Libro Historia de instituto. Captulo 3.
Publicado en Oct 09, 2019
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Capítulo 3. La carta. Ya han pasado dos días más en el instituto. Jaime es agradable conmigo e incluso hablamos de cosas de nuestra vida. No me ha dicho nada fuera de lo común ni ha hecho referencia al beso de la otra tarde. Pero aún así, sigo recelosa y me mantengo alerta. Quien sabe lo que puede pasar... - Entonces, ¿todo bien con Jaime? - Me pregunta Marisa mientras me lanza la pelota de badminton. Nunca me acuerdo como se llama. - Pues sí. Y eso me mosquea la verdad. - ¿Por qué? - Pregunta Norma, que está con nosotras. - Porque desde que llegó al pueblo no ha parado de meterse conmigo. Y ahora, de repente, se hace amigo mío solo porque nos han sentado juntos en clase. ¿No lo veis raro? - Visto así, sí. Un poco sospechoso. - Confiesa Marisa. - ¿Y qué piensas hacer? - Pregunta Norma. - Lo que me aconsejó Sofía, mantenerme alerta y plantarle cara si se llega el caso. - No te veo muy convencida de lo segundo. - Dice Marisa mientras va a por su botella de agua. Yo tampoco lo estoy. Mi cabeza vuelve a ser un lío mientras me dirijo al baño. La verdad es que estoy en vilo. Es como si estuviera esperando un ataque o una emboscada. No me gustan mucho las películas de guerra, pero algo tengo que aprender de ellas. Tengo que estar preparada para enfrentarme a lo que me espera. Pero la chica que se refleja en el espejo del baño no parece muy convencida de esa afirmación. Tengo que aprender a ser fuerte, a enmascarar mi temor y a enfrentarme a todo lo que me echen encima. Ya es hora. Al salir del baño me encuentro de frente a Jaime agarrado al hombro de profesor y cojeando. - Venga, siéntate aquí. - Le dice el profesor a Jaime. - Voy a por una bolsa de hielo. - ¿Qué te ha pasado? - Le pregunto a Jaime mientras me acerco a él. - Nada, sólo me he torcido el tobillo. - Responde. - Sólo ha sido una torcedura. - Corrobora el profesor mientras le pone una bolsa de hielo en el tobillo. - Quédate aquí el resto de la hora y no te quites la bolsa. - Le dice a Jaime. - Quédate con él y que no se quite la bolsa. - Me pide el profesor. Se marcha y Jaime y yo nos quedamos solos en la sala del gimnasio. Pero él no deja de mirarme. ¿Por qué me mira así? Es incómodo y no se cómo romper este silencio. - ¿Te duele? - Le pregunto. - No. - Sigue mirándome fijamente. - Entonces, me salgo ya. - Le digo un poco titubeante y me incorporó para irme.Pero me agarra del brazo, tira hacia él, me coge la cara con la otra mano y me besa en los labios. Mi primer beso. No se cómo reaccionar. Mis ojos están abiertos de par en par y veo que los suyos están cerrados. Sus labios son suaves y cálidos. Es una sensación muy extraña y siento algo que no puedo explicar. Me asusto y me separo de golpe. Parece que me mira de forma incrédula. Yo no sé qué decir y me marcho corriendo esperando que el tobillo le duela lo suficiente como para que no me siga. Llego hasta donde están mis amigas, que me miran un poco preocupadas. - ¿Te pasa algo? - Me pregunta Marisa. - Sí... Es que me he tropezado al venir. ¿Seguimos jugando? No parecen muy convencidas con mi respuesta, pero me siguen la corriente. Esto se ha descontrolado. ¿Pero que ha pasado ahí dentro? ¿Por qué ha hecho eso? ¡Maldita sea! ¡Era mi primer beso! ¿Como se atreve? ¿A qué está jugando? Pues conmigo no va a poder, ya no. Me estoy cabreando más de lo que pensaba que podría hacerlo. Aún quedan dos horas de clase de historia. Jaime no para de mirarme de reojo y yo intento no mirarle a él. Está siendo más incómodo de lo que pensaba. A pesar de que la profesora no está dictando nada, no para de escribir. ¿Pero a mí qué me importa lo que esté haciendo? Tengo que ser firme. No dejarme avasallar ni pisotear. Pero tampoco puedo dejar de pensar en ese beso. Ha sido tan extraño... Y a la vez tan familiar. ¿Qué es lo que he sentido? ¿Es sólo una reacción física por el beso o ha sido por otro motivo? Por fin se acaba la clase y Jaime sale de los primeros. Y me alegro, así no me tengo que enfrentar a él. Marisa y yo vamos juntas a la parada y antes de subirme en mi autobús, me da un papel. Se marcha sin decirme nada. ¿Qué me habrá escrito? ¿Por qué no me lo ha dicho mientras veníamos? Me acomodo en mi asiento y abro el papel. Me resulta familiar la letra y el papel. ¡No puede ser! ¡Es de Jaime! ¿Qué hago? ¿La leo, no la leo? De repente pasa a mi lado para sentarse atrás y se me queda mirando un par de segundos. Noto cómo me pongo colorada y giro  la cabeza inmediatamente.Él ya se ha sentado y yo aún estoy con la carta entres mis manos sin saber qué hacer. Y me decido a leerla:"Me gustas." Es lo primero que pone y se me da un vuelco al estómago. "Se que no me he portado nada bien contigo desde que llegué y que no sería suficiente sólo un Lo Siento, pero es lo único que tengo ahora para ofrecerte. Pensarás que ha sido raro que te besara de repente en la mejilla la otra tarde y me imagino que estás esquiva conmigo por el beso del gimnasio. Espero que podamos hablarlo en persona y poder explicarte los motivos. Te veo en la plaza de la ermita a las 4.30. Hasta luego. Y te lo vuelvo a decir, me gustas."Dios mío. Esto no puede ser. ¿Que le gusto? ¿Desde cuando? ¿Por qué? ¿Es cierto? ¿Será el juego que tanto me temía que iba a empezar? ¿Es la cita de esta tarde una trampa? No puedo. No puedo enfrentae a él. No confío en él. ¿Y si voy y están todos esperándome para reírse de mí? No lo puedo permitir. Ya no. Así que tomé la decisión de no ir. Son las 5 y estoy en mi cuarto haciendo beberes de lengua. Llaman al timbre. Me sobresalto. ¿Quién será? Pienso mientra voy hacia la puerta. ¿Y si es él? Me quedo parada a mitad de camino. Vuelve a sonar el timbre. ¿Qué hago? Si es él, no lo puedo confrontar ahora. Pero puede que no lo sea. Vuelve a sonar. Me decido a abrir mientra aviso de que voy. Y ahí está. Está medio jadeando. ¿A venido corriendo? Se me empieza a acelerar el corazón. No puedo hacerlo. No puedo hablar con él. No estoy preparada aún. Y cierro la puerta, pero él pone la mano impidiendo que lo haga. Es más fuerte que yo, así que tras un pequeño forcejeo, abre la puerta, pasa y la cierra. Estamos un momento parados, mirándonos. Siento como me pongo colorada. - ¿Me das un vaso de agua? - Rompe el silencio. Me quedo unos segundos dudando. - Sí, claro. ¿Fría o normal? - Le pregunto mientras voy a la cocina. Él me sigue. Tras servirle el vaso. Se lo bebe de un tirón. - ¿Por qué no has venido? - Me pregunta. Su mirada es firme y penetrante. - ¿Has leído la carta, no? - Tengo que apartar la mirada. - No he podido. - Le respondo mientras llevo el vaso al fregadero. - ¿No has podido o no has querido? - Sigo sin poder mirarle, así que cojo un vaso para echarme agua. - No es tan fácil. - ¿Responder? ¿Por qué? O es es por una cosa o es por otra. - Bebo agua para pensar bien la respuesta. Él está en silencio mirándome. ¿Por qué no deja de mirarme? Me pongo a Fregar los dos vasos para seguir evitando su mirada. - No he podido enfrentarme a tí. - Le confieso al fin. - ¿Por qué? - Porque... Necesito tiempo. Mañana hablamos. - Hay un silencio. - Esta bien. Pero mañana tenemos que hablar, sí o sí. - Me da un beso en la mejilla y se marcha. Sigo con uno de los vasos en la mano. Ese otro beso me ha pillado desprevenida. 
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Foto del autor Araceli Galera Ruiz
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Miembro desde: Sep 30, 2019
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Descripción

Palabras Clave: Juvenil pensamientos

Categoría: Cuentos & Historias

Subcategoría: Relatos



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