El abuelo incredulo
Publicado en Sep 18, 2009
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     ¿La muerte?, -sonrió el anciano-, supongo que sí; aunque más bien, -dijo pensativo-, lo que realmente me asusta es lo desconocido.
   El viejo miró a su nieto sin articular palabra mientras éste le observaba pensativo.
  -¿Entiendes lo que quiero decir?
 Creo que sí, -respondió el joven-.
 Una pequeña sonrisa apareció entre los labios del viejo mientras deslizaba sobre la mesa, sin percatarse de ello y con la mirada perdida en algún añejo recuerdo, una cajetilla de tabaco negro. Sus dedos extrajeron un pitillo arrugado que encendió muy lentamente, meditando cada gesto, cada movimiento. Finalmente, un sonoro carraspeo rompió el silencio y el hombre miró a su nieto, pensativo, en silencio.
 ¿De qué estábamos hablando?, -dijo frunciendo el entrecejo-.
 -De mi intención de bautizarte.
 -Ah sí, de eso... -una leve sonrisa se dibujó entre sus labios-.
 Mi respuesta sigue siendo la misma; no.
 Pero abuelo, si no te costaría nada, es sólo un momento… además lo haría yo mismo.
 -He dicho que no, lo siento, pero no creo en ese dios tuyo, no tengo por qué atenerme a sus reglas.
 El humo del cigarro se expandía lento e inexorable entre ambos interlocutores, mientras el silencio jugueteaba  con las formas temblorosas  y ovaladas que emanaban del tabaco en todas direcciones.
  -Abuelo, puedo comprender que hayas tenido malas experiencias con la religión, pero era otra época, otra forma de pensar... es que acaso crees que tantos miles de personas pueden estar equivocadas?
  -Mira sobrino, -dijo algo molesto el viejo-, no es sólo que haya tenido malas experiencias, es que no comprendo cómo alguien puede depender tanto de algo que no ve, que no siente, que no oye... no entiendo como las personas se despojan de responsabilidades para dejárselas a un ser que jamás se ha mostrado.
Estás equivocado, abuelo, Él siempre está conmigo… con nosotros.
 El anciano no respondió de inmediato, había escuchado tantas veces aquellos argumentos que las réplicas se la habían agotado.
 
-¿Sabes lo que es un amigo? –irrumpió de improviso mientras miraba, por primera vez en toda la conversación, directamente a su nieto-, pero uno de verdad, de los que no huyen cuando huelen problemas.
 
     -Claro, -respondió el joven sorprendido- un amigo es alguien a quien siempre podrás acudir en cualquier situación.
 
     -¿Tienes alguno?
 
     -Por supuesto.
 
     -¿Y como se llama?
 
     -Pues… Antonio, Luis y Juan... pero a qué viene...
 
         El anciano alzó la mano para pedir silencio.
 
     -Qué curioso, -dijo sonriendo maliciosamente-, pensé que ibas a nombrar a tu dios.
 
     El nieto, sonrojándose repentinamente, cayó en la cuenta del ardid.
 
     Pero eso es jugar sucio, -dijo molesto- no hablábamos de mi relación con Dios, -guardó silencio durante un largo instante-. Me has manipulado y lo sabes.
    
     -¿Lo entiendes ahora, hijo?, -dijo sin responder- ¿te das cuenta de que tu dios sólo es una vía de escape, un refugio para los más necesitados de ayuda? ¿Dónde triunfó si no?, en los ambientes marginales, en la pobreza... en la desesperación. 
 
     El viejo apago su cigarrillo despacio, sin prisas, mientras observaba la reacción de su nieto que no llegaba.
 
      -Y ahora la gran pregunta, -dijo susurrando-, ¿Qué es lo que inventa el hombre?... lo que necesita, lo que anhela. Eh ahí tu dios.
 
     El sacerdote guardó silencio mientras observaba el cigarro mal apagado en el cenicero, aún humeante, luchando por ser.
 
     -Estás equivocado, -respondió finalmente en voz baja-. Yo siento a Dios, le oigo en mi corazón, en mi alma. Le veo cada vez que entro en mi parroquia, o cada vez que doy la sagrada comunión a alguien; frente a un atardecer o cuando alguien me dedica una sonrisa. Es un sentimiento maravilloso, tan grande que ni si quiera se puede expresar, pues no existe una definición de palabras inventadas que pueda abarcar todo el cosmos, toda la vida y toda la existencia en una pequeña línea de símbolos entrelazados. Es algo que te traspasa como un rayo pero con dulzura, que recorre tu cuerpo como un escalofrío cálido y te hace sentir bien… sentirle a él.
 
     Silencio.
 
     -Ya veo… y hasta te comprendo, pero perdóname si te digo que eso que tú sientes es tu propia devoción hacia aquello en lo que crees, sólo eso.
 
     -Dejémoslo abuelo, -respondió tristemente su nieto-, nunca llegaremos a ningún sitio por este camino.
 
     -En eso llevas razón.
 
     El sacerdote miró su reloj de pulsera y se levantó rápidamente de su silla.
 
     -Se me ha hecho tarde abuelo, siento tener que irme pero he de dar la misa.
 
     El anciano no respondió, sólo miró al joven, al que quería más que a cualquiera de sus propios hijos, y levantó la mano muy despacio.
 
     -Definitivamente no tengo miedo a la muerte, -dijo muy serio-, ¿y sabes por qué?
 
     -No, abuelo.
 
     -Porque he vivido lo suficiente como para darme cuenta de que todo esto no es más que un pequeño estado de nuestra existencia. He llevado una vida plena, no la mejor, por supuesto, ni la más honesta, pero estoy satisfecho. Por desgracia he tenido que robar e incluso matar para poder sobrevivir; cosas de las que no me enorgullezco, pero que al fin y al cabo son producto del propio hombre.
 
     El viejo miró por segunda vez en toda la conversación a los ojos de su nieto, muy fijamente.
 
     -¿Sabes en lo que creo yo?, -dijo-.
 
     -¿En qué, abuelo?
 
     En la naturaleza; en esa que todavía no se ha corrompido y de la que todos venimos, incluido tu dios. En esa forma de vida que llevamos dentro, ese ente que podemos palpar y sentir a nuestro alrededor. Creo en la expresividad de un cuadro o en la poderosa sensación de una poesía; en esa esencia que coexiste con nosotros, a la que llamamos cotidianamente arte y plasmamos en nuestras obras; creo en esa madre que nos dio la vida y a la que, irremediablemente, volveremos más tarde o más temprano, pero a nuestro modo, formando parte, de nuevo, de esa naturaleza eterna que pugna por subsistir en este mundo de hombres que hemos creado… No, -dijo en un susurro-, no le temo a la muerte… porque no existe.
 
     Silencio.
 
     -¿Y no te recuerdan tus palabras a Dios?, ¿No son, acaso, la descripción de una religión, de una creencia?,-replicó el nieto-.
 
     -Es posible -dijo muy tranquilo-, pero hay una diferencia fundamental que las separa.
 
     -¿El qué, abuelo?
 
     -Que nadie ha matado nunca en su nombre.
 
     Silencio
 
     El sacerdote suspiró por última vez aquella tarde, resignado, mientras su abuelo sonreía sin malicia, divertido.
 
     -Anda, vete ya que no vas a llegar.
 
     -Adiós abuelo, -dijo el joven sacerdote mientras besaba su mejilla-  te quiero.
 
     -Y yo a ti, hijo, y yo a ti.
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Foto del autor doris melo
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Descripción

El abuelo es la historia de un sobrino que quiere bautizar a un tio ya viejito y este se niega dandole con ejemplos el porque el no cree en su Dios . confrontacion con la religion, sabiduria, reflexion.

Palabras Clave: negacion al bautismo.

Categoría: Cuentos & Historias

Subcategoría: Relatos


Creditos: anonimo


Comentarios (7)add comment
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nydia

DORIS...
EXCELENTE...
HERMOSO DIALOGO ENTRE ABUELO Y NIETO..
ESTRELLITAS
NYDIA
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September 23, 2009
 

florencio

Creo que aqui podiamos aplicar aquel viejo refran que dice " Mas sabe diablo por viejo, que por diablo". El hecho del abuelo ser incredulo, conduce mordazmentea a su nieto a caer en la tentacion de negar a Dios; cosa que no ocurre. UN MENSAJE MUY IMPORTANTE QUE ENCIERRA EL CUENTO ES QUE A PESAR DE LAS DIFERENCIAS SE QUIEREN Y RESPETAN, EXCELENTE RELATO DORIS ESTRELLAS PARA TI
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September 23, 2009
 

doris melo

Gracias amigo Carlos te entiendo y es muy sabio el saber que si existe un poder superior a nosotros en el universo aunque no lo vemos debe ser algo de naturaleza fantastico. Para mi Dios esta dentro de mi , algunas personas diran que soy una loca pero es lo que creo , mi Self es de amor . Saludos
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September 19, 2009
 

Carlos Campos Serna

Doris, con el concepto Dios, podríamos hablar durante minutos, horas y días y nunca llegaremos a una conclusión, ya que cada persona tiene su verdad y por eso siempre nos quedamos con una gran duda, pero en este caso yo me quedo con el incrédulo, gracias a Dios...

Abrazos... y te dejo algunas Venus.
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September 19, 2009
 

doris melo

Gracias a Gullermo y Miguel por sus comentarios. Saludos
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September 19, 2009
 

miguel cabeza

Me sumo al comentario de Guillermo.

Un abrazo
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September 19, 2009
 

Guillermo Capece

Doris: excelente tu cuento, muy bien narrado, muy buenos dialogos entre el incredulo y el credulo; felicitaciones y 5 estrellas.
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September 19, 2009
 

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