LA CASA
Publicado en Oct 29, 2019
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LA CASA
Como cada verano me encontraba en casa de mis abuelos. Era feliz allí con mis amigos del chalet de al lado, jugando en el campo, inspeccionando hasta cuevas descalzos. Nacho, uno de ellos, era el más atento, quien siempre jugaba al bocadillo conmigo, creo que para estar en contacto directo, aunque era demasiado niño, como para saber que significaba eso. Una mañana me desperté temprano, como siempre, y fui a por ellos. Aún estaban dormidos, pero Nacho me escuchó, y se levantó rápido, a veces  parecía que le gustaba, aunque tuviéramos menos de diez años. Se vistió y me dijo al oído, sin que la madre lo supiera, que iríamos a ver una casa que había descubierto, pero que sería nuestro secreto, porque su padre no le dejaba hacer esas gamberradas. Me cogió de la mano, y chilló que cuando se despertaran los demás, fueran a la depuradora, que estaríamos en los tubos. Una mentira de niño. Bajamos por los chalets, carretera abajo, y llegamos a una casa, que parecía nueva, aunque la puerta de la entrada estaba lo suficientemente rota para entrar e inspeccionarla. Yo no quería, porque mientras andábamos, me contó una historia sobre el dueño, a quien habían matado con un hacha, quizás por dinero, por venganza o por celos, lo típico de los asesinatos. Medio me obligó, y una vez dentro, recorrimos la casa vacía, con papel en las paredes, común en otras épocas. Tenía poco pasillo, se entraba de habitación a habitación, como en los palacios, hasta que descubrimos otra salida, la que nos llevó a un jardín tenebroso, pero que aún mostraba la belleza de antaño. Tenía una piscina redonda, árboles casi marchitos, arbustos secos, alguna flor silvestre, hojas a montones en el suelo y hasta un pozo con su cubo casi volando. Él me miraba y sonreía, porque sabía que estaba asustada, y eso no me dejaba ver lo maravilloso del jardín encantado. Nos asomamos al pozo, para ver que había escondido, porque siempre esconden algo. Y una mano gigante con un hacha lo enganchó, llevándoselo de mi lado. Grité, grité sin parar su nombre, porque por lo general era él quien me salvaba de los peligros, pero estaba vez no fui yo quien se cayó al abismo de la oscuridad de un pozo abandonado. No sabía qué hacer, si correr a buscar ayuda, o quedarme para animarle mientras lograba salir, ya que era un chico espabilado. No se oía nada, incluso noté como el viento hablaba a través de los árboles, y me derrumbé atemorizada, porque sabía que significaría volver sola a casa. Me desmayé, hasta que me dieron un beso, era Nacho ruborizado, quien no comprendía que había pasado, porque me había ido de su lado nada más entrar. Le expliqué todo, y sonrió diciendo: “tú y tus cuentos raros”. Él se había quedado atascado en la puerta, y no pudo pasar, hasta que transcurrieron unos quince minutos.
No entendí lo que había vivido en esa casa, porque para mí Nacho siempre estuvo a mi lado, y fue entonces cuando empecé a creer en los fantasmas,  en la magia de no entender todo lo mundano, porque ese día vi monstruos con manos gigantes, y niños imitando a quien era un amigo, algo extraño, cuando en la vida solo conoces lo bueno y lo sano. Así que desde ese momento abrí mis ojos a un mundo gótico, por lo menos escribiendo, para quienes quieran soñar un rato…
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Foto del autor Sandra Mara Prez Blzquez
Textos Publicados: 58
Miembro desde: Nov 23, 2012
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Descripción

breve relato sobre una aventura de dos nios

Palabras Clave: Casa

Categoría: Cuentos & Historias

Subcategoría: Relatos



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