10. Algo despreocupado.
Publicado en May 13, 2019
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Aquella tarde vagaba sin rumbo por un pueblo perdido en la nada, con un grupo de amigos sin saber donde llegar, de casualidad comprando marihuana por ahí dimos con la casa de la persona que vendía la yerba y la que nos arrendaría la pieza, muy amable ella. La habitación una suerte de calabozo oscuro, por puertas cortinas, por camas colchones estirados en el piso que debíamos compartir con el resto del grupo. Pero no teníamos más donde llegar así que ese techo era bienvenido. Recuerdo que una vez el hijo de la señora, que también era un vendedor de droga, delincuente ya con ficha muy extensa, hizo pasar a dos hombres que pretendían quitarle el negocio, a lo que esta persona saco una escopeta recortada y me dijo; Ya Arjona (Apodo que tenía en ese entonces) lo mato o no… Yo refregaba mis calcetas con papas tranquilamente, me acerqué a ellos, los olí y podía sentir el temor, eran como dos bebés botados en la calle, a lo que respondí, - haz lo que gustes me da igual-, el insistió y me volvió a decir; la vida de estos dos weones esta en tus manos… En mi interior me daba igual el tema, pero finalmente dije; Déjales ir, pero si vuelven por este sector mátalos. Los hombres respiraron y salieron del patio de aquella casa, pero no sin antes dejar hasta las zapatillas, ya que fueron cogoteados por querer jugarles al verga, yo seguí lavando mi ropa, para luego salir a alguna plaza a beber vino barato, rodeados de mierdas igual que yo.  Noches enteras nos pasábamos sentados en un plaza, mientras las mujeres lindas y respetuosas meneaban sus faldas al viento, esas hermosas faldas blancas con detalles de flores, bellas mujeres, que de seguro nos vería y dirían  - que lacra de gente, todos delincuentes y drogadictos, personas sin futuro cuyo único final es un frío calabozo - Y por esa fecha no estaban muy equivocados, ya que semanas más tarde caí preso por desordenes en la vía pública, un amigo fue trasladado de esa ciudad a la capital por un causa pendiente, el tío le pego a su sobrino que andaba en nuestro viaje y la pareja de ese tío lo acuchillo en el estomago en una noche de celos y borracheras. Así finalmente al cabo de unas semanas ese grupo de cinco con el cual andaba caminando, se disolvió para siempre, menos mal, hay gente que solo es de paso por la vida, para compartir cierta manera de pensar y cuando esa basura ya aburrió hay que retirarse para no sumergirse a un pozo del cual no se podría salir. Decenas de veces me invitaron a robar a casas, a vender droga, a consumir algo más que marihuana, pero siempre les decía que no y así el tiempo me dio la razón, no son malas personas, pero todo eso es parte de la inmadurez, no se puede vivir de ello, todo eso solo es una vida de pellejerías constantes. Otra vez agarre la misma escopeta y la percute en mi boca abierta, esta estaba sin seguro pero el tiro no salió, o si no a los 25 años me hubiera volado la tapa de los sesos sin más, hubieran quedados regados en una plaza de una población en donde a nadie le importa el pasar del otro, quizá algunos pedazos hubiesen salpicado en las tetas de la mina del traficante y otros pedazos se lo hubiesen comido los perros vagabundos y la historia se contaría una y otra vez a las personas que llegan a drogarse por primera vez a esa plazoleta olvidada en el tiempo.
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Foto del autor Jonathan Ibarra Luman
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10. Algo despreocupado.

Palabras Clave: 10. Algo despreocupado.

Categoría: Cuentos & Historias

Subcategoría: Relatos



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