LOS SIAMESES
Publicado en Jun 24, 2016
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                                                                    LOS SIAMESES
 
                  La lluvia o los ecos de los truenos, bramaban  sobre las paredes húmedas, crujiendo de placer, y recordándome a cada  segundo con su luz,  como si Dios le sacara una foto, que la belleza de su rostro, dormido, ajeno al ruido, no era otra cosa que la belleza de todo lo que me rodeaba, la síntesis del mundo.
                     Le agradecí a la naturaleza que me permitiera observarla, aunque sea con los flashes de los relámpagos, tratando de que ella no se despertara, y poder recorrer con mis ojos, los relieves de su cara y acariciarla como si ella ya fuera parte de mí y pensar en tantas cosas como luces se reflejaban en su cara.
                  Pensar y retribuirle a no sé quién, por enviármela  como un regalo del cielo, acurrucada junto a mí, abrazados como si fuésemos uno mismo, ahora ya sin truenos, con el albor transparentándose en las ventanas de la casa, anunciándose que la magia de la noche daba paso a la magia del día,  porque yo sabía que la magia había venido para quedarse junto a mí.
                No quise despertar la,  aunque la hora lo ameritaba, pero  como yo le había prometido un ampuloso desayuno, decidí levantarme  y sorprenderla,  como retribución a lo que ella me sorprendía día a día con su exquisita seducción; a pesar de que hacía poco que la conocía , me parecía una eternidad.
                 Estábamos en su casa, debería arreglármelas solo, la cocina  daba al jardín por donde entraba la luz, tendría que hacer todo sin hacer el menor  sonido.  Pretendí incorporarme sobre la cama,  pero no pude lograrlo, mi cuerpo estaba pegado al de ella  por el lado de la cadera. Me sonreí, el calor y la humedad nos habían unido, pero  cuando lo ensayé otra vez fue inútil,  nuestros cuerpos estaban como  fusionados de verdad.
                La abracé  una vez más, sin entender qué  nos estaba pasando, tendría que solucionar esto  antes de que  abriera los ojos. Traté  de separar su cuerpo del mío tirando de mi lado, pero apoyándome en  el de ella, recordando que una vez nos había ocurrido un hecho similar sin mayores consecuencias.  Me causó  dolor, mi piel se estiro  como un chicle, tirando de la de ella, el amor causa dolor pensé, ella lo sintió y me preguntó  si pasaba algo.
                   Finalmente ella decidió levantarse  arrastrando mi cuerpo con el de ella, terminando luego juntos en el piso  como dos amantes desaforados. De su boca surgió una enorme carcajada, que se amplificó  junto a la mía al unísono, disipándose luego para terminar  rendidas al silencio del amanecer. El chalet, si bien estaba dentro de la ciudad, mantenía, sin embargo, cierta independencia con el resto de las casas.  Podría pedir ayuda si la necesitara, pensé, pero nadie nos escucharía.
               Intenté  levantarme una vez más,  pero era imposible, decidí asirla de la cintura y tratar de pararme sosteniéndola a  mi lado. Lo logré con un gran esfuerzo, tomándola de su talle, el que yo tanto deseaba; ella aún no se había percatado de lo que pasaba y sonreía despreocupada  junto a mí como el primer día que la conocí. La guié por la pieza como  si estuviéramos bailando un tango, hasta la puerta que daba al jardín. Las primeras luces del alba, tímidas y acalladas, nos recordaron nuestro paso por el vergel, cuando los despojos de una luna ya casi si luz, desertaba entre una orgia de  nubes grises.
                  No fue sino recién en la cocina, que ella tomó  conciencia de que algo extraño estaba sucediendo entre nosotros  y no era solo la magia que nos envolvía desde que nos conocimos, cuando su sonrisa se instaló  en mi cara para quedarse como si yo se la hubiera robado, sino que algo estaba pasando, que excedía nuestra comprensión.
                Primero fue ella la que intentó  apartarse de mí,  pero nuestros cuerpos se resistían a ser separados, estaban pegados por la cintura y el fenómeno parecía que crecía con los minutos, porque la superficie de contacto aumentaba, como si la piel de ella se derritiese y se metiera dentro de la mía.  ¿Exceso de amor pensé? ¿Miedo a perderlo? ¿Éramos consientes, o  por el contrario,  era un suceso inconsciente? Sea cual fuera la causa, nos sentíamos como  paralizados de tanta ternura.
                  Dejamos el desayuno para otro momento, había cosas más importantes que resolver, y estas cosas estaban junto a mí. Como la superficie de contacto aumentaba con el tiempo, la posibilidad de mantenernos abrazados disminuía y nuestros brazos ya se mostraban rígidos y se unían por la parte del hombro. ¿Qué  rara enfermedad nos había agarrado, que bicho nos pico mientras dormíamos? Es el amor,  ese que llega pocas veces en la vida de una persona, pensé, tratando de desdramatizar la fantástica escena.
                 Permanecimos en silencio, uno junto al otro, como no podía ser de otra manera. Recordé, como un flash,  todos los momentos que había pasado con ella desde que la conocí, aquella  primera noche en el bar cuando me sorprendió con un beso y sentí que su piel y la mía eran una sola cosa, cuando sus ojos, de pronto, centellearon entre ángeles dormidos. Recordé también, que después de aquel beso,  supe que no nos íbamos a separar más. Lo que nunca creí es que eso se haría tan real.
                La primera en tratar de moverse fue ella, pero su esfuerzo fue en vano, ya que el peso de mi cuerpo se lo impidió y como no podíamos movilizarnos con facilidad, se me ocurrió que lo mejor sería  que yo  la eleve y la traslade hasta un viejo sillón que tenía en el living. Pero fue insostenible, porque no hallé a mi brazo, el que estaba pegado al de ella; ambos habían desparecido dentro de nuestros cuerpos,  que ya empezaban a mostrar signos de querer  fusionarse, uno dentro del otro.
             Pero, ¿cómo revertir este asunto anormal, atroz, que se estaba  desatando dentro de nosotros? ¿Dejar de amarla?,  eso era imposible;  ¿Pedir ayuda? Sería lo más lógico, pero como estaban dadas las cosas,  el hecho ya no mostraba signos de retroceso. Ninguna persona nos podría ayudar, se asustarían de solo vernos  y tratarían de separarnos, lo que indudablemente nos acarrearía  una muerte segura; el proceso se desarrollaba en nuestro interior, el exceso de amor, el deseo era tan fuerte, que ya no dependía de nosotros.
           -  Creo que me voy a desmayar-,  dijo su voz de niña,  esa misma logró  cautivarme cuando  la conocí.
                Camine  unos pasos  hasta lograr conseguir un vaso de agua. Ya no estábamos  solos, los habitúes visitantes de la mañana, se regocijaban  cantando entre las plantas y bañándose con la luz del sol. Logré que tomara unos sorbos de agua, se sintió levemente mejor,  pero era evidente que este proceso la estaba transformando por dentro y le producía un malestar general, un cambio en su cuerpo que se iba modificando minuto a minuto.
                   -Sentémonos, me siento algo mareada-, dijo ella. Junté  dos sillas y nos asentamos  de frente  hacia el jardín, usurpando  con nuestra mirada, los vestigios de la noche que se fue. Ella estaba casi inconsciente y susurraba cosas ininteligibles,  salvo alguna que otra palabra donde surgía mi nombre y los sucesos que nos habían acompañado desde que nos conocimos. Su memoria estaba intacta, o al menos eso  manifestaban sus palabras.  
                   Los dos lo sabíamos,  sin que lo mencionáramos, bastaba que nos mirásemos para comprender que la causa de esto era el amor,  que nuestro amor se nos había ido de las manos y  de nuestros corazones y que ahora eran nuestros cuerpos los que hablaban por si  mismos, con su propio lenguaje.
               Su corazón latía a la par del mío, lo que no era una novedad en nuestra relación, pero lo triste fue comprobar  que el de ella ya no palpitaba por su cuenta,  sino que era el mío que bombeaba  mi  fluido y mantenía con vida el cuerpo de ella y mezclaba nuestra sangre como  en un torbellino de pasión. Lo  descubrí  cuando  vi que nuestras arterias comenzaban a fusionarse misteriosamente y  sentí en sus brazos  un latir acorde al mío. Lo aterrador era ver que el cuerpo de ella  se iba incrustando en el mío sin solución de continuidad  y a medida que esto acontecía,  sentía que ella desaparecía  dentro de mí.
               La mañana avanzaba por el jardín, acorralando a las sombras mudas,  penando sus últimos rastros sobre el triste terraplén. Una leve brisa, sin embargo, se filtraba por la ventana, acariciando las comisuras de la piel. Me sentía más liviano, y como ya no podía ver su rostro,  tome su mano  y observé  su reflejo en la ventana  y comprobé que ella era apenas  una sombra junto a mí.  De mi cabeza  surgía  como un nimbo  que la rodeaba, como una aureola de luz blanquecina. Su cuerpo era una delgada pared que se continuaba con el mío. Supe que ella ya no estaba, su silencio amordazaba mis propios recuerdos.
                Recorrí la casa, la que me cobijó tantos años pero ahora estaba oscura y algo fría. Sentí su presencia en cada rincón, en cada objeto que se reflejaba en el claro de luna. La esperé  varias noches, hasta esta en la que yo decidí volver. Bailé junto a ella, aunque el espejo no lo reflejaba,  pero eso no fue un impedimento.
  
 
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Foto del autor gabriel falconi
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14 Comentarios 538 Lecturas Favorito 3 veces
Descripción

cuento fantastico y romantico

Palabras Clave: cuerpos amor siames

Categoría: Cuentos & Historias

Subcategoría: Relatos



Comentarios (14)add comment
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Sapellita

Tu imaginación supera los límites. Pero esos amores existen. Ay de nosotros....Tenés estilo, Gabriel Falconi.. Felicitaciones.
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December 24, 2016
 

gabriel falconi

Gracias Sapelita... esos amores existen pero a veces los dejamos pasar.....
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January 29, 2017

MAVAL

Y si al fin entendemos que nada es para siempre
por mucho que se crea que aquello que decíamos sentir
se nos colaba hasta los tuétanos de los huesos...

somos humanos, seguimos viviendo en el propio amor verdadero.
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August 20, 2016
 

gabriel falconi

gracias por tu comentario Maval
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August 22, 2016

Maritza Talavera

Buenísimo!!!! es un texto tan fluido y coordinado, logras mantener el interés en la lectura hasta el final::::. Me encanto!!!


Saludos
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July 03, 2016
 

gabriel falconi

gracias Maritza por leerme
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July 04, 2016

raymundo

Excelente amigo...Felicitaciones.
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July 01, 2016
 

**Leticia Salazar Alba**

No cabe duda mi estimado Gabriel tienes el don de la palabra y especialmente de la narrativa, lo empece a leer y no pude dejar de hacerlo hasta que llegue al final, me fue muy grato leerte, te mando un abrazo desde Mexico, perdon mi Lap no tiene acentos, no los halloooooooo, bye
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July 01, 2016
 

gabriel falconi

gracias Leticia tanto tiempo!!! espero andes bien te mando un beso
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July 02, 2016

Alizia Froyd

Un relato acertado. Hay algo perturbador en ese "por siempre juntos", es como un monstruo doble que se auto ama. La fusión materializada del amor. Hace pensar muchas cosas. Grato leerte Gabriel, buen cuento.
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July 01, 2016
 

gabriel falconi

gracias Alizia
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July 02, 2016

Lucy Reyes

Gabriel, qué maravilla ha sido leer tu fantástico cuento, escribes de manera clara, despiertas mucho interés, has hecho de los siameses el más firme de los amores.
Seré seguidora de tus textos.
Te felicito y te admiro.
Cordial saludo
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June 29, 2016
 

gabriel falconi

gracias Lucy
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June 30, 2016

Battaglia

Gabriel:

Tu historia tiene magia y realidad, fantasía, deseo, pero sobre todo, vida!! El amor es justamente sensaciones, drama, miedo, alegría....y cuando sentimos tanto, nos desbordamos y no sabemos qué hacer.Al inicio comenzamos dos, y poco a poco vamos siendo uno, solo que se nos olvida que a pesar de ser uno seguimos siendo dos.... nos perdemos en el otro y dejamos de ser nosotros mismos. morimos creyendo que podemos vivir a través del otro, y cuando nos damos cuenta de esta triste pero muy común realidad, el otro normalmente, se ha ido.... Solo nos queda comenzar a valorar todo lo que fue, cuando comenzamos a sentir su ausencia...

Me parece un relato EXTRAORDINARIO, Felicidades!!!
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June 29, 2016
 

gabriel falconi

Battaglia tu cometario me ha hecho mucho bien....gracias!!!!!!
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June 29, 2016

Mara Vallejo D.-

Hola Gabriel
Has compartido una excelente historia , se arruga el sentir . . .
Felicitaciones, grato leerte.
Saludos
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June 24, 2016
 

gabriel falconi

gracias maria me alegro mucho tu comentario
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June 25, 2016

DEMOCLES (Mago de Oz)

¡¡¡ Genial...recorde al gran Allan Poe...realmente un gran relato, logro incluso conmoverme....saludos ¡¡
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June 24, 2016
 

gabriel falconi

gracias hacia tiempo que no publicaba nada aca que grato recibir tu comentario
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June 25, 2016
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