerta. Entró quejándose. 

Señor mío, haber si revisa el marco de esta puerta, que está preparada para gente esquelética y no de buena presencia. ¿O acaso no ha visto que yo tengo dos buenas armas de mujer? 

El escritor, que aún seguía en suelo, le dijo: Señora, la verdad, que aún no me fijé. ¿Pero qué quiere? ¿Qué hace usted aquí? Y la señora cerrando de un portazo la puerta, lo cogió del brazo, le dió un tirón y lo levantó, poniéndolo en pie de una sóla vez. 

Pues verá señor, me voy a sentar en aquella silla, esperemos que de la talla. Que vengo agotada y ahora mismo le cuento. El escritor, viendo que ya no iba a poder deshacerse de aquella mujer, le dijo: Estaba bien, pase y siéntese, que estaba atendiendo a otro huésped. La señora se aproximó hasta la mesa con ademanes seductores y cuanto se aproximó lo suficiente, vió quien estaba en la mesa. Dió un respingo hacia atrás y dijo: ¡Tu, tu, otra vez! ¡Tú eres el mendrugo! ¿Qué haces aquí? 

El huésped la miró, se sonrojó y dijo: ¡Por Dios! La señora que me insultó. La señora, viendo que tendría que compartir la mesa con aquel individuo, se sentó enfrente de él. Y le dijo, tengamos la fiesta en paz, pero que conste que usted, debería respetar las normas de tráfico. 

El huésped dijo: Pero señora, si yo …

A lo que la señora le respondió: Nada, nada, dejemos el asunto zanjado, pero que no vuelva a pasar. Está bien señora, está bien.

El escritor, sorprendido de que se conocieran tan bien, dijo para sus adentros: ¡No doy crédito! ¿Se conocen? Lo que me faltaba. Y se volvió a sentar en su asiento.

Bueno, bueno, sigamos por donde íbamos, continúe con lo que le sucedió cuando llegó y entró en el edificio. Señora, usted espere y escuche, hasta que acabe, porque supongo viene por la entrevista de trabajo, ¿o me equivoco?

No, no se equivoca buen hombre, ahora le cuento.

Pues bien, como le iba contando, antes de que esta señora de armas tomar, llegará. Saltó la señora y dijo: ¡Y a buena honra que las llevo bien dispuestas! 

Bueno eso, que subí los dos o tres pisos hasta llegar a su puerta. Y cuando llegué me encontré el cartel de la oferta. Y por fin me pude decir: Ya estoy aquí y además, no hay fila, que bien, yo que venía todo el camino pensando que iba a ser el último de la cola y parece que voy a ser el primero en llegar. 

Así fue, para la entrevista, aunque hubo uno que se coló antes, con otros intereses, le dijo el escritor. 

Y ahora, cuénteme, ¿por qué viene con esa capa tan reluciente? Anda, anda, hombre lo de la capa fue, porque cuando llegué, durante todo el viaje, llevé ropa de calle, pero cuando llegué me encontré al lado del cartel una percha con esa capa con su capucha y pensé. Pues tal vez, sea para parecer un personaje y entrevistarme. El escritor, que no sabía de qué le estaba hablando dijo: Pues yo no la coloqué, así que no se. 

Y entonces, a ver, formalmente ¿usted quien es? El huésped, quitándose la capucha y abriéndose la capa, dijo: Hombre, como verá usted y la señora, no soy caperucita roja. ¡Ya, ya, parece usted más bien …! Dijo la señora.

Introduciendo su mano bajo su ropa, sacó una barba que llevaba enrollada, y la puso sobre la mesa. La comenzó a desenrollar y cuando acabó la barba ocupaba toda la superficie a lo largo de aquella mesa. Y dijo: Verán, mis credenciales para optar al puesto de trabajo son sencillas. Se lo trataré de mostrar. Unos se quejan, cuando suena en la mañana para despertarles. Otros se me quejan cuando en una carrera de atletismo de élite me he acabado, otros dicen que sienten que soy muy largo y los de más allá, que soy breve o corto en plazo. Todos se quejan y ninguno quiere dar a torcer su brazo. 

Vaya hombre, pues parece ser usted importante, dijo el escritor. Y la señora altanera como ella sola le dijo: ¡Menos lobos caperucita!. 
El huésped mirándola le dijo: ¡Y esta señora, es que me tiene inquina! Bueno voy acabando, la cosa es que me puse la capa o el disfraz para despistar, pero en realidad, soy solemne y honesto. Y la señora, sin darle tregua le dijo: ¡Si eso, eso, es usted un poco molesto!

El huésped saltó un poco enfadado y le dijo: ¡Señora, un respeto, que no está usted conversando con un barbilampiño! Y la señora muy borde le dijo: (pensando) ¡Uy, lo que me ha dicho!; ¡Ah, que a su edad quiere usted ser un niño! 

El huésped ofuscado dijo: ¡Yo no he dicho eso! A lo que la señora, muy señorona, le dijo: ¡Ah, qué quiere usted que se la den con queso! El huésped, que le dejaba continuar le repuso: ¡Señora déjeme en paz, que usted no me ha de entrevistar!.

Bueno, bueno, no se enfade empaque, que no lo decía por usted. 

Bueno, pues eso, dijo el huésped. Que mi nombre es “Tempo”. Así me conocen en la música, me conocen el ritmo de las composiciones literarias, … 

Y la señora, riéndose a carcajadas, dijo: ¡Menudo nombre, parece que fuera lento!

El escritor, viendo que la señora no lo dejaba en paz, le dijo: ¡Por favor señora, lo quiere usted dejar en paz! ¡Tranquilícese! 

A lo que la señora, mirando al escritor le dijo, ya cogiendo confianza desmesurada con él: Hijo, es que llevo tres días, que para qué. Verá usted, yo soy cetrera y vengo persiguiendo a un ave rapaz desde unas montañas en las que la estaba entrenando. Porque resulta, que la saqué a entrenar al lado de una gran montaña que tiene un pico muy blanco, y el ave, subió y subió hasta lo más alto. Pero con tan mala suerte, que cuando la llamé para que regresara, una tormenta de un lado se presentó, se asustó y salió volando. Y así llevo tres días detrás de ella, hasta que llegué a esta ciudad. 

Y por si esto fuera poco, cuando llegué, antes de ayer, no sabría a qué hora decirle, resulta, que cansada, me paré a tomar un té. Y cuando entré en el local, me encontré con dos amigos, levantando y animando a brindar con los vasos por sus alegrías, … con lo cansaba que yo venía.  Y no siendo poco todo esto, luego salí del local, crucé por el paso de peatones, y (señalando con la barbilla del rostro hacia el huésped) con ese, con ese mendrugo, me crucé. En fin hijo, que yo no pensaba venir, pero después me topé con un señor con sombrero caminando por el acerado, junto a un parque, que venía de ver un recital poético y por lo visto, se le había ocurrido escuchar el recital, buscarle empleo a un amigo. Que según me contó, porque nos tropezamos, y mis armas de mujer lo enamoraron, o al menos, eso decían sus ojos, atrapados entre mi escote. Mientras conversaba sin parar como si fuera loro,no más. Pues eso, que lo había dejado mal avenido. Y fue entonces, cuando me dijo, lo que usted, buen amigo, estaba buscando personal para un cuento animado. Y pensé, pues yo soy muy fogosa, digo, digo, animosa, seguro que encaje bien, porque los hombres me adoran como mujer. 

Y aquí me ve usted, junto al hombre y la mujer: el ser.

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Descripción

Los Cuentos de Textale.

Palabras Clave: Cuento Humor Comedia

Categoría: Cuentos & Historias

Subcategoría: Fantasa



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