• Brenda Morales Chang
Brenda Chang
Escritor de cuentos, poemas y novelas cortas. Me gusta la ciencia y la medicina.
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 Es de un todo poderoso de quien no se atreven a hablar ni mencionar su nombre, cada día que pasa es uno menos según la cronología usada y hecha por él. Al parecer la historia a querido olvidarlo, haciendo de su historia solo un mito contado por un puñado de ancianos. No es un Alpha ni un Omega, es algo aún más benevolente, solo por contar una anécdota más, el trajo una desgracia a un pobre objeto inanimado, de esta forma despectiva el suele llamarles, haciendo de su existir una miseria tan gigante que ni él pudo librarse de este gran hoyo.   La historia relata que él no decide quien vive o muere, solo es un espectador que goza ver el tormento ajeno, el dolor lo mantiene despierto, es de una misericordia demasiado grande como el cielo azul, inexistente de la humanidad en la tierra de la deshonra y fracaso. Cuando el cielo abre sus compuertas, se puede apreciar un canto tan angelical lleno de armonías y notas agudas que erizan la piel, sin embargo, esto trae consigo una oleada de golpes al alma como una angustia y ahogamiento al espíritu, obviamente está melodía fue planeada para someter a las masas de almas en pena que aún quedan rodando. Tampoco se sabe mucho de él, dado que toda información quedó regada en muchas partes del mundo, desde una piedra tallada hasta en la memoria de un anciano. Para los que tienen suerte, se han topado con claros indicios o pistas que conduzcan a la historia de él, los inconvenientes también vienen incluidos. A lo que los mortales que descubren la mínima sospecha de él terminan siendo cazados y perseguidos por su propia consciencia hasta el grado de quedar locos. 
 El sol es tan efímero como la luna Persuasivamente hay día y noche sin final Pero no una cuna para el desamparado Un esplín es tan trivial en una vida sin cambios   Lampo amplio y majestuoso mi venusto Das vida y esperanza a quien la aguarda sin retorno Con mucho silencio lúgubre en tonos grises Arrancando palabra leprosa de quien te recita   Difícil es el admitir a quién miente o hiere Solo dirá que digo falacia sin salida Pero todo es relativamente mortal y cierto Donde no hay falsos ni verdaderos a vista de unos ojos sabios   Que me condenan en un momento discreto con mano fría Que es lo mismo que el omitir mi falla con mano dura No es más que vida tangible A los ojos de un resignado
 Te sentirás observado y no será paranoia Los atardeceres duraran una eternidad El dormir te hará delirar y no descansar Tus sentidos se comenzarán a colisionar   Cada pregunta será relacionada contigo Pero respuestas ambiguas serán para tu oído Mis cuartetos serán una prosa Escrita en rosa
Puedes marcharte y tomar una hoja de papel Decirme el significado real de la vida y volver del tiempo Retomar aquella vereda con árboles y desolación Arrancar del minuto un segundo y escribirme   Esperar que mi mente vuelva estar en blanco Que el pasado recobre un sentido metafórico Y que te desvanezcas en el respirar de mi primera visión Te pierdas en un túnel sin salida, que sea un limbo   Que cada respirar sea una cuestión de autocompasión Y la manecilla del reloj tomará el control de ti Expresaras al viento que te condone la traición Te irás con el polvo y con el último rayo de luz de la luna   Las cadenas dejaran de ser arrastradas por la ignorancia Tus hombros descansaran junto con tu nulo afecto Quedarás rezagado en el pasado y olvidado No necesitaré dormir hoy antes que tú, por las memorias
La dulce brisa de un bello amanecer dorado Me recuerda al dulce nacer de una pequeña flor Que en mis manos han de tener un recuerdo atado Siempre andando y pensando en el amor   Cada gota de rocío caía como una lágrima blanca En la risa de las aves pude ver que era libre El valor de tomarla, cortarla tal cual irónica Creciendo entre el día y el estupor del aire   Tono en verde en las lejanas praderas crecientes La melodía es como un medio día en un botón Si las raíces escribieran, serían los felices títeres Sería crecer dentro de una pequeña ilusión   Un suave sereno elegiría un futuro rayito de sol A veces sería un destino con suerte o una corazonada Con el ápice de una tierna hoja de un trébol Tal cual un otoño de mi vereda anhelada
El textualmente describe la felicidad con estas palabras: “Es un ente que he creado para ustedes, algo que también es un espejismo o una ilusión momentánea, está en su cuerpo solo por momentos y se desvanece en el aire que yo mismo he hecho, no sean ilusos que yo soy el mal que lo hizo, si existe la felicidad pero solo conocen la mínima parte, ustedes no merecen el sonar de esas dulces melodías en su mente ni corazón, solo se regocijan en el barro sucio que ni eso merecen mundanos”. Yo mismo me he dado la tarea de investigar quien lo ha podido desafiar a su fiel furia, quien ha tenido en infortunio de encontrar tal mina de oro, hecha en palabras, sin embargo esto que se descubrió podría causar graves daños en los simples mortales, pero he conseguido solo hasta el momento relatos que dudo de su veracidad y que no valen la pena contar. Sin embargo este tiene una esencia distinta a los otros que ni siquiera voy a mencionar porque son una pérdida de tiempo. Más que hacerlo ver como algo aterrador, es una luz maravillosa, un momento glorioso marcado por toda la eternidad, no es odio ni dolor el que desprende es más como un consuelo en medio de una noticia desgarradora, cuando él observa hacia abajo solo ve sombras deambulando por todo un rio de lamentos sin sentido, es ahí en donde entra una luz fugas en la oscuridad creada por el hombre. Al menos así interpreto el manuscrito que les mostré. Podría hasta objetar que es un juego de palabras y paradigmas hechos para confundir a cualquier humano. Por cuestiones de anonimato, el sujeto a quien entreviste me dijo que no quería volver a pasar por lo pasado, así que me dijo que no dijera su nombre, la información yo no la encontré por obra divina sino por esfuerzo. El dialogo entre él y yo cada vez se hizo más ameno queriéndome contar algo como esto: “La fe nace cuando una ilusión se quebranta en el vacío emocional hecho por una situación desfavorecedora, nadie me reclama estando en sus cincos sentidos, suelo ignorar toda petición pasado este último paso, ni siquiera pido comprensión a mi palabra o regla hecha por un predicador bastardo que yo ni he recordado de donde viene, me suele ser tonto que me encapsulen los caminantes creyentes como algo fuera de un cerebro humano cuando ni yo sé que es eso”.
Prende las luces, que yo estoy ahí, con una mirada sofocante, que hasta me robaría la ultima gota de tu paciencia. Sabías que por cada respiración una sección de tu musculo sería rasgada, con tal brutalidad que, yo, un ser totalmente imparcial y completamente moral, desmembraría cada pedazo de mentira. El dolor no se apacigua con una noble puñalada en el vientre, ni con tirar de tus dedos, hasta que yo dijese basta. Sigo pacientemente el movimiento de tus ojos, mientras que la podredumbre reza y se propaga por toda tu nariz, ese olor a vísceras fresca, revuelto con el olor a fracaso con un toque  de leche fermentada, hacen a que implores ante la solemne presencia de tu escuálido espíritu. La suavidad de tus cabellos me enmarca la rutinaria pobreza de tu alma inculta. Yo no juego a ser juez.Él estaba sentado en una esquina de la calle, con una mano en su frío rostro, con la mirada puesta sobre una escena digna de horror. Divisaba a lo lejos en esa interminable calle, una pequeña niña siendo atrozmente acabada por la mano del señor, brotaban como tuberías rotas las desdichas coloradas de la pequeña inocente, la mano del impostor estaba rebosante de lívidas membranas, y él, solo observaba con una mirada rotunda, era un novato en la vida, que no conocía el fracaso hasta ese momento. Se preguntó en sus interiores, ¿Por qué no escucho los sollozos de la niña?, acaso era un pobre imbécil para no poder oír esos alaridos de la venganza cruda, eso no lo sé. La presión se siente, cae en él una fuerte opresión en sus ojos y hombros, la luz comienza a fallar, el dulce aroma de la ignorancia se esfuma, y ahora queda la peste de la fe humana, sin embargo, él ignoro el pinchar de su mano izquierda, si, ese pequeño toque, que pensó que era un espasmo, ahora su mente le dice que no fue la mano izquierda, que fue realmente en otra parte del cuerpo, que paso una seca comezón en su cabeza y no  un tic nervioso. El oído comenzó a jugar con él, primero escuchó ayuda, después, un “no me concentro y me quiero ir”, al final escuchó que era una perdida de tiempo. Eso no lo sabe él y vamos que no esta mal. En un acto final, un fuerte frío llegó a la punta de sus pies, fue progresivamente escalando, hasta llegar a la rodilla o quizás en el brazo o columna. Y al final desapareció…
Las palabras son un símbolo de curación para el alma, son jeroglíficos que nos aseguran ser inmortales, es la única manera de serlo. Pero ¿cuándo nosotros somos la salvación para ellas? Bueno, a decir verdad, no tengo la respuesta para ello, ni evidencia que me justifique, solo tengo la experiencia personal. A lo largo y ancho mar, cada granito de arena me ha demostrado, que, si los uso como es debido, me serán agradecidos, y quizás pase lo mismo con las palabras, ellas son una extensión para nosotros, en especifico para nuestro lenguaje, ninguna palabra es mala, cada una tiene su lugar y contexto. No podemos poner al sol para que nos arrulle y cuente un cuento, esa es la labor de la redonda y brillante luna. Ellas pudieron hacer algo por mí que yo jamás podría, y es expresarme perfectamente sin tener que tropezar y que mis ideas salgan fieles a mí. Antes de poder escribir un pequeño cuento, me pongo a pensar en que pieza quedaría perfecta en mi escrito, y es ahí cuando ellas llegan, como tocando mi puerta con una fuerte presencia, y dando ese brillo a mis ideas recién establecidas. 
Palabras
Autor: Brenda Morales Chang  49 Lecturas
Todo comienza con una simple emoción, pura, llena de inocencia y con toques de alegría e incertidumbre. Desdichados aquellos mortales, pobres en imaginación o aún peor, en fe, que siempre están en una deriva mental, cuando la magia toca su puerta, ellos la observan con una efusión, y abren la primera página y sucede una bella conexión. La magia siempre asombrara al hombre sea grande o un niño. Muchos dirán, pero bueno que pasase si por un segundo se rompiera la magia; mi respuesta, sería simple: la desilusión en una expresión mayor. No habría alegría entre nosotros o un gesto amable. El libro no ha perdido la magia aunque el autor diga lo opuesto, ¿por qué?  Es un instinto (se podría decir para un entendimiento más fácil), el humano siempre tendrá el misterio. Las palabras del autor jamás el lector las podrá entender, como él cuándo las plasmo, con el cual pensó que para ello interviene la magia y misticismo, el autor rara vez romper esa imaginación vaya la ilusión. 
La primera vez que te vi, sabía que no eras para mí. Mis ojos no te podían observar, mi vista no estaba libre, aprendí que al verme al espejo de mi mente no era posible siquiera verte. Nunca vi que tus ojos se desviaran a verme, yo en tu mente no respiraba, ni tenía ojos o esencia. Cuando te divisaba a lo lejos, mi vista tenía que cambiar, porque en mi mente tu tampoco tenías lugar. El tiempo tan maravilloso supo porque no me podía detenerme a pensar que estabas a una distancia cercana. La vida llegó a pasar como un suave pestañear, hasta que un día, alguien toco a mi puerta, pensándolo bien, nunca debí a abrir, nunca en mi vida supe lo que era la guerra en casa ajena hasta ese día. Mis palabras fueron un regalo divino, que, si bien eran la cosa más bella y bien estructurada, tu nunca las pudiste leer, mis cartas jamás llegaron a ti, y si dos llegaron, estaban desechas, no se les podía entender el inicio, solo el final. Me di cuenta qué mi capricho fue mayor, fuiste el deseo que nunca se tuvo que cumplir, en mi mente tu eras un trofeo más, me equivoqué. Yo pensé que el cruel había sido yo, pero no fue así, tu marcaste que mis plegarias no serían cumplidas, usaste tus palabras como una puta cualquiera, las paseaste y pateaste. Un día prometiste que volverías, jamás regresaste, me dejaste en forma de aval a tu alma, que ya estaba quebrada, no valía nada, no la pude intercambiar para poder salir de aquí, varías noches mi sueño se hizo pesado y el tuyo liviano. Me pregunto para quien fue mas humillante, si para mi o para ti, quien mintió más, quien fingió en la historia. Yo hace dos noches me quedé esperando que por última vez aparecieras, pero solo para tirar un puño de arena al mar, y dejar que la espuma se llevará mi esperanza. Ya no tenía más palabras, pensé que podía cambiar mi historia, no pude, no regresé a casa con la victoria que había anunciado antes, eso sí, no rompí las reglas, yo sigo aquí, yo sabía que tu anhelabas a otra persona, por eso no me corrompí y tampoco me sentí mal. Había conocido por primera vez a la desolación, fue uno de los tragos más amargos, lo desastroso es que fue mi culpa. La primera vez que paso el invierno, me sentí bien, el aire frío me hizo sentir en casa, ya para eso ya estaba cansado, viejo y enfermo, no podía recordar que me había tumbado la mente hace un tiempo, pero podía ver tu camino, tus huellas seguían frescas, solo que no estabas por ninguna parte, es lo último que recuerdo, mis mejillas estaban heladas y mis manos vacías. No me importaba empezar de cero, porque siempre estuve solo, nunca tuve a nadie, de hecho, solo me perdí a mi con tanto pensamiento sobre el que será, que nunca fue. Quien te puede extrañar, si tienes odio por ti, el mundo lo nota, yo lo pude ver, jamás dije nada, solo veía como tratabas de salvarte tratando de evitar lo inevitable, mi cansancio para ese entonces ya era demasiado, ansiaba que la primavera llegará, para ver las flores rojas renacer y poder estar menos viejo y fatigoso.

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