Los Cuentos de Textale. Captulo Cuarto: Un personaje de viaje.
Publicado en Apr 05, 2021
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Quedó en silencio la habitación, cuando aquel hombre se fue. El escritor, agarró sus papeles y rebuscó su pluma para comenzar a escribir aquella vez.

Debo comenzar a seleccionar de una vez. De otro modo, no acabaré. Cuando en ese mismo momento, mientras estaba entretenido rebuscando bajo sus papeles aquella adornada pluma, sonó la puerta como un corcel. 

Levantó la vista, se revolvió en la silla y pensó: ¡No será aquel hombre otra vez! ¡A ver si se ha olvidado algo! Y para salir de dudas, pregunto desde el interior de su ser: ¿Quién es? 

Una voz fuerte, respondió: ¡Abreme y te contaré! El escritor, dubitativo por sí era alguien que le venía a reprender. Dijo: No sé si abrirle, porque sí le abro, tal vez mencione asuntos que no quiero comprender. Pero, si no le abro, puede que esa historia me la vaya a perder. Creo que le diré que pase. Tal vez sea algún personaje.

Y con voz alta y resonante, dijo: ¡Pase pues, pase usted! Que aquí estamos, por sí nos quiere sorprender. 

Sin demora, abrió la puerta, pasó y cerró la puerta, como una onda sentencia. Se trataba de alguien envuelto en una larga capa roja, con la cabeza cubierta en su capucha. A penas, se le veía los ojos y decía: ¿Perdone, me puedo sentar junto a usted?.

El escritor, un poco atemorizado en su adentros, dijo: Sí hombre o mujer, lo que usted sea, siéntese aquí. Y dígame, que desea. Verá usted. No se por donde empezar, porque es largo de contar. Mientras tanto, la mente del pensador le decía en modo oculto: despáchalo rápido, que se pasa el día.

Verá usted, buen caballero. Vengo de muy lejos, porque me dijeron que usted estaba buscando a un profesional y que podía presentarme a la entrevista de trabajo. El escritor, le decía a su pensador: ¡Pero si este, esta o esto, no tiene pinta de ser un personaje literario! ¿Como no sea el narrador? 

A lo que el escritor, lo miró y le respondió: ¡Ah, sí, viene entonces usted por la entrevista de trabajo!. Sí, sí, eso es. ¡Ah, pues bien! A ver. Por lo que veo, usted tiene buen porte, se le ve grande, con buen talle y firme. Parece que está bien educado y parece que tiene buena predisposición. ¿Me equivoco? No, no, Todo lo que ha dicho es verdad. 

Muy bien, pues entonces, cuénteme algo más sobre usted, para saber, sí podría usted optar algún papel. 

Sí, sí, intentaré ser breve, para no aburrirme. Verás, partí hace tres soles y medio para llegar aquí. ¿Tres soles y medio? Pues ya viene de bien lejos. Sí, eso mismo pensé yo al pensar venir, que quedaba un poco lejos. Pero ya ve, al final me decidí y estoy aquí. 

Sí, bien, pues siga. Sí pues eso. Que partí hace unos tres días de mi lugar actual de residencia. Al principio salí con un poco de somnolencia, pero poco a poco se fue animando el viaje entre paisaje y paisaje. Verá, cuando llevaba algunas horas de viaje, pensando en cómo me saldría la entrevista. Me dí cuenta, que ya estaba lejos de casa, porque a la distancia, desde la carretera, observé una altísima montaña, con la punta blanca. Y con el coche en marcha, apenas pude ver una ave rapaz que ascendía hacia lo más alto, ante la llegada de una tormenta que se veía se le aproximaba desde uno de los lados. Y en aquel momento, le juro que me pareció era un símbolo de buen agüero. Ver a lo lejos, aquella sombra que subía y subía, me animó, haciéndome pensar que la entrevista me saldría bien. Como si por encima del bien, que se enfrenta al mal, hubiera una “supermujer”.

Pero verá usted. No tardó mucho, cuando, pocos km. después me crucé con un cementerio, en el que se veían unas montañas al fondo. Parecía estar abandonado, en medio de la nada del Desierto de Atacama, donde sólo se veía “la sombra” de un hombre que declamaba  realistamente, en aquella tarde de domingo. Y sinceramente, esto me arrugó un poco. Porque ya casi era el anochecer y estaba cansado del largo viaje. Por lo que aquella imagen, tomó unos colores de claro-oscuro, que casi parecían tonos grises del otoño que está apunto de dar paso al invierno. 

Y así viajé durante dos días más, hasta llegar aquí, a esta ciudad. Dónde vive usted. 

¡Ah, pues muy bien! ¿Y que más me puede contar de usted, de cómo es, ...? Pues sí me permite, proseguiré un poco más, antes de presentarme formalmente, … Bueno, bueno, pues prosiga usted. Sí, bien, como le decía. Al tercer día llegué. Y al entrar a la ciudad, serían eso de las 7:00 a.m., en una de sus calles, contemple entre la incipiente lluvia que caía suavemente a una mujer en la puerta de una casa, de gran hermosura y con una bella sonrisa . Yo pasé cerca y como me cogió un semáforo, la ví, porque parecía una visita increíble, con aquel aroma a café que salía y parecía saber, a desayuno recién hecho. Disculpe, que resalte esto, pero es que estaba hambriento cuando llegué. Y eso, aquella mujer estaba siendo atendida, por un hombre con su bata de franela y sus viejas pantuflas, como si se acabase de levantar. 

En cuanto se puso el semáforo en verde, ví como la mujer entraba dentro y yo continué. Al rato, como por arte de magia, se diluyó el gris de la mañana. Y pasé cerca de un parque, verde y muy hermoso. Y desde fuera, a mi paso, por entre las palmeras pude leer un cartel. En aquel cartel decía: Hoy la afamada poetisa Raquel. Por lo que como el día había mejorado. Pues decidí hacer un alto en el camino y pasar a ver la lectura poética de aquella mujer. 

¡Que interesante! Empieza a gustarme, aunque aún no me ha contado nada de usted. Pero continúe, que me tiene intrigado. Bueno sólo le diré, que desde aquel atril, que habían colocado en medio de uno de los jardines más bellos y delicados del parque, me la encontré. Cerca, había: un Cine, una Academia de Baile, .... Digo, aquella mujer, recitaba un poema, muy lindo. Aunque claro, como había tanta gente, yo desde lejos, sólo pude oír algunos de aquellos bellos versos: … doradas hojas de rocío alegrar; y otro decía: rocío de su encantado lugar … 

Y claro, ya vi que se me iba echando en tiempo encima, como cuando es el preludio del otoño, pues igual. Y entonces decidí que debía seguir el camino de la marcha. Porque aún no sabía dónde quedaba este lugar. 
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Foto del autor J. C.
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Descripción

Los Cuentos de Textale.

Palabras Clave: Cuento Viaje Incgnita

Categoría: Cuentos & Historias

Subcategoría: Fantasa



Comentarios (2)add comment
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juan carlos reyes cruz

Es ésta una original manera de indicar que atiendes lo esfuerzos que hacemos muchos al plasmar en el sitio nuestros trabajos intelectuales ( o pseudo-intelectuales ). Naturalmente no alcanzan a estar todos aludidos (razones habrán).
No obstante, ¿Habrá una opinión de cada lectura..? Después de todo, imagino, que el propósito de todos quienes escribimos es que el público conozca nuestra idea y no perseguimos solo el engrosar la cifra TEXTOS PUBLICADOS: XXXX
Saludos afectuosos, J.C.
Responder
April 05, 2021
 

J. C.

Es una forma de reconocer el esfuerzo que tiene escribir dentro de un mundo (el de Textale que es continuo y no disperso) tan extenso. Donde muchas personas pueden pensar que nadie los lee, los entiende o los conoce. Y sin embargo, como sucede en el mundo real, sin que lo sepamos, nuestras obras van a parar a cientos, a miles de lugares inesperados, donde el mundo los recoge y los reinventa, con la vida. En cuanto a los aludidos, es imposible alcanzar a todos los escritores y escritoras, porque eso requeriría de muchas novelas y horas. Porque un mundo tan rico, tan extenso y tan bello, no es posible recogerlo con todo detalle. De ahí, los limites de las escritoras y los escritores. No obstante, espero les agrade, los retazos que recojo de algunos de esos instantes. Recibe un cordial y atento saludo.
Responder
April 06, 2021

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