Una de tantas desdichas
Publicado en Jul 30, 2020
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«Hacienda Quispe», se leía en un cartel colgado en la cerca de alambre de aquel fundo, ubicado a orillas de una carretera perdida entre los cerros, que muy probable ni usando el google map se podría  encontrar. Parada frente a esta hacienda y con una inmensa barriga, estaba Lucha baca, una joven afroperuana que, creyendo en el amor a primera vista se había aventurado a dejar su tierra y jugársela por su felicidad conyugal, sin embargo tanto fue su frenesí pasional que no se dio el tiempo de conocer al dueño de su corazón, al Eladio benitez, un negro zamarro que por huir de sus pillerías en el pueblo decidió probar suerte en la serranía peruana, llevándose consigo a la Lucha que muerta de amor por él era capaz de seguirlo al mismito seol si fuera posible.
Resulta pues, que después de comerse la manzana de la tentación de su mujercita, Eladio se hastió y como buen comensal entró a degustar manjares nuevos, dejando a nuestra Lucha con el fermento dentro de su vientre, por más que la joven le llorara como es digna de un magdalena, el zamarro, endureció su corazón si es que alguna vez lo tuvo y se fugó con su nueva mujer pa la selva, sino fuera por la caridad del sacerdote Manuel, un vejete agrio pero de buen corazón que cansado de escuchar los lamentos y las confesiones de la despechada mujer le sugirió conseguir trabajo en la Haciendo Quispe, ya que el hombre necesitaba de una cocinera.Y fue así cómo fue a parar la Lucha Baca en la hacienda Quispe.

Don Juan, el dueño de la hacienda era pues un hombre próspero y muy chambero, que desde chiquillo había trabajado duro y parejo para salir de la miseria que cuando era chico vivía, atrás quedaba la vieja choza donde criaba cuyes para sobrevivir junto a sus padres y sus doce hermanos, lejano veía las épocas de  «serrano apestoso» con la que con tanta crueldad era vituperado, y ahora todos le decían Don Quispe, conocedor de las aflicciones de la pobreza, juró ante la tumba de su mamita ayudar a los necesitados y es así como se convirtió en el protector de los provincianos que llegaban a su puerta a pedir ayuda. 
Don Juan había recibido a la Lucha, como ya lo contamos anteriormente pero también tenía una criada charapa, a quien cuando estaba de buenas ganas le pedía que contara sus colosales historias de tunchis, ayaymamas y runamulas; cada vez que decía: -Gerucha y ¿Cómo canta el ayaymana?- la mujer  sabía que su patrón quería escuchar unos de esos cuentos exóticos que ella se deleitaba en contarle con ese acento tan típico de la gente selvática, todos se reunían devotamente detrás del patrón en el patio principal a escuchar los milagros de la tanrilla, aveces juzgaban  en cómo un padre puede abandonar a sus hijos por una mujer en alusión a la Ayaymama y en muchas pcasiones terminaban llorando al escuchar el final de este cuento. Gerucha para consagrarse como la mejor cuenta cuento imitaba y hasta se vestía con esos atuendo que ella misma improvisaba y tenía a su variado público absorto en su relato, hasta que Moshaco, su hijito pequeño gritaba pidiendo teta. Entonces todos volvían a sus quehaceres y don Quispe terminaba con una risotada y su típica frase. -Ya mi darí tiempo di conocersh tu tierra con la patrona-
Gertrudis o como todos la decían gerucha, tenía un hijo de dos años, a quien solía decirle Moshaco en alusión a su extinto marido que en vida había sido mujeriego y que por andar de correteador se terminó ligando a la parca que lo llevó al otro lado, ahí donde sol no alumbra y solo quema.
Gerucha siempre recuerda aquella vez en que don Fanito Quispe la encontró en el mercado vendiendo plátanos mientras sostenía a su bebé en brazos y justo cuando acababa de quedar viuda- De verdacito que Diosito nunca olvida al pobre- decía.
Como todas las tardes, después de atender a los patrones y dar de comer a los peones, los criados de la hacienda se dedicaban a chamullar en la cocina, Lucha siempre estaba triste y mirando a la ventana, prefería no formar parte del grupo de los amigos, don Ishaco le había bautizado como la negrita silenciosa y, doña Lola le llamaba pobre criatura a las justas puede con su almita,y para que tenga que cuidar otra almita de su hijo, Diosito lindo.
-Pero vaya que por pishpira y hombreriega terminó en esa situación, ¿acaso por ser niña de casa? No, ahi que quería tener su tripa dentro del calzón- se escuchaba hablar a la odiosa de doña Dora, que de tanto hablar maldades su dentadura ya huía de su boca.
-Ya, caracho-déjenla pues, ¿Qué pues les hace esa pobre huambra? que ya suficiente tiene, alaucita, tan wawita y está lejos de su casa y ahora debemos ayudarla a cuiadar a su llullito.
-Ah, no- yo le voy a decir a la Señora Carmen que la bote- capaz y después de parir se quiera encamar con el patrón y como la doña está seca, hasta podría ser que el patrón la deje por la negrita- argumentó doña Dora.
 -Que tu boca se haga chicharrón, doña Dora- cómo puede salir tantos sapos y culebras de tu hedionda boca- le contestó inmediatamente Gerucha,
Lucha que se antenía alejada de ellos, podía escuchar todo lo que en su nombre era la misa y prefirió retirarse del lugar.
En una ocasión mientras la señora Dora intentaba mover una tina llena de ropa, se lisió la espalda, y Lucha al escuchar sus gritos corrió a auxiliarla, la vieja después de un tiempo le pidió disculpas a la muchacha y al ver los demás su gran humanidad trataron de acercarse a ella. Ella llegó a tomarles cariño e incluso les confesó que una vez a los nueve años, su tio Waldemar había abusado de ella y que su mamá nunca le creyó y le había llamado mentirosa y que lo mismo le volvió a ocurrir a los trece años cuando su padrastro se metió en su cama mientras su madre estaba  en la fiesta.
 -Y de pronto la misma pesadilla me ocurrió otra vez, grité lo más que pude, lo empujé pero él era más fuerte que yo y no pude defenderme- contaba Lucha con la voz entre cortada mientras todos la escuchaban con cara de lástima- Por eso salí de mi casa y decidí huir con Eladio, pensaba que él sí cuidaría de mí, pero no lo hizo, solo se aprovechó que lo amaba y luego me dejó tirada a mi suerte con este bebé en mi vientre-
Gerucha quien conmovida por la historia, se avalanzó sobre Luchita para abrazarla, mientras le decía a su oído, lo valiente que había sido y lo hermosa que era, le decía que Diosito nunca olvida a los pobres y que más adelante su vida será diferente. Mientras Lucha la escuchaba y la sujetaba a ella. Desde aquel momento ambas fueron  como hermanas a pesar de la diferencia de edades.
Y así transcurrió el tiempo hasta que estando Lucha con dolor de parto, el patrón mandó traer a Gerucha quien aparte de ser criada también era comadrona y la mejor amiga de la joven cocinera.
-No seas dejada ñañita- le decía -
-Puja, que las mujeres somos fuertes y  parir es cosa nuestra, la vida nos dio  mucha fortaleza y ningún huevón nos hará pensar lo contrario -le decía, mientras recibía a un bebé robusto y gritón.

 
 
Foto del autor FLORIMAR DAVILA - TALEPCIO
Textos Publicados: 50
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Descripción

Texto narrativo que relata la historia de valor, con personajes tan coloridos

Palabras Clave: contratiempo resiliencia

Categoría: Cuentos & Historias

Subcategoría: Relatos


Creditos: Flor de Mara Davila Talepcio

Derechos de Autor: Flor de Mara Davila Talepcio

Enlace: florimar82@hotmail.com


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