DELICUENTES COMUNES
Publicado en Feb 23, 2020
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   DELINCUENTES COMUNES
                                     
 “Usted está aquí como testigo de una tentativa de robo. ¿Jura o promete decir toda la verdad a todas las preguntas realizadas en esta sala?”.  “Lo prometo”.  “Tiene la palabra el fiscal del Estado”. “Usted se encontraba realizando la labor de cajera en su Entidad el día 10 de diciembre de 2012, cuando a las 11.00, se presentó un individuó a atracar ¿No es verdad?”. “No puedo asegurar la hora, no me acuerdo, esto fue hace cinco años”. Bien, relate los hechos ocurridos de ese día:
 
—Era día de pago de la prestación de desempleo, el subsidio. No quiero ni decir cómo estaba la oficina, no cabía ni un alfiler, la gente se asomaba y se daba media vuelta. Llegaba uno tras otro con las mismas preguntas" Mire si me ha venido "el suicidio" y me deja para que me "desquiten" el agua y la luz, lo demás me lo da"
—Por favor, no detalle y vaya al tema.
—Le tocó el turno a un hombre con el mismo aspecto que los demás, que llevaba una sudadera con bolsillos, las manos dentro de ellos y con una voz muy baja, casi susurrando me dijo. “No te pongas nerviosa, no digas nada, pon todo el dinero que tengas en un sobre y dámelo, hazlo rápido”. Yo llevaba ya el día bonito, con tantas peticiones diversas de los clientes y al principio pensé que era otra más… Pero al levantar la vista y mirar su gesto serio, contraído… Me quedó claro. Me retiré del mostrador, empujando la silla móvil hacia atrás y dije en voz en alta que me repitiera lo que me había dicho para que me quedara claro. Mi objetivo era alertar a mis compañeros de las mesas. Pero estos ni enterarse, había mucho ruido de fondo y mucha gente en cola, tanto para las mesas como para caja. Viendo que nadie me hacía caso opté por coger el teléfono, pero un manotazo me hizo soltarlo y fue cuando me indicó, qué si no hacía lo que me ordenaba, y deprisa, me iba a arrepentir, que mirara lo que tenía, miré. Una de las manos de los bolsillos agarraba un objeto con el que me apuntaba, solo se veía el bulto dirigido a mí. Yo me puse nerviosa, pero quería encontrar una salida a la situación. Miré a la cola y vi a un conocido que sabía que era un guarda de seguridad privada, le miré con angustia y con cara de pedir socorro, y sí, lo pilló a la primera y también pillo la puerta y desapareció. Opté por despistar hablando. “Pues si me deja el DNI no tengo ningún problema en darle el dinero”.  “¿Qué te tengo que dar el DNI para llevarme el dinero? ¿Tú eres tonta? No quiero hacerte daño, haz lo que te digo y deprisa”.  “Pues, ¿no sé si tengo un sobre grande? Porque el pedido de material no ha venido aún y no sé si me quedan”.
 
—Luisa, ¿Se puede saber que pasa que no avanza la cola? — Mi querida interventora, una pija tonta que en su vida ha hecho nada, pero se pavonea como si fuera la mujer más divina de la muerte, pero muy lista no es, ¿todavía no sé cómo llegó a tal puesto?  A pesar que no nos llevábamos bien y, que en el pasado habíamos tenido nuestros más y nuestros menos, quise avisarla y protegerla, al fin al cabo era compañera y persona. “Este señor que quiere llevarse todo el dinero en un sobre”. “Pues dáselo, que ya vendrá el pedido pronto si nos quedamos sin sobres”. “No lo entiendes, lo que quiero decir...” “No te ha dicho la jefa que me des todo el dinero, pues me lo das”. Ésta se levantó que estaba en la otra punta de la oficina. “¿Pero se puede saber qué pasa? Es que no sabes hacer nada a derecho. Voy”. “¡NO! No vengas. En serio no vengas” ”¿Tú me vas a decir lo que tengo que hacer? Soy tu jefa y tú tienes que obedecerme”. “Y yo te digo que me hagas caso, que si lo digo es por algo”. La cabeza del presunto delincuente parecía que estaba viendo un partido de tenis, ora un lado, ora otro lado. Estaba perdiendo protagonismo y lo peor es que nadie estaba por su petición. Mis compañeros ya estaban observando, pero lo que ellos estaban preocupados era por el desencuentro frontal entre la jefa y yo. Esta se levantó y con sus tacones de infarto, su porte altivo y su traje bien ceñido que destacaba sus curvas y su tipo cuidado se dirigió hacia nosotros poniéndose a la altura del asaltante. Indicándole, “¿Qué necesitaba? Que ella se encargaría de satisfacer su petición…” Mirándome de reojo con una mirada de "luego hablaremos". El susodicho hizo su petición. “Todo el dinero que tengáis en un gran sobre o en su defecto en una bolsa o en lo que sea…”
—¿Ves? ¿Ves, cómo yo tenía razón? ¿Ahora qué, lista? Gran jefaza.
—¿No aprenderás nunca a callar? ¿A obedecer? Esta situación es por tu culpa, porque tu deber es obedecerme y te abriré un expediente por indisciplina, pero… ¿Qué te has creído? Vas a saber quién soy yo que me tienes harta desde hace mucho.
—¿Que me vas a abrir tú un expediente? ¿Tú? ¿Y tú quién eres? Un interventor no tiene esa potestad y que sepas que yo siempre obedezco y obedeceré, siempre que sea bajo las normas de la entidad.
—¡SILENCIO! ¡ESTO ES UN ATRACO! Tengo el mono y se me terminó la paciencia—sacó la pistola y en un segundo la cola de gente desapareció, ya no estaban. Desesperados por cobrar…  Y el pobre, pequeño que era él, con la cara roja, encendida no apuntaba a nadie, solo llevaba la pistola orientada hacia arriba y en eso, el compañero de mesa cercano, se levantó
—Aquí no es sitio de gritar. Aquí se viene educadamente a hablar, esto no es el mercado
—Lorenzo no te toca a ti decir eso. Yo soy la interventora y la directora en funciones, cuando falta el director, cómo es en este caso. Y seré yo la que decida lo que se dice, lo que se hace y demás…  Faltaría más.
—Yo estoy con Lorenzo, y no le vas a hacer callar ni a él ni a mí. Esto ya supera los límites, y esto va al jefe de zona. No puede ser qué en un momento crucial como este, primen más tus ansias de poder y mando, que el buen desarrollo del problema.
—Vamos a dialogar y no ponernos nerviosos, esta situación se debe llevar con templanza y un saber estar, no vamos a hacer de verduleros y marujas, dando una imagen… Por Dios—Lorenzo dijo esto ajustándose las gafas hacia arriba y pasándose una mano por la calva.
—Si esto va a ser una sublevación a mi poder, quedáis advertidos qué vuestros puestos, desde este mismo momento, quedan en tela de juicio.
—¡BASTA! No puedo más, no puedo más. Me tenéis harto, no quiero haceros daño, me voy porque no quiero matar a nadie, qué sería la única forma de hacerme oír aquí.
Y se fue.
 
Hubo un silencio en el que se miraron el fiscal, la juez y el abogado.
—¿Eso es todo? ¿Ha terminado?
—Si señoría.
—Puede retirarse, o quedarse entre el público a ver el desarrollo del juicio.
—No gracias, me retiro, adiós.
“¿Ahora qué lo pienso? En este asunto... ¿Quién era el delincuente…?”
 
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Foto del autor Mar
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Descripción

Por conocimiento propio, opino que se debera hacer una serie sobre la banca(tal como se hace de los abogados) aseguro que sera super interesante.

Palabras Clave: banco clientes ladron

Categoría: Cuentos & Historias

Subcategoría: Ficcin



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