Yo, Nora Ins
Publicado en Feb 05, 2020
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Cuando lo conocí, todavía en mi cuerpo de mujer que abandonaba la adolescencia había rincones inexplorados que sus manos ávidas de caricias buscaban conocer a toda costa. ¡Y le costó!, Frente al altar sin titubear respondí a las preguntas del ritual: Yo, Nora Inés., te tomo a ti, Alberto como mi esposo. Prometo serte fiel en lo próspero y en lo adverso, en la salud y en la enfermedad. Amarte y respetarte todos los días de mi vida.
 
En la noche de bodas Alberto conoció al fin parte por parte lo virginal de mi cuerpo y, llena de rubor confieso que conocí el éxtasis en el trámite de eso. Un año después de aquella fecha Alberto y yo celebramos nuestro aniversario de boda. Cenamos en un restaurante de lujo, degustamos manjares deliciosos, brindamos, por él, por mí, por los hijos que tendrían que llegar, por la vida, por todo lo que se nos ocurrió brindar.
 
Pasada la media noche decidimos, porque casi todo lo consensuábamos, lo poníamos a consideración del otro, continuar el festejo en algún sitio donde se pudiera bailar.
 
Nos gustaba mucho acompasar nuestros cuerpos entrelazados al compás de la música olvidando la presencia de los demás. Un rato después abandonamos el lugar y nos dirigimos a casa para terminar como Dios y el cuerpo demandaba aquella noche de ensueño.
 
La vida tenía previsto otra cosa, un pesado camión conducido por alguien más ebrio que mi Alberto, el pavimento de la calzada mojado por la llovizna que había caído, el descuido de mi esposo al volante cuando se inclinó a un lado para besarme y la puta tragedia se presentó.
 
Han pasado casi dos años de aquella noche que se me ha hecho inolvidable. Alberto está condenado a vivir el resto de su vida en silla de ruedas. Y yo como su sombra invariablemente pendiente de él. Como siempre hay un resquicio para la esperanza, una junta médica dictaminó que había posibilidades, aunque mínimas, de que mi esposo recobrara la movilidad de sus extremidades inferiores. Una intervención quirúrgica de una eminencia en ese ramo de la medicina… pudiera ser.
 
Así llegó Rubén Mandujano a nuestras vidas. Un gran cirujano, de reconocida capacidad profesional en casi todo el mundo. Desde que lo conocí, su sola presencia hacía remover emociones de mujer que creía adormecidas para siempre. Su cercanía me producía sudoración de cuerpo y humedecimientos incontenibles en la entrepierna. No podía ni hablar en forma coherente, un tartamudeo involuntario hacía presa de mí. Cuando él acudía a valorar a Alberto, yo de inmediato abandonaba la habitación o el lugar donde se encontraran.
 
Mi esposo era minusválido de algunas partes de su cuerpo, pero no de entendimiento, terminó por darse cuenta de mi situación. Rubén desde luego que también lo hizo. Al principio antepuso su ética médica y el respeto y consideración a su paciente, pero terminó por ceder al deseo y buscó un acercamiento conmigo. Tuvimos una plática sobre el escabroso asunto, nos despojamos de toda careta y hablamos con sinceridad. También él deseaba poseerme, adivinaba mi cuerpo vibrando de pasión entre sus brazos. Aquella vez hubo caricias, besos, tocamientos que me produjeron derramamientos de mujer enloquecida por el deseo de hombre.
 
 

Cuando Rubén entre jadeos frenéticos me preguntó si quería llegar a la culminación del escarceo, en medio del frenesí en que me encontraba, me rehusé a ello. No pude hacerlo en aquel momento, grave error de mi parte, pues mi vida entró en un torbellino de emociones incontenible. Después de aquello mi existencia se rige entre dos fuerzas avasalladoras, el deseo casi irrefrenable de ser poseída sexualmente por Rubén y el amor que aún le tengo a mi esposo.
 
Ayer por la mañana, cuando leía algo a Alberto, no pude más y rompí en llanto. Él fue paciente, dejó que terminara mi arrebato y una vez atemperado mi ánimo preguntó lo que pasaba. ¡No pude más! Le confié exactamente la situación que estaba viviendo. Mi esposo hizo silencio, quedó pensativo y al fin con voz entrecortada me dijo que por la tarde me entrevistara con Rubén. Después de eso ni una vez más siendo todavía su esposa.

 
Agregó que si después de estar con su médico y quería irme con él, que lo hiciera, porque Rubén desde aquel momento dejaba de atenderlo profesionalmente. Si regresaba a su lado, nunca más se mencionaría como terminó el incidente, buscaría como paciente otro especialista para realizar la intervención quirúrgica.
 
—Tú decides. Terminó diciendo y giró su silla de ruedas para darme la espalda.
 
He terminado de vestirme para mi cita con Rubén. Mi estado de ánimo es un caos, la ternura y el amor que me inspira Alberto, se contraponen a la excitación que me provoca solo imaginarme en la intimidad con Rubén.
 
Escurren mis ojos, mi vulva, aprieto los puños para que los prejuicios no escurran entre los dedos, el tic tac del reloj adquiere de pronto un frenético ritmo, luego se ralentiza hasta la exasperación.

 
Yo, Nora Inés dudo, me condeno, me absuelvo, me justifico, me recrimino, me envalentono, me acobardo. ¿Iré?
 
Yo, Nora Inés, aun no lo sé.
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Relato

Palabras Clave: nora silla de ruedas

Categoría: Cuentos & Historias

Subcategoría: Relatos



Comentarios (9)add comment
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Serena

Me ha parecido un excelente relato, muy bien narrado desde la perspectiva femenina, trágico en toda su magnitud y con un final perfectamente comprensible, esas dudas son pero que muy grandes. Saludos, K.
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February 21, 2020
 

kalutavon

Gracias Serena por leer y comentar. Afectuoso saludo.
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February 21, 2020

Enrique Gonzlez Matas

Un relato duro, escabroso y trágico, amigo Kalutavon. El dilema no sabemos como se resolverá pero suena a realismo puro.
Te felicito por el tema y su desarrollo literario.
Un abrazo.
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February 10, 2020
 

kalutavon

Llevas mucha razón Enrique respecto a lo escabroso del tema y a la dificultad para esclarecer el final de este relato. Mira, eh estado tentado a incluirle un final trágico al asunto. Desde lo más profundo de mi subconsciente machista emerge la idea de que el esposo (Alberto) después de proponer a Nora Inés que se entreviste con el doctor, busca un arma que tiene guardada en casa. Espera con impaciencia a que Nora Inés decida ir a ver al rival en amores, antes de abandonar la casa, la llamaría y al estar cerca la esposa... la mataría o se daría él un disparo en sien. Pero este es solo un final, se me han ocurrido otros más que por ahora me reservo. Saludo afectuoso.
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February 10, 2020

Maria Jose L de Guevara

Mi querido k; si te conociera cara a cara es probable que entendería y aceptaría cada disyunción de tus temáticas, pero reconociendo que solo alcanzo la esencia de tu perfil por las letras que entregas, me deja más placer el tenor de sentimientos que depositas en este tipo de historias.
Cuestión de gustos, evidentemente.
Un beso
María José.
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February 08, 2020
 

kalutavon

Entiendo lo que dices María José y te agradezco mucho la amabilidad de leer y comentar mis aportaciones. Afectuoso saludo como siempre.
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February 09, 2020

Elvia Gonzalez

Una historia real, directa, la protagonista no disimulo o no pudo frenar su juventud o sus deseos carnales al ver al doctor activo, comenzando su lucha, por el amor, lealtad a su esposo o dejarse arrastrar por la pasión momentánea, tendrá que tomar una decisión abandonar a su esposo o dejarse arrastrar por sus deseos físicos, no se ha hablado de amor, así que tendrá que sopesar entre sus impulsos o el amor y la estabilidad de su presente. si hay amor lo superaran si se termina, es mejor cortar por lo sano, la lastima no ayuda hace a todos infelices. buen tema, felicitaciones. para debatir.
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February 07, 2020
 

kalutavon

Así es amiga, el tema tiene varias aristas, cada lector de acuerdo a si ideosincracia o condición humana puede imaginar un final que sea de su agrado. Gracias por opinar. Afectuoso saludo.
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February 07, 2020

Luis Alejandro

Hola, con respeto, si lo hubiera escrito una chica me resultaria mas franco.
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February 05, 2020
 

kalutavon

Seguramente Luís Alejandro es verdad lo que dices en tu sincero comentario, pero el asunto es que el relato lo escribió un chico y que lo hizo por la razón de que no le gustan los acartonamientos, lo “de siempre lo mismo”. A ese chico llamado yo, le agrada explorar temáticas distintas, lo mismo hace el intento de hacer poesía, textos cursis, otros escandalosos, fúnebres, jocosos y de más. Respecto a este texto debo reconocer, por lo que dices, ha sido un intento fallido, te ofrezco disculpas y a los lectores, si los hay, que opinen como tú. Cuando imaginé y escribí lo que me has comentado, no consideré, craso error, que lo iban a leer chicas y chicos y que en cuestiones de sexos, como todo en la vida, las perspectivas y sensibilidades son distintas. Pero eso no es obstáculo para que te agradezca sinceramente tu amable comentario. Saludos.
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February 05, 2020

Mara Vallejo D.-

Sucesos que ocurren, que trastornan vidas; seres que a decir verdad, les resbala la sinceridad, provocando esos caos emocionales en ambos.
Bien llevada la historia . (Continuará?) El final me ha dejao en suspenso . . .
Saludos amigo Kalutavon
María
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February 05, 2020
 

kalutavon

Esa fue la intención de un final abierto estimada María, dejar al amable lector en duda. En cuanto a una posible segunda parte del relato, no depende de mí por ahora. Es Nora Inés que sigue lloriqueando y no toma una decisión de vida. Gracias amiga por comentar.
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February 05, 2020

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