Mi abuelo
Publicado en Oct 30, 2014
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 Mi abuelo
Junto a un fogón encendido se formó una rueda de amigos, para escuchar los relatos de mi abuelo.
Aquí  les digo que, si se me quiebra  la voz o se me añuda la garganta  me han de perdonar porque no soy ducho en el uso è la palabra.
Voy a contar mi historia, más ante yo le pido a Dios y a todos los santos, que me saquen del olvido aquellos tiempos idos y los pongo por testigos, que todo los que aquí les digo, es verdá que sucedió.
Ricuerdo que era una noche oscura, de esas que son cerradas, en el camino me tope  con un paisano y le dije ¿dónde va amigo? El otro me respondió -A nadie  le doy cuenta, ande vengo o ande  voy y por más le digo, usted,  no es mi amigo, gaucho atrevido-. Y se me cruzó en el camino diciendo -!Hágase un lau de la güeya y enderiece su camino!-
Cuando dijo esto pensé: Este gallito de pocas plumas no pisa en mi gallinero.
Yo no ando titubeando, pa’ mí cualquier lugar es cancha cuando el pecho se me ensancha ¡Abran paso! que el hombre que tiene buen nombre y fama, como toro  brama si alguien le hace frente y a mí naide me hace recular si me sabe esperar.
¡Ahí juna canejo!  Fue de sorpresa no lo esperaba. El primer golpe fue a la cara, sentí como se nublaba la vista, después vino  el segundo golpe,  fue entre las piernas, sentía como corría piernas abajo la clara y hasta la yema.
Como burlándose me dijo, -Diré esto con holgura y atrevimiento y sepan disculparme los presentes.  Compañero, si no quiere quedar ausente lo mejor es la retirada-.  
Miren ustedes como éste gaucho sotreta, hijo ‘e una gran siete me enfrentaba.
Entonces le dije: La pucha; ¡Que lo parió! Que tiene una lengua que salpica, vamos a ver si pica esta lengua viperina. ¡Si va  prender el fuego, se tiene que poner la carne al asador! y cargué sin dar más güeltas,  con el facón en la mano.
El otro me dijo, -Yo no soy gaucho remolón- Y sacó un facón que briyó con la luna, parecía largo y sediento.
-Pa’ mí, la tierra me queda chica si alguien se me achica y sale a pitar y por más que se esconda en el bosque más tupido ahí lo sabré encontrar, esto se lo puedo jurar.
Yo le dije: ¡Aah! No piense que tengo miedo, ni hace falta ir tan lejo’, aquí me puede encontrar, que a mí naide me hace recular. Lo poco que yo sé, es que, miedo no tengo, manco no soy y no me pienso retirar. Si me cantan flor y truco, digo: ¡Quiero retruco!
Me tiró un puntazo que lo esquivé como pude, mientras se arremolinaba el poncho en el brazo.
Era rápido que pa’  que les digo, que no le pude dar un chuzazo. Con cada golpe se veía que era más duro que un fortín.
Ante el primer amago se movía como una fiera por temor a que lo hiera ¡ha! Malaya no
era fácil de vencer éste gaucho matrero. Era gueno en su tanto, pa’ que les voy a mentir. No hallándose sobrado con que le pudiera dar ni siquiera un puntazo.
En cada golpe de suerte los dos  miramos la muerte y ansí piliamos tuita la noche. Con los primeros rayos del alba, pude ver a mi bravo compañero, ansi cuenta me di que los dos compartimos el mismo pecho materno.
Existe en mi pecho un tormento
Que mi razón ve,
Por un lado la pasión y no sé porqué,
las causas de este atrevimiento.
Qué locura saber,
que he perdidos los frenos,
Y no saber porqué.
 
Boliado en la razón,
Descolado  en  los sentidos, 
con ardiente pasión,
de pecho, brazo y mano.
¡Qué locura…casi achuro a mi hermano!
o pior aún, terminar así,
achurado por sus manos.
Seguro que si mi mama nos viera
Aurita nos dijera:
“Los hermanos sean unidos, esa es la ley primera.”
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Foto del autor gonza pedro miguel
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Descripción

relato

Palabras Clave: mi abuelo

Categoría: Cuentos & Historias

Subcategoría: Relatos



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