• Carlo Biondi
Belial
You may say I'm a drummer
-
  • País: Chile
 
Alone in this room No hand to grab No mouth to kiss No soul to touch   Dark is all I feel inside Darkness is all I can see through my eyes   I can see The end is near Far from the truth I lay here waiting For the death to come   A hug from my very own arms Is all I get A voiceless scream Is all I left   As I walk through it all All I have is nothingness Nothingness is everything Every moment of existence Existence I did not want Material mind Material soul Material instance of existence Just a matter of life And death   Death of my soul Happened long ago   I long for you For your times For your days For your naked, fearless, pure soul. Your love.   Let me embrace myself In a lake of happiness Long gone and long Forgotten Long seen but never Forgiven   Not a noise A little sound or movement Is heard from here The palace of empty beauty Of empty souls Of empty beds, windows and moons A noon without you And a lifetime of longing Is all I hope From this life Entombed
alone
Autor: Carlo Biondi  264 Lecturas
In the deepest reaches Of my broken soul No light can be Reflected on you   The source of all light Went away with the flow, With the tides of time   The heart of mine is But a memory of what I felt In times of yore… Nothing can be said No one is there To listen To see To feel The sacred power of This light you bring Is useless here. Go away, please Go Don’t be me Never become what can’t be heard What is not seen What no longer feels.   Light is a shadow of my past Light went away with the sigh Of our last kiss. My soul no longer lives in this eyes. By the time your lips closed Hope collapsed on itself And this mourning began.   Darkness in my heart Swallows all light you can bring Don’t expect this to be your home ‘Cause it isn’t even mine   Take your shining heart Your pristine eyes Your brave heart To the home it can reclaim Far away from here The tides are savage And the shadows of the past Merciless…   Don’t let me make a me Out of you Run while you can Before all lights go out. Leave this forsaken place Someday I’ll do it to…
Blackhole
Autor: Carlo Biondi  276 Lecturas
Éste es mi calvario Hago testimonio Todo ha de pasar Para recordar un día Las estaciones en las que caí Las tormentas que pasé Y las muertes que sobreviví   Aún me arrastro por este Camino sin salida No hay túnel ni luz Sólo la oscuridad más absoluta Hay destellos en la niebla De negro carmesí Mas se esfuman  como El aire que exhalan Mis suspiros   No hay túnel No hay paredes No hay cómo apoyar El peso de esta alma De este Corazón en Tinieblas Sólo una bóveda Una cárcel, un abismo Un vacio que lo abarca todo   Las estaciones siguen creándose Por más que intento Mantenerme en pie Mis piernas y mi alma y mi corazón Me traicionan Mi mente posee mis pasos Y destruye mis músculos con sus ondas Con su flujo Con su existir Con existir…   Mi voz ya casi desaparece Los gritos se ahogan En susurros abismales En puñaladas de quebranto En el desapego más ominoso No importará No hay quien escuche No tiene por qué haber No hubo…   Miedo Horror Oscuridad Vacía Abismo Ceguera Luz Suspiro Abandono Caída Fuerza Ahogo Desesperanza Miedo Miedo   Miedo   Lucha Lucha… Lucha.   Hay un suelo bajo mis pies. Todo comienza en algún lugar Aún la nada Aún si ese lugar Es Ninguno Aún Si soy nadie Aún si nada pasa Aún sin esperanza Aún sin camino Aún en la oscuridad Del sueño más profundo   Destellos Suspiros Miradas Anhelo Abandono Miedo   Lucha. Lucha. Lucha. Lucha. Camina… Destellos… Suspiros… Ansia… Paz.
Calvario
Autor: Carlo Biondi  394 Lecturas
Walking through the darknessAll my lifeI remember, yes.The facesThe smilesThe furyThe sadnessThe world falling down to my knees and beyondThe light at the end of the beginning, and beyond...Trying t hold the candleHang on to its lightBut all I keep now is the shadow it casted...Of me...Just a shadow in a hallway...A hallway full of the darkest lights I've ever felt."God's in his heavenIt's all right with the world"But it's not.I... I just keep on walkingThrough light and shadowOf everything. Of me. "All my trials, Lord, will be remembered"I just keep walking.
Through Darkness
Autor: Carlo Biondi  226 Lecturas
Imagen
Lunacy
Autor: Carlo Biondi  253 Lecturas
Recuerdo cuando, entre sollozos, una noche te llamé. Había despertado de una pesadilla terrible. Soñé que morías, pero ya desearía que ahí hubiese terminado. No, verás… Lo terrible de aquella pesadilla no era tu muerte, sino mi vida. Mi vida, que continuaba.  En esos momentos, mientras te llamaba, me era imposible concebir mi existir sin ti. No recuerdo haber sufrido de esa forma antes, en sueños o no. Dios sabe cuánto sufrí después, pero antes jamás. Te llamaba y, entre lágrimas y palabrerío ebrio de dolor, sólo deseaba escuchar tu voz. Tu dulce, suave, tranquila, sanadora voz. Porque en ese atroz sueño, tu voz había desaparecido de mi vida. Pero mi vida continuaba…  Fui consciente de tu ausencia, viví el vacío más asombroso que jamás conocí. La mirada era vacía, las palabras, el tacto, el pensar era vacío, y por mi corazón ya no corría sangre, sólo el vacío lo llenaba. Mientras te llamaba, rogaba a todo lo existente y lo vivido, que sólo haya sido un sueño. Porque verás, querida, que la vida entera pasa frente a los ojos no sólo cuando se enfrenta a la propia muerte.  Cuando contestaste, volvió el alma a mi cuerpo, mi corazón, que se congeló por unos minutos, que se paralizó de dolor y, vaciado, se rindió, volvió a acompañarme. Mi voz quebrada, te buscaba, te deseaba de una forma que jamás podré explicar. Te rogaba la vida y te agradecía el suspiro. Las lágrimas no se detenían, mezcla de dolor y vacío, amor y plenitud. Gratitud ante todo. Nunca había sido capaz de agradecer te. Esa vez lo hice de una forma que me desgarró el alma y me cortó por dentro los huesos. Y tu voz… La paz de tu voz, el amor, la tranquilidad, la dulzura de tu voz. La pasión y el consuelo de esa voz. Dios mío, tu sabes que eso es arte.  “Una palabra tuya bastará para sanarle”.  Años más tarde, me encuentro nuevamente sin ti. Sólo que esta vez no son los sueños el contexto, o eso creo... Años más tarde ya no es tu voz la que me sana. Años más tarde, mi corazón ya me ha abandonado, aburrido y cansado de mi, de tu ausencia, de la vida que le hice sentir. Años más tarde, al igual que en ese sueño, la vida continuó sin ti. Cada cierto tiempo te recuerdo. Con una copa de vino entre mis dedos, la vista se nubla y las memorias se aclaran. A veces hasta puedo escucharte… A veces he creído verte. He soñado besarte y he alcanzado a tocarte. Mas siempre te desvaneces. Siempre te esfumas y, por más que te persigo, no soy capaz de alcanzarte. Perdí la voz tras buscarte y desearte de formas inexplicables. Perdí mi corazón y hasta mis ojos me traicionan, de vez en cuando. Te perdí. Perdí.  Intento recordar tu rostro, mas el tiempo es el enemigo, y me arrebata tu figura de forma desalmada, cruel e indiferente. Tu voz quizá ya no es la tuya. Tus manos, que fueron reemplazadas tantas veces, ya no tienen aquella forma. El tiempo cambia el color de tu cabello, de tus ojos, la forma de tus labios, de tus pechos, tu forma de hacer el amor. Lo único que el tiempo jamás cambiará, será mi sentir. Porque haz de comprender algo; quien murió no fuiste tu, fui yo. Y con mi muerte mi amor se hizo eterno.  Sí, porque tu escogiste la vida y yo, que no sé qué hacer con ella, sólo supe morir.  Años más tarde aún te busco en cada esquina, en cada rincón, en cada centímetro de los cuerpos, en cada segundo de la existencia. Y sé muy bien que volveré a perder. Sin corazón y sin voz, el amor es mi única compañía. Créeme que intenté alejarlo, pero no fue posible ni lo será jamás. Cuando elegí morir ésta fue mi condena.  Herido y desgastado, camino por las orillas del mundo buscando tierra, luz, cielo, algo a lo que aferrarme. Pues tu voz ya no es la de ese día, ya no calma mi dolor y mi vacío, ya no entrega sus brazos a mi corazón, no descansa en mi su pronunciación. Y pensar que en algún momento aquella voz fue suficiente para dar vida. Y pensar que en un momento fue la misma quien me la quitó…  “Una palabra tuya bastará para sanarle”.  Recuerdo cuando, entre sollozos, una noche te llamé. Buscaba tu dulce, suave, sanadora voz. Consciente de tu ausencia, rogaba que sólo haya sido un sueño. Cuando contestaste, te rogué la vida y agradecí el suspiro. Una palabra tuya bastó para sanarme.  Años más tarde heme aquí, sin ti. Mi corazón, aburrido de tu ausencia, me ha abandonado. De vez en cuando te recuerdo entre vinos y memorias.  Perdí mi voz, y los ojos me traicionan. El tiempo, enemigo, te arrebata sin clemencia. Y contigo se va mi vida, más no mi amor. El amor es eterno, para quien muere por él. Y yo no sé más que morir… Años más tarde, consciente de la derrota, me aferro a la condena, mi única compañía. Cansado, deambulo. Tu voz no me toca. ‘Y tú, que fuiste vida, eres ahora también la muerte.’  Por siempre vagaré, llamándote. Porque tanto aquel, como todos mis días, una palabra tuya bastará para sanarme.
Una palabra tuya
Autor: Carlo Biondi  343 Lecturas
El cielo se está desmoronando. Y por más que intento sostenerlo, mis lagrimas no son suficientes. A cada paso que doy, su peso aumenta sobre mis hombros, y ya no sé cuánto más pueda aguantar... Intento distraerme, pensar en otras cosas, escuchar alguna melodía dentro de mi mente, inventar alguna realidad, soñar algún sueño... Pero cada vez que abro los ojos, te veo. El cielo lo envuelve todo. Cada rincón del espacio está invadido por él. Es innegable, indestructible. Y no deja de caer. La añoranza se apodera de mí, y me impide ver el camino. Me empapa la vista. Cada paso hace temblar aún más el cielo. Tengo miedo del siguiente, siento que equivocarse puede ser mortal. Y es que este peso no se aminora, y sigue creciendo. ¿Qué demonio habrá sido capaz de provocarle esto a este cielo? Un cielo tan maravilloso antes de la catástrofe. Un cielo tan placentero, tan cálido, tan tierno... En él tenía todo. Parecía tan perfecto. ¿Quién haría tal fechoría? ¿Habrán sido mis hombros los que no pudieron cargar más su peso? ¿Seré yo quien lo destruyó? Me hubiese gustado haber aprendido a engañarme. Conocí a gente con tanto talento en ello en el camino. Podría creerme los mundos que invento, los sueños que vivo, las melodías que canto. Sería tanto más fácil llevar el peso, tanto más fácil evitar que este cielo caiga. Quizá hasta podría repararlo, o podría incluso hacérmelo creer... El cansancio ya es grande. Quiero gritarle a este cielo que pare de caer, al menos en mis hombros. Pero no quiero rendirme. Quiero llevar este peso a cuestas así muera caminado. Es lo que merezco, y lo que merece. Si logro superarlo, podría hacer cualquier cosa. O quizá... Pero no. Hay que seguir. La masacre es extrema. No recuerdo ya cuánto cielo he pisado en mi camino. Los pedazos sobrecogen. Y la lluvia no deja de caer. Me pregunto cuánto más podré aguantar. Pero siempre que uno se ha herido, se puede herir un poco más... ¿Cómo sería un mundo sin cielo? ¿Qué sería de mi mundo? ¿Por dónde caminaría? ¿Con quién? ¿Hacia dónde? No, es muy loca la idea de desaparecer. De destruir todo. De dejarlo todo atrás, de abandonar. De... volver a empezar. Pero, ¿qué puede ser peor que este dolor?, ¿qué puede ser peor que la destrucción de todo lo conocido, de todo lo amado, frente a tus ojos?, ¿qué catástrofe puede compararse a la que estoy viendo ahora? El cielo cae. Mis hombros se rompen. El amor se rindió... Lo que sostenía este cielo ya no existe, y es por eso que se desmorona. Porque nunca fueron mis hombros... Lo dejaré caer. El siguiente paso será el último que dé con él a cuestas. Caerá y se destruirá completamente. Y cuando se disipe el polvo... Volveré a caminar.
Cae el cielo
Autor: Carlo Biondi  338 Lecturas
Darkness is a state. A way of life. Is not a choice. We are damned, condemned to it. And we embrace this fate's judgement with grace and pride. We are "the opposite", the contrast. "The light" is out there swallowing the whole world with its "wisdom" and power, but we are not part of it. Probably we'll never be. We are the rejected, the ones that light doesn't need, doesn't want. The consequences of a world going forward in its self destruction. The shadows that the all mighty light project on the floor. The ones that don't follow what is told by everyone. By the "enlighten". Yes, darkness is within us. We are the fallen, the losers on it all. But we are, also, us. We are truth. No light poison us, there's no past, nor future in us. We are just who we are, and we are all we have. The shadow casted in the dark side of things. We don't fear a thing because we have none at all. But we will persevere. We will become one. We will be many. We'll be the ones to give truth to this world, by light, shadows and the darkest of times. Because we are not here for just some time. Shadows are eternal, light is a circumstance. Because all light has a shadow, but the darkness doesn't need any light to be. Yes, we are darkness, we are the ones you shall not see, but you will feel us. Within and without. 'Cause not every heart gives light to the world, but every heart casts it's own shadow. We are proud of who we are, and will forever be. We are the dark.
We are the dark
Autor: Carlo Biondi  248 Lecturas
Despertó en su cuarto, aterrado. Había tenido nuevamente aquel sueño, aquella pesadilla tan terrible. Aquella en la que se sentía tan feliz. Aquel sueño que hacía que despertar fuera la pesadilla. Y eso era lo terrible de aquel sueño; despertarse.
Sueños...
Autor: Carlo Biondi  286 Lecturas
Sirena, hoy te vi nuevamente. Siempre en el mismo lugar, mientras corría tras de ti. Soberbia, como siempre, me iluminabas el camino mas jamás te me acercabas. Yo, con mi mirada, te deseaba... Mis pasos te eran indiferentes, tu siempre al frente con tus mareas. Más de una vez me cansé. Intenté desistir, pero has de saber que tus encantos no son cosa de este mundo. Son, realmente, extraterrestres. Y es por eso que seguí corriendo. Por tu misterio, por tu anhelo, por tu recuerdo, por mi lujuria. Quisiera ser capaz de ver qué hay en ti, qué pasa contigo. Pero tu luz, si bien no es más que el reflejo de una mayor, me encandila y sólo puedo ver lo que hay en mi, dentro de mi, lo que busco y jamás encuentro, lo que perdí hace ya largo tiempo... Las olas se mecen como ondas de luz, como alta marea que me traga sin esperanza. Intento zafarme sólo para poder volver a caer en ella... Ah, las olas... Te reflejan tan injustamente. Te engrandecen, te hacen pequeña, te hacen miles y la vez nada, eres en ellas, sólo un espejismo. Un espejismo tan seductor que me pierdo en el, y no sé dónde comienzas ni dónde termino. Tu luz y tus recuerdos me llenan de esperanza y ganas abrumadoras. Intentar olvidarte es inútil, me tienes hipnotizado. Por más que lo intente, tu luz omnipresente de alguna forma me encuentra. ¿Es necesario, sirena, ser tan cruel? ¿No te bastan mis recuerdos y mi juventud? ¿No te basta ser la luz de mis noches? Luciérnagas, curiosas, ven que eres mi consuelo esta noche. Aquella noche. Aquella tan oscura, ingrata y sorprendente noche. Embriagado de amor y deseo, esa noche sentí por fin tocarte. Esta noche curiosa, de luciérnagas en las olas. De pequeños espejos de tu luz. De aquella luz tan tuya como tu de mi... ¿Te habré imaginado? ¿Lo estaré haciendo ahora? Puedo ver el camino, por tu luz. Puedo encandilar mi corazón con ella, pero... ¿Dónde estás? Hace tiempo no te veo. Me pregunto si te he visto alguna vez...  Quizá sólo te soñé. Quizá sólo estoy soñando ahora, mirando tu reflejo en el mar, tu luz en mi. Tu imagen en el cielo. Quizá todos te imaginamos... Todos necesitamos algo de qué aferrarnos. Tu, mi Luna, eres eso. Eres recuerdo y eres luz. Eres ese bello espejismo que veo cada noche tuya, en el mar. Eres luciérnagas inundando las olas. Eres la marea que recorre mi sangre cada vez que te pienso, sirena. Espero, Luna, algún día nuevamente verte, sentirte, empaparme de tu escencia, tan fantasmal y cósmica, como gloriosa es tu luz y tus recuerdos... Por ahora no eres más que eso. Un recuerdo de un amor fugaz que ahora sólo puedo sentir cuando te miro... Tu, pequeña sirena, mi Luna, eres mi secreto. Uno tan íntimo como nuestra historia, como las olas de esta marea que recorre mi cuerpo y te reflejan, luciérnaga por luciérnaga, mientras moja mis recuerdos tu perfecta imagen, como un sueño del que ya desperté hace tanto, tanto tiempo... En esta playa de mi vida, te recuerdo, Luna mía...
Tsuki
Autor: Carlo Biondi  369 Lecturas
Quiérete, estás mal. Despierta, vístete. Ordénate, quiérete. Arréglate para el trabajo, adelgaza, píntate, depílate. Ten éxito, quiérete. Acéptalo, agradece, bendice. Detente, apártate, estás  mal, quiérete. No vales nada, no eres nadie. Te equivocas, quiérete.Te odian. Te odias. Estás gorda. Estás bien. Mentirosa, egoísta, egocéntrica, hermosa, irritante. Córtate el pelo, olvídalo, siéntete bien. Trabaja, ordena tu pieza, fea, horrible. Sonríe. Quédate tranquila, relájate, no fracases. No te rindas, no eres buena.No vales la pena, no te quiero, me odias, odias a todos. Quiérete. No estorbes, deja eso ahí, déjalo todo por mi. Ríndete, entrega todo, sécate, quiérete siempre.Eres fea, eres floja, eres tonta, eres gorda, eres flaca, eres alta, eres negra. Eres chica, pálida. Eres mentirosa, demasiado honesta. Demasiado sensible, demasiado loca. Eres irresistible, irresponsable.Eres desgraciada, desdichada, depresiva, infeliz. Eres negativa. Eres tonta. Eres tonta. Eres tonta. Eres cobarde, inútil. Eres hermosa, preciosa, inigualable, quiérete, eres mala.Y lo peor de todo, es que no te quieres.
Quiérete
Autor: Carlo Biondi  433 Lecturas
Hoy, mientras caminaba distraídamente, te vi. En un instante mágico, nuestras miradas se cruzaron, y sin lugar a dudas, me enamoré. Me enamoré de un amor único, exclusivo y excluyente. Un amor que solo tu mirada podía provocar. Un amor desafiante, provocador, violento y desatado. Nos pude ver abrazados, esperando el amanecer en la cama de un motel. En mi propia cama, agotados después de una tarde poseída por la pasión y libido acumulados por años de preparación para nuestro encuentro. En tu cama, reviviendo con gusto el viento de una tarde de verano. Nuestros cuerpos agotados después de la entrega, de la batalla por el placer, por el amor y la posesión. Nos pude ver cómo el deseo mismo nos transmutaba, nos quemaba y diluía. Nos pude ver, Elella. Nos vi paseando por el parque, riéndonos de estupideces que a veces ni nosotros mismos entendíamos. Te tomaba de la mano con amor y protección, con la más absoluta entrega. Te abrazaba y podía sentir tu olor, tu maravilloso aroma que me recordaba el mismo vientre de mi madre, los brazos de mi padre. Que me recordaba la eternidad.  Me vi, acomodándome en tu pecho, tocándolo con suavidad y pasión desenfrenados. Con ternura y una locura inmensa. Me vi drogado por tu existir tan próximo a mí. Me vi afortunado y bendecido por aquel momento, por la maravilla de sentirte tan mía como yo mismo. Vi a tus padres conocerme, encantados por la fortuna que era el habernos encontrado en esta ronda. Los vi orgullosos, felices y pretenciosos. Me vi pretencioso y orgulloso y feliz. Me vi a tu lado, con la frente en alto, develando aquel misterio por fin, aquella tan ardua búsqueda. Aquella pasión que, sin duda alguna y al fin, tenía nombre. Nos vi sentados en la mesa. Escuché las preguntas de rutina, y las que de seguro no lo eran en absoluto. Me reí a carcajadas con las bromas de tu padre, disfrute la cocina de tu madre como si fuese de la mía propia. Les conté cosas que, planeaba jamás contarles, y tranquilo vi que su reacción no era la esperada. Vi cómo, lentamente, me acogían en su familia, y se hacían parte de nosotros. Te vi conversando con mi madre, como si fueran las mejores amigas. Las vi abrazarse y despedirse para, sin duda, volver a verse nuevamente otro día, otra semana. Vi a mi padre, lejano y cálido como siempre, mirarte de pies a cabeza, escudriñarte, cerciorarse de que eras la indicada. Te vi aceptar tal juicio con una bondad única, conociendo el historial por el cual él reaccionaba. Los vi abrazarse al fin, y a mi emocionado ante la escena. A esa altura ya sabías lo importante de aquel gesto, de aquel momento. No pude evitar vernos burlándonos de los gustos del otro. Te escuché burlarte de mis gustos musicales. Me vi burlarme de tus películas favoritas. Nos vi fascinados observando las bibliotecas propias y ajenas. Pude verte, claramente emocionada con mis escritos. Mientras te contaba uno de mis cuentos, te dormías tranquilamente una noche de primavera, muy entrada la madrugada. Preocupada por mi ánimo, te vi. Buscando la forma de hacerme sentir mejor. Me vi enojado contigo por no entenderme. Me vi entenderte, y agradecerte por todo, absolutamente todo lo que hacías por mí. En ese preciso momento, me vi arrodillado pidiéndote matrimonio, tan sólo con mi mano y mi amor. Mi entrega absoluta. Me besaste y abrazaste, y no necesitamos nada más que miradas. Luego pude ver a nuestros hijos jugar en el patio, como si la vida se fuera en ese juego, como si no hubiese mañana. Te vi tranquila, observándolos. Me vi feliz, observándote. Nos vi en los eventos más importantes de nuestros hijos. Nos vi en sus nacimientos, vidas, muertes y renacimientos. Nos vi siempre presentes, para todo, para todos. Nos vi intentar desfallecer, y levantarnos nuevamente gracias al otro, a través de toda una vida. A través de todas las vidas que nos rodeaban. Finalmente nos vi viejos, ancianos, desgastados pero conformes. Tranquilos con la vida que tuvimos. Tranquilos con las vidas que cambiamos, creamos y dejamos. Te vi irte, en paz y con una sonrisa, agradecida de mí. Me vi agradecerte por la vida que me entregaste. Me vi completo. Me vi conforme, satisfecho, tranquilo. Me vi feliz. Me escuché, muy claramente, decirte "hasta pronto".   En un instante fui capaz de ver todo esto, tan claramente como vi tu mirada cruzándose con la mía. Un eterno instante. Uno como cualquier otro. Un encuentro fugaz. Hoy me enamoré. Mas, como siempre ocurre, di un paso más, nuestras miradas se desconectaron, y volvimos a nuestra vida usual. Y nunca más te volví a ver.
Usual life
Autor: Carlo Biondi  406 Lecturas
Hubo una vez una niña, que a través de su ventana observaba al mundo. Lo veía ir, venir, correr, nacer y morir, todos los días, sin variación y sin detenerse. Obvervaba a las personas pasar, siempre solas, apresuradas, agitadas, ensimismadas, sin mirar al resto. Jamás. Y esto le sorprendía, le abrumaba y entristecía. No podía comprender cómo existía tanta gente, tan individual, tan separada e independiente. A menudo recordaba la expresión "mar de gente", comparándola con lo que veía. "Esto no es un mar", pensaba. "El mar es mar. Es uno. Son millones de gotas que, juntas, hacen un todo llamado 'mar'. Aquí sólo veo gotas". "Esto no es un 'mar de gente'", concluyó; "Esto es una tormenta..." Cierto día, mientras observaba la tormenta pasar, un gorrión se posó sobre su ventana. Por lo general no se veían aves desde donde se encontraba, y ésta en particular, le sorprendió mucho, pues no había visto una semejante. De pronto, el gorrión comenzó a cantar, y a ella le pareció el canto más hermoso que había escuchado en su vida. Su canto le envolvía, le estremecía, le acariciaba, le bañaba con su belleza todas las emociones, y no pudo más que dejarse atrapar por este arte tan hermoso. Llegada la tarde, el Gorrión cantó por última vez, casi como una despedida, calló, y se echó a volar. Si bien la niña sentía que podría estar escuchando su melodía toda una vida, esto no le entristeció. Haberlo escuchado fue lo mejor que le pudo haber pasado, y se sentía muy afortunada. Además, sentía dentro de ella que no sería la única vez que lo escucharía y, conforme y en paz, se alejó de la ventana. Al otro día, temprano en la mañana, estaba la niña en la ventana. Y casi como por obra de un acuerdo, el Gorrión volvió a posarse y cantar. La niña había estado ansiosa. Si bien sentía que lo volvería a ver, también sentía miedo de no volver a hacerlo y, por ende, prefirió no hacerse espectativas. Se debatía entre creer ciegamente en el arte del Gorrión, o pensar que había sido sólo un sueño. Que todo se lo había imaginado y que, incluso, su melodía le pertenecía a ella, y había sido su creación... Mas después recordó (y a ella le costaba trabajo, a veces, recordar) que jamás había visto un ave tal, y que no podían ser coincidencia sus emociones al escucharlo. Llegó a pensar que sus emociones habían sido creadas para el Gorrión, y éste, para sus emociones... El canto del Gorrión volvió a envolverla, estremecerla, acariciarla, bañarla... Y nuevamente, llegada la tarde, cantó una última vez, como despedida, calló y se marchó. Así transcurrieron muchos días. Tantos que a la niña le comenzó a parecer costumbre la existencia del Gorrión. Era una parte más de su vida, y ya casi no recordaba su vida sin él.Y cierto día, acostumbrada ya al cantar y sin ya sentir lo mismo que antaño, se le ocurrió que, sólo quizá, podría hablar con él. Quizá si le preguntaba algo, éste le respondería. Quizá él, al ser ave, sabía tanto más que ella de los mares y las tormentas. Tanto más de la vida.  Aprovechando un silencio, preguntó; "¿Cuál es tu nombre?". Y el Gorrión cantó. Luego preguntó; "¿De dónde eres?". Y éste cantó nuevamente. Y aprovechando la ocasión, quizo hacer una pregunta más. "¿Por qué cantas?", le dijo. Y sólo recibió de respuesta un canto. Un canto, sintió ella, similar a los anteriores. Un canto, si bien honesto, inconcluso. Y esto la desalentó profundamente. Llegó a sentir, incluso, que el Gorrión la ignoraba, que no le interesaba lo que ella preguntaba, que no quería resolver sus dudas. Hasta llegó a pensar que el Gorrión podría no ser diferente a las personas que veía a través de su ventana. Que sólo estaba ahí porque quería cantar, que no era especial eso para él. Ella, para él. Todo esto le frustró tanto, que no esperó a que el Gorrión se fuera. Lo dejó sólo en su ventana, y se fue. Y él cantó hasta que se hizo tarde, se despidió, y se echó a volar. Al día siguiente, llegó el Gorrión a la hora de siempre, se posó sobre la ventana, y cantó. Pero esta vez no había quién lo escuchara. La niña, que lo había acompañado tanto tiempo, que había escuchado y gozado su canto, que se había sumergido en el, ya no lo esperaba. Y sin embargo no dejó de cantar en ningún momento. Lo hizo hasta entrada la tarde. Cantó por última vez, como despidiéndose, y se marchó. Así transcurrieron muchos días. La niña, si bien escuchaba al Gorrión cantar en su ventana, no se acercaba y prefería incluso ignorarlo. Se sentía decepsionanda y traicionada por este cantor, que en algún momento la había salvado de la monotonía de la tormenta, y sin embargo ahora la había arrojado directamente a ella. Sentía que había sido sólo un juego para ser una más. Llegó a sentir miedo de encontrarse fuera se ventana. De acercarse a ella, y verse allá afuera, en medio de la tormenta. Todo esto sintió, mientras el Gorrión cantaba. Un día, cansada ya de sus miedos, de sus pesadillas y su soledad, decidió escuchar una vez más al Gorrión que, como siempre, cantaba en su ventana. Decidió escucharlo a la distancia. Sentía miedo de acercarse, y sentir de nuevo lo que ya una vez le hizo alejarse de él. Cerró los ojos, y escuchó... Y volvió a sentir. No tuvo claro qué fue lo que sintió, pero su corazón dio un salto, su cara dibujó una incipiente sonrisa, y sintió un calor, aunque pequeño, en su estómago. Y al sentir todo esto, se dio cuenta que el Gorrión jamás modificó su canto. Que sus emociones, si bien se habían ocultado a través de la costumbre, tampoco habían cambiado, y comprendió más que nunca que ese maravilloso canto que escuchó alguna vez hace tanto, seguía siendo el mismo, y que sus emociones seguían llenándose de el. Comprendió que no tenía sentido preguntarle con palabras a quien canta, y que las respuestasexistían desde antes que las preguntas. Y en ese moento, escuchó,vio, leyó, sintió, con su corazón. Encontró las respuestas a todas sus preguntas, incluso las que no había hecho. Incluso en las que no había pensado. Llegada la tarde, el Gorrión cantó una última vez, como si se despidiera, y se fue. Y resultó que, al día siguiente, la niña estuvo desde la mañan en la ventana, esperando al Gorrión. A su Gorrión. A su cantor. Mas éste no llegó. No llegó en la mañana, ni a medio día, ni entrada la tarde. Llegado ya el momento en que por costumbre se despedía, comprendió que, efectivamente, no llegaría. No quizo perder las esperanzas en ningún momento, mas estas igualmente tampoco fueron recompensadas. Se extrañó y preocupó mucho. Y cada mañana, por los días venideros, estuvo en la ventana esperando la llegada de su Gorrión. Y cada tarde la abandonaba comprendiendo que, al menos ese día, él ya no había venido. Cada día que pasaba, se sentía más vacía. Sentía remordimiento. Se arrepentía de no haber estado con su Gorrión todos aquellos días en que prefirió ignorarlo, siento cosas que sólo estaban en su cabeza. Creyendo cosas que él jamás le había transmitido. Se arrepintió de no haber puesto atención antes, a tantos cantos. De no valorar la paciencia del Gorrión para cantarle aún ante su desprecio, aún ante su aparente indiferencia. Comprendió que habían cosas más allá, más grandes e importantes, que los ojos y los oídos de la mente. Que lo que le hizo sentir el Gorrión fue, desde un principio, real en ella. Y que durante todo ese tiempo de ignorarlo, también lo fue, aún si su mente nublaba lo que su corazón veía tan claramente. Y se decidió a no cometer semejante locura nuevamente. Su momento más oscuro, entonces, se transformó en el de mayor iluminación. A la mañana siguiente, decidida a no dejar ir aquel canto, salió en busca de su Gorrión. Sin importar cuánto le costara, no descansaría hasta encontrarlo, aún si eso significara la caída de la tarde. Y sin embargo, no alcanzó a llegar muy lejos pues, a la vuelta de la esquina, encontró a su Gorrión. Éste había permanecido mudo, hasta que la niña giró en la esquina, y se encontraron. Cuando lo hicieron, comenzó a cantar como siempre lo hacía, y la niña volvió a sentir ese abrazo, ese estremecimiento y esa caricia que era el canto del Gorrión. Permanecieron ahí todo el día y, al llegar la tarde y como de costumbre, él cantó por última vez, abrió sus alas y se echó a volar. La niña lo observó mientras se alejaba en el horizonte, con profunda nostalgia de su vuelo. Así fueron sus encuentros, desde entonces. Cada vez en lugares más lejanos. Ya no era la esquina, sino la plaza. Luego la avenida, el parque, la estación, la cancha, la escuela, la carretera. Todos los días era un lugar diferente, cada uno más alejado que el otro, de su ventana. Llegó el día en que la niña logró encontrar a su Gorrión ya cuando caía la tarde, justo cuando él, por costumbre, se despedía. Esto le afligió mucho, pues sabía que no podría ya volver a su ventana. No quería hacerlo, y esto le daba cierta incertidumbre. Si se iba, no podría escuchar a su Gorrión. Si se quedaba, su Gorrión cantaría por última vez, como si se despidiera, y se iría. En ese debate estaba, cuando ocurrió algo que jamás antes había ocurrido. Llegada la hora, nada cambió. Su gorrión seguía ahí, cantando, mientras el Sol se escondía lentamente, y la Luna ya podía verse en el cielo. Fue ahí cuando se dio cuenta que ya no habría retorno. Que su viaje sólo avanzaba y que esa ventana, que alguna vez fue suya, ya no lo era más. Se quedó entonces sintiendo al Gorrión cantar por lo que ella sintió como una eternidad. Se sentía abrazada, estremecida y acariciada por aquel maravilloso canto que cada vez era más fuerte, más alto, y que cada vez llenaba más cada una de sus emociones. Llegada ya la noche, a la luz de la Luna y las estrellas, el Gorrión de pronto extendió sus alas y, sin dejar de cantar, comenzó a volar. La niña lo observó maravilada por la belleza que era aquel cantor. Ya no sentía incertudumbre, y de hecho, nunca se había sentido tan segura.  Su Gorrión comenzó a avanzar hacia el horizonte, y ella no dudó un instante en seguirlo a donde quiera que fuese. Recorrieron valles, montañas, tupidos bosques, potentes ríos, campos llenos de animales silvestres, y praderas llenas de flores hasta donde el ojo podía ver. Su gorrión siempre cantando. Su niña siempre sonriendo. Aquel día, cuando ya caía la tarde, llegaron a una pradera muy extensa, cubierta de flores. Sólo una roca sobresalía entre ellas. Y en ese momento, el Gorrión calló, y silenciosamente se posó sobre esta. La niña, preocupada, le siguió con la mirada, y luego se acercó hacia donde estaba. A medida que se escondía el sol, comenzaba a comprender lo que estaba ocurriendo. Una profunda paz le invadió el corazón. Un descanso, una armonía. Una melodía...  De pronto, el Gorrión comenzó a cantar nuevamente, y con un gran aleteo, se echó a volar hacia el horizonte, mas esta vez la niña no le siguió. Sentada, se quedó observándolo mientras se alejaba hacia el horizonte, cantando de la forma más maravillosa que ella le había escuchado. Su canto se sentía en cada parte de su cuerpo, de su mente, de su corazón y su alma. Sentía el canto como si el Gorrión jamás se hubiese ido de su lado. Lo escuchaba dentro de ella, mientras cerraba los ojos. Luego, sintió de a poco una brisa en su cara, sentía su cabello moverse al son del viento. Y ya no estaba sentada. Escuchaba la brisa pasar por sus oidos, la sentía en todo su cuerpo. Escuchaba el aleteo de las alas cada vez más cerca, como si ella misma estuviera moviéndolas. Sentía el canto dentro de ella, como si ella estuviera cantando... El canto se mezclaba con el aleteo y el viento.Y en esa mezcla, que llenaba cada alcance de su existencia, ya no hubo Gorrión... Y ya no hubo niña.
Gorrión
Autor: Carlo Biondi  337 Lecturas
Te volví a ver, y reconozco; fue una emoción fuerte. Me pilló desprevenido. Quizá te fuiste hace tanto, que no pensé encontrarte ahí, así. En un principio y como antaño, tuve cierto recelo. Podría decir incluso que fue desagradable. Me era incómoda tu presencia. Supongo que tus limitaciones físicas y anímicas me hacían no querer lidiar contigo en ese preciso momento. Por alguna razón que no logré comprtender, y que algún espero me ayudes a hacerlo, siempre tuve esa actitud en un principio. Recuerdo haber sido lejano e impetuoso, incluso violento en mi disposición hacia ti, hace ya mucho tiempo. Afortunadamente tu vida le ganó a mi desdén, pero de eso te has de acordar...Mientras nos acercábamos a la habitación donde estaba el niño, te adverttía muchas cosas, con enojo y molestia. Tu me respondias con molestia, pero cierta humildad, y ciertamente nada de enojo había en tí. Quizá nunca lo hubo... La mujer era sólo un testigo mudo de todo, un testigo piadoso y misericordioso, empático y tolerante. Amante, y sabio. Sin duda, ella sabía.En ningún momento reparé en todo lo que rodeaba a la situación. Estabas ahí, frente a mi, a pesar de todo y después de tanto, tus motivaciones eran el amor y la entrega, mas yo te advertía y te reprochaba. Qué ciego estaba. Qué poco perdón y amor entregué.La habitación era una vieja conocida. Ahí estaba él, acostado en la misma posición en la que tu estuviste hace tanto, y tan poco. En la que quizá aún estás porque, tu sabes, el tiempo no existe... Aquella misma habitación en la que dormiste, comiste, diste de comer, amaste de tantas formas, sufriste, entregaste, recibiste, cuidaste, fuiste cuidada, querida, amada, agradecida. Aquella misma habitación en la que dormiste.En esa habitación, ahí estaba él, acostado, envuelto en un manto, con una sonrisa en la cara, con paz en su alma. Quizá conforme, quizá agradecido, quizá feliz. Mientras la mujer se acercaba por el otro lado, tu te acomodabas para acerlo por donde siempre, por tu lado. Dejaste algunas cosas en esa misma antigua silla, e intentabas girarte hacia él para, con profunda dificultad, comenzar a acercértele. Y mientras lo hacías, te vi tambalear. No fueron más que unos momentos, no fueron más que unos pequeños movimientos. Pero te conozco y tuve miedo, un tremendo y profundo miedo de que fueras a caer. Me apresuré a tu lado y te abracé el tronco, para estabilizarte. Noté en tu cara el esfuerzo que hacías para no caer, para no resbalarte, y yo mismo hice un esfuerzo muy grande por no caerme contigo, por evitar que tuvieras que pasar por ello nuevamente, por sostenerte, por ayudarte. Mientras lo hacía, las emociones cegadas me invadieron. Esas emociones que estaban mudas por mi actitud y disposición anterior. Por mi poca paciencia ante ciertas cosas, ciertos detalles superficiales. Ciertos hechos irrelevantes frente al esfuerzo que hacías para simplemente mantenerte en pie, para dar los pasos necesarios para llegar ahí, para acercarte a él. Al fin pude ver, sentir, creer, tu amor y perdón, y entrega. Y comencé a darme cuenta de mi error, de mi estupidez y ceguera. Mi sordera frente al concierto de amor que eras tu en ese momento, que fuiste, a pesar de todo, siempre. Me dí cuenta de tu amor hacia nosotros, de tus buenos deseos e intenciones, de tu humildad y bondad, y comprendí que no podía ser de otra forma, que nunca lo fue ni lo sería. Que tu siempre serás así, siempre estarás ahí, y que lograrás dar esos pasos para acercarte a él. Y comencé a entender todo. Comencé a darme cuenta de lo que ocurría, y el amor y la desesperación, la verdad, me invadieron. Te abracé con todas las fuerzas que tu delicado cuerpo podía aguantar, te acaricié el cabello y el rostro. Tomé tu cara, y mirándote a esos ojos grises, te pedí perdón. Nuevamente. Mientras todo comenzaba a nublarse, te miraba profundamente agradecido de poder haberlo hecho nuevamente, y mientras lloraba y comenzaba a despertar, quería aferrarme a este sueño con toda mi alma. Mientras despertaba me daba cuenta de la fortuna que tuve al soñarte, y me decidí a no abandonar quedándome con las palabras en la boca, en el corazón. Quería decírtelas aún si ya las habías escuchado. Aún si las sabías incluso sin escucharlas. Cerré mis ojos, los apreté como hace mucho,, y finalmente pude decir, aún mirándote; "Te amo, te amo... Y muchas gracias, por todo..."Luego desperté, en esa misma habitación. Con paz y tranquilidad, sabiendo que, aún si no te veía, tu seguías ahí. Las lágrimas ya no eran de pena, dolor, nostalgia. Eran simplemente amor.Aunque tu no hayas alcanzado a conocer a tu bisnieto, te juro y me aseguraré, que él si te conocerá a ti. Hasta siempre, Nena.
Nena
Autor: Carlo Biondi  213 Lecturas
Golondrina miaCantaste cuando nadie lo hacíaLlegaste en el momentoEn que mi ventana era vacía.Un cúmulo de indiferenciasDe sordera y desidia.LlegasteRompiendo espejosRompiendo esquemasRompiendo vidasRompiéndote...Tu mirada siempreSiempre hacia alláHacia el horizonteHacia lo efímeroLo importanteLa vida...Me pides con miradaQue cure tus alasRotas de tanta libertad.Me lloras una jaulaY yo te la dibujo.Lloras con La belleza Jamás presente en tu vuelo.Lloras conEl cuidadoJamás presente en tus ojos.LlorasCon el miedoPropio de alas rotasQue no se atreven a volar ya más.Pero haz de saber, lindaPalomitaQue tus alas vanVan sin másTe trajeron hasta acáRompiendo esquemasY espejos, y alas,Y te llevarán haciaEl sol mismo.El horizonte que EscuchasteEn tus sueños más profundos,Más enfermosY delirantes.Más sinceros...Gorrión tuyo, Entrégate a este caosA esta, mi jaulaQue no es más que tuyaMás que el reflejoQue te devuelvo.En estre maravillosoY doloroso truequeSana tus alasRemenda mi espejoCae más bajoVuela más altoAzótame más duroLímpiame de miCúranosSentémonos en esa rocaLlévanos al solAl reflejo interiorAl resplandor de ese sueñoQue alguna vez nos conectóY sumérgeteY encuéntranosY cantemosY volemos hacia el solY cantemos...
Palomita
Autor: Carlo Biondi  231 Lecturas
Si volvieras, sería el día más hermosoY terrible,De mi vida.Reconstruirías todas mis ruinasY dejarías en ruinas todo lo construidoDespués de ti.Si tu vuelves, Habrá esperanza, pero No habrá nada.No tendré lo que tengoNi lo que te perdíDejaría todo por ti, pero¿Qué me dejaría Todo?Desapareciste en la razónEn la lógica, y el amorEn el derecho propioY el amor al prójimo.Espero que jamás vuelvasO que si lo haces, sea una Reencarnación de tiUn espejismo, Maya...Las arenas del tiempoHace mucho me tienenEn su red.No detengas tu caminoPara tomar mi mano.No ahora queAl fin,Al arenas me envuelven,Me acarician,Toman mi forma y me cobijan.Me erosionan...Tu regreso seríaSería...Sería la mejor maldiciónQue podría caer sobre mi.Sería el acaboseDe todo dolor yPlacerActual...De toda costumbre.Si tu vuelvesMe matas, me reencarnas, me desnudas, me incrementas, me agotas y me explotas.Si tu vuelves me matas nuevamente.Para qué llevarme al cielo, sólo para decirmeQue jamás podré volar...
Si tu vuelves
Autor: Carlo Biondi  191 Lecturas
No tienes idea todo lo que me fascinas... Las ganas que me dan de sentarte en mis piernas y conversarte, analizarte, compartirme, convencerte, entenderte, convencerme, mirarte, devolvernos, acariciarte, estrecharte, abrazarte, pensarte, penetrarte...No tienes idea de lo mucho que me fascinas... Las ganas que me dan de acostarme a tu lado y perderme, envolverte, sostenerte, creerte, sopesarte, suspirarte, llorarte, tocarte, agarrarte, lamerte, confiarte, entregarme, penetrarte...No podrías creer, probablemente, cuánto me fascinas... Las ganas inaguantables que tengo de olvidar, perdonar, dejar, abandonar, desaparecer, molestar, interrumpir, estorbar, crear, creer, desear, mantener, levantar, pensar, volver, penetrar, amar...Lamentablemente veo muy a menudo, reafirmo mi creer, que efectivamente no tienes idea... Me imagino que, de saber, no sería todo como es. No te habrías ido, transformado, desaparecido, agotado, apagado, cambiado, destruido. No estarías leyendo esto ahora, no estaría escribiéndolo... ¿De qué me sirven los sinónimos?, ahora solo me encaminan, como las canciones te enseñan a sentir. Porque sólo al poeta le sirven los sinónimos...Y yo no quiero ser poeta. Quiero ser feliz.Realmente tu, no tienes idea.
Fascinas
Autor: Carlo Biondi  201 Lecturas
En aquel lugar, nadie me tomaba en cuenta. Por más que insistiera, la atención era lo que más se negaba. Había una abundancia de todo, mas ese todo hacía que las cosas desaparecieran en frente de sus caras. Todos, sin importar cuándo, cómo, dónde y porqué, estaban demasiado ocupados consigo mismos. Y nadie prestaba atención. Nadie prestaba nada. Decidí acercarme al maestro. Un hombre muy alto, muy delgado, muy despeinado, muy barbudo, muy inteligente, muy talentoso, muy alegre, apasionado, demandante, determinante, amante. El hombre era, bajo todo aspecto, un extremo. El maestro daba una cátedra como nunca ví, ni antes, ni después. Su cara era de una concentración indescriptible, sus movimientos, apasionados. Cuando hablaba, su voz era dulce como la música que tocaba en su piano, pero tan varonil como la del hombre más viril que vi en mi vida. Su pelo se movía con el movimiento, constante, de su cuerpo. Sus manos eran batutas. Sus dedos, pinceles. La escena era victoriana. En medio de la habitación, justo en frente de la cama, había un gran piano de cola, sobre una alfombra de colores y diseños exóticos. Al lado un lienzo, blanco aún, sobre su atril. Un poco más allá, detrás del piano, un libro en blanco, sobre un escritorio, con su correspondiente pluma y tinta. Más allá de las vallas instaladas al rededor del maestro y sus instrumentos, había un chico, con un pergamino en la mano. En éste, escritas palabras aparentemente aleatorias que, a medida que se le decían, el maestro las transformaba en melodías en su piano, en escritos en su libro, en pinturas en su lienzo. Siempre el maestro parecía reconocer, recordar, revivir lo que el chico decía. Y luego, a veces por solo unos cuantos segundos, se abalnzaba sobre su piano a tocar las melodías más hermosas que escuché. Luego de eso hablaba. Hablaba con una pasión hipnotizante, con una convicción sobrecogedora. Con una verdad innegable. Y luego se arrojaba al libro. Y en el libro se entregaba por completo. Muchas veces hablaba mientras escribía. Otras, escribía mientras hablaba. Sus tópicos eran la vida misma. De eso era esta cátedra. Ningún tema era irrelevante. Y todos pasaban, de alguna u otra forma, por sus instrumentos. A través de sus intrumentos, hacia nosostros. Y nosotros entendíamos. Veíamos, escuchábamos, leíamos. Porque estábamos despiertos, porque queríamos ver. Porque queríamos aprender ese arte de la vida, que es el más difícil, el más lejano, el más inalcanzable y el más importante. Y a través del arte de vida del maestro, aprendimos. Su entrega, su pasión, su muerte en sus instrumentos, en sus enseñanzas, el resucitar de su voz y manos y mente y espíritu a través de este arte, le hizo eterno. Eterno en nuestros propios discípulos, en nuestro propio ser. Gracias a dicha cátedra yo, al fin, aprendí a hablar. Y ya nunca más fui ignorado.  
La cátedra
Autor: Carlo Biondi  302 Lecturas
¿Porqué lloro al verme sonreír? ¿Tan rara es la imagen de mi felicidad? ¿Tan ajena me es? Aquellos tiempos me son tan dolorosamente cercanos, que deseo con mi alma no lo fueran. Deseo que sean una fe antigua, desaparecida, extinta como por un meteorito. Tan cierta pero tan lejana, que ya no duele la certeza de su ausencia, como un hecho tan solo contado… Aquellos tiempos me son tan dolorosamente lejanos, que imploro una nueva ronda en su eternidad. Un repaso de la energía por el mismo punto que me otorgó una esperanza, un motivo, una vida eterna. Una luz por sobre mi oscuro ser… ¿Porqué sonrío en mis días? ¿Porqué si ya no hay fe? ¿Porqué me lo permito…? Siento mundana fascinación por cosas muy simples. Un gato, una frase, un sonido, un aprecio… Y me permito sonreír. Me regalo islas desiertas todos los días. Islas vacías, sin sentido. Islas vírgenes, ya abandonadas… ¿Porqué lucho cada día? ¿Porqué me levanto a pesar de no encontrar nada? ¿Porqué aún lo busco…? Esta búsqueda es cada vez más ardua. Cada isla hace más difícil llegar a la siguiente. Cada paso pesa más. “Mi camino de tres años… Me parece que son treinta.” ¿Y qué más puede un hombre hacer? La nostalgia no vence al ansia. El miedo jamás vencerá las ganas. Llegarán las próximas islas, con su profunda carga de un vacío abismal, y sin embargo seguiré a la siguiente. El temor jamás vencerá al deseo de verdad. Al deseo de encontrar, al final del camino, una isla llena. Explorada, habitada. Desposada. Porque sólo se muere una vez. Y yo ya he muerto un par. No siento que el final de este arduo camino esté cerca. No siento, a veces, que este camino tenga un final en lo absoluto. A veces siento que este camino, con cada sonrisa, con cada paso, comienza nuevamente, y a la vez termina. Un puerto despide al anterior y recibe al siguiente. La búsqueda de aquella foto, de aquel gral, es ardua y no terminará jamás. Quizá sea mejor que jamás termine. ¿Qué buscaría, entonces?, ¿o me conformaría con la sonrisa? Por desgracia, por fortuna, mi fe en el final de este viaje se quedó en mi observación de esa foto. Porque ese momento ya no me pertenece. No soy yo quien se encuentra ahí plasmado. No puedo ser yo. Qué ingenuo habría sido, de ser yo. Qué ajeno…  La pérdida de la fe es también la del miedo. Ya no queda nada que perder. Si alguna vez fue mía, ya no tengo esa sonrisa. Aún si la recupero, jamás será mía nuevamente, pues cualquier sentir que la haya provocado, ya no está. Ya sólo queda el ansia… El deseo por esa tierra jamás prometida. Ya no tengo miedo. No se puede vivir con miedo. Y yo ya he muerto un par de veces.
La Pérdida
Autor: Carlo Biondi  473 Lecturas
“Los perros tienen solo un defecto, ellos creen en los hombres”.   Despertó con un poco de frio, como siempre. Estirándose un poco, sintió su pierna entre las propias, y se relajó. Se volteó hacia su lado, le acarició la larga cabellera, un poco grasosa, y se enderezó. Comúnmente le daba profunda pereza levantarse. Este era un día muy, muy común. Al pararse, le dio un poco de trabajo darse cuenta que Thor no estaba. Generalmente amanecía o a sus pies, o en su cabeza, pero esta mañana no apareció junto a él. Seguramente, pensó, fue a buscar un poco de comida. No era raro encontrar a esas horas restos. Tomó su cuaderno, antiguo, gastado, descompaginado, y lo revisó. Aún faltaban algunos sitios por visitar, y era un buen día para hacer esos trámites. Con delicadeza la despertó, diciéndole que tenía que marchar, pero que estuviera tranquila, volvería pronto. Sabía que eso era probablemente mentira. Quizá ella también lo sabía. Quizá preferían engañarse, creer sus mentiras, vivir la falsedad y transformarla en verdad, una que escapa totalmente a la realidad real. Partió así con su mochila al hombro, muchos lápices y hojas en un blanco prístino dentro de ella. En eso se acerca Thor. Sin duda tenía muchas ganas de acompañarlo en su viaje. Siempre se encontraba comida, camaradas, ruedas y un sinfín de cosas fascinantes cada vez que iba con él. Pero no pudo, pues esta vez le correspondía cuidarla en su ausencia. No era bueno que se quedara sola. No así, no ahí. Y con pesar y lealtad tremenda, Thor se devolvió por donde vino. Comenzó en el bandejón mirando hacia la gran casa, mientras se preguntaba por qué no había ido allí antes. Por más que lo pensaba no tenía sentido. ¿Un lugar tan importante, sin una atención primordial? No le dio más vueltas, y cantó sobre el papel… Este monumento siempre le causó gran intriga. Ansia, incluso. Siempre se preguntaba al pasar por fuera qué ocurriría allí dentro. Semejante casa sin que nadie la habite realmente. Le causaba casi nostalgia… Al terminar, decidió acercarse a la gran torre. Una torre importante en el inconsciente colectivo de aquellos transeúntes, transportados siempre como por la misma energía, al mismo ritmo, como si viniera de ésta. Esta vez cantó desde arriba de un árbol, donde no le vieran, en lo posible. Lo hizo rápido, sabía que podrían sacarlo de ahí en cualquier momento, y si bien las hojas le tapaban gran parte de la vista, la había visto tantas veces que sus ojos solo eran una proyección de una imagen mental, mucho más hermosa y valiosa. Al terminar se bajó cuidadosa y sigilosamente, pues no quería ser descubierto. No aún. Decidió adentrarse en las calles. Había visto, no hace mucho tiempo, no muy lejos, unas casas maravillosas, como sacadas de otro tiempo, de otro lugar, y merecían ser descubiertas. Si a través de su canto podía ayudar en esa tarea, tanto mejor. Estas casas eran su telón y sus butacas propias, y el sitio perfecto para cantarlas era entre ellas. Mientras lo hacía pensaba en sus fachadas, blancas como la nieve. Pensaba en su pecado. En que podría estar del otro lado, viviéndolas, y no ahí donde estaba, mirándolas. Cantándolas… Pensó incluso en que podría haber sido casa. Ventana, puerta, árbol, cielo, nube, aire… Quizá su peor error había sido ser persona. Quizá había algo peor. Su andar le llevó a una calle antiquísima. Rodeada de casas hechas específicamente para no contener personas. Esto le escandalizaba. Se dijo que, por lo mismo, estas calles no merecían ser cantadas. O quizá él no merecía cantarlas. Pasó.   Luego de mucho caminar, varias limosnas y algunas comidas, prefirió volver. Se hacía tarde y no quería que ella estuviera tanto tiempo sola, aún si después de encontrarse lo siguiera estando. Quería estar con ella. Quería que ella estuviera con él. Quería entregarle lo que merecía, necesitaba. Lo que él necesitaba. Quizá algún día ella despertaría, daría las gracias y devolvería la mano. Esa esperanza era el mejor alimento que había probado. Al llegar allí estaban ella, Thor, y el cartel. Saludó a ambos con cariño, le entregó comida a cada uno, y esparció sus cantos por el suelo. Por la reacción de quienes se dignaban a mirarlos, había sido un buen día. No todos eran así. Cantó también en ese momento, pero ya no sobre casas ajenas, sino sobre la suya propia. Sobre imágenes mentales de compañía y desolación. Sobre perros, seres inocentes y estúpidos. Sobre él mismo y su error más grande, un error que no quería obligar a Thor a cometer. Un error que le había significado su realidad. Un error de inocencia y estupidez. Un error que no podía evitar. Un defecto, al final. Al llegar la fría noche, se recostó en la fría calle, con ella igualmente fría, con Thor siempre a sus pies, en su cabeza, leal como siempre, inocentes todos, bajo aquel cartel que rezaba: “Los perros tienen solo un defecto, ellos creen en los hombres”.
Un camión se dirigía sin detenerse, sin miramientos, sin intención, en mi dirección. De pronto me encontré agotado, tirado al medio de la calle. No sé cómo llegué ahí. No sé cómo el camión me trascendió, y siguió su mortal camino hacia su destrucción. Perdió su techo cuando se estrelló con un árbol. Al menos eso puedo decir al mirar hacia atrás, hacia la continuación de su camino. Veo su techo destrozado, a un lado de la calle, como si fuera hojalatería irrelevante. Como si jamás hubiese protegido a un conductor, llevando el vehículo en su viaje. Un ser minúsculo en dimensiones, guiando este monstruo metálico, esta omnipotente fuerza, en su busca del siguiente kilómetro. Veo cómo avanza, ya fuera de toda lógica, sin guía alguna, disidente de su destinada dirección. Veo cómo comienza a perderse en la esquina de mi calle. Cómo se va hacia la avenida, hacia la plaza, hacia la ciudad que le espera. A su absoluta muerte y desaparición. Vuelvo mi vista hacia la esquina contraria, desde donde con toda seguridad vino aquel camión. Por ella aparece un niño. Oscuro, desnudo, desamparado y asustado. Y llora. Llora como si hubiese perdido algo muy grande, o quizá ganado algo muy grande. Quizá incluso ambas cosas… Acuden a su ayuda espontáneas personas. Lucen preocupadas e inquietas. Es natural que así lo estén, siempre se preocupan de los niños… Me veo a mi mismo, siempre en el medio del camino. Agotadísimo, sin fuerzas siquiera para ponerme en pie. Lo intento y, sin importar cuánto, vuelvo a caer. Un par de perros hay delante mío. Descansan en los pórticos de las casas, mirándome indiferentes frente a todo lo que acaba de ocurrir. Me asustan. Me paralizan. Me controlan. Me martirizan sin saber o sin querer… Mas sus intenciones no importan. Intento darme fuerzas. Intento ponerme en pie una vez más, a pesar del cansancio y del sueño y de la desidia que me invaden. No debe importar nada. Si quiero acercármeles, si quiero ir más allá de ellos, si quiero que no existan, no debe haber excusa. Intento ponerme de pie una vez más. Y, mientras lo hago, despierto.
Al medio del camino
Autor: Carlo Biondi  180 Lecturas
Cuando paso por ahí Nos puedo ver sentados en la banca No sé dónde estará tu corazón, pero el mio aún sigue ahí Buscándote. Te persigue por el parque intentando aferrarse a ti Aún si no te encuentra Tu te fuiste hace mucho tiempo...Hay oasis en todas partes espejismos dolorosos hirientes, malignos. me hacen sangrar nuevamente como si la herida estubiese recién hecha. Por encontrarte sería capaz de vender mi inocencia contaminar mi pureza... quemarme completamente solo por tener una vez más tu atención tu cuidado, tu dolor... Si pudiera escoger nuevamente, Viviría tal cual hasta que te conocí desde ahí mordería todas tus manzanas perdería cualquier paraiso para ganar el tuyo... Cualquier pecado sería poco si de eso depende tenerte porque no existe alguno peor Que ser quien no mereces y perderte... Como pecador mi alma vive en pena y deambula por mi cuerpo Aunque aún no pueda encontrarla quizá te la llevaste también. Mi búsqueda continua, y por la ciudad no dejo de verte. en cada esquina, a cada paso. Llego a odiarte, por la maldita conciencia de saber que no he de encontrarte, que me abandonaste a mi suerte, a mi desdicha e infortunio. que ya no existo y desaparecí. Quizá siga tus pasos y me abandone igualmente cuando el dolor sea más grande que el don máximo cuando la indiferencia pueda más que el deseo cuando te encuentre en mi o cuando me pierda dentro. Cuando no quiera odiarte más Cuando mi amor se extinga... Por ahora seguiré caminando Sin tocarte... Sintiendo en cada fibra de mi cuerpo el calor abrazador del amor y del deseo, del dolor más profundo, de la felicidad más abrumadora, de la necesidad implacable. Y desde aquí te agradezco Por darme la vida Por que el único motivo para mantenerla Es que podré volver a verte. Algún día...
Verte desde aquí
Autor: Carlo Biondi  257 Lecturas
He perdido muchas melodías en los sueños Despierto y se esfuman Se desdoblan y me abandonan   Las llamo, y no vienen Las busco, mas no aparecen Las deseo, pero me ignoran   Duermo para poder vivirlas de nuevo Para cruzármelas en los sueños Para que esta vez no se me arranquen   Y si logro pintar alguna melodía No cometeré el error de olvidarla La tatuaré en mis ojos, vistiéndome   La haré realidad La viviré hasta la muerte Saborearé su fresco dulzor   Y si es necesario No despertaré más Porque prefiero cazar melodías en sueños Que realidades ensordecidas
Melodías
Autor: Carlo Biondi  385 Lecturas
Como una polilla, se encuentra Revoloteando en mi cabeza Chocando con mis ventanas Alimentándose de mi luz   No se rinde en sus intentos De entrar a toda costa Descansa en mis ventanas Drogada con mi luz   Me hostiga y acosa Llamando mi atención Me mira a través de mis ventanas Seducida por mi luz    Invade mi intimidad Mi guarida más profunda Juega con mis ventanas Vistiéndose con mi luz   Me observa con deseo De poseer mis emociones Choca con mis ventanas Cegada por mi luz       Mas no puede entrar Ni atravesar mis ventanas He de ignorarla si deseo ser libre De tal magna molestia Estorbo del paisaje.   Se posará y esperará Mirará con añoranza Esperando el momento preciso En el que mis ventanas se abran   Tendré que esperar lo suficiente Refugiarme Lejos de su alcance Tan lejos como una ventana   Rociarla con el arma De la indiferencia más descarada Atacarla con ella, hasta que esta la mate La suicide y la extinga Pues no existe mayor remedio Para el estorbo y molestia De su existencia Que la indiferencia Sobre su vida y muerte.   Y la polilla En sueños de luz Caerá muerta.
Polilla
Autor: Carlo Biondi  280 Lecturas
A través de esta vida Yo seré tu distracción Tu enfoque primordial De toda sensación   Seré bruma en el pantano Tu pantalla principal Tu entrada y salida Tu órgano funcional   No pretendo demostrar Justicia o iguadad No quiero ser tu ideal Sino tu terrenidad   Poséeme Adórame Compréndeme Atrápame Poséeme...   Quiero aprender a ser en ti Un universo en expansión Un cielo sobrecogedor Una tierra conquistada...   Acompáñame en las rondas En mi mente y en mis pies En mis cantos más alegres En mis derrotas más tristes   Sírveme, y te serviré Te ayudaré obedeciéndote Te escucharé, creándote...   Me desvanezco... Me pierdo y me callo Desaparezco. Te has ido de aquí.
Distracción
Autor: Carlo Biondi  269 Lecturas
Imagen
Darko
Autor: Carlo Biondi  264 Lecturas
Tres habíamos sentados a la mesa, uno a cada lado. Vestían ropajes, uniformes, ceremoniales. Trajes largos, negros, y cuellos blancos. Pantalones negros, y unos zapatos negros, muy bien lustrados, aunque probablemente de sangre. Lo extraño es, que vestían así todo el tiempo. Era una mesa redonda, de vidrio. El tiempo y el espacio se veían a través de ella, mas sólo sus patas y el suelo estaban allí. “Comprendo mi pecado, lo acepto y lo vivo”, dijo una mujer al acercarse. Su cabello era largo, al igual que sus ropas, como salidos de otro tiempo. Ella no siempre vistió así, fue el tiempo el que, atrapándola en su marea, la uniformó. Comprendí al instante, que aquel pecado no era más que el “primero”, el original, el génesis. Miré a mi alrededor, y me di cuenta de que mis acompañantes estaban conformes, satisfechos, felices tal vez, de escuchar sus palabras, como si las hubiesen esperado mucho, o tal vez necesitasen. Al tiempo sentí un espanto, un rechazo, en mi interior. De mi estómago llegó a mi boca. “¿Considera usted justo, padre, con toda su sabiduría, y conscientemente, que esta mujer deba pagar por aquel pecado? ¿Aquel pecado que ella no cometió, pero que la ha perseguido desde el momento en que se perpetró, sin tener ella la más ínfima señal de vida aún? Yo creo que es una atrocidad seguir atribuyéndole a la mujer aquel pecado, si es que es tal, aún es esta época.” Por supuesto, no tuve respuesta. La sabiduría de aquel padre era el silencio, cómplice y asfixiante. Luego la mujer volvió, esta vez con un caldero en sus manos. En el caldero, piedras calientes. Las vertió sobre nuestras manos. El agua se escurría por ellas, mas no mojaba. Y las piedras, aunque hervidas y desprendiendo vapor, no quemaban. Entendí que era su rito. Su forma de vivir con el destino, con el círculo que la perseguía. El tiempo pasó por ella, y su cordura la condenó a seguir su corriente. Nunca comprendí si ese era realmente su destino, o simplemente el que le habían dicho era suyo. Espero que el tiempo, en otra de sus rondas, de la oportunidad de averiguarlo, o burlarlo. No supe qué pasó con ella. Para el tiempo en que pude pensar en lo sucedido, estaba despierto.
Carapulcra
Autor: Carlo Biondi  313 Lecturas
Todo el dolor desapareceA través de los ojos del gato. Lo miro, y a la vez me mira Y es como si dejase este mundo, Perdiéndome en él…   Un inconsciente me posee Y me libera de mi ser Soy él, y él, no sé No estoy en él, y él se va.   Su mirada me vacía Me limpia y me arranca Mientras los miro no soy nadie Y sus ojos son eternos…   Su pelaje es el fondo perfecto De la liberación absoluta Del Nirvana La oscuridad absoluta Pura, vaciada.   …Sus ojos me abandonan Ignorando mis súplicas. Soberbios, felinos.  Y vuelvo a los recuerdos, Los hechos, las palabras La inseguridad más absoluta El abandono, la humanidad.   Solo espero, ruego Que la próxima vez Que sus ojos me posean No dure tan solo un segundo…
Ojos del Gato.
Autor: Carlo Biondi  343 Lecturas
¿Y porqué no puedo, si debiera ser así? Si se acepta lo inaceptable ¿No se acepta lo aceptable?   Sus chaquetas y lustres no quiero Sus corchetes y vendajes no quiero Mas como ustedes debiese vivir Y ustedes como yo vivo ahora Que no le hacen ningún favor al mundo Ensuciándolo como yo lo embellezco   Llévenme hacia allá Volátiles papeles Filos corta vidas Letras con sangre De sangre Para sangre, pero no de todos.   Volátil soy yo y mis voladas Mis inconsecuencias y mis pisadas Y el mundo, tan pesado como es Cada día se hunde más Y se aleja más de mí   Y yo de él, pero de su mundo, No de EL mundo A ese yo me acerco A ese me aterrizo A ese me asemejo A ese confundo Con ese perezco Y con este resucito   Y qué saben ustedes de eso Ni vida ni obra seres Desapercibidos por quienes deben Se remiten a los que no ven No son vistos ni escuchados El papel habla por ti Marioneta de unos cuantos Que son tantos que no se cuentan … no como personas                 Soy oasis y soy vida Soy muerte manifiesta Soy locomotora auto conducida Haciendo su propio camino Cayendo siempre En el mismo precipicio Que no es otro más que todos Todos y ninguno Que no existe pero que lo ves Que ves pero no tocas Al que no caes por miedo Al vértigo placentero             Desvaneced y caed Muere y púdrete Fúndete en él Vuela y navega Cava y toca Siente y respira Llora y desángrate Destrípate y vomita Se feliz y grita Esto no es más que todo Lo que está allá, si, allá Eso es lo que llaman nada Lo que existe sólo ahí Lo que se crea y destruye a si mismo Y hace parir bastardos, malnacidos, Hijos de putas vestidas de oro Que comen su propio vómito Patéticos ignorantes Sabios aberrantes       Muero y vivo Soy vidente ciego Sordo todo-oyente Vívida manifestación De todo lo existente Desintegrada unidad Totalidad volátil Soy esto y a la vez nada Soy arte mismo.
Allá
Autor: Carlo Biondi  274 Lecturas
Desde la tristeza inexplicable Nace una soledad contradictoria. No es más que mi vida en ese círculo, En ese mundo perforado.   Me rodean otras vidas, apresadas por el plástico. Muerte y sangre y salvajes egoísmos, Mas sólo belleza alrededor mío.   Un bosque eterno Sembrado constantemente Pero nunca regado, de eso no hay tiempo.   Florezco en este mundo, en este bosque plástico, Gracias a la sangre y a la muerte y a la desidia colectiva. Un pantano de oasis aún virgen, por desgracia. Un círculo perforado es ventana del panorama Un desliz en la pendiente constante de ese mundo.
Flores.
Autor: Carlo Biondi  321 Lecturas
Leyendo, pensando, recordando... Me doy cuenta de el valor que tienen muchas personas... del valor de las relaciones con esas ellas, de cómo ayudan a seguir adelante, a despertar cada día, a acostarse al final de este... Gente que, la mayoría de las veces, siquiera se da cuenta de lo que reálmente es para las demas personas, gente que se alimenta espiritualmente entre ellos, y hace a la larga, que surjan cosas maravillosas... Personas que han sido, son, y serán claves, en el desarrollo nuestro, creatividad, fortaleza, y a veces en cosas tan simples, como hacer que un día sea mejor que el anterior... Básicamente, me he dado real cuenta de el valor que ha tenido la amistad a lo largo de mis años... de que, de alguna u otra forma, el destino se las ha arreglado para jamás dejarme solo, incluso si no me he dado cuenta de ello, o hasta si los demas no lo han hecho... El "domesticar" a la gente es algo muy meritorio y que, sin embargo, la gran mayoría de la gente lo logra, y, por consecuencia supongo, no se le dá el valor que merece... el ser humano es así, ingrato, se dá cuenta del valor de las cosas cuando ya no las tienes, pero, queridos mios, para qué esperar ese momento, ¿no? Y que no se crea que pienso esto por el "día de el amor y la amistad", francamente, me importa un carajo, uno tiene toda la vida para valorar y agradecer las amistades y los amores, este es simplemente un día de hipócritas, que necesitan que un calendario les recuerde que aman a otros seres humanos... no, si yo estoy aquí, leyendo, pensando y recordando, es gracias a que a mi DS se le acabó la batería, y me dediqué a leer y recordar y valorar y querer, mientras se recarga...
Amistad
Autor: Carlo Biondi  520 Lecturas
+++
Mundo de mierda, egoistas ególatras, todos iguales, sacas uno, salen 200, haciendo fila, para llenar el puesto de maricón que dejó este. Te cagan para no ser cagados, y los que son diferentes?, son descartados, desechados por una sociedad autodestructiva y manejada (ya ni si quiera "manejable") por personas que jamás conoceran, a los cuales les siguen besando los pies y entregándose en cuerpo y alma... sociedad de mierda, llena de elementos sobrantes, reemplazables, inútiles... Yo?, no, yo ahora me voy, es nuestro destino el estar separados. Llegará el momento en el que nos juntemos, y algo grande, espero, pasará, pero creo que, hasta ese entonces, y mientras espero que el momento llegue, podré mandarte a la mierda cuantas veces quiera... y ese momento, "querida" sociedad, es ahora. Lo que es yo, me desligo, "desenchufo", un buen libro, música, amor, y sueños... es todo lo que necesito ahora, a tí, sociedad, por un buen tiempo, no te necesito.. "No es que nosotros seamos raros, sino que los demás son diferentes..." remember?
Sociedad.
Autor: Carlo Biondi  508 Lecturas
Es curioso el volver a amar. Es fascinante, emocionante y muy regocijante, pero sin duda, curioso. El aprender a vivir con la otra persona, vivir con sus defectos y sus virtudes, pros y contras, es difícil, más aún, a medida que avanza la vida, se tiene más camino recorrido, más cosas que aceptar, menos en las que seder...Sé que te ha costado el pasar por todo esto, el aceptar muchas cosas, cosas particularmente inaceptables, en muchos casos, pero cosas, al fin y al cabo, que me hacen ser quien soy.Es por esto, entre otras cosas, que valoro tanto lo nuestro, lo que hemos construido hasta ahora, que no ha sido nada fácil. Es más, cada dificultad por la que hemos pasado, cada converzación, cada choque de ideas, nos ha fortalecido, y acercado, mas.A veces pienso en ti... En tus tantas virdudes, y tantos defectos. En tu capacidad para entregar cariño, protección, y seguridad. En tu pureza e inocencia, que no hace más que iluminar más aún mi vida, cual estrella de Belén...Es más, a veces hasta agradezco tus defectos, que me hacen valorar aún más tus virtudes, y te hacen ser la persona íntegra que eres. Y esto me hace más feliz aún, el estar conciente de tus defectos, y quererte más aún sabiendolos, y viviendolos... Inclusive, llego al punto de amarlos, porque sin ellos, no serías tu, serías cualquier otra, pero no tu... mi flor, la cual veo cada vez que observo el cielo, preguntándome en qué estrella estarás esta noche... Inclusive dentro de tu imperfección, querida, eres perfecta.  Cada día me sorprende algo nuevo, alguna sonrisa, algún gesto, alguna frase, algún pensamiento... Cada día, sin darte cuenta, has construido algo, y lo sigues haciendo, en mi... Es por esto, entre muchas cosas, que sólo puedo darte las gracias... Por ser tu, tan hermosa, en cada sentido de la palabra, como eres... Eres capaz de aceptar y seder en muchas cosas, capaz de hacer sentir tan bién como pocas veces me sentí, hacerme el ser más afortunado y feliz, de tener a tal persona a mi lado, dándome no te imaginas cuánto... Reálmente le haces justicia a tu nombre... eres capaz, más que nadie, de entregar... Paz...
Paz...
Autor: Carlo Biondi  555 Lecturas
+++++
En unas pocas horas te veré... no te veo desde el viernes, lo cual para nosotros es demasiado tiempo... Me gustó bastante el día, si bien (para variar) peleamos, luego me encanto, el compartir contigo esas instancias, no sé, la cosa es que me dejó conforme el día, y con ánimo de verte un día después, y poder probar otra vez el pavo que tu haces, el pavo más exquisito que puedo llegar a comer (y no solo por el sabor...).Recuerdo el martes, cuando te dije que no podíamos seguir juntos... en realidad era fácil decirtelo, sabía que eso jamás pasaría, que no terminaríamos, no así, no por eso... pero yo sabía que era necesario, que debía hacerlo, hacer lo que, a pesar de todo, nunca hice, por cobarde... tú muchas veces has tomado eso a mal, el que no pueda hacerlo sólo por cobarde, pero no debieras... te amo, te amo como a nadie (si, "cómo" a nadie, tu lo sabes), te amo como dificilmente amaré a alguien, no puedo vivir sin tí, y eso no es solo un cliché, ambos lo sabemos, lo aprendimos a golpes (golpes emocionales por supuesto...), eres mi todo, sin ti realmente no existe nada, te lo especifiqué en las notas que te escribí, y supongo lo entiendes... Ese martes realmente quería saber qué se siente dejar ir a la persona amada, saber si sería capaz de aguantar tal tormento (que ya lo tuve que aguantar una vez), obviamente no podría, ni siquiera soy capaz de dar el paso... ¿cobardía o amor?, supongo te preguntas eso... una lleva a la otra, y tu te has dado cuenta...No... sería imposible estar sin tí... ya me es imposible estar sin ti en el día... tantas iluciones nos hicimos, y mira... quizá ese impacto me llevo a decirte todo lo que te dije ese día, y no me arrepiento... te vez tan hermosa cuando lloras... y me inspiras tal amor, que no importa si estamos discutiendo, ni porqué, te abrazo inmediatamente y calmo tu llanto... aunque algunas veces te calmas tan rápido que me molesta un poco no poder seguir viendote llorar, ademas a ti es fácil calmarte el llanto, te ofresco un helado y se ilumina tu cara... que es aún mas hermosa de esa forma...Te he visto de tantas formas... emocionada, entretenida, cariñoja, traviesa, juguetona, avergonzada... enamorada... y en cada una te vez hermosa... no te imaginas lo hermosa que eres, nadie lo hace, excepto yo, que soy el único que te ha visto de toda forma posible... el único que ha visto tu belleza, tu maravillosa y envolvente belleza... Te amo... como jamás pensé hacerlo (y ya me había enamorado antes), te amo con todo mi ser, literalmente... Siempre he pensado que si dos personas realmente se aman, no existe razón para no estar juntos, así que dejémonos de tonterias, y tan solo, estemos juntos...
Imagen
Quiero amarte...
Autor: Carlo Biondi  1465 Lecturas
+++
¿Cuando decir "te amo" comenzó a ser una costumbre?, y no es que no lo sienta, es solo que... Esto no puede seguir, no nos podemos seguir hiriendo, como un amigo dijo; "no debe sangrar más", y es cierto, tantos momentos lindos, preciosos, guardados en nuestros corazones, no se pueden quemar por simples cosas del momento.Nos amamos, lo sabemos, y nos damos cuenta que no es suficiente, y eso es lo que mas te duele, que no sea suficiente... Hay que dejarlo ir, por el bien de los dos, sé que es difícil, el corazón que me regalaste no se me olvidará nunca, y lo guardaré por siempre, tú y yo de la mano, algo tan hermoso no se olvida, princesa, créeme...Cuesta separarse, demasiado, y el principal motivo ¿sabes cual es?, que nos amamos, lógico, nos amamos más de que hemos amado nunca a alguien, y nos amamos mas que cualquiera que hemos conocido, y que podamos conocer... el segundo es el terrible. Sí, la costumbre. Todos los días juntos, misma calle, mismo metro, misma casa, misma cama...No quiero ser pesimista, disfrutamos de todo lo vivido, y muy bien, es sólo que, por no ser pesimistas en un futuro, tenemos que cuidar lo que tenemos ahora, y no arruinarlo, no más. Ha pasado agua debajo del puente, alguna muy sucia, cosas que no se olvidan, cosas que dan pena, algunas incluso rabia, y, si nada de eso es capaz de arruinarlo, no esperemos a que lo sea."El amor real, mi querida, es difícil de encontrar", y así también, es difícil de abandonar, pero por eso mismo, porque nos amamos, realmente, mas que nadie, debemos dejarlo ir... "Mira... Eres mas Preciosa para mi que cualquier otro. No importa cuantos años pasen, Quiero que sigas sonriendo. No me importa lo que me ocurra, pero rezo para que tu siempre, siempre, Seas Feliz..."
Dejémoslo ir...
Autor: Carlo Biondi  1493 Lecturas
++++
-No te sientas mal, es solo que ya no te ama.-Ojala fuera solo eso...Realmente no sabía qué hacer para conseguir que no le siguiera mirando de esa forma, no era odio, no era enfado, era... asco, y eso era lo que más le afectaba.Pero sabía que eso tenía que terminar, por su bien debía hacerlo, así que decidió acabarlo en ese momento; bajó, le siguió, y le detuvo en medio del pasillo:-Tenemos que hablar...-Sinceramente, no me interesa lo que tengas que decirme.- dijo cortante.-Es que necesito que entiendas---Lo único que necesito entender es que no te necesito, no me necesitas---¡Es que si lo hago!-No se notó la otra noche.-Lo sé, y te pido disculpas---¿Tu realmente crees que eso sirve ahora?-Em... Supongo---¡No! No sirve, lo que está hecho, hecho está, y nada lo cambiará, ni tu sentimiento de "culpa", ni mi sentimiento de... arrepentimiento...-No estaba bien, tienes que entenderlo...-Eso no le importa ni a mi cuerpo ni a mi salud mental.- diciendo esto se volteó, pero de nuevo le detuvo la mano de él. Estaba comenzando a verse como aquella vez...-Eso lo sé, y por algo te pido disculpas---¡Eso no me sirve de nada! ¿Acaso no entiendes como me siento? -había comenzado a llorar.-¡Claro que si! Creeme---¡No! Y pensar que yo... ¡Arg! - jaló su brazo y fué corriendo al baño, en esos momentos deseó más que nunca ser una mujer, pero tuvo que ir directo al baño de los hombres, graso error.Le vió alejarse, dejandolo solo, cosa que le molestaba sobremanera, y a pesar de que sabía que debia controlarse y no cometer el mismo error dos veces, no pudo, esa actitud le causaba dos sentimientos muy fuertes...Los alumnos ya estaban en sus aulas, los inspectores ya habían revisado los baños, y pronto los cerrarían... con ambos dentro. A pesar de que no quería pensar todo esto, no podía evitarlo, le asqueaba, pero a la vez le gustaba...Media hora despues, había cometido el mismo error.
Error...
Autor: Carlo Biondi  1370 Lecturas
+++
<< Inicio < Ant. 1 [2] Próx. > Fin >>

Seguir al autor

Sigue los pasos de este autor siendo notificado de todas sus publicaciones.
Lecturas Totales22839
Textos Publicados77
Total de Comentarios recibidos127
Visitas al perfil11024
Amigos55

Seguidores

5 Seguidores
Loivimar González
Yosef Rodríguez
Misa
Senior
Alice Lusty
   

Amigos

55 amigo(s)
Daniel Florentino López
doris melo
javier
C.S Marfull
Gerardo Llamozas
IVONNE RAMIREZ GARCIA
ALEJANDRA OÑATE
Leslie saavedra
Lucy Reyes
DEMOCLES (Mago de Oz)
Fild
Jefferson
Battaglia
Daniela
luna austral
Mia
Alizia Froyd
Alejandra del Río
Alexandra roa
Gustavo Adolfo Vaca Narvaja
Angely Martín
Micaela
GLORIA MONSALVE/ANDREA RESTREPO
Jorge Dossi
Maria del Mar altamirano
MAVAL
catalina medinelli
Alejandra Mora Lopez
oscar
MARINO SANTANA ROSARIO
Nicole Bass
luisa luque
javier castillo esteban
estefani
solimar
Aissa
Mike
maria del ...
daniel contardo
Silhouette
Raquel Garita
Marìa Vallejo D.-
Elvia    Gonzalez
Maritza Talavera
Jasp Galanier
lorena rioseco palacios
Sol de invierno
Sebastian Alexis Gutierrez Carvajal
Jesus Eduardo Lopez Ortega
Oscar Franco
luis josé
Sebastian Rodriguez Cardenas
Macarena
Pablo Andrés Palma
ignacia biesterfield
 
 
Belial

Información de Contacto

Chile
You may say I'm a drummer
-

Amigos

Las conexiones de Belial

  DanielFL
  dorisan
  javierjust81
  C.S_Marfull
  Gerardo Llamozas
  IVONCITA
  alhejax
  Less
  Lucy
  DEMOCLES
 
<< Inicio < Ant. [1] 2 3 4 5 6 Próx. > Fin >>