Eduardo
Publicado en Apr 05, 2020
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EDUARDO
 
- ¿A dónde vas? Responde.
-Tranquila madre no voy a hacer nada malo.
-Eduardo, eres un niño, tienes doce años, mi responsabilidad es educarte, saber dónde estás, eres menor de edad y aunque fueras mayor de edad te preguntaría lo mismo, porque bien sabes los peligros de ahora, si algo pasa, hay que saber ubicar.
-Mamá desde que tengo cinco años sé lo que hago. Sé que me quieres cuidar, sé que me amas, eres buena mamá, te quiero mucho, te aseguro que nada de lo que hago te debe preocupar.
Está bien hijo, pero debes saber que no me gustan los secretos entre madre e hijo, debemos confiar el uno en el otro. Fíjate que soy madre soltera, eres mi único hijo, no tienes papá que te reconozca como hijo, ni hermanos, somos los dos solos. Eres inteligente y bueno. Yo te contaré lo que he vivido, mis planes, mis proyectos y tú me puedes ayudar a pensar, a planear sobre nuestro futuro, podemos comentar lo bueno lo malo y lo feo ¿te parece?
-Me parece que eres increíble, diferente a otras madres que son regañonas. Acepto tu propuesta. Lo primero que quiero saber es: tu forma de vida desde tu niñez y, ¿por qué no tengo papa? ¿Por qué no tengo abuelos ni tíos?, quiero saber todo.
-Claro que sí hijo, todo lo sabrás, empezaré por contarte cómo ha transcurrido mi vida desde mi niñez.
No he conocido a mi madre ni a mi padre, viví con mi abuela materna, ella me contó que mi papá es un oficial de la marina y mi mamá una bailarina, ellos nunca se casaron. Cuando mi madre quedó en embarazo mi padre se aisló, no quiso aceptar que era un papá y cuando nací mi madre me entregó a la madre de ella, porque su trabajo era bailar en grupo con más bailarines en diferentes países y no me podía cuidar. Así cada uno permanecía en diferentes países y no les importa mi vida, ni la de los abuelos ni familiares, nada se sabe de ellos.
Mi abuela me registró en una notaría con el nombre de Josefina, pero me llama Pepita, me consentía mucho, vivíamos las dos solas. Me matriculó en un buen colegio, me llevaba a los parques, a cine, me compraba ropa juguetes. Pero cuando cumplí ocho años mi abuela se enfermó, empezó a perder la memoria, no sabía dónde guardaba el dinero, olvidó mi nombre, me llamaba Lola o Hilda, en vez de llamarme Pepita, no volvió a pronunciar mi nombre. Yo no sabía qué hacer con mi abuela, sólo le contaba a la señora Sofía, que vivía en la siguiente casa a la nuestra.
La señora Sofía era buena, nos daba alimentos y a veces se quedaba en nuestra casa cuidándonos. Pero un viernes por la mañana, mi abuela salió a la calle, cuando me levanté la busqué por todas partes y nunca la encontré, entonces la señora Sofía me hacía muchas preguntas, que quienes eran de la familia o amigos, quienes eran mis padres, yo le contaba lo que mi abuela decía. Revisó la casa encontró muchos recibos de cobros de luz de agua y unas cartas que cobraban arriendo de la casa. Veinte días después encontraron a mi abuela muerta, por atropello de un bus. Nadie quería comprometerse al entierro de mi abuela, parece que alguien, no se quien dejó a mi abuela en un cementerio del norte de la ciudad de Bogotá. Quedé sola en la casa, abundantes lágrimas cubrían mi rostro. La señora Sofía me consolaba, me acompañó dos noches, me llevaba comida, mi tristeza no me permitía dormir, casi no podía comer.
Un día vinieron unas personas que dijeron ser dueñas de esa casa, colocaron avisos de que se arrendaba y me ordenaron que fuera a vivir con algún familiar, yo duré unos dos o tres días llorando y aguantando hambre, luego la señora Sofía me llevó a vivir a su casa con el esposo y una hija.
Al poco tiempo arrendaron la casa y no supe quien tomó todo lo que era de mi abuela.
La hija de la señora Sofía era una señorita de quince años, ella le propuso a la mamá que yo fuera sirvienta de ella, que le llevara el desayuno a la cama, que le arreglara la alcoba, que le lavara la ropa interior, cuando sentía calor yo tenía que refrescarla con abanicos, ordenaba que yo le lavara los pies, que le arreglara las uñas, que se las pintara, y me trataba mal. Tuve que soportar durante unos años las borracheras del esposo de la señora Sofía, que me despreciaran, que se burlaran de mí. Qué triste fue pasar de los consentimientos que recibí de mi abuela, de estar viviendo cómodamente, de estudiar en un buen colegio, a vivir como sirvienta, como pordiosera, obedeciendo órdenes que me avergonzaban, sentía estar como en el infierno, sólo me consolaba recordar el cariño de mi abuela que me daba gusto en todo, también recordar el buen colegio
La señora Sofía trabajaba tejiendo bufandas, gorros patines, ella me enseñaba, aprendí, y por suerte descubrió la señora Sofía que yo tenía talento para las obras manuales, así que ayudé a trabajar, no me pagaban, pero tenía comida y techo. El esposo de la señora Sofía me mandaba que le tejiera sacos y chalecos para sus amigos, me encargaban que hiciera muchas prendas tejidas. Tenía que trabajar hasta altas horas de la noche.
A una amiga de la señora Sofía le parecía injusto que yo trabajara tanto y no ganara ni un peso, entonces me propuso que viviera en la casa de ella y pagaría mis trabajos, acepté, pero no sabía cómo decir que me iba, no obstante, me atreví y dije a la señora Sofía que ya no viviría más tiempo con ellos, la señora dijo que no me fuera, la señorita hija, también dijo que no me fuera, el esposo de la señora me insultó me dijo: desagradecida, es obligación que siga viviendo aquí, -no quiero, respondí y miré con ojos de odio al señor- Él tomó mi brazo, me pellizcó y me arrastró hacia mi alcoba, allí me amenazó a muerte si contaba lo que de él yo sabía. Lloré desesperada, no volví a servirle a la hija, sólo obedecía a la señora Sofía, ella me preguntaba la razón por la cual yo miraba con odio al esposo, jamás le respondí mis razones, no quise que la señora Sofía sufriera.
El día que vino la señora Marcela, -quien quería que viviera con ella-, por fortuna pude contarle mis sufrimientos, porque ninguno se encontraba en la casa, de inmediato ella me dijo: aprovechemos, antes de que lleguen, no debes vivir más aquí, quise alistar mis cosas, pero ella me dijo, no alistes nada, te compraré todo cuanto te haga falta, vamos, vamos, rápido.
 Llegamos a casa de doña Marcela, todo era diferente, jardines, adornos, paz, pasaban los días, iluminaba mi felicidad, doña Marcela compraba lanas de todos los colores. Yo tejía cobijas, vestidos, blusas, resultó muy bien el negocio, podíamos, ir a cine, divertirnos, pero doña Marcela tenía un novio italiano que le propuso matrimonio. Se casaron, la casa donde vivimos se la dejó a la mamá, me dio en dinero la mitad de la utilidad del negocio, sin considerar mi estado en cinta, -bueno los enamorados viven su vida sin importar la vida de los demás- No siendo mucho el dinero tuve que conseguir en este pobre barrio un apartamento en arriendo, aquí poco a poco me he desenvuelto tejiendo, pero aquí la gente quiere todo muy barato, es por eso que tejer no dejaba suficiente dinero para sobrevivir. Me ayudo vendiendo helados que hago con sobrantes del desayuno, leche y chocolate. Por fortuna los de la tienda de la esquina me fían lo que necesito. La señora Juana y su esposo Mario me ayudan mucho. Pido lo necesario para alimentarnos, ellos anotan en un cuaderno lo que compro y a fin del mes suman mis deudas, les pago, les agradezco, tejo gorros, bufandas, medias, chalecos y se los regalo a Juana y a Mario. Para mi bebé tejía de todo. Juana y Mario vivían pendientes de mi embarazo.
 
Lo que me ocurrió donde la señora Sofía es muy pesado para contarlo a mi hijo. No sé si deba…, quedé un rato pensativa… Dije a mi hijo que, sin secretos, pero ¿cómo contarle sobre mi embarazo? ¿Cómo contarle que los borrachos amigos y el esposo de la señora Sofía aprovechaban de mi estado de indefensión y abusaban de mí? ¿Cómo decirle que no sé cuál de ellos es su padre? No, puedo. ¿Inventar una mentira? No… ¿qué hago? Si le cuento la verdad le amargo la vida, seguía yo pensativa.
-Mamá ¿qué pasa? No dejas de pensar, cuéntame lo de mi papá
- Por hoy no más hijo, vas a llegar tarde al colegio.
-Sí mamá tienes razón, mañana me sigues contando.
 Al día siguiente Eduardo, después de llegar del colegio, de tomar onces… mamá ahora sí cuéntame quien es mi papá y si lo puedo conocer. Sin haberlo pensado antes, no sé cómo se me ocurrió decirle esto: Hijo, por ahora perdona que no me refiera a tu papá, te suplico que dejes pasar uno o dos años para tratar el tema.
- ¿Por qué?
Por tu edad, estás muy joven para entender, tienes doce años, pero te prometo que cuando seas mayor y hablemos de eso, te diré la verdad, sin mentira alguna.
Pero mamá, te he dicho que desde que tengo cinco años entiendo, que pienso lo que mucha gente mayor no piensa, que me doy cuenta de los problemas de este país, que quiero llegar a ser el presidente para solucionar problemas, que a medida que voy creciendo, voy pensando en soluciones. 
-¿Qué? ¿que, quieres ser el presidente de este país?
-Claro que si, por algo he venido pensando en los problemas, en las necesidades y en soluciones.
-Maravilloso hijo, cuenta con mi apoyo, te acompañaré, pensaré, seguiré tus planes, es lo más importante que podemos hacer en esta vida, aunque cueste mucho sacrificio.
-Gracias mamá, me gustaría que revises los escritos sobre las soluciones que he encontrado en el camino.
-Cuenta conmigo, pero hay que darle tiempo al tiempo, no puedes descuidar el estudio en el colegio y más tarde en la universidad, ¿y tu gusto por la guitarra y el canto lo dejarás?
- No mamá, de ninguna manera, por el contrario, mi música y mi canto llevarán a muchos lugares mensajes importantes de la vida, será un secreto en mis propósitos y, tienes razón, estudiar es lo más importante, ya sabes que soy el mejor alumno en el colegio. Madre, mira este cuaderno, aquí tengo una lista de problemas que he visto en la gente, las redes y en los medios de comunicación y mis pensamientos de cómo encontrar soluciones, léelos por favor, y dime qué te parecen.
-Bueno hijo, ya veo que el cuaderno está lleno de tus letras, necesitas otro cuaderno. Estoy muy entusiasmada, leeré todo. Por ahora me ha gustado tu plan, lo que me inquieta es la falta de dinero, tú sabes que las campañas son costosas.
Pasaron seis años. Eduardo con su voz y guitarra cantaba y componía canciones de acuerdo a lo que observaba, costumbres, lenguajes, lujos, pobreza, necesidades, recorríamos en bicicleta, ¡increíble! conocimos ciudades, pueblos veredas, caseríos y hasta logramos conocer países de Suramérica. Fue la oportunidad de recibir aplausos, elogios, invitaciones y ofertas de trabajo en celebración de cumpleaños, grados, día de la madre, reuniones de gente adinerada, pagaban bien, Eduardo ahorraba parte del dinero que ganaba, pensando en el costo de las campañas, también consideraba que el cansancio y la fatiga de la mamá no podía continuar, sería mejor seguir sólo el camino y la mamá, apoyando y ayudando desde el apartamento.
 El carisma, el talento musical y vocal de Eduardo llamaba la atención, ganaba la admiración y el cariño de quienes lo conocían, podía contar con varios seguidores, lo que suponía éxitos en campaña presidencial.
Después de comentar con la mamá sus recorridos sus logros, sus seguidores, se puso Eduardo de pie, en firme. Bueno madre ya terminé bachillerato, ya llevo dos semestres de economía, ya he conocido pensamientos de mucha gente, es hora de saber quién es mi padre, la razón de no poderlo conocer, -te escucho madre:
Bien hijo mío, va mi verdad.
No puedes conocer a tu padre, porque (…) Por mayor que seas es fuerte la verdad, pero creo que tal como has recorrido y conocido de muchas injusticias e historias que nos contaban tantas mujeres que visitamos en diferentes sitios, algunas de esas historias, fue como la mía. ¿Recuerdas lo que nos contó Adelita? Sí, ¿la que conocimos en Ecuador? -Claro que si la recuerdo-, aquella que nos hizo llorar. Pues, hijo, la historia de ella es muy parecida a la mía, razón por lo cual lloré mucho. ¡No puede ser madre! ¿también a tus catorce años fuiste violada por unos desconocidos? Sí. No, nooo, No llores madre mía, de nada fuiste culpable, sólo fuiste víctima de hombres malos en tu niñez. Déjame abrazarte y besarte madrecita linda, déjame secar tus lágrimas, déjame callar el sollozo de tu voz, déjame decirte que los pálpitos de tu corazón se unen a los míos. Madrecita mía, linda, olvida ese triste pasado, que por malo que fue te quedó este hijo que te adora y que hoy más que nunca quiero que te sientas orgullosa de mí, que es posible llegar a ser presidente, gracias a tus esfuerzos de amor de madre, de tus trabajos, de acompañarme, de tu apoyo, de tu inteligencia. Jamás estarás sola, a lo mejor llegaras a tener nietos que te adoren. Madrecita, falta que me cuentes, lo de tu embarazo, mi nacimiento, cómo has podido alimentarme y educarme en un colegio.
Verás hijo: cuando encontré el apartamento en arriendo, pude pagar el primer mes, compré dos camas de segunda, baratas, la pequeña mesa de comedor que tenemos con cuatro asientos, una pequeña estufa de gasolina, cobijas, sábanas, productos de aseo, con el dinero que me entregó la señora Marcela de mi trabajo de tejidos, me sobró dinero como para pagar tres meses de arriendo y como ya te conté, los de la tienda me ayudaban, me querían. Por la forma de mi barriga pensaban que mi bebé sería una niña, como me daban antojos de comer cosas agrias, ellos me daban gusto. La señora Juana sabía cocer y me hizo vestidos de maternidad. Al momento de los dolores del parto, Juana y Mario me llevaron al hospital, en calidad de acudientes, teníamos todo listo en una maleta. A ellos les exigieron donar sangre para poder entrar al hospital. Cinco horas duró el trabajo del parto. Naciste ¡Qué felicidad! Un hermoso niño, me lo entregaron para que lo alzara. Juana y Mario habían contado a muchos vecinos que yo no tenía familia, pero fue como si la tuviera varios del barrio me visitaban y traían muchos regalos para ti, cuando llegué al apartamento.  
-Madrecita, ¿por qué mi apellido es Rodríguez?
 -Porque ese era el apellido de mi abuela. En el hospital que atendieron mi parto te registraron, te tomaron las huellas y tus padrinos de bautizo fueron Juana y Mario. Ellos son generosos y te quieren mucho. Gracias madre, tendremos que ser especiales con mis padrinos, quererlos y ayudarlos en lo que necesiten. Claro que sí hijo.
Cuando cumpliste tres años te matriculé en el colegio, ya sabías leer algunas palabras, los colores y contar hasta cincuenta. Las profesoras del colegio me felicitaban por tu inteligencia, tu progreso y tu manera de ser, por eso eres el consentido del colegio. A mí también me felicitan, por ser responsable, trabajadora y disciplinada. Madrecita: yo también te felicito, te admiro, te agradezco y te adoro más que a todo el mundo.
 Eduardo terminó su carrera de Economía y derecho. Ya podía contar con sus seguidores para postularse como candidato a la presidencia de Colombia. No era fácil empezar, aunque tenía seguidores, lo difícil era competir con otros aspirantes.
UNA SORPRESA:    Eduardo no se imaginaba a qué se debía la invitación de ir a un pueblo. Numerosas personas reunidas en el parque principal, frente a la iglesia de un hermoso pueblo llamado Tibasosa, cuya riqueza histórica y cultural se refleja en la estructura arquitectónica de sus viviendas, sus celebraciones tradicionales, la amplitud de su parque principal, sus jardines, la limpieza de sus calles, sobre todo por la memoria que aún conservan sus habitantes de sus antepasados y, muchas más actividades atractivas del pueblo.
En ese lugar turístico un grupo de personas esperaban la presencia de Eduardo para manifestarle su admiración, su deseo de que fuera presidente de Colombia, total apoyo y promesa de ejercer sus votos a su favor. Todos los manifestantes llevaban sombrillas abiertas, pintadas del color de la bandera de Colombia, amarillo, azul y rojo, con letreros que decían: “Colombia, Justicia y paz” “Eduardo presidente”, Música clásica de fondo. Cada uno de los cuatro amigos elegidos para pronunciar discursos, resaltaban las cualidades de Eduardo y la importancia de que extendieran mensajes apoyándolo y firmando hasta completar las necesarias para su candidatura.  Eduardo, extrañado y sorprendido, sin preparación alguna para responder los discursos, improvisó los agradecimientos con una bella poesía. Luego, sus sencillas palabras para presentarse como ser humano humilde, estudioso, con una historia simple de su vida, llegó al corazón de aquella agrupación que lo aclamaba. Los aplausos no dejaban de sonar, la gente se acercaba a saludarlo de mano. Alguien se acercó y dijo al oído de Eduardo: Esta sorpresa ha sido organizada por doña Pepita, ella se encuentra rezando en la iglesia. No puede ser… ¿mi madre está en la iglesia? De inmediato Eduardo salió a buscarla, la abrazó, Gracias madrecita ¡qué increíble sorpresa! Sí hijo, pero estoy muy triste por algo que está ocurriendo. ¿Qué ocurre madrecita? No hijo, primero agradece al pueblo la asistencia y el apoyo, cuando regresemos a casa te comentaré el problema. Listo madre, tienes razón, agradeció a los amigos y al pueblo a quienes prometió dar a conocer sus proyectos y propuestas.
Ya en el apartamento Pepita dijo a su hijo: ¿Sabes lo que está ocurriendo en la China verdad? Sí madre lo sé, es preocupante, tendremos que protegernos a tiempo. Lo primero que pienso que se debe hacer es, cerrar el Aeropuero Internacional El Dorado, para evitar que llegue el coronavirus a Colombia o permitir sólo el regreso de colombianos, pero previo a la llegada de ellos, tener listas las pruebas, llevar a los enfermos al hospital y los no enfermos que guarden cuarentena para evitar el contagio de la enfermedad. No hijo pues cómo te parece que el contagio ya llegó a Colombia. ¡Uy, madre es la peor noticia!, no me había enterado… Te invito a que escuchemos el noticiero, escucha: ¡NUEVE INFECTADOS EN BOGOTÁ! La alcaldesa Claudia está muy preocupada, ha propuesto confinamiento, que nadie salga a las calles, salvo excepciones, a manera de simulacro, toque de queda nocturno, durante cuatro días, previniendo que más adelante se haga a nivel nacional, por mandato del presidente. El simulacro es como especie de ensayo, que la gente vaya entendiendo la importancia del aislamiento. Vale la pena escuchar a los médicos y a los noticieros. Es algo nuevo, muy grave, cada día se extenderá el contagio, tenemos que ser solidarios. El presidente ordenó continuar el simulacro con una cuarentena hasta el 13 de abril, no obstante, la alcaldesa opina que se debe aumentar la cuarentena por tres meses más. Lo difícil, es la diferencia de pensamientos, a unos gobernantes les importa más la economía del país que la vida de las personas a otros, contrario sensu les importa más la vida de las personas, como la alcaldesa.
Cumplidos los decretos de la alcaldesa y el presidente, Pepita y Eduardo quedaron los dos encerrados en la casa dialogando, pensando, buscando la forma de mercar, de comprar los medicamentos, preocupados por la enfermedad crónica de paludismo que sufre Pepita. Si salgo a mercar puedo traer el contagio a casa, será mejor pedir domicilios –dijo Eduardo- y así se hizo. Madre, alista un platón o utensilio grande con agua jabonada ¿Para qué hijo? –cuando lleguen frutas y verduras recibirlas en el utensilio, rosear de alcohol las bolsas plásticas, del mercado de grano, pan, huevos, leche, golosinas, lavar frutas y verduras, una vez secas llevarlas a la nevera. Bueno hijo repartamos el oficio yo cocino y tú haces el aseo del apartamento, yo lavo la ropa y tú planchas en las horas de la mañana y por la tarde haces lo que quieras, yo tejo dos horas, escuchamos música, hacemos ejercicio. Madre, es mejor hacer ejercicio temprano no tarde… bueno y por la noche ver noticias en tv. Listo hijo, día a día se nos ocurrirá lo que debemos hacer. Mientras tejes trabajo en la computadora, asesorando a los de la empresa PCS quienes me contrataron en temas de financiación, claro hijo. Todo va cambiando, tú trabajando en tu computadora y haciendo oficios que jamás hiciste. Igual sucede con muchas personas, que no sabían cocinar ni hacer aseo de sus casas y les toca hacerlo. Las personas que viven solas tienen ventajas y desventajas, no hay convivencia, tienen libertad de hacer lo que quieran, ya están acostumbradas a vivir solas, si son jóvenes soportan bien, pero si son ancianos y se enferman, nadie los atiende. no los pueden visitar, ni acompañar a hospitalizarse, e s muy triste, ni pensar en la muerte…
 más triste…
Es increíble ver la soledad, el silencio, la desobediencia de algunas personas en la calle en diferentes países, todo cerrado, no poder mercar, no pagar servicios quienes no tienen Internet. No tener suficiente espacio donde caminar en los pequeños apartamentos ocupados con muchos muebles, no poder respirar el aire puro de los parques, quienes viven en casas con buenos patios están bien. En los hogares donde hay varios adultos y niños más difícil.  Lo más preocupante es el desarrollo de las pruebas, unas vienen mal selladas. Unas se hacen con prueba de sangre y otras nasales, los médicos explican esos procesos en T.V,
Veo desde la ventana del apartamento a otras personas como tú, escribiendo en computadores, en las calles unas que otras personas paseando sus perros, veo ciclistas, motos llevando domicilios, taxis, un señor haciendo ejercicios en la calle.
Mamá deja ya de chismosear en la ventana.
-¿Qué quieres que haga? ¿Ser el modelo que quieres que yo sea?
- No madre que te ocupes en algo importante.
-¿Cómo qué?
Como leer, tejer, cocinar.
Pues, tú, sólo vives en la computadora, ni siquiera descansas diez minutos, debes asomarte a la ventana y ver lo que estoy viendo, en vez de criticarme.
No tengo tiempo ni deseo de estar chismorreando desde la ventana.
Vea pues, antes no peleábamos, ahora todo el tiempo los dos solos peleamos, pues estoy tejiendo en pensamiento lo que veo desde la ventana y tú deberías ver desde la ventana lo que va pasando y tejer en tu pensamiento, lo popular, lo que hace la gente. Yo tejo muchas puntadas, trenzas, florecitas, tejido tupido, tejido con espacios que dejan hoyitos, combino colores de lanas, diseño modelos, mezclo unas lanas con otras para ser original, eso mismo debes tú hacer cuando seas presidente, tejer con muchas puntadas soluciones de problemas populares y combinar con lo que sabes de tus estudios profesionales.
Madre, ¿estás muy enojada? Sigue así, va bien la cátedra.
-Sí, me enoja que casi no ayudas bien a los oficios del apartamento, prácticamente lo hago todo.
-Pero madrecita, estoy ocupado en investigación y en responder a mi trabajo ¿te parece mal?
-Sí, hay tiempo, debes pensar en mí y en mi enfermedad, tanta investigación no me alienta, ha de ser como en los tejidos, mezclar, dar espacio, considerar y ayudar.
Perdón madrecita, tienes razón, hay tiempo, no se sabe cuánto tiempo va a durar la cuarentena, debo ayudarte más, cuidarte, porque eres lo más importante de mi vida, por ahora descansa y yo hago la comida.
Te perdono, por reconocer tu error. Tendremos que esperar en el tiempo lo que sucederá con el virus.
 Hemos pasado, estos días, sin joyas, ni qué ropa elegante, ni qué tacones, en sudadera o vestido informal, en pantuflas, bien bañaditos.
 Qué increíble, todo el planeta tierra sufriendo lo mismo, muertes, enfermos, aislados, lavado de manos repetidas veces, encerrados en las casas, sin visitas, restringidos, preocupados.
Sí madre, pensar que desde ahora se van dando cambios increíbles, desempleados, desobedientes, desesperados, tranquilos, sin techo, con techo y comida, sin comidas, sin clases en colegios ni universidades, sin trabajo todo por este vicho.
Nació un enemigo invisible
Sin figura corporal
No tiene alma ni tiene corazón
Tiene corona, tiene poder
Es un virus grande y pesado
Asoma con saliva a infectar
Una sola gota
se dispersa y multiplica
dejando enfermos y muertos.
Sin saber cuándo desaparecerá
Apúrate bendita vacuna   
 Es la única esperanza.
Continuará…
 
 
 
 
 
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Foto del autor Lucy reyes
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Descripción

Es la historia de una madre soltera. Yo pretendía presentar una novela, pero se atravesó el problema de corona virus, se interrumpió el pensamiento de novela y seguí con algo de lo que estamos viviendo.

Palabras Clave: Hijo malo solos madre virus

Categoría: Cuentos & Historias

Subcategoría: Ficción



Comentarios (9)add comment
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Gustavo Adolfo Vaca Narvaja

“La justicia sigue siendo una plegaria de una sola palabra” Berger

Un relato, una novela iniciada, y una historia que a mi modo de ver tiene dos etapas. La primera que transcurre en esta historia tan triste y tan real y no tan infrecuente en esta vida y sociedad actual, En donde la madre tiene su historia resguardada hasta considerar que su hijo puede escucharla sin trauma. Tal vez, el trabajo diario, el sacrificio, las idas y venidas de ella de una casa a otra, de un abandono a otro, de un abuso a otro, lleven a su vida a situaciones límites que aún no visualizamos. Un niño ejemplar, maduro en su niñez ambicioso en su adolescencia con una ambición sana no especulativo y con la sorpresa de la noticia de la vida de su madre y su enorme sacrificio. Y llega la segunda parte, La Pandemia, que se inicia y es el enemigo invisible y artero, que ataca, y mato, nadie lo ve se asienta en lugares insólitos que cada dia se van descubriendo. Se trata de una nueva Pandemia que azota al mundo y que va a quebrar su historia Habrá un mundo antes y otro después. Pero bueno, ¿Qué quiero decir con esto?. Creo que la historia se desdobla antes de haber finalizado su primera etapa, creo que desde el descubrimiento ese día de la Pandemia desde China, habría que recomenzar lo de antes para completar el relato y tal vez, más adelante reiniciarlo con la Pandemia. A veces estas situaciones de incertidumbre hacen que nos adelantemos y la ansiedad nos lleva a tratar de encontrar soluciones a hechos que son separados. En fin, tu trabajo impecable, transparente, tierno, real, y también de denuncia de abuso de género tan común y tan silenciada se suma a este niño-Presidente que nos depara grandes sorpresas
Felicitaciones Lucy y a seguir
Responder
April 30, 2020
 

Lucy Reyes

Antes de la pandemia mis pretensiones en la novela eran unos, hoy son otros. Se han globalizado mis pensamientos, por encontrar por vez primera esta pandemia a nivel mundial. Se ha desvanecido mi individual pensamiento sobre mi país. El virus me ha sorprendido, me ha preocupado, me ha enseñado cambios de comportamiento y mucho más.
Mil gracias Gustavo, por ese buen comentario que haces al comienzo de mi novela Eduardo, tienes razón se ha dividido en dos partes: Antes y ahora viviendo esta pandemia, ya no es lo mismo.
Mi proyecto era tomar lo vivido por la madre de Eduardo, con base en mi experiencia profesional, soluciones para Eduardo resolver en cada uno de los padecimientos. Ya no es sólo la vida de Pepita, es mucho más, es la vida que está viviendo el protagonista con este nuevo personaje invisible que ha cambiado al mundo y hay mucho que pensar, opinar, analizar, convivir, aguantar y resolver.
Para mí todas tus opiniones son importantes, es por eso que me ha interesado el comentario que haces a mi novela y que ojalá comentes cuando llegue al final.
Un abrazo de agradecimiento apreciado Gustavo.
Lucy-
Responder
May 01, 2020

Marìa Vallejo D.-

Hola Lucy
Buen inicio de la novela, espero que puedas continuarla, serìa interesante.
Estoy estrenando Computador,( la noticia se debe), porque aùn estoy un poco perdida en comas, tildes etc. Por favor disculpa.
Abrazos amiga mìa
Marìa
Responder
April 26, 2020
 

Lucy Reyes

Muchas gracias María, por la paciencia de leer mi extenso texto, procuraré una continuación más breve.
Me alegra mucho que estés estrenando computador, lo que quiere decir que veremos más de tus bellas poesías..
Es grato saber que estás bien.
Imagino que vas muy juiciosa cumpliendo con el protocolo de la pandemia..
Abrazos querida amiga
Lucy.
Responder
April 27, 2020

Raquel

Eduardo..Fantástico relato en este hermoso cuento..Un historia que al comenzar a leerla, jamás había imaginado que su final fuese actual, presente, real .Un final insertado en esta historia triste y llena de miedo que involucra esta pandemia.
Tu relato comienza con una madre y un niño de doce años..Un niño que pregunta quien su padre..Un niño que va a conocer la trisite historia de su madre pero que su futuro sería totalmente distinto.
Eduardo vive días agitado con su madre quien fue criada por su abuela, porque su madre había preferido su carrera de baile con figuras internacionales y su padre..¡ausente con aviso!! ..No se hizo cargo de su hijo.
La crianza de Eduardo fue como una trayectoria pedagógica de la vida..Poco a poco iba aprendiendo algo más,incluyendo aprender a tocar la guitarra..Su sueño era ser presidente de la República de su país..Pero a pasos de tiempo él indagaba a su madre sobre quien era su padre..Eduardo creció aquí allá..Su madre , al morir su abuela, en otra a casa sirviendo "a la señorita" de la casa..Luego en otra..En otra y mientras iba aprendiendo y perfeccionando su tejido..Eduardo terminó su secundaria..Su carrera de Economía y luego siguió por el camino de su sueño:SER PRESIDENTE..Al conocer la noticia de la llegada de este virus a Colombia, su madre le dice que él tenía que entretejer, igual como ella hacía con sus lanas, problemas de la gente y dar soluciones a los mismos...¡tejiendo pensamientos para sacar adelante a su gente!!.Un niño ya hombre que dice cuidar a su madre en la cuarentena porque para él es lo más importante..Ve cómo todos, nos encontramos ante este flagelo: pobres , ricos, desesperados, tranquilos, con techo, sin techo, , con trabajo, sin trabajo, Todos..Todos por igual.
Qué hermoso poema al final del relato y qué cierto que es:
"Nació un enemigo invisible
Sin figura corporal.
No tiene alma
Ni tiene corazón.
Tiene corona..Tiene poder...."
...................................
Hermosa historia de Eduardo amiga..¡Un placer haberla haber podido leerla..!::Me encantó..Que Dios te bendiga..Bs Raquel
Responder
April 08, 2020
 

Lucy Reyes

Querida Raquel, ya me acostumbraste a esperar con ilusión tus completos comentarios, lees, analizas, opinas y describes muy bien todo cuanto lees. Me encanta, ayudas a dejar en claro el texto. Te felicito, eres increíble, nunca cambies. Tus poesías cada día dejan gran admiración.
Un abrazo de cariño y agradecimiento querida Raquel.
Responder
April 08, 2020

Raquel

Gracias amiga..Aún circula en reuniones de amigas (recuerda) aquel relato de la señorita que servía a unos señores en la casa y que tenía su propia cultura en lo que ella hacía ..Lo comentan con se hacen referencias a ciertas estructuras sociales con un paradigma de vida distinto a lo de gente "común"..Es hermosa esa historia porque aparecen quienes aceptan su manera de actuar, de pensar, de hablar..Besos amiga...Rq
Responder
April 12, 2020

Enrique Gonzlez Matas

Muy sentimental tu relato, amiga Lucy, menos mal que siempre surgen los buenos sentimientos y el hijo de la protagonista es un buen chico que promete.
Ya veremos la continuación. La introducción del tema del virus en el relato complica la situación, pero ya veremos.
Ánimo y aprovecha este tiempo de encerramiento y de ocio para convertir el relato en novela.
Un fuerte abrazo.
Responder
April 06, 2020
 

Lucy Reyes

Gracias Enrique, tus comentarios me encantan. El tema es sentimental por tratarse de historias recurrentes y dolorosas, pero que con el tiempo se superan. Buen consejo me das,"aprovechar este tiempo de encerramiento para convertir el relato en novela"
Te cuento que el encierro me tiene ansiosa de escribir, pero muy en desorden, empiezo, no termino, no corrijo, Sigo con uno y más escritos.
Espero que sigas bien, tranquilo y positivo, como siempre eres.
Mis mejores deseos para ti y tu familia.
Afectuoso abrazo.
Responder
April 07, 2020

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